RRRiu: TEXTOS REUNIDOS “REVISION CULTURAL”

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BÓVEDAS GÓTICAS: OFRECEN UNA IMAGEN SUBLIMINAL DE “ROSTRO” EN LA CRUCERÍA
Voy a exponer un hecho que nunca ha sido escrito en libro alguno de cuantos se ocupan de presentar la arquitectura gótica. Se admite que existe un enigma tras la construcción de las catedrales aunque nunca antes del mes de abril de 2013 se han acercado a la que es mi solución acerca de la ocultación de inmensas imágenes de rostros de varón en las bóvedas de las catedrales góticas. Los expertos se han limitado a enumerar los diversos piadosos misterios que a dichos templos se les atribuye, además de recopilar datos históricos, técnicos y otras peculiaridades.

Aunque la verdad no necesita ser defendida, me esforzaré en hacerlo, primero porque una tan chocante idea ha quedado absolutamente olvidada debido, principalmente, a la poca capacidad de abstracción de la muy materialista sociedad medieval, siempre agobiada por miedos y penurias; y después lo divulgaré porque para mi representa un sano ejercicio intelectual tratar de descubrir dónde y cuando surgió la dicha idea, además de cómo evolucionó y al fin qué pasó para que fuese olvidada.

Empezaré por recordar al profano, que un techo es lo más necesario de cualquier tipo de vivienda. Sin una cubierta, un recinto también es inhabitable para los indigentes. Lo dicho aún es más evidente al aplicarlo a las magníficas bóvedas de crucería de las catedrales construidas entre los siglos XII al XIV.

En estas páginas afirmo que las bóvedas decoradas con nervaduras, y semejantes a “venas de piedra”, alineadas sobre la nave del templo, arqueadas y entrecruzándose, fueron, decorativamente hablando, la razón de ser de toda catedral gótica europea durante los oscuros siglos medievales, porque discretamente se pretendió reflejar lo etéreo del rostro del Mesías; y, al menos para mis ojos, su esquematizado rostro aún sigue siendo visible en muchas catedrales. A nadie le puede extrañar. Por novedosas que sean, las técnicas constructivas de nada sirven si no están al servicio de un ideal humanista. Ello se resalta más al edificar una catedral gótica, pues son tan altas que parecen querer alcanzar el cielo.

Lo indudable es que fue un arte que logró elevar edificios altísimos vacíos por dentro, con el único propósito de que el rostro subliminalmente presentado resultase más concentrado y por ello más identificable. Según la Biblia informa: “Dios está en la altura de los cielos”. Dentro de la catedral hubo un tiempo que conseguía el específico propósito de encontrarse en presencia de Dios.
Dentro de un templo gótico, que se presentaban como verdaderas fortalezas del espíritu humano, era donde tenía sentido la convergencia entre el cielo y la tierra. Debajo de sus bóvedas, los fieles, orando, esperaban ver cumplida la promesa del sacerdote de conectar con Dios, pero antes había que merecer poder gozar de su verdadera presencia. Transcribo un párrafo de Kircher, un especialista en los ritos de antiguos misterios, quien en su obra “Edipo” escribió acerca de la evolución de las luces y las sombras: “En una manifestación que jamás debía ser revelada, aparecían masas difusas de luz en la muralla del templo, las cuales, al concentrarse, asumían la apariencia de un rostro, evidentemente de aspecto divino y sobrenatural, pero con un toque de amabilidad, por lo que resultaba muy placentero contemplarlo: Los alejandrinos honraban aquella aparición como si fuese el rostro de Osiris, o de Adonis”. Por otra parte, el filósofo Yámbico escribió: El fin de la magia no es tanto crear seres, sino imágenes que se les parezcan, y luego se desvanezcan sin dejar el menor rastro tras de si.” Tal como actualmente se nos presentan en las bóvedas de las catedrales y claustros, parece imposible que en otros siglos fuese una experiencia espiritual capaz de explicar el significado de nuestra fe.

Mis observaciones admito que aún no pueden ser concluyentes, porque, por ejemplo, ignoro si el efecto de descubrir un rostro en esquema sería más fácil desde la altura donde se sitúa el coro. Tal es el caso concreto de la iglesia Nuestra Señora del Pi, ubicada en el casco antiguo de la capital de Cataluña. La perspectiva de un rostro subliminal desde el coro, ubicado sobre la puerta de la entrada principal, es óptima y me tiene confuso. En mi lengua vernácula, al coro (allí donde se reúnen los fieles que cantan junto al órgano de un templo) lo llamamos “cor”, que significa corazón, y ello hace pensar que, en aspectos de fe, las mejores respuestas se obtienen desde el corazón. Me limitaré a exponer una bella metáfora. Para descubrir en la bóveda de una catedral gótica el rostro de Jesús, quizá debemos saber elevarnos por encima del resto de la opinión general. En mi opinión, la dicha forma de rostro que se distingue en las bóvedas, acogió desde el siglo XII, y sigue teniendo debajo suyo, a los fieles cristianos que, esperanzados, se congregan en las catedrales góticas a rezar. Algo parecido a como una gallina protege a sus indefensas polluelos bajo sus alas. En fín, como bien escribió el gran filósofo contemporáneo Angel Livraga: “Un hombre tiene la medida de aquello que se atreve a soñar”.

A fin de superar nuestra insignificancia, sabemos al sincerarnos desde el corazón que por otra parte tenemos algo de inmortal. La materia podemos trascenderla si buscamos mayor relación con la suprema armonía, o conciencia, de relación con la Unidad Primordial con el todo simbolizada por Jesucristo. En una catedral, o bien en otro templo, sabiendo lo que se va allí a buscar, también se entiende lo que se encuentra.

Los símbolos nos trascienden. Se reza para hallar respuestas verdaderas y poder superar el sufrimiento. El desarrollo espiritual de cada persona podrá incrementarse a través de una simbología específica, cuyos resultados pueden llegar a beneficiarlo con mayor eficacia que los rezos. Por ejemplo, el rosetón que inunda la catedral cada tarde de sol con una luz colorística, se habría previamente explicado que su belleza y dibujos, además de su significado bíblico, también refleja el “Fuego solar” que excita la conciencia primordial; lo cual sin duda también era la creencia de nuestros ancestros.

Mi interpretación del descubrimiento de unas formas de rostro (alguien la considerará: Pareidolia, al por mayor) obviamente es subjetiva, y no puede aplicarse a todas las catedrales góticas. Me limito a proponer unas imágenes obtenidas de mi observación de algunas bóvedas, y las más antiguas son mis preferidas. Ni tan sólo necesitaban contrafuertes y refuerzos externos, que tanto las afean exteriormente. Otros obtendrán mejores fotos que las aquí reunidas. Al no ocuparse los demás de su aspecto al degenerar la idea inicial, podrán ser todas fotos muy figurativas y entonces la forma de rostro en esquema será más evidente. Yo he buscado ofrecer el contraste.

Para exponer debidamente la idea que presento, no me cabrían aquí ni las fotos de las bóvedas “humanizadas” que se descubren en los templos de una capital mediana. Me guardo muchas experiencias de esta apasionante investigación. Por ejemplo, la sala capitular del monasterio de Sant Domenech, en Girona, al visitarlo personalmente, coincidí en estar presente justo cuando el sol atravesaba el vitral bajo la bóveda, por cuyo fenómeno diré que, metafóricamente, me pareció como si fuese la palabra convertida en luz a través de lo que me parecía ser una boca. No seguiré por esta vía, pues, a pesar de mis limitaciones de todo tipo, quiero ofrecer una síntesis ilustrada de las muestras más variadas que existen en el continente europeo.

Escribió Juan Fernando Selles:”La tesis de los filósofos del siglo XIII”, que debatieron entre ellos sobre la existencia del intelecto “agente”, que se distingue del inactivo, o sea un intelecto más pasivo o tranquilo (CSIC, nº 38-Enero-Junio-pg.445-474, en Instituto de Estudios Medievales). Es curioso que fuese el tema “de moda” cuando se construyeron la grandes catedrales góticas europeas. Averiguar quién promovió tal inquietud, para mi ya sería motivo de investigación. CARACTERÍSTICAS DE LAS BÓVEDAS DE LAS CATEDRALES GÓTICAS

Desde que yo era niño y frecuentaba la catedral gótica de Solsona, me maravillaba el entramado de piedras en relieve que decoraban el techo de las bóvedas. En mi ignorancia obviamente creía que sin tales nervios de piedra aquella techumbre se caería. Mi sorpresa fue saber que tanto esfuerzo en hacer resaltar, entrelazadas, las dichas nervaduras aéreas de piedra, después de todo, eran en gran parte prescindibles, pues con su forma arqueada, o cóncava, la bóveda se sostendría casi sin “costillas”. Entonces mi pregunta fue ¿Por qué están ahí? Por otra parte ¿por qué tanta altura? Los caballeros templarios se llevaron su secreto a la tumba en 1312. No obstante, a partir de hoy, y para siempre más, ya podemos saberlo.

Para empezar, admítase que sólo ellos tenían el imprescindible dinero para construir tales obras gigantescas en unos tiempos que no existían los bancos. Los cristianos siempre antes habían tenido prohibido practicar la usura, cosa que enriqueció enormemente a las comunidades judías de cada localidad. Paradójicamente, fue con dinero de los hebreos, prestado a un muy elevado interés, que siempre antes se habían costeado las grandes obras del catolicismo; para evitar lo cual, excepcionalmente se permitió que los templarios practicasen también una moderada usura. El resultado fue que construir las grandes catedrales fuese menos caro. Para muchos autores el desarrollar este sólo aspecto ya les motivaría para escribir un voluminoso libro. No es mi estilo, quizá porque mi padre me enseñó desde muy joven, que: “Muchas letras y poco jugo, también las escribiría un burro”.

Todo europeo ha visto muchas y muy complicados diseños de bóvedas decorando los techos de las catedrales góticas. Aquí mencionaré lo imprescindible de lo que ya consta en las enciclopedias que tratan de la arquitectura medieval. Pretendo desvelar para siempre el secreto mensaje oculto de las maravillosas bóvedas de las grandes catedrales europeas del periodo medieval.

Posteriormente copiaron la técnica mirando aquellas bóvedas construidas durante el siglo XIII. En ocasiones incluso se revela una forma esquemática de rostro en espacios pequeños, con tal que las bóvedas sean inmediatas al espacio sobre el altar mayor, o en el otro extremo, sobre el coro. El presbiterio de la catedral de Girona, y el Panteón de Sant Pere, de la catedral de Lleida son buen ejemplo de ello. Por cierto, a partir del año 1203 la Seu Vella de Lleida, tan admirable en sus proporciones, desde sus comienzos fue planificada para cubrirla con bóveda de crucería. Su aspecto es parecido al experimentado en Tarragona que entonces era predominante.

El cielo, para quien se inspira en el rostro del “Gran Arquitecto” que es Dios, era una alusión al espíritu, y lo dibujaron mediante espaciosas bóvedas. Para atraer la atención de los fieles hacia las bóvedas se pensó en situar en sus cruces unos enormes botones de piedra colgados que ofrecen escenas bíblicas en vivos colores, siendo por su belleza que estas “Llaves de Bóveda” se están volviendo a restaurar en la actualidad, dejando el resto de la nave con la piedra vista. Habitualmente las bóvedas estaban pintadas, y muchos templos también exteriormente, pues los analfabetos eran mayoría y se motivaban mirando escenas del Evangelio. De hecho, la obra perdía así parte de su carácter constructivo para engrosar la imaginería del Medioevo. Por algo dejó escrito el filósofo empirista David Hume (1711-1776), cuando opinó respecto a la belleza: “No es una cualidad inherente a las cosas en si mismas; solamente existe en el espíritu que la contempla, y cada uno la percibe diferente”. El filósofo Kant lo corroboró con las mismas palabras en su libro: “Critica del juicio” (1804).

Las catedrales góticas, siendo la mayor aportación al mundo de la arquitectura, se levantaron para engrandecer lo que se ofrecía por amor a Dios, y sus plantas se trazaban en forma de cruz, la misma que, por la forma de sus tejados, puede verse sobrevolándolas. El plano de la catedral lo diseña la figura de un cuerpo humano, recogiendo vibraciones del hombre cósmico con el que se pretendió remachar una sintonía con el cosmos. Eran tiempos cuando entendían, mejor que hoy que el objetivo de la sociedad es la igualdad moral, y que para ayudarnos la naturaleza tiene leyes que iluminan el camino de la convivencia social, con tal de superar la visceral “mente de reptil”.

El arte gótico no fue evolución del románico anterior, ni tampoco surgió de la nada. Lo gestó el hecho de advertir que dibujando un rostro con líneas entrecruzándose se conseguía obtener un aspecto abstracto de cara humana. Con ello se hizo realidad una idea referente a las catedrales que estaba muy extendida entre los fieles de la Edad Media: Unos (arquitectos) la plantan, otros (los fieles) la riegan, pero como todas las plantas demuestran, sólo Dios hace crecerlas hasta lo más elevado. Es una metáfora que visualizaba quien lo merecía, pues el rostro de Nuestro Señor estuvo depositado subliminalmente en la forma de las bóvedas sobre las cabezas de los orantes en la gran nave.

Aunque arriba he escrito que el estilo gótico no evolucionó del románico, puedo argumentar que la imagen del rostro en las bóvedas sí que lo hizo, y aportaré argumentos y fotos para demostrarlo. Me remito a la iglesia románica de Sant Vicenç de Cardona (de influencia lombarda, fue consagrada el año 1040) al ser una población cercana de donde yo nací en el centro de Catalunya, y porque encima del arco de la gran nave tienen ese tipo de “capillas altas” que pretendieron ser inaccesibles para los que entraban con intención de saquear los tesoros y reliquias del templo. Dicho recurso anti-robo ya lo emplearon los constructores de las iglesias de estilo visigótico en el siglo X. Lo tienen en su gran nave los templos vallisoletanos de San Cebrián de Mazote, y San Miguel de la Escalada, ambas con arcos de herradura califal (que es más cerrado que el visigótico).

Tal prevención se comprende mejor en las iglesias cerca de la playa, pues recuerdo la sorpresa que me causó contemplar con mis propios ojos una hornacina ubicada en el centro del arco de medio punto que domina toda la gran nave. Actualmente, por no correr peligro, y declinar el fervor religioso, dichos espacios se llenan con una imagen que domina a todos los que rezan debajo de las bóvedas. La más impactante de estas hornacinas la vi en la iglesia fortificada de Saintes Maries-de-la-Mer, en las playas de la Camarga, cerca de la ciudad de Arles “la-Romana” (Fr.). En aquel alto escondite anti-robos a prueba de los piratas, y que cuando lo vi estaba vacío, explican que se protegieron reliquias de algunos seguidores del mismísimo Jesucristo desde que gobernaba el muy docto rey René d’Anjou.

Las nervaduras de piedra consolidaron las juntas entre diferentes bóvedas, y condujeron mejor los empujes hacia los arbotantes, que son los contrafuertes actuando desde el exterior de los muros. Se trata de normas auxiliares que facilitan la construcción, si bien en la actual catedral de Solsona al construir la magnífica bóveda, con un tan figurativo aspecto de cara de monje con capucha, todavía no se emplearon dichos apoyos laterales. La presión ejercida por la velocidad del viento se incrementa drásticamente cuando los muros van alcanzando mayor elevación, porque su empuje es proporcional al cuadrado de la velocidad del mismo; de ahí que los arbotantes exteriores acabasen siendo dobles y gigantescos. No se han conservado escritos ni planos de los maestros “arquitectos” del siglo XII, excepto un par de obras. El dibujo más antiguo que se conoce sólo registra ideas. La primera transmisión acerca de la repercusión del viento, se hizo hacia el año 1225, cuando, por cierto, ya empezaba a declinar el furor constructivo que había hecho proliferar, como setas, las catedrales en estilo gótico por todo el continente europeo.

EL ARTE GÓTICO DE LA CATALUÑA EN PLENA RECONQUISTA

El arte gótico rompió la monotonía de los arcos de medio punto del arte románico. En Cataluña el gótico embrionario se desarrolló a finales del siglo XII y durante casi todo el XIII. Sin acabarse de desprender del espíritu del arte románico, el llamado proto-gótico se desarrolló en las tierras al sur de Barcelona ganadas a los musulmanes, siendo llamadas Cataluña Nueva. Se repoblaron con la colaboración de las órdenes del Temple de Jerusalén y de los monjes cistercienses. Ambas comunidades emplearon criterios nuevos, y hasta monumentales, para construir todo tipo de edificios, gran parte de los cuales adoptaron experiencias autóctonas bien definidas. Dado que los cistercienses venían de su casa madre en Borgoña, siempre predominó el influjo francés.

La orden del Cister fue la que también introdujo el arte gótico en España, no sólo en el llamado Camino de Santiago, cuando esta capital del Finisterre competía con Roma para ser la sede del cristianismo, sino que construyeron catedrales en toda capital de la Península Ibérica que quería distinguirse. Se sabe hoy que los esquemas de sus plantas, a pesar de dibujar ellas misma una forma de cruz, las catedrales góticas de los primeros años encerraron conocimientos ocultos detrás de una decoración llena de simbolismo. Pitágoras, durante las décadas que vivió en Egipto en el siglo IV a.C., habría recogido compendios de su sabiduría, tanto numérica como filosófica, siendo un divulgador idóneo al regresar a Grecia. Aquella ciencia, fue la misma que él enseñó en Crotona, fue heredada por la cultura clásica, de donde pasaría a Europa. La masonería medieval desarrolló especialmente la geometría especulativa a pesar de los recelos de los eclesiásticos.

Aunque las bóvedas de crucería se considera que fueron traídas a Europa por los maestros de obras de la Orden del Temple, y más al ser expulsados de Palestina para crear sus principales encomiendas en el Sur de Francia (cuando el Midí era todavía independiente), los verdaderos constructores del arte gótico fueron los monjes cistercienses, de hábito blanco como los templarios. Si éstos planificaron catedrales inmensas, nunca antes imaginadas, y quizá superiores a las mejores obras arquitectónicas clásicas, fueron los monjes cistercienses quienes, además de servirles de intendencia y de cirujanos, edificaron las catedrales. Expertos en construir siempre antes unos muy regios monasterios románicos, los cistercienses ofrecían mayores garantías para que se aguantasen las bóvedas de crucería. Era una obra experimental muy comprometida, que tuvo como eje fundamental la llamada ojiva. Su definición informa que se trata de un arco diagonal de refuerzo que forma arista bajo una bóveda. Aunque las ojivas, no son sinónimo de gótico, ya que tan sólo se perfeccionaron, sí que en un primer periodo a todos admiraba contemplar su novedosa aplicación, siendo gracias a ellas que fueron capaces de elevar las bóvedas de las naves de las catedrales hasta una altura nunca imaginada hasta el siglo XII. Reconozco que yo me pasé la infancia y juventud recapacitando a que se debía tanto esfuerzo, sin ser capaz de entender cómo podría justificarse..

He superado la idea de que unos y otros, y la Iglesia en general, todos querían dejar constancia de su poderío, y lo consiguieron, pero se olvidó la verdadera razón oculta. Enfrentarse íntimamente, de forma visual, con el rostro de la divinidad. Lo vemos tanto en los monasterios cistercienses de Poblet, y el de Santes Creus, así como en las catedrales urbanas de Tarragona y Lleida, esta última comenzada por un “arquitecto” oriundo de Solsona. Fue una transición importante, tanto porque dejó muchos edificios en estilo gótico, como porque era su semilla para lograr más plenitud en el futuro. El arte gótico de entonces estuvo muy abierto a la innovación artística, pero precisamente ello lo desvirtuó.

La catedral de Girona, en Cataluña, presenta la mayor nave gótica de esta parte del Mediterráneo. Mide 23 m. de ancho, y fue iniciada el día 29/4/1307 (ACG Llibre Verd, folio CCI). Se efectuó una única nave porque era más barato que construir tres. A la bóveda se llegó el año 1416, sin tener ya conciencia de esquematizar el rostro del Mesías tal como antes siempre se pretendía. O quizá sí que la tuvieron, pues la catedral de Girona la promovió el obispo Berenguer de Anglesola, que era miembro de una familia tradicionalmente cátara, y es bien sabida la relación de dichos librepensadores con los caballeros templarios catalanes.

Me he referido a los herejes exterminados en el Sur de Francia, porque ellos supieron bien que hasta el siglo III los cristianos no dispusieron de lugares, específicos donde celebrar juntos sus divinos oficios. Hasta el concilio Vaticano II los sabios eclesiásticos tampoco explicaron la razón de ser de sus magníficos templos catedralicios. Son obras arquitectónicas que al construirse se han ido adaptando al estilo predominante de cada diferente periodo histórico. En cuanto a su naturaleza intrínseca, las catedrales están destinadas a expresar con obras humanas, la belleza de la divinidad y así contribuir a su mayor gloria (DOM). Se trata, en fin, de conducir piadosamente el espíritu de los hombres a Dios sin despreciar ningún recurso, por sutil que fuese.

San Agustín, obispo de Hipona (Argelia-Africa) (354-430) dejó escrito en “Las Confesiones”: Tener fe en cosas invisibles no es irracional, al contrario, forma parte esencial de la naturaleza humana. Hoy los telescopios, microscopios, radiaciones, etc, lo confirman, pero la idea ya presidió todo el pensamiento teológico medieval, y además inspiró a los filósofos modernos.

EL MISTERIO DEL ARTE GÓTICO ESTÁ EN SU OJIVA DE LA ENTRADA

Para muchos fieles, el frontispicio está tan sobrecargado de decoración estatuaria, que puede asustar. A algunos les impone mucho respeto. !Y lo merece!. De hecho están ante la clave de un verdadero misterio, pero tan pronto traspasan el umbral ya se experimenta una cierta relajación, a parte de admiración, por encontrarse ante unas muy altas columnas y anchas bóvedas. Además hay bellos vitrales, que al jugar con la luz solar parecen ser calidoscópios cuando los traspasa. Éstos permitieron iluminar mejor los templos que las anteriores reducidas aberturas de los pesado muros del arte románico.

Hasta mi contribución nunca hubo explicación al hecho de que se dejase de construir en arte románico para continuar la construcción de una catedral en arte gótico, que parecía querer llegar hasta las estrellas. El caso era embellecer la cátedra (de ahí: catedral) donde cada obispo tenía su sede (silla, viene de Seo). Es la opinión de los católicos, que en la cátedra de los obispos se puede descubrir a Dios. Pues bien, en el siglo XII, además de dicha idea espiritual, se pudo crear el aliciente arquitectónico de dar forma a un rostro esquematizado gracias a las bóvedas. Con dos espacios triangulares opuestos éstas pueden reforzar la visión de una cara.

En toda obra de arte ante todo se deberá considerar el cuándo y el por qué se hizo. No debemos dejarnos influir por no compartir el gusto del artista, ni el significado que tenga, y más cuando se trata de una obra arquitectónica. Ésta la realiza alguien que no es la misma persona que la diseñó. Ante una obra que, como es el caso de las bóvedas góticas, combinando lineas y colores, se anticiparon ocho siglos al arte que actualmente llamamos Arte abstacto, se deberá valorar especialmente su adecuación plástica al significado de su contenido.

Nunca tan exactamente los materiales empleados por los arquitectos han tenido tan equilibrada su función constructiva con la parte puramente ornamental para llegar a ofrecer un resultado tan discreto como elegante. Se superó la representación bidimensional del arte pictórico, y la tridimensional del escultórico. La función del rostro que ofrecen, su objetivo final dicho sea sin tapujos, era el afán de traspasar el espacio-tiempo, a fin de que quien estuviese realmente atento esperanzado bajo aquella obra tan inmensa como audaz, realmente después fuese capaz de recibir ayuda exterior para guiarle a saber gestionar bien su propio espacio-tiempo (suponiendo que al menos partiese de estar bien consigo mismo).

Con la llegada del siglo XXI cualquier “buscador” de Internet nos ofrece al instante cientos de fotos mostrando complicados dibujos de bóvedas, pero de ellas a mi actual presentación sólo le interesan las construidas a partir de mediados del siglo XII y comienzos del siglo XIII, porque es mi presunción que fueron las diseñadas por los sabios arquitectos a las órdenes estrictas de la Orden del Temple, después de haber aprendido ciertas ideas durante su permanencia en Palestina. Las convirtieron en piedra en suelo francés entre 1137 y 1162.

Hay que distinguir la bóveda de las nervaduras. Una bóveda con forma arqueada cóncava se construye a ras del suelo, y en cambio, para la construcción de un arco es necesario un soporte temporal o encofrado, mientras los bloques de piedra se colocan en posición. Sin él se deberían tomar más precauciones. Así pues, hasta que el arco aéreo de piedra se sostiene solitario, un encofrado estrecho, o cimbria, soporta la piedra hasta que todo el arco se completa. Un arco tras otro formará parte de las “costillas” de la bóveda, evitando que las juntas entre ellas presenten irregularidades.

La tendencia a aumentar el número de “costillas” en algunos casos condujo a resultados singulares, como en el coro de la catedral de Gloucester, donde las costillas diagonales normales se convierten en meras molduras ornamentales en la superficie de una bóveda de cañón apuntado. Es decir, muchas nervaduras son de adorno. Ciertamente otras son muy necesarias. Por ejemplo, en Inglaterra se logró simplificar la construcción de una bóveda mediante la introducción de nervios intermedios entre la pared y la costilla diagonal, y entre ésta y los nervios transversales. Otras posteriores, como en la capilla de King College, en Cambridge, para aumentar la resistencia fue necesario introducir costillas transversales debido a las grandes dimensiones de la bóveda. LA CLAVE DE LAS BÓVEDAS DEL GÓTICO TÉCNICAMENTE EXPLICADA

La clave del enigma arquitectónico de un templo gótico se nos anticipa ante su puerta, o puertas, de acceso principal, exactamente en el centro de su fachada. No se pretendía engañar a nadie, al contrario, se daban facilidades para que, una vez traspasado el imponente umbral lleno de imágenes de todo tamaño, todos pudiesen alcanzar la iluminación. Insisto, se ofrece “la clave” en la forma de ojiva, (“punto de almendra” o “arco apuntado”), ya desde antes de acceder a la catedral gótica.

Los franceses no emplearon la nervadura intermedia, hasta el siglo XV, y fue más como un elemento decorativo, que una característica. En Italia, Alemania y España se adoptó el método francés de la construcción de la bóveda mediante una plantilla inferior. La primera costilla en “arco apuntado”, o de almendra, típico del gótico, tuvo lugar en la catedral de Durham en Inglaterra, y precedió a la abadía de Saint Denis, en París. Fue en la iglesia de Vézelay (1140) donde se desarrollaron las grandes bóvedas antes de la introducción de la costilla de arco apuntado. El inmenso tamaño de la bóveda de la nave hacía necesario algún apoyo adicional, por lo que fue introducido un “nervio” intermedio.

En este punto voy a remitirme a mi presentación del que llamé “Anillo de Moisés”. Su diseño, siendo simple, es el que conforma cada uno de los rectángulos que dividen las largas bóvedas góticas de las catedrales medievales. La línea central divide el espacio rectangular del aspa simbólica del “Anillo de Moisés”, en el estilo gótico pasó a ser substituido por la viga más importante de todas, ya que además de soportar peso, actúa como tirante. Así pues, cuando el diseño del anillo lo situamos allí en el lugar correspondiente, la línea central se corresponde con la arista de cada una de las sucesivas cerchas maestras. Es la base del triángulo isósceles de vigas acopladas para soportar el peso del tejado. Este es un punto crucial, el cual tan sólo puede ser explicado por quien haya trabajado en la construcción. He comprobado que las encilclopedias ignoran su verdadera importancia.

El gran invento de las bóvedas de estilo gótico fue su estructura, consistente en dos arcos ojivales diagonales que se entrecruzan (de ahí su nombre: crucería). El tal cruce permitió aliviar enormemente el peso de la cubierta, ya que en el estilo románico sustentaban mediante ladrillos formando tabiques desde cada bóveda hasta la cubierta. Empleando el estilo gótico construyeron muros mucho menos gruesos, e incluso con espacios para grandes ventanas, o vitrales. En la bóveda de crucería toda la longitud de la arista central superior que formaban los cruces de ojivas fue su único apoyo entre los muros laterales. Por no experimentarse con pilares ni columnas en la gran nave de la catedral de Solsona, aquí ignoro cualquier otro soporte arquitectónico posterior. Una estrecha base, larga y horizontal, contacta con toda la hipotenusa de la cercha de madera con forma triangular en aquel punto que, vista por debajo es una línea invisible al no adornarse con nervaduras. Sin este soporte, las tejas de la cubierta con doble pendiente convencional (a “dos aguas”) se caerían.
En una catedral gótica es donde, más que en otro espacio interior, todos pueden mirar pero muy pocos podrán ver. Lo escribo pensando en los principios pitagóricos de medida y ritmo que no ve el visitante. Quien sea buen observador puede tener la sensación de sentirse conectado con la tradición de los tiempos más obscuros de nuestra historia, cuando todo era misterio y magia. Las bóvedas góticas de la nave se apoyan en un arco como el de la entrada. Ésta no es cuadrada ni semicircular; es el arco apuntado, o “punto almendrado”; es la ojiva que nos ha de guiar hasta descubrirnos “los empujes”. También los más íntimos de nuestras querencias.

En la vida es obvio que incluso el mejor dotado se puede plantear mal aquello que no comprende. Por ello, después de haberse superado, nadie ha de encontrar defectos, por raros que sean, en sus semejantes. Todos serán una de sus propias caras. La geometría de los templos góticos pretendió recuperar y transmutar la energía sutil de los fieles que habían construido y rezado debajo de aquellas mismas bóvedas. En efecto, sus predecesores habrían sido más conscientes que ellos de las ventajas de rezar recogidamente para sentirse más cerca de la divinidad. Sabían que bajo aquellas pesadas piedras que parecían ingrávidas, además de mucha sabiduría, también se guardaba el lenguaje simbólico de tradiciones ancestrales. Al ocuparme de hacer evidente su metáfora más secreta, yo trato de exponer en estas páginas su certeza en los misterios que nuestros antepasados atribuían a la propia catedral.

Se ha explicado mal que pretendiesen dar mayor esbeltez y claridad al interior de la catedral. Las técnicas precarias de construcción hacía muy difícil situar un techo abovedado complicadísimo a tanta altura. Sólo puede justificar su evidente sacrificio, su deseo de plasmar un rostro mesiánico gracias a ganar altura. Los contrafuertes exteriores al templo se utilizan para añadir mayores apoyos cuando se empleaban bóvedas de intersección.

ARNAU DE TORROJA TOMÓ LA CRUZ ETÍOPE PARA LOS TEMPLARIOS

Arnau de Torroja era Gran Maestre de la Orden. Lo presenté en dos biografías (la 2ª Parte, es una trilogía). Nació el año 1122, cuando por fin había un tregua entre el Sumo Pontífice y los reyes europeos, siempre antes en guerra unos contra otros. El año 1184, el último de la vida de Arnau de Torroja siendo Gran Maestre de los caballeros templarios, fue cuando ayudó a la restitución del trono al rey etíope refugiado en Jerusalén. Presuntamente, los templarios desplazados a Etiopía copiaron una cruz que aún hoy se puede ver allí grabada en semirrelieve sobre la roca de una cuevas de oración. Apreciaron tanto su diseño, que a partir de entonces la eligieron para ser el logo de su Orden, siendo la más conocida de cuantas utilizaron. Habría sido grabada por una comunidad cristiana etíope del siglo III. Fue un gran hallazgo, que merecía ser promocionada en todas partes, ya que la Orden del Temple siempre actuó deseando regenerar la moral social, y aquella geometría sirvió incluso para que obtuviesen de sus trazos su muy peculiar alfabeto secreto.

El mayor de sus logros arquitectónicos se mezcló con otras varias técnicas útiles. La sed de conocimientos de los arquitectos al servicio de los Grandes Maestres de los caballeros templarios, quienes habían leído a Euclides, Pitágoras y Tolomeo, se manifestó en construir con afán para reconducir todas las cosas a un orden impecable. En la nave central de las catedrales, comenzando por sus criptas (donde germina semilla que será una planta), y hasta la cubierta, todo debía tener su significado oculto. Todo debe estar en su sitio.

Dando un vuelco a las normas, de pronto, sobre los cimientos de un templo románico los albañiles a sus órdenes elevaron sus bóvedas maravillosas, porque se superaron exponiendo el rostro más secreto haciéndolo visible. ¡Que gratificante es trabajar siendo plenamente consciente de la trascendencia de una generosa y piadosa idea!. Diseñaron los nervios de la bóvedas para resaltar en esquema el rostro del Mesías, y así resulta ser que, de forma subliminal, en el continente europeo se anticiparon ocho siglos en producir el “Arte abstracto”. Su anhelo fue lograr configurar una imagen aérea de rostro de varón circunspecto, tipo monje, mediante la disposición de las piedras de la bóveda, y nada les paró, al ser su gran motivación secreta.

Existió una tradicional geografía “sagrada” para mejor ubicar los templos religiosos dentro de una región. Ello se ha demostrado que fue practicado tanto por los constructores de megalitos, como por los antiguos egipcios para ubicar sus principales pirámides. Los templos megalíticos de Hagar Qim y Mnajdra, en la isla de Malta, se construyeron hace seis mil años siguiendo una alineación estelar antes que otros templos sagrados del mundo antiguo. Hagar Qim se enfocó hacia las estrellas Alfa y Beta Centauros (2ª y 9ª estrellas más brillantes de las noches del Neolítico en el Mediterráneo). El de Mnajdra, en cambio, miró hacia las Pléyades. Quiero informar al respecto de que actualmente, al haberlas protegido con una gran lona sintética, paradójicamente en este caso, a ambos templos aún se les ha alejado más, si cabe, de su originaria razón de ser.

Se ha descubierto que los templarios al construir en determinada regíon del Sur de Francia las catedrales góticas, siguieron el mismo patrón estelar semejante a los constructores europeos que en la prehistoria erigieron menhires, cromlechs y dólmenes. Yo mismo descubrí que habían seguido una Ruta Visual Sagrada en su búsqueda de la luz solar al ocultarse tras el lejano N.W. geográfico. Fue hacia aquella dirección por donde unos “misioneros” expandieron sus creencias vivicadoras basadas en la fecundidad.

Unos y otros, en fin, parece ser que habrían intentado anclar supuestas “energías estelares” a los terrenos que por algún motivo especial resultaban dignos de su estimación. En el caso de los egipcios interesa porque veneraron a la negra (por fecunda) divinidad femenina llamada Isis, la cual sostiene sobre sus rodillas a su hijo Horus, el de la cara verde. Hay libros que presentan originarios del Antiguo Egipto la mayor parte de cuanto consta escrito en el “Nuevo Testamento”, incluyendo el hecho que la gran diosa negra Isis fue transformada por los caballeros templarios en “Nuestra Señora”, después llamada Santa María.

En efecto, las numerosas copias que en Europa se realizaron en los siglos XII y XIII de las obras atribuidas al mitológico dios egipcio Asclepio (Esculapio para los romanos) prueban que el misticismo cabalístico del Antiguo Egipto pervivió entre los primeros cristianos. Un aspecto de aquel simbolismo interesa especialmente a estas páginas, al tratarse del artístico dibujo de un perfil de rostro de varón que ocupa todo el enlosado de la estancia más secreta del templo de Luxor, en Carnac. Fue descubierto en el siglo XIX por Schwaller de Lubicx, cuando investigaba el “sanctasactorum” del mayor templo a orillas del río Nilo. Por ello sabemos que los hermetistas, neoplatónicos y agnósticos, todos ellos dieron la mayor importancia (suprema en Egipto) a la veneración de la cabeza humana (los demás órganos del cuerpo se distribuirían simbólicamente en el dicho templo de Luxor por sus diferentes patios y estancias). El rostro de la divinidad fue el aspecto principal de los religiosos egipcios, el cual pasó a enriquecer el simbolismo de los primeros cristianos, y más por ser un referente del tipo “conocimiento resucitable” si se efectuaba el ritual adecuado, teniendo en cuenta además el patrón astronómico, puesto que también fue adoptado, como lo demuestran las numerosas fiestas del calendario católico.

La orden del Temple superó la idea que impregnó la estancia suprema, o Naos, del templo egipcio de Luxor, donde por cierto la vibración telúrica es violenta (18.000 u.). Para conseguirlo recordaron en arquitectura aérea el hecho de que “Jesús nació para restablecer en el mundo la relación con Dios”, después de lo cual sería posible la fraternidad humana.

En opinión de un famoso arquitecto del Antiguo Egipto: “La arquitectura es también filosofía, porque si no fuese así se limitaría a una simple técnica”. No se puede negar que eran expertos en elevar templos a sus divinidades, e incluso fueron los primeros en instituir la idea del Dios único quince siglos antes del nacimiento de Jesucristo.

En el siglo XII el responsable de diseñar una catedral gótica, ayudado por uno o varios maestros de obra, debió de tener mucha mayor responsabilidad de lo nunca supuesto al tener que crear espacios interiores armoniosos. Trataría de imitar a su modo una entelequia del cuerpo humano. En una catedral gótica todo soporte material serviría de base para resaltar en lo más alto de sus bóvedas el querido rostro de nuestro Salvador. Es así como se explica la desproporcionada altura de las bóvedas en la gran nave de las primeras catedrales góticas con respecto a su anchura. Lamentablemente, los siglos posteriores se limitaron a copiar la inusitada altura, olvidando que las muy altas columnas habían tenido su razón de ser en sostener la “conciencia del lugar”, representada en el catolicismo por el rostro de Nuestro Señor, que es el verdadero Templo. Al menos la planta de las catedrales góticas no perdió la forma de cruz.

Los caballeros templarios de Barcelona se instalaron a tan sólo unos doscientos metros de la catedral gótica del siglo XIII, y serían los primeros beneficiarios de saber que el rostro del Salvador estaba sobre sus cabezas, con lo cual potenciaban su esperanza de que sus oraciones fuesen oídas. Se supone que la planificación de un templo la tiene que efectuar el obispo de la ciudad, pero dejando aparte que deberá siempre confiar en verdaderos profesionales para construir su propia catedral, (y más cuando se creía que por debajo de aquel sector corría el río Taber), en ninguna parte como en Barcelona, el obispo estuvo tan unido a la Orden del Temple de Jerusalén, porque su propio hermano Arnau de Torroja era Gran Maestre de dicha Orden.

Me remito a Arnau de Torroja, primero por conocer bien sus inquietudes y su capacidad, y porque nadie como él estuvo volcado en beneficiar al monasterio de Poblet, también económicamente cuando más lo necesitaban al empezarlo a edificar en 1166. Su bóveda de crucería parece ser gótico puro, aunque se advierte cierta timidez al construirla, pues no cubre la nave central sino sólo las laterales, el dormitorio y el deambulatorio detrás del altar mayor. El espacio destinado a refrectorio (el comedor) ya presenta una bóveda de crucería del segundo gótico, mucho más evolucionado.

A fray Arnau de Torroja lo descubro muy unido a los monjes de Poblet, siendo los que en Cataluña primero experimentaron (pero aún no en la nave de su iglesia) las sutilezas arquitectónicas destinadas a ocultar una forma de rostro en las altas bóvedas. Su Orden fomentó el mismo arte que durante su vida llegó a construir unas trescientas catedrales góticas en la Europa central.

Arnau de Torroja también vivió la construcción de la bóveda del vecino monasterio de Santes Creus, en 1174, siendo él Maestre Provincial de la Orden del Temple para tierras de Hispania y Provenza. Debe retenerse el dato, porque justamente fue en en las bóvedas del monasterio de Santes Creus, donde se revela que hubo un cambio de criterio en la construcción de la gran nave mientras se estaban levantando sus muros. Recordaré que la idea de resaltar la forma del rostro se corresponde con el culto a la cabeza del Mesías que, en secreto, practicaron los caballeros templarios. Es el tema preferente en la decoración del interior de sus iglesias. Sea como fuese, al fin, lo de menos será la autoría de la dicha idea redescubierta.

Fue diferente el estilo gótico desarrollado en Castilla-León, con el de la región mediterránea y Navarra. En la Península Ibérica durante los siglos XIV y XV, a pesar de ser los de la gran depresión de la sociedad medieval a causa de las pestes, en las dichas regiones fue el gran siglo del arte gótico oriental. Desde la primera confederación catalano-aragonesa, que duró lo mismo que la carrera eclesiástica de Guillem de Torroja, se prefirió el estilo gótico de los “masones” de la región del Languedoc y el menos puro gótico lemusín, porque en aquellos siglos ambas regiones estaban muy unidas a Cataluña, en especial la zona geográfica llamada Midí. Sobre ello escribí extensamente en la “2ª Parte” de mi biografía dedicada a Arnau de Torroja, titulada: “Las tres coronas” (que a su vez es una trilogía, porque incluye la vida de Guillem de Torroja, gran colaborador de su hermano Maestre Provincial de la orden del Temple. (Por cierto, en “Las Tres Coronas” yo experimenté una novedosa forma de escritura a la cual llamé “Transponedora”). LIBROS DEL GÓTICO EDIFICADO POR LOS TEMPLARIOS

La primera vez que se estudió la arquitectura templaria en Cataluña lo hicieron los autores Dalmases/Pitarch:”L’època del Cister”, en “Història de l’Art Català II”, Barcelona “Edició 62″, 1985, p. 91-99. La arquitectura desarrollada por los templarios después ya fue tratada (siempre brevemente) en los mismos términos que el resto de órdenes religiosas.

La historia de Cataluña que vivió las aportaciones de los templarios está históricamente estudiada, pero no así la arquitectura de los templos que edificaron. En cambio las monografías sobre sus castillos las deberé omitir por ser muy extensas. Claro que existem estudios de algunas capillas templarias (W. Rincón; A. Romero; J. Ferrer:”La iglesia gótica de Nuestra Señora de Gracia y las órdenes milirares del Temple y de San Juan de Jerusalén”, Villalba del Arcs”, Zaragoza-Unali, 1981).

Joan Fuguet Sans al escribir en 2007: “La historiografía sobre la arquitectura templaria en la Península ibérica”, expuso su opinión respecto de sus iglesias en arte gótico así: “A mitad del siglo XIX los románticos, al mirar las capillas templarias, mezclaron la realidad y la ficción, atribuyendo aquellas que tenían planta redonda ser el modelo único de la arquitectónica de la Orden del Temple”. En la última línea aún apostilló: “En Castilla y León los templarios no aportaron nada en arquitectura militar”. Lo creía porque la inmensa mayoría de los estudios sobre arquitectura de la Orden del Temple se limitan a sus castillos. Aunque existen algunas de sus capillas, en este escrito solo trataré de redescubrir las bóvedas de las catedrales que incluyen la imagen; una norma que hemos de atribuir a la Orden del Temple.

En 1954, un artículo de E. Lambert: “L’Architecture des Templiers”, publicado en “Butlletin Monumental”,nº 112, París 1954; pg 7-60 y 129-166) deshizo el error y sentó las bases para un estudio científico, figurando ya en la seccióm académica de la Historia del Arte. Sorprendió porque negaba que los templos de planta circular (como las de Eunate y Torres del Río) hubiesen sido una exigencia, o la norma única de la arquitectura de la Orden del Temple. Habrían tenido exclusiva función funeraria y su incidencia sería mínima. La mayoría de las capillas en las encomiendas (“sucursales” fortificadas) de los templarios tenían siempre planta rectangular. El defecto de su contribución fue no obstante el mismo que sus contemporáneos, pues también limitó su estudio a los castillos o palacios fortificados de los templarios.

En las últimas décadas los estudios sobre la arquitectura templaria siempre han sido sesgados por la falta de documentación, y también por basarse en opiniones erróneas a principios del siglo XX. Por fin los estudios universitarios lo han remediado separando al menos aquellas construcciones que no habían sido obra de los templarios, entre los cuales: San Bartolomé de Ucero (Soria), Villamuliel de Cerrato (Valencia), La Vera Cruz (Segovia) y la iglesia de Bossot en el Valle de Arán (Pirineo catalán).

Una mezcla de erudición e intuición la desarrolló A. Candei en su ponencia: “Architectura Sacra Templare”, en G.Vitti. Éste con V. Ascani y Cabello Dordero escribieron: “La iglesia de la Vera Cruz” en “Estudios Segovianos”, 3, (Segovia 1951) pg. 425-448.
Monaci in Armi publicó: “La Architectura Sacra dei Templari attraverso il Mediterraneo”, Cretosa di Firenze 1995, pg.15-170.
J.Castán Lanaspa desarrolló lo mismo que muchos otros para concluir en su “Arquitectura templaria Castellano-Leonesa” (Univ. De Valladolid 1983) que: “No hay unidad de estilo propio en la arquitectura de los templarios…En sus iglesias urbanas los planes constructivos son más ambiciosos que en ambientes rurales, ya que aparecen edificos de tres naves”.
El jesuita G. Martínez Díez, en 1993 escribió una síntesis titulada “Los templarios en la corona de Castilla” (Burgos 1993, nota 5), en cuyas páginas desvinculó a los templarios de los importantes templos de Ucero, Vera Cruz, Uriel.
M. J. Barrocase ocupó de los elementos novedosos en los castillos templarios con tipología gótica (Castillos medievales portugueses. Orígenes e evoluçao” (Séc. IX-XIV) en el volumen: “La Fortaleza Medieval” nº 67, pg13-30.
A. Zaragoza también relacionó el castillo de Miravet con la arqueología templaria de Tierra Santa, por lo que en las más recientes guías del castillo de Peñiscola consta ya construido por los caballeros templarios.

LAS OBRAS DE IMITADORES NO OFRECERÍAN UN ROSTRO

Tanto si representa subliminalmente el rostro de Jesucristo, como si para los caballeros templarios quizá fue el de san Juan Bautista, lo que interesa a estas páginas es que su forma de configurar un rostro, utilizando como pantalla todas las bóvedas cercanas al altar mayor, trascendió los siglos hasta que ha vuelto a ser revalorizada. No todos los cerebros están especializados como el mío para traducir en un esquematizado y gigantesco rostro de Jesús, toda la extensión de las bóvedas de la gran nave de un templo gótico de los siglos XII al XIV. Para los menos perspicaces la visión inicial la encontrarán configurada sólo por el primer arco ojival (el que va desde una columna lateral hasta la otra opuesta de la misma nave), y las nervaduras absidiales bajando desde la cúpula semiesférica por detrás del altar mayor. Otro cerebro especializado en arte abstracto podrá ver superado el tamaño de un rostro y cada vez podrá incluir otra ojiva más, llegando a valorar casi las más apartadas del altar mayor.

Desaparecida la Orden del Temple, su estilo de construir bóvedas fijándose sólo en los originales, hizo que se realizasen malas copias que cada vez más degeneraron en complicados diseños. Éstos, ganando en belleza, perdieron la esencia de ofrecer el esquema de un espiritual y omnipresente rostro divino que lo abarca todo. Aquellos que estuvieron en el secreto, llegó un día que, para salvar sus vidas, evitarían divulgarlo. Pero dicha forma de rostro esquematizado sigue ahí, y lo admirarán durante milenios muchos fieles si están avisados. Sólo eventualmente se perdió la sorprendente y muy gráfica idea, por la dificultad de observar una forma de rostro divino, porque la ignorancia de la gente de los siglos obscuros medievales hizo olvidar tal sutileza, pero hubo excepciones.

En la iglesia de Fraga (Huesca-España) durante el renacimiento se ensayaron nuevas técnicas de abovedado para sugerir un rostro de Jesús por lo cual su ábside románico fue elevado a una altura inusitada. Se trata de una iglesia románica empezada en el siglo XII para conmemorar a la reina Petronila (Peronella en catalán), viuda de Ramón Berenguer III. Antes de abdicar a favor de su hijo cuando era muy niño, el futuro rey fue educado por el obispo de Barcelona que ella nombró co-regente. La iglesia de Fraga pudo haber recogido particularmente la directrices templarias, porque el regente Guillem de Torroja era hermano de Arnau de Torroja, Gran Maestre de las órdenes del Temple y de Sión, al cual dediqué, dos libros, el segundo de ellos es en realidad una trilogía.

Mi noticia ahora (Sep/2013) es, que en el siglo XVI se ensayó obtener el mismo efecto subliminal de un rostro mediante bóvedas renacentistas, siendo el más logrado ejemplo el de la magnífica iglesia de San Pedro de Fraga (Aragón), actualmente restaurada. Su ábside románico tiene unas proporciones tan extraordinarias a fin de conseguir configurar un rostro humano, seguramente pensando en el apóstol Pedro. Este enlace la presenta dicho templo en la WWW, y mi interpretación la incluyo a continuación.

La ignorancia actual casi logró que los conocimientos escritos mediante piedras bajo tensión, especialmente en las bóvedas de las catedrales, permaneciesen ocultos. No sólo fueron irreconocibles para los sacerdotes que las administran, sino también para cualquier “Inteligencia espiritual” porque son obras que a lo largo de los siglos han sufrido no pocos remiendos hostiles. Recordaré que semejante alarde arquitectónico, tan generalizado en toda la Europa medieval, no se improvisa. En aquellos templos los conocimientos aplicados de todo tipo, incluidos los geobiológicos, bien podemos llamarlos “sagrados”, incluyendo la energía cosmotelúrica, por su relación de equilibrio capaz de impactar en la receptibilidad de los fieles. Sirvió a nuestros antepasados y lo servirá también en el futuro cuando la red telúrica Hartmann sea debidamente valorada. Se trata de otra energía que, en el interior de templos religiosos de todo el mundo, propicia que los creyentes puedan captar allí emanaciones de un poder invisible pero transmutador de unas fuerzas que no se estudian en las universidades.

Dentro de la sociedad medieval los caballeros templarios fueron unos guerreros muy religiosos, sujetos a muy elevadas y secretas directrices escatológicas. Quisieron construir grandes templos, y a pesar de sus pobres recursos técnicos, los elevaron a alturas de hasta 40 metros con pura audacia y un afán de glorificar a Dios.

Las referencias anteriores a sus catedrales góticas fueron los pesados templos del mundo clásico, los cuales impregnaron el arte Románico. Hubo también excepciones. En la catedral de Petrobourg (Gran Bretaña) se limitaron en construir en estilo románico el interior, y en arquitectura gótica el exterior del mismo templo. Otras catedrales se decoraron con vitrales. La luz que atraviesa las vidrieras inunda el interior, como se ve en la Sainte-Chapelle de París (Francia), construida entre 1239 y 1246.

Los templos románicos de los cistercienses tuvieron planta de cruz con cabecera absidial, siendo por su orden (hermana de la del Temple) que pasó a convertirse en el tipo de cruz basilical, y en conjunto prefirieron que tuviese tres naves. El principio que sostiene cualquier tipo de bóveda y arco apuntado del tipo que sea, es su propio peso. Las apariencias, como siempre, se prestan a confusión aunque estén bien documentadas.

Al respecto, para información de mis conciudadanos, diré que en Solsona, en los siglos XIII y XIV la iglesia de Santa María aún conservaba la cabecera románica, a pesar de que la familia Torroja, señores de la zona, habían construido un siglo antes su nave gótica. Al estar enterrados en la cripta de la gran nave románica algunos condes de Urgel y muy nobles señoras como Doña Brunisenda de Foix-Castellbó, se solucionó cegando la entrada de la cripta y se conservó el espacio románico encima, siendo destinada a servir de sacristía. El conjunto no se unificó hasta la primera mitad del siglo XVIII, décadas después de haber sido erigida Sede diocesana en 1593.

La catedral de Solsona, a pesar de que su aspecto exterior presenta una imagen realmente ecléctica, por mezclarse diversos estilos sobre su ábside románico. Se ve en esta foto, tratada con preferencia es estas páginas, debido a que en su gran nave gótica he podido experimentar el efecto de resaltar el rostro de la bóveda apagando las luces del lugar correspondiente al sector de los ojos. Por cierto, parece ser monje con capucha, y no faltan argumentos para justificarlo, porque entonces era el templo de una floreciente comunidad de monjes agustinos en tierra fronteriza con los musulmanes.

Para lograr un aspecto de imagen de rostro, la pintura con que se decoraron las bóvedas de los templos góticos pudo haber ayudado más de lo imaginado, al resaltar discretamente el efecto subliminal que aviso en este escrito. Con poco que se las “ayude”, se pueden obtener imágenes que ganan mucho efecto. En la catedral de Solsona lo constaté (no fue modelo único; se repitió igual en Vilafranca del Penedès). En otras ciudades, como en Valencia, observo en una foto antigua que la bóveda de la gran nave de la catedral (1262) -muy ancha y sólo tiene 16 metros de altura-, aparece una gran lámpara colgada del techo, la cual parece dibujar un grueso bigote sobre la boca de la imagen ofrecida por las bóvedas.

Aprovechando la robustez de los cimientos de la arquitectura románica, los pilares y columnas finísimas de la catedral, como si pretendiesen negar su pesadez y dureza física, se elevan muy alto para soportar unos arcos almendrados, y sobre ellos unas bóvedas espaciosísimas. Éstas en el arte gótico posterior aún se complicaron más en sus diseños, hasta conseguir que en sus centros se dibujase con piedra y cristal una estrella trabajada como si fuese obra de orfebrería para que, translúcida, dejase pasar la luz cenital.

De nada sirvió que el dicho rostro en algunas catedrales apareciese ingrávido, por el hecho de sostenerse la bóveda sobre altas vidrieras, de gran colorido, sucesivamente dispuestas a todo su alrededor. Los vitrales historiados acapararon absolutamente toda la atención y eran realmente dignos de elogio. Fue como si tanta luz cegase sus almas. Al faltar los maestros constructores, el secreto de los templarios se perdió. La gran nave de las catedrales después metafóricamente sirvió como: “Arca de Noé”, “Barca de Pedro”, etc.. También sirvió en el siglo XX para celebrar allí debajo ¡los mercados semanales!

Se perdió tanto el mensaje oculto de sus bóvedas, asi como también las referencias que estimulasen a buscar descubrirlo, porque la orden del Temple fue abolida y ejecutados su caballeros. Sus secretos se los llevaron, y aquellos otros que sus enemigos les descubrieron, fueron silenciados. No obstante, su mensaje quedó escrito en la piedra y sólo hay que saber descifrarlo. Hay casos similares en todas las épocas.

Dado el aprecio que sintió Antoni Gaudí, el gran arquitecto catalán, por los rostros, como se revela por su diseño, pasando después desapercibido en la fachada del templo Sagrada Familia, de Barcelona, opino que al diseñar la bóveda sobre el altar mayor de la catedral de Astorga, Gaudí persiguió el secreto de las bóvedas medievales. Sin duda Gaudí conoció el poder del rostro configurado en las puertas de acceso a las estancias reales de la Alhambra de Granada. Gaudí también remodeló la catedral de Palma de Mallorca (Baleares) y pudo ver los dos agujeros sobre el altar, que le parecerían unos inexplicables ojos.

Aquellos templarios que consiguieron escapar a su exterminio, en pocas ocasiones transmitieron sus creencias otros, pero éstos hicieron posible que siglos después de la abolición del Temple el año 1312, se continuaran decorando con esculturas de cabezas cuantos templos que se atribuyen a sus continuadores.

Los caballeros templarios leyeron sin duda los hoy llamados “Evangelios Agnósticos” y recogieron ideas acerca de la veneración de la cabeza de san Juan Bautista (el Precursor), y plasmaron escenas del mismo en los templos que ellos más apreciaban. En la iglesia fortificada que tuvieron en Montsaunés (Haut Pyrennes-Fr.), para la veneración de una imagen de Nuestra Señora sosteniendo a su Hijo, decoraron con altorrelieves el frontispicio de su entrada con una serie de cabezas alineadas. También hay escenas de la vida de Cristo, como el pasaje de cuando curó a su comadrona ciega. Es interesante que allí aparezca en relieve el “Péndulo de Salomón” sostenido por dos personajes. Un rayo de luz que penetra determinado día del año por un agujero, ilumina otro de una losa situada a tres metros dentro del templo. Las sutilezas de los templarios eran siempre expresadas allí donde, quien se hiciese sabias preguntas, pudiese hallar respuestas.

La mitad superior de Santa María del Mar, (Barcelona-Catalonia) incluida la bóveda, se construyó en estilo gótico final (s.XIV) que ha sido llamado “hispano-flamenco”, al combinar elementos renacentistas y del arte mudejar (Por mandarlo construir la reina Isabel la Católica, se lo llama también Isabelino; y Flamígero o Manuelino por influencia de Portugal). Se lo reconoce por no necesitar columnas laterales, sino que las bóvedas se apoyan en salientes de la parte alta de los muros.

Las bóvedas de las catedrales (s.XII-XIV) revelan una imagen subliminal del rostro de Cristo en esquema. Es “Luz del espíritu” según la Biblia. Al conocer mi investigación, nadie volverá a entrar en una catedral gótica viéndola como antes. Por mi parte sólo me falta añadir: Que diga más, quien más sepa. (C) Ramón Ramonet Riu (Escrito, y registrado en Barcelona, el mes de abril del año 2013)
EL MAGNETISMO DE LAS FORMAS DE ROSTRO (1965-2012) COLECCIÓN “REVISIÓN CULTURAL” (DESDE 1978) INTRODUCCIÓN

Desde mi juventud me pareció muy distraido, descubrir en revistas y en algunos libros ilustrados con fotos, el curioso hecho de que ciertas montañas se apareciesen con un perfil de rostro humano. En efecto, algunas tienen silueta de cara humana, y es visibles con tan sólo ladear la cabeza. Pronto nacieron en mi los deseos de coleccionarlas, por darme cuenta de que aquel fenómeno de la naturaleza me ofrecía mucha más distracción y enriquecimiento cultural que coleccionar cromos, o sellos de correo. Lo malo es que coleccionar perfiles de rostro en los horizontes montañosos tiene una recompensa bastante más lenta, pero en contrapartida me despertó prematuramente consideraciones filosóficas

Al promocionar los perfiles de rostros de algunas montañas, no busco hacer ver el aspecto real sobre el nivel del suelo a su entorno, sino que, en el ámbito de la fe, me intereso por la idea de la divinidad que no puede ser discutida por los filósofos. Dios es; mientras que nosotros sólo estamos y tenemos. Lo que más debiéramos desear es tener interiormente idea de su presencia real en nosotros. No lo encontrará quien lo busque fuera de si mismo, ni que tenga el mundo en propiedad; todo lo contrario.

Por asociación de ideas, a continuación recordaré un par de testimonios de quienes han descrito su inquietud existencial, reconociéndola insaciable hasta llegar la hora de descansar en Dios. Escribió san Agustín, en su libro “Confesiones” (Libro I), que: viviría inquieto hasta llegar a descansar en el que, siendo único, se tienen de Él infinidad de ideas. Lo mismo le sucedió a Ángel Silesios, y lo expresó así: “Yo soy un monte en Dios, y debo esclarecer mis ideas para que me revele su querido rostro” (“El Peregrino querúbico” II-83; Ed. Milán Paoline-1992, p. 174).

PERFILES DE ROSTRO EN MONTAÑAS DEL MUNDO
El magnetismo que desprende el rostro humano se puede aplicar, muy aumentado, al descubrir un perfil panorámico en alguna de las montañas del mundo. Debo limitarme a ofrecer tan sólo unas pocas muestras de mi colección de fotos, debido a la limitación de almacenamiento por parte del servidor de Internet.

Años después de iniciar mi colección supe que yo experimentaba un fenómeno que la ciencia médica ha llamado Pareidolia. Ignoro si se considera una verdadera enfermedad, pero sé que aunque yo la padeciese, le he sacado un gran provecho en muchos sentidos. Al ver un determinado paisaje conozco su ubicación, por haber memorizado previamente lo que le falta o lo que le sobra para llegar a tener un perfil de rostro humano. Perfiles 4

Todo ídolo doméstico en todos los lugares y épocas ha tenido la utilidad de ayudar a la superación personal, para acabar entendiendo que en la materia del que está investida cualquier escultura, también se lleva en el propio interior de cada persona. Es un reconocimiento de que existe un poder omnipotente y omnipresente muy por encima de la mente humana, y que ésta se queda en las puertas de una realidad. Una realidad que se nos escapa precisamente porque nosotros, orgullosos, desde el nacimiento obramos como si llevásemos un dios dentro. Y quien diga que ni tan siquiera es vanidoso, resulta que lo será más que nadie. Es la serpiente mordiéndose la cola. “Quien hace el ángel hace el tonto”, dijo el filósofo Blaise Pascal hace ya varios siglos.

El progreso nos ha hecho perder el sentido de la vida, o el “Norte” de nuestro destino. No estamos para lo que hay que estar, ni somos lo que debemos ser. Si hubo sintonía con los valores humanos, que son básicos para la convivencia social, también creo que la indolencia y la tolerancia están siendo mal entendidas. Hará falta demostrar un verdadero empeño para recuperar la buena dirección. En principio, hay que reconocer algo tan simple como un hecho bien demostrado: El modernismo ha obligado a millones de personas a trabajar de noche. Esto es, ni más ni menos, pretender “conquistar el tiempo”. Ahora bien, el precio de jugar a ser Dios, puede ser terrible cuando no se alcanza ni tan siquiera a ser humanos.

PERFILES DE CARA HUMANA SOBRE ROCAS Y COSTAS
La evolución natural de coleccionar fotos de montañas, para mi fue recoger también las formas de perfiles de rostro que la erosión ha modelado en ciertas rocas, tanto si estan cerca del mar como en los desiertos. Algunas son muy sugerentes y curiosas. De cada tipo presento unas pocas muestras escogidas. Particularmente siempre procuro archivarlas con el nombre del lugar de su ubicación, sea la parte del mundo que sea. En los mosaicos que ofrezco, también omito sus alrededores, para poder incluir mayor número de perfiles. Perfiles- 2
Lo evité, por el trabajo que me representaría, y un tiempo del que no dispongo, porque no tengo internet en mi casa y uso los PC de la biblioteca pública a tiempo limitado.

Soy investigador nato, disfruto rebasando mis límites, pero, en contrapartida, la edición y las nuevas tecnologías me sobrepasan. Por suerte, no me siento obligado a ofrecer mi revista virtual cultural con la perfección de un profesional. Haciendo una metafórica comparación, diré que: Sólo me interesa desatascar puertas, y no penetrar en la habitación.

Creo que ha de interesar a los cientificos del futuro, el hecho constatado por mi (gracias a las fotos publicadas gentilmente en internet por Google Earth), de que al entorno de las zonas donde se ubican los principales lugares sagrados del mundo se reunen perfiles de rostros, llegando a mezclarse unos con otros. Daré muestras de lo dicho, incluyendo sólo fotos de los alrededores de Jerusalén (Israel-Palestina), y de la sierra de Montserrat (Cataluña-España).

FOTOS DEL ENTORNO DE Mt. MONTSERRAT Y JERUSALÉN

Ya me ocupé de analizar fisiognómicamente un rostro, al autoeditar mi libro “La Cara Humana de Montserrat” (1990). De su entorno, y el de Jerusalén, observados en las fotos de satélite, incluyo pruebas de que en ambas latitudes se dan una mayor concentración de perfiles de rostro humano, incluso a veces superpuestos o enlazados. Muchos de ellos, evito incluirlos por dudosos.

Dejo para otros coleccionistas (quizá los que se contagien de mi afición), no sólo una base documental inicial, sino la posibilidad de que verifiquen si en determinados enclaves geográficos sucede igual que en los lugares más sagrados de la tierra. En cualquier caso, opino que se trata de un fenómeno que sobrepasa la Pareidolia,…y que tampoco resolverá la ciencia del futuro.

SOBRE LOS PERFILES DE CARAS EN EL COSMOS

Con la llegada de internet incluso pude descubrir perfiles de rostro en algunas de las más famosas constelaciones estelares. Obviamente también les he de agradecer mucho a los libros de exploración espacial, pues proporcionan fotos de bellísimas galaxias. Presento pocas, porque las que tengo rconozco que son poco definidas y se pueden prestar a confusión; pero ello es sólo debido a mis escasos medios de investigación para una tan gran tarea.

Aunque yo utilice, preferente y lógicamente, la óptima referencia de la enorme cara humana de Montserrat (que muchos considerarán “la imagen de un dios pétreo”), puedo añadir que escribo reconociendo que: Todo lo material contiene un ápice de la esencia divina. En ello me recuerda a los neutrinos, que a pesar de su imperceptible peso, en su conjunto superarían mucho el peso de toda la materia del universo. Paradójicamente, todo el cielo estrellado que tanto nos admira contemplar, no es tan cercano a Dios como se cree. Lo debe de ser inmensamente más el simple espacio;…aunque nos parezca vacío. Pero no hay que confundirse: Si se quitasen la materia y el espacio, no disminuiría nada el Dios en que yo creo.

CURIOSA EXCEPCIÓN EN LAS PSICOPLASTIAS

La degradación de mi afición supongo que llegó por desear incluir psicoplastias, que son las muestras de la formas de rostro aparecidas en manchas del suelo o de la pared, del tipo de las famosas “Caras de Belmez” (España), aunque también hay otras mucas de tipo fenomérico que son realmente curiosas. En este apartado hago una interesante observación: Se pueden encontrar –excepcionalmente- algunas formas de rostros femeninos. En las geográficas nunca.

EL ROSTRO HUMANO EN EL ARTE UNIVERSAL

Concluiré mi colección con muestras básicas de algunas forma de rostro famosas dentro del arte universal. Desde antes del “culto al cráneo” durante la Prehistoria, se ha dado una importancia principal a los dibujos de rostros en todas las culturas y en todas las épocas. Todos los artistas se rindieron al magnetismo que se desprende de esa parte del cuerpo humano. Además de ser un espacio común en todo el género humano, toda cara incluye siete agujeros naturales, y también reune todos los sentidos que somos capaces de percibir. Algunos habrán de creer que este tipo de rostros, por ser exaustiva, es inútil coleccionarlos. Ciertamente, por ello me limito a los rostros más representativos, o extraños, que existen. La muestra escultórica última que he ingresado en mis archivos, hará evidente que ciertas formas de cara humana pueden ser realmente muy interesantes.

Es por encontrar rostros interesantes y perfiles tras la geografía que creo que incluso podría de haber actuado una especie de “ángel bueno”. Pero aunque fuese malo, ¿malo para quién? Cabe preguntarlo, porque en el último siglo muestra especie se ha desarrollado tanto, y tan velozmente (y sin demasiado control), que si fuese el caso que existiesen unos vigilantes del espacio cósmico, probablemente, dada nuestra inmoralidad mental, nos considerarían cual una especie peligrosa. Incluso podría ser que, en prevención, acabasen destruyendo la raza humana como única forma de evitar que la desenfrenada ambición de poder de los mandatarios de turno, pusiese en peligro el equilibrio cósmico. Porque a mi algo de esto me pasa, supongo que nos verían del mismo modo que si todos los individuos en general fuésemos tan nocivo como una epidemia planetaria. O al menos una amenaza real. Y es que quien en nuestro mundo, transige y no hace nada para evitar todo lo que sabe con certeza que va en contra de los intereses comunes, también es parte del problema.
CARA HUMANA DE MONTSERRAT
En Montserrat el rostro descubierto ampliando una foto de la NASA, tiene tanta perfección que supera en mucho a una simple pareidolia, por lo cual debe ser asociado al Dios “bueno”. Los rituales que se remontan al Antiguo Egipto informan de que, al ser resucitado, el dios Osiris pidió a su hijo Horus que lo vengase venciendo al usurpador Seth. Horus así lo hizo, pero después Seth fue insólitamente liberado por la diosa Isis, debido a lo cual Horus se arrancó la corona de su realeza y en lugar de ella se puso sobre la cabeza un yelmo con cornamenta, o sea, en forma de cabeza de toro. Estos atributos los han lucido en todas partes del mundo y siempre, con la intención de sentirse conectados con la divinidad que residiría en la inmensidad de los cielos.
Gracias a mi descubrimiento de una escultura natural con silueta de un toro desafiante e inmenso, separada del resto de la sierra de Montserrat, en la vertiente norte de la montaña, ya me atrevo a dogmatizar que la cultura auriñaciense, de la prehistoria de Francia, no fue el origen de místico culto al toro en Egipto, tal como algunos eruditos sospechaban. Nada puede ser más antiguo que la enorme mole del toro de Montserrat, que cuenta incluso con un proporcionado pedestal. Desde allí irradió su poder y renombre en todas direcciones, llegando a Egipto por los países mediterráneos del Norte de África, tal como siempre se creyó. Fue después, que a orillas del Nilo se desarrolló el místico culto de Osiris y el del toro, cuyos cuernos por cierto, insólitamente incluso son atributos imprescindibles en la cabeza la diosa Isis. Fueron ideas que los antiguos egipcios importaron, y en agradecido recuerdo del país noroccidental, a los difuntos se les llamó “occidentales”.

El totemismo, que acreditó una relación de sangre con los animales, es una creencia tan ancestral que se detectó en todas partes del mundo, y cuanto más ancestral se aparece más cruel, pero sin duda fue en el Antiguo Egipto donde el totemismo fue regulado como institución oficial. Son los llamados Misterios, donde superando el carácter totémico, desarrollaron lo alegórico buscando la verdadera luz. Su magia fue en realidad un gran deseo de conocimientos. Una vez aceptado por el dios Ra, el neófito emprendía simbólicamente la navegación por el mundo subterráneo en la llamada “Barca del Sol” porque en ella gozaba de la visión de su refulgente gloria.

Lo básico para conseguir transmutar deseos en realidades mediante la magia siguen siendo el propósito y la intencionalidad. También es imprescindible un símbolo adecuado, ya que puede abrir la inteligencia a las cosas divinas. Mediante una alegoría escenificada, en la Grecia clásico los iniciados ocultaban conocimientos referentes a la semilla y el grano. Son remotas creencias desarrolladas imaginando la vida y muerte de Osiris, rey del Mundo Subterráneo. Y todo ello procurando aportar una visión esperanzadora de la vida tras la muerte.

El llamado “TERCER OJO” de los hinduistas también está en el centro de la frente del Rostro de Montserrat, lo cual es mucho más misterioso todavía. Las enseñanzas herméticas, de las cuales la que comento es su máxima expresión, siempre han querido remitir a lo insustancial del universo, procurando distinguir lo espiritual de la materia que nos tiene prisioneros.

En el enorme rostro de 10×5 km. que la foto de satélite me descubrió de la montaña de Montserrat, se puede discernir un mismo efecto espiritual. La señal en su frente se corresponde siempre a un punto de nuestra mente, cuyo sector se activa cuando recordamos tiempos pasados. Es un sector muy importante para la conducta humana dentro del cerebro. Por cierto, en varias personas muy enfadadas, según los motivos que tuvieron, aquel concreto punto de la frente lo he visto hundirse medio centímetro, mientras que, en cambio, en otras personas el mismo punto de la frente lo vi sobresalir del tamaño de un guisante. En ambos caso duró tan sólo un par de segundos. En la santa montaña de Cataluña, está claro que hay que integrarse en la imagen de satélite descubierta para poder enriquecernos de su espíritu. Es por tal motivo que invito a todo el mundo a colaborar en su difusión.

A pesar de las websites en que aparecen, lamentablemente para todos, el patronato de la Sagrada Familia aún no se dan por enterados. Le sucede como a mi, al presentar la cara humana de Montserrat, una vez ampliada la foto de satélite de la NASA. Ni el patronato que administra aquel espacio natural protegido, ni los monjes de Santa María de Montserrat, ni el Departament de Cultura de la Generalitat Catalana (que no me compraron ni un solo libro de los autoeditados), ni, en fin, los políticos a los que se la envié, en ningún caso jamás se dieron por enterados. Ahora que ya estamos en el año 2013 lo he podido comprender, porque ha salido a la luz que todos han estado siempre absortos por otras prioridades. ¡Lástima!.

Vendrán mejores tiempos para la Cara de Montserrat y, en consecuencia, para toda la Humanidad. Desde hace siglos la Santa Biblia nos avisa de que “para cada cosa hay un tiempo” (“Eclesiastés”). Si observamos los desniveles del espacio lo entendemos mejor, porque las montañas los hacen alterar diferenciándolos al máximo. Así pues, no será lo mismo sembrar en un vertedero que en una tierra que sea fértil. Pues bien, el tiempo a veces transcurre lentamente y en otras es fugaz; y lo curioso es que en ambos casos es independiente de las agujas del reloj. Esta idea me la inspira el rostro de la Sagrada Familia, porque encontrándose en la fachada de levante, obligará siempre a esperar la noche para llegar a descubrirlo ¿Habrá aún más sorpresas ocultas por Antoni Gaudí tras la decoración de muy imponente templo expiatorio?

Para aquellos que no acaben de creer en la intencionalidad de la escultura más fenoménica de Gaudí, debo recordarles que no hay que esforzarse mucho para descubrir que tras las chimeneas de la Casa Milà (La Pedrera), en el Paseo de Gracia de Barcelona, se quiso representar unas cabezas cubiertas con gorros de guerreros futuristas. Por mi parte he de descubrir otro perfil que Antonio Gaudí pudo haber conocido, y quien sabe si hizo resaltar al máximo de las piedras que lo configuran en el “Parque Güell” de Barcelona. Lo incluyo en el ángulo superior derecho de la siguiente fotografía. Aunque lo presenté con todo lujo de detalles hace décadas al departamento responsable del mantenimiento de aquel parque (que visitan anualmente varios millones de extranjeros), tampoco se dieron por enterados. Insensibles, siguen dejando que la vegetación lo cubra por completo. Pasa lo que ya escribí más arriba: Tienen otras prioridades. “Megalitos Sonoros”
He titulado esta web “Megalitos-sonoros” a fin de remitir al lector también a sugerentes piedras naturales que, siendo anteriores a los templos tauromorfos, indicaron a la gente el momento en que psicoidílicamente la divinidad habitaba en su interior. En el caso de los dólmenes, que quisieron reproducir con grandes losas el cuerpo de un toro hueco, dicho fenómeno acústico sucedió los días de fuerte viento, cuando el aire era canalizado por su interior y emitía un sordo bramido. Todo los dólmenes recién construidos dispusieron de un agujero para canalizar el aire a modo de flauta pétrea, pero multiplicando su efectividad.
Esta investigación está basada en pruebas documentales observadas sobre el terreno por mi mismo y en mi opinión no se debe seguir creyendo que los megalitos todos fueron agujereados para que el alma del difunto pudiese evadirse por ellos. Los de la cámara principal de la Gran Pirámide, quizá, pero en los dólmenes, que con el paso de los milenios tanto los utilizaron como tumbas y para guardar ganado, o incluso sirvieron de vivienda, su utilidad inicial en cambio sólo podía tener una intención vivificante. Esto no se puede ignorar por mucha que los hayan reutilizado.
Desde que el mundo existe, los cataclismos y la erosión han actuado intermitentemente con gran estrépito. Las piedras que fueron más torturadas por la erosión natural fueron el primer gran interrogante a los ojos de los primeros hombres reflexivos. Cuando además tales rocas se presentaban en lugares muy altos, o sea, allí donde nadie pudo haberlas elevado, cuanto más toscas eran mejor sirvieron para estructurar las mentes primitivas. La palabra hablada es evidente que entre aquellas mente primitivas no fue su única forma de comunicación.
Una mente bien construida dispone de los valores que son inherentes al común del alma humana. Es una constante en la evolución humana que cada persona recoja frutos de los que previamente ya lleva en su interior. Nadie puede considerarse exento de una especie de eco que tenemos en común y que nos influye, debido a lo cual cada uno revelará con los años su grandeza o su miseria personal. A pesar de la actual evolución científico-técnica, todavía conservamos nuestra admiración por oír “hablar” aquello que es sólo un artilugio material, previniendo que algún día será considerado analfabeto quien no sea capaz de hablar directamente con la pantalla de su televisor.
INGENIO DE LOS CONSTRUCTORES PREHISTORICOS
Los templos tauromorfos es muy fácil evidenciar que se inspiraron a partir de la enorme estampa de toro desafiante que se nos ofrece muy resaltado en la vertiente norte de la sierra de Montserrat en Cataluña. Otra cosa es superar los convencionalismos académicos que afirman sin el menor rubor: que todos los ritos tauromorfos proceden del otro extremo del mar Mediterráneo. En la zona donde se construyó la ermita románica de Santa Cecilia de Montserrat es desde donde mejor se muestra el perfil del toro esculpido en piedra, el cual en las tardes de verano se aparece muy resaltando del resto de la montaña. Durante una de mis visitas de antaño, el encargado del remonte teleférico, que funcionaba muy cerca del enorme ídolo, me explicó que ciertos dias de fuerte viento, aquella inmensa pared plana, con 800 m. de caída vertical y lisa superficie, y que en parte configura el ídolo tauromorfo natural de la prehistoria, realmente es capaz de provocar un sonido tan fuerte que impresiona.
El uro (Bos Primigenius), o sea la escultura natural que llamo toro de Montserrat fue una divinidad tanto o más tronante que el Júpiter. Era el dios “Tonante” (tronante) de los antiguos griegos, y por descontado el señor de los rayos y truenos para no decir de todo lo creado en el mundo antiguo del otro extremo del mar Mediterráneo.

Es cuestión de tiempo que los sabios arqueólogos remodelen la convencional idea de que los dólmenes prehistóricos de Europa Occidental fueron ídolos. Lo que resultará mucho más dificil y laborioso, pero no imposible, será demostrar que Así como el pétreo Bos Primigenius de Montserrat bramaba, también se previno una canalización de aire para que saliese sonido de dentro de los dólmenes megalíticos de cualquiera tamaño. Desde el primer momento que decidí buscarlos por el lejano horizonte donde vi ponerse el sol que lo resaltaba, yo a los dólmenes, aun sin verlos ya los consideré sus “hijos”. Era de esperr que ante un viento fuerte dichas reproducciones también actuasen como verdaderas “cajas de resonancia” hechas de losas megalíticas. Los megalitos incluso puedo afirmar que modifican la acústica del espacio a su alrededor, y sus planificadores pudieron incrementar el fenómeno, porque a la divinidad zoomorfa se le exigió que se expresase sonoramente para el bien tribal, al mismo tiempo que su magna obra totémica fue concebida.
LA ACÚSTICA RITUAL SAGRADA DEL TEMPLO
La acústica sagrada es un campo del conocimiento que estudia hasta que extremo las ancestrales civilizaciones entendían lo divino de los sonidos, y como manejaban a la acústica de espacios y ambientes para que los sonidos sagrados repercutiesen positivamente, en todas partes del mundo por igual y siempre, en sus ceremonias. Los ábsides de los templos y las iglesias, antes de inventarse la electricidad sirvieron para ampliar la voz del predicador, y en el campo de lo lúdico lo siguen recordando los petardos y mascletadas que marcan el punto álgido de todo festejo popular.

En muchas civilizaciones los subterráneos y templos han sido manipuladas para producir sonidos sagrados que conducían a los reunidos hacia estados alterados de conciencia capaces de cambiar a la frecuencia mental y proporcionar una percepción especial del mundo espiritual al resaltar determinadas capacidades imaginativas, creativas, meditativas o mediúmnicas.
El ruido de las hojas de los árboles, el fluir del agua en una fuente, nos aseguran capaces de influir en la gente y ésta a su vez estuvo deseosa de reproducir sonidos con hojas manipuladas y golpeando troncos huecos. Tal inquietud la confirma, muy prematura, el cuerno de caza en la mano de una desnuda y rechoncha Venus prehistórica encontrada en un yacimiento del Languedoc francés. PSICOIDÍLICAS, RELIGIOSO-CULTURALES, DE NUESTROS CEREBROS
Los sonidos son considerados sagrados desde siempre, por lo cual la Biblia comienza concediendo el máximo poder al Verbo divino creador de todo lo existente. Si la diosa Shiva se presenta bailando, es porque suena música. Los ritos orientales usan los cantos (“mantras”) como vías para acceder a ciertos ámbitos de conciencia, y porque coadyuvan al desarrollo psíquico. Lo escribió san Agustín: “Cantar en los templos es como rezar dos veces”. Otras religiones valoran tanto los sonidos, que sus oraciones prohíben que sean escritas.
En el tercer milenio no estamos libres de pensar que lo sobrenatural interfiere en nuestras vidas. Hay demanda de todo tipo de mancias, y su publicidad está presente en todos los medios de comunicación. En la prehistoria, el sonido estuvo siempre bien aprovechado porque la peligrosidad cotidiana era mucho mayor que hoy, y los congregados en los ritos tribales tuvieron miedo incluso de si mismos. Los beneficios no podían faltar, porque todos juntos gritaron a pleno pulmón para asustar a los animales que se abrevaban en alguna fuente o charco, consiguiendo que, por reacción natural, incluso los temidos bóvidos se asustasen y saliesen corriendo hacia las trampas donde quedaban todos apresados.
Uno de los instrumentos que inventaron capaz de imitar los bramidos de un toro fue llamada “bramadera” en el norte de España, aunque tuvo diferentes nombres según la provincia. Ls aborígenes de Australia lo llaman “Bull-roaner” que igualmente significa Toro rugiente porque la divinidad se depositaba en aquel objeto. Consiste en un palo atado al extremo de una cuerda y que se hace volear muy rápido sobre la cabeza, produciéndose un ronco sonido vibratorio aereodinámico.
Acabaré con la evolución del fenómeno sonoro ritual recordando que los ataudes donde son quemados los cadáveres de los ricos brahamanes de Bali. Estan muy artisticamente pintados y tienen forma de toro cornudo. En las cuevas de Menorca también se hallaron restos de dichos ataudes tauromorfos semiquemados, pero sin rastro de pintura. El ruido de las llamas al quemar los ricos ataudes tauromorfos bellamente pintaos, aún hoy en Bali sirven para hacer augurios destinados a la familia del difunto. ATENCIÓN A CIERTAS PIEDRAS CURIOSAS EN LA NATURALEZA
Voy a extenderme presentando algunas rocas oscilantes, que tanto me atraen, porque algunas también resultan capaces de hacer ruido al ser movidas por un fuerte viento. En Cataluña la más famosa está en la sierra cerca de la costa a la altura de Sant Feliu de Gixols (Ge.). Se lama Pedralta, y tiene forma de huevo gigante. Si se pone una botella en su base, cuando haga viento la romperá de forma imperceptible. En la comarca del Solsonés, donde nací, existe otra igual en tamaño en Isanta (y a su lado otro par aunque de menor tamaño). Están en un precipicio al que se llega por la carretera de Solsona a Sant Llorenç dels Morunys, subiendo a la izquierda del Restaurante del Cap del Pla, y ambas son muy poco conocidas porque casí soninaccesibles (Les Gaites). Hay más piedras basculantes cerca de Escornalbou (Tarragona), en Reinosa (Santander) , en Tapia (Asturias), los Trilitos del Duque, en Baena (Córdoba), y muchas otras en Galicia, donde además hay varias que son monumentales y muy sugerentes, pero no oscilan.
Los citados fenómenos geologico-dinámicos fueron disfrutados por numerosas generaciones de ancestros a lo largo de milenios, empezando por cuando trataban de evitar las corrientes de aire en las cavernas que habitaron. Acumulando sus experiencias de todo tipo es lógico que las aplicaran a tratar de reproducir a la divinidad de turno, porque tampoco era facil imaginarsela sin capacidad de expresarse (“hablar” o sonar).
Pero si algo debe sorprender de la erección de un dolmen megalítico debe ser la capacidad de aunar esfuerzos tribales. La colaboración y la perseverancia que les era necesaria, a pesar de ser muy dura empresa, les reporto beneficios por darles estabilidad social y sobre todo garantizarles alimentos gracias a controlar el paso del sol para experimentar la horticultura y la ganadería.
Siempre serà una quimera acertar con el comportamiento social de tan remotos antepasados, pero ante los nuevos documentos que he presentado podemos afirmar que construyeron muy sorprendentes ídolos tauromorfos huecos, tan grandes para que mejor fuesen capaces de dispersar la vida que dimana del sol. Era una labor mucho más lógica de lo que en la Edad Media lo fuese la costrucción de catedrales.
Los primeros constructores en material duro consiguieron, gracias a su ritual, aprovechar mucho mejor la fuerza generadora del sol en deteminadas fechas. La Ecología lo sigue procurando hoy, evitando tala de bosques y buscando garantizar la supervivencia de las plantas, hasta el punto que quien no lo entienda, es parte del problema de la desertización del planeta (La Madre-Tierra, o Gran Madre, de la Prehistoria).
CON NÚMERO Y GEOMETRÍA SE DIO VIDA AL TOTEM
Debo dessarrollar mejor la forma cómo se consiguió el “soplo de aire divino”, que hizo sonar el interior de los dólmenes megaliticos de la Europa occidental como si fuesen altoparlantes. En todo dolmen se previno concentrar el viento cuando soplase desde un determinado ángulo, y se canalizó al interior de la que era una burda caja de resonancia hecha de losas megalíticas. En la maqueta a escala que hice del totem-toro de Vila de Llanera incluí una especie de parapeto, a un lado de su entrada, como complemento capaz de actuar a modo de vela y canalizar mejor el viento hacia el interior del monumento zoomorfo. Es evidente que conocieron la confección de las lengüetas (mi esposa tiene insólita habilidad para confeccionarlas retorciendo hojas), y para que tan gran caja de resonancia funcione, necesita cierta fuerza impulsora causante de un mejor “bramido”.
Los dólmenes, al ser terminados de construir, estaban siempre recubiertos de tierra y formaban un túmulo, sobre el cual había una piedra trabajada para servir de cabeza estable. Si en sus inicios sobre dólmenes de troncos pudieron colocar cabezas auténticas de bóvido, posteriormente, al construir con material duro emplearon piedras con estabilidad propia; y a juzgar por las que encontré en la comarca del Solsonés (el centro geográfico de Cataluña) los cuernos del toro debieron ser lo único de material orgánico de todo el monumento. Aunque también podrían adolecer de ellas si valoraron más el becerro, por el prometedor poder que mantenía latente. EL SONIDO DE LA “MADRE-TIERRA” ES AGUDO
Pasé muchas horas en el interior del monumento megalítico cerca de Casa Vila de Llanera, ya fuese para ver aparecer el sol solsticial, o por medirlo. Lo reconstruyeron magistralmente situando cada gran megalito en su lugar y me lo explico en su vejez el sabio albañil que efectuó la obra con el mayor respeto. Lo comento por el hecho que en mi soledad una fria mañana del 21 de diciembre, mientras esperaba que asomase el sol por el horizonte del NE. Que casi corresponde con las crestas de la sierra de Montserrat, inesperadamente escuché un sonido tan cercano que parecía ser el silbido de una gran serpiente y me asustó. Era tan prolongado que no había animal capza de tener tantos pulmones. Era parecido a si un chorrito de limaduras de hierro cayesen sobre una plancha metálica desde un metro de altura. Al tranquilizarme, porque los ofidios viven aletargados en invierno, me di cuenta que lo que escuchaba era el “Bicha” (para los prehistóricos la Guifre), que no es sinó una descarga telúrica del calor del sol acumulado desde varios dias, el cual serpentea electricamente por las peñas del sector hasta que encuentra donde descargarse, y allí lo hizo multipicando el fenómeno acústico. Supongo que no hay mucha gente viva que haya escuchado el sonido de la Madre-Tierra. Particularmente, me sorprendió mucho, pues habiendo leído al respecto, suponía que sonaría como el profundo toque del tambor y no como un fino silbido.

Sólo un investigador teórico podría ignorar éste y otros semejantes detalles, como lo es valorar justamente los megalitos que levantaron los primeros constructores en material duro. Al ejecutarlos sudaron mucho hasta conseguir colocar un megalito sobre otro; y sus nietos que no supieron de tales esfuerzos, se atemorizaban al ver una forma de toro de piedra vacío y capaz de expresarse sonoramente. Al fin se comportaban como era propio de una etapa infantil de la humanidad. Merecen que se valoren sus obras sin asociarlas a tumbas “de gigantes”, ni “de moros”, porque revelan además un gran aprecio por la simetría y las matemáticas, ya que el cromlech, o círculo de menhires radiales, del monumento de Vila de Llanera, además de tener un ancho interior regular de 1,66. m., (que es lo que mide una persona con los brazos extendidos), al multiplicar dicha unidad básica 1,66 por 13 lunas naturales de un año, (1,66 m. x 13) resulta el perímetro del cromlech que és 21,580 m. midiendo “toda piedra”, o sea, por su perímetro exterior.

La unidad 1,66 m. básica incluso en Cataluña donde había nacido, degeneró menguando algo en la “Cana Catalana” de nuestros abuelos, una medida que al informarl yo por escrito de su existencia al sabio arqueólogo inglés Alexander Thom, me reconoció en su carta: que ignoraba la existencia de la medida llamada Cana catalana. En sus libros escritos después de aplicar los ordenadores en sus mediciones de cientos de megalitos del Reino Unido, A. Thom la estableció en la mitad, o sea, 0’87m., y tan pronto los leí enseguida supuse estaba poco informado.Porque lo reconoció, Alexander Thom siempre merecerá mis mejores afectos, también como un caballero de honor.

También me construí una maqueta a escala, recogiendo la forma que debió de tener el monumento dolménico de Vila de Llanera (Llobera) en el límite Sur del Solsonés. Tiene nueve metros de largo y 1,66 m. de ancho en su interior de paredes rectas y paralelas. En una de éstas presenta, justo en la mitad de su extensión total, un agujero que atraviesa de parte a parte la gruesa piedra megalítica. Es chocante observar que para ello no aprovechasen el espacio entre las dos inmensas losas, pues agujerear con 18 cm. de diámetro justo en la exacta mitad de la cámara dolménica de Vila de Llanera, debió serles muy importante,…aunque no podamos entenderlo. Comprendo a los que encuentren más cómodo negarlo todo en bloque, aunque particularmente prefiero seguir investigando. EL SHAMANISMO PREHISTORICO Y LOS SONIDOS
Como seres biológicos, nos movemos en la dimensión espacial la cual se puede confundir con el mismo Dios. Físicamente todo es Espacio, y si se quita no queda ni tiempo ni nada. Es también un hecho que pensamos mejor en ambientes cerrados. Reconocido esto, en la Prehistoria las reflexiones más profundas lógicamente se alcanzaron en cuevas y subterráneos naturales.
Nuestros ancestros de todas partes del mundo vivieron fascinados por las especiales carácterísticas acústicas de las oscuras cuevas que habitaban, siendo allí donde también realizaron sus ritos más sagrados (Schafer 1977). Miguel Dauvois analizó la calidad de sonido de las cuevas prehistóricas decoradas con pinturas rupestres llegando a una interesante confirmación: Las pinturas paleolíticas de las cuevas estuvieron relacionadas con la acústica, especialmente en los puntos de mayor resonancia de la voz humana. Asimismo, Iégor Reznikoff (1995: 541-542) puntualizó que ciertas muestras de arte rupestre tan sólo son explicables teniendo en cuenta la reververancia del sonido. Steven Waller, aportó concluyentes datos de lo dicho después de escrutar cientos yacimientos con arte rupestre tanto en Europa occidental, como en Australia y América del Norte (Waller 1993a; 1993b).
En cuevas paleolíticas como Lascaux y el Pont-de-Gaume, en Francia, se registran ecos en espacios pintados que varían entre 23 y 31 decibelios, pero cuando no hay pinturas no hay ningún nivel de decibelios (Dayton 1992). Los paleontólogos Jean Clottes y David Lewis-Williams (1996), afirmaron que la mayor parte de las actividades sociales efectuadas en cuevas prehistóricas tenían naturaleza shamánica. Ello justifica la mayor parte de las pinturas y las marcas encontraras en cuevas prehistóricas del paleolítico superior. También se experimentó con el eco de sugerentes espacios abiertos. En Provenza está el Lago de la Maravillas cerca del cual existe aún una piedra plana cubierta con más de mil pictogramas representando en su mayoría animales carnudos. Allí es donde el sonido del eco es óptimo, con lo que se evidencia la estrecha relación del eco y los grabados rupestres.
El ajuste del alto nivel de la reverberación prolongada es típica de ambientes tan grandes como los actuales auditorios, pero antes las catedrales medievales, y para nuestros ancestros fueron ideales los antros y las cuevas. Este efecto se conseguía yéndose un cierto espacio para que el sonido resonase como la palabra de su divinidad. Desde el amanecer de la humanidad, el fenómeno de la reverberación (junto con otras, tales como eco) siempre estuvo relacionado con la noción del espacio.
La omnipresencia metafórica de la divinidad de turno desde el periodo paleolítico fue evocada mediante una forzada acústica. Luego se fue perfeccionando, como se demuestra en los hipogeos de varias Islas cerca de Malta en el Mediterráneo. En Gozo tienen aún hoy un aspecto futurista, siendo allí donde la voz ronca de un sacerdote oculto en una estancia alejada, retumbaban dentro de la cabeza de los asistentes al ritual. Era un ambiente virtual creado por la reverberación acústica. Algo parecido se consigue con los muchos decibelios que se emplean en los fascinantes conciertos multitudinarios de nuestros días, por lo cual vemos que reaccionan a efectos primarios inherentes al alma humana más ancestral. Nuestra la naturaleza biológica sigue pues relacionándose con los efectos de la resonancia. En los conciertos de rock, los oyentes y el cantante están en espacios diferentes, pero cuando la ausencia de reverberación hace que los dos territorios se combinan, juntándose, surge una sensación de invasión, o intrusión y de intimidad extrema. Ivan Fónagy (1970: 119-125), que estudió cómo la agresividad y la cólera fueron desencadenadas por medio de voces humanas, encontró que se expresa en el nivel de 350 decibelios.
LOS TEMPLOS DE LAS CULTURAS PRECOLOMBINAS
En otras culturas sin relación con la europea más ancestral, los templos fueron deliberadamente manipulados para producir sagrados sonidos, como descubrió David Lubman en la pirámide maya de Kukulcán. Si a los pies de la pirámide escalonada, la multitud distribuida en su base dan palmadas con las manos, el eco reverbera en la pirámide para producir el sonido de su ave totémica, o sea “quetzal”, la depositaria del espíritu sagrado del pueblo maya. Verificase que desde la base de la pirámide, haciéndose un sonido como lo del batir de palmas, la reverberación del sonido en la pirámide es semejante al del canto del quetzal, un pájaro sagrado que representa el espíritu del pueblo maya, así que, en ceremonias sagradas, se podía evocar al pájaro totémico.
La arqueo acústica es una ciencia que investiga como afectan los sonidos en nuestro comportamiento. Se aplica a las cuevas y otros yacimientos prehistóricos, como las tumbas megalíticas de Cova Parpalló, porque durante milenios sirvió de casa a numerosas generaciones prehistóricas. El sonido de la voz allí es más nítida que en otros recintos, y referente a su acústica, tampoco tiene un efecto excesivamente reverberante.
A pesar que en las galerías hay estalagmitas la Arqueo-acústica allí aplicada verificó que las propiedades sonoras de ciertos recintos determinan la presencia, o ausencia, de arte prehistórico en una cueva. DESDE LOS DRUIDAS, Y HASTA NUESTRO TIEMPO
La Arqueo-acústica también investiga en las construcciones megalíticas, empezando por el círculo de grandiosos megalitos de Stonehenge. Aaron Watson confirmó que en el más famoso monumento de Inglaterra, sus megalitos mantienen y amplían los sonidos emitidos por la voz humana, pero no otras vibraciones, como las de los tambores que, al no retenerlos, se pueden oír desde lejos.
Los druidas de milenios después también allí mismo se sabe que manipularon la acústica a voluntad, o sea, que ya conocían al valor sagrado de los sonidos y los utilizaban con ideas avanzadas. También el científico David Keating comprobó que ya las piedras de algunas cuevas con arte rupestre son capaces de retener y ampliar sonidos emitidos por la voz humana. Algunas veces se ha dado por casualidad como en el anfiteatro de Epidauro en el Peloponeso (Turquía), y gracias a ello se pudo comprobar que a más gradas le corresponde una más prolongada repetición sonora.
Siempre y universalmente se ha creído que los espíritus responden a la armonía, al estar sus cualidades sensitivas más desarrolladas. Por ello fue creencia universal que los ecos eran la voz de antepasados difuntos. Es obvio que así sea, porque entre los vivos la imaginación espiritual no puede concebir nada más conmovedor que la música celestial. Grandes compositores supieron transmitirnos sus éxtasis mediante con obras musicales. La música siempre se creyó que agradaba a los espíritus, por sus afinadas cualidades sensoriales.
Grandes compositores sintieron una percepción particular de los sonidos y no dejaron melodías casi celestiales. Bach, Chopin y Mozart opinaron que la música hecha por las personas son muy poca cosa comparada con la armonía celestial. Lo evidente es que unas piezas musicales nos influencian más que otras,…y sé de algunas que espantan!
Este escrito recoge lo presentado en el penúltimo capítulo de mi libro “Megalitos Parlantes. Del culto al Toro”, el cual sigue inédito, aunque publiqué una síntesis en internet (WWW). Ramón Ramonet Riu (C) Barcelona, 5 .9. 2010.
GUILLEM DE TORROJA; UN MUY GRAN ESTADISTA ECLIPSADO
Siguiendo el sabio criterio popular de que: “lo poco agrada y lo mucho enfada”, decidí descargar de datos colaterales mi investigación acerca de los conocimientos que pudo haber tenido Arnau de Torroja, el que fuese en el siglo XII noveno gran maestre conjunto de las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén. A tal objeto, opté por presentar a parte casi todo lo referente a su poderoso hermano Guillem. Éste, siendo obispo de Barcelona, fue tan importante en la promoción de su hermano Arnau, que no se puede entender su meteórico ascenso monástico-militar dentro de la orden del Temple sin tener en cuenta el gran poder e influencia que en el siglo XII tuvo el obispo Guillem de Barcelona a nivel internacional. Lo sería más aún, al ser promovido a la Seo metropolitana. En efecto, Guillem de Torroja primero fue diácono de Urgel (desde el día 13 de diciembre de 1127), siendo nombrado obispo de Barcelona el día 10 de Febrero de 1144 y hasta el 1171, cuando fue nombrado arzobispo de Tarragona, llegando a ser la más alta jerarquía político-religiosa en la confederación catalano-aragonesa.
Mi investigación sobre Guillem de Torroja (quien al terminarse el año 2012 no consta todavía en la Gran Enciclopedia Catalana) me exigió un arduo trabajo, y más si se tiene en cuenta que durante la minoría de edad de Alfonso II “el Casto”, éste siempre tuvo necesidad de pedir dinero a crédito a quien podía dárselos. Eran años en que la reconquista de la Península ibérica tenía un papel predominante, y contaba con el apoyo de tropas del Maestrazgo, en el bajo Aragón, Caspe y la comarca de Teruel. También, desde Barcelona, los corregentes debieron de esforzarse para mantener su influencia política sobre los vizcondes de Carcasona, Narbona, Beziers y Nimes, así como sobre el señorío de Montpellier, todos en el norte de los Pirineos.
Para dedicarle esta bien merecida aproximación biográfica, me ha sido preciso reunir datos releyendo mucha letra menuda dispersa, así como las notas al final de las páginas de antiguos libros de historia medieval, y muy especialmente los referentes a la nobleza de la ciudad Solsona (Lérida), mi ciudad natal. Así como de Guillem de Torroja al menos quedó recogida bastante documentación en los archivos locales, en cambio hay muy poca de su hermano el Arnau, a pesar de haber sido gran maestre de la Orden del Temple. Lógicamente, pues, en mi investigación sobre su persona me apoyé bastante en el gran poder e influencia de su poderoso hermano desde que llevó la mitra en Barcelona. No había otro modo de poder justificar una carrera militar tan brillante.
El hermano de Arnau fue una sorpresa para mí descubrir su relevancia en la gestación de la confederación catalano–aragonesa, puesto que, desde que Guillem de Torroja fue obispo de Barcelona, se propulsó la idea que creó la Corona de Aragón. Posteriormente sus éxitos políticos lo encumbraron hasta ser el principal corregente del reino catalano-aragonés. Es decir, empecé interesándome por Arnau, un gran hombre a nivel internacional, y me encontré con que su hermano Guillem también tuvo una excepcional talla política, e igualmente era un paisano mío de siglos pretéritos. El título de su biografía tan sólo es una síntesis de lo que (debido a que por limitación de espacio), en realidad me habría gustado que fuese: “Reivindicación de Guillem de Torroja, un arzobispo que desarrolló y regentó la confederación catalano-aragonesa, resultando ser un gran político eclipsado históricamente por sus soberanos Ramón Berenguer IV y Alfonso II”. Guillem de Torroja debió de ser el principal dentro del Consejo de Regencia hasta el día de su muerte, porque fue un político de gran perspicacia.
El abuelo y el padre de Guillem, que respectivamente se llamaban Ecard Miró y Bernat Ecard, en 1105, según A.Llorens (“Solsona y el Solsonés”, p.182-183) ambos habían participado muy activamente en la conquista de Balaguer, a orillas del río Segre. A partir de entonces se realizaron continuadas escaramuzas en la frontera al sur de Solsona. (1171-1174). Fueron aquellos hombres, que tuvieron por conde a Ermengol de Urgel, quienes harían posible que el señorío de Solsona pasase a Miró, quien fue el fundador del linaje, al ser el primero en añadir a su nombre el topónimo Torroja. El primer documento que menciona el nombre -o quizá también era un topónimo- de Torroja es del año 1044, y fue publicado en AAVV por F.Gaspar y J.M Salrach “Els pergamins de l’Arxiu Comtal de Barcelona de Ramón Borrell a Ramón Berenguer I”, (vol. II-ps.676-679, doc. 315). Otro del año 1091 se refiere a Echarus de Turre Roya, siendo una donación del conde de Urgel a la comunidad de monjes de Santa María de Solsona. (A. Llorens: “Solsona i el Solsonés en la història de Catalunya”, vol. I,p. 182).
El heredero de Bernat-Ecard (+24/5/1143), al ser herido en una pelea con los musulmanes, no sobrevivió ni un año a su padre. En efecto, Ramón I murió en fecha 1/2/1144, siendo su hijo Ramón II quien heredó todos los derechos de los Torroja en Solsona, con excepción del castillo que dejó a su hijo también llamado Guillem. Este Ramón II de Torroja siempre vivió muy unido a los condes de Barcelona, pues incluso estuvo emparentado con Ramón Berenguer IV.
Solsona estaba dividida en dos jurisdicciones, la civil y la eclesiástica, las cuales se repartieron casas, calles, e incluso propiedades a veces muy alejadas. Ambos poderes a su vez estuvieron bajo las autoridades del conde y del obispo de Urgel. Éste, en momentos de peligro se vio obligado a residir en Olius, cerca de Solsona, primero quizá por cortos periodos, aunque luego los actos liturgicos nunca preveyeron ya que se ausentase. Ello fue así, porque en el Urgellet (Alto Urgel) los condes de Castellbó y los de Foix (después emparentados) se aliaron, una generación tras otra, contra la mitra por incordiar a los herejes cátaros, a los cuales dichos parientes acabarían ayudándoles encubiertamente.
El primer documento conocido donde consta el nombre de Guillem de Torroja, está fechado 13/12/1127, cuando era uno de los principales (diácono) de la iglesia de Urgel. El dia siguiente otro documento también lo mencionó. Asimismo, otros documentos posteriores lo mencionaban (seis en total de aquel período) firmados por el obispo de Urgel en 27-1-1133 y 1135 (Arxiu Capitular d’Urgell -ACU- publicado por Cebrià Baraut “Els documents dels anys 1151-1190 de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell” a la revista Urgelia nºX. Para el perg. 882 ver el doc. 1391, ps.208-209; y para el perg. 883, las ps. 210-212). Como diacano, Guillem firmó un documento en fecha 19/3/1141, y luego ya como obispo el 10/2/1144 (ACB “Liber Antiquitatum” IV, folio 124, doc 322-anexo doc. 2). Aunque mi biografiado era canónigo de Urgel, y como tal consta aún en 1144, en realidad debió residir en Solsona.
Me pregunto quien nombraba los obispos, y en el caso de la Seo de Barcelona me inclino por conceder tal privilegio al conde Ramón Berenguer IV. Su anterior obispo, llamado Arnau había muerto el mes de febrero de 1144, de enfermedad, durante un viaje al extranjero, aunque en prevención antes de salir había hecho testamento (6/11/1143). Lo recuerdo porque en el texto se acordó de un asunto que afectaba a la canónica de Santa María de Solsona. Guillem fue un viajante vocacional, y debió de ser él quien habría puesto a su antecesor al corriente de aquella diócesis. Ello podría explicar su nombramiento como obispo de Barcelona, porque el conde debió de dar su beneplácito. Si hubiese algún misterio, debería de buscarse en el motivo por el cual estuvo la sede vacante durante dos meses.
Aquel mismo año 1144 el papa Anastasio IV escribió una bula a Guillem porque, sin haber habitado antes en Barcelona, pasó a ser su mitrado. Se confirma su rápido traslado a la capital catalana, porque el papa le dirigió una bula famosa por sus exigencias. El conflicto lo desencadenó el conde Arnau de Ribes, quien había expoliado durante una década varias iglesias entre Sitges y Geltrú, en la costa de Tarragona. Informado el papa, exigió al nuevo obispo de Barcelona que lo excomulgase y le confiscase todos sus bienes patrimoniales. Es por ello que se adivina que los comienzos de Guillem de Torroja en la prelatura no debieron de ser en absoluto tranquilos.
Guillem de Torroja fue al mismo tiempo: tutor, vice-regente y albacea (“marmesor”) del rey-niño Alfonso II (1162-1196), dado que el niño era muy pequeño al morir su madre Peronella, (Petronila, hija de Alfonso I de Aragón) y actuó como cabeza del Consejo de Regencia desde que ella abdicó a favor del hijo heredero. Desde el año 1162, y hasta que el niño-rey fue mayor de edad, ellos dirigieron los principales asuntos políticos de Cataluña y Aragón, cuya unión de países habrían conseguido gracias a contar con la total colaboración de los nobles aragoneses, temerosos de que Castilla los engulliese en su órbita. Guillem de Torroja se destacó en aquel entente, debido a que entonces era absoluta la primacía de la Iglesia medieval sobre los nobles y hasta los reyes, con excepción del emperador “Barbarroja”. Anticiparé un solo ejemplo: El 17 de julio del año 1173, en Tarragona, el rey Alfonso II suscribió con el arzobispo Guillem, una concordia relativa a los derechos señoriales, así como, por otra parte, aceptó anular el destierro de los hijos del muy noble Robert d’Aguiló.
Dejando a parte Arnau de Torroja, a los historiadores con título hasta ahora les interesó más la belicosa personalidad de un hermano de Guillem, llamado Berenguer, por el hecho de que él acompañaba siempre con sus tropas al conde-rey catalano-aragonés. Participó en las tomas de Tortosa y Lérida, sin descartar-se que luchase también en Almería. Es un personaje que firmó con otros varios hermanos suyos numerosas actas y donaciones, cuya relación no viene al caso en estas páginas. Por ejemplo, en agosto del año 1153 estaba presente en la donación del castillo de Miravet a la orden del Temple por parte de su soberano Ramón Berenguer IV.
Es interesante saber que el prestigioso Berenguer de Torroja murió en Barcelona en fecha 31 de agosto de 1161, cuando sólo tenía 40 años dejando sus castillos y demás propiedades a su hermano Arnau, al cual muy probablemente él le aconsejaría hacerse monje templario. Parece ser que, haciéndole caso, Arnau se enroló como caballero del Temple antes de terminar aquel mismo año. Berenguer, que no debió esperar tanta inmediatez, le había incluso confiado la custodia de su propia hija, en calidad de caballero. En cambio, Berenguer dejó muy poco a su sobrino Ramón II de Solsona, quizá porque sabía que no lo necesitaría. Aunque debió de ser muy caro viajar a Tierra Santa, sabemos que el dicho sobrino peregrinó allí tres veces. La segunda de ellas incluso se hizo acompañar por su hijo primogénito. Previamente a cada viaje, el señor de Solsona había hecho testamento (1175, 1191 y 1196). Este personaje le tomó gusto a los viajes, seguramente debido a que de joven viajó por imposición, pues su tío, el obispo Guillem de Torroja, lo ofreció como rehén de los genoveses hasta que no les fueron pagadas las cantidades convenidas por su ayuda en la conquista de Tortosa (1148).
Guillem de Torroja concentra su relevancia político-religiosa en dos etapas históricas, siendo la primera a partir del año 1162, cuando murió Ramón Berenguer IV, conde-rey de la poderosa Casa de Barcelona. Dejó a su descendiente llamado Ramón cuando tan sólo tenía seis años de edad. La segunda gran etapa de la vida del obispo Guillem la vivió después de abdicar Peronella, su viuda esposa treintañera, a favor de su hijo Ramón Berenguer V, cuando su pequeño tenía diez años. A pesar de los logros políticos acontecidos cuando él estaba en la edad de la inocencia, la historia siempre ha considerado a Ramón –que tomó el nombre de Alfonso- el verdadero artífice de la confederación catalana-aragonesa, pero voy a defender que él tan sólo fue el “instrumento”, y otros fueron los verdaderos artífices.
A quienes conozcan mis anteriores investigaciones habrá de extrañarles que dedique mi atención a la figura de un obispo de Barcelona. No por exceso, ni por defecto, de fe religiosa. Nací en el catolicismo y no tengo el menor deseo de cambiar. Supongo que de haber nacido en el seno de otra religión supongo que me sucedería lo mismo, porque sus representantes saben explotar que sus feligreses son susceptibles de desinformación. Mi idea de Dios es mucho mayor de la que presenta nadie. En fin, se entendería mejor mi atención en un obispo medieval, si Guillem de Torroja hubiese sido, al menos, san Olegario (Oleguer), su casi antecesor en la mitra de la Seo de Barcelona. En efecto, para que un tema, o en este caso un determinado personaje, me motive hasta el punto de merecer mi esfuerzo, exijo que no haya sido estudiado nunca antes (y Guillem no lo estaba cuando comenzó a interesarme), o bien yo crea que algún asunto se haya tratado deficientemente con anterioridad. De ahí que a mi colección de temas investigados la titulase “Revisión Cultural” (desde 1978).
GUILLEM DE TORROJA: OBISPO DE BARCELONA
Es obvio que Guillem fue continuador de la política de su antecesor en la mitra san Oleguer, defensor de Roma y de la reforma gregoriana. Obsérvese que al conde Ramón Berenguer IV lo apodaron “el Santo”, y aunque no lo fuese hay que suponer que pondría el listón muy alto para el obispo que debería trabajar a su lado. Con mi biografiado es evidente que colmó sus exigencias, porque además sería su amigo, siendo el propio conde Ramon Berenguer IV quien lo designó su vice-regente para gobernar en nombre de su hijo si se daba el caso que muriese él, como en efecto sucedió. Ramón Berenguer IV en su testamento eligió como albacea (“marmesor”) de su hijo a Guillem de Torroja, por lo que después sería el legal vice-regente durante la minoria de edad de Alfonso II. Así consta: “UICES PREDICTI COMITIS GERENS, siendo publicado por A. Rovira Virgili (que lo tomó del “Cartulario nº 6”, fol. 3, doc.4).
La tutoría del rey Enrique II de Inglaterra fue puramente honorífica; y en cuanto al segundo tutor, su tío el conde de Provenza Ramón Berenguer III, nunca pudo ejercer de lugarteniente en Barcelona, porque antes de ser asesinado, habría estado ocupadísimo con los conflictos insuperables que le creó la Casa de Baux de Provenza.
Guillem de Torroja fue elegido entre los muchos candidatos quizá porque ya en 1162, el difundo Ramón Berenguer IV lo había considerado (por escrito) “dilectissimo karissimo amico suo” (ACA “Cancilleria”, perg. R.B.IV nº250, pulicado por AAVV “Els pergamins de l’arxiu comtal de Barcelona”; vol. IV -pg 1543-1544, doc. 949).
Para llevar la mitra de Barcelona, Guillem de Torroja también habría sido recomendado por antes citado, y muy influyente, Pere de Torroja, así como por el conde Ermengol V de Urgel (+1162). Éste sigue enterrado en la cripta de la iglesia de Santa María de Solsona, la cual fue consagrada al recibir sus restos en 1163, siendo después sellada, y así parece que seguirá.
http://sh1.webring.com/people/or/ramonetriu/patrona.wmaEl rico noble comerciante Bernat Marcús era un veterano consejero del conde-rey Ramón Berenguer IV, y quizá también pudo haber recomendado a su amigo de Guillem de Torroja para llevar la mitra del obispado de Barcelona. De ser así, no se arrepentiría el soberano de haber hecho caso a Marcús, pues una vez Guillem fue obispo, favoreció la expedición de reconquista de Ramón Berenguer IV contra Almansa (1147). El año siguiente también reforzó con sus tropas procedentes de la jurisdicción del señor de Solsona y la tropa armada por el capítulo barcelonés, a las que tenía Ramón Berenguer IV, y todos juntos salieron victoriosos de nuevo en el sitio de Tortosa, de cuya conquista anticipadamente el año 1143 había prometido una quinta parte a la Orden del Temple.
Si por su parte el obispo mi paisano se esforzó mucho para reunir el dinero que el conde de Barcelona necesitaba para realizar aquella campaña, también su común amigo Bernat Marcús hizo gala de una semejante generosidad, pues siempre estuvo muy unido al conde de Barcelona y al obispo Guillem de Torroja. Eran años cuando los europeos habían asumido la derrota de los cruzados del rey luís VII de Francia ante las murallas de Damasco, pues en 1137 era evidente el fracaso de la “Segunda Cruzada”, lo cual a los catalanes les habría servido de lección.
EPISCOPOLOGIO DE BARCELONA (SIGLO XII):
Oleguer, sant 1116-1137
Arnau Ermengol 1137-1143
——– Guillem de Torroja 1144-1171———–
Bernat de Berga, 1172-1188
Cuando Guillem de Torroja pertenecía a la canónica de Urgel, su mitrado tenía establecido el principal centro de mando en el castillo-palacio de Olius, en cuya capital Solsona (a unos 5 km. lejos), señoreaba la familia Torroja, así llamada por reconquistar un castillo musulmán cerca de Cervera (La Segarra). Sin necesidad, pues, de imaginar a Guillem de Torroja, desplazado hasta la actual Seo de Urgel (que a pesar de todo conservó su renombre), Guillem consta como diácono en la navidad del año 1135, y al cabo de sólo nueve años ya era elegido obispo de Barcelona (S. Puig i Puig: “Episcopologio de la Seo Barcinonense”(1929). Posteriormente el obispo Guillem también mantuvo buenas relaciones con el conde Ermengol VI de Urgel (1102-1154) muerto en una expedición contra los musulmanes de Xátiva.
El obispo Guillem llevó la mitra de la Seo episcopal de Barcelona cuando el hijo del muy heroico conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, ya tenía cincuenta años. Juntos emprenderían varias campañas en Provenza, donde consta que ganaron algunas batallas. Siendo obispo de Barcelona, Guillem emprendió con vigor la reestructuración del patrimonio eclesiástico, además de ordenar hacer varias reformas en la clerecía. Por otra parte, concluyó las iglesias que encontró empezadas y también fundó otras. Es sabido que impulsó la vida monástica en la comunidad de Sant Pau del Camp, (hoy integrada en el centro de Barcelona), y en la periferia consagró otras tan famosas como la de Sant Vicenç de Sarriá, y la de Sant Martí de Cerdanyola. Como hay que decirlo todo, reconozcamos que el obispo Guillem en 1157 fracasó en su empeño de fundar un monasterio benedictino en Cérvoles (“II Trobada d’estudiosos de la comara de Les Garrigues-Lérida”, Tarres 2000- ps. 27 a 36).
Siendo Guillem obispo de Barcelona, la ciudad tenía unas 20.000 almas. En el siglo XII, el obispado regía las parroquias desde la costa catalana hasta Oca (Burgos). El mismo nombre de la comarca aragonesa “El Maestrazgo” recuerda como los maestres del Temple se empeñaron en mantener su reconquista; no sólo en el sur-este de Aragón, sino en el noroeste, como recuerdan topónimos “Egea de los caballeros”, etc.. Los caballeros templarios y los obispos nunca colaboraron tan estrechamente como bajo Guillem de Torroja, porque su hermano Arnau era la máxima jerarquía que la Orden tenía a cada lado del Pirineo catalán.
La credulidad de aquellos incultos tiempos era suplida por la fe y entusiasmo. Así, las heroicidades de la reconquista se remitieron a líderes como Carlomagno y alguno de sus nobles pares. En Cataluña fueron populares algunos míticos personajes belicosos, tipo el Conde Arnau, y el jovencito Peredur, quien, inspirado por Dios, era un “campeón de la inocencia”. El prototipo del héroe fue Perceval, cuya leyenda nadie pudo reconocer cuando al fin regresó a Cataluña envuelta por la saga del Santo Grial. El héroe ideal para personificarlo no podía ser otro que el joven Ramón Berenguer III “el Grande”, quien se había criado en la corte del castillo de Roergue (Fr.) hasta cumplir la edad de 15 años, cuando regresó a la Corte de Barcelona. Allí él logró hacerse reconocer como legítimo heredero de la casa condal gracias a llevar una señal de nacimiento en su cuerpo. A partir de entonces él fue presentado como el héroe autosuficiente, obligando después a su tío fratricida a partir a las Cruzadas (de donde no volvió).
La tradición tenía un enorme peso entonces, y más por las grandes alabanzas inmortalizadas por la “Gesta Comitum Barcinonensium”, que en recuerdo de Ramón Berenguer III fue escrita por los monjes de Ripoll. Tal fue el tema de otro libro en el cual presenté al citado conde-rey catalán como el legendario “Perseval” ideal (“Per-se-val”, en vernáculo:“que-se-vale-por-si-mismo”). Era inolvidable que bajo su gobierno se hubiesen construido más de 300 iglesias en Cataluña. A la versión más antigua de aquella obra “Gesta…” posteriormente aún se añadió: “…Fue un hombre de bien, sabio, de gran ingenio y gran consejo y de gran fama por todo el mundo, grande de corazón y humilde y sutil en sus propósitos. Todos lo miraron por su cortés porte y vestimenta; era alto y de constitución fuerte, de corazón y manos proporcionadas en todos sus miembros, bello de corazón…”.
Por todo lo dicho, los laureles de Ramón Berenguer III pasaron a su heredero Alfonso II, mientras que todas las exitosas gestiones políticas de Guillem de Torroja históricamente sólo lo encumbraron hasta ser arzobispo. Lo cierto es que, por su cargo de mitrado, fue la más poderosa jerarquía de la confederación catalana-aragonesa, y a la vez un político de primera magnitud. Sus trascendentales gestiones permanecen, pero se han olvidado sus grandes esfuerzos. Históricamente tanta ingratitud se debió a que fue eclipsado por dos soberanos magníficos. Lo eclipsó primero el gran renombre del conde-rey Ramón Berenguer IV, de quien fue uno de sus principales consejeros (sino el primero de todos). Después sucedió lo mismo con su heredero, pero los méritos habrían sido de Guillem. Mi contundente afirmación está basada, principalmente, en que el obispo Guillem y el pontífice Alejandro III (1159-1181) fueron ambos muy buenos amigos y colaboradores.
Ramón Berenguer IV se debatía entre dos contrarias influencias, porque su obispo Guillem estuvo a favor de mantener su obediencia al papa legítimo Alejandro II, quizá también por los vínculos que ambos mantenían con los monjes de la orden del Cister. El conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, en efecto había recibido misivas del antipapa Víctor IV quien le pedía que apoyase la causa de los gibelinos, lo cual no le desagradaba, porque era lo que había hecho su hermano homónimo conde de Provenza. Como estaba casado con Riquilda, una nieta del emperador Federico “Barbarroja”, defensor del antipapa, el conde catalán se habría puesto también a su lado, pero la muerte le llegó antes de haberse comprometido.
Cuando Guillem, siendo vice regente, se hizo con las riendas del poder se posicionó a favor de los güelfos defensores del papa legítimo y por ello posteriormente recibió de Alejandro III bulas de sincero agradecimiento. El caso es, que Guillem ejerció una incesante presión sobre el conde de Barcelona. Aún pudo ejercerla mayor cuando logró adjudicar la mitra de Zaragoza a su hermano Pere de Torroja (+1195). No hay que confundirlo con su pariente homónimo que años antes también había sido consejero de Ramón Berenguer IV. De la importancia de la sede episcopal de Barcelona, hay que decir que en el siglo XII el sumo pontífice le dirigió más de cuarenta documentos. En su mayoría fueron bulas, y alguno de dichos escritos conservados mide dos metros de altura. Al rey-niño la que más le gustaba era una alabanza que el emperador Federico “Barbarroja” había escrito a su padre Ramón Berenguer IV, con motivo de haberse aliado con el rey inglés para ir ambos ejércitos contra el condado de Toulouse.
SU HERMANO ARNAU ENROLADO EN LA ORDEN DEL TEMPLE
En 1164, el dicho sobrino del obispo Guillem, Pere (en catalán, Pedro) de Torroja, de Solsona, hizo una importante donación a la orden del Temple, haciéndose eco de las dificultades de aquellos monjes-guerreros. Probablemente se lo explicaría quienes regresaban de su peregrinación, o servicio de armas en Tierra Santa. Aquellos testimonios impactaron en el ánimo de Arnau de Torroja y en su hermano Guillem, quien, como obispo, sin duda supo bien que incluso se luchaba en tierras de Egipto. Al poco tiempo de establecerse la orden del Temple en Cataluña, Arnau se enroló para servirles con su espada. Como templario estuvo en Palestina al menos en dos expediciones, coincidiendo con cuando su Orden ayudaba al rey Amalrico I de Jerusalén en sus continuas ansias expansionistas sobre el país del Nilo. (Véase la”1ª Parte”: “A. de Torroja”).
Creo que puedo razonar correctamente una aproximación teórica a la personalidad y hechos del gran maestre Arnau de Torroja, hermano de Guillem, teniendo en cuenta, por ejemplo, las exigencias que la muy poderosa orden del Temple consideraban imprescindibles al nombrar a sus máximos líderes; … y no digamos las aún mayores por parte de la orden matriz, y hermana, llamada “de Sión”, la cual Arnau de Torroja a partir de 1181 al mismo tiempo también presidió durante cuatro años. La orden de de Sión tenía un cariz más iniciático, y al parecer sobrevive activa en nuestros días, aunque en secreto, siendo conocida como Priorato de Sión.
Debo insistir en que al gran maestre de ambas órdenes monástico-militares conjuntas, se les exigió, ante todo, tener un historial inmejorable en las luchas en Tierra Santa (Outremer), así como también haber hecho otros méritos de todo tipo dentro de sus respectivas disciplinas. Un obispo de la ciudad de Acre describió a los Templarios cual: “Leones en la guerra y corderos en el hogar”. Rudos caballeros en el campo de batalla, eran capaces de transformarse en monjes piadosos en las capillas. Hombres mansos y de suave carácter con sus amigos, mientras que, por otra parte, dada su austeridad, tuvieron prohibido hacer deportes ni mostrar ira, o reír, y menos aún recordar liberalidades de su juventud.
El mitrado Guillem, de la familia Torroja de Solsona, debió de entender que las directrices de la novedosa orden del Temple serían las más dignas para dar salida a las inquietudes de su joven hermano Arnau, hecho de su misma pasta. Parece obvio que le recomendase para ingresar en la orden del Temple. La ocasión era de oro, porque los favores del obispo para con los templarios llegados a Cataluña bien merecería que le correspondiesen aceptando a su rico y bien predispuesto hermano. Después estaría en condiciones de prometerle que, si hacía los méritos exigidos para ello, se le educaría para desempeñar las máximas jerarquías de los monjes con espada. Así fue, en efecto, aunque omito aquí sus hazañas bélicas, porque ya las desarrollé en la “1ª Parte” de la biografía: Arnau de Torroja, Gran Maestre de las órdenes del Temple y de Sión, siendo su último gran maestre conjunto.
A continuación voy a proponer una arriesgada hipótesis, pues, aunque subjetiva, la considero muy plausible dada la sagacidad y astucia del obispo Guillem, hermano de Arnau de Torroja. De hecho, tenemos plasmada en hechos históricos los resultados de una estrategia muy bien planificada y llevada a feliz término, como fue lograr que Arnau de Torroja fuese nombrado Maestre Provincial de la Orden del Temple. Si en ella falló algo, sería el hecho de que incluso superó con creces el éxito que Guillem de Torroja pudo haberse imaginado, ya que Arnau no sólo fue Maestre provincial, sino Maestre universal de los caballeros templarios de todas parte donde se habían establecido.
El obispo Guillem imaginó un plan que fuese digno de su capacidad intelectual, y habrá de reconocerse que estuvo estratégicamente urdido para lograr reconquistar el sur de Cataluña. Después de la participación de los caballeros templarios en las conquistas de Almería, Tortosa, Fraga, Mequinenza, etc., aquella orden de monjes con espada, al ganar un gran renombre, sucedió que también aportó muchos problemas a la sociedad catalana. No eran conflictos como los generados por el rey aragonés, que en su testamento les dejó todo su reino, pero los nobles catalanes se quejaron mucho de los templarios al tenerlos por molestos vecinos.
Los templarios recibían incontables donaciones particulares, y además numerosas propiedades procedentes de las dotes de sus nuevos miembros de la nobleza catalana, de forma que las disputas por los lindes y otras menudencias resultaron insoportables también para la Iglesia, ya que los templarios tan sólo recibían órdenes del Vaticano. Pero al muy inteligente obispo de Barcelona al padecer en sus carnes los problemas que le acarreaban las quejas de sus parroquias catalanas, se propuso acabar con aquella situación aunque fuese a largo plazo. Para conseguirlo, su propio hermano Arnau de Torroja debería lograr ser nombrado Maestre provincial de la orden del Temple, para lograrlo empezaría a promocionarlo muy habilmente. Quizá incluso sin que ni Arnau fuese consciente de ello, el astuto obispo Guillem empezó por hacerlo nombrar miembro del consejo de regentes del conde Ramón Berenguer IV.
Para no perderme en detalles, diré sólo que cuando éste falleció, Guillem supo prescindir de la compañía de su hermano muy a su pesar, para enviarlo a Tierra Santa, y allí, en efecto, Arnau conseguiría hacer méritos para ascender de jerarquía más rápidamente. Entonces como hoy, en toda milicia los galones se ganaban peleando donde había mayor actividad y peligro, por lo cual, eventualmente Arnau de Torroja se vio empujado, conscientemente o no, para hacer la carrera monástico-militar en el mismo Jerusalén.
También resulta evidente que el obispo Guillem de Torroja por entonces benefició a su otro hermano Pere de Torroja, nombrándolo abad de Vilabertrán (Figueres). Luego lo promocionó a la mitra de Zaragoza (1152), un nombramiento sumamente importante, porque bajo su autoridad episcopal, la capital del Ebro quedó de un plumazo subordinada a la metrópoli de Tarragona, concluyendo con ello un largo conflicto de límites diocesanos, ya que Castilla pretendía que aquella diócesis les perteneciese. En sólo dos años de gobierno, Guillem y su hermano Pere, hicieron realidad el que las fronteras, antes estrictamente políticas, fuesen también eclesiásticas.
Pere de Torroja es otro personaje que en efecto merecería una mayor atención, pues en 1181, en vida del gran maestre del Temple, Arnau de Torroja, y después en 1185, viajó a la isla de Cerdeña con tropas del rey de Aragón para defender los derechos de su sobrino Hugo Ponç (Sus descendientes fueron los señores de Bas). Pere de Torroja, por cierto, como arzobispo de Zaragoza también presidió un acuerdo de límites respectivos en aquella zona entre los caballeros templarios y hospitalarios.
Guillem tuvo aún otros hermano además de Pere, Arnau, Berenguer y Saurina. Se llamaba Ponç, pero omito su presentación porque, aunque tuvo cargos, no alcanzó un nivel internacional. Remito a los interesados al opúsculo escrito por Antoni Llorens Solé, titulado: “La valuosa ajuda, bèl.lica i diplomàtica, prestada al comte de Barcelona, Ramón Berenguer IV, pels Torroja, senyors del Castell de Solsona”, publicado en 1988 en la revista Medievalia, ISSN 0211-3473, nº 8. (“Estudios dedicados al Profesor Frederic Udina i Martorell”- ps. 253-264″).
GUILLEM DE TORROJA FUE BUEN AMIGO DEL PAPA ALEJANDRO III
Por tan sólo seis años Guillem de Torroja no fue continuador directo en la sede mitral de Barcelona, del famoso obispo san Olegario (sant Oleguer), aquel valiente que a la edad de setenta y cuatro años se vio obligado a recordar al papa Inocencio II que se le había elegido porque él y san Bernardo lo habían defendido ante las cortes europeas contra la candidatura del antipapa Anacleto II. Fue un incuestionable éxito de Guillem de Torroja el haber conseguido que el conde-rey catalán permaneciese en el seno de la Iglesia de Roma cuando éste tuvo la tentación de reconocer la legitimidad del antipapa Victor IV. No obstante, a dicho papa sí que se lo reconoció legítimo en los feudos catalanes de Provenza, donde reinaba el sobrino de Ramón Berenguer III, un catalán casado con Riquilda, que era viuda del rey Alfonso VII de Castilla y sobrina del emperador Federico I “Barbaroja”.
Ramón Berenguer IV se sentía dispuesto a rendir vasallaje al muy cruel emperador en 1159, porque tenía simpatía por el soberano alemán. Para el conde de Barcelona habría sido fatal contradecirle, y sabiamente se doblegó a su autoridad, pero de modo que tan sólo en la corte provenzal se reconoció oficialmente al antipapa Víctor IV. En otoño de 1161 el conde de Barcelona, por motivos políticos, aceptó incluso que la lejana Provenza fuese un feudo del emperador Federico I “Barbaroja”, mientras en los condados catalanes del sur de los Pirineos se reconocía al verdadero pontífice Alejandro III. Y así continuó siendo a pesar de morir el soberano catalán el año siguiente.
El emperador “Barbarroja” aceptó la amistad que le ofrecía el conde de Barcelona por la necesidad que tenía de no crearse más adversarios, y se conformó con que en el sur de los Pirineos catalanes no apoyasen al verdadero pontífice, sino que permaneciesen neutrales (Paul Fournier “Le royaume d’Arles et de Vienne”, p.20). En el Archivo Capitular de Barcelona se conserva una encíclica del papa Victor IV contra el legítimo Alejandro III y sus partidarios, fechada el 19 de noviembre de 1160, que fue escrita en Pavía. En ella se lee que el emperador afirmaba que su antipapa era obedecido en: Hispania, condado de Toulouse y en la Provenza, así como en otros lugares. El 18 de agosto de 1162 “Barbarroja” incluso elogió al conde de Barcelona. Era el mismo año que se volcó contra Italia, destruyendo Milán. Allí capturó a media docena de ciudadanos principales y sólo a uno de ellos le dejó un ojo para guiar a los demás emisarios a parlamentar. Milán rápidamente capituló sin condiciones,… porque no sospechaban que la ciudad sería luego saqueada (excepto las iglesias). Para mayor desgracia, el emperador incluso mandó que toda aquella área ciudadana fuese derruida, arada y sembrada con sal.
El meollo del problema que hizo que hubiesen antipapas fue debido a que, al ser elegido Alejandro III (1159-1181), en mala hora se opuso al emperador Federico “Barbarroja”, quien, prepotente por sus éxitos militares, optó por nombrar a Víctor IV, que fue un antipapa coronado en la basílica de San Pedro del Vaticano (murió el 20.4.1164, sucediéndole Pascual III). El resultado fue que el legítimo Alejandro III los excomulgó a los dos, envalentonado por la protección recibida del rey Luís VII de Francia (1137-1180). Allí el pontífice auténtico después debió refugiarse hasta 1165, año en que ya pudo regresar a la sede del Vaticano apoyado por otro emperador llamado Manuel Comneno de Bizancio (1143-1180). Fue en realidad exclusivo mérito del obispo Guillem de Torroja el que el conde de Barcelona nunca aceptase al antipapa impuesto por “Barbarroja”, un hombre vigoroso y ambicioso que estuvo imbuido de las gestas de Carlomagno, debiendo renunciar a su objetivo inicial de imponer su autoridad desde Borgoña hasta Provenza. Las galeras provenzales y las de Pisa vigilaban conjuntamente las costas del Mediterráneo a fin de que el pontífice, residente entonces en Aviñon (Fr.), no pudiese regresar a Roma. En Cataluña, en cambio, hay cartas del año 1163 que confirman que Alejandro III era reconocido papa legítimo.
Entonces Alejandro III escribió a Guillem de Torroja agradeciéndole el haber sabido conservar en el seno de la Iglesia a Ramón Berenguer IV, para conseguir lo cual no se pude dudar que el obispo Guillem debió de desplegar argumentos de mucho peso con gran diplomacia, a lo que le contestó el sumo pontífice: “Recuerdo con cuanto cuidado y diligencia procurasteis atraer a nuestra devoción y a la de la Iglesia a aquel barón de digna memoria, Ramón, que fue conde de Barcelona, su tierra, y cuan solicito y cuidadoso habéis estado para animar y conservar en la misma devoción el cristianísimo hijo nuestro, Alfonso, ilustre rey de Aragón, hijo suyo…”. Trascrito por J. de Zurita: “Anales del reino de Aragón”, (libro II, cap.18 -folio 70). El original era escrito en latín y lo transcribió A. Rovira Virgili en su monumental obra: “Historia Nacional de Cataluña” (Ed. Bilbao 1.977- p.73).
“Barbarroja” después de la toma de Milán estuvo muy ocupado tratando de pacificar su propio reino, porque durante su ausencia su querido sobrino llamó a la sublevación general intentando derrocarle en vano. Una vez “Barbarroja” lo recuperó sus estados, armó un nuevo ejército y regresó a Lombardía, donde fue derrotado por la liga en Legnano (1171). Aquello menguó su prestigio, por lo que en Venecia finalmente debió acercarse al pontífice Alejandro III (1.8.1177). Así, ya reconciliado con el papa legítimo, “Barbarroja” en 1183 firmó la paz con la liga lombarda en la ciudad de Constanza. Además hizo otro pacto de paz con los normandos de Sicilia, acabando con casar a su hijo con la heredera de dicha isla. Enrique VI fue coronado rey de Germania, Nápoles y Lombardía en la catedral de Milán como sucesor de “Barbarroja”, haciendo efectivo el primer paso hacia un nuevo orden mundial que llamó “Imperium Mundi”, en el cual el poder espiritual estaría subordinado al emperador, siguiendo el modelo que existía de sus relaciones con el patriarca de Constantinopla.
Ni al sumo pontífice, ni a los templarios, ni al rey de Jerusalén les gustaba el revés dado al poder espiritualista, ya que suponían una amenaza para el clero. Con motivo de la muerte de Ramón Berenguer IV camino de la ciudad de Turín (6 de agosto de 1162), cuando iba a entrevistarse con el emperador Federico “Barbarroja”, el papa de nuevo volvió a agradecerle al obispo Guillem de Torroja todas sus gestiones realizadas con objeto de que su hijo heredero Alfonso II de Aragón no se apartase de la Iglesia, añadiendo además grandes y sentidos elogios en favor del conde Ramón Berenguer IV, hasta culminar el escrito diciendo que: “…De no haber muerto, aún habría podido alcanzar otros grandes méritos”. Una muestra más de lo agradecido que estuvo el Sumo Pontífice con Guillem de Torroja, lo tenemos en que Alejandro III intervino personalmente en los litigios de la colegiata de Sant Vicens de Cardona, y de Sant Ruf d’Avinyó, e incluso con carácter civil, en la bula papal dirigida al obispo de Urgel (11.10.1178), en la que reconoció la ciudad de Puigcerdà como capital de la Cerdaña. Las dos primeras colegiatas citadas estaban muy unidas a la comunidad monacal de Santa María de Solsona, de la población natal de la familia Torroja ¿Podría ello explicar el por qué en Solsona no se pagaron rentas al conde-rey hasta el año 1264?
También su hermano Arnau recibió demostraciones de gran estima por parte de dos mandatarios de su tiempo. En marzo de 1179 Alfonso II, que ya tenía veintidós años, en catalán vernáculo calificó a Arnau de Torroja como “Estimado en Cristo”; y aun más aprecio le demostró el sumo pontífice Inocencio III cuando lo consideró “consanguíneo del rey”, lo cual fue debido por el matrimonio de su hermano Ramón II de Solsona (1163) con Gaia de Cervera, hermana de Ramón Berenguer IV. El dicho parentesco de los Torroja significaba también ser primos consortes de Alfonso II, futuro rey de la corona catalano-ragonesa. Por otra parte, tanto Guillem como Arnau de Torroja fueron cuñados de Guerau de Jorba, al casarse con él su hermana Saurina de Torroja. PARENTESCO DE LOS CONDES DE BARCELONA CON LOS “PLANTAGENET”
El rey catalano-aragonés tenía lazos familiares con Enrique II de Inglaterra, pues mientras doña Petronila (que pasó a llamarse Peronella en la Corte de Barcelona) era la reina de la Corona de Aragón, su prima Leonor lo fue de Aquitania. El obispo Guillem supo mejor que nadie del parentesco con el rey de Inglaterra, y no dudó de verlo como a un buen colaborador y amigo del conde de Barcelona. Guillem también estaba informado de que en aquella corte inglesa llevaban una vida familiar muy azarosa. Su hermano Arnau a lo largo de su vida vio como degeneraba aún más la relación entre la regia familia Plantagenet,…y ello a pesar de que justamente el muy refinado rey inglés Enrique II (1154-1189) en Europa fue el primero que tuvo en su corte un vanguardista baño de agua caliente para poder relajarse. De poco les sirvió.
Corría el año 1148 cuando se divulgó entre la nobleza un gran escándalo internacional. Toda la gente culta sabían que la heredera Leonor de Aquitania (1137 -1152), una excepcional y muy docta soberana, recién casada con el rey francés luís VII, se había empeñado en acompañarlo a la Segunda Cruzada militar en Tierra Santa (cosa insólita para una dama). Lo peor fue que tan sólo desembarcar allí se enamoró de su propio tío, príncipe de Aquitania, hasta el punto que al regresar a París se divorció de su regio esposo Luís VII.
Leonor era hija del duque Guillermo de Aquitania, que tiene mucho prestigio por haber sido el primer trovador que dejó sus obras escritas. También lo fue su hija, Leonor, que pasa por haber sido la “Gran Dama” ideal loada por el movimiento trovadoresco. Leonor, de muy fuerte carácter, dominó durante su segundo matrimonio el doble de territorio que su ex marido el rey de Francia. Hasta 1152 fue reina de Francia, y a partir de 1154 lo fue de Inglaterra y Aquitania juntas, pues al divorciarse se volvió a casar con el rey Enrique II, del que tuvo ocho hijos después de haber sido repudiada por su ex marido,… ¡acusándola de estéril!.
Siendo rey de Inglaterra Enrique II Plantagenet, su esposa alcanzó el prestigio para ser considerada la “Reina de los Trovadores”. Dominaba desde los Pirineos hasta Inglaterra, siendo la regia pareja los más firmes aliados de la Casa de Barcelona. Ambos apoyaron las difíciles gestiones del obispo Guillem de Torroja, pues los catalanes para mantenerse en Provenza debieron superar la férrea oposición del conde Raimundo V de Toulouse
Enrique II había extendido su poder sobre todas las Islas Británicas (Escocia e Irlanda incluidas), y su persona interesa a estas páginas porque ayudó al conde de Barcelona en el sitio de Toulouse del Languedoc en 1159, el mismo año que comenzó la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. Enrique II mantuvo una estrecha relación con el obispo de Barcelona Guillem de Torroja desde que fue consejero del conde Ramón Berenguer IV. Probablemente cuando su hermano Arnau fue nombrado gran maestre de la orden del Temple también debió de tratar al rey de Inglaterra,… si es que no lo conocía de antes. Los Torroja y los Plantagenet se entenderían probablemente hablando en occitano, ya que Enrique II nunca habló inglés, ni tampoco sus tres hijos que heredaron sucesivamente el trono.
LAS GUERRAS BAUCENAS, EN LA CATALUÑA-NORTE
El injustamente olvidado obispo Guillem de Torroja, además de las relaciones con los aragoneses, desplegó su máximo poder diplomático para conseguir una plena vinculación con la otra parte de Cataluña situada al norte de los Pirineos. Pero no se podía desatender la zona al sur de Barcelona, porque una vez establecida la frontera catalana más allá del río Ebro, la Casa de Barcelona padeció confabulaciones de los castellanos que asesinaban a sus colaboradores, incluyendo al conde de Urgel, muy amigo del obispo Guillem de Torroja.
Durante la juventud del obispo Guillem de Torroja en realidad Cataluña, como nación, aún no existía, y Barcelona era sólo un simple condado. Las tierras peninsulares que habían invadido los musulmanes, antes de reducirse a lo que es hoy Andalucía, se llamaban Sepharad. Entonces los judíos a la fuerza tuvieron que adaptarse a los vencedores de las batallas, en todas las zonas reconquistadas por los cristianos de la muy dinámica Corte de León.
En cuanto a la Francia del siglo XII, aún no tenía unidad política (no fue consolidada hasta 1124, después de guerrear contra Inglaterra). Ramón Berenguer IV, en sus últimos años de gobierno se relacionó con el rey de Francia. Aquella política de buen entendimiento posteriormente no se interrumpió. A Ramón Berenguer II de Provenza, que era un acompañante del rey fallecido en el norte de Italia, el papa de Roma le expidió un diploma por el cual lo investía conde de la Baja Provenza, ratificando lo convenido tiempo antes.
El Condado de Toulouse, pertenecía a los Plantagenet, reyes de Inglaterra que hablaban francés y además tuvieron más influencia en Septimania que los francos. Fue así hasta que Ricardo “Corazón de León”, más francés que inglés, renunció al Languedoc al casar a su hermana con el conde Raimundo VI de Toulouse. La gran capital del Languedoc está situada en el antiguo Camino de Santiago cuando, gracias al “Códice Calixtinus”, el finisterre de Galicia empezaba a atraer multitudes. Claro está que habían conflictos continuos, pero es que además el conde Raimundo también estaba ubicado entre los dominios del conde de Barcelona y Enrique II Plantagenet. Éstos unieron sus fuerzas contra los toulousinos, repitiéndolo su alianza en campañas conjuntas contra Tortosa (1148) Lérida (1149), etc..
Ramón Berenguer III “el Grande” se había esforzado en hacer entrar el Condado de Provenza en la órbita catalana. Entre ambos condados catalanes se ubicaba su entonces aliado el conde de Trencavel (Carcasona, Albi, Beziers, etc.), haciendo posible que un siglo después durante ocho meses existiese una “gran confederación”, por las alianzas de la Casa de Barcelona con los aragoneses, primero, y al mismo tiempo con los condados del norte del Pirineo catalán. El conde de Baus era partidario del conde Raimundo de Tolosa, y las llamadas Guerras Baucenas, entre 1142 y 1162, hacían necesario cuanto más apoyo mejor para Cataluña.
El conde de Toulouse estaba en discordia con los aquitanos del rey de Inglaterra y con el conde de Foix, quien fue siempre pro catalán sin reservas, siendo obligado Raimundo a repartir los condados al norte de los Pirineos con la Casa de Barcelona, que se quedó la zona comprendida entre el río Durance y el mar Mediterráneo (1125). La ayuda del rey Enrique II Plantagenet resultó definitiva para facilitar la reclamación catalana sobre Provenza, donde reinaba el hermano de Ramón Berenguer III “el Grande”. Aquellas “Guerras Baucenas” se desarrollaron con mucha intriga y vigilancia por ambas partes, y sólo terminaron después de veinte años con la muerte de Ramón Berenguer IV, en 1162, cuando el obispo Guillem de Torroja logró que en sus estados reinase la paz.
Pero sucedió que en 1166 el conde Ramón Berenguer de Provenza, hermano del conde de Barcelona, fue asesinado en 1167, al dirigirse a sitiar la ciudad rebelde de Niza, dejando como heredera sólo una hija llamada Dulce. La regencia aragonesa, alegando la falta de descendencia masculina, consiguió, gracias a Guillem de Torroja, que el condado de Provenza fuera a parar a manos de Alfonso II “el Casto”, por ser hermano de Ramón Berenguer III. Para conservar Provenza se hizo necesario combatir los levantamientos nobiliarios de la zona de la Camarga por los partidarios de Raimundo V de Toulouse.
Así fue como, al cabo de unos dias de ser elegido obispo, Guillem ya se encontró con apuros económicos. Se trataba de conseguir, como fuese, que los nobles provenzales, y los de otros condados del Sur de Francia, siguiesen en la órbitade la Casa de Barcelona. Para conseguirlo, se vio obligado a pedir varias veces cuantiosos prestamos en nombre de su protegido Alfonsito “el Trovador”, porque las deudas en el Mediodía (actualmente francés), debieron de ser enormes. Imagino que, además de comprar voluntades, también se habrían acumulado deudas improrrogables. No sólo los templarios, y demás órdenes de caballería, colaboraron con Guillem de Torroja, sino que se exigió esfuerzos tributarios tanto a los clérigos como a los laicos de Cataluña, Aragón y del Sur de Francia. Es más, incluso se vieron obligados a pedir dinero al alcalde musulmán de Lérida (“Perg. de Alfonso I”, carpeta 43, nº 58 y 75).
Conociendo la situación de los catalanes en el Sur de Francia, Arnau de Torroja (que entonces ya era maestre provincial de las órdenes del Temple y de Sión para las tierras de Provenza e Hispania) también debió de lamentar mucho el asesinato de Ramón Berenguer conde de Provenza, y más por haber sido ordenado tal magnicidio por el conde Raimundo V. Guillermo, tomando al rey-niño Alfonso II, rápidamente acudió a Provenza con un ejército para nombrar allí a un legítimo sucesor. Viajaba con su ejército, si bien una vez estuvieron allí se sintió impotente, pues aun cuando en la ciudad de Beziers lo apoyaban, no así Montpelier que apoyó a los toulousinos.
Dicha campaña en tierras de Provenza tuvo lugar a principios del año 1167, y las tropas catalanas llegaron hasta las orillas del río Ródano, publicando una escritura de la permuta de tierras que efectuó el pequeño rey con el arzobispo de Arles (a quien concedió facultad de tomar agua del río Durance), otorgada el mes de marzo del citado año en la casa que los caballeros templarios tenían en la zona de Montpelier. Allí probablemente Alfonso II y el señor de dicha población llamado Guillermo VII, hicieron buenas relaciones, pasando a ser un aliado del niño-rey, interviniendo en actos representándolo.Del dicho periodo recordaré, porque fue importantísima, la buena disposición del conde Guillermo de Montpellier, fiel a Cataluña, pero cobrando; no en vano se había enriquecido mediante prósperas actividades mercantiles.
Hay documentos acerca de que Guillermo de Montpelier fue protector del niño-rey (“curador”), probablemente designado por la reina Petronila al solicitárselo los provenzales al morirse su conde. Guillermo los atendió a todos durante su estancia en la Galia meridional. Durante unos once meses que estuvieron ausentes de sus estados peninsulares (no dos años seguidos, como parecen dar a entender algunos historiadores), el senescal y el obispo de Barcelona nunca dejaron de ejercer sus cargos de tutores, albaceas, “curadores” y corregentes en los asuntos del sur de los Pirineos. Por estar Provenza muy lejana, y además ser Alfonso II menor de edad, obviamente también necesitaron dejar un delegado de confianza en Provenza la primera vez que el rey Alfonso la visitó.
AUGE Y CAIDA DE LA CULTURA OCCITANA
Los mandatarios catalanes en Provenza sobreprotegían al rey-niño. Tanto cuidado no evitó que asistiese, como principal que era, a las fiestas que se hicieron en su honor. El muy rico comerciante y con categoría social de vizconde, en Montpelier les ofrecició unos banquetes amenizados con la máxima actuación musical de su tiempo. Con anterioridad los catalanes habían visto en sus calles actuar a los saltimbanquis y juglares, pero nunca a los trovadores que recitaban una lírica de gran calidad. El rey-niño no lo olvidaría jamás.
Durante el siglo XII toda Europa estaba impregnada de una férrea moral cristiana, y si hubo una excepción era Occitania y Provenza, pues tenian una cultura refinada y gozaban de grandes liberalidades para su época. Las letras de los posteriores trovadores catalanes incluso se cantaron en la más melodiosa lengua provenzal. Sus canciones no fueron de improvisación popular, sino que las letras eran escritas por especialistas teóricos, quienes no acabaron de renunciar a su trasfondo árabe. La guitarra y el laud árabes dieron nuevos aires a los restringidos cantos, antes exclusivamente excuchados dentro de las iglesias. De su éxito baste decir que traspasaron todas las fronteras alegrando las lúgubres veladas de las cortes. La clave estuvo en recitar melodías que ya no estuvieron controladas por los clérigos. Por entonces incluso la lectura del filósofo Aristóteles los europeos la tenían prohibida, y más aún leer la Biblia en lenguas vernáculas.
El año 1167 el rey-niño estaba ya enamorado y resultaba muy difícil de dominar. No se casó porque no pudo. Era muy joven -a pesar de considerable estatura- pero así y todo, le han otorgado tel mérito de cuanto hicieron sus corregentes prácticamente sin que él se enterase de nada. No es natural que un niño de doce años celebre personalmente un tratado de alianza, y tampoco que prepare su propio casamiento sin intervención de la madre o de los corregentes del reino.
Es anecdótico que, durante el sitio de Albaron (Provenza) el conde de Toulouse encontró la ocasión para hacerlo raptar, siendo rescatado, solitaria y audazmente, por el caballero Bertrán de Baus, quien huyó con Alfonso II al galope hasta lograr atravesar el río Garona, refugiándose en Arles. Por cierto, aquel jovenzuelo enamorado hasta la médula, al que llamo rey-niño, sería inexperto y un artista frustrado, pero era alto como todos los que le antecedieron en el trono, y como los que reinaron después de él.
Sus tutores y demás corregentes catalanes a partir de 1167 lograron afianzar su dominio sobre la Provenza, contando además con el apoyo del vizconde de Montpellier, del episcopado provenzal y de la Casa de Baux. Después del asesinato del conde Trencavel de Carcasona en 1170, gran aliado de Barcelona, los asesores corregentes de Alfonso II (entonces con 15 años) aprovecharon el conflicto entre Raimundo de Toulouse y Enrique II de Inglaterra para conseguir el vasallaje de numerosos señores occitanos, gracias a su condición de aliado de Enrique II.
Eran buenos tiempos para la corona catalana-aragonesa, porque en 1172 el Rosellón, por falta de heredero legítimo, también pasó a la Casa de Barcelona. Téngase en cuenta que por aquel entonces el joven Alfonso II, que tan grande aparece por sus hechos y tratados que firmó, tan sólo era un jovenzuelo con vocación de poeta y cantante.
Por cierto, después de su relación con los provenzales, el obispo Guillem de Torroja debió de tener la idea de aprovechar la moda del país vasallo, consistente en componer pemas en clave, que luego eran interpretadas en las cortes más refinadas de Europa por los nobles trovadores. No le sería nada difícil que el rey se entusiasmase con su idea de promocionarlo a él y a su reino de forma encubierta, alabándole bajo inocentes letras de canciones.
Ramón Berenguer V, con el nombre de Alfonso II de Aragón (1162-1196), también fue apodado con sobrados motivos “el Trovador”, pues al igual que muchos nobles de su tiempo, escribió sus poesías en lengua provenzal. Todos los trovadores que salieron de la corte de Barcelona cantaron en provenzal (Bertrán de Born, Guillerm de Berguedà, etc.), y las historias catalanas se exportaron gracias a los séquitos de las bodas de la nobleza catalano-aragonesa, como estudió R. Olivar Bertrand en su libro: “Bodas reales entre Francia y la Corona de Aragón” (Barcelona 1947).
Ladinamente, utilizando la poesía provenzal cual arma publicitaria, Guillem procuró encontrar a nobles que divulgasen encubiertamente por todo el orbe católico las virtudes de su soberano catalán. Atrajo a la corte catalana los poetas que fueron más aptos (que fuesen “de fiar”) para, una vez instruidos, enviarlos desde Barcelona, de corte en corte donde popularizaron poesías llamadas “serventesios” (serventès), con letras capciosas y subliminales que, para mayor dificultad, estaban escritas en lengua occitana (Oc). Las reglas iniciales las había dictado Leonor de Aquitania con el título: “Tractat d’Amor i el seu remei”, siendo redactadas por un sacerdote. (Posteriormente, los serventesios aun sirvieron para minar la moral de los enemigos).
Midiendo las consecuencias, Guillem de Torroja promovió profundos cambios en la sociedad, fijándose con la esplendorosa cultura que había florecido al norte de los Pirineos catalanes. Se refinaron las costumbres y la sociedad se impregnó también de los ideales del tipo caballeresco que devolvieron a las damas larespetabilidad.
Fue la revolución de la sensibilidad y la exaltación de los valores humanos mirando a la Provenza, una tierra que estaba predestinada a unirse con Cataluña, pero en cada testamento de sus condes-reyes se acababa por evitarlo. Alfonso II (1162-1196) heredó Aragón por parte de su madre, y de su padre el condado de Barcelona, y años después el de Provenza (1166) al fallecer sin descendientes su primo el conde Ramón Berenguer. Omitiré los siguientes acontecimientos pues procuro no referirme a asuntos sucedidos después del año 1184, cuando falleció Arnau de Torroja.
Cuando en octubre de 1179 estalló la rivalidad entre los condes de Barcelona y Toulouse del Languedoc, el maestre provincial del Temple, Arnau de Torroja se comprometió a dar protección al séquito (entre los que viajaba su propio hermano Guillem) durante los viajes del soberano catalán, realizados con objeto de que los revolucionarios nobles provenzales volviesen a ponerse bajo su obediencia. Alfonso II aceptó la sumisión jurada del vizconde de Carcasona y Besiers por unos castillos,… que años después se perdieron al atacarlos los cruzados, debido a que la gente que vivía cerca de la bella y muy tolerante ciudad de Minerva, e igualmente todos fueron tratados como herejes cátaros. Antes de aquel tiempo de grandes horrores, y gracias a la dicha sumisión a los catalana-aragoneses, hay que decir que el conde de Carcasona recobró la tranquilidad en sus feudos, ya que por aquel entonces aún nadie podía imaginarse en todo el Sur de Francia que les caería encima un ejército de cruzados bendecidos por el sumo pontífice de Roma. Tampoco preocupaba que el emperador “Barbarroja” hubiese sido coronado en Arles el verano anterior. Por cierto, a aquella ceremonia no asistió el conde de Provenza, pero en cambio sí que estuvo, agasajándolo, el conde de Toulouse del Languedoc.
Las disputas con los condes de Toulouse no cesaron hasta medio siglo más tarde y, para vergüenza de la Iglesia, fue para formar un ejército en común entre catalanes y occitanos con objeto de enfrentarse a los cruzados. Éstos habían sido enviados a una “guerra santa” por el pontífice Inocencio III contra cientos de miles de personas bautizadas. Olvidando viejas disputas entre ellos, los condes de Barcelona, de Toulouse, de Foix, de Carcasona y de Bearn se confabularon en primavera del año 1209 para presentar batalla conjuntamente contra la internacional tropa invasora. Capitaneados por el rey Pedro II, los catalanes (con cuatro veces más soldados) no pudieron detener al ejército de Simón de Montfort, de mala memoria, porque el gigantesco conde catalán, después de pasar una noche extraordinariamente lujuriosa, de madrugada y sin esperar la llegada del grueso de su ejército, insensatamente osó alardear de ser el rey en pleno campo de batalla de Muret (burgo a unos 20 km. al sur de Toulouse del Languedoc). Fueron directamente a él para matarlo, y todo porque el rey Pedro II se envalentonó, quizá sintiéndose prepotentemente porque en 1.212 había vencido en las Navas de Tolosa. Su muerte fue calamitosa para todos los habitantes de cada lado del Pirineo catalán. En consecuencia los cátaros quedaron sin protección y la gran mayoría fueron masacrados sin que hubiesen cometido delitos.
LA UNIÓN CONFEDERADA DE ARAGÓN Y CATALUÑA
Cuando falleció Ramón Berenguer IV su hijo heredero tan sólo contaba siete años de edad, por lo que el obispo Guillem ultimó las gestiones de la política internacional. Las dirigió siempre acertadamente, al tener Guillem un muy amplio punto de vista político, gracias a su contacto regular con su hermano Arnau. Es muy probable que al morir Ramón Berenguer IV (1162) el obispo Guillem hubiese reclamado su presencia en Barcelona, acelerando el que Arnau se viese libre de sus compromisos en tierras de Outremer.
En el siglo XII Arnau de Torroja debió de colaborar varias veces, y en diferentes etapas de su vida, con su hermano obispo en la curia del palacio episcopal de Barcelona. Él se debió de interesar siempre por las gestiones del obispo Guillem, tanto cuando era joven e inexperto en política, como después de ostentar el cargo de maestre provincial de la orden del Temple para el Sur de Francia e Hispania. Arnau de Torroja acabó formando parte del Consejo de Regencia de Alfonso II, junto a su hermano Guillem. En efecto, Arnau consta en las actas oficiales, y no sólo asistía para legitimar en todas partes a la novedosa orden del Temple (y viceversa), sino que Guillem sabía bien que era la mejor forma de promocionar a su hermano. http://sh1.webring.com/people/or/ramonetriu/valpersi.wma
Arnau expondría muy interesantes puntos de vista cuando se gestionaron los trámites para hacer desarrollar al máximo la confederación entre Cataluña y Aragón. Gracias a sus altos cargos ambos hermanos procuraron conseguir un amplio hiterland que incluyese a los más poderosos estadistas de cada vertiente de los Pirineos, a fin de dominar la zona intermedia entre Castilla y Francia, para lo cual los inteligentes hermanos Torroja supieron manejar bien el apoyo del rey Enrique II “Plantagenet”. Suponerle, erróneamente, al niño heredero suficiente capacidad para resolver los temas políticos que habría entonces sobre la mesa del despacho de su tutor y vice-regente, me parece tan desorbitado como cuando se atribuyeron las murallas de Constantinopla (una maravilla de la ingeniería), a un soberano que entonces sólo tendría unos diez años.
La infanta de Aragón, Petronila Ramírez (1136-1173), había sido concebida para dar continuidad a una dinastía en decadencia. Fue la hija de Ramiro II, apodado “el Monje” e Inés de Poitou, siendo prematuramente casada (a sus 14 años) con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, consorte a título de príncipe (11317-1162). Se zanjaron así los problemas de sucesión en el reino de Aragón, siendo el conde de la Casa de Barcelona quien realmente estuvo al frente para gobernar la confederación catalano-aragonesa.
La alianza que el rey Ramiro II había ofrecido a Ramón Berenguer IV de Barcelona, no fue debida tan sólo con objeto de unificar territorios, sino también para evitar pertenecer a Castilla, y además tener un acceso al mar Mediterráneo. Decrépito, sólo podía establecer lazos de parentesco, concediéndole la mano de su hija y con ella el trono de Aragón. El joven conde no desaprovechó la alianza tan ventajosa, la cual, con el tiempo, le daría más poder. Transcribo a continuación la donación del rey Ramiro II, hermano de Alfonso I “el Batallador”:”Yo el citado rey Ramiro, te lo hago a ti, Ramón, conde y marqués de los barceloneses, de tal modo que si mi hija muriese antes y tú sobrevivieses, tengas la donación del citado reino libremente e inmutable, sin ningún impedimento, después de mi muerte. Pero en tanto, si quisiere hacerte mientras viva cualquier aumento o entrega de honores o castillos en el citado reino, permanezca bajo la citada fidelidad del homenaje firme e inmutable, y yo el citado rey Ramiro seré Rey, señor y padre en el citado reino y en todos los condados hasta que me plazca.”
El motivo de la unión se remontaba a cuando el conde de Barcelona había ayudado a Ramiro “el Monje” en tiempos difíciles de su gobierno; pero además se temía que la monarquía castellana, autoritaria, pudiese absorber los señoríos aragoneses, mientras que el conde de Barcelona les permitiría conservar sus privilegios, previniéndose que después ambos estados mantuviesen sus instituciones políticas. Ramiro II transfirió el poder pero no la propiedad, la cual conservó mientras viviesen él o su hija.
La niña-infanta Petronila de Aragón, al alcanzar la edad requerida por el Derecho Canónico para poder consumar el matrimonio, fue casada con Ramón Berenguer IV de Barcelona. La boda se celebró en Lérida el año 1150. Él estaba comprometido desde cuando tenía unos 30 años, siendo el obispo Guillem de Torroja quien años después tuvo que hacer una solemne validación de antigua promesa de enlace marital. Recuérdese que se remitía a cuando la herencia del rey aragonés Alfonso I “el Batallador” recayó en el conde catalán Ramón Berenguer IV, con lo cual salieron muy beneficiados los caballeros Templarios (a pesar de renunciar a sus derechos en 1140), haciendo posible la repoblación de Daroca. También sería firmado un tratado, por el cual Castilla reconocía a Cataluña derechos sobre Valencia, Denia y Murcia.
Después de la Paz de Sahgún se proclamó una Carta Puebla, y el superior poderío territorial de Castilla, aquel mismo año, supeditó la actuación peninsular del Consejo de Regencia de Alfonso II “el Casto” (cuando sólo tenía 15 años) a los designios del emperador de Castilla Alfonso VIII. Por cierto, recordaré aquí el contexto politico religioso en Catalunya y en toda la Península ibérica, ya que el año 1138 había sido el de la llegada de la orden del Cister a Catalunya, coincidiendo con el fin de la preocupación de invasiones de los almorávides. (Los almohades aún tardaron dos años en invadir la Península).
La princesa Petronila, al morir su padre el rey Ramiro II, dispuso de un Consejo de Regencia para la administración del reino. Siendo muy niña y cambiándole el nombre por Peronella, pasó a residir en la corte de Barcelona, aunque conservó su regia dignidad. Ello se hizo efectivo en sus testamentos y en la donación del patrimonio conjunto en herencia a su hijo.
Al morir Ramón Berenguer IV en 1162, la reina Petronila I de Aragón convocó Cortes Generales en Huesca y aprobó todas las disposiciones que dejó ordenado su esposo. Al quedar viuda, el poder real fue sustituido por una comisión de magnates aragoneses y barceloneses, entre los que figuraron los altos prelados (obispos de las principales sedes) y ricos hombres de ambas procedencias, reunidos para ese fin en las primeras cortes documentadas del Reino de Aragón el 11 de noviembre de 1164, pocos meses después de la transmisión de la herencia de la reina Petronila Ramírez. Cuando “Peronella” reunió en Huesca a los prohombres de Aragón y Cataluña, seguía la iniciativa del obispo Guillem de Torroja empeñado en acelerar el reconocimiento de los derechos de su hijo Alfonso II (ACA “Pergamino de Alfonso I”, Reg.I, fol.10; publicado por Próspero Bofarull “CODOIN”, Barcelona 1849-vol. IV, doc. 1666- ps. 391-393). En teoría Alfonso II fue rey en 1162, ya que, por abdicar ella un año antes de fallecer, todavía era menor de edad. Así pues, era sólo un prometedor niño cuando heredó el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona (documento fechado el 18 de julio de 1164). Ello no empece para que fuese una figura que los nacionalistas catalanes consideran que fue el primer rey catalo-aragonés.
En teoría Alfonso II en 1162 heredó la corona, ya que su madre doña Petronila Ramírez no abdicó hasta un año antes de que ella falleciese, siendo entonces cuando de hecho heredó el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona (documento fechado el 18 de julio de 1164).
Aquel año Arnau de Torroja regresó de Tierra Santa, probablemente con las recomendaciones papales que fuesen necesarias, a fin de colaborar a resolver los numerosos problemas de todo tipo, incluyendo el garantizar la mejor escolta armada en los desplazamientos de su hermano obispo de Barcelona, principal de los corregentes. Su trabajo era inmenso, porque en 1163 convocaron las Cortes de Aragón, con asistencia en Zaragoza de procuradores de varias ciudades, siendo aquellas las primeras Cortes europeas con participación de representantes burgueses. Esto que hoy puede parecer de poca importancia, representó un gran logro social, a nivel europeo, que Cataluña siempre tendrá que agradecer a la familia Torroja de Solsona. Por otra parte, aprovecharé para hacer notar que, según la historia oficial, el rey Alfonso II en 1164 concluyó una campaña militar contra los musulmanes del Bajo Aragón, incluyendo Caspe y después Calanda. Se olvida que entonces el supuesto regio protagonista sólo tenía 9 años.
Dicho Consejo de Regencia tomaron siempre las decisiones de gobierno (que fue una gran responsabilidad después de morir Ramón Berenguer IV), y se prolongó hasta cuando Alfonso II cumplió oficialmente los dieciséis años de edad. El hombre de confianza de la reina Petronila Ramírez al residir en la corte de Barcelona, fue el obispo Guillem de Torroja. La Iglesia lo dominaba absolutamente todo en la sociedad medieval, y bastará para demostrarlo que su propio padre Ramiro II “el Monje”, habiendo heredado de Alfonso I “el Batallador” Aragón y Navarra unidas, a fin de garantizarse la salvación, hizo testamento a favor de la orden del Temple. Por considerarlo muy exagerado, los navarros se desvincularon de Aragón para siempre. Afortunadamente, en 1158 los templarios renunciaron a sus derechos sucesorios allí. Había sido por el testamento del rey Ramiro II de Aragón, el difunto suegro de Ramón Berenguer IV, que los templarios entraron en Navarra, cuyo rey Sancho, por cierto, en 1164 encarceló en una mazmorra al gran conquistador pirenaico Arnau Mir de Tost (otro gran catalán injustamente olvidado).
Guillem de Torroja, tanto antes como después de ser arzobispo, fue más que un “primer espada”, porque trabajó con eficacia y cristiana humildad personal, pero con esperanza inquebrantable procuró la grandeza nacional, por lo cual siempre actuó con celeridad en todos los frentes. Me niego a silenciarlo y dejarlo en el anonimato histórico. El fue quien realmente consolidó la confederación catalana-aragonesa, la cual, por cierto, duró tanto como su vida de mitrado (1162-1175), o sea, los años que Guillem la dirigió. Advertiré que dicha confederación no debe ser confundida con la Corona de Aragón, que sería tan poderosa en el siglo siguiente. Por cierto, la confederación inicial vio discutida su existencia histórica por parte de algunos eruditos aragoneses. Según ellos, en la historia de Aragón, explicada sin interferencias de los catalanes, nunca existió. Simplemente, niegan la existencia de una corona catalano-aragonesa, la cual, insisten, tan sólo habría sólo sido fruto de la omnipresente megalomanía nacionalista catalana.
Al morir la reina viuda Petronila I de Aragón (1173), el niño heredero de la corona ya tenía 18 años, pero también era obvio que necesitaba tutores, regentes, etc., siendo uno de ellos el muy experto –entonces ya arzobispo- Guillem de Torroja. Él fue quien desempeñó las más altas responsabilidades políticas en especial cuando murió, siendo muy joven, la madre del rey Alfonso II. Guillem también fue su albacea, ayudado por su amigo Bernat Marcús. Anteriormente ambos ya habían firmado como testigos de la abdicación que hizo a favor de su hijo cuando tenía 9 años (18.6.1164). Los firmantes del testamento de Petronila Ramírez fueron: Actum est hoc in Barchinona XIIII kalendas julii anno Dominice incarnationis M C LXIIII. Sig+num Petronille, Dei gratia regine aragonensis et comitisse barchinonensis, qui hoc laudo et confirmo et testes firmare rogo. Sig+NUM Guillelmi barchinonensis episcopi. + Petrus, Dei gratia cesaraugustanus episcopus…. Por otra parte, remito a los interesados al opúsculo escrito por Antoni Llorens Solé, titulado: La valuosa ajuda, bèl.lica i diplomàtica, prestada al comte de Barcelona, Ramón Berenguer IV, pels Torroja, senyors del Castell de Solsona, publicado en 1988 en la revista Medievalia, ISSN 0211-3473, nº 8. (Estudios dedicados al Profesor Frederic Udina i Martorell- ps. 253-264″).
La reina Petronila I de Aragón en su testamento se refirió a su heredero llamándolo Alfonso, aclarando que su marido lo llamaba Ramón. (La documentación de la época confirma que desde su nacimiento en Huesca, el primogénito de la pareja fue llamado indistintamente Alfonso y Ramón). Siendo heredero del conde de Barcelona, se habría debido llamar Ramón Berenguer V, pero de cara al Vaticano se lo llamó Alfonso, como su abuelo. Se le varió el nombre en beneficio de los aragoneses, pasando a considerársele rey de Aragón. Una cuestión sólo de renombre, pero que eclipsaría el nombre de Cataluña a nivel internacional, y ello pudo haber sido la causa primera del casi anonimato de Guillem de Torroja. A pesar de ser rey Ramón Berenguer V, por humildad, nunca quiso ser llamado rey, o príncipe; ni tampoco sus descendientes, aun cuando el término Principado de Cataluña estuvo de moda en el siglo XIV. En consecuencia, mientras el nombre de Regnum Aragonum crecía, el de Cataluña casi estuvo a punto de desaparecer.
Alfonso II de Aragón (y I de Cataluña, después apodado sin motivo “el Casto”), a todas luces no era competente para gobernar sin los corregentes, y hasta la tutoría, de los eclesiásticos y el gran senescal Guillem Ramón de Montcada, entre otros aragoneses y catalanes. La firma de cualquier obispo en el siglo XII era más importante que la de un juez, y la opinión de Guillem de Torroja obviamente era definitiva en cualquier juicio que asistía. Recordaré que, además, acostumbraba a presentarse con su hermano Pere, también obispo de Osona. Así pues, incluso el gran senescal de Cataluña (hoy diríamos, ministro de la guerra) Guillem Ramón de Montcada debió de quedar relegado a un segundo plano.
LOS INTERESES DEL ARZOBISPO GUILLEM DE TORROJA
Cuando empecé a investigar la vida de Guillem de Torroja, la mayor fuente de información sobre su persona, siendo muy escasa, al menos consta en la monumental Enciclopedia Espasa-Calpe, (Año 1928; vol. nº 62 – p.178), donde se explica que se distinguió especialmente por su celo, tanto en sentido religioso como patriótico. Lo más chocante fue su “invento” de gravar con un impuesto especial a los pescadores, desde Sant Feliu de Guixols hasta el castillo moro de Tamarite (besando la playa al norte de Tarragona), de forma que pagasen a la Iglesia un diezmo, o sea, una parte del dinero que ganaban;…¡y a perpetuidad!. Esta manipulación de la sociedad ignorante fue un gran fallo de los clérigos, y explica la simpatía popular por los templarios, pues al menos ellos sólo debían obediencia al Papa. En otras palabras, cuando querían, impunemente podían dejar en evidencia al prepotente y corrupto clericato, o si se daba el caso, a cualquier otro soberano.
El obispo Guillem no actuó por ambición al dictar aquel impuesto, porque el dinero recaudado sirvió para preparar la conquista de Tortosa, siendo a petición del propio Ramón Berenguer IV que Guillem le entregó cincuenta libras de plata del tesoro de la Seo barcelonense. Para poder reunir tal cantidad, consta que fundió no pocos objetos de culto religioso de todas las iglesias que pudo. Después de la conquista de Tortosa el obispo de Barcelona Guillem recibió en recompensa (15.10.1148) posesiones en las tierras ganadas a los musulmanes, y en hipoteca el castillo y bienes de Viladecans, cerca de Barcelona (según los cronistas Pujades y Diago). Cuando testó, todo lo entregó a la Seo de Barcelona, a condición que su dinero se gastase en alumbrar las lámparas de la iglesia, en especial las de la capilla de Santa Eulalia, seguramente para ayudar al monasterio que él había fundado en Santa Eulalia del Camp.
Asimismo, como obispo, a Guillem de Torroja debió de satisfacerle mucho el hecho de que la diócesis de Tortosa -después de sus numerosas gestiones para conseguirlo- incluyese todos los pueblos de la comarca del Mataranya, los cuales hasta el año 1152 habían sido el límite de la frontera eclesiástica. También los monjes cistercienses le agradecerían mucho los favores que recibieron de Guillem en el monasterio de Valldaura. Fuera de su diócesis, estuvo presente en la fundación de los monasterios de Poblet y Santes Creus (Tarragona), ambos en la frontera que se acababa de reconquistar a los musulmanes. Parece poca cosa, pero podemos mirarlo desde la perspectiva que tienen hoy en el alma de la población de Catalunya.
En fecha 23/5/1170, el rey-niño firmó junto a los dos hermanos obispos Torroja, y con el conde Arnau Miró del Pallars y otros nobles, para que el monasterio de Poblet quedase bajo su real protección, decretando que cuanto fuese robado o roto a sus monjes les debería ser repuesto y aún doblado. Resulta obvio pensar que era el lugar elegido para ser convertido en panteón real. Ya Ramón Berenguer IV para aquel cenobio había dictado beneficios incluso superiores, haciéndose eco de ello el Papa Eugenio III los confirmó (30/11/1152). Era el año siguiente de que el conde catalán concedió la Carta Puebla a la vecina población de Vimbodí. Posteriormente (13/8/1162) lo confirmó Alejandro III después de haber muerto Ramón Berenguer, mal llamado “el Santo”. Es evidente, pues, que el rey Alfonso II, pese a ser quinceañero, se le presenta erróneamente con un nivel espiritual suficiente para que se le ocurriese conceder a los monjes de Poblet todo cuanto en sus alrededores estuviese sin propietario reconocido, lo cual, por cierto, fue causa de varios conflictos con la nobleza del sector.
Me entretendré en la historia de esta zona de la comarca de Tarragona, porque entre dichos nobles litigantes estuvo Ramón II de Torroja, señor de Solsona, de afición “viajante”. Como ya dije, su esposa Gaia tenía propiedades en l’Espluga del Francolí, en la comarca de la Conca de Barberà (Tarragona). Además allí heredaron también los bienes de Ponç I de Cervera (J.Mª. Sanç Travé estudió el testamento), todo ello hizo que el Señor de Solsona pasase allí largas temporadas cada año al cuidado del patrimonio de su esposa, y por ello disputó a la súper protegida comunidad monacal, ciertas propiedades en Mont-Roig. Obviamente estuvo envalentonado por ser sobrino del arzobispo Guillem de Torroja. No le valió; aunque a base de litigios, las mantuvo en su poder hasta 1180 cuando, ya muerto su tío, cedió a las exigencias del nuevo arzobispo de Tarragona.
Al ser citado a juicio, Ramón II se embarcó como peregrino a Tierra Santa con excusa de acompañar a su otro tío Arnau de Torroja quien ya había sido nombrado en Jerusalén nuevo gran maestre universal de los caballeros templarios. Ramón II previno que en su lugar se presentase su esposa, la cual, sábiamente, renunció en nombre de su marido. El mes de enero de 1172, a petición del abad Hugo del monasterio de Poblet, el papa redactó un documento específico para salvaguardar los bienes de aquellos monjes, poniéndolo todo bajo su especial protección, quedando además la comunidad de los monjes de Poblet libres del pago de impuestos. El día 27/6/1172 incluso fueron dueños del cercano pueblo de Vimbodí (con unos 50 habitantes), y también las tierras de su jurisdicción, por donación expresa del rey Alfonso II, que sólo tenía diecisiete años y no era ningún genio. En cambio, Guillem de Torroja entonces ya arzobispo de Tarragona.
Es anecdótico que fue un abad de Poblet quien por primera vez adquirió el dominio de Vimbodí. Este pueblo interesa a estas páginas, y no porque fuese una “isla de paz”. Ello sería insólito, si consideramos que la multi-propiedad era lo más habitual del siglo XII, tanto para los castillos como para las tierras reconquistadas, porque al estar atomizados sus propietarios, éstos no dejaban de crear conflictos a los nobles feudales.
Quizá por su destacado papel fundacional en Poblet, su hermano Arnau de Torroja hizo a la dicha comunidad la primera de las donaciones importantes que se tiene noticia. Y es que al obispo Guillem de Torroja se le recordó por su gran generosidad, por ejemplo, en la iglesia de San Juan de Ripoll, en Santa María de Arles, y muy especialmente entre la comunidad monacal de Santa María de Solsona, por ser en ella donde, tanto él como sus hermanos habían ido a la escuela desde su infancia. Desde comienzos del siglo XI la estirpe de los Torroja mantuvo excelente relación con la dicha canónica agustiniana. Fue por serles muy cercanos en espíritu que Guillem sintió la necesidad de interceder por aquellos religiosos que dependían de su sobrino Ramón II de Solsona. Se dio el caso de que audazmente logró una bula papal el año 1169 la cual estableció tanto los límites de la diócesis de Barcelona, como a la vez era una confirmación de sus bienes. Hay que decir que, tanto debió de apreciar mi paisano este documento, que comparto lo escrito Mn. J. Mª Martí Bonet (historiador y decano de la catedral de Barcelona) quien, tras su comparación de las bulas de 1169 y 1176, opinó que Guillem debió de ir a recogerla personalmente al Vaticano (“Las bulas del papa Alejandro III dirigidas a los obispos de Barcelona”, 1979). Toda su vida mi biografiado dejo testimonio de ser un viajero incansable. Alejandro III le confirmó, además de los bienes de su diócesis (26-5-1169), los pertenecientes a las iglesias de las Islas Baleares.
En los registros del obispado de Barcelona, del mitrado Guillem de Torroja se conservan actas de algunas concesiones y consagraciones de templos, siendo el más importante la iglesia románica de Nuestra Señora de la Guía, hoy aún en pie en pleno casco antiguo de Barcelona (calle Corderers). Eran los años cuando se construían, con gran furor y mayor amplitud, nuevos templos en estilo románico en toda Cataluña, y al mismo tiempo se empezaba ya a escribir en lengua catalana, o sea la vernácula. Nuestra Señora de la Guía fue edificada por el rico comerciante y consejero real Bernat Marcús, quien tuvo propiedades incluso en la comarca del Solsonés, de donde los Torroja eran oriundos. Bernat Marcús consta también en el testamento de Ramón Berenguer IV en 1162 (“Codoin” IV, ps. 202-203, 391-393 i 387-390). Siendo Bernat un buen amigo del obispo Guillem, cierto día del año 1150, aquel noble comerciante dedicó un nuevo templo a la advocación de Nuestra Señora de la Guía, que (1166) pasó a ser puesto de correos a caballo (postas). Al construirse, estaba fuera de las murallas de la ciudad, en un cruce de caminos ideal para las postas reales y obispales (llamados “troters”, de creación anterior a los servicios de correos de la ciudad de París). Cerca de la dicha iglesia el obispo Guillem de Torroja fundó un hospital, el cual con los siglos fue absorbido, como todos los de Barcelona, por el de “La Santa Cruz”. Aunque el edificio se perdió, conservaría hasta hoy su nombre en el hospital que había en la actual Gran Biblioteca de Cataluña (C/.Hospital). Curiosamente, dicha minúscula iglesia de la calle Corderers aún sigue activa, y está muy presentable a base de restauraciones. Sólo su fachada se conserva original;…y también un espacioso sótano, el cual fue utilizado como polvorín durante las guerras del siglo XVIII.
LOS HERMANOS TORROJA PEREGRINARON A “CAMPOSTELA”
Defender que los hermanos Torroja peregrinaron a Santiago de Compostela, tal como en el siglo XX era la “gran moda”, tiene un trasfondo muy bien fundado, dejando a parte que aprovecharon para visitar la supuesta tumba de Santiago apóstol. En todos los confesionarios de su tiempo, dicha peregrinación (que significa penalidades) se imponía como penitencia a los nobles y a cuantos católicos se creyeron con suficientes fuerzas. La función vitalizadota que supuso hacer a pie el Camino de Santiago catalizó el impulso civilizador, siendo la estructura básica de una nueva Europa. La ciudad de Santiago de Compostela durante el siglo XII aún disputaba a Roma el privilegio de ser la principal sede del cristianismo, pues tuvo el mayor poder de atracción espiritual para los cristianos de aquel tiempo. Era allí a donde acudían los fieles católicos, dado el gran auge de peregrinos de toda Europa que en el siglo XII hacían la Ruta Jacobea.
Negarles a los hermanos Torroja el tan esforzado desplazamiento, sería conocerles mal, a ellos y a la gran habilidad del clero para mover los hilos de la fe entre las diferentes masas creyentes. Desde que peregrinó allí el Cid Campeador para postrarse ante el sepulcro del apóstol hermano de Cristo, luego hicieron la ruta jacobea tanto reyes como emperadores, prelados y mendigos, y todos se quedarían sorprendidos por el furor de la actividad picapedril a lo largo de cientos de kilómetros, de lo cual son buena muestra las catedrales que jalonan la ruta hasta el Finisterre. Muchas iglesias fueron allí promovidas por la orden del Temple, a instancias del también peregrino san Bernardo de Claraval. Unos y otros se quedarían meditando ante una imagen de la Virgen María preñada, que tanto sorprende aún ver entronizada en la catedral de León. Es un capitel que la presenta esculpida con el divino Niño; …pero ella está a punto de dar a luz otra vez.
Ante la empresa que para Guillem de Torroja representó planificar la futura catedral de Barcelona, cabe pensar que viajasen hasta el Finisterre los dos hermanos para copiar el modelo del templo que estaban erigiendo en Santiago, entonces considerado el mayor de la Europa. Por cierto, Arnau de Torroja fue contemporáneo del constructor maestro Mateo, aunque cuando los Torroja de Solsona estuvieron allí tan sólo verían terminada la llamada Catedral vieja, que corresponde a la actual cripta, pues se empezó en 1075 y se concluyó en 1178. Su entrada está justo bajo el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, que luego el pontífice Alejandro III consideró Ciudad Santa.
Como obispo que era, le hubiese agradado más entregarse a su misión apostólica, que no se debe olvidar que fue la de vigilar los intereses de su extensa diócesis;…y ello empieza por disponer de un templo tan digno como el que más. Tan sólo seis días después de la conquista de Lérida, y su relativamente vecina Fraga, Guillem consagró su catedral de Barcelona (30/10/1149), asistiendo al menos al acto su aguerrido hermano Berenguer, que por entonces también era su principal brazo armado, y en consecuencia, hasta su prematura muerte (1161) también lo debió de ser del rey-niño y sus corregentes.
El obispo Guillem, tenía su ejército personal, como todos los mandatarios de la Iglesia católico-romana, y después de morir su hermano Berenguer de Torroja no pudo depositar su confianza para capitanearlo en nadie mejor que en su otro joven hermano Arnau. Resulta una deducción tan obvia, vistos los documentos oficiales que éste firmó como testigo, que no voy a extenderme en demostrarlo. Diré tan sólo que Arnau debió de haberse establecido en Barcelona con sus hermanos Guillem y Berenguer, porque asistió (31-5-1160) a la redacción del testamento de éste último, poco antes de morir de enfermedad (Ramón de Sarobe: Huesca “Colección diplomática de la casa del Temple de Gardeny (1070-1200)”. El testamento de Berenguer de Torroja interesa a estas páginas porque dejó claro el parentesco que tenía. Por ello sabemos que su abuelo se llamaba Ecard Miró, y que un tío suyo llamado Pere era diácono de la Iglesia de Urgel. Asimismo, citó a sus hermanos Guillem,Arnau, Pere, si bien se omitió el nombre de Saurina, que era su hermana. También consta que su sobrino era Ramón II, señor de Solsona.
Sería inconcebible que Arnau, entretanto, se hubiese quedado en su muy aislada Solsona natal. El hecho de alternar con quienes visitaban al obispo de Barcelona le habría dotado de modales y trato exquisito para ser un buen diplomático a pesar de su juventud. El caso es, que tanto si estuvo a su lado, como si no, mi estimado paisano Arnau de Torroja había seguido con el máximo interés los once años que oficialmente su hermano Guillem y el señor de Montcada, que era el gran senescal de Cataluña (equivalente a un ministro de la guerra actual), gobernaban la gran coalición catalano-aragonesa, habiendo logrado exitosamente, primero promover, y luego confirmar, la paz entre dos estados vecinos.
Mi biografiado en muchas ocasiones se vería obligado a delegar en sus subordinados las obligaciones pastorales que tenía para con su diócesis. Lo hizo muy a pesar suyo, pero resultaba acuciante el trabajo de un jefe de gobierno entregado a consolidar la autoridad de la Casa de Barcelona, porque peligraba su integridad después de la muerte de Ramón Berenguer IV. Guillem extendía cotidianamente cartas dando normas para los nuevos núcleos de población, especialmente los ubicados en tierras de Aragón, pero también dictó “Cartas Pueblas”, como la de Montblanc, asi como extendió confirmaciones de privilegios para muchas otras poblaciones catalanas. Siempre que le fue posible Guillem se vio acompañado de su hermano Pere, primero obispo de Osona y después de Zaragoza, puesto que además él fue en realidad el único representante de lo aragoneses en la soberana corte de Barcelona.
EL CORDERO PASCUAL ES UNA IDEA TEMPLARIA EN VILADECANS
Mi biografiado vivió en unos años cuando los nativos tuvieron necesidad de acabar de una vez para siempre con el miedo a los ataques de los musulmanes, que los comerciantes sufrían en sus desplazamientos. Se deseaba mejorar las comunicación entre tierras de los cristianos, y la ocasión de oro llegó después del enlace de los herederos de Aragón y Cataluña. La estrategia consistía en que los musulmanes de Lérida no pudiesen recibir ayuda de los de Tortosa, por lo cual decidieron atacat primero ésta, aun a riesgo de que fuesen ayudados por los musulmanes de Valencia, lo cual no sucedió. Después de la toma de Tortosa, donde la ayuda económica de Guillem fue definitiva para rendir la Suda, también Lérida sería conquistada antes de pasar un año.
En fecha 15/10/1148, cuando el sitio de Tortosa amenazaba con eternizarse porque los soldados no cobraban, y se sentían impotentes ante aquellas altísimas murallas, la concesión insólita de buena parte del tesoro de la catedral de Barcelona entregado al conde Ramón Berenguer IV por el obispo Guillem, resultó ser, no sólo oportuna, sino incluso definitiva para rendir antes de terminar el año aquella plaza, y otras varias que conquistaron después, hasta dejar libre de musulmanes Siurana de Prades, que fue su último bastión en Cataluña. Por sus aportaciones, después de la conquista de Tortosa recibió en recompensa (15.10.1148) posesiones en las tierras ganadas a los musulmanes, y en hipoteca el castillo y bienes de Viladecans, actualmente población satélite de Barcelona,… y quizá también (se firmó el mismo día 15 de octubre) el real permiso para construir un molino para abastecimiento de la canónica de Barcelona. (ACB “Liber Antiquarium” IV, fol.203 nº 464; que fue publicado por S. Puig:“Episcopologio de la Seo Barcelonense”; ps. 418-419, doc.LXXIII (Barcelona, 1929).
Los cronistas Pujades y Diago (Historia de los condes de Barcelona” libro II-cap. 153) seguramente tuvieron acceso al interesante pergamino Liber Antiquitatum (Vol. I, folio 10) conservado en el ACB de la catedral de Barcelona, fechado el 15 de octubre del año 1148, donde se lee: “Señorío de Viladecans, junto con la vila (batllia), a cambio de 50 libras de plata obrada del tesoro de la catedral, después que fuese aprobada por el Capítulo”. Se ignora si una vez devuelto el dinero que el conde necesitaba, Viladecans volvió a ser propiedad de la Casa de Barcelona; aunque es poco probable, porque los preparativos para la conquista de Lérida se hicieron antes de transcurrir un año. Probablemente Viladecans y su torre pasarían a ser propiedad de la muy rica familia Marcús, el antes citado colaborador del obispo Torroja en la corte del conde Ramón Berenguer IV.
En la Alta Edad Media, lo que hoy es municipio de Viladecans pertenecía a la parroquia de Sant Climenç del Llobregat, en el término del castillo de Erampunya: comarca del Mataranya (documentado desde el año 957), el cual dominó un extenso territorio, que hoy incluye media docena de poblaciones del litoral de la desembocadura del río Llobregat. Tuvo su esplendor al ser la frontera entre Al-Andalus y la parte del Imperio Carolingio controlado por los condes de Barcelona, siendo a partir del siglo XI una zona reforzada y ampliada continuamente. Se vivía en un mundo diferente después de verse tantos siglos limitados por el curso del río Libreta, y por poniente el curso medio de los ríos Legre y Cardaren. Cuando se repobló la zona interior, que se empezó a llamar “Cataluña Nueva”, la superficie del país tuvo los mismos límites que en el siglo XXI.
A continuación me referiré al actual símbolo del escudo heráldico de la población de Viladecans por sospechar que debió de ser introducido en dicha población por el obispo Guillem. Se trata de un frágil dibujo del “Cordero pascual” (o “Agnus Dei”), el cual aparece justo en una zona que con seguridad fue visitada varias veces por Arnau de Torroja, aunque fuese por supervisar las obras de la construcción de la Torre-Roja erigida por voluntad de su hermano el obispo Guillem.
Dado que los caballeros templarios adoptaron el cordero Agnus Dei como símbolo de san Juan Bautista, repasaré brevemente tan rica referencia bíblica, no sin recordar la degollina que todos los peregrinos a la Meca hacen anualmente en recuerdo del patriarca Abraham (tronco común de las tres religiones monoteístas), rememorando cuando el dicho patriarca recibió de Dios un cordero para que lo sacrificase en lugar de su hijo. También el profeta Jeremías se comparó a sí mismo como a un cordero llevado al matadero (Jeremías; 11, 19), y el profeta Isaías retomó esta misma imagen recordando que: El Mesías debe morir por los pecados del mundo, sin abrir la boca para protestar, a pesar de todas las injurias e injusticias que se cometen contra Él; manso e indefenso como un cordero llevado al matadero (Isaías; 53, 7). Dicha expresión se representa gráficamente mediante un corderito blanco y totalmente indefenso, dado que, por su inocencia y mansedumbre, cuando es pequeño su cuerpo despierta simpatía.
Jesucristo gustó de referirse a sí mismo como Cordero de Dios, que le aplicó san Juan Bautista y después Jesús tomo de buen grado, resultando que por ello después pasó a ser un signo común entre los cristianos, junto con el del pez. En el Nuevo Testamento, la tradición cristiana ha visto en el cordero, con razón, la imagen de Cristo mismo. Cristo, “nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado”, decía san Pablo a la comunidad de Corinto (I Coríntios; 5, 7). Y san Pedro, en su primera epístola, invitaba a los fieles a recordar a Cristo, Cordero sin defecto ni mancha” (I Pedro; 1, 18-19). También consta en el Cuarto Evangelio (I, 29-34): en aquel tiempo, al ver Juan a Jesús venir hacia él exclamó: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo…Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el elegido de Dios. Asimismo en el Apocalipsis todos los ancianos y miles de ángeles se postran delante del cordero para tributarle honor, gloria y adoración por los siglos (Apocalipsis; 5, 2-9.13). Al final del dicho libro se presentan “…las bodas místicas del Cordero con su Iglesia …(Apocalipsis; 19, 6-9; 21, 9). Es el cordero místico que quita los pecados del mundo, el Cordero pascual que se inmoló e instituyó como sacramento la noche del Jueves Santo.
El libro del Éxodo explica que, cuando Dios decidió liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, ordenó que cada familia hebrea sacrificase un cordero macho de un año y sin defecto, debiendo comérselo por la noche y con su sangre untar las jambas de las puertas de sus casas. Así todos los hebreos de Egipto aquella noche evitaron que muriesen sus hijos primogénitos (Éxodo; 12, 1-14). Posteriormente en el monte Sinaí, Dios consolidaba su alianza con los hebreos del éxodo sellando el pacto con la sangre de un cordero (Éxodo; 24, 1-11). Fue entonces cuando los escapados de la esclavitud pasaron a ser: El pueblo de la alianza, el sacerdotal, el elegido y consagrado a Dios. (Éxodo; 19, 5-6). La Ley Mosaica establece que el Cordero Pascual debe ser atravesado por dos palos en cruz para asarlo al fuego, y luego comerlo ceremonialmente.
Reclamo la atención acerca de que, sin otro palo para ensartarlo, no podría hacerse rodar el cordero muerto sobre el fuego para asarlo. Lo comento debido al inédito símbolo que descubrí grabado en un anillo de hierro meteórico, el cual atribuí a Moisés porque recuerda el tipo de parrilla antes citado. Volviendo al simbólico Cordero pascual , habitualmente se lo presenta sosteniendo una cruz de malta sobre una larga vara. Es una asociación que tiene gran riqueza teológica: Para los actuales fieles cristianos simboliza la humildad de Jesús y su enseñanza evangélica, si bien la metáfora es muy anterior al nacimiento del Señor. Es muy interesante que aún se vea dicho cordero místico en el frontispicio de algunas viejas iglesias de la orden del Temple, como la que tuvieron en la ciudad de Palma de Mallorca. La edificaron tan pronto conquistaron las Islas Baleares sobre un fortín musulmán. En Palma dicha iglesia del Temple aún presenta en su interior otras imágenes pintadas del “Cordero pascual”.
Explicado ya el simbolismo del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, de nuevo me referiré a la población de Viladecans, para apostillar que allí se lo recuerda más que en parte alguna, debido a que lo tienen como emblema heráldico, y muy probablemente se remonte a cuando lo eligió Guillem de Torroja, sin duda el mayor colaborador medieval con la Orden del Temple. A él debe serle atribuida la propiedad de la torre de planta cuadrada del siglo XII, que aún conserva el nombre de Torre-Roja gracias a que la piedra con que se construyó es de color rojo. No hay otro modo de justificar la existencia allí de una torre roja tan bien estructurada y edificada en el siglo XII, al ser un lugar de peligroso tránsito, por ser vía de acceso a las murallas de Barcelona.
LA ITINERANCIA AGOTADORA DEL ARZOBISPO GUILLEM DE TORROJA
Hasta la investigación del erudito J.Mª Sans Travé, en 2003, de Guillem de Torroja se había escrito escuetamente que fue regente del rey Alfonso II dada su minoría de edad, motivo por el cual sólo los muy eruditos saben que se le atribuyeron grandes logros políticos cuando de hecho él era todavía un niño. Por mi parte, al escribir esta aproximación biográfica deseo poner en evidencia que, para presentar al polifacético soberano pude haber escogido otra fecha de su nacimiento que lo haría aún bastante menor, y en cambio lo considero algo más crecido; pero, así y todo, muy niño.
En modo alguno se le deben seguir atribuyendo, indebidamente, estrategias, alianzas, y, en fin, unos méritos a una edad en que era imposible que pudiese tenerlos. De la clara exposición de estos acontecimientos, Guillem de Torroja sale siempre agigantado, porque fue el verdadero impulsor de todo cuanto se ha atribuido a un jovencito inepto total. En pocas palabras, la persona de Alfonso II nos ha llegado magnificada, justamente debido a su política, aunque en realidad ha de ser vista ajena a su persona.
Se le considera el artífice de la alianza catalano-aragonesa, y ello sucedió porque Guillem de Torroja, quedó completamente eclipsado para la posteridad. Quizá ya estaría bien así,… si no fuese porque, como Arnau, él también es mi paisano de siglos pretéritos. Opino que debió de ser un gestor nato, emprendedor, y por encima de todo un conciliador, tipo A.Neville Chamberlain en 1938, pero con éxito.
Ramón Berenguer IV había promulgado la ley llamada “Los Usatges”, siendo el principal de sus consejeros mi biografiado, quien le convencería de que era la mejor forma de legalizar su gobierno. La política de ambos consistió en ser benevolentes para cons sus nobles barones; y lo demostraron, por ejemplo, al comprar, por 300 morabatines de oro, el castillo de La Guardia, enclavado en los repiegues de la milagrosa sierra de Montserrat (a 40 km. de Barcelona), el cual, por circunstancias de la vida, pertenecía a un musulmán que lo heredó del conde Reverter (Traté de ello en mi libro “Montserrat Ganga del . Grial”; autoeditado en 1982).
No obstante, no pudo actuar siempre simplemente pacificacando. La belicosidad de los condes y barones catalanes obligó a veces a moverse con rapidez a los Torroja de Barcelona. Aunque se puede entrever que sacarían ventajas incluso de las desgracias, sabiendo anticiparse a los acontecimientos. Ciertamente hubo ocasiones en que el muy diplomático obispo Guillem debió mostrar su temple, como cuando amenazó a cuantos nobles eran reticentes a que sus castillos pasasen a considerarse feudos del rey-niño Alfonso II (I de Cataluña). En efecto, Guillem entonces desarrolló su más enérgica persuasión, y al fin logró su propósito amenazándoles con quitarles todos sus bienes, seguramente mediante la excomunión.
No son afirmaciones hechas a la ligera, aunque sea fundamental esclarecer la edad del rey para reivindicar la importancia política de Guillem de Torroja, y ello es problemático. Aunque se diga que comenzó a reinar a los cinco años, haciéndole jurar su nombramiento en Zaragoza el año 1164, ¿quien se puede creer que un niño de esa edad ya tuviese suficiente capacidad? El problema de la edad de Alfonso II es que la fecha de su nacimiento sigue estando por dilucidar. A mi no me corresponde hacerlo, y sólo me limitaré a exponer el trascendental gobierno del principal de los miembros de su Consejo de Regencia, que fue Guillem, el hermano de Arnau de Torroja. Era muy grande la autonomía que tuvo Guillem como obispo de Barcelona, pues había sido nombrado por Ramón Berenguer IV vice-regente de su hijo el pequeño rey-niño. A los pocos dias de morir el conde Guillem, representando al huerfano, ya pactó nada menos que con el rey Fernando II de León la destrucción de Navarra, cuyas tierras se repartieron.
Una vez presentado su poderío, procuraré seguir un orden cronológico para el seguimiento de sus gestiones, de acuerdo con el itinerario recopilado por Joaquín Miret Sans. Expondré, en síntesis, pero sin ánimo de ser exhaustivo, el destino de sus principales viajes, avisando que aún debieron de haber muchos más. Antes, no obstante, sepamos como llegó Guillem de Torroja a ser arzobispo en 1171, y a pesar de todo no relajarse ni lo más mínimo en sus numerosas gestiones, sino todo lo contrario. Cuando violentamente falleció su antecesor en la sede tarraconense, el arzobispo Hugo de Cervelló, Guillem fue elegido arzobispo de Tarragona, periodo durante el cual, al mismo tiempo siguió ejerciendo también de corregente de la confederación catalano-aragonesa hasta que murió.
Guillem consiguió alianzas que nunca habrían alcanzado los que junto a él tuvieron la responsabilidad de la corregencia. Obviamente, yo ignoro la mayoría de documentos donde aparece la firma de Guillem, obispo de Barcelona, consejero principal (a veces llamado “curador”) del rey, por lo cual me limitaré a recoger algunas noticias de sus desplazamientos con el rey-niño, que le seguiría seguramente a desgana. Sin entender la importancia de sus actos, aquel soberanito, con vocación musical y teatral, siempre que fue posible estuvo acompañado del verdadero artífice de la política de su tiempo. Para no decir que fue Guillem de Torroja, digamos que fue Alfonso II quien, incluso siendo niño, se le recuerda con potestad suficiente para enviar a los hombres de una ciudad a la guerra, y entre otras heroicidades, también ordenaba perseguir delincuentes. Por tal motivo fueron creadas las “veguerías”, distritos gobernados por un veguer, sin vínculos familiares con otros nobles de la zona. Así se creó la primera administración local de Cataluña, cuando los castillos y las baronías dejaron de ser feudatarios y pasaron a ser del soberano. Esto era revolucionario para su tiempo.
Para establecer el nacimiento del soberano llamado sucesivamente: Ramón, Alfonso, y apodado “el Trovador”, “el Casto”, etc., se han defendido muy diferentes años (1152-1154-1157 y 1158). Me inclino por la fecha del mes de marzo de 1157, pero hubo historiadores que siguieron defendiendo las teorías iniciales, y así en la wikipedia consta que el rey nació en 1154, por lo que sería tres años más joven de lo que yo le presento. Me convendría seguir la corriente establecida, pero sólo hay que atender a su fama de trovador y no será necesario imaginar a Alfonso II con más edad para verlo completamente ignorante de cuantos asuntos oficiales sucedieron a su alrededor.
La confusión antaño fue enorme, y aún persisten dudas. La reina Petronila, si bien citó a su hijo al redactar su testamento cuando estaba de parto, en fecha 4/4/1152, resulta que, aunque lo escrito fue corroborado en fecha 18/6/1164, se duda de si corresponde al nacimiento de su otro hijo llamado Pedro, muerto al poco tiempo de haber nacido. Por si todo lo dicho parece poco, téngase en cuenta que, además, está el problema de convertir los años a la datación del calendario gregoriano; y para colmo, hay que contar que se convino una posterior reducción de los años del reinado de Luís VII, que fue la manera de datar los documentos por los notarios catalanes de aquella época. En fin, como ya dije, se trata de un soberano que nació siendo Ramón Berenguer V de Barcelona, y luego se le llamó Alfonso I de Cataluña, y II de Aragón. En mi opinión, lo más sensato para esclarecer su verdadera edad es remitirnos a los 22 años del joven soberano cuando firmó el Tratado de Cazorla (1179).
A Guillem de Torroja, lo creo impulsado por su fe cristiana y su humildad personal, pero muy esperanzado con el éxito de sus gestiones, y con grandeza de espíritu nacional. Siempre actuó con celeridad en todos los frentes y probablemente procurando quedar en el anonimato. Arnau, el hermano templario de Guillem, estuvo a su lado en todos los casos que era requerido; y debieron ser muchos, porque en realidad el arzobispo Guillem de Torroja debió de morir de puro agotamiento, debido a los continuos desplazamientos por todos los dominios catalano-aragoneses, incluyendo muchas galopadas en el Sur de Francia. Seguramente debió representar para él un martirio tanto cabalgar, y ello contando que el joven soberano de alma bohemia, lo siguiese sin protestar; pues en caso contrario, pudo haber sido para Guillem un verdadero calvario. Había tenido mucha salud, pero la perdió, desplazándose con el niño-rey de uno al otro lado de los Pirineos y viceversa. Para verificarlo presentaré las pruebas documentales que llevan su firma junto a la del gran soberano Alfonso II, dado que los desplazamientos que éste realizó (seguramente a regañadientes) fueron recogidas por el insigne investigador de la historia de Cataluña Joaquín Miret Sans . “ITINERARIO DEL REY ALFONSO I DE CATALUÑA, (II EN ARAGÓN)”.
Guillem de Tarroja, entre otros, firmó como testigo del rey cuando, en nombre de los templarios, su hermano de Arnau de Torroja concedió a la confederación catalano-aragonesa 1.100 morabatines en fecha 20/4/1164, para ser devueltos el día 4 de abril de 1165 (Pascua). Miret i Sans encontró un documento inédito que acredita la presencia del rey en Tortosa el día primero de agosto de 1165 (entonces ya tenía diez años). Después de la firma real, aparece la de Guillem obispo de Barcelona, y la de Guillem Ramón Dapifer.
El día 8 de mayo de 1167 otorgó Alfonso II una donación a favor del monasterio de La Celle (que acabó siendo un burdel para nobles de la Provenza), del castillo de Millars hecha por Hualguer al rey, prueba que éste estaba en la ciudad de Arles, a orillas del río Ródano el segundo semestre de 1167, cuando también se hizo un convenio entre el rey-niño y el conde de Rodez. Después del rey, firmaron Guillem, obispo de Barcelona, Guillem de Montpelier y Arbert de Castellvell.
Aún Alfonso II estaba en Arles (Sur de Francia) el día primero de octubre de 1167, siendo allí donde el rey-niño se dice que celebró (léase: asistió a) un convenio con los comisionados genoveses. Estaban presentes al acto Guillem Ramón Dapifer y el obispo Guillém de Barcelona, quienes también firmaron el acta en la cual Alfonso II, a sus diez años, y titulándose: Dux Provincie, le hicieron admitir la deuda de 1.200 morabatines, y dejó en garantía la mitad de unas rentas que le pagaban en Lérida y Ascó.
El rey Alfonso II y el obispo Guillem de Torroja vuelven a aparecer en un documento del 26 de junio de 1168 en Barcelona; y en verano se encaminó con una considerable escolta armada, marchó hacia Tarragona y Tortosa. Regresó a Tarragona pronto, donde en su presencia se dictó sentencia en el litigio entre el prelado de aquella diócesis y los hijos de Roberto Aguiló. La firmaron también los obispos de Barcelona y Zaragoza, y a ambos se les encuentra (17 agosto de 1168) en el monasterio de Poblet (a pocas horas de Tarragona) donde el niño-rey nombró una delegación para que estableciesen los lindes del territorio del Puig de les Avellanes con el citado convento. Firman el documento Guillermo de Montpeller y los dos prelados de la familia Torroja.
El 29 septiembre del año 1169 encontrándose en Huesca, Alfonso confirmó los privilegios, o inmunidades, que sus antepasados habían concedido a la orden del Hospital de Jerusalén. Entre los magnates que asisten al acto se contaban Arnau Mir, conde de Palláis y Guillem de Torroja. En fecha 20/5/1169 le fueron concedidos otros dos prestamos; uno de 350, y otro de 5.000 morabatines. Dado que el último era realmente mucho dinero, Arnau de Torroja también hizo comprometer por escrito a muchos nobles fieles al soberano para mejor garantizar su devolución.
El 12 de noviembre el soberano catalano-aragonés, se encontraban en Jaca, prometió a los templarios darles mil morabatines anuales, de los tributos que recibía del rey moro Lobo. Aquel mismo mes de noviembre, estando aún en Jaca, otorgó los castillos de Chivert y Oropesa.
El historiador aragonés Zurita afirmó que en 1170 Alfonso II acudió desde Aragón a los montes de Prades y Siurana para sofocar la insurrección de los sarracenos. Otro documento del año 1170 es la publicación, ó declaración de sentencia, disponiendo el joven soberano dar plena posesión al obispo de Pamplona, de la iglesia de Santa María de Un-Castillo. Está fechada en Almenar, el mes de marzo del año 1170, en presencia de Hucli, arzobispo de Tarragona y legado, Guillem, obispo de Barcelona, Pere, obispo de Zaragoza, Ponç, obispo de Tortosa, Arnau Mir, conde de Pallars y Arbert de Castellvell (Perg. del Archivo de la Catedral de Pamplona; veáse Moret: “Anales del reino de Navarra”, II, pág. 498).
El día 10 de noviembre del año 1170, estaban en el bajo Aragón, otorgando un reconocimiento de deuda de cien morabatines a favor de Guerau de Marimón. Alfonso II aún se encontraba en la capital de Aragón en diciembre de 1170 y el 27 de diciembre estaba en Ribagorza. En un documento otorgado en Roda, hizo constar que el día de Navidad se había presentado en la iglesia de San Vicente de dicha villa acompañado de Guillem, obispo de Barcelona, Pere, obispo de Zaragoza, Arnau Mir, y otros. Esta escritura fue publicada en “España Sagrada” (vol. 30).
El 17 de abril de 1171 fue asesinado el anterior arzobispo de Tarragona, y por razón de tan grave acontecimiento se encaminó el rey y todo su séquito donde el día 14 de octubre del citado 1171, se previno también separar en dicha ciudad, los derechos de la mitra y los de la Corona, lo que justificó el derecho señorial de la Iglesia tarraconense. (Noticia publicada por el historiador Morera: Apendice 27). Aunque acompañó al niño-rey a Tarragona, Guillem estuvo pocos días allí, pues el 22 del mismo octubre ya estaba en Lérida.
Al mencionar tantas veces la moneda morabatines, se impone esclarecer su valor durante la época medieval que tratamos. Era la sucesora de la moneda del siglo XI llamada “mancuso”, que era de oro, a imitación de los “dinares” árabes mucho más prestigiosos. Es anecdótico que Ramón Berenguer I compró los condados de Carcasoa y Razès, en el Sur de Francia, por 44.800 “mancusos” de oro. Los acuñaron en Barcelona y Besalú, y las falsificaciones incluyeron las habituales palabras árabes. Una referencia al valor del mancuso de oro (procedente de San Juan de la Peña), estableció que valía cuarenta y dos “sueldos”. A finales del siglo XI el mancuso fue sustituido por el antes citado morabatín, también llamado “maravedí”. La moneda catalana por excelencia del siglo X al XIV fue el “sou” de Barcelona, significando “sueldo”, era una moneda de plata que en los años de gran influencia de los hermanos Torroja, llevaban la efigie del rey Alfonso II. Su valor era de 12 dineros (“diners”), lo cual en su tiempo era una suma considerable.
Incluso un soberano que hubiese sido realmente adulto, para acuerdos de tanta cuantía necesitaba el consentimiento de sus nobles y máximas jerarquías religiosas más allegados, y más siendo el rey muy joven, por todo lo cual tuvo la gran suerte de que lo apoyaran los dos influyentes clérigos hermanos de Arnau de Torroja, Pere, que era obispo de Osona y Guillem obispo de Barcelona y arzobispo de Tarragona. Los encontramos a ambos avalando el préstamo de mayor cuantía (24.000 morabatines) otorgado al joven soberano por Guillermo de Montpelier el mes de mayo de 1171. La garantía entonces consistió en que veinte hijos de nobles catalanes residiesen en Perpignan (Fr.) hasta que aquella cantidad le fuese devuelta.
En 1172, por haber fallecido el sultán musulmán de la taifa de Valencia, Ibn Mardanis, Alfons II sitió la ciudad de Valencia con todas sus tropas, las de su obispo y demás aliados. Aquel conflicto concluyó mediante una alianza con el nuevo mandatario, a condición de que al rey de la corona catalano-aragonesa le doblaran la cantidad pagada como tributo anual, después de lo cual Alfonso decidió atacar. Sucedió que se rompieron los acuerdos firmados para permanecer en paz, y empezaron a pensar en atacar las fortalezas de Xàtiva y Murcia, Xivert y Oropesa (Alicante). Incluso antes de ser conquistadas, a la orden del Temple ya se les había concedido muchos beneficios sobre ellas;…y todo se atribuyó a un joven con sólo 17 años!.
Después de la muerte del conde de Rosellón, el joven rey el mes de julio de 1172 estaba ya en Perpigñan, donde le rindieron homenaje los hombres de dicha villa. El día 21 de julio, seguiría en el Rosselló, pues allí dictó un decreto por el cual tomaba bajo su protección la abadía de Fontfreda, situada en las cercanías de Narbona, en cuyo documento figuran los mitrados hermanos Torroja.
El día 23/6/1173 el joven soberano y su séquito regresaban a Cataluña, y dictó la sentencia pública en las cuestiones sobre el castillo de Lauret, que enfrentaron al obispo de Gerona con el heredero de Bernat de Palafolls. Entre los firmantes figuran también el arzobispo Guillem de Tarragona y Arbert de Castellvell. Pasados sólo unos días estaban en Anglesola (entre Cervera y Lérida), donde otorgó la restitución del término de Tarragona hasta el río Gaya y los montes de Carbonera a favor del arzobispo y de la iglesia de Santa Tecla.
En julio de 1173 estaban en Cervera, y allí se firmó la donación de un molino a favor de Arnau de Monseren y de su mujer Ermesenda. Se dirigieron hacia los Pirineos y allí, a ruegos de la vizcondesa de Bearn, le concedió los bienes que tenía en Aragón el difunto vizconde bearnés, a favor del monasterio de Bolvestre de la orden de Fontherault. Entre otros presentes al acto, estaban los dos hermanos Torroja.
Sería difícil determinar cómo en 1173 se consiguió reunir a sus corregentes en Font d’Aldara para redactar unos estatutos para disfrutar en sus dominios de Paz y Tregua; unas normas que fueron institucionalizadas, y por cuya constitución se confería a los obispos una importante función jurisdiccional. Entonces ya tenía 18 años y era admirable como cantaba sus propios poemas amorosos.
Volviendo ya al itinerario, día 31 de octubre 1173 el joven soberano aún continuaba en Lérida (Lleyda, o también Larida) donde, el 6 de noviembre, concedió a la iglesia de Santa Tecla de Tarragona los territorios que su abuelo Ramón Berenguer III había donado en la zona llamada el Engolador de Cabra y los montes de Carbonera. El día 18 de julio firmó un auto a favor de Guillem, arzobispo de Tarragona.
Guillem de Torroja introdujo en la mente del joven, tan pronto pudo, una idea de apaciguar y pactar con todo el mundo siempre y cuando ello fuese posible (G.Gonzalvo: “La constitució de Pau i Treva de Catalunya. Segles XI-XIII”; en “Textes juridics catalans. Lleis i costums”; vol.11/3 Barcelona, Generalitar de Catalunya – Dep. de Justicia 1994, p.74a88). El arzobispo Guillem encargaría elaborar una normativa de paz y tregua general poco antes de su muerte, por lo cual no tuvo tiempo de hacer dearrollar aquella idea que, en el cambio de milenio, logró implantar el abad Oliba, el que fuese también el obispo promotor del santuario de Santa María de Montserrat en Cataluña.
El mismo año que fue armado caballero, Alfonso II contrajo matrimonio con Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla el día 18 de enero de 1174 (según prueba la escritura de donación propter nupcias, que el joven monarca hizo a la esposa, de las villas de Tamarit, Barbastro, Pomar y otras. Al haber colaborado con Castilla en la conquista de Cuenca el 1177, Alfonso II “el Casto” a sus 22 años consiguió librarse del vasallaje por Zaragoza que Alfons VII de Castella había impuesto a su padre Ramón Berenguer IV. LA MUERTE DE GUILLEM DE TORROJA
Tan pronto Guillem fue nombrado arzobispo metropolitano de Tarragona, obedeció las instrucciones del papa de Roma de castigar a los asesinos del arzobispo antecesor suyo en aquella Seo (J.Villanueva “Viaje literario a las iglesias de España”, vol. XIX, p. 289- doc. XXIX). Era como si se repitiese la historia poco después de ser nombrado obispo de Barcelona.
Siendo arzobispo, y en teoría residente en Tarragona, Guillem consta que volvió a Barcelona -supuestamente por última vez- con motivo de la fundación de los beneficios de la iglesia de Sant Andreu del Palomar (frente a salida del metro Plaza Orfila de Barcelona) lo cual no sólo le representó muchas jornadas de cabalgar, sino que además necesitó el permiso de su sucesor el mitrado Guillem Bernat de Berga (ACB, 1-2-57. Cf. Anexo doc. 10).
Fue durante sus últimos años de vida cuando el arzobispo Guillem creo haber demostrado que vivió agotadoras jornadas de trabajo, también físico, por coincidir con periodos políticamente muy conflictivos. Todo se le complicaría aún más al morir el otro corregente, y consejero real, el senescal conde de Montcada un año antes que él. A partir de entonces también hay que decir que concluyó el mejor período en la vida de Alfonso II. En efecto, la historia recuerda, además, como la política catalana-aragonesa cambió para ir peor, y fue con brusquedad. Lo determinaron su matrimonio, la muerte de su madre, la reina Petronila, casi simultánea de la del anciano senescal Guillem Ramón de Montcada, y la de Guillem de Torroja a finales de 1174.
Por supuesto que también hubo discusiones entre el joven soberano y su mano derecha. Primero por la tozudez de un alma de artista que se vio obligado a estar presente en actos oficiales sin entender muy bien el por qué; y posteriormente cuando se dio cuenta que era todo un rey, y lógicamente no debió gustarle ser corregido continuamente por un “carca” de la Iglesia, a quien, de haberlo querido, lo podía ver como perteneciente a una generación muy superada. Se tiene constancia de que incluso sostuvieron pleitos durante algún tiempo, pues al crecer, Alfonso II y el obispo Guillem se repartieron en Tarragona los bienes y derechos de la familia Bordet. Posteriormente ambos firmaron la concordia conocida actualmente como Ad Perennem (7/7/1173), en la cual constan varios miembros de la familia de Arnau de Torroja. (A.I. Sanchez Casabón: “Alfonso II…”doc. 148, ps. 218-220). De hecho con anterioridad ya había firmado el documento que delimitaba la jurisdicción del soberano y el prelado, fijando los límites del señorío de Tarragona. En fin, cuando Arnau de Torroja estaba en el país, formaba parte de la comitiva real en sus desplazamientos, lógicamente acompañado por sus impresionantes monjes-guerreros de capa blanca.
El traspaso a mejor vida del arzobispo Guillem aconteció en Tarragona, y debió de ser muy sentida por todos sus feligreses, pero a nadie le dolería tanto como su hermano Arnau, quien por entonces aún le esperaba la sorpresa de tener el mayor ascenso jerárquico dentro de la orden del Temple. Aunque a Arnau de Torroja lo agobiaban los problemas que su alto maestrazgo comportaba, es obvio que, por preparado que estuviese un viejo militar, que además era fraile, lamentó la muerte de su hermano como cualquier bien nacido. Arnau era muy consciente de que al mismo tiempo desaparecía el mejor político de la confederación con los aragoneses, quedando peligrosamente aparcados muy graves problemas de estado. Unos problemas y proyectos que Arnau de Torroja, como catalán y como templario, además de buen hermano, siempre puso su máximo empeño en tratar de coadyuvar dentro de sus posibilidades.
Como eclesiástico, a Guillem debió de satisfacerle el hecho de que la diócesis de Tortosa incluyese todos los pueblos de la comarca del Mataranya, satélite de Barcelona, porque hasta 1152 había sido el límite de la frontera eclesiástica. El 23 de marzo de 1154 el papa Anastasio IV estableció los límites de la archidiócesis y sus sufragáneas: Gerona, Barcelona, Urgel, Vich, Lérida, Tortosa, Zaragoza, Huesca, Pamplona, Tarazona y Calahorra.
El arzobispo Guillem de Torroja, usaba un tipo de letra cancilleresca romana, como se puede apreciar en su firma del documento de abdicación de la reina Petronila. Ha sido el reciente descubrimiento del mismo, que se revela un ignorado detalle: El jovencísimo rey Alfonso II no salió de Catalunya después del mes de septiembre de 1173, o sea que permaneció en Barcelona hasta que se fue a Zaragoza para casarse. Todo lo que poseía el arzobispo Guillem de Torroja cuando murió lo entregó en su testamento a la Iglesia católica, a condición que su dinero se gastase en alumbrar las lámparas de la capilla de Santa Eulalia de la catedral de Tarragona, quizá en recuerdo del monasterio que él había fundado en Santa Eulalia del Camp.
Me referiré ahora a uno de los muchos monasterios que Guillem benefició. Se trata de Sant Vicens de la Roda, porque de sus monjes recibió la supuesta cabeza del mártir san Valerio (S. Puig:”Episcopologio de la Seo Barcelonense” Barcelona 1929, p. 166). Quizá fuese un regalo de agradecimiento; aunque también pudo suceder que Guillem se lo pidiese expresamente. Quiero recordar que en la parte principal de esta trilogía sobre Arnau de Torroja, me ocupo extensamente del culto al cráneo, ya que sin duda los monjes templarios veneraban uno con gran discreción, dando pie, después de su detención en el siglo XIV, a especulaciones aún no bien resueltas.
También los monjes de la orden cisterciense por su parte agradecieron mucho los favores recibidos de Guillem de Torroja, porque les dio los monasterios de Poblet, Valldaura, y más tarde Santes Creus y Vallbona de les Monges, todos ellos fundados a partir del año 1152. Para concluir con los méritos de Guillem de Torroja, recordaré que la catedral de Tarragona, que se comenzó a edificar en el siglo XII, no fue terminada hasta dos siglos después de morir él. Su firma quedó recogida en un documento inédito hasta mediados del siglo XX (Inexplicablemente estaba en el fondo archivístico nº 30 de Sant Llorenç del Munt). Se trata de un pergamino del año 1173 escrito en el monasterio de Sant Cugat del Vallés, que fue estudiado por la erudita investigadora de l’ACA de Barcelona, y buena amiga mía, la señora Josefina Font Bayell, que lo presentó en el “Congreso de Historia de la Corona de Aragón”, Vol. II (celebrado del 1 al 6 de octubre de 1962). Se lee en el mismo que, el mismo año que murió Guillem, el rey Alfonso II permaneció en Barcelona hasta marchar hacia Zaragoza para casarse.
En efecto, el regio pupilo de Guillem de Torroja en fecha 18 de enero de 1174 se casó con doña Sancha de Castilla y Polonia (la que sería tía de Alfonso VIII de Castilla); y el arzobispo no debió de quedar al margen (por ser todavía el principal de los corregentes), de los meses -o años- que hicieron falta para llegar a los acuerdos necesarios entre embajadores para poder celebrar un tan regio enlace. Arnau de Torroja y sus dos hermanos obispos estaban presentes en la ceremonia del enlace de Alfonso II. Todos firmaron como testigos en la concesión de muchos castillos y villas de Aragón y Cataluña, y entre las principales se incluyó Tarragona (J. Mª Font: “Cartas de población y franquicias de Cataluña”. Ed. Madrid-Barcelona, 1969 ps. 143-144).
De cara a los consuegros, no debió de ser fácil para el arzobispo ocultar la personalidad boemia del rey trovador. Asimismo, recordaré lo que escribió el historiador Próspero Bofarull: “Podrá ser cierto que Alfonso II no consumase su matrimonio hasta el año 1174, según afirma Zurita, pero es igualmente exacto que, en 1171, estaba ya casado con Sancha de Castilla y que vivían juntos”. Recuérdese que el joven soberano en 1171 tenía 16 años.
Guillem se responsabilizó con seguridad de que todo saliese bien, porque el Derecho Canónico establecía con claridad meridiana que todo hombre no alcanzaba la mayoría de edad hasta que no estuviese casado. El obispo Guillem, iniciado de joven en la corte del condado de Urgel, había demostrado su pericia entre regios esponsales, porque unas décadas antes debió de organizar el enlace matrimonial de su sobrino Ramón I, señor de Solsona, con doña Ermessinda, una sobrina del conde Ramón Berenguer IV, dado que se le encuentra firmando como testimonio en su boda el año 1162. Este sobrino suyo fue quien en 1181 también intervino en la isla de Sicilia, a las órdenes del Conde de Foix (Fr.), donde se defendía la herencia de su sobrino Hug Ponç de Cervera; siendo entonces, por cierto, la primera vez que los catalanes pusieron pie en aquella isla (J. Miret Sanç: “Els vescomtes de Bas a l’Illa de Sardenya”, Barcelona 1901- p.73).
Aunque costó bastante tiempo, bajo su reinado de nuevo se vivió una época esplendorosa por la pujanza de la llamada Corona de Aragón. Alfonso II incorporó a su reino las tierras occitanas de Provenza, el Rosellón y el Pallars Jussà. Con los años el joven soberano conquistó zonas que antes habían ocupado los sarracenos, siendo repobladas por cristianos de lengua catalana, según los cronistas de la época. Se reavivó la economía creándose nuevas vías comerciales y otorgando a las nuevas poblaciones “Cartas Puebla” y “Cartas de Franquicia”. Incluso firmó el Tratado de Cazorla en 1179 (por el cual renunció a Murcia) con su cuñado el rey castellano Alfonso VIII;…olvidando que éste había traicionado continuadamente a su padre desde el año 1158. Si pasamos por alto este “detalle”, a buen seguro que su amigo y protector, el arzobispo Torroja, habría estado satisfecho de haber encaminado a su pupilo, pues éste al menos se libró de rendir el debido vasallaje a Alfonso VIII de Castilla por sus conquistas.
Su sepelio coincidió con la pésima noticia de que el sultán Saladino había conquistado Siria, potenciando al máximo la ofensiva amenaza bélica, la cual realmente acabó con expulsar a los cristianos de Tierra Santa. Los restos de Guillem de Torroja reposan en un osario dentro de la capilla de Santa Bárbara de la catedral de Tarragona. Lamentablemente se encuentra a bastante altura, por lo que no se puede leer la inscripción, pero fue transcrita por E. Morera: “Memoria, o descripción histórico-artística, de la santa iglesia catedral de Tarragona, desde su fundación hasta nuestros días” (Tarragona, 1904- p. 49).
El nombre de Guillem de Torroja siguió constando durante años en algunos escritos eclesiásticos. El último documento conocido donde se lo citó, se extendió catorce años después de su sepelio (AHN “Santes Creus” Perg. 132; presentado por J. Papell:”ob.cit.”P.238-240-doc.-307). Ramón Ramonet Riu Anexo a: LAS TRES CORONAS, Barcelona (C)11-11-11
MARÍA MAGDALENA______________________________________
En María Magdalena se combinan, sin duda, otras varías Marías bíblicas, mal conocidas incluso por los primeros cristianos. Se cita a la bíblica Pecadora Arrepentida en las enseñanzas esotéricas, así como la recordaron los espiritualistas del período helenístico. A Maria Magdalena la veneraron los gnósticos, los templarios y los cátaros, así como los buscadores del Santo Grial, porque su persona absorbió muchas enseñanzas esotéricas de la adoración a las Vírgenes Negras, a su vez herederas del culto a la diosa Isis del Antiguo Egipto.

Cuando en el siglo IV los Padres de la Iglesia remodelaron la versión oficial de la Biblia católica, encontraron poco espacio para las “Tres Marías” del Nuevo Testamento, porque estuvieron obcecados siguiendo el antiguo criterio: Las mujeres deben ser castigadas por su sexualidad. ¡Y ello se consideraba justicia divina!. En tal contexto, la que fuese compañera/novia/esposa de Jesús clandestinamente continuó representando “lo sagrado” del sexo femenino. Es un fenómeno complejo y polifacético, que comenzó ya en los periodos oscuros de la Humanidad porque la Diosa-Madre-Tierra, reproduciéndola de color negro, se tuvo por más rica y más fértil.

Dejando a un lado su veneración entre los prehistóricos y el druidismo de la Europa primitiva, el culto que se potenció en la diosa Isis fue elaboró en el Antiguo Egipto, pasando desde allí a Éfeso. Cuando floreció en Europa durante la Edad Media, de grandes hambrunas, ya la habían enriquecido mucho gracias a los contactos mantenidos de los caballeros templarios con los filósofos sufistas islámicos. Entre las creencias de los templarios se incluía una mística más sabia gracias a ocultar su nueva visión de Nuestra Señora, motivo por el cual la veneración a María Magdalena ha persistido a pesar de cierta oposición por parte del catolicismo. Ahora de nuevo se comienza a desvelar ofreciendo una renovada orientación hacia lo trascendente, muy necesaria en el mundo moderno.

En tiempos de Jesús el gnosticismo (la salvación a través del conocimiento) hacía dos siglos que triunfaba entre los judíos monoteístas de Jerusalén, debido a los continuos contactos comerciales con la lejana Persia, vía Mesopotamia. Los hebreos de la Galilea donde nació Jesús, convivieron además con el panteísmo de los griegos y de los romanos. Entre los primeros agustinos calabreses, que al cabo de los siglos fracasaron en su intento de establecerse en Jerusalén, estaba el famoso monje llamado Pedro el Ermitaño, el mismo que posteriormente predicó febrilmente la Primera Cruzada en Francia, la única que acabó con éxito al conquistar Jerusalén (1099). Gracias a las iniciaciones y revelaciones de los citados monjes calabreses, después los caballeros templarios, de los que fue Gran Maestre mi paisano Arnau de Torroja, de Solsona, habían superado la fe simplona y adoptado ciertas ideas heterodoxas.

Como en esta aproximación a María Magdalena se trata de presentar la visión que tuvieron tanto mi biografiado Arnau de Torroja como el resto de los templarios del siglo XII, empezaré recordando que la literatura rabínica aún hoy presenta a Jesús como un “bastardo Galileo hijo de un soldado romano llamado Pantera”. Se lo califica de mago que habría aprendido sus trucos de los egipcios, durante las décadas que vivió entre ellos. La reacción de los judíos al descubrirle sus trucos fue lapidarlo. Al negarle la divinidad, se basan en el olvidado “Segundo libro de Set” (s. III), donde se lee que el verdadero Cristo nunca fue crucificado. Para colmo, Eusebio de Cesarea había creído que sólo una décima parte de los Cuatro Evangelios era verdad (F. Conde Torrens: “El grupo de Jerusalén y Simon: Opera magna” (Revista “Año Cero” nº 7-192 – año XVII, ps 66 a 71).
Con lecturas semejantes los templarios de Palestina tuvieron motivos para dudar de lo aprendido dentro del catolicismo. Hoy ya es un “secreto a voces” que, especialmente el Evangelio de san Marcos, recuperó algunas fuentes del Antiguo Egipto, cuya cosmología sagrada de adaptó al Nuevo Testamento. En el fondo este no debería se el problema, sino que la gente de todas partes utiliza mal el necesario referente divino. Particularmente constato que a lo largo de mi vida se ha avanzado mucho, puesto que hasta 1960 el catolicismo incluso tuvo impedimentos para asumir el pensamiento humanista, la ilustración y el liberalismo político.

Debió de ser una gran sorpresa para los hermanos Torroja de Solsona, mis dos reivindicados biografiados, enterarse en Palestina de que María Magdalena en la vida real habría sido mucho más que una gran “Dompna” (o para los trovadores: “Domina” y “Midonis”). En el siglo XII “Nuestra Señora” popularmente fue la idealizada “Gran Dama portadora del Grial” de los romances que circulaban de boca en boca. Era el símbolo del ideal femenino, presentada como la Madre de Jesús, y servía tanto para los monjes como para los caballeros andantes. A ella le rezaban y le construían templos como si fuese una soberana de carne y hueso.

El clero explicaba otra cosa diferente de María Magdalena: Era una ramera arrepentida ¿Pero por qué, de ser así, en el Sur de Francia, a pesar de los dogmas, María Magdalena tradicionalmente fue siempre recordada cual una gran maestra iniciada en conocimientos gnósticos? Los gnósticos no tenían dudas de que ella impartió enseñanzas exclusivas, tal como era de esperar de la privilegiada persona que fue el primer testigo de la Resurrección. En 1945 hubo que darles la razón, debido a que fue descubierto en Nag Hammadi (Alto Egipto) el más importante de los evangelios gnósticos. Consta en total de trece manuscritos, nunca manipulados, que fueron escritos en lengua copta, y encuadernados en piel, hacia el año 400 d.C.. Una vez estudiados, fueron editados en inglés por primera vez en 1977, y el mundo supo que en ninguno de ellos se lee que María Magdalena fuese prostituta. Tal hallazgo vino a confirmar lo que ya se había leído en otro evangelio gnóstico encontrado anteriormente a orillas del Mar Muerto, donde tampoco consta que María de Magdala fuese prostituta ni nada parecido.

Los dirigentes de la Orden de Sión, fundadores de los templarios, de mente abierta y preclara, mantuvieron muy discretamente su devoción por la faceta femenina de la divinidad, de lo cual habían sido precursores los monjes agustinos calabreses de Jerusalén que fundaron la Orden del Santo Sepulcro (siguiendo la tradición del evangelista san Lucas), y la orden de Sión, cuando posteriormente se fusionaron con los esenios “Sabios de la Luz”, cuyo símbolo era una rosa y una cruz. Por dicha vía secretamente conectaron con el esoterismo cristiano establecido en Alejandría (Egipto), ciudad donde se enseñaba la Sabiduría de Hermes, readaptando las iniciaciones del faraón hereje Akenaton.

Fue a partir de 1118 cuando los sabios agustinos calabreses decidieron crear su brazo armado, llamándolo Orden del Temple. Por su vinculación a la Orden de Sión se puede entender que el rey Balduino II de Jerusalén reconociese que a ellos les debía su trono. Después los que eran belicosos se enrolaron a la Orden del Temple, pero casi un centenar de miembros de la Orden de Sión regresaron a Francia después de la Segunda Cruzada. Viajaron embarcados en la misma nave que llevó de vuelta al rey Luís VII, y se establecieron en una abadía cerca de Orleans.

MARIA MAGDALENA; DE PUTA, A APÓSTOL DE APÓSTOLES

La Santa Bíblia alude a la “Puta de Babilonia” (Apocalipsis 17:1-5), lo cual se utilizó para asociar a María Magdalena con la pecadora que Jesucristo liberó de los espíritus malignos. Cambiarle su identidad sirvió para evitar que sus hijos fuesen reconocidos herederos legítimos de Jesús en la Iglesia primitiva. Tal error lo perpetuó el pontífice san Gregorio I “el Magno” al llamarla “arrepentida prostituta redimida”, debido a no distinguir entre la María del Evangelio de Lucas, con la del Evangelio de Marcos. San Lucas se había confundido al asociarla con santa María Egipciaca, nacida en Alejandría en época romana, que a los doce años abandonó a su familia para llevar una vida desordenada hasta los veintisiete. Entonces María, arrepentida por su conducta, decidió hacer penitencia en el desierto durante cuarenta y siete años. María Egipciaca contó su pasado a un monje, siendo transcrita por el dominico Jacobo de la Voragine en la Legenda Aurea (1275). El pintor Nicolás Poussin representó a la santa de Egipto recibiendo la comunión en el río Jordán de manos de san Zósimo. Esa fue la gran confusión del papa Gregorio I “el Grande” en su sermón en la basílica de San Clemente de Roma (14.9.591) cuando ofreció la posibilidad de adaptar las circunstancias a la profecía judía; aunque en el fondo, con la tal proclama, la Iglesia católica pretendía reprimir la corriente gnóstica. Por cierto, en el siglo XVII el dicho sermón también fue utilizado por el fanático Zevi Cabbatai, un judío de origen turco, quien decía ser la reencarnación de Cristo.
Mejor habría sido si san Gregorio I “Magno” hubiese hecho caso a lo escrito por el apóstol Tomás, quien a María Magdalena la creyó uno de los seis apóstoles (no 12). En realidad sería la mujer más sabia de todos ellos. Pero el papa san Gregorio mantuvo su degradación, y así María Magdalena traspasó los siglos llegando mal etiquetada hasta mucho después de que la gente tuviese libertad para leer el Nuevo Testamento en traducciones vernáculas. Ahora bien, dicha limitación no incluyó a los templarios del siglo XII, que habían sido instruidos por los monjes de la Orden de Sión, más sabios, conocedores del rechazo que había sentido el apóstol Pedro por María Magdalena. Quedó para la posteridad que Pedro le había dicho a la Magdalena: “Dinos de cuanto recuerdes que Jesús te dijo a ti sola; todo lo que sabes de Él pero nosotros ignoramos”. Y es que María Magdalena, después de la Crucifixión, se confirma que dio ánimos a los desconsolados apóstoles y al resto de fieles, adentrándoles en la Buena Nueva. Fue la mujer que, sin duda alguna, si realmente no fue su esposa, tuvo méritos para haberlo sido. Era la mujer más sabia de todo el grupo de sus discípulos, incluidos los apóstoles.

Marjorie Malven escribió el libro “Venus in Sackcloth” para explicar el tránsito de María Magdalena de pecadora a compañera de Jesús. La misma idea también se plasmó en el arte, fuesen dibujos o relatos de la tradición islámica. En el siglo VII aparecieron en Europa las primeras muestras de una María Magdalena reivindicada, pero en el siglo XII aquellos peligrosos intentos para restablecer la dignidad de la esposa de Jesús fueron abortados por el Vaticano. Sólo quedaron inamovibles las imágenes del intento, pues llevaba muy ricas vestimentas, incluso portando cetro y corona, que no tienen explicación en la Madre de Dios, ya que obviamente debió de ser una pobre jovencita crecida en un país subdesarrollado. Negaron la evidencia, porque ya había costado mucho que la Madre de Dios tuviese un papel dentro de los ritos eclesiásticos. Por otra parte, el peligro de las féminas en la iglesia “petrina” sigue estando en que la sola mención de María Magdalena recuerda sus discusiones con el contrariado apóstol san Pedro. Presentar la Magdalena como emblema de lo pecaminoso, fue por la necesidad eclesiástica de reafirmar la alineación femenina en la Iglesia católica.
Durante el Renacimiento el arte sacó encubiertamente el tema de un Jesús enamorado de María Magdalena, y ello se nota mucho sobre todo en las obras de Giotto, en la Pietá de Miguel Ángel que se guarda en el Vaticano, y como no podía ser de otro modo, también en obras de Leonardo da Vinci y de Rafael. A la Magdalena también se la llamó “la Egipcia”, y la “Sacerdotisa negra”, y el arte sacro casi siempre la representó con el cabello rojizo, con objeto de remarcar el color iniciático de la diosa. A pesar de todo, siempre ha sido conflictivo el diferenciar entre María Madre de Jesús y la Magdalena. La Madre en el arte habitualmente llevó su cabeza tapada. Su vestido fue de color rojo, variándolo cuando alcanzó carácter sexual en María Magdalena. Así, para evitar confusiones el vestido de María Madre de Dios pasó a ser de color azul y los brazos siempre cubiertos con velo.
La primera referencia que presentó a María Magdalena abrazada a los pies de la cruz, la escribió san Juan en su Evangelio (19:25); donde además informó que estaban su Madre María, y la hermana de ésta, que también se llamaba María. De ahí que se divulgase la expresión Las Tres Marías, a lo cual contribuyó el alto riesgo de estar las tres en el lugar y hora de la Crucifixión, pues era evidente que podían haberlas llevado a presidio. Tal temor fue lo que hizo huir de allí mismo a los doce apóstoles.
Está claro que la calavera que se hizo imprescindible en toda presentación plástica de la Magdalena penitente, simboliza la de Juan Bautista, aunque quizá mi ilustre paisano Arnau de Torroja podría corregirnos, pero dejémoslo así. Llamo la atención sobre el libro que tiene delante, porque se presenta abierto, evidenciando que santa María Magdalena escribió su propio Evangelio, por más que la Iglesia católica les niegue a las mujeres la capacidad metafísica que exige una semejante obra apócrifa. El “Evangelio de María” fue hallado en Egipto el año 1896, datándolo en el siglo II. Es una obra pseudo epigráfica, porque ella tan sólo lo dictó. En sus páginas invita a buscar la salvación vía el conocimiento (gnóstico) y no por la fe ciega. Avala su éxito, el que su persona pelirroja ya se representó en los piadosos frescos de Dura Europos (Siria) durante el siglo III, o sea, mucho antes que a cualquier otro apóstol, puesto que ellos no alcanzaron suficiente importancia, ni tampoco la tuvo la mismísima Virgen María. Después, por incontables campañas de desinformación del clero católico, y debido a que los aspirantes a sacerdote -en el mejor de los casos- salían de los seminarios mal informados, María Magdalena fue la contrafigura de la Madre de Jesús, consiguiendo confundirse con ella.

También hay exegetas que atribuyen a María Magdalena el Evangelio apócrifo de san Felipe, porque revela mejor que otros que Jesús amó a la pelirroja Magdalena más que a los demás apóstoles. En efecto, se lee en sus escasas páginas que los apóstoles recriminaban a Jesús el que la besase en la boca. Ello seguramente le provocaría risa a Jesús, puesto que en el Evangelio de Judas consta que reía mucho…¡incluso mientras los demás apóstoles rezaban!. El Evangelio de Felipe aportó elementos de juicio insuperables, porque era obvio que jamás había sido sometido a censura alguna.

“HIEROS GAMOS”: EL MATRIMONIO SAGRADO
Después de una detectivesca investigación, el genealogista británico Laurance Gardner, difundió que María Magdalena era hija de un padre sirio y de una noble llamada Eucaria, y que habría nacido el año 3 d.C., o sea, que tenía 9 años menos que Jesús. En su libro “La herencia del Santo Grial” (Ed. Grijalbo, 1999) le atribuyó en total tres hijos. José Luís Jiménez escribió en el libro “El legado de María Magdalena”, que en cierto retablo cisterciense se la presenta acompañada de dos niños. (Otros autores, a Jesús le niegan la paternidad, mientras que por el contrario alguno hay que le exagera la familia numerosa). Jesús, al iniciar su vida pública cuando tenía treinta años ya debía de estar casado, primero para no desobedecer el bíblico mandamiento: “Creced y multiplicaos”; y después porque la entrega absoluta a su misión se lo habría impedido.

Siempre se evita esclarecer que la palabra Jesús remite a su vida pública hasta cumplir los treinta años, mientras que fue Cristo desde entonces hasta su muerte, y como tal no se le puede rebajar a avatares humanos porque su misión era muy absorbente. El problema de su matrimonio no debería tenerse en cuenta. María Magdalena le llamaba maestro (exactamente rabbuni) porque toda esposa le debía el tal tratamiento a su marido. Considérese que, de no haber sido María Magdalena esposa de su querido Maestro, a ella no se le habría permitido merodear ante la tumba donde enterraron a Jesús. En cambio, a menudo a ella se la presenta abrazada al pie de la cruz, e incluso en ocasiones en estado de gestación avanzada, según muestra un retablo que está en el monasterio de Poblet (Tarragona), Panteón Real de Cataluña.

Los esotéricos que siglos después aspiraron a formar parte de los Hijos de Salomón, ritualizaron dicho enlace sagrado con la Magdalena (Hieros Gamos) siendo gráficamente simbolizado con la “Estrella de David” de seis puntas. Es el arquetipo para la unión sagrada de las energías opuestas, es el “yin-yang” de la civilización oriental. Formado por el entrelazamiento de dos triángulos, uno femenino para el “fuego” y otro para el “agua”; este símbolo representa los principios masculinos y femeninos en la unión perfecta, la “unión sagrada”, o los “Hieros gamos” del mundo antiguo, puesto que los matrimonios sagrados ya se practicaban en las culturas de Mesopotamia, desde donde pasaron a Egipto. Allí se evitó contaminar la herencia sanguínea “pura”, a base de matrimonios entre familiares. La importancia de la genealogía resulta evidente en la conducta del rey Salomón cuando, el año 1000, se casó con una princesa egipcia para poder legitimarse.

La unión sagrada fue el “eslabón perdido” entre el cristianismo y el judaísmo. Sería después disfrazada por los teólogos y los sacerdotes sexistas de la iglesia patriarcal, pero apunta un resurgimiento por el interés en María Magdalena, la muy misteriosa mujer espiritualista. Los cristianos y los judíos estudian cómo mejor restablecer a la Sabiduría (Sophia) a su lugar legítimo, aquel que desde el siglo IV en Estambul-Constantinopla hizo construir una gran iglesia -varias veces reedificada- que conserva aún su nombre de Santa Sabiduría Divina (Santa Sofía). Se hacen esfuerzos para reconocerle a la sabiduría el papel que nunca ha tenido dentro del cristianismo; los gnósticos, en cambio, siempre le dedicaron muy buena poesía y frases de gran inspiración. Véanse dos ejemplos: Sophia es la sabiduría, Y es la luz de la Creación. La luz brilla en los cielos y los ángeles la irradian.
“La sabiduría es el espejo sin defectos de la energía activa de Dios, y de la imagen de su calidad. Ella es una con Dios y la unidad de todo. Existe al mismo tiempo como ser separado y como divinidad por derecho propio”. (Libro de la Sabiduría; 7:25 – 26).
Quienes después de la Crucifixión escribieron muchos evangelios, dieron sentido a la existencia de Yeshua (Jesús, en griego) presentándolo cual una entidad divina (eón), y Maria Magdalena (Mariamne Magdal-eder) sería otro eón de diferente sexo llamada Sophia, nombre griego de la sabiduría. El libro gnóstico “Pistis Sophia” es un cuento al estilo reiterativo de los orientales antiguos, cansinamente repetitivo, que voy a tratar de sintetizar. Ambas emanaciones divinas (eones) protagonistas están condenados a moverse en el mundo de la materia. Sophia vino al mundo primero, aterrándola el descubrir que estaba completamente sola y separada de su fuente divina originaria, por lo cual creció muy angustiada. Se veía a si misma como una copia de “la consciencia pleana” (Pleroma). Para el filósofo Platón esta idílica copia de sexo femenino fue considerada benigna, pero el gnosticismo, en cambio, la imaginó vagando a través del mundo de la materia que ella no paraba de crear con su propio miedo. Dios sintió compasión de Sophia y le envió su “otra mitad”, su doble platónico, con el cual eón ella se apareó. En otras palabras, Cristo la rescató del mundo físico porque le reveló la esencia de Dios, de modo que recordando su origen ella pudiese regresar al “Pleroma” que era su verdadero estado (su “hogar”).

Según el dicho libro Jesús pasó doce años dando lecciones a sus apóstoles. Aquellos que primero buscaron la fe mediante el conocimiento empezaron por venerar la “Madre Sabiduría”, tras el principio femenino; aquel que el evangelista san Juan presentó coronada por doce estrellas (como las que hay en el actual símbolo de la Unión Europea). Afirmaban que María Magdalena le había hecho a Jesús treinta y nueve preguntas, debido a lo cual lógicamente después a ella se la consideró emblema de la sabiduría divina.

Para recordar lo peligroso de aplicar en aquellos siglos la etiqueta de sabia a una persona, recordaré brevemente que los más instruidos sabían que en el mundo reinan dos Principes El que hoy de los dos llamaríamos “dios malo”, era Ieldebao (Jehová), fruto de los amores ilícitos de Sofía con su propio padre, del cual estaba perdidamente enamorada. Con tales antecedentes, Sofía se presentaba al mundo muy valiente y atractiva; y más aún entre los fieles cristianos por faltarles durante los primeros siglos una divinidad femenina, tal como siempre la habían venerado siendo “paganos”.

La unión sagrada del varón y de la hembra, de la novia y del novio, remite a la pareja que formaron Jesús y Maria Magdalena. La escena cumbre entre ambos, fue el hecho de que ella lo ungió con ricos aceites y hasta le secó los pies con sus cabellos. Tampoco se puede ignorar que si en las Bodas de Canaan Jesús no era el novio, ni él ni nadie habrían podido intervenir en la manipulación del agua para convertirla en vino. De ahí que se lea: “El maestresala de la boda llamó al novio y le dijo: Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos se sirve el vino inferior, pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora”.

Con referencia a tales escenas bíblicas, diré que, entre los egipcios, el vaso era el jeroglífico del corazón, y el vino fue elixir de la doctrina oculta, o sea, de la restauración del “Estado primordial”. No extrañe, pues, que María Magdalena acabase siendo la patrona de los viñadores provenzales, y en todo el Sur de Francia, se la apodaba Reina de las Aguas, por haber superado con éxito una larga travesía marítima. Menos argumentos tuvo la patrona de los marineros, la Virgen del Carmen, una de las incontables advocaciones marianas del santoral católico-romano.

¿ESTUVO JESÚS CASADO CON MARÍA MAGDALENA?
La hostilidad hacia un sacerdocio femenino se remonta a Orígenes y Tertuliano, ambos “Padres de la Iglesia”, porque amenazaba el sacerdocio patriarcal, Fue por ellos que María Magdalena de Nueva Eva pasó a ser prostituta, aunque finalmente se la reconozca “Novia mística” de Jesús, quizá porque en el Consejo de Cartago (año 397) ya la clasificaron como “Consorte del Mesías”. También los cátaros y muchos heterodoxos vieron a María Magdalena como una mujer “consorte espiritual” de Jesús, hasta el punto de que antes del siglo IV los gnósticos creyeron que la esposa de Jesús era superior a María, su madre. El motivo fue que Miqueas, ocho siglos antes de Cristo, había profetizado un definitivo matrimonio sagrado así: “Y tú, oh Magdalerder, colina de la hija de Sión; por ti llegará la soberanía de antaño, el reino que pertenece a la Hija de Jerusalén…”.

Para los clérigos que viven sujetos a las estructuras del poder de la Iglesia católica, María Magdalena no fue la esposa de Jesús. Insisten en afirmarlo ciegos ante el hecho de que un hombre como san Juan, ni siendo afeminado, se presente siempre muy evidentemente “enamorado” recostando su melenuda cabeza sobre el pecho del complacido Jesús en la Última Cena. Debió de ser María Magdalena su compañera y su mejor amiga,..y su sucesora; la misma que muy arriesgadamente trajo el cristianismo hasta el Sur de las Galias, logrando con su esfuerzo y el de sus acompañantes, que floreciese y perdurase la Buena Nueva.

Lo indiscutible es que María Magdalena fue la oculta heroína incluso de los Cuatro Evangelios principales, y ello a pesar de permanecer su personalidad disfrazada, aunque, según el estudio de A. Grassi (1989), muy bien conocida por sus veneradores “sanjuanistas”.
En detrimento de la Iglesia “Sanjuanista”, la Iglésia católica finalmente acabó siendo “petrina”, resultando extraordinariamente jerarquizada basándose en el “Cuarto Evangelio”, por lo cual, al quedar demostrada la tergiversada personalidad de María Magdalena, lo lamentarían los máximos iniciados de la Orden de Sión y la de los caballeros templarios, dado que después fueron partidarios de un “mensaje dinástico” y protectores de la “estirpe davídica”.

Un gran número de dignatarios del Temple procedían de familias herejes del sur de Francia, de forma que en la orden del Temple hubo más cátaros que católicos. Pierre des Vaux-de-Cernay, en su “Historia Albigense”, especifica además que: “Los heréticos decían que santa María Magdalena era la concubina de Jesucristo”, y dicha opinión sobre la Magdalena según sigue diciendo ya justificaba:“…Que esos perros repugnantes sean exterminados en la misma festividad de aquella a quien insultaban”.
En efecto, la primera matanza de la cruzada anticátara tuvo lugar en Béziers (Fr.) el día 22 de julio de 1209. Toda la población indefensa buscó refugio en la iglesia dedicada a Santa María Magdalena, pero fueron asesinados igualmente. Aquel año y el siguiente allí murieron unas 800.000 personas bautizadas, por creer y divulgar, según consta en las actas de la inquisición dominicana, que: “…una ramera (MM) estuvo casada con Jesús”. Lo que se afirma en la frase, debió de ser la única acusación de la Santa Inquisición que no era falsa, porque de los juicios que emiten unos tan crueles vencedores sólo se debe esperar que todo sea tergiversado. LAS VÍRGENES NEGRAS DEL CATOLICISMO

A María Magdalena se la cita 150 veces en los Evangelios, mientras que al apóstol Pedro tan sólo 14. En un evangelio apócrifo que se descubrió en una tumba de Ajmîm, en Panópolis (traducido por M. Bourian), se lee el cómo los obispos de Roma se acomodaron al pagano emperador Constantino (s. IV). El obispo Anasticio de Alejandría, padre de la ortodoxia, reescribió los Cuatro Evangelios y su resultado fue publicado en 1892 con el título: “Memoirs of the French Archeological Mission at Cairo” (vol. IX, Fac.I).
Los Evangelios Sinópticos presentan cuatro versiones diferentes de la Resurrección. Aún así, María Magdalena está presente en todas ellas, y queda claro que Cristo la envió a informar al resto de apóstoles de que ella lo había visto resucitado. En cambio san Pablo, dado que escribió sus “Epístolas” antes de los dichos sinópticos, afirmaba que había sido Pedro quien primero había visto al Resucitado. Incluso en el evangelio atribuido a san Pedro, no se reflejaron sus disputas con María Magdalena, que permanece cual el “Alfa y Omega” de la devoción cristiana. Si Pedro fue el iniciador, la Magdalena estuvo presente en la muerte y en la resurrección de Jesús, pero a pesar de ello fue una figura menguada por la Iglesia católica en todas partes con excepción del Sur de Francia, donde el número de sus lugares de devoción es muy numeroso. Según An Begg, son veneradas allí el 65% de todas las imágenes de vírgenes negras de Europa, pues fue lo que inspiró la fertilidad de la diosa Isis, aquella que en el arte egipcio lleva cuernos en su cabeza y amamantó a su divino hijo Horus sentado en su regazo. Se propagó su culto por evocar, con su oscuro aspecto, el limo del río Nilo. Se consiguió mediante la sociedad “Correa de transmisión de saberes” del Antiguo Egipto, también llamada “Cadena Áurea”.

Por extraño que nos parezca, cuando tratamos el tema de las Vírgenes Negras con cierta ligereza, todas fueron la disfrazada María Magdalena. Fueron su imagen “descafeinada” que simbolizaban, no a la compañera/novia/esposa de Jesús “mujer que lo sabía todo”, sino que, como portadora de una “carga de profundidad”: ¡Conocía el nombre secreto de Dios!, al igual que se decía de las divinidades más ancestrales, Lilit, Isis, etz.. La sabiduría tenía que ser forzosamente representada en color negro, porque vive siempre en el profundo interior del caos de la Creación. Yo aquí no podría llegar tan lejos, y modestamente me limito a escribir sobre la mujer que transmitió el verdadero secreto de Jesús, después llamado Cristo.

MARÍA MAGDALENA DESEMBARCÓ CON OTROS SETENTA Y DOS FIELES
“Santa Marta, anfitriona de Jesús, había nacido de sangre real… de su padre heredó siete castillos entre los cuales Magdalena, Betania…embarcaron junto con Lázaro y su hermana María (entonces encinta) y Máximo, en dirección a Marsella; espués fueron a Aix-en-Provence”.

La “primera familia de cristianismo” vivió en el Sur de Francia, y dicha idea se encajó en las creencias de épocas medievales. En el año 950, Rabanus Maurus, el obispo de Mayence, escribió cómo Martha había convertido a la gente de Tarascon donde ella vivió, hasta que su muerte (supuestamente el año 68), en una casa de rezo donde ahora hay su iglesia. Las excavaciones fueron realizadas en 1187, y fueron encontrados los huesos, presuntos, de santa Marta. También con el tiempo serían encontrados los de María Magdalena. Los del resucitado san Lázaro, en cambio, ya habían sido hallados años antes (1146) y están en la cripta de la catedral de San Victor de Marsella. Allí hay también una imagen de color negro llamada Notre-Dame de la Confession, según la tradición esculpida por el evangelista san Lucas.
Según investigó Cristopher Wikombe “The chapel of the courtesan and Quarrel of the Magdalene” (Art Bulletín, N.Y., 1.7.2002, vol 84 -nº2 -ps.273 a 292) un manuscrito del siglo II, escrito en griego, testimonió la predicación de María Magdalena en Provenza, siendo copiados por Rabano Mauro, obispo de Maguncia y autor de “La vida de María Magdalena”, quien situó su predicación en la ciudad de Marsella (Fr.), exactamente en el Templo de Diana, donde está la actual plaza Lanche.

En resumen; después de la Crucifixión María Magdalena y su hija Sara-Tamar, acompañadas de setenta y dos discípulos, llegaron al sur de Francia donde serían bien acogidos por la población de etnia judía residente desde siglos antes. Cuando el año 44 desembarcaron en la costa francesa llevaba sus tres hijos (dos hijos y una hija). Aquella llegada masiva de fieles a Jesucristo fue recogida en el año 600 en un documento de la Biblioteca de París y divulgado en 1895 por M. Beggh “The cult of the black Virgin” (Ed, Arkana- Londres).

Al respecto del desembarco en la Camargue (Fr.), los caballeros templarios, pudieron haber tenido mucha mejor información que nosotros en la actualidad. Al menos en vida de Arnau de Torroja ellos siempre desearon reivindicar el papel inicial de María Magdalena en la vida de Jesús, conscientes de que el cristianismo primitivo no discriminaba al sexo femenino. Fue a partir de san Agustín (otro “Padre de la Iglésia”, + 430) que erróneamente se la presentó cual una Eva perversa y pecadora. El texto hebreo no utiliza “bethulah” (virgen), sino ”halamah” que significa mujer joven, por lo que la traducción griega en que se basan los cristianos debería decir “neanis” en vez de “partenos”. Luego se aprovechó un versículo del profeta Isaías (7:14) para contrarrestar la mala fama de María Magdalena. Pondré un simil actual: Al traducir del alemán al español la palabra “jungfrau”, su significado es virgen, y a la vez mujer joven.

Los exiliados seguidores de Jesús partieron de tierras de Judea el año 44 acusados de sedición. Creyeron los templarios que los seguidores de Jesús, sadoquitas, sicarios y nazareos fueron sinónimos de zelote. También está documentada la persecución de los descendientes de David por varios emperadores romanos, hasta el punto que cronistas de la talla de Hegesipo y Eusebio supusieron que los Desposyni (“Herederos, o “Pertenecientes, al Señor”) habían sido aniquilados por completo. Según Laurance Garner “La Estirpe del Santo Grial” (2007) los documentos genealógicos del linaje davídico no fueron destruidos por los romanos, siendo pruebas que los “desposyni”, ayudados por el rey Herodes, desde Antioquía se embarcaron y llegaron a la costa de Provenza fundando la Iglesia Nazarena que cuestionaba algunos dogmas católicos, entre los cuales el virginal alumbramiento de María.

En los archivos del Vaticano consta que en el 318 una delegación de descendientes mesiánicos se enfrentó al sumo pontífice Silvestre en el Vaticano. Los herederos de la “Familia Davídica” insistieron en que “el Camino” enseñado por Jesús (cuyo nombre nunca empleaban para bautizar a sus hijos), no podía continuar dirigida por un régimen imperial y despótico. A pesar de los diversos expedientes genealógicos que les fueron presentados, los cardenales católicos declinaron sus argumentos y se acercaron aún más al emperador Constantino.

Según diversas tradiciones entre los desembarcados estaría José de Arimatea portando el Grial y María Magdalena, esposa/hermana/novia de Jesús, ya que sin duda todo rabino debía estar casado. San Pablo escribió:”Uno no puede ser un buen guía si no sabe conducir su propia familia”. Me ocupo más extensamente del tal viaje en mi website Las tres coronas de Arnau de Torroja (Cristo) María Magdalena y los setenta y dos seguidores de Jesús triunfaron entre las comunidades judías del litoral y sus nombres se recuerdan todavía en la toponímica de los pueblos de todo el sur de Francia, debido al gran fervor religioso que despertaron con su predicación del “Camino” (Buena Nueva/Evangelio). Muchos de ellos se unieron en matrimonio a otros judíos residentes en el actual Sur de Francia desde el reinado del franco Pipino “el Breve” y después de su hijo el emperador Carlomagno. Gracias a los judíos, ellos, siendo soberanos ilegítimos, desarrollaré en su momento cómo se las ingeniaron para reinar “por derecho divino”.

A todo lo dicho, apostillaré, como sumerólogo autodidacta, que la tan traida y llevada legitimidad de la línea sanguínea que apoyó la descendencia de Jesucristo, resultan tener implicaciones mucho más remotas y más amplias de lo que les ha sido atribuido. Fijémonos bien en que la palabra hebrea sabbath, sábado (del acadio shabattu, o shapattu), significó originalmente “Festival de la diosa de la Luna, cuando menstrua”. LA INVENCIÓN DE SU TUMBA EN EL SUR DE FRANCIA

Los fieles a Jesús que llegaron a Provenza se beneficiaron de que en Arles existía un ancestral culto a la diosa egipcia Isis, siendo trastocado por la compañera/novia/esposa de Jesús. En el Sur de Francia con el paso de los siglos su veneración aún se magnificó gracias al descubrimiento de su cadáver.

María Magdalena remitió a los meridionales galos a una religión patriarcal ancestral, y además encarnó a la belleza negra del Cantar de los Cantares. Fue cual una sagrada sacerdotisa que -como emulando a Isis- se consideró al mismo tiempo hermana y esposa de la divinidad principal. Los cronistas medievales recogieron esta tradición, ya que según Eusebio en su “Historia Eclesiástica” (III-XII): “Los discípulos de Jesús fueron perseguidos en toda Palestina tras la Crucifixión, siendo cuando María Magdalena y otros fieles llegaron clandestinamente a la Galia donde se refugiaron, siendo luego muy influyentes entre las comunidades judías que ya existían en el Sur de Francia”. En el año 42, siendo Domiciano emperador de Roma, también mandó perseguirlos. Incluso los judíos hispanos ya constan documentados en el siglo II.

En 1279 los huesos de Maria Magdalena fueron encontrados cerca de la localidad llamada hoy Saint-Maximim-la-Sainte-Baume. El milagroso hallazgo lo apoyaba el sueño (9 -12-1279) del rey Carlos II, futuro rey de Sicilia, conde de Provenza y sobrino del san Luís rey de Francia. Había soñado con una tumba que contenía huesos al pie del oratorio del sepulcro de san Maximino, la cual luego alcanzó el mérito de ser la “Tercera tumba del cristianismo” debido a la presencia del cráneo de Maria Magdalena justo donde Carlos de Anjou había ordenado excavar al pie de un gran peñasco. Se encontró un brazo y la calavera de María Magdalena, allí donde se suponían custodiadas sus reliquias por los monjes casianos desde el siglo V.

Al investigar las posibilidades de su sueño, se encontró un documento del año 710, que decía: “Aquí reposa el cuerpo de Maria Magdalena”. Aunque el tal documento no se conservó, un año más después del hallazgo el rey lo reconoció oficialmente. En 1300, la catedral de Saint Maximín se convirtió en una peregrinación para todos los herejes cátaros, convencidos de que Maria Magdalena había estado casada con el Jesucristo!. El muy regio promotor de su veneración consiguió que los avalara el Sumo Pontífice, haciendo trasladarlos a la zona donde él tenía la máxima influencia, construyendo expresamente una capilla para venerarlos en 1295. Su descendiente el muy prestigioso rey René, continuó con la dicha promoción, siendo muy efectiva porque Rene de Anjou no sólo fue un gran sabio, muy erudito, sino también Gran Maestre de la Orden de Sión, aunque entonces ya había degenerado en el priorato Prieuré Notre-Dame-de-Sion por falta de miembros.

Durante siglos la cueva del macizo rocoso cerca de la localidad llamada hoy Saint Maximin-La-Sainte-Baume fue meta de peregrinaje para quienes querían ver allí dónde Maria Magdalena supuestamente pasó los últimos años de su vida. La llaman aún el “Antro llorón”. Se abre en la dura roca vertical y muy lisa de una mole montañosa. Es una zona boscosa de Provenza que en el siglo XVII fue jalonada con altares para celebrar “Vía Crucis” al aire libre. La enorme cavidad que es llamada La Sainte Baume, cerca de la localidad de Saint Maximin, cobró tanta importancia que se construyó un gran monasterio en su interior, y la excusa fue que allí había vivido como penitente María Magdalena.

Impresiona mucho contemplar, a media altura de una peña vertical de cientos de metros, un antro tan enorme donde, hasta fundarse el monasterio en su interior, para llegar hasta allí no existía acceso alguno. Los monjes desde el siglo V eventualmente facilitaban el acceso a la dicha cueva, porque en el punto álgido de fervorosidad por la Santa pelirroja, incluso los reyes fueron allí en peregrinaje. Accedían hasta la cueva a caballo, mediante un artilugio que utilizaba poleas para elevarlos.
Fue en el Renacimiento cuando los expedientes de la asociación Prieuré Notre-Dame-de-Sion siguieron la iniciativa de René de Anjou, rey de Nápoles, siendo continuado en su afán por otros devotos de los círculos artísticos oficiales, como los del arte de Giotto di Bondone, de Leonardo da Vinci, de Van Eyck, etc.. Discretamente resurgieron muchos defensores de la herencia de María Magdalena. El rey Renato de Anjou (+1480) que a propuesta de la Generalitat, también fue rey de Cataluña entre los años 1466 y 1472, además de su orientación Rosa-Cruz (AA, como Leonardo da Vinci y Notradamus) perteneció a la Orden del Temple, siendo por su iniciativa que trasladaron los restos de la Magdalena desde Vézelay a su zona de influencia en la Provenza con objeto de reunirlos con los otros encontrados.

Gozoso por ser custodio de tan famosas reliquias, el rey René d’Anjou entonces promocionó temas teatrales sobre la idílica región griega llamada Arcadia, acentuando la importancia del curso subterráneo del río mítico río Alfeo, porque aludía de maravilla su conocimiento “subterráneo” acerca de la familia de Jesús. Unos conocimientos que seguían ocultos para el Papa y los grandes cardenales.

Desde entonces a María Magdalena en Provenza se la recordó como “Señora de las Aguas”,debido a que pudo superar con éxito una tan larga travesía marítima; lo cual me recuerda a la Virgen del Carmen, una de tantas advocaciones de la Virgen María. En el catolicismo a María Magdalena se la venera el dia 22 de julio, pero en cambio en Marsella lo hacen cada día 2 de febrero (la Candelaria) en la antigua iglesia fortificada de San Victor. El fuerte rastro de cristianismo antiguo allí aún perdura, y en Saintes Maries-de-la-Mer (Camarga- Fr.), donde se cree que desembarcaron, los gitanos se concentran anualmente cada 25 de mayo para venerar a su patrona santa Sara, a la que representan mediante una imagen de tez negra cubierta con numerosos vestidos superpuestos. Por cierto; los templarios se sabe que en sus ritos pronunciaban la palabra Selah, corrupción de Shiloh, que es un lugar sagrado cerca de Jerusalén, cuyo nombre aparece en el Antiguo Testamento como sinónimo de Mesías, con la paradoja que era del género femenino para los judíos, debiendo referirse a María Magdalena porque tuvo la piel oscura como toda la familia de los Asmoneos.

Se explica en la Camarga francesa que santa Sara fue una sirviente de las “Tres Marías” (Según el “Evangelio de Felipe”, 59, 6-11, éstas fueron: Madre, hermana y compañera de Jesús). Muchos ignoran que Sara no era un nombre hebreo, sino un título israelí que significó princesa. Lo que cuenta la tradición es que Sara-Tamar, era hermana del niño que llevaba en brazos cuando desembarcó, y al cabo de los años fue además madre de otros hijos. Después probablemente éstos se emparentaron con los reyes merovíngios, de largas cabelleras. Sin admitir tal vinculación familiar, no se explica el motivo por el cual dichos monarcas creyeron haber sido elegidos por voluntad divina. Tan sólo se puede justificar dicha pretensión si se sabían descendientes de santa Sara-Tamar, la presunta hija de Jesucristo y María Magdalena.

LAS VARIAS TUMBAS DE MARÍA MAGDALENA Y DE JESÚS
En 1974 la datación por Carbono-14 demostró que el cráneo actualmente en exhibido para su veneración en la cripta de la catedral de Saint-Maximin-le-Sainte-Baume, es el de una mujer que habría muerto en el siglo I, con una edad aproximada entre los 55 y 60 años. Son pruebas científicas que avalan la llegada a la costa del Mediterráneo occidental de Maria Magdalena.
La tradición ortodoxa informa de que la “Pecadora arrepentida” murió el año 63, siendo enterrada en Éfeso, y que el papa León VI hizo llevar sus reliquias a Constantinopla junto a los restos de su hermano Lázaro, siendo allí donde sus fieles peregrinos iban hasta el siglo XII. No obstante voy a ofrecer la opinión que al respecto tuvo Arnau de Torroja, pues él creyó que María Magdalena estaba enterrada en la abadía borgoñesa de Vézelay (Yonne-Fr.), expresamente construida en 1037 para venerar sus restos desde el año 771, siendo allí a donde se dirigian los peregrinos en el siglo XII, cuando se lo planteaban como una incipiente idea de “hacer turismo”.

Vézelay era el lugar donde san Bernardo (perfeccionador de los estatutos del Temple), predicó la Segunda Cruzada a Tierra Santa ante la basílica de María Magdalena, y entre ellos estuvieron sus herederos espiritualistas, que eran los templarios, para jurar públicamente “obediencia al castillo de Maria y Marta en Betania” (Begg “The Black Virgin”). No era para menos, pues se lee en “Patrología Latina” de P. Minge (Ed. París 1854, vol. 183, col. 1050-5) que san Bernardo en su sermón número 22 se refirió a María Magdalena como la “Novia de Cristo”, basándose en lo que consta en los Cuatro Evangelios. De hecho, ante cien mil fieles reunidos, conmocionaría mucho escuchar un semejante secreto a voces, y puede explicar el hecho insólito de que la loada Nuestra Señora de los templarios (la cual disimulaban apostillando “Santa Madre de Dios”, tuviese inmediatamente en construcción ocho iglesias en el Norte de Francia. Fueron todas planificadas copiando la disposición de las estrellas de la constelación Virgo, como si la devoción esquematizada por María Magdalena fuese una imagen especular del cielo estrellado reflejado en la misma zona de Troyes, allí donde había tenido lugar la fundación de la Orden del Temple por Hugo de Payns. Lo corrobora el hecho de que fueron encastadas líneas metálicas entre las losas del suelo de iglesias góticas, confirmando con ello la importancia de su alineación astrológico-astronómico (entonces era lo mismo). Sucedió que habiéndose enseñado secretamente tan sólo en Chartres, y exclusivamente entre los círculos cerrados de albañiles (maçons en francés), las lineas metálicas fueron unos símbolos que escaparon a su destrucción por no parecerles “peligrosos” a los crueles investigadores de la Inquisición.
Por haber fallecido antes, Arnau de Torroja no supo que en en el siglo XIII se descubrieron otros restos de María Magdalena en la catedral de Saintes-Maries-de-le-Mer (en la costa de la Camarga- Provenza-Fr), los cuales oficialmente se consideraron auténticos. En la dicha iglesia las reliquias de María Magdalena estaban en un sarcófago cuya bella piedra procede de una determinada cantera de Turquía. Tanto esfuerzo para transportarla cuando no se disponían de medios técnicos ni de carreteras, apoya la idea de que en la Edad Media dicha santa movió mayor devoción de lo que se ha creido. Actualmente su supuesta calavera se venera en la cripta de la iglesia de Saint-Maximin-le-Sainte-Baume sobre una mesa de altar, muy bien protegido con una fuerte reja. Curioseando por allí en mi juventud, cuando por otro motivo recorría aquel sector del litoral francés investigando lo expuesto en mi obra inédita “ANAVANA, tesoro de tesoros”, de pronto, sin buscarlo, y sin conciencia para poder apreciarlo, me sorprendió ver un calavera enfundada en un brillante casco metálico. Entreveo finalmente que bien podría suceder que ambos misterios tuviesen relación.

La cripta de la catedral de Saint-Maximin-le-Sainte-Baume es un tétrico lugar de veneración, pero muy frecuentado por los viñadores de la zona, quienes simbolizan siempre igual a la compañera/novia/esposa de Jesús escribiendo dos letras eme mayúsculas (M M), incluso en las jarras de vino que comercializan. Se trata del ancestral símbolo astrológico de la constelación Virgo, la cual presenta un similar trazo en el cielo nocturno. Se aplicó a María Magdalena cuando la entendieron como el Principio Femenino del cosmos actuando con toda su pureza en la Tierra. Con las edades del hombre fue un símbolo de interiorización, al cual se debe entrar en un remolino energético que se polariza en los templos cuando las personas que traspasan sus entradas quieren ser íntegras.

Aunque los templarios no gustaron de referirse a Jesucristo crucificado, en cambió entre sus creencias más íntimas estuvo la santidad de María Magdalena. En la cripta de la catedral de Chartres (Fr.) se entronizaron un par de imágenes suyas, mientras que en aquel templo antaño incluso faltaba una imagen del Crucificado. En la basílica de Vézelay (Fr.) también se venera María Magdalena en una cripta. Allí su decoración consiste en Flores de Lys y también la Cruz Ansada egipcia. La escritora Margaret Starbird, en su obra “María Magdalena y el Santo Grial”, hizo conectar con ella a los reyes merovingios, porque la palabras mer y vin significarían “vino de María”, o “vino de la Madre”, ocultando así el humano continente portador de la Sangre de Cristo. En cuanto a Jesús, fue un privilegiado descendiente de la Casa de David, y por tal motivo se evitó lapidarle en el mismo instante en que se presentó como “Rey de Reyes” de los judíos. Cuando Arnau de Torroja residió en Jerusalén prácticamente se acababa de reconstruir la basílica del Santo Sepulcro, consagrada en 1149, la cual había sido edificada en el siglo IV sobre el monte Gólgota, tradicional Calvario.

Casi al acabar el siglo XX se averiguó que los restos de Jesús (escrito Yeshua) pudieron haber sido trasladados al sepulcro familiar (en uso entre el 30 a.C. al 70 d.C.) descubierto en Talpiot, en la periferia de Jerusalén. Debido a ello se trastocan muchas ideas y dogmas, empezando porque el ADN de los restos de María Magdalena, allí también enterrada, es diferente del resto de la familia corroborando que debió de tratarse de su esposa.

Los templarios no conocieron Talpiot, pues en tal caso aún hoy habría encima un templo magnífico, pero sí conocieron que el nombre de Mariamne, tal como allí consta escrito, era el María Magdalena en griego, porque Mariamne es como se la cita en el Evangelio de Felipe, el apóstol que predicó entre judíos de habla griega. En Talpiot también fue enterrado Yosa, muerto de niño, que sería un hermano de Jesús, de los cuatro que tuvo según Marcos que dio sus nombres. El descubrimiento de dicho osario en 1980 al este de Jerusalén, dejó en entredicho el dogma católico de la Virginidad de María, y también el de las tradiciones que hacen viajar a María Magdalena hasta el Sur de Francia. Si se confirmase ser la familia de Jesús de Nazaret, cabría pensar que tal vez sólo llegasen a Europa sus descendientes, varones y hembras, avalándolos una gran reputación de santidad. Si cobran vigor diversas hipótesis en nuestros dias, es gracias al libro de D. Brawn “El código DaVinci”; pero antes la habían apuntado otros, como Nikos Kazantzakis (1950), e incluso había sido llevada al cine (“La última tentación de Cristo”). Dan risa los anacronismos, los planteamientos feministas inexistentes en otros siglos, pero son ingredientes para desatar una respuesta automática en los lectores, proporcionando millonarios beneficios.
MEROVINGIOS: HEREDEROS DE LA DINASTÍA DAVÍDICA
A pesar de que popularmente se creyó que la dinastía davídica habría llegado al Europa a través de los sicambros merovingios, la idea se debió a los escitas que llegaron a las Islas Británicas formando parte de la caballería del ejército de la Roma imperial. Posteriormente permanecieron allí formando clanes tribales conservando sus creencias ancestrales. Fue por su mediación que en el Continente se divulgó el simbolismo de la Sangre Real, originaria de los antiguos egipcios veneradores de dragones y serpientes, pues representaban el poder de la familiadel faraón. Los esenios de Palestina también es obvio que tomaron prestada dicha simbología, incluyéndola en su principal icono, el cual los presentó como expertos curanderos. En el catolicismo dichos animales fueron la representación de “el Mal”, porque se asociaba con la pagana “Diosa-Madre-Tierra”.

Los merovingios eran reyes desde su nacimiento, y todos ellos gozaron de una fama de místicos y medio sacerdotes a pesar de ser polígamos y buenos militares. No se les tuvo en cuenta que eran muy crueles, pues era lo propio de su época. Se creía que tenían poderes fabulosos relacionados con el mar, lo que recuerda la fuga de los setenta y dos seguidores de Jesús del otro extremo del mar Mediterráneo. En efecto, los reyes merovingios (apodados Ursus) se consideraron descendientes de Jesucristo, y la explicación muy probablemente deba buscarse en el matrimonio que santa Sara contrajo con algún miembro de la dinastía de los salios galos, siendo de su descendencia que surgieron los primeros reyes merovingios que antes habían sido adoradores de la diosa Diana. Se trata de los reyes de Francia desde principios de siglo V hasta la segunda mitad del siglo VII. Unos tiempos cuando se usó el papiro, introducido en España por los musulmanes, si bien, debido a su fragilidad y por la barbarie de los tiempos, se perdieron los documentos, incluidos los oficiales. Paradójicamente, se conservó para la posteridad el famoso Jarrón de Soissons (Fr.), el cual contenía muestras de la sangre de los treinta y nueve primeros reyes merovingios francos.
En el siglo V los salios de la Galia creían que su rey Meroveo había sido fecundado por dos padres. El humano se llamaba Colidón, un rey de los salios, y el otro que era muy melenudo, tenía naturaleza divina y habría llegado por mar, motivo por el cual incluso el propio Meroveo se creyó realmente tener poderes milagrosos que fueron heredándolos sus descendientes. Él y sus hijos empezaron luchando contra los romanos pero pronto fueron sus aliados para oponerse a los Hunos de Átila. Después, bajo el rey Kilderico serían aliados de Roma para luchar contra los visigodos del sur de las Galias. Kilderico, en 486 cuando tenía 20 años, por ser muy mujeriego, tuvo serios conflictos y debió exiliarse ocho años en Alemania, de donde regresó para ser de nuevo rey de los francos y logró la independencia de Roma. Su frontera la delimitó el río Rhin.

Hacia el año 500 d.c., con el bautismo y conversión del rey Clodoveo (Clovís I), la Iglesia Romana se instauró como suprema autoridad espiritual de Occidente. Se podría decir que fue un pacto entre Roma y los merovingios, originando una alianza que debería engendrar un nuevo Sacro Imperio Romano. Pero la lealtad de los francos a al Sumo pontífice no era muy intensa, ya que los merovingios seguían manteniendo simpatías por la religión arriana que practicaban desde antes de su conversión al cristianismo.
La expansión hacia el sur de Francia del rey Clodoveo, se la brindaron los visigodos de Alarico II al proponerle una alianza, pero duró poco porque el 506 Clodoveó mató personalmente al rey aliado. Después él fue considerado como un cónsul romano que ejercía su poder con las intrigas propias de su tiempo. A Clodoveo se debió la unidad de los pueblos galos y el asentar su capital en París el mismo año que puso su frontera en los montes Pirineos (508). Murió en 511, a la edad de 45 años, dejando el reino dividido entre cuatro hijos que, entre fratricidios y conspiraciones, alimentaron el caos bélico en todos sus estados. A su favor tuvieron la leyenda del desembarco de los seguidores de Cristo, en Saintes Maries-de-la-Mer (hasta el año 542, la aldea era conocida como Saintes-Maries-de-la-Barca en la Camarga francesa). Sara-Tamar se casaría con un miembro de la dinastía de los salios galos, y años después nacerían de ellos los fundadores de la dinastía merovingia. Sólo algunos privilegiados debieron de conocer entonces que por las venas de sus soberanos corría la sangre de Jesús de Nazaret.

El linaje de Clodoveo tuvo ascendencia judía, y sus allegados durante siglos conspiraron a fin de regenerar la sociedad mediante la altruista misión de gobernarlos un rey (Rex-Deus) que fuese legítimo descendiente del rey David. Lo dicho aún fue más evidente después de la Primera Cruzada, no sólo en el Languedoc y Francia, sino en los Países Bajos, e incluso en Escocia. Se pretendió restaurar un “Rex Deus” para ejercer el gobierno del mundo; y dicha línea de sangre “sagrada” fue defendida por la Orden de Sión desde antes de crear la orden monástico-militar del Temple. Ésta, durante sus dos siglos de existencia, por paradojas de la vida -y sobre todo por perderse el espíritu que Arnau de Torroja fue el último en defender-, degeneró y, sin saberlo los templarios sentaron las bases para la gestación del galopante capitalismo, el cual sistema, siendo el mejor de los conocidos, para subsistir desvergonzadamente necesita irse hinchando económicamente como un globo.

Los reyes merovíngios tuvieron un secreto muy bien guardado, que lo creyeron originario del rey Salomón: Todos los reyes llevaban en su cuerpo una cruz roja, señal natural de nacimiento, como era bien sabido del rey merovingio Clodoveo, lo cual por cierto se relacionó con la cruz distintiva en el hábito de los templarios. El animal totémico de los reyes merovingios fue la abeja, al igual que entre cretenses y egipcios, dada su organizada sociedad matriarcal. En la tumba de Childerico, padre de Clodoveo, se encontraron trescientas diminutas abejas de oro, las cuales llegaron a decorar la capa del emperador Napoleón al ser coronado.
En cuanto a su símbolo heráldico la Flor de Lys, la creyeron inventada por el rey Salomón, pero (pero ya estaba ya en el arte egipcio). Tanto Clodoveo como su nieto el rey Meroveo adoptaron la Flor de Lis como emblema real, posiblemente por mostrar gráficamente el rito de la circuncisión (preceptivo del pueblo hebreo). Así pues, el símbolo de los reyes borbones parece haber sido inventado en Israel. Ni que decir tiene que la Flor de Lys para los católicos simboliza la Trinidad Divina, y por ello pasó a la realeza. Es el mismo dibujo que también sirvió de inspiración al raro diseño de la llamada “pata de oca” de los templarios.

PERSECUCIÓN DE LOS HEREDEROS “DESPOSYNI”
Los sicambros cuando estuvieron gobernados por su famosa reina Viviana de Arqs, fueron llamados “desposyni” por los habitantes de la actual Borgoña, siendo antepasados de los merovingios cuyos reyes llevaban muy largas cabelleras y nunca fueron antisemitas. Al reino de Arqs pertenecían los condes de Toulouse y Narbona del Languedoc, por cuyos matrimonios se habían expandido por la región llamada Aquitania. Después de ganar a los “alamanos”, los desposyni fueron convertidos al cristianismo de los arrianos cuando lo hizo primero su rey Clodoveo. Hasta entonces a un líder visigodo no era posible reconocerlo de estirpe real porque la Iglesia limitaba el título a los cristianos bautizados, promoviendo un fuerte fanatismo religioso y muy racista. Su excusa sólo podía ser que aquellos reyes, tan sensibles a sus antepasados míticos, tenían la osadía de anexionarse reinos vecinos invocando derechos de sangre…divina.

La Iglesia católica desarrolló la mayor energía política, y eclipsó a herederos de Jesús y de Maria Magdalena, que eran los “desposyni”, palabra griega que significa que fueron familiares del Maestro. La mayor prueba de dicho esfuerzo institucional fue la falsificación llamada Donación de Constantino. Se trata del documento básico utilizado por el Sumo pontífice para dominar el conjunto de monarcas de la cristiandad. En Inglaterra designaron al arzobispo de Canterbury para coronar a sus reyes, y sólo Escocia resistiría aquella imposición del papal, por lo cual sus monarcas sufrieron la excomunión.

Las disposiciones basadas en La Donación de Constantino se aplicaron en todo el orbe católico inmediatamente, y todas las monarquías obedecerían a un dispositivo por el cual la Iglesia católica desarrolló la mayor energía política. El poder espiritual, que antes se había movido en un segundo plano, cobró importancia al punto de que el papa coronaba con sus manos a los grandes soberanos. Pero los templarios conocían su falsedad del documento atribuido a Constantino, por haberlo ya declarado fraudulento el emperador Otón III de Sajonia el año 1001, quien acabó por considerarla una papal “broma” del siglo VIII.
En aquellos tiempos los pontifices romanos no eran ejemplares en absoluto, al menos a partir del llamado Sergio III, que vivió antes del cambio al segundo milenio. De tales barbaridades a la Iglesia nunca le interesó que se divulguasen; y mucho menos que los mandeístas tenían a Juan por el Mesías esperado y no a su primo Jesús. En 1958, el profesor Norton Smith, de la Universidad de Columbia, bien relacionado con el monasterio de Jerusalén, descubrió un fragmento inédito de la carta del Evangelio de Marcos que no había sido perdido, sino tan sólo suprimido. Por expreso deseo del obispo Clemente de Alejandría, se ocultó dicho fragmento inédito a la mayoría de los sacerdotes. Reconociendo que existía el evangelio auténtico, mandó a Teodoro que lo negase con el siguiente argumento: “Ni eso, ni todos las cosas verdaderas deben ser dichas a todos los hombres” (N. Smith, Gospel Secret, p. 14 los 16). LOS MEROVINGIOS Y LOS JUDIOS DE SEPTIMANIA
En el libro “El Enigma Sagrado” la implicación de la tribu de Benjamín se considera el origen de la línea de sangre de David que enlazó con los reyes merovingios. Al principio, el enlace entre representantes dinásticos de las tribus de Judá (la de Jesús) y de Benjamín (la de María Magdalena), parece obvio que debió de mantenerse en secreto. La línea de sangre del rey David debió de ser conocido tan sólo por los familiares más íntimos para no alertar a los judíos fundamentalistas, y para la propia seguridad de los desposados y su progenie cuando naciesen. Sus seguidores fueron el primer grupo religioso católico en independizarse de la Iglesia episcopal, y en su monasterio, fundado por san Casiano, predicaron evitar a los obispos.

El rey Clodoveo visitó la tumba de Maria Magdalena con su esposa Clotilde en el 480, y aquella piadosa iniciativa, en opinión de los cardenales del Vaticano, pesaba en su contra. Hacerlo bautizar fue una maniobra que el sumo pontífice confió a san Rémi, confesor de Clotilde, su esposa cristiana, de modo que ella influyó para convertirlo al cristianismo y hacerse agradable al Vaticano. Clodoveo gustaba de relacionarse con el obispo de Reims y también con santa Genoveva. Después de su matrimonio con santa Clotilde, en Ferrieres, san Rémi empezó a mirar al rey cual un nuevo Samuel. Una estirpe real destinada a personificar los derechos temporales de Jesucristo en el mundo.

San Rémi, en la Nochebuena 496, en Reims, bautizó al rey, así como a unos tres mil de francos, y le confirió la investidura divina, consagrando con ello el matrimonio indisoluble con la estirpe de Clodoveo. Después de su bautismo, éste quiso desposeer a los herejes de las provincias más bonitas de las Galias. Los combatió y, en menos de siete años, sus victorias -de Dijon sobre Gondebaud (500), y la de Vouillé, sobre Alarico (507)- acabaron con los herejes galos y obtuvieron para Francia fronteras naturales: El océano Atlántico, canal de la Mancha, el Rin, los Alpes, el mar Mediterráneo y los Pirineo. De las victorias y alianza de Clodoveo se benefició a la Iglesia, porque el “Nuevo Constantino” acabó en menos de siete años con los herejes del país galo, principalmente arrianos. Gracias a la conversión de Clodoveo y sus vasallos ya era posible entrever la misión divina de su país. El rey había fundado la “Casa de Francia”.
Clodoveo, durante 50 años (511 a 561), reunificó el reino merovingio. Hizo matar al hermano de Radegonde y participó en el asesinato de sus sobrinitos Teobaldo y Gontier, a fin de asegurar su herencia de Orleans. Recuerdo estos hechos, porque en la abadía románica de San Radegonde de Poitiers, se conserva el pupitre de la reina, decorado con el Agnus Dei (Cristo) rodeado de los símbolos de los cuatro evangelistas. Es el que se incluyó en la decoración del frontispicio del monasterio ampurdanés de Sant Pere de Roda (Costa Brava), cuya ara portátil aún sigo investigando.

Últimamente nuevos hallazgos del inglés Hammott parece que confirmarán el interés de los templarios por la zona Rennés-le-Château. Mientras él buscaba en la zona cercana a Rennés-le-Château encontró unas páginas que pueden ser del “Evangelio de María Magdalena”. El rey Dagoberto tendría que ver con ello, puesto que se consideró descendiente directo de Jesús y María Magdalena, creyéndose superior a los demás reyes del mundo; lo cual recordaré que al Vaticano le pareció muy mal.

Obviamente la Iglesia petrina no lo podía consentir que se diese crédito a las fantásticas ascendencias de los reyes merovingios, y el momento álgido de la ruptura fue el asesinato del rey sicambro Dagoberto II y de casi toda su familia, dado que su hijo Sisgiberto IV (también llamado Sigibert) fue puesto a salvo en la primitiva capital del reino visigodo en el Sur de Francia. Cuando Sisgiberto se casó con Giselle, condesa de Razes (Redae), se unieron los linajes godos con los descendientes del rey David. Contra lo que escribieron los católicos posteriormente, Sisgiberto logró escapar de la matanza de toda su familia, viviendo refugiado en Rennés-le-Château, siendo por dicha ascendencia genealógica que los duques de la Lorena se pudieron considerar descendientes del rey David por dos vías: Una la del rey sicambro Sisgiberto IV, y otra la del “desposyni” rey Meroveo (448-457).

El linaje merovingio tuvo mucho cuidado de perpetuarse en la más estricta clandestinidad. Después todos los reyes de Francia se pueden presentar como descendientes del usurpador Pepino el Breve, coronado el año 754 por el pontífice Esteban, que dejó escrito que excomulgaría a quien eligiese algún otro rey que no fuese de entre sus descendientes (Cláusula “De Unctione Pappini” en “Monumenta…”). EL SANTO GRIAL Y SU DISPERSION

El Santo Grial, que en el siglo XII era llamado “Lapsit exillis” y tenía origen celestial, para la Orden de Sión debió significar el continente de la Sangre de Cristo, pero no fue un recipiente simbólico, sino su descendencia: Herederos que llevarían su sangre. Tal fue el gran secreto de los caballeros del Temple, de los cátaros y también del posteriormente venido a menos Priorato de Sión. Los conocimientos de aquellos sabios es obvio que no fueron los mismos que pueda tener un exegeta actual, con su gran ventaja de siglos;…pero actualmente éstos no disponen de información “de primera mano”.

María Magdalena fue asociada al culto de la Diosa-Madre, presentada ya en el siglo XIII, incluyendo un cáliz en un medallón tallado en madera, el cual sigue decorando la sacristía de la iglesia de Santa María Magdalena de Waldburg (Austria). Otras veces se la simboliza mediante una piedra esférica (“Obosom”), porque se regeneraban los cultos paganos utilizando sus piedras a modo de altar. Cuando las piedras eran grandes menhires, entonces se puso una cruz en su punta por ser tradicional que, con la frotación de sus partes, las hembras montadas en ellos se quedaban preñadas.

María Magdalena tuvo éxito en la literatura durante el paso del Primero al Segundo Milenio, y sigue triunfando especialmente por las rarezas detectadas en el lienzo de Leonardo da Vinci “La Última Cena” en una iglesia de Milán donde la enamorada compañera/novia/esposa de Jesús sustituye a la figura de san Juan Evangelista. En la catedral de Burgos un lienzo muestra a la Magdalena penitente muy sugerente, pues sólo está cubierta con una densa y larga cabellera (al modo como luego lucieron los reyes merovingios). En dicho cuadro la cabecita de un niño asoma mientras le está sorbiendo del pezón, y de ahí salieron nuevas pruebas de la maternidad de la vilipendiada María Magdalena. En cambio, otro cuadro que hace décadas me sorprendió mucho sigue expuesto dentro de la Mezquita de Córdoba (ángulo SE.), precisamente por la desinformación acerca de María Magdalena. Me refiero al gran lienzo de 1672 colgado en el muro detrás del altar, presidiendo la Capilla del Sagrario, en el cual se presenta (sin eufemismos: a La Magdalena), pasando por ser san Juan, con un aspecto mucho más afeminado que el del célebre cuadro La Santa Cena de Leonardo da Vinci. Curiosamente lo pintó el fundador de la Academia de San Lucas, de Roma, posteriormente presidida por el genial pintor Nicolás Poussin; un pintor enigmático, y más por estar vinculado al enigma de Rennés-le-Château.
A Jesús y María Magdalena se ha supuesto que tuvieron dos hijos, según dedujeron hace ya veinte años los investigadores Barbara Thiering de la “Comisión de Estudios sobre Divinidades” de la universidad de Sydney. L. Garner su libro “El legado de María Magdalena” expuso que en septiembre del año 33 nació Tamar “Sarah” (princesa), y el año 37 nació Jesús (Joshua, que en hebreo significa: Dios es la salvación). En su opinión aún habría engendrado un tercer hijo en diciembre del año 44, siendo después cuando María Magdalena se enclaustró seis años en un convento. Según la leyenda, José de Arimatea vivió en el Languedoc francés dedicado al cuidado del Santo Grial, ayudado por su cuñado Brons. En el libro “La herencia del Grial” (Ed. Grijalbo 1999) se pretende hacer llegar a José de Arimatea, junto con un hijo varón homónimo, hasta Gran Bretaña. Incluso en la iglesia de Derevaig en Escocia se pintó a santa María Magdalena en estado de gravidez, mientras tiene cogido de la mano a su hijo Joshua. Según otras leyendas, José de Arimatea llegó a Glastombury, donde fundó la primera iglesia-abadía. En mi website: Arnau de Torroja, “Segunda Parte” (del cual este escrito es un anexo) amplio esta noticia, ciertamente inesperada.

Es decir, el término “Santo Grial” fue entendido en dos diferentes sentidos. Uno remite a la Santa Sangre que fue una metáfora para ocultar a la descendencia física de Jesús, la cual supuestamente se trasladó a las Galias. La otra sería el Cáliz de la Última Cena, que popularmente fue la visión física más difundida del Santo Grial, siendo por su éxito la que finalmente fue adoptada por la Iglesia celebrando la santa misa con un contenedor idóneo de la Sangre de Jesucristo crucificado. Pero está bien documentado gráficamente que durante los doce primeros siglos el cristianismo se ignoró el Santo Grial y la descendencia de Jesús y María Magdalena, ante todo porque habría significado la muerte del que osase exponerlo. Hasta el siglo XIV cuando el clérigo Roberto de Borón cristianizó el cáliz contenedor de la sangre de Jesucristo, en su romance “Historia del Santo Grial y Merlín”, el sagrado contenedor nunca antes se había asociado con Jesús, ni con José de Arimatea, quien supuestamente lo habría llevado personalmete a las Islas Británicas. El Santo Grial, al cual dediqué mi libro autoeditado “Montserrat, ganga del Grial” (1993), se presentó cual una joya, o una reliquia, capaz de guiar la evolución espiritual del heroe empeñado en buscarlo, y en el transcurso de dicha empresa evolucionaba hacia su propia iluminación sin saberlo.

Como la Iglesia en el clímax de su poder terrenal fue incapaz de acallar aquella línea de pensamiento que ofrecía un nuevo intermediario para relacionarse con Dios, además de Jesucristo, resulta que el Grial sería el tema de mayor éxito de la literatura medieval. La Iglesia omitió recordar la tradición del Santo Grial, considerando que las letras de los romances que lo citaban tenían raíces heréticas. La solución consistió en incorporar una copa a las celebraciones litúrgicas, suponiéndolo el cáliz de la Última Cena. Fue el símbolo de aquella lucha -que aún subsiste- entre los fieles a san Pedro y los de María Magdalena; o en otras palabras, entre los herederos de la sangre y los herederos de la fe.

Debo suponer que Arnau de Torroja supo de lo acontecido en realidad mejor que los exegetas de hoy, dado que, por ejemplo, la Orden del Temple no se consagró a Jesucristo sino, exactamente a María Magdalena, resultando que como institución armada fue realmente única y peculiar en la historia del Cristianismo. En 1989 el pontífice Juan Pablo II llamó a la Magdalena “Apóstol de los apóstoles”, confirmando lo dicho por su antecesor en 1969. Tal declaración, obvia para los bien informados, es clave para conseguir que el gnosticismo -del que María Magdalena fue la iniciada perfecta- se pueda adaptar a los dogmas católicos, palabra ésta que significa universal. Recordaré que A.D. Nock, entre otros estudiosos, describió el gnosticismo como la “helenización del cristianismo”.

A pesar de la insistencia de Jesús en que no se debía dividir, desunir, etc., la Iglesia católica-romana (pues también son católicas: la luterana, la anglicana, la calvinista, etc., etc.) ha perseverado en discriminar a las mujeres de las jerarquías eclesiásticas, pero los hallazgos arqueológicos cada vez harán más evidente que pudo haber existido un linaje davídico que logró sobrevivir. Insisto en que su salvaguarda pudo haber tenido que ver con los documentos encontrados en Rennés-le-Château por el párroco Francois Berénguer Saunière. Sobre el dicho enigma ya escribí una novela en mis inicios, el descifrado de cuyas pistas sinteticé en una website del año 2008.

La tradición esotérica asoció la diosa ancestral dadora de vida con el Santo Grial, y ello llevó a identificar ambos como sinónimos de Myriam de Magdala. Los sabios de la Orden del Temple, igual que sus fundadores, creyeron que la estirpe del rey David tenía continuidad en los hijos de Jesús y María Magdalena, imponiéndose la misión universal de proteger a quien fuese digno “Rey del Mundo” que querían ver bajo una sola religión y un sólo caudillo (Rex-Deus, o Rex-Mundi). Por ello María Magdalena fue elevada de categoría, llamándola los templarios Nuestra Señora. Su siguiente empeño sería depositar en buenas manos el poder temporal de este mundo, y nada mejor que buscar al mejor soberano entre la nobleza europea, siendo los Plantagenet y la Casa de Anjou buenos candidatos. Claro está que cuando mandó en la orden bicéfala el catalán Arnau de Torroja, él prefirió pensar en Alfonso II conde de la Casa de Barcelona, y rey de la corona catalano-aragonesa, de la cual confederación su hermano, Guillem de Torroja, habría sido forjador y regente durante la minoría de edad del niño-rey.

LA PERSPICACIA DE LOS TEMPLARIOS Y CÁTAROS
Sin duda que Arnau de Torroja, desde antes de ser Gran Maestre provincial de los templarios, habría superado la fe simplona que hacía de Jesús el Rey de la Creación, acompañado de su madre y sus discípulos. El nombre mismo de Magdalena, sin creer que fuese la pecadora arrepentida icono de la lujuria y la soberbia, como se presenta en el remodelado Evangelio de San Lucas (s. VI), descubrieron que procedía de las sumerias Magdal-Eder, significando las “vigilantes” del rebaño (…de fieles de la casa de E-Gal), ya habría sido un atributo de las diosas Inanna/Ishtar (2.500 a.C.). Dichas divinidades sumerias, al igual que María Magdalena, también llevaron en sus manos recipientes que contuvieron agua y no ricos ungüentos, o la Sangre del Crucificado, como fue su caso. Lo avala el hecho de que los reyes bíblicos, igual como en Mesopotamia, también empezaron considerándose simplemente como humildes “pastores”.

La sociedad secreta ofrecía protección a los empeñados en restaurar una especial estirpe, y los cátaros fueron muertos por su ánsia de promover la restauración de un Principio Femenino dentro de su “Iglesia del Amor” (…a Nuestra Señora). Los trovadores, pues, tuvieron motivos para referirse subliminalmente a la Iglesia católica como “el marido Celoso”. La veneración a María Magdalena sobrevivió en clave en las letras de los cantos de trovadores, con la excusa de tratar de moralizar la sociedad y desterrar la tiranía de los tiempos. Los cátaros lo creyeron, y también los templarios, como luego los hugonotes, pero todos lo pagaron con sus vidas, porque prevaleció que la Iglesia era, y habría sido, la única “Esposa mística” de Jesucristo. Los templarios después de lo acontecido a los cátaros, demostraron que el aprendizaje consiste en evitar repeticiones. En lo sucesivo, en lugar de repartir lo ganado con la fuerza, tratarían de compartir sus conquistas espiritualistas, porque el cristianismo es la historia de un amor. Pero no se refiere al amor físico, o carnal. Lo explicó en su Evangelio san Felipe (65, 1 y BNH II, 36), porque juzgó negativamente el matrimonio común, dado que se opone a un matrimonio espiritual muy superior porque es inmaculado y puro.
VÍRGENES NEGRAS: IMÁGENES QUE APARECEN Y DESAPARECEN
La Virgen Negra empezó a ser venerada en Ferrieres (Provenza-Languedoc -Fr.) el año 44 d.C. Otra imagen de Verviers (Lieja) además de ser negra, lleva corona tanto ella como su hijo. Se presenta rodeada de estrellas que simbolizan sabiduría. La inspiración del símbolo de la Unión Europea se obtuvo de ella. Al comenzar el siglo III Orígenes de Alejandría ya comparó a María Magdalena con la “prometida” del rey Salomón, en el libro “Cantar de los Cantares”. En el siglo XII san Bernardo de Claraval en su Patrología Latina (Sermón 57) llamaba a María Magdalena “Prometida de Cristo”. Sus imágenes, incluso las de tez clara, son bellísimas, y de entre ellas prefiero la de la iglesia de Laguardia (Navarra), cuyo frontispicio, por cierto, es casi igual que el de la colegiata de la ciudad de Toro. Su advocación es Santa María de los Reyes, y se presenta de pie con su Hijo en el parteluz de la entrada, cuyos laterales decoran imágenes de los doce apóstoles y todos ellos todavía bellamente policromados y de tamaño natural.

Después de la conquista de Jerusalén el año 1099, los religiosos utilizaron hábitos negros en las ceremonias de la Virgen María, en lugar de los de color blanco que habían sido habituales. El motivo sólo puede ser debido a tener de ella una visión superior de la que era considerada “Esposa negra” (como Isis y Artemisa) del “Rey Pastor“ sacrificado. Empezaba así a mostrarse una María Magdalena muy oculta. A partir de entonces su popularidad, bajo la forma de Virgen Negra, fue creciendo cada década más en toda la Europa Occidental. Cuando en el Vaticano dictaron su prohibición, se solucionó ocultando las imágenes en los sitios más inesperados, aunque relacionados con el entorno natural, de forma que al hallarlas al cabo de los años se pudo pensar que habrían merecido la devoción de los druidas celtas. En la iglesia de Valjunquera, comarca de Matarraña, se da un caso extraordinario de lo dicho. Existen galerías subterráneas donde corre agua separada por algunos pilares y arcos. Acaba por abrirse una espaciosa estancia donde actualmente ya sólo queda la piedra que fue la base de un altar para una de dichas Vírgenes Negras. En otras partes, por ejemplo en la cripta de la catedral de Chartres (Fr.), siguen siendo muy veneradas, pues hay entronizadas dos.

Como era de esperar en el siglo XII aquella prohibición de venerarlas y posteriormente recuperarlas se justificó ante la gente inculta, con la gran amenaza de profanación por culpa de la invasión islámica. En efecto, una vez alejados los infieles, todas aquellas toscas tallas de madera pintada burdamente, y otras que son cual obras de orfebrería trabajadas en piedra, como la Mare de Déu del Claustre de Solsona milagrosamente fueron apareciendo de sus escondites. Actualmente todas celebran su fiesta el día de las Vírgenes Encontradas el 8 de septiembre, menos mi Patrona de Solsona, que se quiso distinguir del resto dedicándole el día 9 de septiembre. De hecho son tres los días de fiesta y bellísimas ceremonias religiosas que se celebran, con muy gran concurrencia de fieles dentro y fuera de la catedral, pues es sacada en procesión por las calles de la ciudad.

Las imágenes negras de María Magdalena se veneraron en la mayoría de templos, encomiendas y posesiones de los caballeros templarios, a pesar de que era una “segundona” respecto a la Madre de Diós de los monjes cistercienses, quienes vestían hábitos blancos como los templarios. Todo el occidente de Europa en el siglo XII sintió súbitamente un gran fervor por las imágenes plásticas de la Madre con el Hijo sentado en su regazo. Tanta espontaneidad hace sospechar que la Orden del Temple promocionó al menos las de color negro, teniéndoles reservada planes precisos para su veneración. San Bernardo que trabajó tanto las reglas de conducta para los monjes cistercienses como la de los caballeros templarios fue el responsable final, y lo evidenció a la posteridad no tanto por su reconocida mariolatría, como por haber mostrado especial empeño en resaltar la importancia bíblica de la casa de María Magdalena.

Hay una pregunta por contestar: Dado que las caras y las manos de la Vírgenes y su Niño han sido ennegrecidas por los elementos ¿Por qué otras imágenes veneradas no tuvieron un semejante proceso? En pocas palabras, debieron ser oscurecidas al trabajarlas, porque (dejando a parte que sus santuarios resultan más rentables al recibir mayor número de peregrinos), el culto de la Virgen Negra evocó el resurgir de la energía cósmica en lo femenino. La Virgen María, Maria Magdalena y sus numerosas advocaciones, todas son cercanas a Jesús sin perder los aspectos de la energía cósmica femenina. Su profunda veneración por las órdenes de Sión y del Temple representó actualizar el pagano culto a la diosa de la fecundidad, porque lo espiritual supera lo físico, antes, ahora y siempre.

Arnau de Torroja y los demás enrolados en la caballería de la Orden del Temple fueron pioneros en ideales espirituales sorprendentes, al admitir que la idea de venerar a la Virgen con su divino Hijo, en realidad sabían que se trataba de copias de Isis. Era una deidad egipcia, hermana-esposa del asesinado dios Osiris y madre de su vengador Horus. A los templarios les recordaría a la Gran-Diosa-Madre de la prehistoria europea, porque la vida orgánica (tanto la sangre, como las semillas) siempre germina en la oscuridad; los pensamientos también se gestan dentro del cráneo, la sangre corre por las venas, etc.. En la Europa del siglo XII se aceptaron muy bien las nuevas Vírgenes Negras por evocar la fertilidad, la misma idea que en el Neolítico había sido depositada en los dólmenes tauromorfos. En otro libro defiendo el fundamental papel inspirador de un inmenso ídolo natural de la sierra de Montserrat en Cataluña que debió de ser venerado en la prehistoria más profunda. (Véase la síntesis de mi libro: “Megalitos parlantes. Del culto al toro”).

La Virgen Maria es también la Reina de la Tierra, aunque la Iglesia católica-romana aún evite concederle tal advocación. No se debe olvidar el aspecto femenino de la divinidad, desde el momento que en el libro Génesis (1-26) consta que Dios hizo al ser humano a su imagen. Debe ser reconocida Reina de la Tierra, porque desde que se sabe que para venerar a Isis fue erigida la gran pirámide de Giza, las Vírgenes Negras ya no pueden ocultar por más tiempo que la recuerdan cuando aparece sentada con el Niño-Dios en sus rodillas. Isis, se esculpió llevando dos cuernos en su cabeza y un sol entre ellos, siendo Isis la imagen subliminal que evocan todas las imágenes de la Virgen y el Niño posteriores. La diosa egipcia Isis además derivó en imágenes de matrona “galacrofusa”, por dar de mamar a su divino Niño mientras lo mantiene sentado en su regazo.

En el siglo XII se trato de imágenes de matronas que vistieron ropas que estaban adornadas con motivos dorados. Como frecuentemente se encontraron luciendo joyas y accesorios de oro, resulta que todos los colores principales de la gran obra alquímica se encuentran simbólicamente reunidos en la policromía de dichas Matronas con Niño. De los tratados alquímicos que Arnau de Torroja tuvo noticia, se deducía que la “materia primordial” se coloreaba al ser pacientemente transmutada, siendo tres los colores dominantes: el negro, el blanco y el rojo. Al negro se le asimilaba frecuentemente el azul, color que representaba la putrefacción, primera por la cual debía pasar la materia. El blanco correspondería la fase siguiente, que era la de la purificación de la materia; mientras que el color rojo simbolizaba el “fuego secreto”, clave del éxito de la obra. Los colores simbólicos para María Magdalena fueron el rojo para su vestimenta, y el color verde para su manto, pues se convino que aludía mejor a su fertilidad, incluida la espiritualista. Por otra parte, según la orden religiosa que la encargase pintar podía vestirla, o no, con el color de sus propios hábitos.
UN DETALLE QUE SE EXPLICA ACCIDENTAL, Y NO LO ES
En la Santa Biblia hay dos pasajes remiten a la mejilla herida de la Virgen Negra. Uno se encuentra en Miqueas, cap. IV: 8-10) pensando en que los sufrimientos de Jesús los habría de padecer también su querida compañera. La segunda está, obviamente, en el libro de Salomón: “El cantar de los cantares”, cuando se lee: Los guardias golpearon y me hirieron…”.
Este detalle lo capté extrañadísimo, porque siempre se me había explicado que una rotura en la mejilla derecha de la imagen de la Mare de Déu del Claustre, Patrona de Solsona, mi ciudad natal en el centro de Cataluña, que es de color negro, se debía a su profanación. Quizá sí, pero ya me permito dudarlo, y no sólo por las dos menciones que encontré en la Biblia.
La Virgen de Czestochowa venerada en Polonia, aunque según la tradición proviene de Bizancio (Constantinopla), presenta en su mejilla una fea hendidura que la muestra como si estuviese “herida”.

Curioseando por si descubría más dibujos y pinturas de la Virgen con el Niño mostrando algún defecto en la mejilla de la madre, encontré la huella de una herida similar en un lienzo de Simone Martini (1284-1344), pero lo pintó al presentar el rostro de María Magdalena. Quizás lo copió de otra de tiempos antiguos, porque dicha herida en realidad también está pintada en las mejillas de algunas Vírgenes de la iglesia ortodoxa. Este detalle de una herida en la mejilla aporta mucho a mi inquietud investigadora en este tema. Y añadiré algo, para que se vea claro que la cultura da alegrías, y nunca nos ha de defraudar. Dicho lienzo para mí resulta interesante además porque en la vestimenta de María Magdalena se muestra un trazo egipcio muy simbólico, cual es la Cruz de san Andrés, o aspa (X).

Los caballeros templarios, que rechazaron la cruz por ser artilugio de tortura, en cambio tuvieron el símbolo del aspa para referirse a la “Estrella de la iluminación”, que sin duda es el sol. Pero también fue indicativo del “marido”, puesto que decían: “Donde el sol brilla, el desierto está debajo”. Lean a Margaret Starbird “María Magdalena y el Santo Grial” (Ed. Planeta Barcelona 2004 p.193) para profundizar en tan sibilino asunto, porque ahora estoy a punto de concluir, y antes quiero resaltar que es justamente un aspa (X) el meollo del símbolo que descifré en un anillo de hierro meteórico, al cual llamo Anillo de Moisés, aun cuando claramente perteneció a algún faraón de tiempos más antiguos.

El aspa decora incluso algunos vendajes del faraón difunto, ocupando casi todo su cuerpo. Lo asocio al simbolismo del Espíritu Santo, que convencionalmente es la paloma. No es capricho haberla imaginado sobre la cabeza de la Magdalena, como en la foto que presento llevando el grial entre sus manos, como recordando a la diosa Innana del Pais de Sumer. La paloma la dibujan los cabellos recogidos sobre la frente de la imagen de mi patrona la Mare de Déu del Claustre de la ciudad de Solsona esculpida el año 1163 en Toulouse del Languedoc para su iglesia La Daurade.

Cuando Jesucristo fue cruelmente azotado en la fortaleza Antonia de la ciudad de Jerusalén, es decir, allí donde le colocaron una corona de espinas sobre su cabeza, sigue siendo visible, grabada en una de las losas del suelo, la misma Estrella de David que el Señor vería durante su martirio. La menciono porque en su centro se distingue el perfil de una paloma con las alas extendidas, como las que me he estado refiriendo. Las seis puntas de los dos triángulos enlazados, simbolizan la unión de la pareja (Hieros Gamos); y la paloma la conexión con el espíritu divino. Por cierto, los cátaros del Languedoc en el siglo XIII, durante su huida, dejaron formas de paloma esculpidas en algunas de las cuevas que les sirvieron de refugio. Personalmente me admiró la paloma esculpida en la cueva de Betlem (Ussat-les-Bains, Ariege-Fr.). En la cueva inmensamente mayor situada al otro lado del río, llamada Lombrives, cuando vi en su largo corredor de entrada que la peña del techo presenta pliegues naturales durante cien metros, a mi me pareció incluso milagroso que fuese el mismo diseño del cabello recogido simétricamente en cientos de imágenes de la frente de la Virgen.
SUPERIOR A LA BELLEZA, SOFÍA SIGNIFICA SABIDURÍA
Referente al muy bello nombre femenino Sofía, (dejando a parte los que opinan que remite al ídolo templario llamado Baphomet), fue llamada Minerva por los antiguos romanos, quienes lo aprendieron de los griegos. Sofía, sabiduría, es un nombre que nos evoca la herejía que se persiguió por acoger muchas y diversas diosas paganas de la Antigüedad. Remite a la sedente imagen de Isis egipcia venerada por filósofos, agnósticos y los caballeros templarios.

En Isis se inspiraron cuantas imágenes negras de la matrona y su hijo hay en toda Europa, pero en mayor cantidad en Francia, donde los templarios acabaron teniendo su sede central. En España siguen siendo veneradas unas setenta imágenes de Vírgenes Negras, a pesar de ignorarse que el color negro, además de fecundidad simbolizó sabiduría.

Recordemos que para muchas religiones antiguas amantes del misterio, Maria Magdalena era Sophia, “el espíritu femenino de la divinidad” manifestado en la diosa sabiduría. Siendo Dios la fuente de sí mismo, la diosa sería su emanación, algo así como “el juego Dios”. De ahí que luego se insistiese tanto en que tenía un lugar esencial viviendo unida a Jesucristo.

Con disfraz de “Madre de Dios” los iniciados monjes con espada de la Orden del Temple, gracias a la advocación Nuestra Señora, tan afín a las divinidades Isis/Horus, preservaron la veneración a la compañera/amiga/esposa de Jesús, pero más aún desearon proteger a su descendencia. María Magdalena en tal coyuntura fue cual un chivo expiatorio. En la Orden Casinita se la recibió con la máxima veneración de santidad, y sus monjes se proclamaron guardianes oficiales de su tumba. También los franciscanos y otros grupos monásticos de siglos posteriores la dignificaron de forma muy diferente a la Iglesia católica, donde siempre fue recordada de mala manera. La respuesta ha estado siempre ahí, sólo había de superar las imposiciones y aplicar la lógica. En cualquier forma, loemos la sabiduría, la cual es muy fácil de distinguir de la inteligencia, porque ser sabio significa ser incapaz de hacer el mal.

Quien desee más información sobre María Magdalena le recomiendo el libro de Margaret Starbird “María Magdalena y el santo Grial” (Ed. Planeta, 2004), pues aquí –por ser un apéndice anexo- tan sólo esbozo parte de los presuntos privilegiados conocimientos de Arnau de Torroja durante el siglo XII. Ramón Ramonet Riu (C) Anexo a: “LAS TRES CORONAS…” Barcelona
EL ANILLO DE MOISES DESCIFRADO

Existe un muy enigmático símbolo inédito sobre un anillo metálico, el cual se presenta reseñado como si estuviese fundido de un hierro nada común. Probablemente sea cierto su supuesto origen meteórico.

Es una obra de arte genuina y muy olvidada, que yo voy a defender su más que probable origen faraónico. El dicho símbolo decora un pesado anillo con un sello que todo el mundo podrá creer que ha visto antes.

Para poder usar los meteoritos en joyería, actualmente tienen que estar compuestos de hierro y níquel, si bien la joya que llamaré inicialmente Anillo de Moisés, está bien demostrado que es hierro casi puro, probablemente de origen meteórico.

Sería interesante conocer las vicisitudes de sus antiguos poseedores antes de llegar a nuestros días, aunque esto es lo menos importante. Me complace que este símbolo, durante milenios perdido, por mi presentación recuperará su prestigio; o cuando menos dejará de ser inédito.

El diseño de su dibujo a primera vista parece simple. Consiste en un aspa cruzando una superficie ligeramente rectangular; pero al observarlo con atención, resulta ser un símbolo muy iniciático, y lo analizaré desde un esquema simplificado del mismo. Observando mejor los tres palos cruzados, se advierte que el central tiene una desigual anchura y divide la superficie en dos rectángulos. Dicha línea, que va de un lado al otro del anillo, configura las puntas de una Estrella de David (también llamada Sello de Salomón, y Hexagrama si lleva signos escritos en su interior). Pero sugerir la muy iniciática estrella de seis puntas, no es lo más interesante del símbolo, porque incluso en la naturaleza existen muchas flores que distribuyen seis antenas en la misma disposición. SÍMBOLOS DEL ÉXODO EN EL DESIERTO DEL SINAÍ

Por lo dicho, ya sería un muy digno “Anillo de Moisés”, aunque el gran patriarca hebreo tan sólo debió de ser uno de sus muchos propietarios. Moisés, durante el éxodo que duró gobernó 43 años, gobernó a miles de personas en el desierto del Sinaí (Egipto), como intermediario de Yahvé. Yo ya había visto fotografiado un símbolo parecido en el sur de aquella península. Allí, en uno de sus montes hay una forma cavada en una casi vertical ladera y fue trabajada para ser vista desde la muy extensa explanada. Los que allí tuvieron su campamento lo veían enfrente. Está grabado en una de las dos cumbres máximas de la zona donde Yahvé entregó a Moisés los Diez Mandamientos, o Tablas de la Ley, que justamente son tantos como las formas triangulares que se incluyen en el símbolo del anillo.

Asocié los dos símbolos para estudiarlos, debido al hecho insólito de que los tres sencillos trazos del sello que decora el Anillo de Moisés logran UNIFICAR la mayor parte de mis diversos escritos, agrupados bajo el título: REVISIÓN CULTURAL (desde 1978). Metafóricamente me pareció como si las flores de una planta hubiesen reconocido súbitamente su unidad gracias al que es su propio tronco. En este punto voy a remitirme a mi presentación del rostro en esquema que se distingue al contemplar las bóvedas de las catedrales medievales. En el dicho anillo, la línea central divide el espacio rectangular del aspa simbólica del “Anillo de Moisés”, siendo la viga más importante de todas, porque también actúa como tirante en las base de cada tramo de bóveda. Así pues, cuando el diseño del anillo lo comparamos arquitectónicamente, la línea central se corresponde con la arista de cada una de las sucesivas jácenas maestras. Es la base del triángulo isósceles de vigas acopladas para soportar el peso del tejado. En fin, si ésta viga maestra (que vista por debajo es una línea invisible) únicamente se apoyase en los muros laterales de la catedral, las tejas dispuestas en doble pendiente convencional (a “dos aguas”) se hundirían.
En mi juventud ya había intuido que Las Tablas de la Ley, el doble juego de deberes sociales que se atribuyen a Moisés, en caso de haberlos recibido de Yahvé, lógicamente tendrían cada una forma triangular, y un agujero para ser unidas. Aunque hoy conociendo este símbolo debo rectificar, viendo que no estaba tan equivocado, la foto con dos triángulos seguirá expuesta. En 2009 volví a encontrarme con mi inicial idea al hacer la presentación de unas estrellas de seis puntas. Sucedió ampliando fotos del valle de Sidonia, en Marte, visibles sólo en una foto de satélite de la NASA.

La cruz de san Andrés, consiste en un aspa (X), que va de un ángulo al otro del espacio del anillo, hasta los correspondientes ángulos del rectángulo. Su otro trazo central divide la superficie en dos rectángulos, igual como sucede en el otro símbolo bíblico que el propio Moisés ordenó cavar de medida gigantesca, ¡sobre la dura peña! Se consiguió con el esforzado trabajo de cientos de obreros atados a cuerdas, debido a la gran verticalidad de la ladera. Inexplicablemente también este símbolo pasó los siglos ignorado, hasta que publique su foto en mi website sobre la cara en el Sinaí en foto de satélite, junto con otro cuadrado en la cima vecina.

En ladera decorada con dos rectángulos, en lugar de un aspa como el anillo, tienen grabada encima una gran forma de mano. La misma idea de los humanizados rayos de sol de Akenathon. Existen pruebas de que los hebreos de entonces también la veneraban, conociéndose incluso los textos que la acompañan en una inscripción hallada en la 2ª Tumba de “Khirbet el-Kom”, cerca de Hebrón. A mi me interesó más el hecho que los hebreos adorasen el toro, pues había pasado varios años investigado los dólmenes prehistóricos en muchos bosques, demostrando que reprodujeron formas de toro huecos. (El informe en inglés termina con: /totem.html)

SITUACIÓN DE LOS DOS RECTANGULOS EN EL SINAÍ
Los sabios griegos de la Antigüedad lograron hacer evolucionar el símbolo del Anillo de Moisés al simbolizar a Dios con la primera y la última letra de su alfabeto. Son llamadas “Alfa y Omega”, y también evoca la totalidad del universo, del cual es su símbolo “llave” el crismón con el anagrama. Según escribió Filón de Alejandría, y también el judío Flavio Josefo, esclavo privilegiado en Roma, los verdaderos judíos escribían de izquierda a derecha, al contrario de hoy, los antiguos hebreos no sólo escribieron las líneas en la dirección contraria, sino que escribieron el nombre de Dios con cuatro vocales (IEUO) en la corona ritual del sacerdote del templo, representaban el nombre de Dios, según escribió Protilio, que lo copió de Sanchoniaton (Sanxouniathon de Berutus ), quien a su vez copió los escritos de Hierombalo.

En la fachada del templo de la Sagrada Familia se incluyeron también dos vocales griegas para aludir a la unidad divina, y para ello invirtieron de posición los dos triángulos (hasta que resultan plegables), aunque podemos reconocer tras ellos la Estrella de David, que es el símbolo más emblemático de la tradición hebrea. Las dibujo para quien no las haya visto antes, pues se disimularon situándolas una encima de otra. Así, cuando se hace resbalar la letra superior hasta la mitad de la letra inferior, ambos triángulos se transforman en una Estrella de David. El “Alfa y Omega”, la simbolizan subliminalmente, evitando herir susceptibilidades al recordar que los hebreos crucificaron a Jesucristo.

La enseñanza sigue siendo la misma escrita en la Tabla Esmeralda, descubierta en el interior de la pirámide de Keops. Según se puede leer: “Lo de arriba es como lo de abajo, para que con una sola cosa se pueda obrar el milagro”. Para algunos, los dos triángulos equiláteros superpuestos también son símbolo de la cópula destinada a la procreación, por conectar el triángulo “masculino” con el “femenino”. ALFA y OMEGA: NOMBRE SIMBÓLICO DE DIOS

Esta peculiar variante griega logra que, con un deslizamiento completo de cualquier mitad, regresa al primitivo diseño que del Anillo de Moisés, que debió de ser fruto de los sabios sacerdotes del Antiguo Egipto, quienes, disponiendo de un fragmento de meteorito (quizá un fragmento del caído en Asuán, con más de 2 m. de diámetro), lo habrían trabajado para que lo llevase su faraón. EL SÍMBOLO DECORANDO LAS BÓVEDAS DE LAS CATEDRALES

Conviene seguir analizando la simplicidad de los tres palos cruzados sobre un doble rectángulo, porque nos conducen más allá de la idea de la polaridad cósmica universalmente aceptada. Incluso en la tradición hindú se pudo entender que la Unidad divina está dentro de la dualidad.

A pesar de ser un anillo de tan alto simbolismo, se diría que su diseño nunca se repitió en ninguna decoración iniciática ¿O es que no tuvieron conciencia de cuales fueron sus orígenes? Está en el centro exacto de la famosa cruz del emperador Constantino “el Grande”, quien diseñó su crismón para lucirlo como estandarte. Una idea que le permitió ganar una guerra, y gracias a ello al ser nuevo emperador romano pudo legalizar el cristianismo en su Imperio.

Otro ejemplo más evidente de la discreta persistencia del símbolo del anillo, son los “nervios” de piedra del arte gótico, el cual caracterizó las cubiertas de los templos en Europa desde mediados del siglo XII. Aún siendo tales nervaduras pura decoración, parecen sostener las bóvedas, y en especial las de la catedral de Notre-Dame de París (originalmente “Para Isis”, una diosa egipcia). El gótico, fue un alarde arquitectónico introducido en la zona hoy llamada Isla de Francia, por influencias de la Orden del Temple, de cuyo noveno Gran Maestre (que también lo fue de la Orden de Sión, más antigua) escribí su biografía en dos diferentes partes. En mi estudio arquitectónico sobre las bóvedas del estilo gótico, deducí que es tan misterioso, que llega a ofrecer imágenes de rostro de la Divinidad, y atribuyo su introducción en el sur de los Pirineos al maestre del Temple de Jerusalén, fray Arnau de Torroja (Véase: http://webspace.webring.com/people/or/ramonetriu/gotic-enigmatic.html)

En fin, el símbolo del anillo pudo estar disimulado, también en las catedrales, en las dos puertas de madera rectangulares, pero al restaurarlas se perdieron su refuerzo en aspa y sólo quedó el parteluz, la columna que incluye la imagen de algún santo. El éxito de este dibujo en aspa lo podremos comprobar en las bóvedas de las catedrales góticas de los siglos XII al XIV. A ello he dedicado una web titulada: bóvedas góticas: ofrecen la imagen de un rostro. En el mundo antiguo todo debió de ser valorado por su utilidad, incluso la importancia de cada miembro dentro de la propia familia. Es un símbolo que no habría tenido trascendencia para llegar hasta nuestro tiempo de no tener utilidad. De no ser útil, ya ni se habría trabajado con tanto esmero un material muy especial como lo fue siempre y en todas partes el hierro meteórico. Es de considerar además, que el anillo aún conserve unos residuos de sangre humana, que está justo allí donde está más desgastado por haberlo usado.

DECORACIÓN DE BÓVEDAS Y ENTRADAS DE CÁTEDRALES EL ALTAR PORTATIL DE SANT PERE DE RODA
En mi libro “Reliquias de san Pedro Apóstol encontradas…” (1978), presenté a la opinión pública un altar portátil que en una de sus caras muestra un diseño en aspa semejante al Anillo de Moisés. El Papa de Roma ya demostré que incluyó dicho pequeño altar de madera forrada, en un lote insumergible junto a las reliquias de san Pedro Apóstol (610), y las hizo salvaguardar por mar. Por los nombres de sus regios donantes José y Elimburga, repujados en el metal, pudo tratarse incluso de los descendientes del linaje davídico.

El anillo analizado es la confirmación de que el altar portátil de Sant Pere de Roda (situado en el NE. de España), en la comarca del Empordà gerundense, que fue descubierto en 1910, fue regalado al que fuese entonces Sumo Pontífice antes del siglo VII, por unos nobles muy influidos por la cultura israelita, porque entonces llamarse José era declararse judío. Se objetará que la Iglesia nunca congeniaría con un linaje que fuese capaz de disputarle legitimidad,…pero ha habido pontífices tan diferentes a lo largo de la sucesión de la silla de san Pedro, que alguno bien pudo haber opinado lo contrario.
Escribí mi primera y única novela de investigación cuando era joven después de haber resuelto el misterioso enigma de Rennés-le-Château, al haber descifrado las inscripciones que conducen a lugares concretos de una concreta geografía. Alguien presumió de haberse inventado los pergaminos de Berénguer Saunière, pero el misterio de Rennés-le-Château es mucho más elaborado de lo que dicho falsificador se pudo imaginar, y además, muy bonito de resolver. Se escondió un tesoro de religión mediante una lápida y un plano, cuyas puntas de la Estrella de David coinciden con lugares de la región del Var, en el Sur de Francia. Las pistas me condujeron por fin al claustro de un monasterio cisterciense, y allí debí aplicar lo que hay escrito en la lápida. Hoy sé, gracias al Anillo de Moisés, que las pistas nacieron mirando el dibujo que vemos en el símbolo del anillo.

En las cuatro fotos siguientes, empezando el análisis por la figura inferior derecha, se lee aquello que el sacerdote Berenguer Saunière en vano borró de una lápida del cementerio anexo a su iglesia de Rennés-le-Château . Pero un buen observador dirá que no constan en dicha lápida, el aspa y la línea divisoria central. Su diseño es subliminal.

En las ilustraciones de mi Web EL ANILLO DE MOISES DESCIFRADO muestro cómo los cistercienses medievales adaptaron el dibujo del Anillo de Moisés a un jeroglífico que, por mi desinterés en divulgarlo, sigue inédito a pesar de avanzar mis últimos hallazgos.
La iglesia de Alet-les-Bains estuvo en poder de la Orden del Temple desde 1132 a 1180 (según Malcolm Barber “The New Knightood” p.256). También se sabe que el castillo de Blanchefort en Rennés-le-Château en 1119 ya había sido concedido a Alet por el pontífice Calixto II, es evidente que el castillo perteneció a los templarios que des del mismo pudieron tener un privilegiado puesto de vigilancia sobre cada cota del vasto entorno de Rennés-le-Château. Pero allí no se dio ningún miembro de la fmilia que se llamase Bernard (como quieren los autores de “El Enigma sagrado) sino que el nombre más afín al sexto Gran Maestre del Temple, fue Bertran de Blanchefort. Así se anulan las vías que pretendían hacer al amigo de Arnau de Torroja residente en aquella enigmática zona desde tiempo de los merovingios. EL PLANO DE UN TESORO DE RELIGIÓN
Escribí mi primera y única novela de investigación cuando era joven después de haber resuelto el misterioso enigma de Rennés-le-Château, al haber descifrado las inscripciones que conducen a lugares concretos de una concreta geografía. Alguien presumió de haberse inventado los pergaminos de Berénguer Saunière, pero el misterio de Rennés-le-Château es mucho más elaborado de lo que dicho falsificador se pudo imaginar, y además, muy bonito de resolver.

Se escondió un tesoro de religión mediante una lápida y un plano, cuyas puntas de la Estrella de David coinciden con lugares de la región del Var, en el Sur de Francia. Las pistas me condujeron por fin al claustro de un monasterio cisterciense, y allí debí aplicar lo que hay escrito en la lápida. Hoy sé, gracias al Anillo de Moisés, que las pistas nacieron mirando el dibujo que vemos en el símbolo del anillo.

En las cuatro fotos siguientes, empezando el análisis por la figura inferior derecha, se lee aquello que el sacerdote Berenguer Saunière en vano borró de una lápida del cementerio anexo a su iglesia de Rennés-le-Château . Pero un buen observador dirá que no constan en dicha lápida, el aspa y la línea divisoria central. Su diseño es subliminal. En mi Web EL ANILLO DE MOISES DESCIFRADO muestro las fotos de cómo los cistercienses medievales adaptaron el dibujo del anillo de Moisés a un jeroglífico el cual sigue inédito debido a mi desinterés en divulgarlo, a pesar de mis últimos hallazgos.

Referente a la invisible aspa, se obtiene de las líneas paralelas a los muros del quiosco hexagonal, que tiene dentro una fuente con varias pilas circulares que gotean una sobre otra. De los dos lados de la construcción se obtuvieron allí las dos líneas diagonales, resultando los ángulos que delimitan el espacio ajardinado.
Pasé varios veranos meditando bajo el quiosco hexagonal de un claustro cisterciense, imaginando que yo era el jugador bueno de una partida de ajedrez, tal como me indicaban las pistas que dicho párroco dejó disimuladas en su iglesia. El jugador malo creía que era la piedra bruta que, injustificadamente, aún aflora en el otro extremo del ajardinado claustro. (Está en el lado opuesto a la fuente, o lavabo de los monjes). El enigma de Rennés-le-Château se resuelve aplicándole una muy humilde norma: Debí asumir que yo era el jugador malo y situarme en el lugar que me correspondía: Sobre la piedra bruta del otro extremo del jardín, casi tocando las columnas de la galería circundante.

La iglesia de Alet-les-Bains estuvo en poder de la Orden del Temple desde 1132 a 1180 (según Malcolm Barber “The New Knightood” p.256). También se sabe que el castillo de Blanchefort en Rennés-le-Château en 1119 ya había sido concedido a Alet por el pontífice Calixto II, es evidente que el castillo perteneció a los templarios que des del mismo pudieron tener un privilegiado puesto de vigilancia sobre cada cota del vasto entorno de Rennés-le-Château. Pero allí no se dio ningún miembro de la fmilia que se llamase Bernard (como quieren los autores de “El Enigma sagrado) sino que el nombre más afín al sexto Gran Maestre del Temple, fue Bertran de Blanchefort. Así se anulan las vías que pretendían hacer al amigo de Arnau de Torroja residente en aquella enigmática zona desde tiempo de los merovingios.

A pesar de ofrecer entre ambas la forma de un rombo en su intercesión, obviamente yo interpreté dicho centro como la forma anular del “Anillo de Moisés” a pesar de estar formado por dos vástagos angulares. La religión verdadera ha de poder ofrecernos dicho tipo de sutilezas mediante letras latinas al representar la forma más intrínseca de nuestros genes, o sea, el Onutoro. Aquella ceremonia fortificó mi fe cristiana, porque sin las dos letras latinas “A” y “M” mayúsculas dudo que, por complicados que fuesen por ejemplo los arabescos que intentasen una semejante afinidad, jamás otras lenguas serían capaces de igualar tal sutileza.

Sugiero además, que las tapas de tumbas, que parecen ser cajas de piedra, al contener a un caballero templario muestran un relieve lineal que divide la losa en dos rectángulos y pueden tener su explicación en este símbolo. He visto una tapa esculpida en Iria Flavia, donde estuvieron los templarios, que en cada extremo la línea se convierte en tres. Son dos formas de pata de oca, que si le aplicamos el símbolo del anillo de Moisés, resulta que: en lugar del nudo central hay un trazo lineal que puede simbolizar al ser humano en su tránsito por esa dimensión que llamamos Tiempo, aunque quizá sólo sea cuestión de Espacio. EL SIMBOLO DEL ESCUDO DE ESPAÑA
Antes de separarse de la Orden de Sión, los caballeros de la Orden del Temple de Jerusalén utilizarían el símbolo presentado, en especial para la decoración de sus templos. No en vano los dos trazos laterales resaltados en el símbolo del anillo, lo primero que sugieren son los dos pilares a la entrada del templo de Salomón. En realidad ya los tuvieron las fachadas de los templos egipcios, como recuerdan los dos obeliscos ante los antiguos pilonos. En dinastías anteriores se hacían pirámides.

El símbolo del anillo de Moisés que se amplia al lado izquierdo del cuadro histórico, lo reproduzco de un lienzo del valenciano Anton Muñoz Degrain. Lo pintó en 1888 inspirándose en la ceremonia de la provisión de fe al cristianismo del rey visigodo Recaredo. Se escenifica el exacto momento que tuvo efecto la unidad religiosa de nuestra Europa (después sería geográfica, y actualmente se basa en la economía). El artista creyó que en aquella escena el protagonista fue san Leandro, obispo de Sevilla (+600), quien, siendo hermano del san Isidoro, y ambos hijos de Nueva Cartago, escribió con demostrado éxito contra los herejes arrianos.

La pregunta es: ¿De dónde sacó el pintor A. Muñoz Degrain el dicho símbolo –deformado– del estandarte de Constantino. Siempre ha interesado las letras griegas: X (Chi), y Pi (rho) que en dicho lábaro son el anagrama de Cristo desde el año 312. La naturaleza solar del símbolo es obvio desde que se pintó en las catacumbas donde el círculo que lo contiene está dotado de radios con manos como los del astro rey de tiempos del faraón hereje Akhenaton.
En este cuadro tan sólo me interesa exactamente a la forma de letra “L” del palo central al tocar el suelo. Ya he explicado que fue la insólita curva de la barba del farón difunto.

El mismo palo central por arriba incluye el simbolo del sol tras la letra “P”, el sol que todo lo ve, o al menos el ojo capaz de ver el símbolo del anillo de Moisés. El monograma Alfa/Omega por el asa de la letra “P” combinado con la cruz se asemeja a un astro en lo alto del eje vertical. La misma idea de la Cruz Ansada (Ankh).

Actualmente se dirá que sobra el cuadro que sujeta san Leandro en la histórica escena religiosa, aunque nos informa que la idea subliminal egípcia aún estaba vigente en 1888 ¿Tuvieron noticia del símbolo ancestral, pero no supieron interpretarlo?

En el cuadro de Muñoz veo otra cosa muy loable, y son las columnas del templo de Salomón que se resalten muy bien, una a cada lado de la cruz de Constantino. Tal vez habrá ahora de replantearse la opinión de que fue Luigi Marliani quien sugirió al rey Carlos I de España y V de Alemania, que introdujese dos columnas para enmarcar el escudo de España. En fin, un cuadro el de A. Muñoz muy digno de estudio, tal como se advierte mediante la hornacina en forma de concha semicircular que tiene encima. FOTO: SOLUCION DEL DESCIFRADO DEL PERGAMINO Y DE LA LAPIDA.
DE ANILLO DE MOISES, A ANILLO DE FARAONES
El Anillo de Moisés, de superficie rectangular, tan sólo tiene bien resaltados sus lados más largos. Ahí entra en juego la posición del anillo colocado en el dedo, porque gracias a dichos trazos más gruesos alude a las bases de dos pirámides opuestas por sus vértices, recordando con ello la idea astronómica que hizo construir las de Giza, en Egipto. La firma piramidal es un diseño hoy de moda, desde que otras pirámides de cristal ocupan el centro de la plaza del museo del Louvre, de París. Quienes diseñaron aquel monumento quizá podrían explicar su alto simbolismo.

FOTO: DOS PIRAMIDES ANTE EL MUSEO DEL LOUVRE DE PARÍS AKENATHON/MOISES, FUERON LA MISMA PERSONA
Akenathon y Moisés hay autores especializados en demostrar que fueron la misma persona. Yo también lo creo. Moisés (un hombre de color, según los judíos), fue el faraón llamado Akenathon, considerado hereje por ser inventor del monoteísmo. Ambos capitanearon a gente armada por el desierto; y además en el Himno a Athon, descubierto en las ruinas de Al-Marna, la capital del faraón hereje, hay escrito el mismo tema bíblico del Salmo 104, (sobre la Creación) y, siendo largo, casi usó las mismas palabras. Los testimonios siempre han sido conocidos desde mucho antes de que el judío Filón escribiese en su De Vita Mosis (libro I), que Moisés aprendió en Egipto filosofía simbólica y ciencias de la naturaleza.

Pero creo que el símbolo inicial del anillo analizado pudo haber sido inventado antes de Moisés. Quizá por los sacerdotes del padre de Akenathon, o sea el faraón Amenofis/Amenhotep III, apodado el “Rey Sol”, porque fue él quien marcó el apogeo de la civilización egipcia y además construyó el templo de Luxor en Karnak. Amenhotep III tuvo sabios asesores que aprovecharon los reflejos naturales del sol al dibujar las seis puntas de la llamada Estrella de David (Hoy los vemos, accidentalmente, al enfocar el astro-rey con una cámara de vídeo).

Es más, la inspiración del dibujo en el anillo presentado en estas páginas podría incluso remontarse al jeroglífico que reproduce el nombre de la reina Merneit (Meryt-Neith), que fue la viuda del rey Serpiente, y regente de Egipto al final de la I Dinastía. Su nombre se escribió con dos palos cruzados sobre el centro de una barra, cuyos extremos son más anchos que el centro, allí donde justamente todo el conjunto se conecta. Dicho jeroglífico de la I Dinastía pudo trascender consiguiendo institucionalizar ritualmente la larga barba de las imágenes de dioses y faraones. Se objetará que la barba vista de frente, siendo larga, aún es demasiado corta para dar la longitud del trazo central de símbolo del anillo. Es por tal inconveniente que explicaré los motivos de la fuerte curva hacia arriba en su extremo.

FORZOSAMENTE LA BARBA TERMINABA EN ÁNGULO
Según revela el símbolo recuperado, la curvatura tuvo un gran sentido. El trazo vertical, que hace que todo el anillo se divida en dos rectángulos, lo ofrece precisamente la desviación hacia arriba de la larga barba ritual, la cual antes de conocer el símbolo del anillo siempre fue un inexplicable atributo de la divinidad del faraón. Desde ahora se supera el atribuirlo a la voluntad de Moisés, porque fue anillo propiedad de faraones. Con la estela de Merneit, y por disponer hoy del anillo de Moisés/Akenathon, por fin queda justifica la intencionalidad de la muy exagerada longitud de la barba, pues nunca antes fue mejor explicado dicho atributo de la realeza faraónico.

LARGA BARBA PARA UNA VISION SUPERIOR DIVINA EL NUDO DE INTERSECCION DEL SIMBOLO REMITE AL ONUTORO
El nudo central donde contactan los tres palos del símbolo, en la intersección se advierte que uno de los dos travesaños tiene una forma anular vacía, puesto que es atravesada por el otro. Este centro, además de aludir a un lazo, puede muy bien simbolizar el dios-sol. Sus rayos se convierten en muchas manos al iluminar al faraón Akenathon rodeado de su familia, pero él, convencido de la vida en el más allá, pensaría que los rayos humanizados con manos, también continuarían más arriba del sol.
Cuando se produce un espejismo, por ejemplo de una isla, la imagen se transforma visualmente en una mesa, pero la real es sólo su base. En Egipto hay testimonios fiables que siempre fueron frecuentes los espejismos, y en una pirámide el fenómeno aún es más bonito. Como hoy ya se pueden reproducir en un ordenador (en base a la inversión térmica del 40º), una pirámide ofrece una forma de cáliz. Los cálices egipcios fueron suntuosos y trascendieron los siglos. Las sagas artúricas los adaptaron al mito de la búsqueda del Santo Grial, y el bávaro Wolfram von Eschembach incluso pudo imaginar que lo protegía una orden de caballería muy similar a los templarios.

Todos sabemos que el sol es el nudo de toda vida, no obstante el dios de Akenathon (Athon), el lo consideró cual un lazo con la divinidad, y nuestro anillo confirma su idea. La mía, ahora es que, de sus rayos solares acabados en manos, se pasó a simbolizar las normas básicas de convivencia social mediante un rectángulo escondiendo diez espacios triangulares. Las Tablas de la Ley de Moisés.

Un semejante lazo de unión en nuestro tiempo pude superarlo con ventaja la imagen del rostro de varón barbudo que, de nuevo el sol nos vuelve a ofrecer. La cara humana de Montserrat se presenta muy hierática, y la foto de satélite revela que está configurada mediante todos los esbeltos pináculos de la catalana (10×5 km. La web en lengua inglesa termina con: /Montserrat). Además, en mitad de la frente de la imagen de rostro que nos ofrece la Santa Montaña aparece una señal de color diferente, la cual el satélite resalta por ser la zona de servicios del gran monasterio donde se venera la Virgen Negra, patrona de Cataluña. Lo recuerdo ahora, ya que en el centro del anillo faraónico también hay una superior forma anular.

Tal simbolismo se muestra ostentosamente a los fieles en algunas iglesias dándole una clave actualizada, pero resultando como siempre tener un agujero central muy útil. No se espera menos de la forma anular que particularmente yo considero que es el símbolo idóneo del núcleo del misterio del cosmos y de la vida misma. En la iglesia de Sant Feliu del Llobregat, cerca de la ciudad de Barcelona (España), asistiendo a un acto religioso vi el diseño del Anillo de Moisés pero está dibujado allí dividido en dos mitades. A la derecha del altar y de cara a los fieles, se muestra una gran “Cruz de Constantino”. Decorando la pared del lado izquierdo del altar, en igual color y tamaño, se dibujó su forma complementaria (ver dibujo). De hecho se consiguió enlazando dos letras A y M mayúsculas. A pesar de ser letras latinas, ambas iniciales se superponen con elegancia y sin equívoco posible; son símbolo de la salutación mariana “Ave María”.

A pesar de ofrecer entre ambas la forma de un rombo en su intercesión, obviamente yo interpreté dicho centro como la forma anular del “Anillo de Moisés” a pesar de estar formado por dos vástagos angulares. La religión verdadera ha de poder ofrecernos dicho tipo de sutilezas mediante letras latinas al representar la forma más intrínsica de nuestros genes, o sea, el Onutoro. Aquella ceremonia fortificó mi fe cristiana, porque sin las letras latinas A M dudo que, por complicados que fuesen por ejemplo los arabescos que intentasen una semejante afinidad, jamás otras lenguas serían capaces de igualar tal sutileza.

Gracias a la forma geométrica que bauticé “Onutoro”, se superará la utilidad de “brújula” del sabio diseño recobrado gracias a decorar el anillo faraónico. Leonardo de Vinci lo llamó Mazzocchio cuando lo estudió, dándole la específica utilidad de gorro de combate, porque absorbe los golpes recibidos en la cabeza. El Onutoro tiene una geometría fascinante, primero por ser en todos los tiempos tan útil a la humanidad, y además por reproducir físicamente la idea hinduista del cosmos. (Véase mi investigación titulada “”Onutoro; psicoidílicas”, que es la “2ª Parte” de mi presentación de varias imágenes de “Estrellas de Marte”, donde también le concedo ser el núcleo de todo cuanto se edificó en el Valle de Sidonia).

EL NUDO-LAZO DEL ONUTORO LAS DOS COLAS DEL GORRO DEL FARAÓN
En el mundo antiguo todo debió de ser valorado por su utilidad, incluso la importancia de cada miembro dentro de la propia familia. Es un símbolo que no habría tenido trascendencia para llegar hasta nuestro tiempo de no tener utilidad. De no ser útil, ya ni se habría trabajado con tanto esmero un material muy especial como lo fue siempre y en todas partes el hierro meteórico. Es de considerar además que el anillo aún conserve unos residuos de sangre humana, que está justo allí donde está más desgastado por haberse usado mientras se trabajaba duro.

Recopilo, para insistir en cómo fueron de importantes los dos trazos laterales, empezando porque nos remiten a la forma del raro gorro que cubría, además, cada lado del pecho del faraón. Ya advertí más arriba que ambos aluden en el dibujo del anillo a las bases de dos pirámides opuestas por sus vértices. Es decir, ambas bases están simbolizadas por las dos largas colas, las cuales de otro modo son inexplicables. Se trató de resaltar las dos formas piramidales cuando se observa el anillo real en la mano extendida. Además, para reforzar la idea, el otro trazo central, el que divide en dos la superficie del anillo, no es regular sino que, al igual que en el jeroglífico de la reina Merneit, es más grueso en sus extremos.

Con los siglos, las dos colas del peculiar gorro del faraón pasaron a ser sustituidas por dos cintas rojas que colgaban de la tiara que los sacerdotes judíos llevaban ceñidas en su frente adornada con la inscripción “Santidad de Yahvé”. Las dichas colas se pintaron muy largas en una ilustración del judio zaragozano Abraham Abulafia, un gran cabalista del siglo XIII. Del mismo periodo, hay expuesto un mosaico en el Museo Bargallo, de Florencia, que presenta juntos a Moisés y al sacerdote Aarón, siendo éste el único que las lleva colgando. En la actualidad en las calles de Jerusalén se ven muchos varones hortodoxos luciendo unas sustitutivas trenzas.
UNA BRÚJULA: LA EXIGIBLE UTILIDAD DEL SÍMBOLO
El trazo que dibuja la barba ritual de los faraones difuntos, siendo tan largo, aún se queda corto para completar lo exigido para mi investigación. A los artistas egipcios les fue difícil reproducir el diseño del anillo en los pesados bloques de piedra tallada, pero filosóficamente su idea se explica sin dificultad. Insistiré en que obtuvieron el símbolo con utilidad de brújula gracias a curvar el final de la barba en fuerte ángulo. La visión idónea del símbolo entonces deja de ser la de quien está mirando la escultura del faraón desde delante, para ser la visión que tuvo el faraón ya divinizado. Se obligó a imaginar la visión del símbolo que sólo podía tener la divinidad: Mirando su corazón desde encima de la cabeza del difunto, o sea, desde un poco más arriba de la corona.

El faraón difunto se orientaría gracias al símbolo, utilizándolo cual una especie de brújula en su navegación estelar. Ello quizá será motivo de estudio para los astrónomos, o al menos para los novelistas pues encontrarán en dicha idea argumentos especulativos que los harán millonarios al presentarlo con florituras literarias. A mi dejó de interesarme dicho género. Lo prueba el que, habiéndome autoeditado varios libros, en cambio el titulado “ANAVANA, Tesoro de tesoros” aún hoy sigue inédito, con excepción de una mínima referencia en la WWW.

Para concluir esta abreviada presentación, especularé lo que se intuye referente a las vicisitudes que habría pasado el anillo en su periplo a lo largo de los siglos. Primero lo llevarían de Egipto a Palestina, debiendo llegar a la Europa occidental en tiempos de las Cruzadas. Otra vía pudo haber sido la de los reyes merovingios, un linaje judío establecido en el sur de Francia, siendo el conde de Carcasona, Ramon III (Trencavel) descendiente directo de la Casa de David. El liderazgo (nasi) recayó en Roger IV de Foix, casado con Brunisenda de Cardona.

Del símbolo venerado por los cátaros que él personalmente escondió al sur de los Pirineos, ya me ocupé cuando analicé la imagen negra de la Virgen y el Niño, que es la actual patrona de Solsona esculpida en piedra de color rojizo el año 1163. Pero a la línea hereditaria Rex Deus de Roger IV de Foix-Castellbò, siendo interesante de conocer debido a las vicisitudes de la dicha imagen, no se les puede atribuir la posesión del anillo de los faraones. Lo que sí que se advierte, es que para los trovadores medievales su dama ideal (“midonis”) finalmente no se remitía a la Virgen María sino a María Magdalena.

Quizá, después de ser custodiado por varias generaciones, el anillo faraónico incluso pudo haber llegado al Nuevo Mundo, debido a las persecuciones antisemitas de las primeras décadas del siglo XX, pero el supuesto periplo es sólo especulativo. Lo que importa es que existe el anillo, y sus antiguos propietarios son lo menos importante, aunque definitivos también para continuar la investigación. Yo valoro cuanto este símbolo me reveló, por lo cual quedo agradecido a quienes en ello me han ayudado,…y a los que, sin contactar nunca conmigo, y sólo por motivos altruistas, colaboraran gentilmente para su difusión universal. ¡Sólo faltaría que lo dejásemos para los que dibujan sobre las cosechas de cereales! Escrito en Barcelona por Ramón Ramonet Riu ( Abril del año 2010)
ARNAU DE TORROJA, GRAN MAESTRE DE LAS ÓRDENES DEL TEMPLE Y DE SIÓN
Este no es un libro sobre la orden religioso-militar del Temple de Jerusalén, aunque pudiese parecerlo, pues tan sólo intento escribir una biografía de quien fuese el noveno de sus máximos Grandes Maestres, de un total de los veintidós que son conocidos de la dicha Orden. Hasta unos años después de fallecer Arnau de Torroja protagonista de esta investigación, dichos líderes, medio monjes y medio soldados, tuvieron su sede o “casa- madre” en los al exterior de la muralla de la ciudad de Jerusalén, pero antes donde hoy está la céntrica Cúpula de la Roca, de ahí su nombre de templarios.
Al escribir la reseña más exacta del noveno Gran Maestre de las órdenes de Sino y del Temple, presentaré una elaborada aproximación a los años que vivió Arnau de Torroja, siendo de desear que el pensamiento filosófico y la sensibilidad artística me proporcionen argumentos suficientes, del mismo modo que si se logran equilibrar, permiten desarrollar óptimamente el lado místico y espiritual de la existencia. No sólo trataré de ofrecer una reconstrucción histórica de su crianza, juventud y educación en Solsona, una muy aislada población del centro geográfico de Cataluña. Mi motivación me hace ser muy sincero al exponer los hechos históricos objetivos. Ciertamente deberé mezclarlos con otros no contrastados, teniendo en cuenta las diversas interpretaciones que se han dado del periodo histórico-cultural durante el cual Arnau de Torroja formó su mente estudiando.
Vivió en el mismo siglo que alcanzaron su apogeo las exóticas culturas de los Ajmed que en Camboya construyeron mil templos entre los que sobresale el de Ankor Vat, o bien en la parte opuesta de África que pisó , exactamente en Malí a los pies del Sahara, se decía que la ciudad de Tombuctú incluso tenía las baldosas de sus calles hechas de oro, al ser el centro espiritual y filosófico del Islam en el tierras de negros.
Para empezar debo advertir que en Solsona (actualmente provincia de Lérida), su lugar de nacimiento, durante el siglo XI hubo dos poderosos señores homónimos que pueden confundirnos al atribuirles la paternidad de mi biografiado, porque ambos fueron llamados Miró: uno era el vizconde, y otro el Señor el palacio fortificado que entonces aún no tenía la población diseminada a su entorno. Por cierto, tampoco se debe confundir al noble Aranu de Torroja de Solsona con el mercader homónimo que trajo a Cataluña los pañales del Niño Jeús (venerados en la catedral de Lérida). Dicha reliquia, de las manos del califa de Bagdad pasó a las del de Tunez.
La familia Torroja fue el linaje que entre los siglos XI y XIII gobernó la villa de Solsona (que actualmente ya lleva más de 400 años ostentando el titulo de ciudad). Los Torroja eran descendientes del conde miró, a quien en el año 990 ya se le encuentra documentado Señor de Solsona. Arnau era uno de sus cuatro nietos. En cuanto a su padre, Ecard-Miró, fue quien construyó en lo alto de la colina cercana a Solsona el castillo llamado hoy llamado Castell-vell (Castillo viejo, porque estaba en el monte llamado desde siempre antes “viejo”, por ser un asentamiento ibérico). El dicho castillo cuya silueta al perder su muralla exterior, hoy tal parece ser una pirámide natural dominando Solsona, al ser terminado su recinto, disponía de una planta cuadrada y una torre circular en cada ángulo. Desde allí se dominaba visualmente un muy vasto territorio a su alrededor.

La vieja Solsona entonces estaba bajo el nivel donde construyeron la iglesia románica. Ésta y la residencia del Señor de Solsona, aunque hoy se presenten una en cada extremo de la ciudad, entonces quedaba bastante alejados entre si, y a pie representaba un buen trecho cruzando lo que debieron de ser los huertos del palacio fortificado, que fue la residencia familiar del dicho noble señor.

Se ignora cuando nació exactamente Arnau de Torroja, pero si consideramos que fue poco después de 1122, el error ha de ser mínimo. Sus padres se habían casado en 1104, engendrando poco después al hijo heredero Ramón I (fallecido el 1 de febrero de 1144), al que sucedió su hijo Ramón II, sobrino de Arnau, e involucrado como él y su hermano eclesiástico en las grandes empresas de la reconquista desde Almería hasta las principales ciudades musulmanas de Cataluña. Arnau de Torroja debió de nacer cuando Alfonso I de Aragón codiciaba arrebatar a los musulmanes la ciudad de Zaragoza ayudado por el conde de Toulouse del Languedoc. A aquella coalición se opuso por las armas y derrotó el conde Ramón Berenguer III “el Grande” de Barcelona en 1123 ayudado por el conde de Poitiers. En aquel periodo los catalanes llegaron incluso a asediar Orange (Francia).
Se considera que entre los siglos XI y XIII se vivió el periodo más fascinante y misterioso de toda la Edad Media, por el hecho gravísimo de haberse entonces enfrentado bélicamente los occidentales con los orientales. Éstos, para defender su tierra, y los llamados caballeros cruzados europeos por su deseo de preservar los Santos Lugares donde vivió Jesucristo.

Al venir al mundo Arnau de Torroja en la Península ibérica hacía siglos que se comerciaba con los musulmanes dentro de la mayor tolerancia y entendimiento. Las llamadas tres “Religiones del Libro” convivían incluso en régimen de igualdad en la cosmopolita ciudad de Toledo, y ello era posible por los intermediarios hebreos, que eran en todas partes más numerosos que los musulmanes, aunque al menos al norte del río Llobregat siempre fueron muy inferiores a la población autóctona. No agradaba a los musulmanes que los cristianos se convirtiesen al islam, porque la gente en tal caso dejaba de pagarles tributo por su libertad de culto.

En la comarca de Solsona, la zona prepirenaica donde Arnau de Torroja creció, los moros habían sido expulsados siguiendo el empuje del muy injustamente olvidado Arnau Mir de Tost, quien siguiendo el curso del río Segre, y después el del Noguera Ribagorzana, dejó libre de musulmanes todo el territorio hasta Barbastro, en Huesca. Arnau de Torroja llevó el nombre del dicho campeón del cristianismo en reconquista, y lo aún más importante: Ademá fue el primer cavallero catalán en pisar Tierra Santa. No obstante, siendo tan patriota, repartió entre varios hijos sus bienes, pues no tuvo la idea de una patria.
Arnau de Torroja era hijo de Ecard-Miró, el noble Señor de Solsona entre los siglos XI y XII, pero al no ser su principal heredero, tampoco estuvo obligado a hacerse cargo del patrimonio familiar. Además del primogénito, aún había otro hijo Guillermo, mayor que Arnau. Guillermo era el segundo de los varios hermanos, sino habría sido Arnau el designado tradicionalmente a vestir hábitos de la Iglesia. Así pues, como tercer hijo del Señor de Solsona, la opción natural de Arnau de Torroja hubiese sido unirse a las Cruzadas,… pero nació entre la segunda y la tercera Cruzada, de modo que no pudo participar en ellas si bien se enroló tan pronto pudo para guerrear en Tierra Santa. Por sus contactos y posición social, su partida del suelo patrio sólo sucedió después de ser distinguido con el aprecio personal nada menos que Bertrand de Blanchefort, antes de que éste noble templario fuese nombrado Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén entonces muy recientemente introducida en Cataluña. Era un periodo cuando su hábito todavía no inspiraba demasiado temor reverencial, pero sí mucha curiosidad por tan novedosa fórmula de convertir a los monjes en óptimos guerreros. También llamaba la atención su lema: “Non nobis Domine, non nobis, sed Nomini Tuo da Gloriam”; el cual se traduce así: “No para nosotros Señor, no para nosotros, sino para tu mayor gloria”.

La bibliografía sobre la Orden del Temple hoy es incalculable, y todavía debe ser mayor lo escrito referente a cada una de las ocho Cruzadas, sin embargo en lo referente al período entre la segunda y tercera grandes cruzadas oficiales, resulta ser todo lo contrario. El caballero Arnau de Torroja fue el miembro más destacado de toda su familia con prestigio internacional porque llegó a ser el noveno máximo dignatario general, conjunto, de las dos hermanadas órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén, ciudad ésta donde residió en diferentes etapas de su vida y prácticamente hasta su muerte. Con anterioridad a ostentar la más elevada jerarquía de tan poderosas órdenes de caballería medieval, Arnau de Torroja había sido también el cuarto Gran Maestre Provincial de las tierras de Provenza y de la Corona de Aragón.

En el siglo XII para cualquier noble familia era un gran honor tener un hijo perteneciente a la Oreden del Temple. Para ello el recluta debía dar todos sus bienes al enrolarse en la Orden a pesar de su humildísimo lema de autodenominarse “Pobres Caballeros de Cristo”. Estuvieron realmente movidos tan sólo para la mayor gloria de Dios, y gracias a sus cotas de malla y el uso de las estribos en sus cabalgaduras, se verían a si mismos cual verdaderos superhombres al servicio de su fe.

La participación de los caballeros templarios en el sitio de Tortosa (1148) y Lérida (1149) está documentada en diferentes cartas de agradecimiento, fuese a Annali Genovesi, o después al obispo de Roda de Isábena. Los templarios también estuvieron en la conquista de Miravet en verano de 1152, y en Mequinenza el año siguiente, siendo el último bastión moro en ser reconquistado junto con Siurana de Prades.

En 1163 en la comarca catalana de El Priorat, la Iglesia hizo construir la primera cartuja de España de dimensiones gigantescas, llamado Escala Dei (hoy en ruinas). Unas décadas después desde dentro de aquellos muros la inquisición acosó a los herejes occitanos, pues perseveraban en su empeño de predicar dogmas avanzadas a su tiempo que, los cuales desencadenaron un gran caos en tiempos de muy gran incultura popular. Es el eterno “pecado” de defender inoportunamente ciertas ideas. La población de Siurana en este sentido merece un comentario (y una visita incluso), pues se trata de una casí aérea población a los pies del Montsant, en el norte de la provincia de Tarragona, donde a los cátaros que del Languedoc – hoy francés- fueron a refugiarse en el siglo XIII, pasando siempre por la comarca del Solsonés. En Siurana ellos, además de encontrar una fortaleza natural, difrutaron de unas fenoméricas panorámicas, resultando incluso más sugerentes para sus ritos solares que las que habían tenido en su emblemático castillo de Montsegur de donde fueron expulsados.

Posteriormente a su conquista, Siurana y las poblaciones de su vasto entorno se confiaron en las órdenes de Sión y del Temple porque ya habían repoblado con éxito la zona del castillo de Daroca (1142). En la nueva frontera entre la Cataluña nueva y la Vieja, sus encomiendas intercaladas entre los monasterios cistercienses de Poblet (1151) y Santes Creus (1159) complementaban sus esfuerzos, aunque tampoco puede decirse que lo hiciesen en buena harmonía. Lo cual extraña, porque además de tener casí la misma Regla, si unos eran la intendencia, los otros prestaban ayuda como cirujanos y defensa armada. Ello obligó a los templarios a conocer bien los Pirineos por ser zona natural de transhumancia de los rebaños de aquellos monasterios durante el siglo XII que me ocupa. Pero antes me referiré al contexto de las dos grandes Cruzadas que en tiempos de Arnau de Torroja ya eran historia en Palestina.

En esta aproximación a un personaje de rango internacional resultan más importantes sus hechos de armas protagonozados en el otro extremo del mar Mediterráneo porque se le exigiron opara ser el máximo dirigente de las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén, cuya bibliografía e historia los historiadores exponen globalmente, así como todo lo referente a las Santas Cruzadas, sin embargo del período entre la segunda y tercera de ellas, que es cuando Arnau estuvo en Palestina, se conservan muy escasos escritos. Abordar una semejante empresa detectivesca de la estancia de Arnau de Torroja en los Santos Lugares, y posiblenente en algunas partes del norte de África, me obligará a ser muy minucioso en aspectos que la historia no tiene demasiado en cuenta. Por otra parte en estas páginas quisiera ignorar cuanto no quede dentro del período de la vida de mi biografiado, aunque tampoco conviene ignorar los acontecimientos históricos que marcaron su idiosincracia, y en breve epílogo no dejaré de referirme a los hechos más significativos inmediatos al año de su traspaso.

Aun cuando Arnau de Torroja fue un paisano mío que vivió en un muy lejano siglo, todavía puedo adivinar algunas de las sensaciones que hicieron vibrar su alma ante muy concretas obras de arte piadosas. No sólo me remito al ábside de la iglesia de nuestra ciudad, sino que, dada la estratégica posición militar del castillo de Cardona, a unos 30 km lejos de Solsona, seguramente debió de contemplar las escenas de las bóvedas pintadas de la iglesia de Santa María de Cardona, que están hoy expuestas en el Museu d’Art Romànic de Barcelona (MNAC), pues datan del año 1040. Situándose debajo de las mismas, quien hoy lo desee podrá conectar con la admiración que debió de sentir aquel piadoso joven, puesto que de los frescos en arte románico del templo de Santa María de Solsona ya no queda ni rastro. Estas construcciones románicas siguen visibles en la catedral de la Seo de Urgel, y para los que no sean catalanes les ha de servir la iglesia de Santa Juliana en la colegiata de Santillana del Mar, ambas del siglo XII.
CONTEXTO SOCIO- POLÍTICO DURANTE LA JUVENTUD DE ARNAU DE TORROJA
Adviértase que Arnau de Torroja debió de nacer cuando el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, se procuraba las alianzas políticas entre los nobles catalanes que harían posible con el tiempo, el que todos a una fuesen capaces de guerrear contra los musulmanes de las principales ciudades. Los reinos taifas tuvieron en ellas sus puntos de comunicaciones estratégicos, y eran las capitales más importantes dentro de la llamada Cataluña Nueva. Al cabo de una década todo el campo de Tarragona pasó de ser “tierra de nadie” a campos cultivados por cristianos repobladores enviados allí por el soberano catalán decidido a superar las empresas de sus antepasados en la unificación del país por las armas y con la ayuda de su fe cristiana. Aun así, eran unos años cuando seguía siendo impensable que Tortosa fuese el origen de una discordia entre Cataluña y Aragón, como luego sucedió.
La infancia de Arnau de Torroja transcurrió plácidamente entre el palacio fortificado del llano y el castillo que su padre estaba terminando de amurallar en la cima de una gran colina llamada Mont-Vell, que domina por la parte de poniente la la ciudad de Solsona. En aquel siglo XII la población estaba más alejada que en el siglo XIV de la privilegiada atalaya natural sobre el Prepirineo, pues desde arriba del Castell-Vell se despliega una gran panorámica muchos meses cubierta de nieve, empezando con el Port del Compte (actualmente con una estación de esquí).
Desde el que hoy es conocido como Castellvell de Solsona, el niño Arnau de Torroja se deleitaría observando la gran planicie que veía extenderse hasta divisar en el horizonte SW. la montaña de Montserrat en días despejados, y soñaría con la libertad de poder imitar a los mayores que veía cabalgar de un lado a otro armados hasta el cuello. Arnau de Torroja en aquellos tiempos de gran cambio social iba creciendo en los peligros de una tierra fronteriza, de la cual, afortunadamente para él, los musulmanes cada día estaban siendo más alejados hacia el sur. Mientras Arnau fue un niño su padre, el conde Señor de Solsona, reconstruía la dicha fortificación en la cumbre del “Mont-Vell”, el más elevado y cercano a Solsona, y es de suponer que a Arnau debió de gustarle cabalgar hasta aquella cima de gran visibilidad. Desde ahí se veía bien su palacio fortificado pero no la población, pues quedaba oculta tras la dura pendiente entre la iglesia románica, también en reconstrucción, y el río Negro. En aquel desnivel, mucho mejor protegido de los vientos del norte, la gente en cambio sí veía el castillo en reconstrucción en la cima del Mont-Vell. Aquella concentración de gente a orillas del río tuvieron en la parte más alta de donde estaban sus casas, la entrada del templo católico dedicado a la Virgen María, que como en todas partes de los Pirineos y el sur de Francia, por no decir todo el orbe cristiano, era devotamente venerada con el divino Niño en su regazo. Desde los primeros tiempos de los caballeros templarios, se había potenciado su devoción, en especial si eran imágenes de color negro, siendo el núcleo esperanzador de las afanosas vidas de las gentes. En tiempos de Arnau de Torroja se veneraba en Getsemaní, muy próxima a Jerusalén, la tumba de la Virgen María, como el mismo tuvo ocasión de comprobar años después. Estaba tan bien localizado que construyeron su sepulcro aislado en medio de la cripta y encima se levantó un templo benedictino al que se accedía por una moumental escalera. Los reyes y lideres cruzados, así como sus familias, pidieron ser enterrados allí. Su tumba en Éfeso fue de invención muchos siglos posterior.
En cuanto al templo románico de Solsona se ubicaba entonces algo alejado del palacio fortificado que era la residencia familiar del conde Ecard-Miró en el llano (después llamado Señor de Torroja). Entre la iglesia y su palacio antiguos hoy corren las sinuosas calles que configuran en casco antiguo de la ciudad de Solsona, siendo fácil de imaginar que cuando el joven Arnau hizo sus primeras galopadas a caballo por aquel terreno, debió de ser preferentemente por la siempre después llamada “calle del Castillo”, que es la arteria principal de la ciudad. Por entonces tan sólo eran simples huertos pertenecientes Ecard-Miró, el padre de Arnau.
El principal pasatiempo de los jóvenes de los años en que él creció y se formó Arnau de Torroja debió de consistir, sobre todo, en adiestrarse en el uso de las armas, especialmente la espada, sin descuidar la cultura clásica que a él le correspondería por su noble cuna. Todo ello, Arnau y sus hermanos está claro que al pasar los años supieron aprovecharlo muy bien.
Particularmente lo que más cuesta de entender es cómo fue que Arnau de Torroja, nacido en Solsona como yo mismo, llegase a ser un personaje de talla internacional en el siglo XII, porque cuando crecí a mediados del siglo XX en la misma zona, Solsona seguía estando alejada (por no decir aislada) de las principales carreteras que cruzaban Cataluña. Puedo sospechar no obstante que por el centro de Cataluña entonces debió de existir una ruta transversal que llegaría a los Pirineos siguiendo las vías de tranhumancia desde época muy remota.
Arnau de Torroja fue educado en unos tiempos cuando todos los estamentos de la sociedad catalana estaban fascinados por el renombre de la Orden del Temple, y más cuando el conde Ramón Berenguer III murió (1131), en plena juventud, cubierto con una capa de la Orden de monjes con espada, de la cual él mismo era miembro y gran benefactor, cediéndoles muchas tierras conquistadas en la actual provincia de Tarragona (A. Bofarull “Hist. de Cat.”, Barcelona; vol. VI, p.63).

En el monasterio de Santa María de Solsona los monjes tuvieron una escuela donde eran instruidos los jóvenes de la comarca que aspiraban a formar parte del convento de los devotos de San Agustín, obispo de Hipona (N. de África). Todo ello, aparte de los párrocos que se distribuían por las diócesis de la comarca con el propósito de salvar almas. Como escuela pública pionera en el país, existe un documento del ACDS que informa incluso que uno de aquellos maestros se llamó Porcel y ejercía aún en 1153, por lo cual, si se trató de un monje entrado en años, bien pudo haber sido el maestro de Arnau de Torroja. En su niñez tan sólo había sido una escuela para los hijos de la nobleza, pero en pocas décadas de aquellas aulas salieron perfectamente aleccionados todos los jóvenes de la plebe. La rápida ascensión jerárquica dentro del poder eclesiástico de Guillermo de Torroja, el hermano de Arnau, hizo posible que mi biografiado saliese de su ciudad natal para ocupar algún cargo de responsabilidad en Barcelona donde estuvo muy bien recomendado. En efecto, y es que estudios no le faltaron. Escribió al respecto el sacerdote Antoni Llorens, archivero del ACDS, en su libro: “Solsona y el Solsonés en la historia de Cataluña”:
“Atribuimos a aquella escuela el manifiesto y notable progreso en el conocimiento de la lengua latina que se observa en la documentación desde comienzos del siglo XII. El monasterio, siguiendo las corrientes culturales de la época, no iría a la zaga de los centros de cultura que eran las escuelasde las catedrales, como lo demuestran los dos cartularios salidos de su “scriptórium” con bella y cuidada caligrafía y las personalidades que de él salieron(…), lo cual no excluye que luego pudiesen ser enviados a centros de cultura superior para completar su formación… (Tortosa, Lérida y Toulouse del Languedoc)”.
La mejor prueba que Arnau y sus hermanos aprovecharon bien las lecciones que recibieron por sus maestros eclesiásticos, es que las primeras noticias que constan escritas son de sus cargos entre los canónigos, tanto de la diócesis de Urgel, el hermano llamado Guillermo, como el propio Arnau el año 1135. Así, cuando comenzó a estudiar en el monasterio agustiniano de Santa María de Solsona, ya vivirían allí en en comunidad bastantes más de los cincuenta monjes residentes del año en que Arnau nació. No sólo estudió temas eclesiásticos y del Nuevo Testamento, sino que le pondrían al corriente de las grandes novedades de aquel siglo, como lo fueron, por ejemplo, que se empezó a utilizar la letra cursiva en la escritura franca porque la visigótica cayó en desuso. También fue en aquel siglo se publicó el Codice Calixtius, que fue la primera guía del viajero (1130) para los peregrinos que hacían el Camino de Santiago. Mucho de lo avanzado se debió a que en el siglo XII los soberanos no podían intervenir en las disputas entre payeses y nobles. De ahí la necesidad del pacto feudal que se años antes se había hecho extensivo por la iglesia con el nombre de “Paz y tregua”.
Por supuesto que su padre Ecard-Miró estuvo interesado en que todos sus hijos tuviesen adecuada preparación para la guerra. Eran una familia tan guerreros como místicos, cuyos varones tomaron parte en las famosas conquistas de Almería, Tortosa y Lérida entre otras, en un período en que allí donde está la catedral de Barcelona aún había una sinagoga judía,… y aún siguió estando dos siglos más!. Cataluña habían ya construido incontables iglesias y castillos desde los altos valles pirenaicos hasta el litoral mediterráneo. Pronto Arnau tomaría conciencia que habitaba en un núcleo fuerte del país, así como de que vivía una época de plena expansión por las muchas tierras que se ganaban a los musulmanes.
AUGE DE CATALUÑA Y DE LA “CASA DE BARCELONA” EN EL s. XII
Los miembros del noble linaje catalán, luego llamado Torroja, de Solsona, participaron activamente en la reconquista y repoblación de las tierras, empezando por la comarca de La Segarra, que se extiende al sur de la del Solsonés. Allí conquistaron un estratégico castillo llamado Torroja, significando “tierra roja”, situado a 7 km. al sur de Cervera (la capital comarcal). Posteriormente el topónimo degeneró en Tarroja, y está a otros tantos kilómetros del santuario donde fue enterrado san Ramón Nonato (el “Escorial de la Segarra”), formando triángulo con ambas localidades y ocupando su vértice de 90 grados.
Los belicosos Señores de Solsona por algún motivo acabaron variando su señorío por el topónimo Torroja, en perjuicio del de Solsona de donde eran hijos y señores. Creo que para ellos debió de ser un gran orgullo la posesión del tal castillo. Con su cambio de nombre quizá el Señor de Solsona manifestaba, a quien lo dudase, que su familia poseía el señorío de La Segarra sin discusión posible. Está en el centro del valle de Sión, al cual se llega por la carretera que une Cervera con Guisona. Es allí donde el río del mismo nombre confluye con el torrente de Valls. La primera referencia se remonta al año 1040 a través del acta de consagración de Santa María de la Seu d’Urgell. En 1144 Tarroja de Segarra fue donada a la comunidad de Santa María de Solsona, y posteriormente aparece propiedad de la familia Torroja. En 1142 el señor feudal Ecard de Torroja dejó la mitad de dicha villa a Santa María de Solsona y la otra mitad en 1167 a su hijo heredero Ramón II (+1195), que era sobrino de mi biografiado Arnau de Torroja. En siglos posteriores, por matrimonio de Agnés de Torroja con el vizconde de Cardona, aquel castillo pasó a ser propiedad de Ramón Folc III.
Cuando hoy en Cataluña se busca remitirse a heroicidades históricas la gente recuerda la proclamación de autonomía, o del estatuto, etc., pero una década antes del nacimiento de Arnau de Torroja pensaban en las luchas que acabaron con el auge de los musulmanes en el prepirineo catalán, y luego con el doble saqueo de éstos del califato de Córdoba (1010). Fue un gran atrevimiento ya sólo el hecho de llegar hasta allí vía Lérida, Zaragoza y Toledo; y como además les salió bien, se recordó con orgullo durante toda la juventud de mi biografiado. Los catalanes pudieron pensar que eran más poderosos, a pesar de ser menos refinados, y en cierto modo bastante peor desorganizados, que las tropas a las cuales derrotaban. Tantos éxitos eventualmente también se trastocaban, como cuando dichos expedicionarios fueron vencidos en las cercanías de Gibraltar, muriendo en la aquella batalla el conde Ermengol de Urgel y los obispos de Barcelona y de Gerona. Cada conde Ermengol de Urgel quiso ser enterrado en la cripta de la iglesia de Solsona, la cual sigue inexplicablemente aún sellada (?).
Aquella cultura bélica, y los matices políticos del periodo posterior, la debió aprender antes que Arnau de Torroja su hermano mayor Guillermo, tanto antes como después de ser obispo de Barcelona. Guillermo informaría de todo al joven Arnau durante sus estancias en Solsona, quien a pesar de su juventud, sin duda debió de interesarle mucho y supo de la importancia de ciertas estrategias socio-políticas. Por ejemplo, sucedió que el rey de Castilla, Alfonso VII, deseaba dominar la capital del río Ebro, lo cual trataban de evitar con todas sus fuerzas reunidas los condes de Barcelona y de Urgel, éste último porque además ostentaba entonces el título de marqués de Zaragoza. Si el castellano tomaba la plaza a orillas del Ebro, era seguro que después se haría tabién con Lérida y Tortosa, que igualmente estaban en poder de los musulmanes.
El primero en dar protección al rey aragonés Ramiro, fue Pedro Rovira, un maestre de las órdenes de Sión y del Temple, quien por cierto precedió a Arnau de Torroja en el cargo de Maestre de Provenza y todas las tierras hispanas (1143). Los cargos de Maestre Provincial en la Corona Catalano-Aragonesa desde 1159 fueron sucesivamente: Hugo de Barcelona, sucediéndole en 1163 Hugues de Geoffrey. En 1166 fue nombrado Arnau de Torroja, siendo en los dos años siguientes que los templarios aragoneses participan definitivamente en las conquistas del litoral Mediterráneo, como en Caspe y Alfambra, castillo éste que en 1170 les sería donado. Mayor beneficio les representó la concesión de su independencia respecto a cualquier otra jurisdicción político-religiosa exceptuando el Sumo Pontífice de Roma (1172). En 1176 los templarios aragoneses y castellanos colaborarían también en la conquista de Cuenca. En 1181, cuando Arnau de Torroja fue nombrado Gran Maestre, residiendo en Palestina, el provincial de Cataluña/Aragón fue Berenguer de Avignon. Dos años después lo fueron respectivamente Guido de Sellón y Ramón de Canet y en 1185 lo fue Guilabert Errall.
MAESTRE DE PROVINCIA: DURACIÓN DEL MANDATO
Pere de Rovira de Nov. 1143 a Enero 1158
Hug de Barcelona de 1159 a Abril 1162
Hugues de Geoffrey de Mayo 1163 a 1166
Arnau de Torroja de Oct. 1166 a Marzo 1181
Berenguer de Avinyó de Abril 1181 a marzo 1183
Guido de Sellón de Abril a Junio 1183
Ramón de Canet de Nov. 1183 a Julio 1185
Pedro Rovira fue el primero que llevó el sobrenombre de Maestre provincial de la Orden de Occidente. Lógicamente Arnau, al sucederle, continuó en la misma línea de proteger al conde catalano-aragonés cuando lo necesitaba, y lo hizo seguramente más que Rovira, al ser Ramón Berenguer IV su soberano natural.
Cuando el rey Ramiro de Aragón decidió consolidar su amistad con las cortes de Barcelona y del Languedoc (1139), el rey de Castilla, viendo que los aragoneses tenían firmada la concordia con Ramón Berenguer III, salió de Zaragoza tan resentido, que un año más tarde aún firmaba como “rey de Zaragoza” para ultrajar como fuese al conde de Barcelona. De todo aquello el pueblo captaba algo, y no hay duda que mientras duró fue un gran trastorno por la posibilidad de guerrear con el vecino de poniente en tiempos de muy gran carestía.
La Casa de Barcelona indirectamente dominaba Provenza desde tiempos de Carlomagno, pero al retirarse de Toulouse del Languedoc el conde Guillermo de Orange, en 1022 (cuando Arnau de Torroja debió de nacer), los del Languedoc fueron tomando entidad hasta que reclamaron Provenza para tener acceso al mar. Su reina, llamada Gerberga, en el año 1110 casó a su hija Dulce de Provenza con Ramón Berenguer III. Así la Casa de Barcelona se unió con la condesa de Provenza.
Aunque los Condes de Toulouse disputaron casí dos siglos después la posesión de Occitania a la Casa de Barcelona, a favor de los catalanes en Provenza prevaleció el hecho de que el clero y la nobleza apoyaban al conde catalán. Aquellas luchas duraron décadas, con treguas acordadas y también incumplidas, … y ello a pesar de los peligros, ya que el acceso al Mediterráneo era la mejor forma de compararse con los grandes de la política y del comercio europeo. Desde que se unió con Aragón, Cataluña se abrió al mundo con las máximas garantías. En 1162 tuvo lugar la creación del reino catalano-aragonés llamado “La Corona de Aragón”.
En cuanto a la política internacional catalana que vivió Arnau de Torroja en el siglo XII, fueron tiempos que pronto pasaron a ser terribles para los occitanos, porque en 1147 el pontífice Eugenio III envió un legado al Conde de Toulouse para detener el progreso de los cátaros, pero no tuvo éxito. El Papa envió a aquellas provincias más llenas de librepensadores a sus predicadores a fin de combatir la expansión de la fe cátara pero los considerados herejes cada vez incrementaban su influencia en Occitania debido a la protección del duque Guillermo de Aquitania, así como por la gran mayoría de la nobleza occitana.
Por otra parte el joven Arnau supo bien del auge imparable de los musulmanes almohades en la mitad sur de la Península (1147-1260). Exactamente en 1172 consolidaron su victoria sobre los almorávides (el “segundo periodo” de los reinos taifas del Al-Andaluz).Una vez culminaron su puritana reforma espiritual islámica, procedieron a fortificar Cáceres, Badajoz y Sevilla, ciudad ésta que convirtieron en su capital construyendo en ella (como en todos sus principales dominios), vistosos edificios con reminiscencias del arte bizantino. Para el resto de los europeos, en aquel tiempo la Península Ibérica se veía como “un Oriente” dentro de Occidente.
DESDE LA PRE-CRUZADA, A LA PRIMERA OFICIAL DEL 1099
La educación de Arnau de Torroja sin duda incluyó justificar las grandes campañas guerreras en Tierra Santa. Fueron circunstancias culturales que marcaron su carácter más quizá que su educación como miembro de la nobleza. Supo mejor que nadie de nuestro tiempo el verdadero motivo de la llamada a una cruzada concluida tiempo antes. Todo le fue explicado bien justificadamente, y una retrospectiva de los hechos hace obligado remontarse a Al-Hakim, el emir fatimí de El Cairo (a veces llamado Karim) cuando, al radicalizar la religión islámica, obligó por decreto a los cristianos egipcios (llamados coptos) a llevar una campanilla colgada al cuello siempre que se moviesen por lugares públicos. Como además dicho emir ordenó destruir el Santo Sepulcro de Jesucristo, al saberse desató el mayor odio contra todo lo musulmán en Europa y en consecuencia los hombres acudieron en masa a la llamada del pontífice. Así fue como, paradójicamente, gracias a los invasores cruzados el muy intransigente Al-Hakim se mantuvo más décadas en el poder.
Bajo sultán Al-Hakim Jerusalén fue destruida hasta sus cimientos, …y luego aún debieron pasar once años más hasta que los cristianos fueron autorizados a visitar aquellas concretas ruinas, aunque no se les permitió rezar allí. Al cabo de muchos años los cristianos pudieron reconstruir otro digno santuario en el mismo sitio, gracias a un tratado de paz y especial acuerdo entre el emperador Argirópulos de Bizancio y el sucesor de Al-Hakim, el cruel radical derrotado.
Se dio la casualidad que mientras el islam se expandió hacia oriente, los turcos se expandieron hacia occidente topando ambos en la actual frontera oriental del Irán. Los turcos ladinamente se convirtieron al islam por ser la forma más rápida de continuar expandiéndose hacia poniente, de forma que se hicieron mercenarios de los califas de Bagdad (el centro neurálgico del islamismo), quienes acabaron siendo dominados por los turcos cuatro siglos antes de la primera gran Cruzada que consiguió tomar la ciudad de Jerusalén en 1099. Su actitud provocó que perdiesen el control de Jerusalén, porque desde 1076 habían dejado de respetar a los peregrinos que allí acudían. Para protegerlos, unos miles de hombres de fe, previamente a la primera Cruzada, fracasaron al tratar de resolverlo confiando en el poder de las armas.
El promotor de la primera gran Cruzada había sido uno de aquellos caballeros calabreses que, antes de ser el tan famoso monje, había logrado salvar la vida de una expedición de cristianos debido a que fueron ninguneados por los bizantinos. Éstos finalmente decidieron recoger un par de miles de dichos expedicionarios cuando ya estaban a punto de ser masacrados en la costa Palestina. Entre ellos el luego llamado Pedro “el Ermitaño”, quien, al explicar al pontífice Urbano II las barbaridades que sucedían en Tierra Santa en 1095, le permitió invitar a los nobles europeos a reclutar un ejército para poder liberar la tierra pisada por Jesucristo. Actualmente hay historiadores que atribuyen mayores matanzas entre los propios expedicionarios cristianos que contra sus enemigos. En definitiva se justificaba la violencia por la fe. En nuestra actualidad sabemos de ejemplos semejantes;… pero es que incluso el resultado también lo fue: ¡ nefasto !.
Muchos de los que salvaron la vida en una pseudo-cruzada, previa a la oficial, al regresar habían pasado a residir en Apulia-Calabria en 1170. En Orval, que era propiedad de una tía de Godofredo de Bouillon, construyeron una abadía, y entre ellos también estuvo Pedro “el Ermitaño”, quien parece haber sido conocedor de que en el subsuelo del lugar más sagrado de Jerusalén existían documentos referentes a la vida de Jesucristo de naturaleza “explosiva”. Hoy día podemos entender eso debido al hallzago de documentos de todo tipo que no dejan de sorprendernos y todo lo cual sin duda fue bien conocido por Arnau de Torroja, aunque dedicaré un trabajo a parte para referirme a este tipo de especulaciones.
Cuando Pedro “el Hermitaño” pasó a reunirse con los que vivían en el bosque de las Árdenas, propiedad de Godofredo de Bouillon, dicho guerrero religioso, salvado de milagro de su aventura Palestina, pudo haber sido incluso su preceptor. Por otro monje ex expedicionario llamado Ursus, se adivina la conexión con los reyes merovingios en aquella fracasada empresa en los Santos Lugares, pues no en vano después “el oso” fue un apelativo vinculado a la dicha estirpe davídica. En aquellas conexiones previas a la primera Cruzada oficial hay que buscar el embrión de la orden de Sión. Por poco que se crea en los llamados “Dossiers Secrets” de la Biblioteca de París, el tío de Bernardo de Claraval, de nombre Andrés de Montbard, fue uno de sus primeros miembros. En cuanto al propio Bernardo de Claraval (quien hizo edificar su primera abadía en 1135, y la segunda en Fontenay en 1139), resulta evidente que enmascaró el culto a la Magdalena tras el de la mariolatría, de ahí su inusitado empeño en ensalzar la casa de María Magdalena en Betania.
Pedro “el Hermitaño” convenció a los franceses medievales para ofrecerse voluntarios con relativa facilidad, al ser un período cuando los europeos eran incapaces de la menor abstracción, y ello a pesar de venerar desde siglos antes las imágenes-ídolo. Por aquel entonces incluso la medicina era considerada pura superstición, y el cálculo era algo casí indescifrable. Para los musulmanes a quienes combatieron, en cambio, éstas y muchas otras disciplinas eran ya consideradas ciencias, y así fue que los cruzados al verse atacados con pólvora y con el llamado “fuego griego” y cañones, debieron padecerlas bien atónitos. Ciertamente entonces el mundo islámico era el más adelantado de esta parte del mundo.
En el siglo XII los caballeros europeos realmente se burlaban de toda actividad intelectual, vanagloriándose de su propia brutalidad, de forma que el Papa en Clemond-Ferrant tuvo el mayor éxito al predicarles para ofrecerles una salida a tanta general insensatez. En un momento de su arenga les dijo:
“Guerreros cristianos que en vano buscáis una vez tras otra pretextos para pelear, alegraos pues hoy habéis encontrado un motivo legítimo,… id y luchad por la redención de los Santos Lugares,… si os vencen tenderéis el honor de morir en el mismo lugar que Cristo…”.
San Bernardo llamó a la Segunda Cruzada desde la iglesia de Vézelay consagrada a la Magdalena, pues como en mejor ocasión referiré, fue la forma de reclamar lo que en Palestina correspondía a sus legítimos descendientes. No en vano tan influyente monje escribió ochenta y seis sermones glosando el conflictivo libro “El Cantar de los Cantares”, atribuido al rey Salomón.
Una vez conquistada la ciudad “Tres veces santa”, Godofredo de Bouillon humildemente rechazó no obstante ser nombrado rey de Jerusalén, ejerciendo como cabeza de un nuevo Estado que se llamó Reino Latino de Jerusalén. Además del territorio perteneciente al actual estado de Israel, el Reino Franco comprendió el sur del Líbano (todavía hoy día tan conflictivo), y partes de Siria y Jordania. A partir de entonces la orden de Sión se comprometió a defender los derechos de aquella estirpe de soberanos que se consideraban descendientes del rey David, y por tanto del mismísimo Jesucristo. La orden del Temple se creó posteriormente como un necesario brazo armado para corroborar físicamente tan gran compromiso genealógico, claro está que con el pretexto de defender a los peregrinos en ruta.
EL ARZOBISPO GUILLEMO DE TORROJA, DE CONSEJERO A REGENTE DEL REINO
Guillemo de Torroja, el hermano de Arnau, mi biografiado, fue una sorpresa para mi descubrir su relevancia en la gestación de la Corona de Aragón desde que fue obispo de Barcelona, y posteriormente sus éxitos políticos como regente del reino catalano-aragonés cuando su hermano Arnau de Torroja era todavía joven. Es decir, empecé interesándome por un gran hombre a nivel internacional, y me encontré con que su hermano también tuvo una excepcional talla política, e igualmente era un paisano mío de siglos pretéritos.
Guillermo de Torroja (+ Tarragona 1174) fue obispo de Barcelona (1144- 1171) y arzobispo de Tarragona desde 1171, llegando a ser la más alta jerarquía religiosa en la Corona catalano-aragonesa, y a la vez un político de primera magnitud, por más que históricamente fuese eclipsado por el gran renombre del conde-rey Ramón Berenguer IV, de quien fue uno de sus principales consejeros. Como Guillermo lo sobrevivió, fue al mismo tiempo: tutor, marmesor, regente de la Corona de Aragón y arzobispo de Tarragona. Su muerte allí el día 7 de mayo de 1174 fue muy sentida por todos sus súbditos, y más por su hermano que era ya un alto dirigente templario, aunque por entonces aún le esperaban el mayor ascenso dentro de su Orden.
Creo que puedo razonar correctamente una aproximación al personaje mediante mi estudio teórico, teniendo en cuenta, por ejemplo, las exigencias que la muy poderosa Orden del Temple consideraba imprescindibles al nombrar a sus máximos líderes;… y no digamos lo exigido por parte de la orden matriz y hermana llamada “de Sión”, la cual Arnau de Torroja al mismo tiempo también presidió;… una orden de cariz más iniciático que al parecer sobrevive en nuestros días activa, pero en secreto, siendo conocida como Priorato de Sión.
Debo insistir siempre en este libro en que a los grandes maestros de las dichas órdenes monástico-militares conjuntas se les exigió ante todo, el tener un historial inmejorable en las luchas en Tierra Santa, así como haber hecho otros méritos de todo tipo dentro de sus respectivas órdenes. Un obispo de la ciudad de Acre los describió cual “leones en la guerra y corderos en el hogar”. Rudos caballeros en el campo de batalla capaces de transformarse en monjes piadosos en las capillas. Hombres mansos con suave carácter con sus amigos, en fin, aunque por otra parte dada su austeridad, tuvieron prohibido hacer deportes ni mostrar ira, o reír, y menos aún recordar lances amorosos de su juventud.
El prelado de la familia Torroja de Solsona enseguida debió de ver en las directrices de la novedosa Orden del Temple, la más digna de las salidas para su hermano Arnau, hecho de su misma pasta, y le aconsejó enrolase como recluta voluntario en la Orden del Temple. La ocasión era de oro, porque los favores del obispo para con los templarios bien merecería que le correspondiesen con aceptar a su recomendado hermano, prometiéndole que se le educaría para desempeñar las máximas jerarquías de los monjes con espada, si hacía los méritos exigidos para ello.
Pero dichas hazañas bélicas las comentaré a parte, porque el eclesiástico Guillermo de Torroja entonces también resulta evidente que benefició a su hermano Pedro nombrándolo abad de Vilabertrán (Figueras). Luego lo promocionó a la mitra de Zaragoza (1152), un nombramiento sumamente importante porque desde su mandato la capital del Ebro quedó de un plumazo subordinada a la metrópoli de Tarragona, concluyendo con ello un largo conflicto de límites diocesanos, ya que Castilla pretendía que aquella diócesis les perteneciese. En sólo dos años de gobierno Guillermo y su hermano Pedro de Torroja hicieron realidad el que las fronteras, antes estrictamente políticas, fuesen también eclesiásticas.
El obispo Guillermo tampoco debió de ser ajeno al enlace matrimonial de su sobrino Ramón II de Solsona con una sobrina del conde Ramón Berenguer IV, dado que se le encuentra haciendo de testimonio en su boda el año 1162. Este sobrino suyo fue quien en 1181 también intervino en la isla de Sicilia, a las órdenes del Conde de Foix (Fr.) donde se defendía la herencia de su sobrino Hug Ponç de Cervera; siendo entonces, por cierto, la primera vez que los catalanes pusieron pie en aquella isla (J. Miret Sanç: “Els vescomtes de Bas a l’Illa de Sardenya”, Barcelona 1901- p.73).
A Ramón II de Solsona su tío obispo Guillermo de Torroja lo ofreció como rehén de los Genoveses hasta que no les fuesen pagadas las cantidades convenidas por su ayuda en la conquista de Tortosa (1148). Además Guillermo tuvo otros hermanos como Ponç y Berenguer, sobre los que no puedo extenderme, ya que aunque tuvieron altos cargos, no fue a nivel internacional. Remito a los interesados al opúsculo escrito por Antoni Llorens Solé, titulado: “La valuosa ajuda, bèl.lica i diplomàtica, prestada al comte de Barcelona, Ramón Berenguer IV, pels Torroja, senyors del Castell de Solsona”, publicado en 1988 en la revista Medievalia, ISSN 0211-3473, nº 8. (“Estudios dedicados al Profesor Frederic Udina i Martorell”- pags. 253-264″).
El obispo Guillermo de Torroja, tenía su ejército personal como todos los mandatarios de la Iglesia, y no pudo depositar su confianza en nadie mejor que suentonces joven hermano Arnau para capitanearlo. Resulta una deducción tan obvia que no voy a extenderme en demostrarla. Sería mucho menos explicable que un hermano como Arnau se hubiese quedado entretanto en la aislada Solsona. Alternar con quienes visitaban al obispo de Barcelona le haría ser de modales y trato exquisito a pesar de su juventud. El caso es, que tanto si estuvo a su lado como si no se acercó jamás por la curia, mi estimado paisano biografiado Arnau de Torroja había seguido con el máximo interés los once años que oficialmente su hermano Guillermo y el Señor de Montcada, que era el gran senescal de Cataluña (equivalente a un ministro de la guerra actual), gobernaban la gran coalición catalano-aragonesa, habiendo logrado exitosamente, primero promover y luego confirmar, la paz entre dos estados hermanados.
Guillermo quedó históricamente eclipsado por los muy famosos soberanos de su tiempo. La fama de Ramón Berenguer III “el Grande” invistió incluso la persona de su hijo Ramón Berenguer IV. La tradición tenía un enorme peso entonces, y más por las grandes alabanzas inmortalizadas por la “Gesta Comitum Barcinonensium”, que en recuerdo de Ramón Berenguer III fue escrita por los monjes de Ripoll. Tal fue el tema de otro libro en el cual presenté al citado conde-rey catalán como el prototipo de joven héroe del cuento titulado Perseval (“Per-se-val” en vernáculo). Era inolvidable que bajo su gobierno se hubiesen construido más de 300 iglesias en Cataluña. A la versión más antigua de aquella obra “Gesta…” posteriormente aún se añadió:
“… fue un hombre de bien, sabio, de gran ingenio y gran consejo y de gran fama por todo el mundo, grande de corazón y humilde y sutil en sus propósitos. Todos lo miraron por su cortés porte y vestimenta; era alto y de constitución fuerte, de corazón y manos proporcionadas en todos sus miembros, bello de corazón…”
La credulidad de aquellos incultos tiempos era suplida por la fe y entusiasmo. Así, las heroicidades de la reconquista se remitieron a líderes como Carlomagno y alguno de sus nobles. En Cataluña hubo personajes belicosos tipo el conde Arnau, y también el jovencito Peredur, quien, inspirado por Dios, era un “campeón de la inocencia”, como el Perceval cuando su leyenda regresó a Cataluña envuelta por la saga del Santo Grial. Dado que Ramón Berenguer III a los 15 años había logrado hacerse reconocer como legítimo heredero al trono y obligar después a su tío fratricida a partir voluntario a las Cruzadas (de donde no volvió), obviamente el joven soberano criado en cortes francesas, fue presentado como el héroe que se valía por si mismo (Per-se-val)
Una vez explicados los motivos del por qué Guillermo de Torroja permaneció olvidado por la historia de Cataluña, le dedicaré unas obligadas pero bien merecidas páginas, para escribir las cuales me ha sido preciso reunir datos releyendo mucha letra menuda dispersa, así como las notas al final de las páginas de antiguos libros de historia medieval, y muy en especial los referentes a la nobleza de Solsona mi ciudad natal. Así como de Guillermo de Torroja quedó recogida bastante documentación en los archivos locales, en cambio hay muy poca de su hermano el Gran Maestre de la Orden del Temple de Jerusalén, cuya persona es ignorada por los más prestigiosos historiadores foráneos.
El Gran Maestre Arnau de Torroja, a pesar de su gran poder político a nivel internacional, fue por completo olvidado, hasta mi contribución, en todas las enciclopedias, y los expertos pudieron incluso dudar de su nacionalidad. Para colmo, recordaré que Arnau de Torroja fue el último Gran Maestre conjunto del Temple y del actualmente llamado Priorato de Sión (tan de moda en nuestros días), porque en efecto, pocos años después de morir Arnau ambas órdenes hermanas se separaron (1188). El castillo de Gissors donde se hizo la solemne división, pasó a ser el centro de mando de la orden del Temple en Francia, país que, dada la forma como fueron exterminados en 1314, tal parece que los templarios hubiesen pretendido llegar a convertirlo en su feudo, pues tuvieron poder para ello.
Para cualquier investigador foráneo el medieval linaje de los Torroja de Solsona presenta mayores dificultades que para los historiadores locales. Hurgar en el vacío existente sobre la personalidad de quien llegó a ser máximo dirigente de las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén todavía actualmente resulta tarea muy difícil, pues los pocos datos acerca de su vida se limitan a dar, como máximo y en poco más de una línea, la fecha y lugar de su fallecimiento y nada más. En francés fue llamado Arnaud de Toroge -o Torroge-, Arnold de Tour Rouge y Torre Rubea en latín. Otras variantes fueron: Arnould, Arnulf, Arnou, Arnault, Arnoo, Heroul y Herault. Lógicamente, en mi investigación sobre su persona me ayudó mucho del poder fáctico de su poderoso hermano desde que fuese obispo de Barcelona.
La mayor fuente de información sobre su hermano el obispo Guillermo de Torroja, no obstante está en la monumental Enciclopedia Espasa-Calpe, del año 1928 (vol. nº 62 – p.178), donde se explica que se distinguió especialmente por su celo, tanto en sentido religioso como patriótico. Lo más chocante fue su “invento” de gravar con un impuesto especial a los pescadores desde Sant Feliu de Guixols hasta el castillo moro de Tamarite (costa norte de Tarragona), de forma que pagasen una parte del dinero que ganaban a la Iglesia, …¡ y a perpetuidad!. Esta manipulación de la sociedad ignorante fue un gran fallo de los clérigos, y explica las simpatía popular por los templarios, pues al menos ellos sólo debían obediencia al Papa, y cuando querían podían dejar en evidencia al prepotente y corrupto clergato o a cualquier otro soberano, si se hubiese dado el caso.
El obispo Guillermo no actuó por ambición al dictar aquel impuesto, porque el dinero recaudado lo gastó en preparar la conquista de Tortosa, siendo a petición del conde-rey que le entregó además cincuenta libras de plata del tesoro de la Seo barcelonense. Para poder reunir tal cantidad, se dice que fundió no pocos objetos de culto religioso de todas las iglesias que pudo. Después de la conquista de Tortosa el obispo de Barcelona Guillermo de Torroja recibió en recompensa (15.10.1148) posesiones en las tierras ganadas a los musulmanes, y en hipoteca el castillo y bienes de Viladecans, cerca de Barcelona (según los cronistas Pujades y Diago). Todo lo entregó en su testamento a la Seo de Barcelona cuando murió, a condición que el dinero obtenido se gastase en alumbrar las lámparas de la iglesia, en especial las de la capilla de Santa Eulalia, quizá en recuerdo del monasterio que él había fundado en Santa Eulalia del Camp. También, como eclesiástico, Guillermo debió satisfacerle el hecho de que la diócesis de Tortosa incluyese después todos los pueblos de la comarca del Mataranya, que hasta 1152 había sido el límite de la frontera eclesiástica. Se le agradecería mucho entre los monjes cistercienses los favores que recibieron de Guillermo de Torroja, primero los del monasterio de Valldaura y después los de Santes Creus.
El contexto económico del siglo XII debe ser también comentado porque el comercio pudo ser asociado al oficio de banquero, si bien esta palabra “bancheri” no se encuentra escrita hasta mediados del siglo en Génova (Italia). Eran años que florecían las poblaciones, y más aún las que estaban ubicada en cruces de caminos de rebaños trashumantes porque en ellas se inventaron las primeras ferias. Los peregrinos y comerciantes empezaron a moverse seguros por primera vez por las vías de comunicación terrestres, porque las marítimas eran aún muy peligrosas. La mayor novedad del período fueron los cambistas y los prestamistas a crédito, y más después de la protección de los caballeros templarios. Los comerciantes con vocación de banqueros también fueron los recaudadores y tesoreros de la Iglesia católico-romana los años en que el dinar musulmán y el áureo bizantino tenían el prestigio que actualmente tiene el dolar estadounidense.
En los registros del obispado de Barcelona de Guillermo de Torroja se conservan actas de algunas concesiones y consagraciones de templos, siendo el más importante la iglesia románica, hoy aún en pie, en pleno casco antiguo de Barcelona (calle Corderers). Había sido edificada por el rico comerciante y consejero real Bernat Marcús, quien tuvo propiedades incluso en la comarca del Solsonés de donde los Torroja eran oriundos. Al obispo Guillermo cierto día del año 1150, aquel noble comerciante le solicitó la consagración de dicha iglesia románica, la cual inicialmente se dedicó a la advocación de Santa María. Allí se venera Nuestra Señora de la Guía desde que pasó a ser puesto de correos a caballo (1166). Al construirse estaba fuera de las murallas de la ciudad, en un cruce de caminos ideal para las postas reales y obispales (llamados “troters”, de creación anterior a los de la ciudad de París). Cerca de la dicha iglesia el obispo Guillermo de Torroja fundó un hospital (que fue absorbido, como todos los de Barcelona, por el de La Santa Cruz). Curiosamente dicha minúscula iglesia sigue aún muy presentable a base de restauraciones. Sólo conserva original su fachada,.. y también un espacioso sótano, el cual fue utilizado como polvorín durante las guerras del siglo XVIII.
El rico noble comerciante Bernat Marcús era antiguo consejero de Ramón Berenguer IV, y pudo haber sido quien recomendase a su amigo de Guillermo de Torroja para la mitra de Barcelona (recuérdese que lo fue de 1144 a 1171). No se arrepentiría el soberano de haber hecho caso a Marcús, pues una vez Guillermo fue obispo favoreció la campaña de Ramón Berenguer IV contra Almansa (1147), y al año siguiente estuvo con sus tropas procedentes de la comarca de Solsona, y la tropa armada por el capítulo barcelonés, ayudando a Ramón Berenguer IV en el sitio de Tortosa. Es más, Guillermo de Torroja como vimos incluso sostuvo con su dinero aquella campaña, aunque claro está que ello fue después que se agotaran las arcas del obispado de Barcelona. También el consejero Bernat Marcús hizo gala de una semejante generosidad, pues siempre estuvo unido al conde de Barcelona y al obispo Guillermo de Torroja. (Era el mismo año de la impotencia de los cruzados del rey Luís VII de Francia ante las murallas de Damasco, lo cual acabó con el fracaso de la “2ª Cruzada”). A pesar de sus numerosos problemas en Tierra Santa, los templarios volvieron a participar en 1149 en la conquista de Lérida.
EPISCOPOLOGIO de Barcelona en aquel periodo:
Oleguer, Santo 1116-1137
Arnau Ermengol 1137-1143
——– Guillem de Torroja 1144-1171———–
Bernat de Berga, 1172-1188
LA REGENCIA DEL ARZOBISPO DE TARRAGONA GUILLERMO DE TORROJA
Dado que el niño heredero de la Corona de Aragón era pequeño al morir la reina viuda Petronila de Aragón (en catalán Peronella), obviamente se necesitaban tutores-regentes y uno de ellos fue Guillermo de Torroja. Él fue quien desempeñó las más altas responsabilidades políticas al morir el rey Alfonso II, porque fue nombrado marmesor de la viuda reina Petronila, actuando con su amigo Bernat Marcús. Anteriormente ambos ya habían firmado como testigos de la abdicación que Petronila hizo a favor de su hijo cuando el niño-rey tenía dos años (18.6.1164). Bernat Marcús consta también en el testamento de Ramón Berenguer IV en 1162 (“Codoin” IV, ps.202-203, 391-393 i 387-390).
El heredero del Conde de Barcelona se habría debido llamar Ramón Berenguer V, pero de cara al Vaticano se lo llamó Alfonso II de Aragón (Alfonso I de Cataluña, después apodado sin motivo “el Casto”), siendo el primer rey de la Corona catalano-aragonesa. Se le varió el nombre en beneficio de los aragoneses, pasando a considerársele Rey de Aragón; …Una cuestión sólo de renombre, pero que eclipsaría el nombre de Cataluña a nivel internacional. A pesar de ser rey, por humildad, Ramón Berenguer ni bajo el nuevo nombre de Alfonso II quiso nunca ser llamado rey o príncipe (ni tampoco sus descendientes, aun cuando el termino Principado de Cataluña estuvo de moda en el siglo XIV). En consecuencia, mientras el nombre de Regnum Aragonum crecía, el de Cataluña casí estuvo a punto de desaparecer.
Su padre Ramón Berenguer III se había esforzado en hacer entrar en la órbita catalana el condado de Provenza. Entre ambos condados catalanes se ubicaba su entonces aliado el conde de Trencavel (Carcasona Albi, Beziers, etc.), haciendo posible que un siglo después durante ocho meses existiese una Gran Corona de Aragón por las alianzas de la Casa de Barcelona con los condes del norte del Pirineo catalán. Volviendo a Ramón Berenguer IV, en sus últimos años de gobierno se relacionó con el rey de Francia, si bien por entonces todavía dicho país no tenía la extensión ni la entidad de su vecino de Aquitania, dominada por el rey de Inglaterra (Francia no fue consolidada hasta 1124, después de guerrear contra Inglaterra). Aquella política de buen entendimiento posteriormente no se interrumpió. A Ramón Berenguer II de Provenza, que era un acompañante del rey fallecido en el Norte de Italia, el Papa le expidió un diploma por el que lo investía conde de la Baja Provenza, ratificando lo convenido tiempo antes.
Por su relación con los provenzales, el obispo Guillermo de Torroja debió de tener la idea de aprovechar la moda del país vasallo de componer rimas que luego eran interpretadas en las cortes más refinadas de Europa por los nobles trovadores. Así pues, utilizando la poesía provenzal como un arma publicitaria, procuró encontrar a nobles que divulgasen por todo el orbe católico las virtudes de su soberano catalán encubiertamente. Atrajo a la corte catalana los poetas que fueron más aptos y de fiar para, una vez instruidos, enviarlos desde Barcelona de corte en corte donde popularizaron poesías llamadas “sirventès” con sabios mensajes subliminales. Las reglas iniciales las había dictado Leonor de Aquitania con el título: “Tractat d’Amor i el seu remei”, redactadas por un sacerdote.
También fue un gran mérito del obispo Guillermo de Torroja el que el conde-rey catalán permaneciese en el seno de la Iglesia cuando tuvo la tentación de reconocer la legitimidad del antipapa Victor IV. A éste sí que se lo reconocía en los catalanes feudos de Provenza donde reinaba un sobrino de Ramón Berenguer III, un catalán casado con Riquilda, que era viuda del rey Alfonso VII de Castilla y sobrina del emperador Federico I “Barbaroja”. Ramón Berenguer IV le rindió vasallaje en 1159, porque le tenía una gran simpatía por el soberano alemán. Para el conde de Barcelona habría sido fatal contradecir al emperador y sabiamente se doblegaron a su autoridad, de modo que tan sólo la corte provenzal reconoció al antipapa Victor IV. En fin, en otoño de 1161 el conde de Barcelona, por motivos políticos, aceptó incluso que Provenza fuese un feudo del Emperador, mientras en el sur de los Pirineos catalanes, por su independencia, se reconocía al verdadero pontífice Alejandro III.
Fue en realidad exclusivo mérito del obispo Guillermo de Torroja el que el Conde de Barcelona nunca aceptase al antipapa impuesto por “Barbarroja”, un hombre vigoroso y ambicioso que estuvo imbuido de las gestas de Carlomagno, debiendo renunciar a su objetivo inicial de imponer su autoridad desde Borgoña hasta Provenza. Las galeras provenzales y las de Pisa vigilaban conjuntamente las costas del Mediterráneo a fin de que el pontífice Alejandro III estando entonces en Aviñon (Fr.) no pudiese regresar a Roma; en Cataluña, en cambio, hay cartas del año 1163 que confirman que era reconocido como Papa legítimo. El Papa legal Alejandro III escribió a Guillermo de Torroja agradeciéndole el haber sabido conservar en el seno de la Iglesia a Ramón Berenguer IV, para lo cual no se pude dudar que el obispo Guillermo debió de desplegar argumentos de mucho peso con gran diplomacia:
“Recuerdo con cuanto cuidado y diligencia procurasteis atraer a nuestra devoción y a la de la Iglesia a aquel barón de digna memoria, Ramón, que fue conde de Barcelona, su tierra, y cuan solicito y cuidadoso habéis estado para animar y conservar en la misma devoción el cristianísimo hijo nuestro, Alfonso, ilustre rey de Aragón, hijo suyo…”
Transcrito por J. de Zurita: “Anales del reino de Aragón”, (libro II, cap.18 -folio 70). El original era escrito en latín y lo transcribió A. Rovira Virgili en su monumental obra: “Historia Nacional de Cataluña” (Ed. Bilbao 1.977- p.73).
Con motivo de la muerte de Ramón Berenguer IV camino de la ciudad de Turín (6 de agosto de 1162) cuando iba a entrevistarse con el emperador Federico “Barbarroja”, el Papa de nuevo volvió a agradecerle al obispo Guillermo de Torroja todas sus gestiones para que su hijo heredero Alfonso II de Aragón no se apartase de la Iglesia, aduciendo en favor del conde Ramón Berenguer IV grandes y sentidos elogios hasta culminar el escrito diciendo que: “…De no haber muerto, aún habría podido alcanzar otros grandes méritos”.
Una muestra más de lo agradecido que estuvo el Sumo Pontífice con Guillermo de Torroja, lo tenemos en que intervino personalmente en los litigios de la colegiata de Sant Vicens de Cardona, de Sant Ruf de Avinyó, e incluso con carácter civil, en la bula papal dirigida al obispo de Urgel (11.10.1178) en la que reconoció la ciudad de Puigerdà como capital de la Cerdaña. Las dos primeras estaban muy unidas a la comunidad monacal de Santa María de Solsona, en la ciudad de donde eran oriundo la familia Torroja.
El meollo deque hubiese antipapas fue debido a que al ser elegido Alejandro III (1159-1181), en mala hora se opuso a Federico “Barbarroja”, quien, prepotente por sus éxitos militares, optó por nombrar a Victor IV, que fue un antipapa coronado en la basílica de San Pedro del Vaticano (murió el 20.4.1164, sucediéndole Pascual III). El resultado fue que el legítimo Alejandro III los excomulgase a los dos, envalentonado por la protección recibida del rey Luís VII de Francia (1137-1180). Allí el pontífice auténtico después debió refugiarse hasta 1165, año en que ya pudo regresar a la sede del Vaticano apoyado por otro emperador llamado Manuel Comneno de Bizancio (1143-1180).
Ramón Berenguer IV pugnaba entre dos contrarias influencias, porque su obispo Guillermo de Torroja era partidario del papa legítimo y ejerció una incesante presión sobre el conde de Barcelona. Lo hace evidente la adjudicación de la mitra de Zaragoza a Pedro de Torroja (+1195, quien era hijo de un homónimo que había sido consejero de Ramón Berenguer IV). Pedro de Torroja es otro personaje que merecería mayor atención, pues en 1181, en vida de Arnau de Torroja, y en 1185, como ya anticipé, viajó a la isla de Cerdeña con tropas del rey de Aragón para defender los derechos de su sobrino Hugo Ponç (Sus descendientes fueron los señores de Bas). Pedro de Torroja, por cierto, como obispo también presidió un acuerdo de límites respectivos en aquella zona entre los caballeros templarios y hospitalarios.
El emperador “Barbarroja” aceptó la amistad del conde de Barcelona por la necesidad que tenía de no crearse más adversarios y se conformó con que al sur de los Pirineos no apoyasen al verdadero pontífice sino que permaneciesen neutrales (Paul Fournier “Le royaume d’Arles et de Vienne”, p.20). En el Arxivo Capitular de Barcelona se conserva una encíclica del papa Victor IV contra el legítimo Alejandro III y sus partidarios, fechada el 19 de noviembre de 1160 escrita en Pavia, donde se lee que el emperador afirmaba que su antipapa era obedecido en Hispania, condado de Toulouse y en la Provenza, así como en otros lugares. El 18 de agosto de 1162 “Barbarroja” incluso elogió al conde de Barcelona. Era el mismo año que se volcó contra Italia, destruyendo Milán. Allí capturó a media docena de ciudadanos principales y sólo a uno le dejó un ojo para guiar a los demás emisarios a parlamentar. Milán rápidamente capituló sin condiciones,… porque no sospechaban que la ciudad fuese luego saqueada (excepto las iglesias), y para colmo el Emperador incluso mandó que toda aquel area ciudadana fuese derruida fuese arada y sembrada con sal.
“Barbarroja” después estuvo muy ocupado tratando de pacificar su propio reino, porque durante su ausencia su querido sobrino llamó a la sublevación general intentando derrocarle en vano. Una vez “Barbarroja” lo recuperó, armó un nuevo ejército y regresó a Lombardía, donde fue derrotado por la liga en Legnano (1171). Aquello menguó el prestigio de “Barbarroja” por lo que en Venecia debió reconocer finalmente al pontífice Alejandro III (1.8.1177). Así, ya reconciliado con el Papa legítimo, “Barbarroja” en 1183 firmó la paz con la liga lombarda en la ciudad de Constanza. Además hizo otro pacto de paz con los normandos de Sicilia, pero luego optó por la idea de casar a su hijo con la heredera de dicha isla. Enrique VI fue coronado rey de Germania, Nápoles y Lombardía en la catedral de Milán como sucesor de “Barbarroja”, haciendo efectivo el primer paso hacia un nuevo orden mundial que llamó “Iperium mundi”, en el cual el poder espiritual estaría subordinado al emperador siguiendo el modelo que existía de sus relaciones con el patriarca de Constantinopla. Ni al sumo pontífice, ni a los templarios, ni al rey de Jerusalén les gustaban los descritos acontecimientos, ya que suponían para todos otra amenaza.
Hay que tener en cuenta el grave trastorno que sufrieron los caballeros templarios, y en especial sus máximos dignatarios, por el trasiego de Papas y antipapas en el gobierno de la Iglesia porque, como orden religioso-militar, ellos tan sólo debían obediencia al legítimo sucesor de san Pedro apóstol. Afortunadamente para Arnau de Torroja, hasta el 1166 (año en que murió allí Ramón Berenguer IV), no fue nombrado Gran Maestre provincial, pero a partir de entonces vivió muy de cerca los altibajos de la política que tanto afectaba al Sumo Pontífice de turno, comenzando por no dudar de cuál era el verdadero Papa al que le debía obediencia. En la vida de Arnau de Torroja hubo un total de dieciséis pontífices, de los cuales cuatro son considerados antipapas. Cuando Arnau fue Gran Maestre general de las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén debió de tratar siempre con Urbano III (1181-1185) que lo sobrevivió.
La reina Petronila hizo reunir cortes en Huesca y rebautizó a Ramón Berenguer V con el nombre de Alfonso II de Aragón (1162-1196), luego también apodado con sobrados motivos “el Trovador”, ya que como todos los de su tiempo escribió sus poesías en lengua provenzal según norma dada por la exquisita dama Leonor de Aquitania, hija de un rey, quien fue dos veces sucesivas reina y también madre de otros tres reyes. Todos los trovadores que salieron de la Corte de Barcelona cantaron en provenzal (Bertrán de Born, Guillerm de Berguedà, etc.), y las historias catalanas se exportaron gracias a los séquitos de las bodas de la nobleza catalano-aragonesa, como estudió R. Olivar Bertrand en su libro: “Bodas reales entre Francia y la Corona de Aragón” (Barcelona 1947).
Desde muy joven Arnau de Torroja supo también por su hermano el obispo Guillermo que el rey de Inglaterra, gran amigo del conde de Barcelona, tenía una vida familiar muy azarosa. Arnau, siendo en su vejez Gran Maestre, todavía vio como degeneraba aquella regia familia,… y ello a pesar de que justamente el muy refinado rey inglés fue el primero de Europa que tuvo en su corte un vanguardista baño de agua caliente.
En 1148 se divulgó entre la nobleza un escándalo internacional, y hasta el joven Arnau de Torroja sabía que la heredera Leonor de Aquitania (1137 -1152), una excepcional y muy docta soberana, recién casada con el rey francés Luís VII, se había empeñado en acompañarlo a la cruzada militar en Tierra Santa (cosa insólita para una dama). Lo peor fue que tan sólo desembarcar allí se enamoró de su propio tío príncipe de Aquitania, hasta el punto que al regresar a París se divorció de su regio esposo Luís VII. Leonor era hija del duque Guillermo de Aquitania, que tiene renombre de haber sido el primer trovador. Era una dama extraordinariamente culta y gran carácter, que dominaba el doble de territorio que la Francia de su ex marido. Hasta 1152 fue reina de Francia y hasta 1154 lo fue de Inglaterra y Aquitania, pues se casó al poco tiempo con el rey Enrique II de Inglaterra (1154-1189), del que tuvo ocho hijos después de haber sido repudiada por su ex marido,… ¡ acusada de estéril!. Su nuevo marido era un descendiente de los normandos que el 14 de octubre de 1066, tras vencer en la batalla de Hastigs, dominó los dos lados del Canal de la Mancha. Entonces realmente comenzó una nueva Era en las relaciones políticas internacionales, con incidencias religiosas,… de las que no se consideró ajeno ni el cometa Halley, puesto que había cruzado el cielo en abril del año de la dicha gran victoria de ultramar.
El rey catalano-aragonés tenía lazos familiares con Enrique II de Inglaterra consistentes en que, mientras Petronila era la reina de la Corona de Aragón, su prima la Leonor lo fue de Aquitania. La boda de Ramón Berenguer IV se celebró Barbastro en 1150 (estaba comprometido desde cuando tenía casí 30 años) con Petronila, la heredera de Aragón, entonces de muy poca edad. Fue Guillermo de Torroja quien años después tuvo que hacer una solemne validación de antigua promesa de enlace marital. Recuérdese que se remitía a cuando la herencia recayó en el conde catalán Ramón Berenguer III “el Grande”, con lo cual salieron muy beneficiados los templarios (a pesar de renunciar a sus derechos en 1140), pues los dos años siguientes hicieron posible la repoblación de Daroca. Fue por dicho testamento del rey de Aragón, el difunto suegro de Ramón Berenguer IV, que los templarios entraron en Navarra, cuyo rey Sancho por cierto, en 1164 encarceló en una mazmorra al gran conquistador pirenaico Arnau Mir de Tost (Otro gran conquistador catalán injustamente olvidado).
Enrique II Plantagenet había extendido su poder sobre todas las Islas Británicas (Escocia e Irlanda incluidas), y su persona interesa a estas páginas porque ayudó al Conde de Barcelona en el sitio de Toulouse del Languedoc en 1159, el mismo año cuando comenzó la primera “Guerra de los Cien Años” entre Francia e Inglaterra. Enrique II mantuvo una estrecha relación con el obispo de Barcelona Guillermo de Torroja siendo consejero del conde Ramón Berenguer IV, (y probablemente cuando Arnau, su hermano, fue nombrado Gran Maestre de los templarios también debió de tratarlo,… si es que no lo había conocido antes).
Los Torroja y los Plantagenet se entenderían probablemente hablando en occitano, ya que Enrique II nunca habló inglés, ni tampoco sus tres hijos herederos sucesivamente del trono de Inglaterra. El esposo de Leonor, aquella dama ideal considerada la “Reina de los Trovadores”, dominaba desde los Pirineos a Inglaterra, siendo el más firme aliado de la Corona de Aragón, facilitando con ello las difíciles gestiones del obispo Guillermo de Torroja, pues los catalanes para mantenerse en Provenza debieron superar la férrea oposición del conde Raymundo de Toulouse del Languedoc. Esta gran capital del Languedoc estaba situada en el Camino de Santiago cuando, gracias al “códice Calixtinus”, el finisterre de Galicia empezaba a atraer multitudes, pero es que además también estaba entre los dominios del conde de Barcelona y Enrique II de Inglaterra. Ambos se aliaron pues contra los Toulosinos, repitiéndolo de nuevo en campañas conjuntas contra Tortosa, Lérida, etc.. El conde de Baus era partidario del conde Raymundo de Toulouse, y las llamadas Guerras Baucenas, entre 1142 y 1162, hacían necesario cuanto más apoyo mejor para Cataluña.

Las disputas con los condes de Toulouse no cesaron hasta medio siglo más tarde, y para vergüenza de la Iglesia fue para formar un frente común contra los cruzados enviados por el pontífice Inocencio III contra cientos de miles de personas que finalmente fueron masacrados sin que ni uno sólo hubiese cometido el menor delito. El Conde de Barcelona, el de Toulouse, el de Foix, el de Carcasona y el de Bearn se confabularon en primavera del año 1209 para presentar batalla conjuntamente contra la internacional tropa invasora. Capitaneados por el rey Pedro II los catalanes (siendo cuatro veces más soldados) no pudieron detener al ejército de Simón de Montfort, de mala memoria, porque el gigantesco conde catalán, después de pasar una noche extraordinariamente lujuriosa, de madrugada y sin esperar la llegada del resto de su ejército, osó insensatamente alardear en el campo de batalla de Muret (burgo a unos 20 km. al sur de Toulouse del Languedoc), quizá sintiéndose muy prepotentemente porque en 1212 había vencido en las Navas de Toulouse. Su muerte fue calamitosa para todos los habitantes de cada lado del Pirineo catalán.
LA ORDEN DEL TEMPLE SE INTRODUCE EN CATALUÑA.
Presentar el ambiente de la sociedad en que vivió Arnau de Torroja será otra forma de conocer su pensamiento dentro del contexto del siglo XII. Los hechos de la nobleza de los países vecinos durante la Segunda Cruzada informan también de aquellas instituciones, o bien de ciertas personas que a él le interesaron porque fueron asuntos sociales muy conocidos a nivel popular. Los beneficios que se notaron con la aparición de aquellos jinetes de capa blanca y espada repercutió en la seguridad vial de los caminos que protegieron los templarios contra asaltos de bandidos. Tanto se movieron la gente que fue necesario establecer precozmente un sistema de transferencias de dinero de una ciudad a otra. En el pagaré de destino escribieron un “pin” que luego la persona descrita para poder cobrarlo debía saberse de memoria. Asimismo la propia Orden se revelaría que eran unos prestamistas más fiables que los judíos, porque era una actividad que ellos ejercieron religiosa y cristianamente. La administración de los “Pobres caballeros” era de una legalidad intachable.
Los templarios en el Midi-Pyrénnées estuvieron establecidos, desde años antes que en Cataluña y permanecieron durante seis siglos en las muy bien conservadas ciudades templarias de Lazac (Vila du Pas de Jaux, Sainte Eulalie, y las anexas Cavalerie y Couvertoirale), que es una zona equidistante de Montpelier y Toulouse del Languedoc, y tan alejada de la frontera pirenaica como lo está Barcelona. En todo el Languedoc francés ya les habían hecho sustanciosas donaciones a la Oren del Temple, y sucedió lo mismo tan pronto fue presentada oficialmente al Conde de Gerona, el cual les dio diversos bienes, invitando a sus nobles y vasallos a imitarle. A partir de entonces sellaron pactos con los obispos y nobles regionales por los cuales los templarios recibirían una quinta parte de lo conquistado, además de otros porcentajes y franquicias.
Cuando en 1143 un noble delegado de las órdenes de Sión y del Temple se introdujo en Cataluña, procedente de Perpiñan (Fr.), lo hizo por la puerta grande. El principal comisionado era un monje con espada llamado Hugo de Rigaud, y se presentaba como Procurador de las órdenes de Sión y del Temple (era Maestre Provincial en Francia, y había sido uno de los fundadores de la Orden en 1119). Lo acompañaba otro ilustre monje-guerrero llamado Pere Rovira, por entonces Maestre de Provenza y la parte N.E. de la Península Ibérica para los intereses de los templarios, que era el nombre con el que públicamente las dos órdenes co-hermanadas se dieron a conocer. Su inmediato sucesor en el dicho cargo, el maestre Arnold de Bedocio, tuvo ya diferentes delegados que se movieron también por Aragón y Navarra, entre los cuales el templario Raymond Gaucebert, citado como ‘bailiff’ en la documentación de Barcelona y Vic entre 1135 y 1142.
Entre 1128 y 1136 Hugo de Rigaud se había hecho cargo de las posesiones que recibió en la Cataluña Vieja,así como de cuantos bienes el conde de Barcelona les cedió al sur del río Llobregat. El conde Ramón Berenguer IV y el obispo de Barcelona fueron convencidos con la misma facilidad de otros mandatarios de la necesidad de ampliar el número de nobles deseosos de enrolarse a la “Milicia de Cristo”, exponiéndoles lo trascendente de una tal colaboración, como después el tiempo se encargó de demostrar.
Con los años cada vez se hacía más evidente el poder de las órdenes de Sión y del Temple en Cataluña y Aragón, porque fueron reclutando muchos jóvenes de nobles familias, siendo considerado un gran privilegio que algún miembro formase parte de la “Milicia de Cristo”, por cuyo auge en pocos años se asentaron hasta más allá de Teruel, fundada hacia 1170, con las tropas del rey Alfonso II de Aragón. De entoces es la iglesia roánica de Sarrión, a unos 20 km al SE. ya en la comarca de Javalambre, donde anualmente se siguen cantando el largo “Salid-hijas-de-Sión”
Desde 1142 los templarios habían hecho posible la repoblación de la zona de Daroca, y alrededores, y en 1149 sus muchos castillos se alternaban con los monasterios cistercienses en las tierras antes fronterizas con los musulmanes. Cuando los monjes del cister llegaban a la plenitud de su monasterio, elegían un nuevo abad para que saliese a fundar otro muy alejado, Para ello salía acompañado de doce monjes más. La expansión de los templarios mediante sus encomiendas no debió de ser diferente, dado que se regían por una Regla casí idéntica a los cistercienses. Los nobles les hacían sustanciosas donaciones en razón de su clase social, al considerar que estaban en sintonía con el elevado espíritu que alentaba a los templarios. En la provincia donde antes sólo tenían un maestre provincial, él era el único administrador de los dominios templarios, como era el caso de la Corona de Aragón donde llegaron a tener más de treinta “encomiendas”, o sea, unas espacios fortificados (18 en Cataluña, 14 en Aragón y una en Mallorca). Obviamente les urgió nombrar pronto otro administrador para tantas posesiones recibidas en el reino castellano-leonés, donde se establecieron poco después que en Aragón, colaborando igualmente en la tarea de la Reconquista. En Portugal, donde el rey les benefició muy precozmente, la sede central de los templarios fue desde el año 1160 el imponente castillo de Tomar. En 1171 el Gran Maestre Gualdim Pais construyó en aquella costa una inexpugnable fortaleza en un pedregoso islote en mitad del río Tajo, cerca de Brabante, al cual llamaron Almourol (En 1357, por decisión de Nuno Rodriguez, los bienes de los templarios los dieron a sus herederos llamados Orden de Cristo).
Para la noble juventud europea, el ingreso a la Orden representó, ante todo, hacer realidad los ideales caballerescos del siglo XII. El fervor religioso y el afán de protagonizar hazañas bélicas, eran entonces un ansia general, pues el camino a Tierra Santa había sido abierto y los viajes de los peregrinos y comerciantes debían ser garantizados. Todo ello se consiguió y se lo debían a aquellos monjes autorizados a matar en defensa de su fe. Aún las gentes no sabían que en su corta historia las órdenes de Sión y del Temple, y exactamente la segunda, dejó en el campo de batalla del Próximo Oriente unos 20.000 muertos. Realmente en el contexto medieval a que me estoy refiriendo, se podría presentar a templarios como la regia y blanca columna sobre la cual se presentaba esplendorosa la Cruz de Cristo, símbolo de la salvación del mundo.
Los templarios claro está que no fueron a Solsona a convencer a Arnau de Torroja para que entrase en su Orden. Tenían mucho trabajo con las donaciones de bienes y era imperioso reclutar gente de la misma zona que habitaban en las áreas mejor comunicadas. En efecto, el procurador de dichos monjes guerreros recibió tantas muestras aceptación en Cataluña, que debió buscar con urgencia hombres capaces de administrar tantas propiedades, prevaleciendo no obstante la misión de afiliar nuevos aspirantes a formar parte de los caballeros de la Orden del Temple. Hasta 1155 las comarcas de Berga y Solsona las administraban desde su encomienda fortificada de Palau del Vallès-Barcelona. Según A. Forey, autor del libro “Les Templiers” (p.91), cuando templarios se establecieron en Santa Perpetua de la Mogoda (Vallès) las donaciones a las órdenes de Sión y del Temple se incrementaron mucho. La mayor concentración de encomiendas catalanas estuvo entre el castillo de Granyena prácticamente situado casí en el límite sur de la comarca del Solsonés, y los alrededores de Lérida. Fueron cinco en total, y la de Barbens desde 1166 los Templarios la tuvieron gracias a las donaciones de los familiares del entonces recién nombrado Maestre Arnau de Torroja. Ello no impidió que hasta 1182 aquellos frays mantuviesen varios pleitos con los monjes del monasterio de Poblet para poder consolidar la dicha propiedad. Desde su castillo natal en Solsona, Arnau, gracias a su hermano el obispo, tanto antes como después de ser caballero templario, cuando se desplazaba a Barcelona (donde probablemente residiría largas temporadas), hacía noche en el castillo de El Papiol. La estancia más probable que le suponemos en el Llobregat fue no obstante el llamado castillo Ciuró,…por llevar el mismo nombre que una aldea limítrofe de la comarca actual del Solsonés con el Alto Urgel.
De hecho, en Solsona tan sólo se tiene noticia documentada de que hubo destinado un comendador templario en 1170. Se llamaba Guillermo de Solsona, siendo un administrador itinerante, pero capaz de haber convencido al conde Galcerán de Pinós para que diera a la Orden toda la zona de la montaña Palomera, situada al N.W. de Puig-Reig (cerca de Manresa). Poco después era de templarios toda la tierra alrededor de la emblemática montaña catalana Pedraforca, entre Baga y Sant LLorenç dels Piteus. En fin, el Solsonés fue administrado conjuntamente con la comarca del Pallars y otros pueblos alejados.
Los templarios en 1143 se instalaron en la encomienda de Palau (donde parece que estaban desde hacía tres años) y en Novillas. La primera donación a templarios en Cataluña fue en 1126, posterior a las donaciones hechas a la orden de San Juan del Hospital. En 1130 antes de morir Ramón Berenguer III les dio el castillo de Granyena de Segarra donde ya consta un comendador en 1181, instalándose más tarde en Mas-Deu, en el Rosellón, la cual zona acabó incorporada a la Corona de Aragón. En 1140 el ‘Pater Maestre de Rovira’ vendió dicho palacio de Palau a Raymond Gaucebert, Raymond Arnold y a un capellán llamado Ponç.
Las órdenes de Sión y del Temple, reclamaron bienes al rey de Aragón, dada su superior implicación en las campañas, y a cambio la Orden se comprometió a enviar diez caballeros desde Tierra Santa a España para formar un núcleo de caballeros nativos. Para ello se les cedió los castillos de Daroca, Osso y Belchite, además de otras plazas que se fuesen recuperando de los árabes. El conde Ramón Berenguer III decretó además que su milicia siguiese el modelo de los caballeros del Temple de Salomón en Jerusalén que defendía la Iglesia en el Oriente Próximo.
Dicho acuerdo se alcanzó en 1143 y en las siguientes conversaciones les dieron los castillos de Mongay, Barbará, Calamera, Belchite, Remolins y Monzón, así como los derechos reales de Corbins. En adición también 1000 sueldos de lo recaudado en Zaragoza y Huesca, además de una quinta parte de lo reconquistado, quedando exentos de pagar impuestos. Por su parte el conde de Barcelona escribió al Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple entre 1137 y 1143: “…el rey Alfonso dejó su reino en herencia al Santo Sepulcro al Hospital y al Temple,…porque gracias a ellos el reino podía ser defendido”.
Como es lógico, también los nobles catalanes con el paso del tiempo creyeron que las donaciones que les hizo Ramón Berenguer IV resultaban excesivas, pues ya se habían olvidado de cuando templarios se enfrentaron con los almorávides que, extendidos por el este de la Península, dominaron las orillas de los ríos Ebro y Segre.
El primer Gran Maestre de Provenza e Hispania de origen catalán fue Pere Rovira, quien se comprometió ante el conde Ramón Berenguer III a proteger sus dominios contra los enemigos de la fe cristiana. Asimismo, quedaba a cargo de las órdenes de Sión y del Temple la dirección estratégica de las campañas bélicas contra los musulmanes peninsulares. Al quedar legitimada la Orden ante el Conde de Barcelona, éste incluso accedió a no pactar con los musulmanes absolutamente nada sin someterlo a la aprobación previa del Gran Maestre especializado.
Pere Rovira estaba muy bien informado,… y curtido por haber guerreado en Tierra Santa. El historiador J. Miret Sanç en su libro “Las casas del Temple y del Hospital…”, dejó escrito su convencimiento de que el dicho Maestre catalán describió muy bien la desastrosa campaña de los cruzados en Palestina durante la Segunda Cruzada. Pudo saberlo, porqué para poder tener el liderazgo de la Orden del Temple en Provenza y España se le exigió, como a todos, que hubiese hecho los debidos méritos en el otro extremo del mar Mediterráneo. Aunque con referencia a Arnau no haya pruebas, es muy plausible tal suposición al tratar de agotar las posibilidades de interpretación de sus vivencias.
El sucesor de Pere Rovira se benefició ya de unas jerarquías intermedias entre los templarios porque su expansión hizo difícil enlazar la casa-madre de las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén con sus muy distantes encomiendas diseminadas por incontables condados de Europa, aunque estuviesen ayudados por los monjes de los conventos cistercienses. El continuador de Pere Rovira fue el también catalán Hugo de Barceló (Gran Maestre in parte nostre Hispania) en 1160, quien debió de ganar igualmente su cargo jerárquico por haber hecho méritos en Palestina. Al Gran Maestre Barceló lo sucedió en el cargo Hugues Gaufed (1163-1164). En 1156 Aimeric de Torroelles fue Maestre de Tortosa, y nueve años después lo fue del castillo de Miravet, adquirido en 1153. Ambos castillos fueron comandados en 1165 por Guillermo Bernard, quien fue comendador de dos jurisdicciones de templarios en Cataluña.
Referente a la exigencia de hacer méritos en Palestina, en Cataluña aún existe una inquietante leyenda que el resto de Europa ignoró siempre: Pretende que una hermandad de caballeros del Conde de Barcelona fueron el germen inspirador de la Orden de los templarios. Dicha hermandad habría sido fundada por dos capitanes de los cruzados catalanes cuando, en 1099 fueron la tropa de choque que forzaron la Puerta de San Esteban y primero entraron en Jerusalén. Tal hazaña les dio renombre entre todos los cruzados, y los mismos catalanes, viéndose elegidos por designios divinos, se organizaron para conmemorarlo para el resto de sus vidas. Dichos capitanes eran los hermanos Pinós-Bagà, hijos de Berenguela de Montcada, quienes, como todos, habían participado en la Primera Cruzada como tropa del Conde de Toulouse, a las órdenes de Geofredo de Bouillon.
LA GRAN GESTA DE RECONQUISTAR TORTOSA JUNTO AL RÍO EBRO
En mi empeño de escribir la reseña más exacta del noveno Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, presentaré una elaborada aproximación a los años de juventud que vivió Arnau de Torroja, siendo de desear que el pensamiento filosófico y la sensibilidad artística me proporcionen argumentos suficientes, del mismo modo que, si los lograse equilibrar, me permitirían desarrollar ópticamente el lado místico y espiritual de su existencia. Aun cuando Arnau de Torroja fue un paisano mío que vivió en un muy lejano siglo XII, todavía puedo adivinar algunas de las sensaciones que hicieron vibrar su alma ante muy concretas obras de arte piadosas. No sólo me remito al ábside de la iglesia de nuestra ciudad, sino que, dada la estratégica posición militar del castillo de Cardona, a unos 30 km lejos de Solsona, seguramente debió de contemplar las escenas de las bóvedas pintadas de la iglesia de Santa María de Cardona, que están hoy expuestas en el Museu d’Art Romànic de Barcelona (MNAC), pues datan del año 1040. Situándose debajo de dichos frescos, quien hoy lo desee podrá conectar con la admiración que debió de sentir aquel piadoso joven, puesto que de los pintados en el templo románico de Santa María de Solsona ya no queda ni rastro.
La gran epopeya bélica que culminó con la conquista de Tortosa, interesa especialmente a esta biografía de Aranu de Torroja justamente porque en aquella campaña intervinieron los caballeros del Temple, y porque fue donde el intrépido joven de Solsona encontró la primera ocasión de hacer evidente su especial temple, quizá estimulado por una juvenil ansia de sorprender a su hermano obispo de Barcelona y a los veteranos de armas de su sobrino Ramón II de Solsona, quienes años antes habían participado en la toma de Almería. Se puede dudar si Arnau de Torroja también había galopado con ellos en el sur de España, pero no hay duda de que él sí estaba en la conquista de Tortosa. Los catalanes del Prepirineo eran hombres muy admirados por estar bregados en expulsar a los musulmanes de sus tierra. Es más, con su empuje sus conquistas incluso habrían llegado más lejos de Almería, pero se impuso un límite a las conquistas de los catalanes, debiendo éstos renunciar a Murcia (por el Tratado de Cazorla) a cambio de no rendir el homenaje debido al rey de Castilla por las conquistas de la Corona de Aragón, aunque el conde de Barcelona le siguió siendo sumiso.
Era norma común de aquellos años que se repartiesen las posesiones de los musulmanes bastante antes de haberlas conseguido ganar con la batalla prevista. Así lo hizo Ramón Berenguer III con la ciudad de Tortosa, y por entonces también tenía prometido repartir los bienes la población de Artal, en el condado del Pallars. En 1136 Ramón Berenguer IV hizo concesiones semejantes a Guillermo de Montpelier y a Guillermo Ramón de Montcada, así como a las tropas genovesas que le ayudarían. No obstante alguno se quedó sin lo prometido. El historiador J. Miret Sanç afirmó que el gran senescal Guillermo Ramón de Montcada y los genoveses, sí que recibieron la proporción acordada, pero los templarios sólo un quinto del tercio restante. Sus reclamaciones fueron las que primero se atendieron y los templarios recibieron por fin lo que esperaban de aquella campaña, aunque el conde de Montcada tomó parte en asuntos de la nueva administración y ellos no.
El año siguiente de dicha conquista las órdenes de Sión y del Temple también obtuvieron un quinto de lo conquistado en Lérida en 1149, desde Corbins en el norte, y hasta Gebut en el sur. Un tercio quedó para el Conde de Urgel que no tuvo señorío sobre lo dado a los templarios, pero en compensación recibió el castillo de Ascó. Otros dos tercios de Tortosa fueron del propio Conde de Barcelona. Después de la conquista de Lérida éste dio a los templarios el castillo de Gardeny, en el Segriá (Alfonso I de Aragón había construido aquel castillo en 1123 pero debió cederlo porque no lo podía mantener). El Conde de Barcelona también dio a los templarios algunos derechos sobre el castillo de Fontanet, en la orilla opuesta de donde está Gardeny en la capital leridana. En 1153, después de dominar toda la orilla del Segre, Ramon Berenguer IV también les dio buena parte de la Ribera de Ebro, desde Mequinenza a Benifallet, y además de Miravet, incluyó fortalezas menores como: Algars, Batea, Corbera, Gandesa, Pinell, y Rasquera. Pero ellos hicieron reclamaciones, siendo la más conocida la del castillo de Remolins, a orillas del río Segre, que se les había prometido en 1143. Se celebró un juicio en 1154 y el obispo de Lérida se lo concedió por fin. La gratitud a las órdenes de Sión y del Temple fue algo habitual bajo Ramón Berenguer III y su hijo Ramón Berenguer IV.
En definitiva fueron propiedad de las órdenes de Sión y del Temple: Mequinenza, Flix, Ascó, García, Mora de Ebro y Tivisa, así como diversos bienes en Marsá. En la nueva frontera entre la Cataluña nueva y la Vieja, sus encomiendas intercaladas entre los monasterios cistercienses de Poblet (1151) y Santes Creus (1159), complementaban sus esfuerzos, aunque tampoco puede decirse que lo hiciesen en buena harmonía. Lo cual es extraño, ya que además de ser monjes todos bajo casí la misma Regla, si unos eran la intendencia por cultivar las nuevas tierras, los otros medio-guerreros, les prestaban ayuda como cirujanos y protección en tierras fronterizas. Pero ahora debo ocuparme ya del periodo posterior a las dos primeras grandes cruzadas en Tierra Santa, las cuales en tiempo de Arnau de Torroja ya eran historia pasada en Palestina.
ARNAU, RECLUTADO, VIAJÓ EN BARCO HASTA TIERRA SANTA
Todos los nobles medievales como Arnau de Torroja, desde que tenían capacidad de guerrear viajaban mucho debido a su contribución en todas las empresas que se los requería, desde su propio castillo hasta las posesiones que muy a menudo compartían con otros nobles o los mismos reyes. En Europa no eran tiempos de grandes propiedades, pero si de grandes propietarios. Cuanta más responsabilidad un noble o un rey tenía, tanto más cabalgaba por mucho que nos cueste de imaginar, y los detallados desplazamientos del rey Jaime I nos ofrecen la mejor prueba de dicha movilidad. De hecho sólo les retuvieron las grandes nevadas.
A fin de evitar la ruta marítima directa con Próximo Oriente, los voluntarios europeos reclutados fueron por tierra a la primera y a la segunda grandes cruzadas, pues había el contratiempo de que las islas del Mediterráneo estaban infectadas de piratas. Posteriormente, al acudir a la tercera Cruzada (hubo ocho en total entre 1095 y 1291, todas para conquistar los Santos Lugares), los puertos de Marsella y Génova ya fueron puntos de embarque para los cruzados, pero dada la importancia comercial de Venecia y las vías templarias que garantizaron desde allí itinerarios terrestres, debemos suponer que Arnau de Torroja, aunque en la primera parte de su viaje se beneficiase de la travesía naval hasta Marsella, llegó a Venecia a caballo en su tramo final desde Génova. Éste era el más antiguo puerto de la Orden del Temple en Europa y su acceso lo tenían protegido con cadenas, tal como era costumbre entonces ponerlas también en los ríos para evitar en ellos la navegación no deseada. Venecia entonces era capital de una nación imponente, al extremo de que, según le explicaron a Arnau, el año que él había nacido los venecianos habían derrotaron a la flota egipcia, arrebatándoles las ciudades que tenían en la costa fenicia.
Así pues, Aranu de Torroja la primera vez que se embarcó hacia Tierra Santa llegaría en navío a Génova, vía Marsella, para desde allí galopar cuatro días (gracias a que iría cambiando de caballos en las encomiendas templarias del camino). A pesar de ser un hombre de mundo, mi biografiado debió de sorprenderse más que cualquier persona de hoy día al descubrir el peculiar encanto de la ciudad de Venecia, porque no había foto capaz de haberle prevenido de sus señoriales calles de agua. En Venecia se presentó donde debía embarcase con el resto de los voluntarios, ya que desde aquel puerto comercial se hacían los viajes más seguros por el Mediterráneo, pues las islas Baleares, y las de Cerdeña y Sicilia estaban en poder de los musulmanes (Hasta morir Roger II en 1154, los normandos no los expulsaron definitivamente de Sicilia. En el resto de Italia, Arnaldo de Brescia que instauró la República, murió ejecutado en 1155).
En vida de Arnau de Torroja en la costa de Barcelona sólo empezaba a despertar el arte de navegar, y ello contando que incluso el propio conde catalán Ramón Berenguer III (1114) había pirateado por las costas de las islas Baleares. Su madre era una princesa vikinga llamada Mafalda de Calabria (al Sur de Sicilia). Ramón Berenguer “el Grande” no desistió de su habitual recurso de piratear hasta que en cierta ocasión, al regresar a Barcelona la encontró arruinada por el saqueo de moro Almanzor. Piratear, dicho conde catalán lo llevaba en sus genes, y por ello lucrarse en el mar quizá fue también una preferencia de su nieto el rey Pedro.
El Papa Nicolás II en 1291 pretendió acabar con la piratería por lo que prohibió comerciar con los musulmanes. No obstante era un negocio demasiado lucrativo para cumplirse dicha prohibición, pues los navíos catalanes entonces ya estaban comerciando en Málaga y en el Norte de África. Más aún, fue por dicho éxito que los condes de Barcelona se plantearon arrebatar Sicilia a la Casa de Anjou 1282, a pesar de protegerlos el Papa de Roma. Por aquel entonces las casas de Barcelona y Anjou pugnaban por hacerse con el sur de Italia. La proclamó suya la reina Constanza de Sicilia, después que Roger de Luria impidió que la flota de la Casa de Anjou invadiese Cataluña, derrotándolos en Palamós y Rosas. A partir de entonces realmente el Mediterráneo fue un “mar catalán”,… hasta el año 1500, que fue cuando irrumpieron los descastados barberiscos (actual Argelia). La conquista de Menorca fue encomendada por el monarca a Ramón de Serra, un templario que más tarde sería Maestre provincial.
Por aquel entonces las casas de Barcelona y Anjou pugnaban por hacerse con el sur de Italia. La proclamó suya la reina Constanza de Sicilia, después que Roger de Luria impidió que la flota de la Casa de Anjou invadiese Cataluña, derrotándolos en Palamós y Rosas. A partir de entonces realmente el Mediterráneo fue un “mar catalán”,… hasta el año 1500, que fue cuando irrumpieron los descastados barberiscos (actual Argelia).
Volviendo a los tiempos de mi biografiado, en 1162 por la ruta marítima llamada “de cabotaje”, los barcos venecianos transportaban hierro para los templarios porque entonces aún no disponían de una efectiva flota propia, aunque ya trabajaban para tenerla, dada su necesidad de transportar por mar también sus caballos. Al final de aquel siglo la Orden declinó sus preferencias por el puerto de Marsella y, según el cronista catalán Ramón Muntaner, el principal punto de aprovisionamiento de los templarios posteriormente fue Brindisi, ya que les dejaba más cerca del Vaticano y Roma, pues dicho puerto situado en la costa del mar Adriático que, metafóricamente hablando, es donde Italia tiene “el talón de su bota”.
Los primeros viajes marítimos de Arnau de Torroja los hizo en galeras largas y estrechas impulsadas por remeros, pero ayudadas por el velamen. Como apenas sobresalían del agua navegaban rápido, y ello a pesar de que además de personas transportaban el obligado avituallamiento de cada expedicionario para no desfallecer durante la travesía, así como su equipo bélico y ropas. A cada caballero le acompañaban varios sirvientes y sus caballos. Y es que incluso los famosos nueve templarios fundadores de la Orden habrían sido acompañados de sus escuderos, de imprescindible ayuda al vestir al caballero con armas y su muy pesada cota de malla o armadura.
En tan largo trayecto al joven Arnau y a los demás distinguidos nobles se le informó más detalladamente de la situación histórico-política de su próximo lugar de residencia, así como de todo aquellas campañas históricas y normas básicas de la Orden del Temple a la que se habían acabado de afiliar. Aquel bautizo de mar, junto a otros muchos nobles de diferentes países, sin duda le hizo darse cuenta de la importancia de saber hablar muchos idiomas. Estaba agradecido a los buenos consejos de su hermano obispo, y esperaba de no defraudarle ascendiendo rápidamente de jerarquía dentro de la Orden. Tenía grandes proyectos y por el momento navegar le debió de parecer cual vivir un bello sueño.
Su vigorosa juventud gozaba con la exigencia de trasladarse al Oriente Próximo para hacer los méritos necesarios, y no le representaba ningún sacrificio, sino todo lo contrario. Deseaba enfrentarse con sus armas a los herederos político-religiosos de Mahoma, de quienes sabía que perpetuamente vivían muy divididos entre sí. Los musulmanes sunies, que reconocían al califa de Bagdad, provocaron que en Egipto reinasen los califas fatimís. Los sunitas de El Cairo fueron desplazados por los abasies, siendo los que en la España musulmana alcanzaron máximo poder al fundar un califato independiente en Córdoba.
Cuando Arnau de Torroja llegó a Palestina (entonces llamada “Outremer”), debió agobiarse por aquellas intrigas y luchas intestinas cada vez más graves, como referiré en otro momento, puesto que se trata de intentar recrear las situaciones que le tocó vivir. Para empezar hay que advertir que por lo general las relaciones entre los templarios y los habitantes musulmanes del país fue intensa y duradera.
El Gran Maestre de las órdenes del Temple y de Sión en persona era quien mandaba el ejército de los cristianos, a veces de forma oficiosa, porque nadie como ellos podían transmitir tan elevada disciplina y arengar a las tropas con las más acertadas frases. (Cuando los templarios se negaban a participar en alguna campaña, los sustituían los estrategas hospitalarios).
También en las batallas los caballeros templarios siempre habían demostrado la superior eficacia de sus normas, entre las cuales la de no retroceder jamás si el enemigo no les triplicaba en número. Se justifica, porque sus espadas tuvieron doble filo como lo requería un gesto de brazo, tan secreto como extraordinariamente efectivo. La daga era, en cambio, de filo único pero de muy ancha hoja,… a saber con que utilidad. Luchaban por sus ideales muy religiosa y organizadamente, siendo controlados por diversos mandos intermedios perfectamente jerarquizados según un esquema publicado en el siglo XIX por una autoridad en la materia). Tanto empeño les era bien necesario cuando pretendían el control de las vías de comunicaciones, las cuales la historia confirma que fueron realmente seguras, y con más impacto en el desarrollo de aquella sociedad que la red de autopistas europeas en el siglo XX. En definitiva, su fe, nobleza y sentido del honor, no lo podrá olvidar la historia, y lo que más cautiva de los templarios es la altanería con que se entregaban al peligro, y que, como era de esperar, los hizo morir a miles en el curso de sus muchas batallas contra infieles.
Entre los siglos XI y XIII, 25.000 europeos, entre ellos 7.000 nobles como Arnau de Torroja, se establecieron en Tierra Santa cual si se tratase de una masiva migración que prorrumpió en Oriente Próximo como una masa compacta que llevaba a cuestas todas sus pertenencias. Los primeros Cruzados en acudir a la liberación de Jerusalén, inicialmente ocuparon Biblos, cerca de Beirut en el Líbano, que pasó a ser un feudo dependiente del vecino condado de Trípoli (Biblos no volvió a ser de los musulmanes hasta finales del siglo XII, ja fallecido mi biografiado). Cuando Arnau de Torroja llegó allí, ya encontró edificado el castillo más emblemático de los caballeros cruzados (1104).
LA HISTORIA DE JERUSALÉN QUE ARNAU DE TORROJA ESTUDIÓ
Además de lo visto al llegar a su destino, sin duda que Arnau de Torroja ya antes de enrolarse también debió de informarse bien acerca de la orden en la cual él quería militar. Así pudo saber que los cruzados conquistaron Jerusalén el 15 de julio del 1099. Su intención inicial era la de devolver su esplendor al Santo Sepulcro. Al principio solamente retocaron la construcción existente sobre la tumba de Jesús. En el 1119 la aedicula entera fue completamente reconstruida por el escultor boloñés Renghiera. Fue durante esta reconstrucción que el vestíbulo de la tumba fue añadido (pues había sido sacado durante la construcción de Constantino).
Si esta semblanza de Arnau de Torroja en lugar de pretender ser una biografía eligiese la trama de una novela, dedicaría un largo capítulo a explicar gran el efecto que tanto exotismo causó en el joven noble caballero de Solsona. Es más, la sola descripción detallada del ambiente medieval de su ciudad natal ya daría para un extenso capítulo, pero dejo para otros el describirlo, así como evito referirme a describir el colorido y el bullicio que se vivía en la Palestina a su llegada. Aunque veía a muchos musulmanes y hebreos, en cambio en la misma Jerusalén había pocos, y además lo único que se hablaba en dicha capital era el francés y el latín. Entonces aun faltaba un siglo para la irrupción de los mamelucos de Egipto, y dos para que entrasen en la historia los otomanos turcos que ocuparon Anatolia.
Los europeos que llegaban a Tierra Santa a mediados del siglo XII pudieron presumir de sus cotas de malla, pero por otra parte ignoraban lo eficaces que pueden llegar a ser para comunicarse, el vuelo de las palomas mensajeras de los musulmanes, siendo legendarias las del gobernador turco, o sea el sultán de Siria llamado Nur ad-Din, o más exactamente Noor äd-din, al que para abreviar en los sucesivos capítulos escribiré simplemente Nuradín (+ 1174), puesto que habré de referirme muchas veces a él. Las palomas mensajeras fue un medio de comunicarse tan rápidamente que en su tiempo parecía insuperable, si bien al poco tiempo, en la misma Palestina, aún lo mejoró mucho más el carismático líder musulmán Saladino inicialmente al servicio del dicho sultán unificador de Siria.
Por aquel prolongado intercambio cultural y progreso de las vías de comunicación, el fracaso general de las Cruzadas, siendo de balance desastroso por los fines que los europeos pretendieron, en cambio marcó el inicio del auge de la Europa Occidental, porque si para todo islamita aprender alguna cosa de los Cruzados era comparable a traicionar su fe, los europeos sí que aprendieron de los orientales todo lo que pudieron, en especial su lengua y además con rapidez. Lástima que una vez en Europa, tantos conocimientos nuevos sólo pudieron ordenarse, para lo cual al menos se crearon universidades donde aplicar nuevos términos (cifra, álgebra, cénit, etc.) oriundos de la India, pues los musulmanes por lo general aparte de alguna técnica, sólo fueron cual una correa de transmisión de saberes.
Al haberse abierto los caminos que permitían pisar el mismo suelo donde vivió Jesucristo, hace comprensible que de toda Europa acudiese gente, y muchos buscando descaradamente fortuna. Los caminos eran muy transitados algo que hay que tener en cuenta para hacerse mejor idea del ambiente. Ciertamente la gran mayoría de caballeros cruzados que sobrevivieron regresaron a Europa, pero no así los de las órdenes militares, quienes en su gran mayoría se quedaban (Arnau de Torroja fue una de las pocas excepciones). Allí tenían su cuartel general fijo en el siglo XII, pudiendo hacer méritos en los países de todo el vasto alrededor de Palestina con mayor facilidad que en España, donde musulmanes y cristianos confraternizaban todavía perfectamente. La multitud de lenguas habladas en Tierra Santa entonces era muy impresionante, y los capaces de servir de interpretes lógicamente eran muy buscados incluso en los estamentos oficiales.
Arnau de Torroja en la ciudad “Tres veces santa” se debió de emocionar como todos sus acompañantes, dada su fuerte convicción religiosa, y al saber que viviría en la casa principal de su Orden. Exactamente estaba en el Monte Sión, o sea la colina que (antes de arrasarla los romanos para sustituirla por Aeria Capitolina vacía de judíos) había sido la parte más elevada de la primitiva Jerusalén que está sobre el Monte Moria, algo inferior de cota. En el Monte Sión Arnau no encontró otras murallas que las del complejo que incluía una iglesia anexa a la casa-madre, o residencia de la élite y principal centro de mando de las órdenes co-hermanadas de Sión y del Temple. Se trata aún hoy de un muy regio y piadoso lugar,… que incluye una cisterna subterránea convertida en una espaciosa despensa, pero durante su estancia era un lugar de recogimiento y donde todos se turnaban para rezar más íntimamente.
Se tienen muchas referencias bíblicas de que el vasto sector alrededor de la colina del Monte Sión cuando estuvo todo bien amurallado. En la iglesia de Nuestra Señora de Sión informaron a los nuevos reclutas que fue exactamente allí donde, en su última cena, Jesús instituyó la Eucaristía. Arnau de Torroja se daba perfecta cuenta que viviría nada menos que en el famoso “Cenáculo”. Probablemente tanto a él como a sus más compañeros de viaje, la emoción les haría arrodillarse, al igual que tantos y tantos peregrinos y turistas que lo visitan en nuestros días. Lo que hoy no padecen ya los residentes de aquel lugar son los efectos del agua contaminada y epidemias, que como pronto habría de saber Arnau, igual afectaba a reyes que a mendigos.
Arnau de Torroja comprendió también que los líderes de su Orden declinasen el privilegio de estar más cerca del Santo Sepulcro, allí donde tenían su sede central los caballeros de la Orden de San Juan del Hospital. Después de todo, la humildad y el valor de los templarios quedaba reforzada teniendo la casa en el exterior de la ciudad medieval de Jerusalén. Arnau de Torroja y algunos de sus compañeros de viaje, la flor y nata de la joven nobleza europea, fueron seleccionados para ser instruidos en el famoso monasterio adjunto a la iglesia de Santa María del Monte Sión. Haré un breve repaso al tan importante lugar de acogida de Arnau, porque décadas después nuestro hombre, ya entrado en años, se estableció de nuevo en aquel lugar santo para dirigir con magistral templanza a todos los templarios del orbe cristiano.
Cuando el rey David conquistó la zona del Monte Sión construyó su fortaleza en la cima de la colina al oeste del actual núcleo amurallado de Jerusalén. La llamada “Ciudad de David” estaba en la parte más baja, cerca de las Fuentes de Siloe, todo lo cual fue arrasado por los babilonios en el siglo VI aC. y no volvió nunca más a disponer de murallas. Los esfuerzos se centraron por edificar cerca del monte del Templo del Rey Herodes, con una sagrada zona central llamada la Cúpula de la Roca, siendo donde se creía que había estado el Templo de Salomón, del cual en el año 70 dC. los romanos derribaron todas las murallas, e incluso arrasaron, para castigar más duramente la revolución de los judíos. En 135 dC. otros soldados romanos dotaron de murallas nuevas a Jerusalén, como cualquier otro de sus campamentos, pero no reconstruyeron las del Monte Sión. Entre los años 444 y 460 la iglesia del Monte Sión había sido restaurada por la emperatriz Eudoxia, y desde aquel reducido núcleo de Jerusalén volvió a expandirse hacia el norte.
La tumba del rey David en el Monte Sión ya en vida de Jesucristo se había convertido en un edificio particular y pertenecería a algún rico seguidor del Mesías, pues a partir del siglo II dC. era aún un tranquilo barrio de gente noble. Desde el siglo V la piedad cristiana hizo de las ruinas del Monte Sión un centro de gran devoción, convirtiéndola de nuevo en un templo religioso considerado Madre de todas las iglesias. El caso es, que ni siendo además el lugar del “milagro de Pentecostés”, cuando sobre la cabeza de los apóstoles ardieron “lenguas de fuego”, se evitó que aquel edificio se incendiase en dos ocasiones los años 614 y el 965.
Las murallas de Jerusalén fueron de nuevo derribadas por el califa Al-Aziz el 975 dC., pero cuando Saladino se apoderó de la ciudad, prolongó las nuevas murallas del Monte Moria hasta incluir aquel sagrado montículo del Monte Sión porque tenía reputación de ser la Tumba de David (1 Re.: 2,10). Ésta se sigue creyendo ubicada debajo de la sala llamada “El Cenáculo”, mostrándose hoy allí un gran cenotafio en recuerdo del bíblico soberano de Israel.
Los primeros cruzados habían encontrado en ruinas y sin murallas la predominante cima del Monte Sión, allí tan sólo había una modesta iglesia bizantina, a la cual hicieron una solemne procesión previa al asalto de Jerusalén en 1099. Poco después se restauró el templo de “Santa María del Monte Sión”, siendo desde entonces uno de los principales lugares de culto de Tierra Santa, y a cuyo alrededor Godofrredo de Bouillon mandó levantar una muralla almenada dándole el nombre de Santa María del Monte Sión y del Santo Espíritu (M. de Vogüé “Eglises de l’Ordre de Notre-Dame de Sion”). Ésta fue la primera casa central de la orden de Sión, y luego también la del Temple que fue en realidad “su brazo armado”. Allí residieron los llamados “Chevaliers de l’ordre de Notre Dame de Sion” (según el historiador Vincent, en su obra “Histoire de l’ancienne imagen miraculeuse de Notre Dame de Sion”).
En cuanto al “Cenáculo” mismo, es cuanto ha quedado de la iglesia bizantina hecha construir por Godofredo de Bouillon. Los cruzados anteriores a la fundación de la Orden del Temple la llamaban simplemente “Santa Sión”, siendo una comunidad heredera de la cristiana más antigua (At.: 2-15). Godofredo antes de la victoriosa toma de Jerusalén había sido benefactor, sino fundador, de la Orden de Sión, para la cual en 1070 también se erigió un monasterio en su propiedad de las Ardenas. Una vez en Jerusalén los monjes calabreses que allí se enclaustraron igualmente mantuvieron incorporadas al catolicismo fragmentos de las tradiciones bizantinas, griegas y egipcias.
Los primeros cruzados concibieron la idea de reunir todos los santuarios cristianos de Jerusalén bajo un nuevo monumento en forma de cruz. El Santo Sepulcro fue reparado y una edículo puesto encima. Pero las naves no podían tener la misma proporción y el nuevo edificio tuvo que ser limitado mediante pequeños oratorios. Desde un pasadizo se podía bajar a la capilla de Santa Elena y la Cripta del Encuentro de la Santa Cruz. Los primeros cruzados decoraron tan santas paredes con piadosas inscripciones en latín. La nueva basílica fue consagrada por el obispo Fulcherio el día 15 de julio del 1149, que era el 50º aniversario de la conquista de Jerusalén, tal como se lee en una inscripción latina grabada en bronce sobre la puerta principal:
“Este santo lugar ha sido santificado con la sangre de Cristo,
por lo que nuestra consagración no añade nada a su santidad.
Sin embargo, el edificio que cubre este lugar santo ha sido consagrado
el 15 de julio por el Patriarca Fulcherio y por otros dignatarios, en el año
IV de su patriarcado y en el 50º aniversario de la captura de la ciudad, la cual
en ese momento brillaba como oro puro. El año 1149 del Nacimiento de Cristo.”
Aparte de la toma de Jerusalén en 1099, los otros dos hechos culminantes de las Cruzadas (la victoria de Saladino en Hattin, y la posterior victoria de Ricardo “Corazón de León” en Arsuf) sucedieron después de muerto mi biografiado. Al vivir Arnau sus gestas entre dos Cruzadas, la historia pasó por alto los años de convivencia más profunda entre las dos culturas religiosas, e incluso en las revistas especializadas es vergonzoso cómo se ignoran allí las batallas ajenas a la serie de cruzadas oficiales de los europeos. Me costó bastante investigar el dicho periodo vivido por Arnau de Torroja porque fue como una larga serie de cruzadas del rey de Jerusalén contra Egipto, y ello se realizó exactamente entre la segunda y la tercera Cruzadas de gran renombre. Al presentar los frutos de mi esfuerzo claro está que no puedo ofrecer pruebas definitivas e irrefutables, pero el contexto y las lógicas deducciones ayudarán a hacer una biografía que de otro modo sería imposible. Como no hay referencias históricas de mi internacional paisano, escribo el presente ensayo con aspiraciones de que parezca una biografía.
Expongo siempre mis opiniones para que sirvan de inspiración en futuras hipótesis de trabajo de los historiadores con título, y así quizá alguno pueda presentar alguna elaborada biografía suya. Todo lo que he escrito puede ser mucho más afinado, que duda puede caber de ello, aunque nadie que no haya sido la sombra de mi biografiado, tampoco pasará de ofrecer puntos de vista subjetivos.

Arnau de Torroja llegó a Palestina con gran afán para hacer méritos a fin de no defraudar a su familia, y aunque pueda parecer que por tratarse del periodo entre dos grandes Cruzadas no debió de tener muchas oportunidades, sucedió que los cristianos fueron llamados a intervenir repetidamente en ayuda del visir de El Cairo. Cuando el rey de Jerusalén ocupó militarmente aquella capital, en lugar de ver a los expedicionarios francos cual invasores de Egipto, se les consideró verdaderos protectores de la paz. Por su parte los francos (a quienes llamaban “franys”), por aquel entonces aún veían a los egipcios como a unos buenos clientes, puesto que les pagaban muchos dinares por permanecer en su capital.

El rey de Jerusalén Amalrico I se introdujo en Egipto aprovechando la confusión política que en aquel momento se vivía en el califato fatimita de Foulques. Al serle pedida ayuda por el visir usurpador llamado Dirgham, (otro personaje olvidado por la historia) el flamante rey de Jerusalén, un joven melenudo alto y delgado, que sólo en apariencia era un hombre piadoso, había ordenado hacer los preparativos para invadir Egipto con mucho afán de protagonismo. En aquella primera ocupación seria del año 1163 (pues habían tenido contactos con anterioridad), también participó Arnau de Torroja, por entonces quizá ya terminado su adiestramiento. Los propiamente caballeros templarios residentes en la casa-madre del Monte Sión en tiempos de Aranau de Torroja serían unos 300, sin contar a los sargentos (que eran la segunda categoría dentro de la Orden), ni las tropas auxiliares, así como a los escuderos y demás sirvientes. Los propiamente caballeros eran nobles muy escogidos para ser iniciados a conciencia y entretanto hacían de mensajeros a fin de que funcionase la comunicación jerárquica con otros mandos subalternos dispersos por encomiendas y castillos del sector. En el Monte Sión los jóvenes nobles europeos que recibieron todo tipo de enseñanzas al mismo tiempo que Arnau de Torroja, tuvieron en común con él su probada bravura al entrar en combate, gracias a lo cual se les podía instruir acerca de una superior manera de llevar a cabo con éxito mayores empresas.
Al haberse criado Arnau de Torroja en una sociedad rural, en el siglo XII más que hoy, convivió muy cercano a los animales domésticos. De entre los más cotizados de la pirámide alimentaria en el centro de Cataluña, estaba (y sigue estando) el cerdo. Puedo imaginarme lo sorprendente que debió de parecer a mi biografiado el conocer la altísima simbología geométrico-matemática de la estrella de doce puntas. Cuando recibió las primeras clases de simbología iniciática en la casa-madre de Jerusalén, los dos triángulos concéntricos, pero invertidos, supo que configuran la llamada Estrella de David (y “Sello de Salomón” si tiene inscritos hexagramas). En consecuencia Arnau no podría dejar de pensar en la doble hilera de seis tetillas a cada lado del vientre de las cerdas alíneadas. Era en aquellas doce urbes donde la Naturaleza se había mostrado desde siempre sabia y generosa, pues brindó antes que nadie el “numero de la plenitud” en el animal básico para la subsistencia; …y para colmo cada tetilla vista de perfil ya daba la misma cantidad de triángulos que la dicha estrella de seis puntas, o sea, la misma que con los siglo pasaría a identificar la bandera de Israel. Con razón los musulmanes se negaban a comer “galufo” (cerdo), debió de pensar. En todo caso, Arnau valoró inmediatamente el triángulo y la estrella que, según le decían, era la base misma del intelecto humano. Los prehistóricos que habitaron la zona donde él había crecido, aún los apreciarían más a los cerdos, no en vano los sacrificaron ritualmente en sus altares en forma de toro hueco que son llamados dólmenes porque decapitados por los siglos los ingleses los creyeron mesas de gigantes.

A lo largo de los años que los templarios dominaron Tierra Santa llegaron a tener allí 24 castillos, desde los cuales fueron capaces de dar protección a las tres grandes capitales que, a parte de Jerusalén fueron, de sur a norte, Acre (en la costa Palestina), Trípoli y Antioquía (Siria), porque la isla de Chipre fue una posesión posterior. La Orden también tenía senescales (más tarde llamados comendadores) en Acre y Antioquía de quienes dependieron las demás encomiendas y castillos regionales. Fue en las dos citadas ciudades donde Arnau de Torroja dejó constancia de sus últimas actividades como sabio arbitrador de conflictos (En Antioquía, véase “G.T.”; 22.7, p.1015-016; y en Acre, véase “Eracles”, vol. II, p. 2-3.

En el asedio del playero castillo de Ascalón, que contaba con 53 torres de defensa, en fecha 16 de agosto de 1153, mientras cuarenta caballeros templarios penetraban por una brecha abierta en la muralla, otros tantos de la misma Orden desde el exterior evitaron que los simples cruzados pudiesen seguirles y menguar el botín del improvisado saqueo. Fue una temeridad que fracasó y les costó la vida, siendo después todas sus cabezas cortadas y enviadas al sultán de Egipto como regalo y con ellas solicitarle ayuda. Como ésta no les llegó, los de Ascalón pactaron rendirse a condición de sarvar su libertad y pertenencias. Ascalón fue entregado a las principales órdenes religioso- militares. Desde 1130 desde la base de Amanos tuvieron custodiada la frontera con el actual Norte de Siria.
LAS GESTAS DE ARNAU DE TORROJA EN LA MISMA PALESTINA
Mi biografiado debió de desembarcar en Tiro el año 1161, que fue un año de preparativos bélicos del rey de Jerusalén siempre obsesionado por invadir Egipto. Al morir en El Cairo Al-Faiz, fue sucedido por Al-Adid, cuñado de Hafidh, último califa fatimita. Los visires rivales buscaban aliados donde fuese (“History of the World”, 1907, Vol. 8, pp. 43ff). En días sucesivos a su llegada a Palestina las informaciones dadas al joven Arnau de Torroja durante la travesía marítima le fueron siendo ampliadas, empezando por el contexto de las relaciones entre los musulmanes y el Reino Franco de Jerusalén. Por entonces sólo podían limitarse la información a una década antes, y otras pocas después de la Segunda Cruzada terminada exactamente en 1149. En cuanto a la Tercera Cruzada y posteriores, ya no interesan a estas páginas porque, aunque mi biografiado la deseó y procuró propiciar, lamentablemente no la vivió.
En Tierra Santa, Arnau desde su llegada sin duda tuvo oportunidad de dar muestra de valor y sentido común, e incluso quizá desplegar ciertas dotes de estrategia militar, aunque el éxito o fracaso de cualquier conflicto bélico siempre fue responsabilidad final del Gran Maestre. Los caballeros templarios, que duda cabe que acusaban algo de sus altos mandos, dado el “esperit de corps” nunca antes experimentado en la Edad Media por otros ejércitos. Con razón se ha escrito que constituían la “Quinta Columna” de la cristiandad, pero es que los resultados se pueden extrapolar, ya que al dar seguridad a las vías de comunicación, fomentaron el libre comercio y definitivamente aquello fue el principio del fin del abusivo sistema feudal, o sea de los señores y sus derechos ancestrales.
Los musulmanes les reconocerían la utilidad de tener un Estado, ya que así ni con la muerte de los reyes de Jerusalén los cristianos no luchaban entre ellos mismos. Para los musulmanes era una cosa extraña, puesto que para ellos al morir un visir, califa, o sultán, padecían luchas internas para merecer sucederlo. Es decir, mientras que lo primero que previnieron los europeos al ocupar Palestina fue institucionalizar la monarquía, los musulmanes eran incapaces de un sistema como aquel, ni viendo lo útil que era. Es paradójico, porque en tierra de Israel emergieron instituciones monárquicas entorno al siglo X a.C., cuando se separaron los dos reinos de Israel al norte (capital Siquem), y el reino de Judá en el sur con capital en Jerusalén. Claro que los hebreos supieron bien que eran un puente natural entre las dos grandes potencias de la antigüedad, Mesopotamia y Egipto. La explicación es que, a partir del siglo IX, los seguidores del Profeta perdieron el control de su destino. Los grandes líderes que los gobernaron los años que Arnau vivió, ya fueron incluso de origen turco (como Nuradín), o bien kurdo, (como Saladino, según Amin Maalouf “Las Cruzadas vistas por los árabes”).
Arnau de Torroja en el país de Nuestro Señor Jesucristo se encontró, pues, inmerso en un mundo exótico donde las emociones afloraban por doquier. Su extrañeza puede incluso ser seguida, así como su nostalgia, dado que en 1162 se constata que, por primera vez, él no pudo asistir a una reunión general de su familia en la ciudad de Solsona con motivo de la consagración del nuevo templo románico de Santa María, del cual queda aún visible su ábside. Lejos de los suyos, a Arnau lo imagino recitando mentalmente, en lengua vernácula, la canción del trovador Guillem de Mur, que le fue contemporáneo:”- Es el meu camí el que em porta amunt i avall, el que avui m’ha fet l’ànima més rica”.
También supongo que debió de sorprender gratamente el comprobar que allí los cristianos se aliaban con los musulmanes. De hecho la unión de los egipcios con los francos fue el detonante para que el sultán Nuradín de Damasco fuese contra la capital del país del Nilo, donde el rey de Jerusalén y el visir de El Cairo, uniendo sus tropas le harían frente en varias ocasiones, como veremos más adelante.
Inicialmente el rey les había dado un ala de su palacio, justo encima de lo que habían sido las cuadras del Templo de Salomón, allí donde los musulmanes con los años emplazaron su mezquita de Al-Aqsa en la cual cabían cientos de personas. Aun así, al cabo de una década los templarios no llagaban ni a ser veinte caballeros en total. Después de otros tantos años trabajando afanosamente en el desescombro del subsuelo, que al fin debió ser cual un gigantesco termitero, paradójicamente enseguida lo cegaron porque sus referencias histórica y acerca de tesoros de religión antiguos ocultos bajo tierra no fuese hallada. Hay unanimidad en reconocer que a los templarios su esfuerzo les dio secretos frutos, por lo que será especulado en una segunda parte este libro, ya que, dentro de lo posible, pretendo escrutar completamente el pensamiento de mi biografiado y paisano Arnau de Torroja, porque no he de negar que su trayectoria me fascina. Un cronista de tiempos del rey Amalrico I de Jerusalén, escribió acerca de los templarios:
“…Han crecido tanto ahora, que en esta orden hoy hay cerca de 300 caballeros que usan las capas blancas, además de los hermanos, quienes son casí incontables. Se dice que tienen posesionesinmensas aquí y en Ultramar, de modo que ahora no existe una provincia en el mundo cristiano que no haya concedido sobre los hermanos antedichos una porción de sus mercancías. Se dice hoy que su abundancia es igual a los tesoros de los reyes.Porque tienen jefaturas en el palacio real al lado del Templo del Señor, y se llaman Los Hermanos de la Milicia del Templo”
Jacobo de Vitry (1170-1240), otro cronista de la época que llegó a ser obispo de Acre entre 1216-28, y predicador de gran reputación en la primera mitad del siglo XIII, escribió la siguiente fuente histórica de los primeros templarios. Además de confirmar lo dicho por Guillermo de Tiro dio más detalles :
“El rey, sus caballeros y el señor patriarca se llenaron de compasión por estos hombres nobles que lo habían abandonado todo por Cristo y les concedieron ciertas propiedades y beneficios para subvenir a sus necesidades y por el alma de los donadores. Y como no tenían iglesia ni lugar en que habitar que les perteneciesen, el rey les alojó en su palacio, cerca del Templo del Señor. El abad y los canónigos regulares del Templo les dieron unterreno no lejos del palacio para su servicio; y por esta razón se les llamó más tarde templarios”.
Haré un poco de historia para intentar transmitir a los que lo ignoren la importancia que tuvo y tiene aquel exacto lugar de Jerusalén distinguido con la llamada Cúpula de la Roca, construida en el año 636 con su iniciática planta de diseño octogonal. Era la principal iglesia para todas las religiones hasta que los Cruzados la hicieron exclusivamente suya. A partir de entonces la capital de Alá y de Yahvé también lo sería de Jesucristo, el Hijo de Dios,…Pero sólo hasta 1187, pues, aunque Jerusalén fue reconquistada en 1229, se perdió definitivamente en 1244, cuando regresaron los turcos expulsados diez años antes.
En 1142 la Cúpula de la principal explanada de Jerusalén fue distinguida con el título de Templo del Señor (“Templum Domini”) y coronada por una gran cruz de oro macizo que en todas las ocasiones que Arnau de Torroja vivió en Jerusalén estuvo visible cual una grandiosa jaula de dorada, atrayendo las miradas sobre aquella peña sagrada para las tres distintas devociones con sus fulgurantes destellos más de lo que se conseguiría con unos fuegos de artificio. Su planta octogonal fue un patrón que les habría de servir para construir templos en todo Europa. Exactamente en España quedan muestras en las iglesias templarias de Montsacro (Oviedo), Santo Sepulcro (Torres del Río-Navarra), Vera Cruz (Segovia), Nuestra Señora del Temple (Zaragoza), y la iglesia templaria mejor de todas, Eunate (Navarra).
La actual Cúpula de la Roca ya era el templo principal en Jerusalén, y cerca hoy sigue estando la mezquita de Al-Aqsa. Los monjes del Santo Sepulcro (que sería la tumba principal de Jesús), les dieron a los templarios fundadores un terreno contiguo a los muy espaciosos establos del rey Salomón al SW. de la explanada que en realidad los templarios sólo desescombraron y abovedaron a fin de recobrar el trazado subterráneo de calles del periodo herodiano. La residencia del rey de Jerusalén que les autorizaba, estaba entonces donde está hoy la famosa mezquita de Al-Aqsa, y él mismo rey se la cedió a los templarios y edificaron en el extremo opuesto un claustro y la sala que formaba ángulo recto. Los primeros nueve templarios los excavaron durante otros nueve años. A mediados del siglo XX se limpiaron y se hicieron accesibles buena parte de dichos túneles (antes calles), y en 2007 se divulgó que era aquel el verdadera ubicación del antiguo Templo de Salomón, porque se descubrió una gran cisterna rectangular que estaba incluida en su interior.
El edificio islámico de Al-Aqsa estaba construido sobre el monte Moria, de cota inferior a la del monte Sión. En un ángulo de la actual explanada del Templo de la Cúpula fue la primera sede de los nueve caballeros templarios de los cuales no se sabe en que más, aparte de excavar, inviertieron su tiempo los primeros seis años de su asentamiento en Jerusalén. Al parecer vivieron de limosnas hasta que en 1125 el poderoso Hugo de Champagne se enroló en las órdenes de Sión y del Temple, pàsando desde entonces a ser conocida su existencia en Europa. En 1129 ya eran la más famosa orden de toda la cristiandad, a pesar de haber fracasado su intervención militar en Damasco.
Los primeros nueve nobles caballeros templarios estuvieron autorizados para recuperar de aquel subsuelo reliquias que pasaron a ser custodiadas por la Orden de Sión, que era nada menos que la Orden promotora y madre de la del Templo. Por su carácter secreto, hay que suponer también que fue otra novedad que pronto sorprendería a Arnau de Torroja. En efecto mi biografiado de pronto se encontró -como muchos lectores hoy- con que estaba afiliado además del Temple en otra orden, la muy discreta llamada “del Monte Sión, hermanada con la del Temple y más poderosa que ella, pero que exceptuando el Gran Maestre, sus miembros permanecían en Francia, país que por cierto tuvo su mínima extensión en 1180, cuando Felipe II Augusto sucedió a Luís VII en el trono.
Las órdenes de Sión y del Temple tuvieron un sólo mandatario, coincidiendo en ser Arnau de Torroja el último que las dirigió conjuntamente ambas antes de su división en independientes. En éstas páginas sólo interesan los tiempos que ambas convivieron en harmonía en el cuartel general de Santa María de Sión. Jerusalén contó en total con siete puertas, pero la puerta al Monte Sión no es ninguna de las principales, porque la muralla que vemos en Jerusalén (excepto los restos del antiguo Templo), las construyó Solimán el Magnífico. Cuando Arnau de Torroja recibió su instrucción e iniciación tras los muros de Santa María de Sión, la fortaleza más cercana era la llamada Ciudadela de David por el lado norte, y estaba a mitad de camino del Santo Sepulcro, que era tenida por la verdadera tumba de Cristo (hoy siete disputan en el mundo dicho mérito, y una estaría en Japón).

Los antiguos líderes de Palestina que más le interesarían a Arnau, vivieron a partir del sultán Zangi, de origen turco que dominó Mosul y Alepo (aunque ésta última no era -ni mucho menos- la fortaleza que edificó años después un hijo de Saladino). Zagri, cansado de ver como los musulmanes siempre guerreaban entre ellos, decidió someter a su autoridad personal los líderes de Irak y Siria. El valor simbólico de Edesa les hizo conquistarla en noviembre de 1144. Rescatarla fue la misión de la Segunda Cruzada en 1148, cuyo primer fallo fue que, en lugar de recuperar Edesa, atacaron Damasco con intención de saquearla, pero sin conseguirlo. En la catedral de Edesa, apostillaré que fue donde finalmente se guardaba la Sabana Santa,…Que los bizantinos años después se llevaron a Constantinopla (existe un cuadro del siglo X que la reprodujo en el momento de ser besada por su emperador).

Al sultán Zangi de Damasco le sucedió en 1146 su hijo Nuradín, un turco sunita que se propuso acabar primero con los chiitas y después les llegaría el turno a los francos, quienes bajo el rey Balduino III vivían muy divididos entre si. El zenguita Nuradín después que en 1154 se apoderó de Damasco, codició el rico país de los faraones, por lo que a la menor excusa, como dije, envió allí a su mejor general Shirkuh al saber que la madre del dicho rey de Jerusalén, llamada Melisenda, había fortificado la ciudad “Tres veces santa” para privar la entrada a su propio hijo.

Lo más defraudador que le pareció al joven Arnau de Torroja fue el hecho vergonzoso de que en 1156 los cruzados casí estuviesen a punto de ser expulsados de Tierra Santa,… y nada menos que el día de la vigilia de Pentecostés!. Las tropas de Siria, al mando del sultán Nuradín, mataron o hicieron prisioneros a unos seiscientos caballeros templarios. Incluso el rey Balduino de Jerusalén fue perseguido y salvó la vida al refugiarse en el castillo de Belines. Por suerte el conde Terry de Alsacia obligó al sultán Nuradín a pactar una tregua el año siguiente y además obligó al gobernador de Damasco a pagar un tributo para mantener la paz ¿Quizá ayudó a conseguirlo el hecho de que Siria aquel año sufrió el más grande y desastroso terremoto de su historia?
Para colmo las órdenes militares de templarios y hospitalarios no querían someterse a la autoridad del rey Balduino III, ni cuando en 1152 éste se impuso a su madre, … y es que por si fuese poco, ambas órdenes monástico-militares también estaban enemistadas entre si. Los hospitalarios además se mostraron especialmente ofensivos con el Patriarca de Jerusalén desde que éste intentó reprenderles por asaltar el templo del Santo Sepulcro sin tener piedad para con los feligreses allí reunidos, a los que masacraron. Bajo Balduino III (1144-1162), casado con Teodora Comnena, el reino de Jerusalén alcanzó su mayor dimensión después de la captura de Escalón (1153), si bien el principado de Edesa le fue arrebatado en 1144.

La paz con los francos enojó enormemente a Nuradín de Siria, aunque éste rápida y ladinamente, dio un giro su estrategia. Pretendiendo triunfar sin guerra, el dicho sultán de Damasco no sólo confirmó lo pactado, sino que pagó a los francos un plazo de dinero extra a lo previamente acordado. Al saberlo los árabes entendieron que Nuradín los había traicionado. Como fuese, Siria estaba neutralizada y tanto Nuradín, como los francos sólo veían Egipto como el único lugar donde plantearse las próximas batallas. Si Egipto quedaba para los musulmanes, los francos temían ser aislados como hoy Israel en un mundo de musulmanes. En cuanto al interés de Nuradín por Egipto, se explica por el odio que, no siendo él de origen musulmán, sentía contra aquella estirpe de fatimitas. Según cierto autor árabe, eran una dinastía ismailita y Saladino los anuló haciendo que todos los egipcios se pasasen al bando de los sunies.
Entre Jerusalén y Jericó los templarios tenían un castillo y una torre, y otro castillo en el monte “De la Cuarentena”; si bien el más famoso estaba en el llamado Vado de Jacob, a orillas del río Jordán (fue excavado en julio de 2006). Sucedió que André de Montbard, siendo Gran Maestre templario, ayudó eficazmente al rey Balduino III a vencer al sultán Nuradín en Panéas. Después el rey licenció a sus soldados y entró en Jerusalén. El derrotado Nuradín sabiendo el rey de los francos en desventaja, le tendió una emboscada junto al lago Méron (o Hûlé) en el Vado de Jacob junto al río Jordán. Era el día 19 de junio de 1157, muriendo todos exepto unos noventa que encarcelaron en Damasco. Sólo Balduino III y unos pocos salvaron sus vidas huyendo, entre los cuales el Gran Maestro Eudes de Saint-Amand y Bertrand de Blanchefort , quienes estuvieron encarcelados durante tres años en Damasco hasta que Manuel I el emperador de Bizancio (1143/1180) pagó un elevado rescate por la libertad de 6.000 prisioneros pero el Gran Maestre Odón no aceptó ser rescatado y sufrió prisión hasta su muerte.

Los templarios supieron que el rey Amalrico I había castigado muy duramente a una docena de templarios, acusándolos de no haber luchado hasta morir en la defensa del dicho castillo (En 1179 Balduino IV de nuevo debió aceptar que en el mismo lugar Saladino destruyese la fortaleza de Beaufort, llamado “el Chatelet”). Como en 1158 en la toma de Baniyas recordaban a otros trescientos caballeros templarios muertos, y en 1165 murieron otros sesenta en la toma de Harenc, si los caballeros de la Orden lograron que al fin todo su prestigio se mantuviese intacto, fue gracias a su gran victoria contra las tropas de Nuradín en La Bocquée (Sur de Alepo). Fue el año 1163, y creo que debió de ser allí donde Arnau de Torroja tuvo la mejor oportunidad de hacer méritos de guerra, los cuales finalmente habrían de servirle para ser elegido cabeza de las órdenes de Sión y del Temple. Repetirlo es una exigencia argumental, muy insistentemente advertida a lo largo de estas páginas, a fin de que aquel lector casual que tan sólo decida leer por encima este escrito, sepa cual es mi mejor argumento.
ARNAU DE TORROJA EN EL CAIRO (ENTRE LA 2ª Y 3º CRUZADAS)
Me interesa especialmente el conflictivo periodo entre los propios francos de Palestina, que fue cuando en la patria catalana de Arnau de Torroja el Conde de Barcelona se independizó del rey de Francia, y luego, llamándose Alfonso II, fue nombrado además Rey de Aragón. Son hechos coincidentes con las estancias que Arnau de Torroja hizo en Egipto. Por entonces los cairotas estaban divididos en varias facciones que se peleaban para hacerse con el poder. Las intrigas palaciegas al entorno del niño heredero de trece años, Al-Adid, el último descendiente legítimo del califa fatimí de El Cairo, provocaron sangrientas luchas nobiliarias al ser varios los aspirantes al cargo de visir. El ganador fue Shawer, un seguidor de la religión shií, cuya estirpe fundó la ciudad de El Cairo (que ellos llamaban “Mish”). Aquella dinastía se tenían por descendientes de Fátima, la hija del profeta Mahoma y esposa de Alí, inspirador del shiismo (la estirpe fatimí eran oriundos del Norte de África y gobernaron Egipto desde el año 966 hasta el 1171).
La misma palabra “califa” ya indicó que se trata de la familia descendiente del Profeta. Al recibir tal jerarquía un califa lo primero que hacía era procurarse un buen visir, al cual otorgaba los plenos poderes, o al menos el control de los asuntos, incluidas las finanzas. El califato en el siglo XII ya era una institución decadente, porque se limitaba a lo religioso cediendo poder a un plenipotenciario (a veces llamado sultán) de naturaleza militar. Los problemas sucesorios dividían entonces más que hoy a los diferentes facciones de musulmanes. Ello hizo posible que en 1099 entrasen en Jerusalén capitaneados por Godofredo de Bouillon. Su antiguo sueño de conquistar militarmente Egipto, lo siguieron teniendo también sus sucesores, Balduino I y Balduino II, cuando ocuparon sucesivamente el trono de Jerusalén. Al fin, al ser nombrado Rey de Jerusalén Amalrico I, éste lo intentó cinco veces en seis años, … y en tres de ellas eventualmente lo consiguió. Que la tal empresa era difícil, lo corrobora el que en 1250 (durante la V Cruzada) fracasó otra vez más la campaña inicialmente exitosa de Jean de Brienne, y luego aún volvería a fracasar el corsario catalán Bernat de Vilamarí, quien durante cuatro años (1450-1454) saqueó el delta del Nilo y la costa de Palestina partiendo de la isla Castellroig, en el sur de Anatolia.
Resumiré tan oscuro periodo de la capital de Egipto, comenzando por los nueve meses de lucha del visir Shawer contra un usurpador llamado Dirgham. En El Cairo era constante la debilidad de los visires, y catorce de ellos murieron víctimas de intrigas y golpes de estado. El último que sucedió a los citados, fue el llamado Shawer quien evitó romper tan fatal destino gracias a tener la protección del rey de Jerusalén.
El visir Shawer de El Cairo en prevención hizo matar a cuantos descendientes acreditados legítimamente podían reclamarle el trono. Así y todo fue depuesto a los ocho meses por su chambelán Dirgham, el usurpador visir que controló las fuerzas de Egipto durante tan sólo nueve meses, siendo aquel un periodo el más oscuro y complejo de su historia. Las crónicas son contradictorias, de forma que deben ser estudiados mes por mes y detallando en dos columnas las divergentes versiones escritas por partidarios de cada bando. En muchos libros actuales aún se ignora la existencia del visir Dirgham, y aquellos que le recuerdan informan mal.
El insubordinado Dirgham, quien había confraternizado con el rey Amalrico I durante nueve meses por razones de vecindad y mutua protección, viendo que Egipto, una vez desaparecido Shawer, parecía estar estabilizado, hizo que los francos se fuesen de El Cairo dejando allí tan sólo una simbólica compañía de caballeros. Pero después que el grueso del dicho ejército franco hubo partido, Dirgham fue informado que el ex visir Shawer no sólo había logrado huir, sino que regresaba a Egipto para atacarlo con la ayuda de un ejército sirio. Sucedió que cuando el ex visir Shawer de El Cairo se refugió en la lejana Siria musulmana pudo convencer al sultán Nuradín quien confió el éxito de aquella campaña, destinada a reinstalar a Shawer como visir en El Cairo, a su mejor general el kurdo Shirkuh (Chîrkouh). O sea, aquel que creían muerto durante su huida, regresaba, y tan fuerte que rápidamente recuperó su antiguo cargo de visir.
Dirgham, queriendo derrotar de una vez por todas a Shawer debió enfrentarse a los sirios que lo acompañaban, pero salió derrotado de tal empresa y escapó para refugiarse en Bilbeys. Allí, en su apurado asedio, Dirgham solicitó la ayuda urgente del rey Amalrico I, por lo que el rey de Jerusalén tuvo la excusa idónea para ser oficialmente protector en el rico país de los faraones. Se movilizó a fin de salvar al asediado visir Dirgham, todavía legítimo comandante de las tropas fatimiis del joven califa Al-Adid, …pero los cristianos llegaron tarde a Bilbeys donde Dirgham, pocos días antes, viendo que los francos se retrasaban y no podría resistir el asedio, intentó escaparse sólo. Al ser descubierto lo mataron sus propios hombres y su cadáver quedó abandonado a los perros callejeros.
Shawer, el repuesto visir de El Cairo, hizo que el ejército sirio que lo había ayudado acampase en Fustat, en el exterior de las murallas y con excusas les impidió entrar en El Cairo. Shawer temía que el general Shirkuh quisiese arrebatarle su poder en Egipto, por lo que, en doble juego, en secreto pidió ayuda urgente al rey Amalrico de Jerusalén. Había utilizado a los sirios y creyó que podría hacer lo mismo con los francos de quienes ya conocía su inminente llegada. Al llegar a Egipto (27 de febrero de 1163), con diplomacia pero muy firmemente, obligó al ejército sirio que ocupaba la fortaleza de Bilbeys a regresar de nuevo a Damasco, yéndose muy enfadado general Shirkuh por tan manifiesta ingratitud.
El rey Amalrico I (en francés, Amaury +1174) fue nombrado Rey de Jerusalén el 18 de febrero de 1163. Era hijo de Foulques y hermano de su heredero Balduino III (+1162). Entonces Amalrico contaba apenas 27 años de edad. Reinando aún Balduino III, la Alta Corte (Haute Cour) en asamblea negaron el trono al dicho Amalrico a menos que éste repudiase a su esposa Agnes por consanguinidad, lo cual fue un argumento insuficiente para Amalrico I cuando aquel año sucedió a su hermano en el trono de Jerusalén. Su parienta Agnes siguió teniendo el título de Condesa de Jaffa y Ascalón, recibiendo lógicamente una pensión por ello. El hijo de Agnes, legitimado por la Iglesia, por nacer antes de casarse ella con Hugh de Ibellin, hizo posible los veinte años de influencia que tuvo aquella dama en la corte de Jerusalén.
Sabiendo que en Egipto los líderes fatimís estaban matándose entre ellos, Amalrico I al ser rey de Jerusalén tuvo la osadía de intentar conquistar dicho país, ordenando su primera gran campaña contando con el beneplácito del nuevo califa que se hizo con el poder. Con más voluntad que otra cosa, Amalrico I intentó invadir Egipto con desigual fortuna (1163, 1164, 1167, 1168 y 1169), siendo en las dos primeras cuando lo consiguió más pacíficamente.
El joven califa Al-Adid de El Cairo, quien antes de ser juguete de los sirios y los francos lo había sido de los turcos, devolvió oficialmente el poder al visir Shawer quien, engreído, olvidó sus promesas a los sirios que lo habían ayudado. Se peleó con el general Shirkuh, y además se mostró desagradecido con su jefe el benefactor Nuradín de Damasco. Semejante osadía fue posible porque en realidad él había pactado casí simultáneamente su protección con los francos del reino de Jerusalén, guiándose por el interés que habían demostrado los cristianos por el país del Nilo en vida de su difunto visir contrincante.
Como en todas las campañas bélicas de la Península Ibérica, donde todos los reyes del siglo XII siempre contaron con la ayuda del Gran Maestre del Temple y de Sión, Amalrico I de Jerusalén lo tenía aún más asumido llegándose a creer, por su inexperta juventud, que tenía a las órdenes militares de Palestina completamente a sus órdenes. La estrategia de batalla en todas partes las planificaban y llevaban a cabo los templarios siguiendo los deseos del rey con el que colaboraban, y el Gran Maestre del Temple Bertrand de Blanchefort en 1163 estaba al frente del ejército franco que ocupó El Cairo con el beneplácito del antiguo visir que ya había derrotado al que lo apartó nueve meses del poder de Egipto. A rey muerto rey puesto, pensaría Amalrico I, y ayudó a su nuevo aliado comprometiéndose éste al pago de un fuerte tributo anual. Tan sólo se exigió a los francos que dejasen una guarnición simbólica guardando las puertas de la mayor capital a orillas del río Nilo
El rey Amalrico en 1163 vio de nuevo una oportunidad para vengarse del sultán Nuradín de Siria y se movilizó; para ello reforzó su ejército con tropas de las órdenes monástico-militares. El país de los antiguos faraones tenía un poderoso atractivo para los francos que en vida de Arnau de Torroja dominaban Palestina como si fuese un apéndice de Europa. En la primera ocupación de Egipto intervino Arnau de Torroja siguiendo al Gran Maestre general de la Orden del Temple, y amigo, Bertrand de Blanchefort . Fue la única ocupación de Egipto que puede considerarse casí pacífica, al haber sido solicitada la protección de los francos, e incluso remunerada espléndidamente, porque se trataba de frenar la anarquía existente en la populosa capital fatimí de El Cairo.
El ejército del rey Amalrico de Jerusalén lo formaban extranjeros a los que se concedía una renta o un feudo; por lo que el rey tenía a sus órdenes una cosmopolita tropa formada por caballería ligera de turcos, arqueros maronitas del Líbano, y una infantería armenia y siria. En total eran unos veinte mil hombres, de los cuales sólo unos cientos fueron realmente caballeros a los que les reforzaron continuamente expedicionarios cruzados que llegaban de Europa.
Amalrico I lanzó una fuerte ofensiva ocupando El Cairo con relativa facilidad en 1163, en la cual participó el Gran Maestre Bertrand de Blanchefort ya nombrado para la más alta jerarquía (1156-1169) a los pocos días de morir su predecesor André de Montbard. Aquella fue la primera campaña importante de los francos en Egipto, resultando una ocupación relativamente pacífica en la cual Bertand de Blanchefort fue el máximo estratega, y aunque no hay ningún documento que corrobore la estrecha amistad que aviso aquí, probablemente Arnau de Torroja entonces incluso pudo haber sido su asistente personal.
Si se dudase que Bertrand de Blanchefort estuvo en la ciudad de El Cairo en 1163 formando parte del ejército del rey Amalrico I de Jerusalén, él mismo lo escribió de su puño y letra el mes de octubre de 1164 al rey Luís VII de Francia, de quien Blanchefort era amigo desde que desembarcó en Palestina con objeto de capitanear la Segunda Cruzada, acompañado de su erudita esposa Leonor duquesa de Aquitania. En el escrito de Bertrand de Blanchefort al rey de Francia le informaba de su campaña de Egipto en 1163 (está reproducida en el libro de J. Mestre Godes “Los templarios” Barcelona 1.999 p. 148-159). Entre otras cosas le explicó que, estando en Egipto, supieron que el sultán Nuradín hizo atacar ciudades del Norte de Siria, por lo cual debieron de salir muchas tropas para acudir a liberar Antioquía y Tiro. Hayque suponer que para la defensa de Jerusalén había unos 15.000 infantes (franys), aparte de la caballería que serían unos 20.000 caballeros más. En cuanto a la orden de Sión y del Temple, no eran un número importante, pero si las mejores fuerzas de choque y muy aptos para desplegar la estrategia de combate idónea.
Tanto en la primera gran la expedición de Egipto, como después en la veloz ayuda de Antioquía, Arnau de Torroja debió de luchar junto a su amigo y superior Bertrand de Blanchefort , siendo quizá su probable consejero en sus difíciles gestiones y estrategias de campaña.
Estando junto al río Nilo, durante aquellos meses de ocupación pacífica de El Cairo, ambos nobles amigos encontrarían tiempo para poder admirar muy de cerca el conjunto monumental de las pirámides de Giza en 1163. Por entonces éstas todavía estaban recubiertas de pulido mármol blanco y con escritos en toda su superficie. De ello dejó constancia en 1180 el cronista árabe llamado Abd el-Latif, añadiendo su opinión particular que si tales jeroglíficos se hubiesen copiado, habrían llenado 10.000 pergaminos. De hecho aquellas losas preciosas de recubrimiento de la más perdurable de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo las hizo arrancar el sultán Al Qaerá cuando un terremoto devastó el Cairo en 1356, empleándose todas en restaurar edificios públicos, primero, y privados después.
Arnau de Torroja al desembarcar en Antioquía también habría admirado el llamado “pilar de Pompeyo” de granito color rosado, de 25 m. de altura y 9 m. de circunferencia (había sido erigido allí en honor del emperador Diocleciano cuando en 297 d.C. ya era el único vestigio del muy antiguo templo egipcio llamado Serapheum). Al llegar los sirios ambos personajes ya habían salido hacia el norte para liberar las principales ciudades atacadas en agosto, siendo ayudados en aquella reconquista por los de Triplo y Antioquía. Es decir, al atacar los sirios ambos no estaban ya en El Cairo, paradójicamente por ser los miembros más eficientes de las fuerzas de choque del los francos, y porque como templarios deseaban buscar siempre el mayor peligro en las batallas “para mayor gloria de Dios”.
El rey Amalrico I de Jerusalén al llegar a Siria pidió la paz tan pronto pudo cobrar alguna ventaja, porque se sintió abrumado por las miles de bajas, y además los más nobles del país se habían hecho cautivos, entre los cuales Balduino de Antioquía y Raymundo de Trípoli. Este último permaneció encarcelado una década en la prisión de Damasco. En consecuencia el rey Amalrico I de Jerusalén tomó la regencia del condado de Trípoli en nombre del muy noble Raymundo. Allí el rey de Jerusalén no pudo actuar contra ningún vasallo, ni ordenar la confiscación de sus bienes, y tampoco podía menguar los privilegios de la Iglesia, ni los de las órdenes militares; y en cuanto a las colonias de mercaderes occidentales, éstas se habían enquistado en el Reino Franco de “Outremer” cual pequeños Estados independientes. Los reyes de la Ciudad Santa organizaron una corte según la del estado francés de donde procedían, nombrándose todos los cargos a voluntad del rey. El ejército fue la única institución vital del Reino Franco y estaba formado por todos los vasallos que tenían algún feudo.
Bertrand de Blanchefort , además de valeroso guerrero y estratega, también dejó el recuerdo de haber sido hombre piadoso y justo. A pesar de ser el Gran Maestre, cumplía la norma aceptada por todos los caballeros de la Milicia de Cristo: ser siempre los primeros en entrar en combate y los últimos en dejar el campo de batalla. Bertand de Blanchefort reformó en profundidad la Regla que inicial de los templarios, adaptándola a su época y concretando las jerarquías de la Orden, así como disponiendo que ni él ni otro Gran Maestre pudiesen modificar nada que afectase a la Orden del Templo sin someterla a la aprobación del Capítulo General. Como Blanchefort entonces era buen amigo de Arnau Torroja, es posible que éste incluso le ayudase a mejorar el borrador de lo propuesto previamente al capítulo. Dicha redacción de la Norma del Temple fue seguida de otra Regla Latina escrita por Etienne de Chartres, patriarca de Jerusalén (1128-1130) y tuvo diversas traducciones (incluso fue redactada en catalán después del 1267). Aquel año 1163, a pesar del grave cisma del papado, se celebró el Concilio de Tours, presidido por el papa Alejandro III, y en cuyas sesiones se trató de la gran extensión que estaba adquiriendo el catarismo en las tierras del Languedoc y Gascuña. (también entonces se empezó a construir la catedral de Notre-Dame de París).
La ocupación de El Cairo por francos y templarios en 1163 coincide con la proclamación de una sorprendente bula papal titulada: Omne Datum Optium, la cual benefició enormemente las arcas de la Orden doble de Sión y del Temple. Explícitamente se les autorizaba a quedarse con los botines de los enemigos vencidos. En la historia de la orden religioso-militar de los templarios los asuntos económicos fueron de su máximo interés,… aunque económicamente en el Reino Franco de Jerusalén no tuvieron grandes recursos, ya que la Iglesia y los mercaderes de las colonias occidentales quedaron libres de tributos, limitándose los reales ingresos a los derechos aduaneros y a la tierra. Por tal motivo se aprovecharían hasta el máximo el derecho de botín y de confiscación.
Para los francos se trató de una ocupación que les abría a los mercados de Oriente y por parte del sultán sirio oponente, Nuradín, se trataba de devolver a la verdadera fe a los musulmanes sunnís de Egipto. Sucedió que Nuradín cuando atacaba en Siria a los francos a fin de dividirles, concibió una iniciativa nunca antes imaginada; él mismo expulsaría a los cristianos de Palestina empleando el recurso de la “guerra santa”. Aquella iniciativa contra el rey de Jerusalén hasta entonces había sido inconcebible. Nuradín, no obstante, tan sólo se limitó a quebrar el flanco occidental del Reino de Jerusalén con la toma de los castillos de Paneas, Subeiba y Baniyas, esta última en el norte de Palestina cuya población había sido arrasada por él mismo en 1157 sin tomar la fortaleza. Era la posición más avanzada del Reino Latino, siendo estratégica por controlar la ruta de Damasco hasta la costa.
En su segundo intento Nuradín logró conquistar la fortaleza de Baniyas, y sin temor a despertar las iras de Bizancio, ocupó también Antioquía. Además aprovechó para atacar la provincia de Trípoli, a cuyo castillo acudieron rápidamente los templarios, entre los cuales probablemente también estuvo Arnau de Torroja. En dicha campaña, si en un principio venció Nuradín junto a Biga, después, gracias a muchos cruzados recién llegados de Europa, lo derrotaron en la batalla de Harenc, donde perecieron sesenta caballeros templarios.
Nuradín no se quedó mucho tiempo quieto porque no le bastaba con gobernar el sur de Siria (el norte pertenecía Manuel de Bizancio), Alepo y Mosul en Mesopotamia. El sultán Nuradín de Siria en 1164 había procurado hacer caer en desgracia al visir Shawer ante el propio sultán de Egipto sin conseguirlo. Al saberlo Amalrico I, rey de Jerusalén, decidió tomar ventaja de aquella situación aliándose con el atemorizado visir Shawer, con quien ya habían tenido relación antes (y posteriormente en 1167 ambos aún volverían a ser aliados). En realidad el rey de Jerusalén en 1164 se lanzó a aquella empresa por haberlo animado el nuevo Gran Maestre de los hospitalarios llamado Gilbert d’Assailly. La intención de Amalrico I era ocupar el país por las armas, y la excusa oficial fue: que los fatimís de Egipto se habían retasado en el pago acordado para su protección de El Cairo (60.000 piezas de oro).
Una vez liberado Bohemundo, príncipe de Antioquía, el rey de los francos de Jerusalén Amalrico I estuvo libre de su cargo de regente y decidió la expansión de su reino conquistando Egipto, pero entonces el visir Shawer ya había sido otra vez derrocado. Lo repusieron en su trono por lo cual el gran líder unificador Nuradín, desde Siria al conocer aquella campaña de los francos quedó anonadado.
Nuradín, pues, en 1164 envió de nuevo un ejército para expulsar a los francos de Egipto, donde guerrearon el rey de Jerusalén y el sultán de Damasco, uno a favor de un aspirante al trono de visir de El Cairo y el otro a favor de su contrincante. Nuradín estaba muy resentido y el mes de mayo de 1164 mandó a Shirkuh, su mejor general de origen kurdo. Guillermo de Tiro, contemporáneo de los hechos, lo describió más bien bajo y entrado en años, siendo distinguible por un parche en el ojo debido a cataratas. Era un guerrero vigoroso, capaz, ético y ecuánime, algo poco común en aquel tiempo. Shirkuh cabalgó veinticinco días hacia Egipto (abril de 1164), siendo guiados por varios beduinos que conocían los oasis y arroyos cercanos al mar Rojo, porque la sed les era más temida que cualquier enemigo.
El primero de mayo los francos ya estaban ante los muros de El Cairo. También hacían el camino hacia Egipto el general Shirkuh y nueve mil sirios, aunque procuraron no ser descubiertos por temor a retrasar su misión. Siguieron el río Jordán hasta el Mar Muerto, para después, atravesando el Sinaí, llegar a las murallas de Bilbeys, las cuales conservaron después que fueron tomadas.
También acudió el rey Amalrico I que salió con otro ejército de Ascalón en la costa mediterránea. Era el límite máximo del Reino Franco (cerca de Gaza), y había sido fatimí hasta que los cruzados la tomaron el mes de agosto de 1153. Aunque no tenía fuentes, fue el único lugar donde proveerse de agua potable de un río subterráneo al hacer la ruta ente Egipto y Mesopotamia. Aquel castillo de los cruzados garantizaba las comunicaciones hacia el sur, siendo otro principal de la Orden el de Tiro en el Mediterráneo (norte de Palestina).
En Egipto y en Siria a partir de dicha ofensiva supieron a que atenerse, y entonces el sultán Nuradín, el 11 de agosto de 1164, a fin de dividir a los francos, repitió la estrategia del año anterior y reuniendo todas sus fuerzas atacó varias fortalezas cercanas a Alejandría (Panéas, etc.) obligando a Amalrico I a acudir de nuevo a Siria en su ayuda. Allí los francos fueron derrotados en la batalla de Harim a pesar de la muy gran movilización general en toda Palestina. Murieron unos diez mil de francos y entre los presos figuraban: Jocelin III, Ramón III, y el joven Bohemundo III que sucedió al cautivo príncipe Renaud.
El día primero de setiembre del mismo año el rey de Jerusalén ya estaba preparado para otra campaña contra Egipto. Con un nuevo ejército partió de la costera Ascalón, situada entre Jerusalén y Gaza, ciudad ésta donde una guarnición de templarios guardaba la frontera desde veinte años antes. Amalrico I hacía el camino de El Cairo con los mejores tres mil barones de su reino, y un ejército de más de 12.000 soldados y otros tantos jinetes, entre los cuales estaban los caballeros de San Juan del Hospital. Súbitamente la crecida del Nilo inundó el asentamiento de toda la armada franca en septiembre de 1164 que sitiaba Bilbeys (la antigua Pelousa), llave del río Nilo. Sucedió que los sitiados lograron romper varias presas y las aguas arrasaron violentamente el ejército franco obligándoles a retirarse con miles de bajas.
Todavía el día 2 de diciembre de aquel mismo año 1164 el rey Amalrico I concentró sus tropas de nuevo en Ascalón, el tradicional punto de partida hacia Egipto, más convencido que nunca que merecía la pena apoderarse de las muchas riquezas del país del sur. Ocupó Bilbeys (ayudado por la orden de los caballeros de San Juan del Hospital), donde Shirkuh, estaba atrincherado y mantuvo en su poder tres meses. Amalrico I asedió dicho castillo hasta que los sirios de Nuradín fueron incapaces de seguir resistiendo y pactaron su retirada. REGRESO DE ARNAU DE TORROJA A CATALUÑA (ENTRE 1165 Y 1180)
Como que yo tampoco podría narrar cuanto aconteció realmente, mi sistema de trabajo consistirá en analizar el contexto que enmarca los hechos. No se puede dudar que Arnau de Torroja también fue un hombre de gran prudencia y místico para los tiempos en que vivió. Comprensiblemente se sintió atraído por la gran novedad que fue era formar parte de los monjes enrolados en una fraternidad a fin de adiestrarlos en el arte de la guerra. Para alcanzar ser promovido a Gran Maestre incluso sólo de una determinada provincia, la persona aspirante debía haber demostrado muchos méritos, pero también destreza y desenvoltura en cargos de responsabilidad. Es un hecho que Arnau de Torroja regresó de Palestina después que hubo hecho allí los méritos suficientes. Su vuelta a Cataluña no significa que se desinteresase de cuanto sucedía en Tierra Santa. Se le desplazó porque fue designado a ser Maestre provincial tan pronto aquel cargo quedase vacante, lo cual sucedió en 1165, al cabo de aproximadamente un año. Era la responsabilidad máxima que fuera de Palestina era otorgado por las órdenes conjuntas de Sión y del Temple, y Arnau debió de hacerse cargo de la comandancia de las tropas y los numerosos bienes templarios en esta orilla del Mediterráneo. (A Arnau de Torroja en el cargo de Maestre provincial le sucedió otro noble catalán llamado Girbert Arnal, quien desempeño dicha dignidad durante los otros siete años siguientes, según Laureà Pagarolas “La comunidad del Temple de Tortosa”-p.351).
Arnau de Torroja consta investido Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple para Provenza e Hispania en 1166, y poco después estaba en la Tortosa donde había batallado en sus primeros tiempos. En Tortosa exactamente el día 13 de octubre del año 1166 Arnau de Torroja compró terrenos para su Orden en Lérida. El año siguiente consta haciendo el pago de los mismos por 1.200 morabatines de oro, que recibió el rey catalano-aragonés Alfonso II. Los dos años siguientes ambos personajes repitieron semejantes transacciones cada vez por 5.000 morabatines.
A Arnau de Torroja se le encuentra haciendo gestiones administrativas y asistiendo en actos de burocracia junto a los soberanos y nobles generosos para con su Orden religioso-militar, pero ni ello ni las campañas o la simple revisión de las solicitudes de los voluntarios aspirantes, no le harían olvidarse de ejercer su influencia en discreto beneficio de su ciudad natal. El abad de Santa María de Solsona, seguramente por consejo de Arnau de Torroja, expuso una propuesta al capítulo de mojes y reunidos en capítulo tuvieron la iniciativa (insólita en su tiempo) de abrir una escuela pública, además de la que funcionaba para educar a los hijos de los nobles y aspirantes a sacerdotes. Arnau había estudiado de niño en ella, siendo por ello que lo creo impulsor de la, digamos, “escuela para pobres”, porque había podido saber que ya funcionaban en las grandes capitales europeas.
Durante aquellos años de proximidad gozosa a su familia y ciudad, Arnau dejó constancia de haberles favorecido a todos, porque recíprocamente en 1175 su sobrino hizo donaciones de bienes a las órdenes de Sión y del Temple con el propósito de también él pasar a residir en Palestina. La donación de Ramón II Señor de Solsona a la Orden no puede ser ajena al regreso de su tío Arnau de Torroja. Tanta generosidad sólo podía responder al hecho emotivo de conocer bien los acontecimientos y las motivaciones explicadas por un testimonio familiar directo del que no se dudaba que tenía información completa de primera mano.
Los miembros del linaje Torroja se distinguieron más por su diplomático arte que no por su belicosidad, si bien estuvieron, todos y siempre, allí donde los intereses de la Corona de Aragón los reclamaban. Por ello sus firmas aparecen en los sitios de Almería Tortosa y Lérida. En esta última los hermanos Arnau y Guillem firmaron el día 9 de agosto de 1151 el acta de Consagración de la Catedral, junto al obispo de Sant Ruf d’Avignon, por cierto una comunidad muy relacionada con los monjes agustinianos de Solsona. Dos años después la comunidad de monjes de Solsona por influencias de los citados ya hicieron una reforma interna, redistribuyendo rentas y creando tres pabordías más la creación de funciones como: el prior, sacristán,etc. Al menos nueve monjes hacían vida en común en el edificio de la canónica y comían en el refrectorio. A la antes citada comunidad de Sant Ruf d’Avignon hay que tenerla en cuenta, porque también proporcionaron los picapedreros que en el Ampurdán gerundense edificaron la iglesia de Vilabertrán (cerca de Figueras-Ge.), otra comunidad monacal de la cual, con los años, fue abad superior Pere de Torroja. Exactamente lo nombraron en 1163, que fue también el de la consagración del templo románico de Santa María de Solsona, lo cual hace evidente unas conversaciones previas de los familiares para adjudicarlo.
En cuanto a la estructura del templo estrenado, hay que decir que se le dotó de una magnífica cripta románica, como la que existe aún en la iglesia de Sant Esteve d’Olius, a orillas del río Cardener (5 km. lejos), donde el conde de Urgel acabó teniendo su castillo-palacio debido a la inseguridad de los muros de su catedral en Seo de Urgel. Solsona era, de hecho, la sede episcopal de Urgel, y muchos sus aguerridos condes dispusieron ser enterrados en la cripta de Santa María de Solsona del siglo XII. (Durante años intenté concienciar a los responsables para que lo investigasen, entrando en ella desde el exterior del ábside de la catedral, dado que hoy está muy elevada respecto a la carretera que limita el zócalo a la altura de la cripta). El todavía más antiguo templo románico tuvo su entrada cara mediodía, quedando la población muy baja extendida hacia el sur alrededor de las únicas fuentes del sector hoy destinado a huertos particulares junto al río Negro, habitualmente con un ínfimo caudal de agua. ÁRBOL GENEALÓGICO DEL LINAJE TORROJA DE SOLSONA
ECARD +1097 (Hijo del Conde Miró) = Majença
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Bernat = Valença; Berenguer; Pere (religioso); Gombau; Guillem; Sicard=Berenguela de Puigvert
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Ramon de Torroja=Ermesenda; Berenguer; Guillem (obispo de Barcelona); ARNAU (Gran Maestre); Ponç
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Ramon II de Torroja=Gaia de Cervera; Guillem; Pere; Berenguer; Ramon
El arte románico empezó a manifestarse en Sant Pere de Roda (Cabo de Creus-Ge.) hacia 1022 expandiéndose en abanico muy rápidamente. Su razón de ser era la veneración de reliquias y allí habían sido escondidas las del mismísimo San Pedro Apóstol (abra este enlace). En el siglo XII que tratamos, el llamado “segundo románico” talló mejores y mayores piedras en los templos, que también presentan más amplios claustros y portadas amplias como la de Santa María de Ripoll, cuya ornamentación del tímpano es agobiante incluso. En vida de Arnau de Torroja, en fin, los europeos construyeron más templos cristianos que nunca.

La habilidad diplomática de los Grandes Maestres era fundamental para el auge de la Orden. Ellos alternaron socialmente con el Papa de Roma y los monarcas católicos europeos. Aunque no tuvieron ni trono ni fronteras, ejercieron un mayor alcance de poder y estuvieron infiltrados en todos los estados por donde se distribuyeron. Los condados occitanos tenían convenida la “paz y tregua” firmada en febrero de 1173 con el regente Guillermo de Torroja por la duración de una década, en la cual Raymundo de Toulouse se comprometió a retirarse de Provenza pasado dicho período. De aquellas interminables luchas entre ambos condados separados por los Pirineos, a la postre sólo salió beneficiado el rey inglés Enrique II casado con Leonor de Aquitania, la hija única heredera de Guillermo IX, considerado “primer trovador”.

Cuando en octubre de 1179 estalló la rivalidad entre los condes de Barcelona y Toulouse del Languedoc, Arnau no quedó ajeno a los viajes del soberano catalán con objeto de que los revolucionarios nobles volviesen a su obediencia. Allí Alfonso II aceptó la sumisión jurada del vizconde de Carcasona y Besiers por unos castillos,… que años después se perdieron al atacarlos los cruzados, debido a que todos en la bella y muy tolerante ciudad de Minerba eran herejes cátaros. Pero por entonces tal ataque aún nadie podía imaginárselo, y el conde de Carcasona recobró la tranquilidad. No le preocupaba que su adversario el emperador “Barbarroja” hubiese sido coronado en Arles el verano anterior. A la dicha ceremonia tampoco asistió el conde de Provenza, y en cambio sí que estuvo agasajánolo el conde de Toulouse del Languedoc.

Cuando falleció el rey de la Corona de Aragón su hijo heredero tan sólo contaba once años de edad, por lo que hay que imaginar al obispo Guillermo, hermano de Arnau de Torroja, manejando los hilos de la política internacional. Lo hizo muy acertadamente por tener un muy amplio punto de vista político, gracias a su contacto regular con su hermano Maestre provincial de las órdenes de Sión y del Temple, el entonces ya muy experimentado Arnau. Ambos hermanos procuraron conseguir un amplio hiterland que incluyese a los más poderosos estadistas de cada vertiente de los Pirineos, a fin de dominar la zona intermedia entre Castilla y Francia, para lo cual los inteligentes Torroja contaron con el apoyo del rey Enrique II de Inglaterra. Arnau de Torroja debió ceder a los intereses políticos a pesar de saber que el Plantagenet, ebrio de poder, creyó poder ejercerlo sobre la Iglesia de Roma, pero al no conseguirlo (porque se le opuso Tomás Becket en 1164), se separó del bando católico cuando el pontífice Alejandro III lo excomulgó por asesinar al arzobispo de Canterbury cuando regresó de su refugio en Francia. Al pasar los años Arnau fue informado de las muertes sucesivas de los dos hijos herederos de Enrique II Plantagenet, pero lo que nunca en su vida habría podido imaginar es que el trono de Inglaterra finalmente lo heredase el tercer rebelde hijo Ricardo, principal protagonista en la tercera Cruzada a Tierra Santa.

En cuanto a su participación en el periodo de reconquista peninsular, hay que recordar que el peso de mayoría de estrategia de ataque se confiaron a las órdenes de Sión y del Temple, y ello lo recordó poéticamente el trovador Marcabrú cuando cantaba: En Espaigna, sai, lo Marques E cill del temple Salamo Sofron lo pes E.l fais de l’orguoill paganor.
La promesa hecha a las órdenes de Sión y del Temple en noviembre de 1169 fue de entregarles los castillos valencianos de Oropesa y Chivert. Se ignora exactamente en cuantas campañas de la Península Ibérica pudieron participar entonces las órdenes de Sión y del Temple en dirección sur. Está documentado que los templarios recibieron bienes en Horta (1174), en Encinacorba (1175), y el castillo de Montornés en 1181, así como la real garantía hecha en marzo de 1182, incluyendo derechos de señorío en Tortosa, Ascó y Ribarroja, junto con la mitad del botín real, y lo recibieron en compensación a la defensa de las fronteras fluctuantes. En tierra leonesa el rey Fernando II en 1178 dio a la Orden del Temple el muy maltrecho castillo de Ponferrada como recompensa de su participación en sucesivas campañas en Extremadura donde arrebataron a los moros muchos castillos.
Posteriormente, en tiempos de reconstrucción de Pons-Ferrata, un noble caballero templario, extraviado cuando regresaba derrotado de Alarcos (1184), encontró una imagen de la Virgen Negra dentro del tronco de una encina. Por cierto que, en tierras leonesas, las encomiendas de la Orden del Temple estuvieron siempre muy cerca de zonas mineras. Curiosamente mucho de lo entonces reconquistado fue dado a la órdenes de Montjoi, fundada en 1173 por el leonés conde de Sarria, y a la de Calatrava en 1179, pues en el fondo Alfonso II hizo lo posible para poder prescindir de aquellas tropas monástico-militares. Todas las demás tropas podían ser mejor controladas que los templarios,…quienes por cierto entonces en Tierra Santa, por cuestiones de honor, se habían alejado del rey de Jerusalén.DOS EMPERADORES: BIZANTINO Y ALEMÁN (ENTRE 1165 Y 1180)
El Imperio bizantino, siendo escisión del romano, era de religión cristiana. Su emperador Manuel Comneno (1143-1180), al comprobar que no se hacía caso a su convocatoria de cruzada contra los griegos, en 1149 expulsó a los normandos de Corfú con ayuda de los venecianos con quienes comerciaba habitualmente. En 1152 la situación internacional sufrió un revulsivo cuando Federico “Barbarroja” fue nombrado rey de Alemania (no confundirlo con el otomano que siglos después pirateó por el Mediterráneo). Referente al rey de Inglaterra, se casó con Leonor de Aquitania, y en Oriente Próximo se “despertó” el sultán Nuradín (1146-1174), de origen mazdaita no musulmán. Éste en 1161 peregrinó a La Meca para reforzar su autoridad en la conquistada Siria, después de tomar Damasco sin resistencia (1154). En lo religioso tuvieron gran trascendencia las muy severas normas que san Bernardo de Claraval había dictado para dotar de una regla monástica a los caballeros templarios. Dichas disposiciones resultaron ser más trascendentes en Clairvaux (Fr.) que la muerte de tan influyente religioso en 1153. Manuel Comneno en 1158 firmó la paz concluyendo las campañas bizantinas en Occidente. En 1169 se alió con los genoveses y con Venecia consolidó un acuerdo comercial, enviando de forma regular sus galeras al puerto de Alejandría. En tiempos del Dux Sebastiano (1172-1178) aún tuvieron trato comercial con Egipto, al cual período llamaron “Paz firmísima”, cuando sus mercancías eran enviadas asiduamente, porque en Alejandría los latinos compraban barato y vendían caro, consiguiendo Venecia un trato especial entre los europeos hasta tiempos del hijo de Saladino.
El día 10 enero de 1162 el rey Balduino II de Jerusalén fue asesinado en Beirut. Arnau de Torroja supo que su viuda era nada menos que la hija del emperador Manuel I Comneno de Bizancio, el cual avanzó al frente de su ejército hasta Antioquía recibiendo la sumisión del príncipe Reinaldo. Poco tiempo después el rey Balduino III de Jerusalén se postró igualmente ante el emperador para jurarle lealtad. Definitivamente el Imperio Bizantino fue la única potencia occidental capaz de proteger los estados francos de Palestina, pues el carismático sultán Nuradín de Damasco los amenazaba, pero así no se atrevió a atacarlos. La balanza de poderes era muy fluctuante en la política internacional del dicho periodo, y a partir de 1169 Federico “Barbarroja” aún vio como la antes aliada república de Venecia, que fue la mayor potencia comercial del Mediterráneo, se convirtió en su enemiga irreductible. Manuel de Bizancio por su parte, desde 1170, no pudo ya contar con las flotas de Génova y Pisa que desde entonces ya le hacían competencia, ni con la ayuda del Papa que, para colmo, aquel año se había reconciliado con “Barbarroja”. Bizancio se vio obligada a comerciar con los musulmanes del Próximo Oriente, a los que antes había tenido como un mercado secundario.
Como fuese que cada rey de Jerusalén reconocía la soberanía imperial de Bizancio, las alianzas matrimoniales hicieron que el emperador “Barbarroja” estuviese muy molesto con Manuel Comneno por que había sometido primero Croacia y después Servia (1172), aunque en aquella ocasión “Barbarroja” no intervino. Lo que temió el nuevo emperador de Bizancio no fue a “Barbarroja”, sino el que se consumase la alianza entre Enrique, hijo del dicho emperador, con Constanza, como finalmente sucedió.
Federico I “Barbarroja” (1152-1190) participó a las órdenes de Conrado II de Baviera en la Segunda Cruzada que fue un fracaso. Al cumplir 30 años heredó el trono siendo un experimentado diplomático y militar partidario del Papa (güelfo), por lo cual en 1154 penetró en Italia destruyendo a cuantas ciudades gibelinas se le oponían. A Roma llegó cuando acababan de elegir al pontífice Adriano IV (1154-1159), por cierto el único Papa inglés de la historia, con el cual mantuvo una tirante audiencia, dado que la Roma paupérrima que le ofrecía en realidad era una muy ruinosa ciudad a la cual tan sólo su ejército era capaz de devolver el orden. Al año siguiente fue coronado en la basílica de San Pedro del Vaticano. A partir de entonces tuvo la ilusión de reconstruir el Imperio Romano y al parecer obtuvo victorias sosteniendo sus talismanes preferidos; en una mano la Biblia y en la otra la lanza con la que el soldado Longinos traspasó el pecho de Jesucristo crucificado, la cual tanta suerte había reportado a Carlomagno. Tan pronto “Barbarroja” regresó a Baviera supo de que Milán se le había revolucionado, y en 1158 ya estaba de nuevo allí con un muy gran ejército que la sitió por hambre durante dos años.
En vida de Arnau de Torroja los antipapas se sucedieron en Roma casí con la misma regularidad de los Pontífices legítimos, éstos residentes principalmente en la ciudad de Aviñon (Mediodía de Francia). Empezó con el antipapa Celestino II, quien por cierto fue un cardenal que en 1124 se sentó en la Silla de Pedro un sólo día. Tal bicefalia entre Roma y Aviñón en el gobierno de la Iglesia católica, lejos de servir de escarmiento, aún se agravó con la tricefalia que se dio en los siglos XIV y XV.
El nuevo sucesor en la silla de Pedro, a cuya elección se había opuesto “Barbarroja”, se llamó Alejandro III (7.9.1159). Su pontificado fue extraordinariamente largo y para empezar rompió relaciones con el emperador “Barbarroja”, pero como a éste algunos cardenales lo apoyaban, empezó entre ambos un conflicto de grandes proporciones con consecuencias políticas. Se eligió un antipapa llamado Victor IV, y los soberanos del mudo civilizado tuvieron que elegir en medio de muchas amenazas de todo tipo.
Entretanto en Jerusalén se vivía relativamente en paz, pues por su parte el rey Balduino que padecía lepra, hizo los suficientes pactos para evitar mayores enfrentamientos con los musulmanes. Al morir y quedar sólo su heredero Balduinito en manos de un regente, el peligro fue inminente para quienes vivían bajo administración de los francos. Justo en el descrito contexto Arnau de Torroja cobró allí protagonismo como líder general de la mayor fuerza de choque existente en el mundo medieval.
ARNAU DE TORROJA ELEGIDO CUARTO “MAESTRE PROVINCIAL”
Arnau de Torroja es bien evidente que no habría hecho una tan rápida ascensión dentro de las órdenes de Sión y del Temple, de no haber contado con la recomendación de su hermano Guillermo, ex canónigo de la catedral de Seo de Urgel y obispo de Barcelona. Guillermo de Torroja fue también un muy gran diplomático, político y valeroso guerrero, el cual, como todos los prelados de su tiempo, contaba con sus propios hombres de armas. El fue sin duda impulsor de la muy meteórica ascensión de su joven hermano en la más prestigiosa y temida organización político-religiosa de la Europa de su tiempo.
Ha sucedido que los historiadores de carrera, al no ser sus conciudadanos, su persona les interesó tan sólo relativamente, y confunden lo poco que los documentos antiguos informan de Arnau de Torroja a veces con algún otro Gran Maestre, pero aquellos que más afinan consideran Arnau de Torroja de una innata humildad. Particularmente creo que debió de ser más bien modesto en su austera forma de vida, que le impulsaría a un extraordinario espíritu de sacrificio, porque su hermano Guilermo de Torroja, y el espíritu de templarios en general, lo dejaron bien demostrado.
Quedarán pocas dudas de que los hermanos Torroja estuvieron privilegiadamente superdotados porque nos han dejado las prueba de sus hechos excepcionales. Así pues, aunque hayan quedado casí eclipsados por la Historia, no han de ser ignoradas por más tiempo sus exitosas gestiones de Estado, cada uno en su especialidad, resultando ambos muy capaces de mejorar diversos acontecimientos históricos en el curso de los pocos años que cada uno ostentó un poder absoluto. Tanto mi biografiado Arnau de Torroja, como su hermano Guillermo, estaban en el centro de hechos históricos que conocemos por exposiciones rigurosas y, como diría un castizo, estando en medio del “baile” ellos supieron muy bien bailar. A todo ello me complace ser yo, un hijo de Solsona, quien los reivindique, evitando con mi esfuerzo que haya de ser un investigador foráneo quien nos lo venga a explicar.
Al tratar de presentar a mi biografiado Arnau de Torroja, y una vez expuesto que su “trampolín” ostentaba la mitra de Barcelona, debo insistir (porque es mi caballo de batalla) en las muchas cualidades y méritos que se exigieron a todo caballero templario para merecer el nombramiento de líder supremo de dicha orden religioso-militar. Ser su Gran Maestre universal, adviértase que por aquel entonces aún significaba en realidad: ser la máxima jerarquía de las dos órdenes conjuntas de Sión (la madre), y la del Temple de Jerusalén, su efectivo brazo armado.
En principio es evidente que Arnau había recibido una educación realmente completa, digna de su noble cuna, y además contó siempre con la ayuda de un sabio hermano mayor que por su talento alcanzó los máximos cargos político-eclesiásticos de su país. Arnau al enrolarse para ser otro monje con espada, tal como era preceptivo, entregó su parte de la herencia sobre el castillo deTorroja a las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén (1156). Los templarios estaban entonces instalados ya en el castillo de Gardeny, que aún existe formando parte de Lérida capital y, por ignorados motivos, disputaron con los simples monjes del dicho convento. Y es que la Orden emprendió una muy vigorosa expansión, e incluso abrieron encomiendas en Tortosa y Lérida.
Con la aceptación a filas de Arnau de Torroja los templarios realmente demostraron ser sagaces y astutos, pues no en vano buscaron entre la flor y nata de los más modélicos jóvenes voluntarios que había en Europa, aunque debo recordar que por aquel entonces ya no eran “caballeros cruzados” pues la Segunda Cruzada ya se había terminado. Arnau de Torroja debió “quemar” tan peligrosa etapa iniciática en Palestina, pero no lo vivió como cuantos le precedieron en las campañas bélicas de Tierra Santa. Los propiamente cruzados de tiempos antes se habían enrolado sabiendo que tenían muy poco porvenir en su país, y porque dieron un crédito desmesurado a las noticias que se recibían de los que regresaron a Europa. Muchos otros no regresaron nunca a sus casas, porque en ellas antes eran pobres de solemnidad, y permanecieron en Palestina donde se casaron con mujeres sirias y armenias, o alguna sarracena bizantina, poseyendo allí incluso tierras. Su descendencia hablaba la lenguas del país, el cual gracias a ellos se vio enriquecido con la presencia habitual de niños rubios de tez clara y ojos azules, aunque los más de este aspecto fueron los hijos de los kurdos, unos muy duros combatientes quienes, entonces como hoy, siguen sin tener patria por estar divididos entre muchos clanes y en cinco países diferentes.
Arnau en Palestina se adaptó bien el prototipo de los tan temibles caballeros de capa blanca muy bien adiestrados, quienes luchaban y morían convencidos que hacían la voluntad de Dios para defender a la buena gente de los infieles sarracenos. Posiblemente verían su sacrificio como la coronación de su vida, de forma que si no la perdían pudieron creer que no habían dado lo suficiente. De mi biografiado Arnau de Torroja, como dije, debemos retener, sobre todo, que pudo demostrar haber hecho los suficientes méritos en Palestina y Egipto en 1163, siendo por sus gestas en campaña por lo que en 1166 fue nombrado Maestre Provincial de Provenza e Hispania tres años después. Puesto que Arnau fue “Magister”, se puede asegurar que sin duda alguna vivió una densa vida de hiper-actividad y muy gran responsabilidad. Sería toda una autoridad político-militar de su tiempo a nivel internacional, cuyas decisiones a menudo costarían muchas vidas.
La suerte que corrieron los familiares de Arnau de Torroja en Solsona, aunque residiese muy lejos, le haría rezar más de lo exigido, porque dada su piedad cristiana estuvieron siempre en su pensamiento. En esta aproximación a su persona, dentro de lo posible expongo lo mejor que puedo el contexto de la época en que vivió, así como sus muy excepcionales circunstancias, pues todo ayuda para conocer su mente lo mejor posible. No haría falta decir que cuando Arnau de Torroja en su vejez ocupó por sus méritos la más alta jerarquía en las órdenes de Sión y del Temple, sus problemas aumentaron, pero si algo tenían claro quienes lo eligieron, era que los superaría desplegando una bien demostrada habilidad diplomática.
Antes de ser responsable del Temple en esta orilla del Mediterráneo, Arnau debió ser bien instruido acerca de la personalidad de sus predecesores así como de las circunstancias de la penetración de su Orden en Hispania. La primera referencia de templarios en Provenza y parte de España (que incluía la vertiente sur de los Pirineos) es de 1143, cuando Pere de Rovira se presentó como “Maestre Provincial de ciertas partes de Hispania”, incluyendo primero Aragón y seguidamente Provenza, Valencia y las Islas Baleares, ayudándoles la política expansionista de los catalanes. En Navarra inicialmente también estuvieron, pero al poco tiempo su gobernante pasó a ser como una marioneta del rey de Francia. Un siglo después Provenza y España fueron provincias templarias distintas. Esteban Belmonte fue Maestre Provincial del Temple de las dos vertientes del Pirineo catalán en 1239; pero Raymundo Serra, que lo sucedió en mayo de 1240 en el gobierno de la Orden en el Rosellón, Navarra, Mallorca y Valencia, sólo fue titulado “Maestre de Aragón y Cataluña”.
Los dominios del “Domus Templi” en principio se extendieron de sur a norte de Cataluña con sus principales encomiendas, o castillos, en Peñíscola, Tortosa, Miravet, Lérida y Monzón. Este último castillo que les habían prometido en 1143 no hay referencias documentales de que fuese templario hasta 1153, pero luego fue su cuartel general y el paradigma de sus construcciones militares. El castillo de Miravet les fue prometido a templarios también en 1143, y el castillo de Alcanadre en 1155, si bien el cuartel general de templarios en la Corona de Aragón fue Monzón, allí donde un siglo más tarde la propia Orden se encargó de la educación y custodia del rey niño Jaime I.
En 1156 Aymeric de Torroelles fue Maestre de Tortosa, y nueve años después lo fue del castillo de Miravet, junto al río Ebro, adquirido en 1153. Ambos castillos fueron comandados en 1165 por Guillermo Bernard, luego comendador de dos jurisdicciones de los templarios en Cataluña. Arnau de Torroja desde el mes de marzo de 1166 fue Gran Maestre de la orden del Temple en la Corona de Aragón, ejerciendo su máxima autoridad tanto para tierras de Provenza como de España. Dos años despues contribuyó a la conquista de Caspe, Calambra, Alfambra y Castellote.
Cuando ya mi protagonista era un veterano Maestre provincial, en 1176 participó personalmente en la conquista de Cuenca. En 1179 Alfonso II le entregó para la orden del Temple tierras en Palencia, Tierra de Campos. Asimismo, el año siguiente templarios obtuvieron castillo de Villel. Entre los caballeros templarios de capa y espada, hubo además agricultores, ganaderos, cirujanos y navegantes, porque llegaron a tener una flota distinguida con una gran cruz roja en su blanco velamen desplegado. Verlos acercarse inspiraba tanto miedo a los delincuentes como hoy pueda causar un guardacostas del ejército, pero siendo aquella insignia mucho más fácil de distinguir desde una gran distancia.
Los estatutos de las órdenes de Sión y del Temple prohibieron al su Gran Maestre imponer criterios sin someterlos a capítulo. Asimismo debería disponer siempre de una guardia personal de diez caballeros, lo cual en el campo de batalla era bien necesario, ya que él debía permanecer en el centro de la refriega sosteniendo su estandarte, o “gonfalón”, también llamado Beauceant, diseñado con las mismas cuadrículas bicolores del tablero de ajedrez, llevando además otra bandera de recambio plegada.
Los caballeros templarios, en efecto, fueron los más profesionales de las tropas reales de la Corona de Aragón. A parte, hacían expediciones propias, tanto cortas como lejanas, dentro de la Península ibérica, hasta el punto que se hicieron responsables del mantenimientos de las zonas fronterizas con el Islam. El gobierno de la Orden no siguió un patrón líneal, sino que varió según las inclinaciones personales de cada Gran Maestre. En cuanto a las tropas que reclutaron aparte de los nobles, se trató de aventureros y todo tipo de perseguidos por la justicia así como gente excomulgada quienes una vez fueron sirvientes de templarios, automáticamente obtenían dispensa papal.
En realidad a los templarios se los ha idealizado demasiado y no lo merecen, al menos después de la separación de las órdenes hermanadas. Su forma de vida, siendo ejemplo de heroísmo por su fe cristiana, resultaba ser una pura contradicción. No por su afán de guerrear como soldados de Jesucristo, sino porque con el tiempo se contaminaron de las muy rentables actividades lucrativas; …que les hizo negociar directamente con los infieles e incluso muchos templarios tuvieron con ellos gran amistad. Aquella tolerancia ni fue bien entendida en su siglo, ni lo es todavía hoy a pesar de los beneficios que da nuestra superior perspectiva.
Aunque tan sólo hicieron campañas militares en la Península Ibérica, en 1170 no había provincia del mundo cristiano donde no recibiesen bienes, llegando a ser tan ricos los Maestres de las órdenes de Sión y del Temple, que debieron cambiar su nombre inicial de “Pobres caballeros de Cristo”,… y es que poseyeron tanto, o más, que cualquier otro rey. A fin de dejar las cosas claras ante la fiebre de reconquista, en 1170 Papa envió una bula al rey de España para evitar que se redujese la autoridad de los obispos allí donde la tuviesen.
A la muerte de Arnau de Torroja en 1184 prácticamente la mitad de la extensión de tierra de la provincia de Tarragona ya perteneció al Temple. Cuando, como en Tortosa, quedaba una fracción de la ciudad que no les pertenecía, la compraron en aquel caso a los genoveses. De la provincia de Lérida heredaron los muy importantes castillos de Gardeny (hoy forma parte de la capital) y también Corbins, con numerosas localidades que les eran satélites. En 1151 Pere de Cartellà era recnocido “Maestre de las dos Partes”; pero así y todo hubo disputas entre templarios y el los monjes de Gardeny cuando él fue comendador.
Los Templarios una vez se separaron de la orden de Sión (al poco tiempo de haber muerto Arnau de Torroja), ya no fueron tan “buena gente” y hoy nos ha llegado bien clara las consecuencias de su mala fama. Aunque no me pueda creer nada de sus confesiones bajo tortura, porque no pueden tener crédito alguno, sí que parece obvio que secretamente pretendieron instaurar un orden capaz de universalizar un sistema pacífico y tolerante para con ideologías y credos, regido por nobles y reyes de alto nivel intelectual y espiritual. Como luego los ingleses, los nazis y tal parece que la Nueva Era va también por ahí, templarios pretendieron imponer la sinarquía universal, basándose en el reino de la razón, de la caridad y del amor. En definitiva, el Reino de Dios de las profecías bíblicas, un gobierno basado en la enseñanza, la justicia y la economía. Hoy resulta evidente que crearon una multinacional que encerraba ya entonces la idea embrionaria de la Unión Europea, que socialmente nos da el actual estado de bienestar envidiado por otros continentes. Los ciudadanos europeos ya estuvieron desde entonces representados por tres estamentos sociales, no políticos, elegidos por sufragio universal, y que ejercerían su autoridad con poder limitado.
Dichas ideas eran fruto de los tiempos, pues a partir del año 1000 se empezaron a recuperar de los penosos siglos cuando los montañeses vivían en obligados refugios porque los musulmanes no creyeron rentable desocupar us áreas de refugio al ser muy abruptas. Los prepirenaicos, como los cántabros y los astures, aunaron esfuerzos obsesionados con el deseo de recuperar lo que se había arrebatado a sus abuelos peninsulares. En Europa sabían que tras varios siglos de descomposición política se habían recuperado económicamente. Las dinastías reinantes se consolidaron desarrollándose la ciencia y la cultura (medicina derecho,etc.).Todo fue posible gracias a que, establecidos en los grandes llanos, pudieron cultivar más y mejor, atreviéndose incluso con las zonas pantanosas, pues entonces los monjes les proporcionaron los molinos y las norias con que aprovechar mejor el agua de los ríos.
Lo más notorio de los caballeros templarios para el pueblo llano, y beneficioso para los peregrinos, que ya entonces deseaban llegar tanto a Santiago de Compostela como a Tierra Santa, era la custodia de los caminos. Los resultados se pueden extrapolar, pues fomentaron el libre comercio y definitivamente aquello fue el principio del fin del abusivo sistema feudal, o sea de los señores y sus derechos ancestrales. Para los comerciantes lo más de agradecer era que les garantizasen las transferencias de dinero presentando en destino simples pagarés escritos. Por su experiencia pronto pudieron prestar dinero a interés incluso a los soberanos europeos, algunos de los cuales fueron ellos mismos caballeros templarios. Tal fue el caso del Conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, que murió envuelto en una de sus capas distinguidas con una gran cruz roja, el máximo símbolo de la Orden desde 1146. Dicha cruz tenía los travesaños casí triangulares y unidos en su vértice. La lucieron en su hábito blanco pegada a la altura del corazón, y en su capa estaba cosida sobre el hombro izquierdo. La triangular estructura la obtuvieron del entonces muy novedoso Árbol de las “Emanaciones de Dios” de los cabalistas, y del mismo triángulo básico hicieron la secuencia que les proporcionó un alfabeto secreto.

Otra indicación de que tuvieron conocimientos de origen esotérico, fueron sus ayunos. Los templarios sólo ayunaban estrictamente tres días al año: el día 24 de junio, festividad de san Juan; el 24 de agosto, san Bartolomé, y 29 de septiembre san Miguel. Obsérvese que dos de estas fechas coinciden con los solsticios de verano y de invierno, lo cual ha dado pie a muchas sospechas acerca de sus más profundas creencias acerca de la doble personalidad evolucionada del “Precursor”: “INTER NATOS MULIERVM NON SVRREXIT MAJOR JOANNE BAPTISTA”. LUCHAS POR LA CIUDAD DE “EL CAIRO” ANTES Y DESPUÉS DEL 1167
Mientras en el Pirineo catalán la tolerancia religiosa de los nobles del Languedoc daba empuje a los detractores del clero católico, hasta el punto que en dicho año celebraron la investidura del primer obispo cátaro en Carcasona, en Egipto también se produjeron grandes convulsiones sociales, de las cuales regularmente fue siendo informado Arnau de Torroja. Las circunstancias que él personalmente vivió allí le hacían dicho escenario muy próximo.
El visir Shawer de El Cairo pactó con el rey Amalrico I de Jerusalén que a éste le serían pagados 100.000 dinares de oro por la protección de la capital del Nilo los francos. El rey Amalrico se vio obligado a solicitar del visir Shawer una audiencia para corroborar la alianza con el propio califa de El Cairo, un personaje casí inaccesible porque la cabeza visible del país eran los visires. El comisionado del rey de Jerusalén fue Hugo de Cesarea, y en aquella ocasión se presentó acompañado por el caballero Godofredo Fulquerio (Geoffroi Foulcher), quien desde 1156 ostentaba un alto cargo en las órdenes de Sión y del Temple. (El templario Foulcher más tarde, junto con Bertrand de Blanchefort , también fue firmante de una concesión real a los pisanos de Acre a cambio de su ayuda naval contra Alejandría, según “Eracles”, vol.II, p.419-420; y “Gestes des chiprois”, p. 122).
Los cristianos no se dejaron impresionar por el increíble lujo oriental de la sala, y como se trataba de garantizar sin lugar a dudas una alianza contra los ayubides del sultán Nuradín, los comisionados cristianos sin amilanarse al concluir pidieron al engreído califa que se quitase su rico guante para estrecharse manos, …Una costumbre europea que sin embargo resultaba osadísima de pedir nada menos que a un califa. Lo hizo, y aquella alianza se mantuvo de forma que el estandarte de la guarnición franca ondeó mucho tiempo en Alejandría, entonces la ciudad más preciada de Egipto por su puerto de mar y donde aún se erguía el faro que fue maravilla arquitectónica del mundo antiguo.
Debido al peso insoportable del impuesto para recaudar fondos y pagar a los protectores, los campesinos egipcios se rebelaban ante sus recaudadores. Cuando el visir Shawer traicioneramente parlamentó con el sultán Nuradín buscando que le ayudase a liberarse de tal compromiso con los cristianos, se quebró la alianza entre los francos y los egipcios. El rey de Jerusalén pasó mucho tiempo conformándose con cobrar por su protección a los egipcios, pero ante los hechos se vio obligado a intervenir para equilibrar el poder militar en aquella zona, y con la trivial excusa de no haber cobrado lo pactado, el rey Amalrico envió a su ejército a ocupar el país del Nilo en 1167.
Mientras los monjes hospitalarios habían animado al rey a la campaña que al fin acabó en desastre, el Gran Maestre Bertrand de Blanchefort rehusó participar en ella por respeto a la alianza firmada el año anterior. Por tal negativa Blanchefort también quedó enemistado con los monjes de la orden del Hospital. Rehusó apoyar dicha expedición a Egipto porque Fulquerio durante su visita al Califa, dedujo que una tal campaña sería catastrófica porque los turcos y otros musulmanes hasta entonces desunidos, todos juntos irían a defender Egipto. Ante la negativa de los templarios hubo quienes explicaron que fue debida a tal campaña perjudicaría los intereses financieros de las órdenes de Sión y del Temple en Egipto; …pero esto a mi entender no podían saberlo sin ver en una bola mágica el futuro de la Orden. René Grousset escribió:”Este otoño de 1167 un verdadero protectorado franco, libremente aceptado e incluso solicitado, acabó de establecerse en Egipto”.
El rey Amalrico I obligó a Shirkuh a retirarse, pero al año siguiente Nuradín lo envió de nuevo para mantener contactos con el califa de Egipto. El visir egipcio Shawer conocía el llamamiento a la “Guerra santa” de Nuradín y acordó con el rey Amalrico I que franco-egipcios lucharían aliados y el rey de Jerusalén además cobraría 400.000 dinares de oro para vencer a Shirkuh, que en aquella ocasión se hizo acompañar de su joven sobrino Saladino. Dicho joven poco podía imaginarse entonces que dentro de dos años habría ganado un trono en el rico país del Nilo.
Shirkuh y su ejército acamparon en la orilla del río Nilo más cercana a las pirámides de la meseta de Giza. Era evidente la intención de los contendientes de equilibrar sus respectivos poderes en aquella rica orilla. Al parecer Saladino convenció a su tío para enviar como parlamentario ante los francos al hombre más sabio de su séquito,…pero ellos les devolvieron su cabeza cortada. Claramente era una ofensa insoportable, pero se debió a que Amalrico I ya tenía pensado cómo atravesar el Nilo. Los francos, protegidos por la noche, subieron en faluas egipcias que les llevaron sigilosamente a la orilla de poniente del río donde estaban los de hombres de Shirkuh. Viéndose sorprendidos, en lugar de presentar batalla los sirios simularon huir, pero tan sólo hasta que lograron separar a los francos perseguidores de sus aliados egipcios. Camino de Alejandría se revolvieron para contraatacar a sus perseguidores en un lugar que la batalla les era favorable,… y así fue como con una falsa retirada vencieron los sirios.
Finalmente en Minya, los franco-egipcios y sirios se enfrentaron en una gran batalla el día 18 de marzo de 1167 siendo los cristianos derrotados y dispersados, salvando su vida por muy poco el propio rey Amalrico I. Éste, no obstante lo sufrido, al verse de nuevo poderoso en su trono de Jerusalén, enseguida reagrupó sus tropas e reemprendió el asedio de la costera Alejandría con ayuda del egipcio visir Shawer, a pesar de que entonces los egipcias ya no gustaban de aliarse de nuevo con los francos.
El general sirio también acudió a Egipto con prontitud para hacerles frente, pero la flota franca selló el puerto de la capital, cercando a Shirkuh. Pero sucedió que éste ladinamente se les escapó del bloqueo naval, yendo a recorrer Egipto llamando a la sublevación contra el visir Shawer, que ciertamente fue un traidor contumaz a todos y siempre. Por fin Shirkuh llegó a El Cairo y tuvo ya fuerza suficiente para firmar un acuerdo de paz con el rey Amalrico I. Entretanto Saladino el joven sobrino de Shirkuh había permanecido en Alejandría resistiendo el asedio en ausencia de su tío general (resistió desde el día 16 de mayo y durante tres meses). El asedio fue levantado el primero de agosto de 1167. Shirkuh y Amalrico I acordaron la retirada conjunta de Egipto con sus respectivos ejércitos. Durante aquellas semanas incluso confraternizaron las tropas de ambos bandos. A Saladino los francos lo admiraron tanto como para nombrarle caballero, y ciertamente su refinados modales y exquisita elegancia justifican que incluso saliese de Alejandría con sus hombres y su autoestima intacta.
EL REY AMALRICO I DE JERUSALÉN, ESTANDO ALIADO CON BIZANCIO
El fracaso de la Segunda Cruzada (1148), y las conquistas del sultán sirio Nuradín (1154), no dejaron más salida al Reino Franco que aliarse con Bizancio. Una vez establecidas las condiciones por los emisarios, Amalrico I y Manuel Comneno enviaron a Guillermo de Tiro a Constantinopla a para sellar el tratado. El mes de marzo de 1162 el emperador de Bizancio había reclamado tierras del sur de Hungría, que finalmente invadió, pero al intervenir los francos no se salió del todo con la suya, pues fueron ellos los que dominaron la frontera con Serbia. El emperador Manuel de Bizancio, para agradecer la valiosa ayuda bélica del rey Amalrico I de Jerusalén, le ofreció regalos suntuosos y una parte del botín de guerra.
En una de sus frecuentes ausencias de Egipto, en pleno mes de agosto de 1167, Amalrico salió para salvar la fortaleza franca de Ascalón. Entonces fue informado de que, después de dos años de esperarlo, por fin en Bizancio habían aceptado su solicitud de boda de conveniencias con una sobrina segunda del propio emperador. Hacia allí se dirigió pues el rey Amalrico I para casarse, y lo acompañó en tan solemne acto el Gran Maestre templario Odón de Saint Amand.
Amalrico I para consolidar su campaña en Egipto pensó que era idóneo celebrar su enlace con María Comneno, la cual sus familiares exigieron que fuese coronada antes de la boda en Tiro, como una forma de garantizarse que sería efectivamente reconocida como reina, pues si partía a Jerusalén podía no serlo. Amalrico accedió a ello porque se trataba de que el emperador Manuel devolviese la ciudad de Alejandría al reino de Jerusalén. Al aceptarse las cláusulas, celebraron con urgencia la boda el día 29 del mes de agosto de 1167. La alianza entre Bizancio y Jerusalén por fin se había consolidado.
Los dos emperadores europeos más poderosos de Occidente, que eran Manuel Comneno de Bizancio y Federico I “Barbarroja” heredero del Sacro Imperio Romano Germánico, pelearon uno contra el otro toda su vida por su afán de proclamarse “heredero exclusivo del antiguo espíritu del Imperio Romano”, pues el vencedor sería el predestinado a dominar un imperio universal. Sabiendo Amalrico I la dicha inquietud, se emparentó por un enlace matrimonial con el emperador Manuel Comneno, de forma que pudo dar alas a su ambición, pues aunando sus tropas sin duda podrían invadir militarmente Egipto, país que no obstante el rey Amalrico I ya poseía en régimen de vasallaje. Amalrico I salió con otro ejército formado por 4.000 caballeros y más de 6.000 soldados y el 5 de marzo llegaron a El Cairo para ocuparlo. Simultáneamente había partido de Siria el ejército de Nuradín con tropas de elite que se dirigieron a Egipto para enfrentarse al visir Shawer y a los francos protectores.
Su fallo fue que, temiendo que le tocase poco botín del saqueo, Amalrico I se lanzó a la invasión de Egipto sin esperar la ayuda de los bizantinos, a pesar de desaconsejárselo los templarios. Hasta el mes de mayo de 1168 los templarios todavía daban apoyo al rey de Jerusalén, pero es evidente que el mes de octubre se lo retiraron. No admitieron el real pretexto de que los fatimiís se negaban a pagarle el tributo prometido. Él se justificaba porque decía saber que Shawer había renovado su alianza con Nuradín de Siria, …Pero lo que quiso evitar con sus prisas fue que su suegro en Egipto se quedase con la parte del león. Fue un gran fracaso. De nuevo en 1168 se repitió.
Aquel verano de 1168 casualmente habían llegado a Tierra Santa unos muy aguerridos expedicionarios europeos, por lo que el rey Amalrico se sintió muy reforzado. Los mandaba el conde Nevers y todos ellos tenían verdadera ansiedad para matar sarracenos. Los líderes cristianos de la zona tampoco podían permitir que los sunnís los envolviesen si llegaban a conquistar los reinos musulmanes más poderosos de su alrededor. La nueva campaña contra el país del Nilo empezó cuando el rey de Jerusalén, sintiéndose traicionado, ordenó ir contra los fatimiís de Egipto sin la ayuda del conde de Nevers, ya que éste falleció antes del embarque.
Así fue como los francos el día 20 de octubre de 1168 ya estaban los de nuevo en Egipto. Había zarpado de Ascalón y se apoderaron de Bilbeys donde repitieron la matanza de Antioquía y Jerusalén en la Primera cruzada. En efecto, sin motivo se masacró incluso a los cristianos coptos aquel mes de noviembre de mala memoria. El rey Amalrico I de Jerusalén había marchado contra El Cairo buscando una ganancia de millones de piezas de oro, pero la llegada de Shirkuh a Egipto después de eludir a los francos, hizo que Amalrico I ni tan siquiera llegase a ser recibido por el sultán. El visir Shawer jugo la estrategia de la “tierra arrasada” culpando a los cruzados del incendio con nafta que el día 13 de noviembre de 1168 arrasó por completo la vecina Fustat, una aldea cercana a El Cairo (hoy incorporada a la gran metrópoli), la cual ardió durante 54 días. Amalrico I decidió regresar a Jerusalén entendiendo que, acusándole los cairotas de haber sido él el responsable del incendio, en Egipto nunca después sería bien aceptado, sino muy odiado. El rey Amalrico I en nada recordaba al soberano reflexivo que en Alejandría se avino a la retirada mutua de los dos ejércitos enfrentados.
La historia se repetía, y unas veces acabarían pactando las retiradas de sus ejércitos, y en otras ocasiones ambos bandos sufrieron la derrota. Durante aquellos años Arnau de Torroja seguía los acontecimientos desde la otra orilla del Mediterráneo. Dado que las noticias recibidas de Palestina se parecían tanto, temió incluso que podría ser que le explicasen con retraso una misma situación. La única diferencia fue, que por haberse casado el rey Amalrico I de Jerusalén con una princesa bizantina, en la última intentona el rey de Jerusalén incluso contó con la ayuda de la flota del rey de Bizancio.
Algo debió saber de aquellas catástrofes humanitarias, ya que en 1169 el cordobés Maimónides, nacido en la península como él mismo, siendo por aquellos años el guía espiritual de la comunidad judía de El Cairo (mientras fue médico en la corte de un alto cargo adjunto a Saladino), divulgó un escrito por el que se pedía al rey Amalrico I de Jerusalén la libertad de sus correligionarios. Obraba realmente apenado por los miles de judíos de Palestina que el rey Amalrico I se había llevado de Bilbeys como cautivos.
Volviendo a cuando Amalrico I preparaba el ataque contra los fatimiís de Egipto, éstos en aquella ocasión sí que se habían aliado con el sultán Nuradín, el unificador de Siria y Mesopotamia, quien envió a su mejor general para expulsar a los francos. Amalrico I tenía muy claro que no se podía permitir la alianza de Bagdad con El Cairo, porque representaría que Jerusalén quedase aislada entre dos fuegos. El rey Amalrico I por tal razón estuvo obligado a regresar a Egipto con su ejército una vez tras otra con tal de evitarlo. Rompió el círculo vicioso Saladino, el joven sobrino del general Shirkuh enviado por Nuradín, cuando decidió obrar por propia iniciativa,… con tan buena fortuna que le catapultó al gobierno de Egipto primero, luego al de Siria y acabó expulsando a los europeos de Tierra Santa.
El año 1169 fue el último de los repetidos intentos del rey de Jerusalén para hacerse con Egipto. Era ya el mes de octubre cuando volvió a intentar la ocupación una vez más, incluso ayudado por la flota bizantina, pero no tuvo éxito y acabaron los dos aliados acusándose mutuamente de grandes errores estratégicos. En efecto, Amalrico I y sus aliados bizantinos fueron derrotados en la costa de Damieta. El rey Amalrico I, al no conseguir el botín que esperaba, abandonó Egipto el 2 de enero de 1169, concluyendo su cuarta tentativa de invadirlo. La retirada de los francos sin resultado alguno en Egipto fue interpretado como castigo divino a su desmesurada ambición. La culpa de la fallida campaña quedó claro para los historiadores que fue culpa del general Miles de Plancy, un hombre demasiado interesado en el dinero; y también se comportaron muy mal los hombres del conde de Nevers. En especial fue recriminada la conducta del Gran Maestre de la orden de San Juan del Hospital porque habría aconsejado al rey para que emprendiese la dicha campaña. Así fue como el dicho Gran Maestre fue obligado a dimitir de su cargo y dejó Palestina avergonzado ante el alud de críticas que recibió y la deplorable situación financiera en la que sumió a la Orden de San Juan del Hospital a consecuencia de los costes militares de la fallida campaña. Aunque tal noticia cueste de creer, debió ser cierta porque tan alta jerarquía eclesiástica era un libertino que presumía públicamente de lo guapa que era su novia. La historia lo ha culpabilizado del eventual cisma entre las dos más importantes órdenes religioso-militares.
Después que Bernard de Blanchefort se negó a romper dicho pacto, sucedió que, por resentimiento, la orden de Arnau de Torroja se encerró en si misma y nunca más fueron tan accesibles como antes,… y mucho menos para el mismo rey Amalrico I de Jerusalén. Con él tenían tal enfado que les duró años superarlo, pues además dicho soberano posteriormente aún les acusó de ser los responsables de que Irak, Egipto y Siria hubiesen hecho un frente común contra el Reino Franco de Jerusalén. El Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, Bernard de Blanchefort murió el mismo día 2 de enero de 1169 cuando la armada de los francos estaba retirándose de la costa egipcia. La mayor bajeza del rey Amalrico I entonces fue acusar al difunto Gran Maestre de haberlo traicionado,… según decía: por aliarse los templarios con los egipcios!. El rey sí que traicionó el pacto que habían acordado los templarios (pues fueron en su nombre) ante el gran califa de Egipto.
TIEMPO DE ORDENES MILITARES EN PALESTINA Y EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
La secta de los “hashahashin”, vizaries ismaelitas,se fundó en El Cairo donde tuvieron una logia el año 1004. Según los autores Hammer-Purgstall, los iniciados ismaelitas adquirieron sus saberes de la prestigiosa Academia de Heliópolis en el antiguo Egipto, y tomaron su nombre de los Hazat, unos sectarios más antiguos que se proclamaban “Hijos de la Fuerza”, pero ésta no era física sino espiritual. Viene a cuento matizarlo, porque como toda sociedad esotérica los “hashahashin” tuvieron prohibido el consumo de drogas, …Que sus enemigos se encargaron de asociarles hasta el punto de hacer que su nombre se debiese al consumo de la droga “hashis”, a sabiendas de que nada de ello consta en las crónicas más viejas, ni tan siquiera en las musulmanas.
La secta de los “hashahashin” interesa a estas páginas porque al igual que los templarios, buscaron fomentar el sincretismo filosófico entre la Media Luna y la Cruz, a fin de conseguir un camino hacia la pacificación del mundo. Ambas órdenes de caballeros místico-esotéricos fueron por igual unos muy valerosos combatientes contra la injusticia. Aun cuando en un principio se habían enfrentado bélicamente, después se dieron cuenta de que unos y otros perseguían el despertar del espíritu humano, motivo por el cual confraternizaron e incluso se influyeron mutuamente. Es más, algunos sectarios de los “hashahashin” fueron admitidos en la Orden del Temple, una generosidad que repercutió en que, la Regla de la orden receptora (hermana en espíritu), fuese mejorada con el consiguiente beneficio para la institución monástico-militar que un día gobernó el ja envejecido Arnau de Torroja. Con el paso de los siglos ambas órdenes coincidieron también en ser aniquiladas por los poderes más ortodoxos de sus respectivas religiones.
Por otra parte debo recordar brevemente a otras órdenes militares que también lucharon en Palestina contra los infieles, empezando por la Orden de Monte Gaudio, genuinamente de origen hispánico. Lucharon aliados con los templarios de Palestina entre 1176 y 1178, recibiendo por ello en recompensa algunos bienes del muy estratégico castillo de Ascalón en la costa, cerca de Gaza, aquel cuyas aguas freáticas son inagotables.
En Cataluña muchas órdenes militares tuvieron importancia fundamental en la creación de los primeros condados que serían el embrión de la nación catalana. Lo más poderosa era no obstante la Orden del Temple, siendo la que participó más activamente en la Reconquista, llegando a sobrepasar los límites de la comarca de Teruel en 1170. Por donde los dichos monjes guerreros se establecían, enseguida creaban áreas fortificadas de planta rectangular provistas con muralla almenada, y siempre con subterráneos. Estas “encomiendas” se llamaban así porque las dejaban al mando de un caballero comendador responsable. Entre Barcelona y Mónaco se ha detectado las ruinas de un doble cinturón defensivo de este tipo de las tales “encomiendas”, y todas ellas estuvieron sujetas al Gran Maestre universal de la Orden a través de un Maestre provincial.
Sus establecimientos primeros en Cataluña fueron creados en: Masdéu del Rosellón (1149), Palau-Barcelona (1151), Gardeny, Miravet y Tortosa (1156), Monzón (1163), Corbins (1167), Barbens (1168), y por último Puig-Reig (1169), porque me limito en lo posible a los tiempos que vivió mi biografiado. Hay que sospechar que a él le desagradó saber que algunos soberanos aceptasen mal la intromisión de las órdenes de caballería en sus tierras, al extremo que, por desconfiar de los extranjeros, promoviesen otras órdenes calcadas a los templarios pero que sólo enrolaban gente autóctona. Por tal motivo nacieron las órdenes de Calatrava en Castilla, siendo las últimas fundadas (1175) las órdenes de: Santiago (Galicia), la de Uclés (en provincia de Cuenca, y actualmente con renombre de ser el “Escorial de la Mancha”), y la Orden de Alcántara (León). En cuanto a la Orden de Montesa, se fundó con objeto de ser legal heredera de los templarios en la Corona de Aragón.
MUERTE DEL OBISPO GUILLERMO DE TORROJA
Al morir violentamente el arzobispo Hugo de Cervelló, su antecesor en la sede tarraconense, Guillermo de Torroja fue elegido arzobispo de Tarragona en 1171, periodo durante el cual al mismo tiempo ejerció también de co-regente de la Corona de Aragón hasta el día 7 de marzo de 1175 en que murió. Fue durante sus últimos años cuando vivió agotadoras jornadas de trabajo por coincidir con periodos políticamente muy conflictivos. Todo se le complicaría aún más al morir el otro co-regente y consejero real, el senescal conde de Montcada un año antes que él (1174). Desde 1162, y casí hasta que el rey fue mayor de edad, ambos habían sido quienes dirigieron los principales asuntos políticos de Cataluña y Aragón, a cuya unión de países ambos habían coadyuvado.
Ni que decir tiene lo mucho que debió de lamentar el entonces Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple para Provenza y España, la muerte de su hermano arzobispo. Ciertamente no hay nada escrito que permita afirmarlo, y sin embargo cuan evidente es que, por preparado que estuviese nuestro hombre, y por cargos que ostentase, lloraría la muerte de su hermano como cualquiera de nosotros. Quizá más, porque era bien consciente de que al mismo tiempo desaparecía el mejor político de la Corona de Aragón, quedando peligrosamente aparcados muy graves problemas de Estado, y que si duda Arnau de Torroja como hermano, como catalán y como templario, siempre puso su máximo empeño en tratar de beneficiar dentro de sus posibilidades.
Pronto tendría mayores disgustos para lamentar, pues al cabo de unos años, en 1181, por primera vez oficialmente se planificó una campaña militar en Europa a fin de perseguir a los libre pensadores del Languedoc que insólitamente estuvo respaldada por el Papa de Roma, a pesar de que la tal determinación representaba una muy grave intromisión en los bienes patrimoniales del conde de Toulouse del Languedoc. Arnau de Torroja entonces, aunque lo agobiasen los problemas que su alto cargo le acarreaban en la sede central de las órdenes de Sión y del Temple en Jerusalén, donde forzosamente él residía, también debió de lamentar mucho el asesinato de Ramón Berenguer IV conde de Provenza, y más por haber ordenado tal magnicidio el dicho conde Raymundo V de Toulouse. Los antecedentes se remontaban a cuando el rey Alfonso II, a pesar de su juventud, rápidamente acudió a Provenza con un ejército para nombrar como legítimo sucesor de aquel trono a su hermano Sancho. El rey-niño desplazado resultó quedar muy impotente, pues aunque la ciudad de Beziers lo apoyaba, no así Montpelier que apoyó a los Toulosinos. Es más, durante el sitio de Albaron (Provenza) el Conde de Toulouse encontró la ocasión para hacerlo raptar, siendo rescatado solitaria y audazmente por el caballero Bertrán de Baus, quien huyó con el pequeño Alfonso al galope hasta lograr atravesar el río Garona, refugiándose en Arles.
Arnau de Torroja no ignoraba cuan frenéticamente los regentes y consejeros del rey Alfonso II (quienes ya no podían contar con la ayuda del obispo Guillermo), intensificaron la firma de tratados de paz, pero lo que Arnau no supo nunca fue la destitución de Sancho de Provenza en 1185, porque él murió el año antes,…al menos en suelo europeo.
Mientras vivió Arnau de Torroja lo sabría todo referente a los condados catalanes, interesándole especialmente el que, al fallecer en 1172 el conde Gerardo de Rosellón sin tener herederos directos, Alfonso “el Casto” incorporó dicho condado a la Corona de Aragón. (Al terminar aquel siglo fueron vasallos suyos los condados de Urgel, Pallars Sobirá y Ampurias). En cuanto a Provenza, aquel condado que tanto le había costado al Conde de Barcelona volverla a tener bajo su dominio, resultó que al morir Alfonso II volvió a dividir el país y las posesiones al norte de los Pirineos acabaron encomendadas al procurador general Roger Bernat de Foix, quien contó con las alianzas de Bearn y Bigorra. Roger de Foix, por suerte, fue siempre el más fiel aliado de la Corona de Aragón a pesar de la desidia de Jaime I por las tierras del otro lado de los Pirineos, …las cuales, leído su testamento, acabaron perdiéndose otra vez por un mal reparto entre sus hijos (El historiador aragonés Zurita lo criticó mucho).
Hubo otros hechos que ya no vivió mi biografiado y que se refieren a Solsona, su querida ciudad natal. Los repetidos errores de dividir el reino entre sus herederos fueron nefastos en cada población. Como si fuese una maldición debida a tan pésima política, fue justamente en Solsona, cuna de la familia Torroja, donde Jaime I sufrió tres confabulaciones de los muchos nobles catalano-aragoneses a lo largo de su vida. Tras aquellas murallas se reunieron en su contra los condes de Ampurias, de Foix, etc. etc., y su propio hijo al frente de los aragoneses, todos ellos con sus respectivos ejércitos. Se le rebelaron en armas cada vez (1231-1268 y 1274) capitaneados por el muy poderoso Ramón Folc, vizconde de Cardona. (Para colmo, fue en Solsona donde también se reunieron cuantos nobles se rebelaron contra Pedro I, uno de los hijos herederos de Jaime I).
Para concluir con los méritos de Guillermo de Torroja, advertiré que la catedral de Tarragona, que se comenzó a edificar en el siglo XII, no fue terminada hasta dos siglos después de morir él. Su firma quedó recogida en un documento inédito hasta mediados del siglo XX. (Inexplicablemente estaba en el fondo archivístico nº 30 de Sant Llorenç del Munt). Se trata de un pergamino del año 1173 escrito en el monasterio de Sant Cugat del Vallés que fue estudiado por mi amiga la investigadora de l’ACA de Barcelona, Sra. Josefina Font Bayell, y lo presentó en el “Congreso de Historia de la Corona de Aragón”, Vol. II (celebrado del 1 al 6 de octubre de 1962). El arzobispo Guillermo de Torroja, quien no debió de hacer el tipo de escritura diferente a la de su hermano Arnau de Torroja, usaba un tipo de letra cancilleresca romana, siendo por el tal documento que se revela un ignorado detalle: El jovencísimo rey Alfonso II no salió de Catalunya después del mes de septiembre de 1173, o sea que permaneció en Bacelona hasta que se fue a casar en Zaragoza a principios del año siguiente.
CATALUÑA ANTES DE QUE ARNAU PARTIESE HACIA PALESTINA
Arnau de Torroja había vivido la ocupación de Egipto cuando en 1163 Amalrico I fue requerido para dar protección al visir depuesto, pero Arnau después ya no participó en las sucesivas invasiones de los francos al país de los faraones. Había regresado a Europa en 1164 pues consta compareciendo en varios actos oficiales, como cuando entregó 1.200 escudos de oro al rey Alfonso II por ciertas tierras de Lérida, para costear la primera expedición que el soberano catalano-aragonés hizo en tierras de Provenza. En agradecimiento a tal campaña, el arzobispo de Arles en marzo de 1167, le otorgó permiso para tomar las aguas del río Durance, y Arnau en persona firmó el documento cuando aquel acto se celebró en la encomienda que las órdenes de Sión y del Temple tuvieron cerca de Montpelier (J. Miret Sanç: “Itinerario del rey Alfonso I de Cataluña, II de Aragón; en BRDBLB, t. II (1903.1904, p 262).
Mientras Arnau estuvo ejerciendo de Maestre provincial en este lado del Mediterráneo la situación en Tierra Santa se complicó a partir de 1166 cada día más. Siempre era debido a la obsesión por Egipto del rey Amalrico I de Jerusalén quien, en un raro giro de su obsesivo pensamiento, estuvo eventualmente empeñado en firmar la paz con los cairotas,… claro está que para volver a romperla poco tiempo después.
Arnau al recibir las noticias de las continuas expediciones de los francos contra Egipto, recordaría aquellas alianzas que, con menos entidad, habían sucedido en 1082 en vida del Cid Campeador. Recuérdese que éste, habiéndole ganado los castillos de Monzón y Tamarite al califa de Tortosa, enfrentado a su hermano el califa de Lérida, éste había pedido ayuda al conde de Barcelona Berenguer Ramón II “el Fraticida” (1076-1096), quien en poco tiempo fue hecho prisionero de Rodrigo Díaz de Vivar, pagando muy cara el catalán su libertad. Mi biografiado que nació con posterioridad, sabría, como toda la nobleza hispana, de la legendaria fama de la espada del Cid, cuya hoja mide 78,5 cm. y tiene escrito: “Io soi Tisona”, la cual por cierto hasta el año 2007 ha permanecido junto a la tumba del Cid en la catedral de Burgos. En Cataluña Rodrigo Díaz de Vivar interesaba, y mucho, pues una de sus hijas se había casado con el conde Ramón Berenguer III (1096-1131).
Volvamos a cuando, por ignorados motivos, el Gran Maestre Arnau de Torroja de Solsona, en 1167 y 1168 dio de nuevo dinero a su soberano natural, y posteriormente aún le dio más, recibiendo el rey 5.000 escudos en otras dos ocasiones. (Fue el dicho año 1168 cuando Arnau lamentó que Nuradín, el sultán de Siria, expulsase de El Cairo al rey Amalrico I de Jerusalén). En la Península también había mucha actividad bélica, pues una vez en 1169 se conquistó Teruel (y el año siguiente Albarracín, aunque los musulmanes de allí conservaron su autonomía), quedaba abierta la expansión de los cristianos dentro de Al- Andalus, y los templarios participaron activamente en todas aquellas campañas. No tengo reparos en referir aquí unos acontecimientos tan separados dentro del marco mediterráneo, pues trato de presentar a un hombre que vivió los avatares de dos alejados mundos y a la vez dos diferentes culturas, y ambos en plena ebullición belicista.
Al poco tiempo de haber regresado Arnau de Torroja a Cataluña le sorprendería también saber de la existencia de un intrigante y peligrosísimo líder ismaelita de Siria, llamado Preste Juan. Su reino los cruzados creyeron entender que se extendía hasta más allá de la Torre de Babel, en Babilonia, y como parecía que trataba de ser amigo de los francos, algunos cruzados al verse acorralados, debieron morir en la vana esperanza de que aquellos guerreros cristianos “amigos” aparecerían en el horizonte para salvarles. En efecto, en una misiva del año 1165 un tal Preste Juan de las Indias envió tres copias de la misma carta al emperador de Bizancio Manuel Comneno, al Papa Alejandro II y al emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. El Preste Juan desde algún lugar de Oriente les informaba de su deseo de vivir en amistad y también de su intención de visitar oficialmente el Santo Sepulcro, puesto que se consideraba seguidor de las verdaderas palabras de Jesucristo. SITUACIÓN PREVIA A QUE ARNAU FUESE ELEGIDO “GRAN MAESTRE”
La Orden de Sión, a la cual cuando escribo siempre tengo en mente por haber sido la matriz de la Orden del Temple, sigue siendo actualmente tan misteriosa como lo fue en sus orígenes. Son bastantes los autores que incluso niegan que su creación se remonte más allá de hace unos pocos años. Por mi parte, en la prevista continuación de esta investigación, encontraré el modo de referirme a dicha Orden-Madre, porque aquí me limito a presentar los probables hechos de Arnau de Torroja, y aún limitando mi investigación tanto como me sea posible a cuando sucediesen durante su vida. Otra cosa será ofrecer el debido contexto para su óptima comprensión.

Los templarios humildemente se consideraban “Pobres soldados de Cristo y del Temple de Salomón”. Por tal contradicción hoy día aún siguen siendo popularmente conocidos, pues desarrollaron muy novedosas ideas para su tiempo, las cuales abarcaron todos los ámbitos sociales, desde enseñar nuevos métodos para intensificar la agricultura hasta planificar unos mucho más esbeltos templos cristianos, los cuales después de morir Arnau de Torroja se elevaron a miles sobre los cimientos de los existentes en estilo románico.

La Orden del Temple había sido reconocida oficialmente por la Santa Sede el año 1128 en el Concilio de Troyes consolidándose su función dentro de la Iglesia y gozando del apoyo papal que posibilitó su inserción en la estructura socioeconómica de su tiempo. Fue posteriormente que los más nobles de los caballeros templarios vistieron el dicho hábito blanco propio de los monjes cistercienses, haciendo sus mismos votos de pobreza, obediencia y castidad, pues también ellos eran monjes a pesar de llevar espada. La Regla conocida de los caballeros de Sión y del Temple era casi idéntica en austeridad y rezos a la redactada para regirse los monjes cistercienses que vestían de blanco, pero además los templarios tuvieron su “Regla interna”, la cual aún hoy sigue siendo un secreto. No la conocían ni todos los caballeros de la Orden, sino sólo sus superiores más dignos. Así, cuando se habla de la “Caballería de Tierra Santa”, se remite en particular a los templarios para quienes la enseñanza se divulgaba según determinadas jerarquías.

Bertrand de Blanchefort trató esforzadamente de adaptar las normas de su Orden a las especiales circunstancias que en Palestina experimentaba diariamente en los más diversos campos, sin excluir una desbordada cantidad de donaciones y relaciones con gentes de otras creencias. Desde que los nobles aspirantes a militar entre los templarios eran admitidos, recibían unas enseñanzas de tipo naturalista que eran muy antiguas. Ejercitaron un método rápido para potenciar su espiritualidad. Para ello no tenían reparo en adaptar al catolicismo lo mejor de cada creencia, no importándoles si procedía de Egipto o de la India y tampoco si era ajena al cristianismo. Su gran aprecio por el sufismo (la masonería islámica), explica que llegasen a confraternizar con los musulmanes al extremo de realizar campañas bélicas contra algún enemigo común. Lo que les distinguió sesenta años después de su fundación, fue que los nobles se enrolaban especialmente para consagrarse a la búsqueda de Dios y, colateralmente, llevar a cabo una específica función militar. A pesar de su permiso para matar, rezarían las cinco veces diarias como estaba prescrito, empezando con los “maitines” a las dos de la madrugada (a las cuatro si era invierno), lo que justifica el que debían dormir con las camisa y calzones puestos.

Cuando Arnau llegó a Palestina por primera vez realmente aún era muy poco probable que los países vecinos pudiesen unir sus fuerzas dada la inexistencia del imprescindible líder carismático unificador. Hubiese sido lo único que habría amenazado la presencia de un Estado cristiano en Oriente Próximo. Los caballeros templarios residentes en la ciudad de Jerusalén eran nobles muy escogidos a fin de prepararles para ser las máximas jerarquías de la Orden en el futuro. Ellos tenían la misión de hacer llegar la comunicación jerárquica de las órdenes del Gran Maestre hasta el resto de los templarios dispersos por encomiendas y castillos del sector, unos quinientos en total. En tiempos de Arnau de Torroja tuvieron comendadores territoriales en Acre (costa de Palestina) y en Antioquía (Siria), de los que dependieron los demás castillos regionales. Desde 1130 desde la base de Amanos tuvieron la custodia de la frontera con el actual norte de Siria.

La “Milicia del Temple” tuvieron extraordinariamente estructuradas sus jerarquías, tanto en lo que se refiere a los tropas como a los clérigos y agricultores. Sólo me interesa en esta primera parte su rama militar, siendo como dije, controlados religiosa y organizadamente por mandos intermedios. Mi limitación no impide que se expongan aquí los objetivos que ambas órdenes, Sión y Temple, persiguieron con gran afán a lo largo de su historia y que debieron de hacerles tan peligrosos como para buscar su condena en el siglo XIV. En efecto, su utopía sinárquica los hizo realmente temibles para el resto de poderosos de este mundo.

El Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple mandaba personalmente el ejército, disponiendo de cuatro robustos caballos de marcha para uso cotidiano, mientras que su montura en la batalla era un muy grande y brioso corcel turcomano de elite que estaba a cargo de un escudero. A su lado se encontraba en todo momento el intérprete y el sacerdote. También contaba con su propio cocinero y otros servidores de lo que debe considerarse “su casa”. Entre éstos tenía a su servicio a un capellán, a un clérigo que disponía de tres caballos, un redactor en lengua árabe que le hacía de interprete, un soldado de las tropas ligeras de la orden, un mariscal y dos sirvientes “de a pie”, así como su propio cocinero. Referente a los mandos de la tropa perfectamente jerarquizados, entre ellos se distribuían las muchas responsabilidades de toda campaña militar. Fuera del campo de batalla el Gran Maestre tenía también entre sus más allegados los servicios de un tesorero y un comendador residente en Jerusalén para toda Tierra Santa. (Cruzón, Henri de: “La Règle du Temple”, en Sociétéde l’Histoire de France, París, 1886).

En Tierra Santa mi biografiado debió de sorprenderle comprobar que en Palestina los cristianos y los musulmanes incluso se aliaban si se daba el caso. De hecho la unión de los egipcios con los francos fue el detonante para que el sultán Nuradín de Damasco fuese contra la capital del país del Nilo, donde el rey de Jerusalén y el visir de El Cairo, uniendo sus tropas le harían frente en varias ocasiones. Arnau desde su llegada debió de tener la oportunidad de robar su valor y ejemplar sentido común, e incluso quizá desplegar ciertas dotes de estrategia militar, aunque el éxito o fracaso de cualquier conflicto bélico siempre fue responsabilidad final del Gran Maestre. Los mandos de los templarios inspiraron en los demás caballeros el “esperit de corps” nunca antes experimentado en la Edad Media por otros ejércitos.

Los musulmanes reconocieron que los francos sacaban una gran utilidad al hecho de crear un Estado, ya que ni en el caso de la muerte de los reyes de Jerusalén los cristianos nunca luchaban entre ellos mismos. Esto les parecía una cosa extraña, puesto que para los seguidores de Mahoma, al morir un visir, califa, o sultán, padecían luchas internas para merecer sucederlo. Es decir, mientras que lo primero que previnieron los europeos al ocupar Palestina fue institucionalizar la monarquía, los musulmanes eran incapaces de un sistema como aquel, ni viendo lo útil que era. Es paradójico, porque en tierra de Israel emergieron instituciones monárquicas entorno al siglo X a.C., cuando se separaron los dos reinos de Israel al norte (capital Siquem), y el reino de Judá en el sur con capital en Jerusalén. Claro que los hebreos supieron bien que ellos eran un “puente” natural entre las dos grandes potencias de la antigüedad, Mesopotamia y Egipto. En fin, la explicación a tanta anarquía entre los musulmanes es que, a partir del siglo IX, los seguidores del Profeta perdieron el control de su destino. Los grandes líderes que los gobernaron los años que Arnau de Torroja vivió entre ellos, ya fueron incluso de origen turco (como Nuradín), o bien kurdo, (como Saladino, según Amin Maalouf “Las Cruzadas vistas por los árabes”).

A lo largo de su historia en Palestina, los templarios tuvieron allí hasta 24 castillos. Las cuatro principales capitales de aquellos siglos (de sur a norte) fueron, además de Jerusalén: Acre, Trípoli y Antioquía, porque Chipre fue su provincia posterior. Entre Jerusalén y Jericó tenían un castillo y una torre, y otro castillo en el monte “De la Cuarentena”; si bien el más famoso estaba ubicado a orillas del río Jordán (por cierto excavado en julio de 2006). Como los templarios no podían nunca renunciar al combate si no eran superados por un enemigo tres veces superior, se entiende que muriesen unos 20.000 monjes-guerreros en aquellas campañas de Tierra Santa, entre los cuales cinco de sus 22 grandes maestros que tuvo la Orden del Temple en total. Entre dichos mandatarios se cuentan Guillermo de Beaujeau y Gerard de Ridefort, de la Cataluña Norte; y aún me complace recordar que otros Maestres del Temple fueron oriundos de la Corona de Aragón además de Arnau de Torroja: Gilabert de Erall y Pere de Montagut. Sólo Arnau de Torroja fue Gran Maestre universal catalán que tuvo bajo su mando las dos órdenes conjuntas de Sión y del Temple.

De hecho la gente musulmana entonces estaban a gusto en Palestina aunque no se les permitía residir en el mismo Jerusalén. En el resto del Reino franco los musulmanes vivían incluso mucho mejor que bajo los intransigentes gobiernos que les eran propios, porque no les daban un margen de libertad personal sino que estaban sujetos a las normas religiosas islámicas, las cuales aún hoy les siguen dictando su modo de vida. Por aquel entonces los maronitas del Líbano se retractaron de su herejía monoteísta, imitándolos la mayoría de musulmanes de la zona. Así llegaron a tener una administración autónoma bajo magistrados llamados reis, que eran la influyente clase media burguesa de sus ciudades, en cuyos campos se cultivaba algodón y caña de azúcar.

Al morir Bernard de Blanchefort (2.1.1169) Arnau de Torroja que ostentaba la jerarquía de Maestre Provincial para Hispania y Provenza, debió de embarcarse de nuevo en Venecia para asistir al funeral de su amigo en Jerusalén. Fue allí donde inmediatamente se reunieron para elegir a su sucesor en el gobierno de las órdenes de Sión y del Temple entre todos los que fuesen digno de ello. Previamente varios altos cargos habían sido propuestos por decisión de los capítulos reunidos en todos los países donde tenían sus principales encomiendas.

Dada la grave acusación de traidor que el rey Amalrico I había dictado para con el Gran Maestre de los templarios difunto, se procuró limar asperezas nombrando a un templario que, a pesar de haber ingresado hacía poco tiempo en la Orden, tenía méritos justos, pero suficientes, y además contaba con la amistad del rey de Jerusalén. Eligieron al caballero Felipe (Philippe) de Milly, cuya candidatura se discutió desde el mes de enero al mes de agosto del año que lo eligieron, pues era el único Gran Maestre nacido en Palestina. La candidatura de Felipe de Milly prosperó porque, además de haber participado del las campañas de Egipto de 1167 y de 1169, era un experto en cuestiones islámicas y hablaba casí todas las lenguas del Oriente Próximo. Extrañamente este Gran Maestre dimitió el mes de enero de 1171, muriendo el mes de abril del mismo año sin dejar rastro en la historia. Sucedió mientras acompañaba al rey Amalrico I en su viajé a Constantinopla.

Felipe de Milly había sido un señor feudal de insidiosa memoria, siendo bajo su mandato cuando más dividida estuvo la gente de armas del reino de Jerusalén. Su contiunador en el cargo de Gran Maestre, llamado Odón de Saint- Amaud, siguió su misma línea, aunque gozó rompiendo los pactos entre el rey de Jerusalén y Saladino. En efecto, expresamente hizo construir castillos en tierra prohibida, lo cual fue considerado alta traición por los musulmanes, por lo que a orillas del Jordán éstos hicieron una gran matanza de caballeros templarios.

Odón (Eudes) de Saint-Amaud, antes senescal del Gran Maestre, era de origen provenzal, que en aquel tiempo era casí decir catalán, por lo que hay que suponer que a pesar de ser relativamente nuevo en la Orden (en 1169 aún no era caballero templario), debió de conocer bien a Arnau de Torroja, desde 1166 era Maestre de Provenza e Hispania, y quien fue su sucesor. Odón de Saint Amaud fue un personaje enérgico que de nuevo tuvo muy serios motivos para llevarse mal con el rey de Jerusalén. No pudo admitir que pactase con la secta de los “hashahashin”, de quienes los templarios por haberlos vencido tiempo antes, seguían cobrando de ellos un regular tributo. Es más, Odón había querido olvidar que la primera organización de la orden del Temple fue copiada de los odiados “asesinos”, con los que compartieron los mismos objetivos espirituales. De los “hashahashin” los templarios incluso les copiaron el color del gorro y los cinturones rojos, así como su capa blanca, si bien los templarios le dieron un corte de estilo europeo.

El rey Amalrico I quiso castigar personalmente al templario Gautier de Mesnil, que asesinó al enviado de los “hashahashin” dispuesto a pactar una rara alianza con el dicho soberano de Jerusalén. Tal castigo éste no pudo efectuarlo porque el Gran Maestre se negó a entregarle a su valiente hombre, por lo cual el rey de los “franys” quedó entonces muy desprestigiado. Con la decisión del rey Amalrico I de pactar con los “hashahashin” se perjudicaban los ingresos de los caballeros templarios, puesto que al fin tenían vocación de grandes prestamistas. El Gran Maestre Odón tampoco se avenía con los caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén (los cuales, para dar muestra de su moral, si tiempo atrás acompañaron al rey a invadir Egipto, después fueron incluso capaces de aliarse con los mongoles). Los templarios y los hospitalarios no congeniaron ni después de que el mismísimo pontífice de la Iglesia romana escribiese a Odón intentando suavizar sus divergencias. Por cierto que el Papa aprovechó el escrito para felicitar a los templarios (2.8.1179) por su renuncia a los lujos y demostrada “valentía al marchar por la vía del Señor”. Quizá se debió de referir a la única gran victoria que consiguieron los francos de Balduino IV ayudados por las órdenes de Sión y del Temple contra los egipcios (un siglo después llamados mamelucos) en la batalla de Montgisart (1177; una victoria pírrica).

Fue memorable, pues hay que tener en cuenta que en Jerusalén los templarios de elite no pasaron de ser medio centenar. Allí de hecho estaban solamente los destinados a instruir los neófitos que un día gobernarían su doble Orden, y entretanto servían eventualmente como emisarios que se abrían en abanico por todos los caminos del entorno para llevar instrucciones a otros destacamentos vecinos. Luego otros caballeros, distribuyéndose por la geografía como las ramas de un gran árbol, llegaban hasta los más recónditas encomiendas de Europa. Es obvio que merced a su efectiva red de comunicaciones podían llamar a la masiva concentración para las batallas a todos sus aliados, entre los cuales tenían lugar destacado los llamados “turcoples”, que eran el grueso de su ejército, y a los cuales reclutaban de entre los católicos de Armenia.

A los templarios se les recordará siempre por demostrar una valiente y ejemplar conducta propia de quienes lucharon para defender su particular idea de la divinidad. Como era de temer, Bertrand de Blanchefort , siendo el Gran Maestre cierto día fue hecho prisionero y permaneció en una mazmorra de la ciudad de Alepo encarcelado durante tres largos años. Pago su rescate el emperador Manuel I Comneno, emperador de Bizancio, quien lo apreciaba particularmente, tanto como Arnau de Torroja o el mismo rey Luís VII de Francia. Este último incluso le otorgó el título “Elegido por la gracia de Dios” que todo Gran Maestre llevó después de él con la mayor dignidad. Es de suponer que con mayor emoción que ningún otro lo ostentaría su amigo Arnau de Torroja cuando décadas después, precisamente por los méritos hechos al lado de Bertrand de Blanchefort , él también fue nombrado en1181 Gran Maestre conjunto de las órdenes del Temple y de Sión (1181-1184).

Al morir Bernard de Blanchefort los templarios seguirían los consejos de los habituales asesores del Gran Maestre como cuando estaba prisionero. Reunidos en capítulo, la Orden aún sin cabeza visible, era suficiente democrática para sustentarse con un comandante interino que eventualmente llevase en su mano el “Bastón de mando”. Un bastón que, por cierto, ya entonces era muy parecido al que vemos en manos de los faraones egipcios, y que posteriormente se dio en llamar bastón pitagórico. En definitiva una especie de ábaco, con una cruz templaria grabada decorándolo. Los monjes-guerreros puede que entonces, dada la ausencia de su verdadero Gran Maestre, tomasen también en cuenta las opiniones de Arnau de Torroja, puesto que además de ser reconocido como su gran amigo, tampoco se ha de descartar que quizá él ya fuese un mítico guerrero muy digno de tener incluso una leyenda propia. Con mente abierta puedo suponer que Arnau de Torroja tuvo desde aquel momento un lugar destacado entre el grupo de los místicos dirigentes que inventaron el tan famoso lema: Todos para uno y uno para todos. CUANDO ARNAU EJERCIÓ DE “GRAN MAESTRE” DE LA ORDEN DE TEMPLE
Los problemas que le tocó vivir a Arnau de Torroja durante su última etapa en Jerusalén se los había encontrado tan pronto estuvo de regresó a Palestina, pues los ataques de los musulmanes cada vez más compactados por Saladino, parecían ser inminentes. Así y todo, lo agobiarían quizá más las maquinaciones encubiertas de los nobles aspirantes al poder, En Jerusalén sucedió que, dado que al rey Amalrico I (difunto desde 1174) le habían concedido la anulación de su primer matrimonio, su heredero al trono de Jerusalén fue el joven Balduino IV” el Leproso” (1174-1185). Se le diagnosticó el terrible mal poco después de haber sido coronado rey y después, debido a su mal aspecto, él joven monarca evitó siempre aparecer en público. Lo peor fue que vio como el reino de Jerusalén se dividió en dos facciones enfrentadas entre si y su única solución fue nombrar heredero del trono a un niño-rey llamado “Balduinito”. Las muchas intrigas palaciegas para conseguir los nobles ser sus regentes, probablemente le darían más preocupaciones morales que todas sus batallas anteriores. A buen seguro que, como monje vocacional, nuestro hombre se postraba muy sentidamente a rezar para que la solución a tanta incertidumbre se resolviese lo menos mal posible.
El reino de Jerusalén, establecido como resultado de la primera Cruzada papal oficial, fue un intento de colonización de la Palestina por los europeos. La economía alcanzó allí su máximo desarrollo en el siglo XII, siendo uno de los más prósperos reinos de la cristiandad. Los mercaderes del Reino Franco tenían el monopolio del comercio entre Europa y Oriente, y cargaban sus barcos con las exóticas mercancías que las caravanas traían de Asia, igual que sucedió con los productos agrícolas, la fabricación de materiales de seda y algodón, las tintorerías y las fábricas de vidrio de Tiro, etc.. Eran tiempos cuando los navíos occidentales proporcionaban a Palestina productos europeos necesarios para los colonos. Cada año dos veces, por Pascua y por san Juan, barcos cargados de productos necesarios abastecían Palestina desde Europa. Las industrias particulares de Siria ayudaban a alimentar aquel floreciente comercio, pues en el Reino Franco de “Outremer” todo era negocio.
Los reyes de Jerusalén durante el siglo XII estaban rodeados por sus altos oficiales y mantenían una corte bastante numerosa donde regía la etiqueta bizantina, la mayor parte de los reales ingresos se destinaban a la defensa del Reino franco. Cada vasallo cobraba por cumplir un servicio militar ilimitado y además el rey enrolaba también extranjeros concediéndoles una renta o un feudo, si bien su falta de disciplina los hacía bien diferentes a los caballeros de los órdenes monástico-militares. Los belicosos voluntarios que llegaban eventualmente de Europa, una vez se habían desahogado peleado contra los sarracenos, ya consideraban cumplidos sus votos y regresaban de nuevo a sus casas, …lo cual representaba un alivio para los musulmanes vecinos. Fue así que pudo contar con una cosmopolita tropa formada por caballería ligera de turcos, arqueros maronitas del Líbano, e infantería armenia y siria que en total sumaron unos veinte mil hombres. De todos ellos tan sólo unos seiscientos eran caballeros templarios, a los que reforzaron continuamente nobles europeos.
En Palestina se vivió normalmente en la mayor tolerancia, pues los caballeros occidentales en sus casas les gustaba de rodearse de ricos enseres árabes, y además se apropiaron de un incalculable número de feudos y castillos, como los templarios más tarde hicieron en toda Europa. Éstos en la Palestina del siglo XII tuvieron muy diversas fuentes de ingresos, ya que, al al igual que el rey, también cobraron por el derecho de tránsito de todas las caravanas. Obviamente las dos órdenes co-hermanadas tuvieron diversos gastos inesperados, como cuando en 1182, al mando de Arnau de Torroja, en Tierra Santa pagaron un impuesto del 2% de los ingresos de la Orden, destinado a sostener la guerra contra Saladino.
Aunque el arzobispo de Tarragona Guillermo de Torroja ya hubiese muerto, puede entreverse que la influencia de Arnau de Torroja, su muy poderoso hermano aunque viviese en el otro extremo del Mediterráneo, se dejarían sentir en la Corona de Aragón, porque no es de creer que Arnau quedase al margen de la política catalana. Y menos cuando el soberano catalán cedió el Valle de Arán al conde de Bigorra para que le rindiera vasallaje y luego lo acompañase a ocupar Narbona para ofecérsela sus habitantes. No acabó allí, sino que después de ver humillados a los de Niza, los unió a la corte provenzal cobrándoles 25.000 sueldos melgoreses y también exigió que cincuenta caballeros le escoltasen hasta Roma. Todo ello por el miedo que infundió en la zona el castillo construido por los genoveses sobre la roca que hoy es el principado de Mónaco. En 1179 el rey de Aragón cedió al conde Roger II Trencavel muchos castillos en las provincias catalanas del Norte de los Pirineos.
Sabiendo que los catalanes estaban ocupando sus flancos, el conde de Toulouse no podía permanecer inactivo, y menos viendo a los pisanos bajo las órdenes del rey de Aragón cuando consolidaron la posición de Niza en 1177. Arnau de Torroja aunque dicho año se sabe que otorgó Carta Puebla a la villa de Encinacorba, y también concedió fueros a los de Zaragoza, su movilidad le permitió capitanear buena parte de los templarios en tierras del Mediodía de Francia al ser una zona conflictiva que le obligó a mantener allí un difícil equilibrio;.. y no sólo político, sino de obediencia a uno u otro pontífices romanos. El auge de los considerados herejes hay que datarlo entre 1139 y 1179 y a Arnau lo afectó de lleno en el Sur de Francia. Aunque no parezca posible, con el tiempo todo se complicaría aún mucho más con la intransigente conducta del Sumo Pontífice de atacar militarmente a los bautizados cátaros (1181), con cuyas ideas de seguir las palabras de Jesucristo más fielmente, los templarios congeniaron como lo prueba que ni en pleno genocidio se aviniesen a perseguirlos.
Arnau de Torroja vivió relativamente tranquilo en la Corona de Aragón hasta ser elegido Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple en 1181 cuando estuvo obligado a residir para siempre en Tierra Santa. Sabía que ello representaba no volver a ver su tierra natal a la cual, mientras vivió cerca, había procurado favorecer, pero la proximidad terminó, y en 1181 seguramente ya no tuvo tiempo ni para lamentar que el castillo que su padre había reconstruido en la cima del “Mont Vell” de Solsona (luego reconstruido de nuevo por su sobrino) hubiese sido ganado a su familia por el obispo de Urgel en un pleito. Por otra parte, no puede dejarse de ver la mediación de Arnau para favorecer la Iglesia de su ciudad natal en 1180. Los monjes recibieron entonces la buena noticia de que el pontífice Alejandro III confirmaba los privilegios antiguos de la iglesia de Santa María de Solsona sobre las más de setenta posesiones que tenía dispersas, escribiendo además una expeditiva repulsa a cuantos nobles se habían opuesto a ello. UNA BULA DE EUGENIO III ( INÉDITA de Santa María de Solsona)
El Dr. Riu (el 14 de Agosto de 1891) no se contentó con ilustrar su libro con el texto de las bulas de Urbano II y de Eugenio III, existentes en el archivo nº 242 de la catedral de Solsona (celsonense – pág. 45 y 46), sino que además citó cuatro cartas desconocidas enviadas a Loewenfeld, las cuales todavía siguen inéditas. Anagni, 12 Marzo de 1159:
Alejandro III, en bula al Prepósito Guillermo, le da facultad para nombrar los clérigos que hayan de servir las iglesias de su patronato, con tal que los presente á los Ordinarios respectivos de los lugares en que estén situadas dichas iglesias. 18 de Mayo de 1180:
Alejandro III en otra bula, dirigida al prepósito Bernardo de Pampa, aprueba y confirma el patronato de la iglesia de Solsona sobre las setenta y cinco iglesias que enumera; y concede que el prepósito y canónigos puedan nombrar sacerdotes para el régimen de dichas referidas iglesias, debiendo éstos dar cuenta en lo espiritual á sus respectivos Diocesanos, y en lo temporal á los prepósitos de Solsona.
Dado que Arnau de Torroja regresó a Palestina hay que presentar el contexto de la Iglesia i el Estado con los que estuvo obligado a entenderse. Los justos y comprensivos se darán cuenta de que mi investigación acerca de Arnau de Torroja me ha sido muy difícil, pues no hay más remedio que especular con base histórica aquellos tiempos que le tocó vivir. Otro recurso que nos acerca al personaje es el bagaje cultural y patriótico que debió de acompañarle en su muy comprometida dirección de aquella embrionaria empresa multinacional que, en la alta Edad Media, fueron las órdenes de Sión y del Temple.
En Jerusalén el año 1174 el rey Amalrico I había muerto prematuramente, causando el consiguiente altibajo en toda la palestina cristiana. Lo sucedió su hijo Balduino IV (1174-1185), un muy bien dotado joven, alumno de Guillermo de Tiro. Al joven monarca sin embargo inesperadamente se le diagnosticó lepra, por lo que quedó pronto incapacitado para gobernar directamente. Primero el rey leproso fue asistido por Milón de Planci y por Reinaldo de Châtilion. Este último fue Señor de Montreal en 1174 e hizo una política individual opuesta a la del rey Balduino IV. Su mayor hazaña había sido derrotar a Saladino en Ramala (1177). Reinaldo de Châtilion se presentó ante el emperador Manuel I de Bizancio lanzándose a sus pies, y a pesar de ello no le prestó atención hasta pasados unos minutos de charlar tranquilo con otros asistentes al acto. Luego Manuel I le hizo erguirse y escuchó sus suplicas de perdón. Reinaldo, estaba muy desprestigiado por sus barbaridades, pero no obstante le concedió seguir gobernando el principado de Antioquía.
Aquel fue un periodo de graves intrigas por la sucesión al trono de la corte de Jerusalén, pues mientras Saladino (cuyo nombre árabe: ib Yusuf Ayyub Salah al-Din, significa “Justicia por la fe”), aunaba voluntades de los diferentes líderes musulmanes para enfrentarse juntos a los cristianos, éstos en la corte de Jerusalén acabarían dando el poder al muy intrigante Guido de Lusignan después de casarse con la viuda del rey Balduino IV. En vano el regente Raymundo de Trípoli había tratado de impedir que reinase Guido, desistiendo al darle la espalda cuantos feudales creía que lo respaldarían.
Es decir, a pesar de la gran amenaza del unificador Saladino, los francos continuaban enfrentándose entre si. Para colmo, todo fue aún mucho más trágico cuando murió al haber muerto el rey Amalrico I de Jerusalén, quien, siguiendo su obsesión, si hubiese vivido tenía prevista otra invasión de Egipto ayudado por la flota siciliana. Su ex suegro Manuel de Bizancio, que por el NW. de Europa dominaba desde Venecia a Kiew, antes de ser derrotado por los turcos en 1176 también intentó invadir Egipto en solitario, resultando un completo fracaso. Lo había empezado a notar cuando el año anterior los venecianos le dejaron muy clara su hostilidad. Con ello habría comenzado para Manuel su annus horribilis porque Venecia se alió con Guillermo III de Sicilia (y en 1184 con Germania, al haber casado en la catedral de Milán Enrique II con la princesa heredera). No obstante Venecia volvió a la obediencia de Manuel Comneno antes de su muerte, aunque hasta el año 1183 no formó parte de su Imperio. Para entonces Alejo II (1180-1183) ya era nuevo emperador, siendo con quien Arnau de Torroja (que lo sobrevivió) debió de tratar asuntos políticos como Gran Maestre general desde 1181.
Disciplina y arrojo en combate fue la única forma de ganar ascensos entre los templarios, y destacarse en el fragor de la batalla parece haber sido para ellos una obsesión. Es de suponer pues, que nuestro Arnau de Torroja debió de arriesgar ostensiblemente su vida en Egipto y en Siria entre los años 1163 y 1164; así como probablemente Arnau también debió de distinguirse en las campañas de la Península Ibérica. Él fue un ferviente católico que estaba convencido de haber encontrado la mejor forma de cumplir con su fe. Así fue como llegó a estar sujeto tan sólo a las órdenes del Papa de Roma e independiente del Rey de Jerusalén. El Patriarca de Jerusalén era otro poder independiente del rey, por ser el representante del Vaticano más importante del Reino Franco de “Outremer”. Al asentarse en Palestina el patriarca Daimberto se enemistó con el rey Balduino I, y actuó independiente de la realeza, si bien convivieron en harmonía.
Cuando en 1180 los máximos dirigentes de la orden de Sión y del Temple se reunieron en capítulo para elegir de entre todos los que más méritos hubiesen demostrado, y el más idóneo para oponerse al imparable y astuto Saladino, se impuso la personalidad de Arnau de Torroja. Lo conocían muchas viejas glorias y los jóvenes por sus idas y venidas a Jerusalén para informar personalmente del estado de la situación en las provincias a su cargo.
Arnau de Torroja vivió muchas intrigas, suponiendo que estaría preocupado porque tal situación debió de parecerle casí suicida para el futuro del Reino de Jerusalén; y por otra parte, la muy rígida estructura feudal existente en todos los niveles se hacía asfixiante para el pueblo llano. En cuanto a las intrigas cortesanas por enlaces matrimoniales, fue causa de social bochorno el que Sibila, la viuda del rey difunto, se volviese a casar con Guido de Lusignan, el regente nombrado por su ex marido el rey Balduino. Sin embargo, como Guido resultó ser muy incompetente, los barones le quitaron su cargo y confiaron la regencia al conde Raymundo de Trípoli. También María de Antioquía, la viuda del emperador Manuel Comneno de Bizancio, agudizó la tradicional rivalidad entre latinos y griegos, la cual culminó con la masacre de mercaderes latinos en 1182. El partido latino quedó abolido al ser nombrado emperador el muy enérgico Andrónico (1183-1185), quien había llevado una vida errante llena de aventuras desde que raptó a la viuda del rey de Jerusalén Balduino III.
Tal vez Arnau de Torroja fuese nombrado por las exigencias de algún tipo de compromiso, teniendo en cuenta su edad, pues tendría sesenta años lo que por aquel entonces era ya bastante avanzada. Lo evidente es que, a pesar de haber residido en el otro lado del Mediterráneo bastantes años, él había seguido al corriente de la situación que se vivía en el Reino Franco. Arnau de Torroja debió de hacer viajes a Palestina previos a su elección.
Al intentar saber la fecha de la elección de Arnau de Torroja a la máxima jerarquía de las órdenes de Sión y del Temple, tan sólo se puede seguir un débil rastro. En marzo de 1180 Alfonso II aún lo trató de Magister Maior de España y Provenza al hacerle una donación para las órdenes de Sión y del Temple. El 26 de noviembre de 1180 Arnau aún estaba en Miravet (Tarragona), donde concedió a sus habitantes el gran privilegio de no pagar peajes y usajes, ni por tierra ni por mar. El rey Alfonso II el mes de marzo de 1181, en Tortosa, hizo otra donación a la Orden del Temple, y en realidad a su amigo Arnau de Torroja. En aquella ocasión además de Arnau, también se cita a su sucesor Berenguer de Aviñón como Gran Maestre de España y Provenza.
Para situar aquel concreto periodo cultural en que Arnau de Torroja empezó a ejercer su más alta dignidad, recordaré que aquel mismo año murió el genial poeta Chrétien de Troyes, entre cuyas obras más famosas se encuentra: “Perceval, o el cuento del Graal” (cuyo editor reunió de dos diferentes manuscritos inacabados). En la novela de Chrétien otro romance titulado “Lanzarote, o El caballero de la Carreta”, Chrétien lo dedicó a su protectora Maria de Champagne, reconociendo que ella le había sugerido el tema del Grial, (una reliquia que luego se ha querido creer en posesión de los templarios, pero que en la trama de su novela tan sólo se refiere a un vaso misterioso relacionado con una leyenda celta). En otro romance el eclesiástico Roberto de Borón ya presentó el Santo Grial como eje central de la historia del cáliz que usó Jesucristo en su Última Cena; un recipiente donde, después de la Crucifixión, José de Arimatea recogió su sangre.
Arnau era un noble muy prudente e inteligente, quien entonces fue el responsable de una muy especial hermandad de unos 33.000 monjes-guerreros en total, regidos con férrea disciplina y que tuvieron muy sincero afán de servicio. Su geográfica dispersión llegaba desde Portugal (país donde fueron prematuramente apoyados por la realeza) hasta Hungría. Quienes se han limitado a dar de mi biografiado sólo el año y lugar de su necrológica, debieron de haber supuesto muchas de las condicionantes que se le exigió para alcanzar tan alto cargo. Por ejemplo, debía tener experiencia en abrir y cerrar las “encomiendas” de la Orden, o sea las casas fortificadas con diseño rectangular y almenadas de todas partes donde se establecieron los templarios. Así mismo, el Gran Maestre era el responsable de que se admitiese a tal o cual caballero, y sólo repasando las solicitudes que le llegaban Arnau de Torroja debió de tener mucho trabajo, porque en aquellos tiempos los nobles se le ofrecían a centenares. Si lo solicitaban para servir de simples sirvientes, Arnau podía delegar la tarea en otro mando inferior, pero a los nobles debió examinarlos y autorizarlos personalmente, …llevando buena cuenta de sus donaciones (el dote) al permitirles ingresar.
Las dotes diplomáticas de Arnau de Torroja en 1180 fueron consideradas imprescindibles en la dirección religioso-militar más famosa de todos los tiempos, pero sin duda Arnau aportaba también una muy probada experiencia militar, por no decir que pudo haber sido incluso de cierto de renombre dentro de dichas hermanadas Órdenes. Por supuesto que era un hombre bastante inferior en estrategia militar a la del entonces temible Saladino, pero tal desventaja valía para cualquier otro candidato.
Arnau de Torroja es un personaje que, aún estando tantos siglos muy olvidado, pertenece a la historia grande de las órdenes militares de la Edad Media, a quien por ser Gran Maestre universal de las órdenes de Sión y del Temple no se le ha podido olvidar. Omito las etapas que debió de pasar desde que ingresó en la Orden hasta que ostentó la máxima jerarquía durante los cuatro últimos años de su vida. Puedo entender que se librase de ser inicialmente un sirviente, pero después debió ser sargento e ir quemando etapas, siendo de toda lógica que al designarlo tuviesen en cuenta, no sólo las normales exigencias, sino que tal vez incluso pudieron haber recordado de su campaña en El Cairo, u otra que ignoramos,… y ¿por qué no?, protagonizada con heroicidad. Otro motivo más a considerar para haberlo elegirlo Gran Maestre pudo ser que, al saber Arnau de Torroja que Jesucristo nuestro Señor hablaba el mismo idioma arameo, que él pudo escuchar hablar a los cristianos de Palestina mientras convivía con ellos, su innata piedad seguramente le hizo desear aprenderlo, poniendo en ello muy sincera atención.
En 1181 Arnau de Torroja como nuevo gran mandatario internacional de su Orden, tuvo muchas y muy graves asuntos que resolver de los que podamos sospechar. Por ejemplo, bajo el mandato de Arnau de Torroja los templarios se comprometieron a reinstaurar en su trono al depuesto rey Manelic de Etiopia, dado que , por ser un descendiente directo del rey Salomón y la reina de Saba. Manelic a cambio les prometió el Arca de la Alianza, a pesar de que allí aún sigan creyendo que la conservan bien guardada, por el hecho de que se hicieron una copia exacta de la misma. Los ingenuos y muy antiguos dibujos de hombres blancos barbudos con hábitos de templario llevando el Arca en procesión dejan pocas dudas de dicha tradición, y además está el hecho histórico de que en 1185 Manelic ocupaba de nuevo su trono en Lalibela. Allí en agradecimiento a los templarios que le ayudaron Manelic hizo excavar en el suelo de peña once iglesias que sorprenden por estar bajo tierra imitando los templos habituales. Para convencerse de dicha colaboración basta ver tan sólo el diseño de una cruz templaria a ras de suelo, que es la forma de la cubierta de cada uno de dichos templos. El principal beneficio de los templarios en Etiopía, aparte de diversas ideas, fue la posesión de la sagrada reliquia que es el Arca. De ella son conservados en Ucero (Soria) idénticos dibujos de las que la recuerdan en aquellas iglesias etíopes. Según F.J.B. Manzano, adentrarse en San Bartolomé de Ucero, un templo construido en el cañón de Río Lobos, es viajar a la lejana Etiopía a través de los símbolos allí existentes. El aspecto positivo de su cargo fue tan sólo de índole espiritual y cultural, ya que Arnau también conoció anticipadamente inventos como la pólvora, la brújula, etc.. Todavía debo sospechar que Arnau se benefició precozmente del uso del monóculo para compensar una vista cansada por la edad, puesto que no hay que olvidar que aunque las gafas fuese un invento del siglo XIII, las Órdenes que gobernó se dedicaron a recopilar saberes herméticos heredados por las culturas clásicas, para luego desarrollar ciertas ideas discretamente entre sus miembros más capacitados. El “Teorema de Pitágoras” a los iniciados les fue “familiar”, tanto como a los antiguos egipcios.
También vivió la gran novedad de dejar de contar los años partiendo de los que llevase reinando cada rey de Francia, y seguro que residiendo Arnau en Jerusalén se anticipó a la nueva forma de computar el tiempo a sus propios familiares del sur de los Pirineos, porque la verdad es que el sistema que hoy nos parece tan normal, tardó mucho en generalizarse en toda la Europa Occidental. Los antiguos condados catalanes, como vasallos de los herederos de Carlomagno, habían medido el tiempo desde el reinado de dicho emperador. Había sido (y durante años siguió siendo) el calendario cronológico habitual en casí toda la larga vida de Arnau de Torroja, pues sólo se modificó aquel mismo año en que fue nombrado Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén. Por su alta jerarquía religioso-militar y por su fe, le convenía computar los años a partir de la concepción de Jesucristo, tal como lo adoptó el obispo Berenguer de Vilademús en el Concilio Provincial de la Iglesia Tarraconense. Además, el hecho de ser una cronológica disposición de un obispo catalán, a Arnau aún lo enorgullecería más si cabe, y lo adoptaría con gran entusiasmo inmediatamente para sí y para todas las encomiendas de su Orden dispersa por muy vastos dominios. (Aunque no fue hasta el 1350 cuando, por orden de Pedro III, entre el pueblo llano se contaron los años a partir del nacimiento de Jesucristo “Anno Dni”, significando Anno Jucar Domini).
Los Templarios quedaron muy afectados al conocer la muerte en cautiverio de su Gran Maestre. Muerto Odón debían elegir una nueva cabeza suprema y no podían equivocarse. Se exigieron que no hubiese intervenido antes en la política de la corte de Jerusalén tan marcada por deslealtades. Dado que no se pusieron de acuerdo, no tuvieron más remedio que nombrar un cargo de Gran Maestre interino, en cuyo período la orden del Temple había sido gobernada eventualmente por el arzobispo de Bourges, llamado Philippe Berruyer, tío de Odón de Saint-Amand. Dicho alto cargo de la jerarquía eclesiástica, como Gran Maestre templario tan sólo fue un cargo interino. Su destino fue ser un “segundón”, pues ya había desempañado anteriormente eventualmente el cargo de Maestre de España y Provenza.
La elección de Arnau de Torroja supuso una derrota para los partidarios del enérgico Odón (según Melvillé: “La vie des templiers”, p.107). Arnau de Solsona fue llamado Arnaud de Toroge (1181-1184) por los caballeros francos a los que capitaneó. La historia informa al menos de que mi biografiado dejó constancia de varios logros diplomáticos de máxima urgencia, pues ya en 1181 consiguió la firma de un tratado de paz en Antioquía Guillermo de Tiro, 22.7, ps. 1015-1016), y con igual éxito firmó otro tratado semejante en Acre tres años más tarde (“Eracles”, vol. II, ps. 2-3. Se trata de la traducción al francés de la obra de Guillermo de Tiro, nacido hacia 1130 en Palestina. Dicho cronista del rey escribió durante su reinado. A él se debe las primeras informaciones sobre las órdenes de Sión y del Temple, acabando su obra antes de 1173).
En efecto, Arnau de Torroja lo primero que consiguió al llegar a Jerusalén y ser cabeza de las órdenes de Sión y del Temple, fue poner fin a los conflictos que tenían con la orden hermana de los hospitalarios, exponiendo claramente que las ordenes religiosas armadas como ellos todos debían dar ejemplo de hermandad y tolerancia, especialmente de cara a los enemigos musulmanes. Así consiguió la reconciliación, siempre antes fracasada, y ello por la experiencia que tenía Arnau en el suelo patrio (J. Forey “The templars in the Corona of Aragon”, Oxford; U.Pres, London 1973 p. 420-431). Firmaron la paz con cláusulas y condiciones, tal como la harían con un verdadero enemigo, y posteriormente aquella concordia todavía fue confirmada por escrito papal (J. Miret Sanç: “La casa dels Templers…” Barcelona 1910, p.113).
Arnau de Torroja al salir elegido cabeza de la “Orden con dos cuerpos” se comprometió a propiciar el entendimiento con el rey Balduino IV de Jerusalén y con los hospitalarios, pues ambas órdenes monástico-militares, fuese por avaricia, orgullo, o ambición, el caso es que en aquel periodo rivalizaron entre si. El mismo Papa de Roma se vio obligado a amonestar a ambas órdenes por sus continuas rencillas entre ellos, así como por luchas internas en el seno de cada Orden. Tan en discordia vivían, que donde fuese que en Palestina se encontrasen templarios y hospitalarios, entre ellos mismos incluso se atacaban. Bajo el mandato de Arnau de Torroja, en cambio, ambas fuerzas religioso-militares se comprometieron a respetarse y acentuar su humildad. Sin duda fue un mérito de Arnau de Torroja, dado que existe una carta donde se lee que el sumo Pontífice le felicitó por haberlo conseguido. El nombramiento de Arnau es evidente que dio los esperados frutos pacificadores, ya que el día 5 de enero de 1182 el pontífice Lucio III, al renovar las disposiciones de la bula de su predecesor Alejandro III, lo dejó muy claro al referirse a él como: Dilectus filius Arnaldus.
Se vuelve a encontrar por última vez a Arnau de Torroja en funciones, en un acto que presidió el patriarca Heralcio de Jerusalén, en 1183, con motivo de un acuerdo entre los monjes de la abadía de Nuestra Señora de Josafat.
Como Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, tuvo un poder político-espiritual de máximo alcance, pero lo más imperioso sería cultivar la entonces muy zarandeada moral de los caballeros de su Orden, de lo cual pienso ofrecer una síntesis en un futuro. De sus creencias y conocimientos heterodoxos, al mundo tan sólo trascendieron indicios y muy veladamente. Incluso después de abolirse la Orden de los templarios, remitiéndose a sus iniciáticos saberes, siguieron siendo fundadas centenares de órdenes de presuntos neotemplarios, practicantes de discretos rituales que resultaron ser capaces de llegar hasta nuestro siglo. El espíritu de los fundadores de la Orden de Sión y luego el de la Orden del Temple, se mantuvo, siendo ello posible gracias a rememorar, sobre todo, la gran eficacia y efectiva comunión entre sus correligionarios.
ARNAU DE TORROJA Y SALADINO “EL UNIFICADOR”
Presentar lo mejor posible a Saladino será una forma de penetrar en el pensamientos de Arnau de Torroja, ya que ambos procurarían conocerse bien. Saladino se interesaba por todos los cambios en el Reino Franco, y más aún por el nuevo Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, siendo gracias a su buen servicio de espionaje por lo que finalmente triunfó. Por su parte Arnau debió de admitir que dicho enemigo era digno de ser temido, sin dejar de reconocer que se le consideraba un hombre de honor incluso por los cristianos. Con guerreros kurdos y turcos, y posteriormente egipcios, formó el núcleo duro de su ejército, siendo capaz de recuperar Jerusalén después de que lo hubiesen ocupado casí un siglo los cristianos. Saladino desde 1169 fue visir de El Cairo y pacificador de Egipto al anular la dinastía fatimí, el año siguiente ya había recuperado el castillo de La’Aqaba (la bíblica Elath) en la costa del Mar Rojo. Al ser una muy transitada ruta de caravanas entre Siria y La Meca, era una estratégica posición, por lo cual en 1182 aquel castillo fue atacado por Renaud de Châtilion.
Reinaldo era un hombre que había viajado a Tierra Santa relativamente hacía pocos años, y según él: un buen patriota debía matar musulmanes como fuese. Quien habría debido frenarle era Heraclio, otro recién llegado para ejercer de gran Patriarca en Jerusalén, pero que demostró ser un iletrado y además un libertino, pues incluso hizo ostentación pública de la belleza de su novia.
La personalidad de Saladino mereció numerosos libros, y en estas páginas interesa mucho al haber coincidido tan carismático líder musulmán, en el espacio y en el tiempo, con Arnau de Torroja. Saladino debió sentir un gran respeto por mi biografiado con el que, previsiblemente se debería enfrentar. Arnau por su parte supo de la fama de Saladino y sin duda que, a pesar suyo, en el fondo lo admiraría. Sería imposible demostrar hoy por hoy que ambos se entrevistaron con objeto de procurar entendimiento mutuo, así como pactar treguas, pero probablemente así debió de suceder aunque al parecer con pocas consecuencias, exceptuando la paz que consiguió en todas partes.
Si de Arnau de Torroja ya no se recuerda nada, en cambio Saladino pasó a la historia como uno de los mayores líderes del Islam entre 1138 y 1193. De origen kurdo (unos desdeñados tanto por árabes como por turcos), finalmente con sus victorias elevó la dignidad de todo el mundo musulmán. Haré un breve repaso a su vida que remite a los años de la decadencia de Costantinopla.
Aunque el visir de El Cairo, llamado Shawer, utilizó a unos y a otros con tal de poder aferrarse a su trono, no sería él el beneficiario final de tan repetidas alianzas con los francos, sino aquel joven treintañero que ha pasado a la historia como Yusuf, al que llamaban Saladino (Salah-al-Din, significando “la justicia de la fe”). Se recuerda de él que fue un hombre piadoso, gentil y por cierto un excelente jugador de polo, ya que desde joven mereció el alto honor de figurar en el equipo de Nuradín, su sultán, que en aquel tiempo era la máxima autoridad en el mundo islámico. Saladino además de ser un gran experto en caballos, también era un sobresaliente estratega militar, pues consiguió reunificar el Islam hasta disponer de un ejército de 60.000 hombres, de ellos la mitad jinetes, para cruzar el río Jordán el mes de Junio de 1187 y expulsar a los cristianos de Palestina (aunque regresaron en 1229 y 1244; pero eso no me extenderé en referirlo porque Arnau de Torroja murió varios años antes).
Saladino empezó las campañas de Egipto como acompañante de su tío, el mejor de los generales del turco sultán Nuradín que dominaba el sur de Siria, pero al final el tío Shirkuh, quizá cansado de los devaneos del visir egipcio al cual acababa de restablecer en el trono, lo mató proporcionándole una gran comilona (18.1.1169), quedándose después con el trono y los bienes del difunto. Le sirvió de poco a Shirkuh quitarlo de medio porque él también murió a los pocos meses y quedó como cabeza del ejército sirio el joven general Saladino.
A la muerte del legítimo califa fatimí de Egipto, en el mes de septiembre de 1171 Saladino fue elegido el quinto sultán de Egipto en seis años. Probablemente lo nombraron por considerar que sería un joven fácil de manipular, pero ignoraban la personalidad del hombre con quien estaban tratando. Inicialmente Saladino gobernó en El Cairo con disimulada rebeldía, pues se negaba a obedecer al sultán Nuradín, su jefe natural, por creerse él mismo predestinado para liberar Jerusalén. Nuradín no pudo aceptar que un subordinado suyo en El Cairo se comportase como su igual y lo amenazó con acudir allí para castigar personalmente su osadía, …y ello a pesar de que Saladino, previniendo la reacción de Nuradín, le había enviada cartas de su fingida sumisión. Era el año que además el califa de Bagdad había concedido a Nuradín la dignidad de sultán de Siria y Egipto, pero hasta su muerte en mayo de 1174 Saladino se resistió a obedecerle.
Con su insumisión al sultán Nuradín, Saladino estuvo en clara rebeldía y era inminente una guerra entre ambos líderes musulmanes. Entonces coincidió en morir el rey Amalrico I prematuramente en Jerusalén en 1174, con el consiguiente altibajo en toda la Palestina cristiana. A pesar de ello, Saladino lo único que hizo fue conquistar Baniyas. Nuradín en cambio fracasó en su empeño de quitar Jerusalén a los francos y se tuvo de conformar con conquistar Damasco y la parte de Siria central, si bien por entonces obtuvo del califa de Bagdad la nominación de sultán de Egipto, Palestina, Nubia, y en 1175 sultán de la Cirenaica.
Saladino desde el año 1171 había abolido el califato de Egipto y se erigió primer sultán aiubí de aquel país, donde se preparó para guerrear contra su propio soberano, pues Nuradín ya le había avisado que iba a castigarle, pero que murió muy oportunamente pocos días después (15 de mayo de 1174) de un paro cardíaco. Aquello fue el fin de la dinastía selyúcida que había durado un siglo.
Saladino tuvo una idea del mundo muy superior a la que tenían sus correligionarios contemporáneos. Al rico país de Egipto Saladino lo veía como la mejor fuente de ingresos para sus guerras contra ocupación de los europeos cristianos, pero también contra los sectas musulmanes disidentes que en su tiempo dividían todo el Islam. Él quiso que El Cairo fuera el núcleo de un renacimiento cultural, así como la despensa necesaria para la unificación de sus correligionarios a fin de lograr la expulsión de cristianos de Tierra Santa. En el fondo Saladino defendió tanto una cultura como un territorio, y para sus fines substituyó la burocracia fatimí por un sistema feudal que dio a sus oficiales militares control directo sobre las regiones agrícolas de todo Egipto.
Saladino habría peleado contra el heredero de Nuradín, pero públicamente presumía de querer protegerlo. El hijo sucesor de Nuradín, después de un lógico rechazo, acabó por reconocerle su autoridad en el país de los faraones. Así y todo, sólo faltó que hubiese disturbios políticos en Siria y en Yazira, para que Saladino con su ejército se impusiese también en Damasco. De hecho desde que salió de El Cairo para luchar contra los cruzados en Siria, ya nunca volvió a la capital del Nilo. Dejó Egipto bajo el gobierno de su hermano Al-Malik al-Ádil, y marchó a capitanear personalmente la guerra contra los cruzados. Conquistó la ciudad de Trípoli en 1172 y el Yemen en 1173, atacando por primera vez Jerusalén en 1174 animado por las disputas sucesorias de la familia del difunto Amalrico I. Saldino con anterioridad no había querido participar en las campañas contra Jerusalén ordenadas por Nuradín (1171-1173) con objeto de sitiar el Reino Franco entre dos estados musulmanes.

Saladino era el líder musulmán al que el nuevo Gran Maestre Arnau de Torroja debió tratar de pactar, o si no era posible, debía esforzarse en derrotarlo. No lo creería imposible, pues Saladino ya había sido vencido en 1177 en la gloriosa batalla de Montgisard, cerca de Ramala (Gaza) gracias al coraje de los templarios, porque allí hicieron gala de una rápida evolución de su caballería, por lo cual a Saladino le forzaron a firmar la paz,… paz que él aprovechó para dominar parte de Mesopotamia y hacerse con la muy bien fortificada Alepo. Pues una cosa es que no fuese fanático y sintiese respeto incluso por los cristianos, y otra diferente es que Saladino no rentabilizase sus desgracias para convertirlas en ventajas. Hay una prueba de ello.

Saladino sentía miedo por la secta de los “hashahashin” al mando de un líder quien pensaba como los sufíes pero en versión negativa. Ciertamente llegaron a herirle en dos ocasiones en 1175, y no lo mataron gracias a que Saladino siempre iba cubierto con una cota de malla debajo de su capa, tal como copió de los francos. Para protegerse Saladino había creado un cuerpo policial que lo protegía de las canalladas de amigos y enemigos. Una decisión suya inesperada fue cuando cambió de actitud y procuró tener por aliado a los “hashahashin” utilizando eventualmente a sus sectarios, quizá como otra forma más de minar la resistencia de los francos con los que mantenía constantes refriegas. En efecto hizo un extraño pactó con la secta de los “hashahashin” (vizaries ismaelitas) que por aquel tiempo estaban en su apogeo. Y lo más extraño de todo fue que Saladino en 1176 renunció a destruirlos, levantando el sitio de su principal castillo, lo que quizás obedecía al temor que sintió por sus temidas maldiciones psíquicas (telebulia) capaces de hacerle daño incluso a distancia.

La historia de dicha secta de los “hashahashin” la escribieron sus enemigos y merece poca fiabilidad, pero subsistieron en la figura del carismático Aga-Kan. En sus últimos tiempos (siglo XIII) el señor del castillo de Alamut en Siria era llamado Sinán y también “el Viejo de la Montaña”, del que aún hoy se dice que drogaba a sus adiestrados asesinos prometiéndoles alcanzar el Paraíso si morían. (La secta ismaelita de los “hashahashin” fueron masacrados en 1268 por Balbeys que vivió entre 1223 y 1277, cuando gobernó el mundo islámico con brazo de hierro).
Aunque Saladino comenzó su carrera en el Egipto fatimií, intentó reeducar a los egipcios para que aceptasen la ortodoxia Sunní, y sus sucesores consolidaron Egipto como el centro de dicha fe. En El Cairo admira todavía hoy la ciudadela construida por Saladino sobre la colina Mokattam. Es llamada Salah Eddín El-Ayubi, y tiene la ciudad de El Cairo extendida a sus pies. Toda la fortaleza se hizo para disuadir a los cristianos de nuevas ocupaciones y fue elevada en vida de Arnau de Torroja, y éste a buen seguro que se se hiría informando de una tan magnífica defensa para la ciudad que había conocido años antes.

Mi biografiado debió saber también que, a pesar de todo, la mayor aportación de Saladino en Egipto fue de tipo cultural pues hizo edificar la universidad (Madrasa) donde se interpretaba la religión y el dogma shií en lugar de la ley islámica. Con este fin convocó en El Cairo a profesores sunnís del Este para proveer de personal sus nuevas escuelas. Durante once años mando construir cinco universidades y una mezquita. Sin embargo en tales centros de cultura, además de la religión, se enseñaba: administración, matemáticas, geodesia, física y medicina. Y es que Saladino, en El Cairo no edificó ningún palacio fabuloso, pues quiso que fuese una ciudad comercial y procuró hacerla un polo cultural sin recintos privados. Todo lo que dispuso fue para disfrute de sus habitantes, por cuyo espíritu abrió las estancias del palacio Al-Qahira y vendió su fabuloso tesoro, incluido un rubí de 2.400 quilates y una esmeralda como un puño, así como la biblioteca espléndida de los califas, con cuyo dinero pagó a sus tropas turcas.
Saladino era generoso y nada avaricioso llegando a recordarle cual máximo representante de la nobleza caballeresca del islam (“Futuwa”, muy anterior a las de los francos). Corría la idea de que para él: el oro valía tanto como la arena. Saladino fue recordado cual personaje de la caballería romántica medieval, debido a que sus admiradores más ardientes fueron los propios biógrafos cristianos, al elegirlo modelo de virtudes humanas como también hicieron los propios árabes, a lo cual contribuyó el que, cuando tomaron Jerusalén en 1099, los cristianos habían pasado a cuchillo a todos los habitantes, fanfarroneando muchos años de su masacre. En cambio cuando Saladino en 1187 conquistó Jerusalén, no mató a los defensores. La creyó una ciudad santa, entendiendo que su victoria fue la consecuencia de su guerra justa.
Cuando Arnau de Torroja estuvo a la cabeza de los religiosos con espada, Saladino casí había conseguido unificar a los egipcios sirios y mesopotámicos contra los francos en gran medida gracias al infame comportamiento de Reinaldo, regente del condado de Trípoli, quien atacó naves sarracenas saqueando sus puertos y caravanas como haría cualquier pirata. Cuando el rey Balduino IV de Jerusalén firmó una tregua con Saladino, hubo un periodo de entendimiento mútuo, pero en 1181 Reinaldo de Châtillon atacó una caravana de musulmanes que iban de Egipto a Siria y Saladino lo consideró un acto muy ofensivo, por lo que declaró rota la paz.
El malvado Reinaldo exasperó hasta el límite a Saladino, que lo acosaba sin tregua, por lo cual reclamó ayuda al rey Balduino de Jerusalén, quien el mes de setiembre de 1182 defendió Alepo y logró hacer retroceder a Saladino. Otra cosa es que, ante la mediocridad de Guido de Lusignan, la ciudad de Alepo cayése poco después en poder de Saladino como una fruta madura.
En 1182 la lepra había debilitado tanto que al joven rey Balduino (“le Mesel”) que se decidió coronar rey al hijo de su hermana Sibila y del conde de Monferrat, y le llamó Balduino V. Fue el principio del fin, pues cuando el Estado Franco de Palestina quedó cercado, la expulsión de los europeos de Tierra Santa a todos les parecía ser cuestión de meses.
ARNAU VIVIÓ SUS ÚLTIMOS AÑOS SOPORTANDO REGENTES RIVALES
Aunque Arnau de Torroja en España ejerció además de recaudador a fin de enviar dinero al centro supremo de su Orden en Jerusalén. Tanto esmero debió de desarrollar también en dicha tarea que, como sabemos, llegó a ostentar el máximo poder universal de los templarios siendo en poder comparable a un verdadero rey, aunque mucho más internacionalmente reconocido. Es hora pues de olvidarse de su cargo de recaudador y tratar de verlo como un poderoso gobernante.
A Arnau de Torroja, en toda su gloria, puedo imaginármelo, sólo cuando la solemnidad del acto lo requería, con su cetro y vestido con un hábito impresionante, que él luciría por ser alto de talla, con un porte impecable. En tales ceremonias se presentaba acompañado de su séquito, lo que le acabarían de dar el tono de autoridad que ostentó como Gran Maestre, al mismo nivel que los grandes soberanos, tanto europeos como del otro extremo del Mediterráneo. Sin duda en la cúpula del mando supremo de la orden los templarios cuidaron mucho el efecto imponente para dar una imagen de gran sobriedad, y ello siguió siendo válido después de separarse de la orden-madre de Sión.
En la intimidad tendrían también sus debilidades, pero a cada caballero templario se le reconoció el valor de un guerrero, la gallardía del noble y la bondad de un monje;…monjes, aunque que en realidad no eran. Imperiosamente en los actos oficiales se moverían con gran cuidado de no parecer ni feroces, impulsivos, ni mostrar otra debilidad que la oración exige a todo religioso,… aunque ciñéndose una espada.
Tal es el cuadro que me complace imaginar y seguramente me quedo corto, aunque me condiciona la humildad que emana de mi protagonista y paisano. Sin duda hay que reconocerle que hoy día sigue siendo el hombre más socialmente encumbrado y de máximo prestigio internacional nacido en Solsona. Esta es una aproximación de la época cuando, con los años, él ya habría enriquecido mucho su inicial espiritualidad. Le pasa normalmente a todo el mundo, pero en Arnau de Torroja podemos creer que su evolución fue sobresaliente.
Es cierto que los grandes maestros, incluso los provinciales, dispusieron también de asesores de la propia Orden en todos los campos que era necesario para tomar las decisiones más difíciles con máximas garantías. Arnau de Torroja además se carácterizaría por su gran prudencia y sentido de la oportunidad, lo cual era exigible a quien debía llevar a buen fin no sólo para la gloria de su Orden, sino para el bien de la cristiandad entera. Su mayor éxito no obstante fue llegar a convencer al rey de Jerusalén de la necesidad de pactar una tregua de dos años con Saladino (con el cual debió de tratar y parlamentar hasta 1182), lo cual fue un gran logro del muy diplomático Arnau de Torroja, y lo consiguió tan pronto fue nombrado Gran Maestre.
Los conocimientos del Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, sobrepasaban mucho a cualquier otra orden militar del siglo XII (y se le exigía que el fuese el más experto en simbología iniciática), puesto que los musulmanes que combatían también hacían alarde de conocer bien al enemigo de turno, con óptimos resultados. Sin duda que Arnau y Saladino el jefe de los musulmanes enemigos congeniaron bien a nivel particular, así como seguro que también despreciaron al mismo tipo de nobles que les fueron contemporáneos. Lamentablemente sólo Saladino vio reconocido su mérito por la Historia, pero ello no significa que deba ser olvidado Arnau de Torroja de quien, al menos desde 2007, ya tendrá dedicada esta pseudobiografía.
Ambos mandatarios tenían un aspecto físico completamente diferente. Saladino era más bien bajo de estatura, muy vivaz y de ojos y cabello negro, luciendo una barba corta. La diferencia de edad aún era más considerable, pero tenían en común su interés por el estudio de la Genealogía propia de la cultura de cada uno. Ambos honestos líderes compartieron también las muy elevadas ideas humanistas de los sufíes.
Por mucha diplomacia que desplegase Arnau de Torroja siendo Gran Maestre de la Orden del Temple de Jerusalén, él no debió permanecer al margen de los acontecimientos tan intrigantes por motivos de la sucesión que alteraron aquella corte en 1182. Las familias de nobles cercanos al rey Balduino IV pugnaban entre sí para sucederle en el trono, siendo en el período de tales intrigas cuando más agobiado vivió Arnau de Torroja, …en momentos puntuales, seguramente cabiló mucho más por ello que si encontrase en medio de una batalla.
Por Joscelin de Courtenay y su hermana (madre de Balduino IV, y abuela de Balduino V, y cuyas intrigas de entonces podrían presentase cual precursoras de las atribuidas a la famosa Lucrecia Borgia), sabemos de las nefastas influencias que recibía el leproso rey Balduino IV de Jerusalén. Con la elección de 1180, los diferentes bandos acabaron de tomar sus posiciones y en tal estado llegó Arnau de Torroja a la máxima jerarquía de la más poderosa de las órdenes militares de su época, con su mente esperanzada de buscar el entendimiento entre todos ellos. En principio los templarios y el clero católico estaban de parte del patriarca de Jerusalén y de la familia Lusignan, porque el rey había disgustado a los poderosos de la Iglesia católica.
Entre tanto Saladino tuvo serios problemas y durante muchos meses dejó en paz al Rey de Jerusalén yéndose a guerrear entonces contra los fanáticos correligionarios musulmanes de Damasco. Saladino al principio confiaba mucho en la caballería egipcia que luchaban cuerpo a cuerpo respaldados por sus arqueros, pero dicha táctica no servía ante los brutales choques de la pesada caballería de los francos. De hecho Saladino no obtuvo grandes victorias hasta variar su estrategia; la nueva consistió en aprovechar la agilísima movilidad de sus arqueros turcos a caballo. Inicialmente atacó Mosul ayudado por el selyúcida líder de Anatolia, Kijil Arslan II, evitando que pudiera unirse a los de Alepo.
En cambio, en la Palestina cristiana los políticos se peleaban divididos en bandos rivales, unos a favor de pactar con Saladino y otros en su contra. El primero era capitaneado por Raymundo de Trípoli, quien ocupó Damasco, que conservó para si, y también Alepo, una ciudad que en 1183 también puso bajo su control Saladino (cuando arquitectónicamente aún no tenía el aspecto tan impresionante que le dio su hijo años más tarde). Entró en Alepo con gran pompa, y desde entonces Siria y Egipto ya fueron un mismo Estado.
Como el rey leproso además estaba ya casí ciego, lo más sensato fue dar la regencia de Jerusalén al conde Raymundo de Tiro, aunque Inés consiguió evitarlo imponiendo como su regente a Guido de Lusignan, quien popularmente era motejado: “el guapo esposo de la princesa”, pues se vio despreciado por todos los barones. En efecto, al poco tiempo, dada su incompetencia supina, el cargo se delegó de nuevo en Raymundo de Tiro. No quedaba más remedio que hacerle renunciar al poder, y el propio rey enfermo lo consiguió cuando ambos disputaron, por lo cual, con un simple pretexto, el rey leproso en 1183 volvió a retomar el poder delegado en un tan nefasto personaje. Gracias a dicha estratagema, la armada real se salvó de un desastre seguro. Sus errores fueron tan grandes cuando fue regente, que de no haber intervenido el ejército del conde de Trípoli a tiempo, Saladino habría podido dar el paso definitivo en octubre de 1183. El rey leproso, a fin de evitar que una vez muerto él Guido se perpetuase en el poder, en noviembre del mismo año nombro rey con plenos poderes a su sobrino aún muy niño, siendo llamado Balduinito, el cual reinó al mismo tiempo que él.
Raymundo de Trípoli esperaba que por su amistad con Saladino, éste le ayudaría a recuperar el poder que había ostentado antes en Jerusalén. De hecho, el rey Balduino se sentía mejor protegido por él, y ambos coincidían en tener a Guido de Lusignan por un falso cristiano. A pesar de todo, como era su cuñado, eligió a Guido como regente, a sabiendas que todos los condes de Tierra Santa lo veían como un extranjero. Raymundo y Guido habrían peleado entre si de no haberlo impedido el propio rey, que mandó interponer una cruz entre ambos. Después les hizo jurar que colaborarían y sólo pelearían contra musulmanes. Posteriormente fueron los propios barones quienes nombraron al que debería ser su regente, recayendo la responsabilidad de nuevo en el conde de Raymundo de Trípoli, sin duda el más capaz para gobernar. Entonces tenía 34 años y era partidario de pactar con el carismático Saladino. Por ello de nuevo fue elegido para la regencia a condición de que templarios y hospitalarios, si llegaba el caso, defendiesen los castillos cristianos que fuesen atacados. El ansia de poder político de la Orden de San Juan del Hospital desequilibró más aún la relación entre las órdenes militares de Palestina. Fue en ese contexto cuando Arnau de Torroja aceptó la mediación dque le encomendaron el papa Lucio III y el rey Balduino IV a fin de poner término a tan desastrosas luchas fratricidas.
En 1184, la situación política degeneró todavía más, cuando Reinaldo de Châtilion con el beneplácito de los Templarios y de los Hospitalarios, asoló por su propia iniciativa las posesiones de los musulmanes en Transjordania. Arnau siendo en tal período Gran Maestre, dió testimonio inequívoco de una gran sagacidad. Decidió negociar una tregua con Saladino a pesar de la firme decisión de éste de vengar las matanzas de Reinaldo de Châtilion. Dicha tregua con Saladino fue rota por culpa de los saqueos del depuesto Guido de Lusignan en 1183 sin que el rey Balduino, ya con muy poco poder, pudiese reprobárselo. Saladino, en venganza, atacó Damieta deportando 1.500 cristianos que naufragaron durante la batalla en la costa egipcia.
Saladino cada vez capitaneaba mayor número de líderes musulmanes y aprovechó la división interna en la corte de Jerusalén para ocupar Galilea. El señor del otro lado del Jordán, llamado Renaud, pidió ayuda urgente a Balduino y fue admirable el extraordinario coraje entonces del rey leproso dando órdenes mientras sufría estoicamente su dolor. Saladino debió retirarse de aquella orilla del Jordán el mes de julio. En agosto del mismo año se había empeñado en dividir en dos el Reino Franco de Jerusalén y atacó Beirut en octubre, como otro intento de separar de Palestina el condado de Trípoli. De nuevo el rey Balduino acudió con los caballeros de las órdenes religioso-militares de refuerzo, y Saladino volvió a renunciar a sus planes. A pesar de su estado yacente, en setiembre Balduino viajó a Alepo como una forma tradicional de permanecer siempre en alianza con alguna ciudad Siria. Al cabo de un año debió de acudir otra vez allí para defenderla.
En septiembre de 1183, un año y medio después de la muerte del heredero de sultán Nuradin, por tercera vez el rey Balduino IV, muy esforzadamente, lleno de llagas y sin apenas ver nada, acudió a Siria para defender Alepo, como siempre transportado en una litera. Consiguió la victoria, aunque Alepo al cabo de otro año cayó de nuevo en manos de Saladino como una fruta madura. Entonces aquel líder musulmán empezó realmente la reunificación de las provincias islámicas dispuestas a echar a los cristianos de Palestina. Los francos debieron también empezar a reaccionar, siendo lo primero apartar de la corte definitivamente a Guido de Lusignan. A pesar de todo, en primavera de 1184 los nobles se sublevaron cuando el rey leproso intentó, sin éxito, que Guido se separase de su esposa Sibila. Después de muchas protestas ante la corte judicial, el rey leproso sólo consiguió quitar al conde Guido la ciudad de Jaffa, la cual volvió a la jurisdicción real.
Los doce años que Reinaldo de Châtilion pasó en la cárcel de Damasco lo volvieron un ser monstruoso, de quien decían que con entrañas de judíos alimentaba sus jaurías de perros. Una vez libre recuperó el señorío de la fortaleza de Kerak (la má importante al norte de Petra). A partir de 1182 capitaneando a los más revoltosos nobles de Palestina dominó con su flota todo el sur del Mar Rojo como bucanero, abordando navíos musulmanes, cual si quisiese limpiar el mundo de seguidores del Profeta. Tal era el belicoso defensor de Jerusalén, que además procuraba anexionar a su condado las posesiones sirias de Nuradín. Ello fue así hasta que Saladino se las quitó en 1183. Reinaldo hablaba árabe con fluidez y era un descendiente del conde franco que había expulsado a los moros del sur de los Pirineos (el santificado Gil, de sobrenombre “nariz-corta”). Por cierto, Reinaldo tenía una faz morena cruzada por una gran cicatriz que lo afeaba mucho, y para colmo una gran nariz aguileña.
Después de recobrar su libertad, Reinaldo de Châtilion no paró de dar quebraderos de cabeza tanto a los moros como a los cristianos del reino de Jerusalén, porque influyó en el rey y su familia, procurando hacerle romper todas las treguas con los musulmanes a los que atacó siempre que pudo. La conducta de Reinaldo hizo rabiar a los árabes, hasta decidirlos a llamar a la Guerra Santa, un hecho que obligó a los franys de Palestina a pedir ayuda al “Basileus” tan pronto pudieron. Saladino sintió por Reinaldo más odio que nadie.
Guido de Lusignac escuchaba los consejos de Châtilion, y si uno era malo el otro era peor. El caso es que entre ambos desgobernaron el Estado Franco en Palestina, dando mayor vigor a la unificación del mundo árabe. El muy impetuoso caballero Guido era tan orgulloso como incapaz, como ya lo había advertido Raymundo de Trípoli, quien a pesar de ello le debió entregar el cargo de regente porque en la votación la mayoría de nobles feudales le fueron desleales. Reinando con una extravagante conducta atacó incluso la Meca y Medina con las máquinas de guerra, por lo que los árabes tuvieron el mayor éxito al hacer un llamamiento a la “guerra santa”. Incluso los emires andaluces le ofrecieron entonces ayuda de todo tipo a Saladino. Cuando los caballos de los cristianos defecaron en las más sagradas mezquitas del islam, las quejas de los infieles ante el rey de Jerusalén tampoco les sirvieron de nada.
Además de los citados condes regentes y otros aspirantes a mandatarios, Arnau debió de parlamentar con otros nobles francos, como por ejemplo Aimerico de Lusignan (hermano de Guido), Joscelin de Courtenay conde de Edesa (1159- 1200), quien por cierto se llevó a su ciudad la Sabana Santa de Turín (La “Sindone”, que fue botín de guerra de los bizantinos en la Cuarta Cruzada 1200).
Fue más o menos cuando Arnau empezó a dirigir a los templarios en diciembre de 1180, cuando Felipe II Augusto, rey de Francia, sucedió a Luís VIII quien se enfrentó a los Plantagenet incrementando el odio entre Enrique II y su hijo Ricardo (el tercero de los ocho que tuvo), al cual el rey francés capturó de regreso de la Tercera Cruzada. Una vez libre, Ricardo “Corazón de León” le hizo guerra sin cuartel a su propio padre hasta su muerte (1199).
Del año 1180 lo más dramático (porque es una mancha que el Vaticano dificilmente podrá hacerse perdonar), fue el comienzo de una cruzada espiritual contra los cátaros del Languedoc francés, dada la imposibilidad de los párrocos católicos de frenar el auge que experimentaron desde 1175. En el Vaticano justificaron el acoso de los herejes porque la unidad de la “Barca de Pedro” se tambaleaba. Los cátaros en 1165 celebraron un coloquio con los representantes católicos. Las más altas jerarquías de la iglesia hereje debatieron con los abades y las más altas jerarquías eclesiásticas acerca del dogma de la fe. Por otra parte los cátaros incluso osaron celebrar en 1167 el primer concilio de una Iglesia del Sur de Francia, que contó con la presencia del hereje “Pope” bizantino llamado Nicetas;…y todo ello sucedió siendo Arnau el máximo responsable de las órdenes de Sión y del Temple allí era Arnau de Torroja. Los templarios muy prudentemente nunca se dedicaron a exterminar cátaros. En cambio la Iglesia católica para acabar con ellos convocaría dos concilios en Letrán (1139-1179), dictándose la persecución de herejes, sin respeto alguno por el derecho patrimonial del Conde de Toulouse del Languedoc, cuyas posesiones primero invadieron y finalmente arrebataron para que Francia pudiese tener por fin acceso al mar Mediterráneo. Tal fue el precio del genocidio medieval en la Cataluña Norte.
Durante 1183 Alfonso II castigó militarmente los castillos del actual Sur de Francia pertenecientes al conde de Toulouse, de forma que éste solicitó la paz (Fue una renovación de la que habían firmado en 1176). Esta vez se citaron ambos soberanos a orillas del río Ródano en 1184, pero tampoco fue un acuerdo respetado, porque Alfonso II encontró muchos apoyos para volver a guerrear contra Toulouse. Para Arnau de Torroja la pena quizá fuese el saber que en la dicha coalición faltaban los de Montpelier, dado que en aquella ocasión se pusieron al lado de Toulouse del Languedoc ¿O quizá hayamos de suponerle tanta nobleza de corazón como para, aunque fuese lo habitual, bajo ningún concepto aceptar que se rompiese un pacto firmado entre dos soberanos? LA ÚLTIMA TRAVESIA DE ARNAU DE TORROJA LE LLEVÓ A MORIR EN EUROPA
Hubo autores que opinaron que la muerte de Arnau de Torroja en Verona fue debida a que lo envenenaron. Tal hipótesis encontraría su justificación más plausible al tener en cuenta la larga mano del intrigante rey de Castilla (Alfonso VIII que había sido coronado en 1158), puesto que en Valencia, por su orden, primero intentó que se le revolucionasen en su contra el Conde de Urgel y otros, pero al seguir todos ellos fieles a Alfonso II, el mismísimo conde Ermengol de Urgel fue asesinado por sus colaboradores, pues era otro gran consejero y particular amigo del rey catalano-aragonés (Otro Conde Ermengol, llamado “el Peregrino”, en el siglo XI antes de nacer Arnau de Torroja ya había viajado a Tierra Santa).
Mientras Arnau ejercía de mando supremo de los templarios en Tierra Santa, en Provenza el hermano del rey Alfonso II de Aragón fue asesinado el día de Pascua cerca de Montpelier por instigación del conde Raymundo de Toulouse. Era el día cinco de abril de 1181, cuando Arnau ya residía en el otro extremo del Mediterráneo. Ni así, es de creer que no siguiese muy de cerca la evolución de los hechos políticos, …que tan sólo geográficamente hablando había dejado lejos. Por ejemplo, Arnau también supo que el rey Alfonso II había capitaneado en persona un ejército que partió de Montpelier. Con la intención de vengar la muerte de su sobrino conde de Provenza, y para restablecer el Orden incendió y arrasó el castillo de Forques, así como ocupó también la ciudad de Toulouse y otros castillos vecinos. Después de dar el trono de Provenza a su otro hermano Sancho (Sanç), Alfonso II se dirigió a Burdeos para entrevistarse con Enrique II Plantaget. En 1182 aún debió regresar de nuevo con su ejército a Provenza para ayudar a su hermano Sanç, y posteriormente se comprometió a ayudar al rey inglés en la lucha contra su revoltoso hijo, al hacerle la guerra aliado con el conde de Toulouse. Por cierto que Ricardo II, a pesar de ser entonces vencido, y de haber sido siempre muy rebelde a su padre, a la muerte de éste heredó su trono.
La mayor pena que puedo adivinar en mi biografiado, debió de ser cuando a finales del mes de septiembre de 1184 el papa Lucio III le informó en privado y anticipadamente, que proclamaría la dicha bula “Ad Abolendam” con objeto de acabar con los cátaros, entonces llamados albiguenses, por lo que, en efecto, la historia recuerda de que bárbaro modo los herejes Valdenses fueron los primeros librepensadores en ser expulsados de la ciudad de Lyon (Fr.). Como los cátaros, los valdenses se habían dispersado primero por todo el Languedoc, por Cataluña, Lombardía y el alto valle del Ródano. Con tal argumento a continuación presentaré a Arnau de Torroja como la primera víctima indirecta de la embrionaria Inquisición. Era previsible que al matar a tantos librepensadores, los religiosos anularan irremediablemente los avances sociales conseguidos durante milenios. El decreto papal presuntamente lo mató de pena.
Por una muy extraña casualidad, aquel instrumento eclesiástico de terror, además de provocar indirectamente la muerte de Arnau de Torroja, también habría de condenar seis siglos más tarde a Cayetano Ripoll, otro hijo de Solsona, que fue la última víctima de las llamadas Juntas de Fe parroqiales, sucedáneas del Santo Oficio en España. El bueno de Cayetano Ripoll fue quizá demasiado arbitrario para ejercer de maestro de escuela en la ciudad de Valencia. Fue detenido, encarcelado, sentenciado:”Hereje pertinaz y acabado”, siendo quemado en una plaza pública el 26 de agosto de 1826. No murió en vano. Tiene el mérito de haber hecho reaccionar a los diregentes europeos, en especial de Francia e Ingleterra que, apoyados por la prensa internacional, censuraron, con fuerte sentimiento de hostilidad, la pasividad del rey Fernando VII. Definitivamente se fustró cualquier intento de justificar la ejecución de Cayetano Ripoll, y en consecuencia el soberano abolió para siempre las Juntas de Fe en cada parroquia de España.
Volviendo ya al Gran Maestre Arnau de Torroja, éste falleció después de recibir una tan abominable como inesperada noticia. Le sería comunicada cuando se entrevistó con el pontífice Lucio III (1181-1185), puesto que en Verona era allí donde residieron los Papas por aquellos años mientras que, paradójicamente, los Antipapas ocuparon la “Silla de Pedro” en Roma.
Arnau de Torroja, en cuya persona las cortes de ultramar tenían su esperanza puesta, generosamente se había ofrecido para viajar a Occidente como embajador del rey de Jerusalén, a fin de exponer la situación ante su único superior jerárquico, nada menos que el Sumo Pontífice, si también lo acompañaban el Patriarca y el Gran Maestre de la orden del Hospital, como así fue. El temor principal era que si Saladino algún día daba por concluido el pacto firmado con el Rey de Jerusalén, en Jerusalén se produciría una verdadera matanza y sería el fin del Estado Franco en Palestina. Embarcaron todos con sus séquitos y gentes de armas para hacer la larga travesía por mar hasta Venecia.
Arnau de Torroja debió de desembarcar bien, porque continuó el viaje hasta la ciudad de Verona, y puesto que allí él falleció el día 30 de septiembre del año 1184, cabría pensar, como es opinión generalizada, que quizá no pudo soportar el estrés de la misión encomendada y le debió de fallar el corazón muriendo fulminado.
En resumen, estando Arnau de Torroja en Verona, el nuevo Pontífice recibió nada menos que al Rey Federico I de Alemania. Es obvio que quienes delegaron a Arnau de Torroja a pedir ayuda aprovechasen la circunstancia de ir hasta allí a fin de exponer a todos la gravedad de los acontecimientos en el Reino Franco de Palestina. Arnau tan pronto llegó pudo ser informado, en reunión particular con el Pontífice, de la presió por parte del Emperador cuya intención era de hacerle promulgar inmediatamente, por bula pontificia, la investigación (luego llamada “Inquisición”) contra todo tipo de herejes.
En efecto, el común acuerdo entre el pontífice Lucio y el emperador Federico I “Barbarroja” en Verona (seguramente la misma semana que murió Arnau de Torroja), hizo que fuese proclamada la constitución Ad Abolendum, anatemizando a los cátaros valdeses y demás librepensadores religiosos de Europa, quedando la represión al arbitrio de la potestad secular para que aplicase el castigo correspondiente. Era el fin de todos las ilusiones para las que se habían esforzado enormemente los defensores de una verdad “diferente”. Aconsejado y hasta quizá forzado por el rey Federico I, el Papa dictó que todos los eclesiásticos visitasen las parroquias sospechosas una o dos veces al año y que, bajo juramento de la buena gente, denunciasen a los herejes. Y en caso de encontrarse alguno, castigarle. El Decreto “Ad Abolendum”
“A todos los que no temen sentir o enseñar de otro modo que cómo predica y observa la sacrosanta Iglesia Romana acerca del sacramento del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, del bautismo, de la confesión de los pecados,del matrimonio o de los demás sacramentos de la Iglesia; y en general, a cuantos la misma Iglesia Romana o los obisposen particular por sus diócesis con el consejo de sus clérigos, o los clérigos mismos, de estar vacante la sede, con el consejo y,si fuere menester, de los obispos vecinos, hubieren juzgado por herejes,nosotros ligamos con igual vínculo de perpetuo anatema”.
Era el mes de octubre de 1184 cuando se celebró en Verona dicha dieta (es más exacto que considerarlo que un concilio), en el cual el Sumo Pontífice ordenaba incluso a los laicos que persiguiesen a los herejes. Debió de resultar muy exasperante para Arnau de Torroja, el saber, anticipada e irrevocablemente que todos los poderes públicos tenían obligación de colaborar bajo pena de excomunión con la Inquisición, cuando aún no se llamaba así. A los obispos se les concedía plena autoridad, lo mismo que si fuesen legados apostólicos. Ciertamente entonces la animadversión debida contra los herejes todavía no instituyó ningún tribunal, ni se prevenía matar a nadie que pensase diferente, sino sólo se castigaban con el humillante destierro y la confiscación de sus bienes.
Nuestro hombre supo al instante de ser informado que era un golpe fulminante contra los heterodoxos vecinos de los montes Pirineos, con los cuales las órdenes de Sión y del Temple compartieron secretas ideas respecto al credo ortodoxo (de todo ello cual en una “2ª Parte” de esta investigación me dedicaré a recopilar). Si yo no conociese bien a Arnau de Torroja, podría opinar que, habiendo quedado de sopetón tan defraudado, incluso pensase en suicidarse; no obstante es más lógico creer que, al recibir de su único superior jerárquico un tamaño disgusto de imprevisibles consecuencias, al Gran Maestre a las pocas horas le fallase su viejo corazón. Es decir existe un mayor motivo mucho más capaz de haberle causado la muerte; el haber sabido por boca del Sumo Pontífice que los librepensadores del Norte de los Pirineos serían perseguidos a partir de octubre.
Arnau de Torroja en lo sucesivo, por su voto de obediencia, debió comprometerse formalmente a perseguir a unas personas con las que las órdenes de Sión y del Temple probablemente compartían veladamente unas creencias heterodoxas, que al fin también los hacían a sus misma Orden perseguible. No se debe pensar que los templarios tuvieron una fe simplona; no fueron tan inocentes, porque contactaron con otras fuentes de criterio más amplio y más antiguo. Arnau en aquella audiencia previa con el Papa (que debía esperar como el más féliz encuentro), recibió un fortísimo golpe bajo; y por si era poco, de todo cuanto él ansiaba proponerles como delegado del rey de Jerusalén, ni el Papa ni el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico,
le resolvieron nada de nada.
El pontificado de Lucio, el que fuese antes un pobre monje cisterciese, tan sólo resultó tener renombre memorable por dicho encuentro con Federico I en Verona, cuando éste hizo numerosas concesiones al Vaticano, comprometiéndose a perseguir a los cátaros y a los valdenses. Pero las cosas entre el Papa y el Federico I al poco tiempo dejarían de ir bien, porque a pesar de haber recibido más de lo que concedió, el Pontífice no le dejó coronar a su hijo Enrique IV.
El resto de la delegación, a pesar del contratiempo de representó el fallecimiento de Arnau, y probablemente ignorantes de tan privilegiada como puntual información, continuaron el planeado muy largo peregrinar por los reinos de Europa, sabiendo que ya no contaban con el comisionado mejor dotado para gestiones diplomáticas. Es bien conocido que fracasaron en sus gestiones estrepitosamente, puesto que igual que ante el Papa y el Emperador, ni en la corte de Francia ni en la de Inglaterra se les hizo el menor caso. La comitiva de embajadores regresó -quizá con el cadáver de Arnau- muy desolados. Es de toda lógica suponer que, con una semejante tristeza, los caballeros de Sión y del Temple conocieron la grave noticia de su desamparo, que recibieron junto con los restos de su máximo y auténticamente último Gran Maestre, al que solemnemente rindieron las protocolarias honras fúnebres.
La conmoción de su traspaso llegó pronto al resto de templarios de Europa, acuartelados desde Portugal hasta Hungría, y ni que decir tiene que, por ser su más alta jerarquía, y por ser catalán, se honró su memoria muy especialmente en la Corona de Aragón, donde el rey había sido un buen amigo suyo. Sin duda Arnau de Toronja recíprocamente también admiraba al conde-rey Alfonso II, de quien Arnau quizá fuese su mejor garante a nivel internacional, tal como lo había sido antiguamente de su padre.
La inesperada muerte de Arnau de Torroja una vez más empeoró mucho la relación de las órdenes militares entre ellas, notándose muy especialmente en tierras de Palestina. Su sucesor como Gran Maestre allí, fue un anglo-normando llamado Gerard de Ridefort, nombrado a principios del año 1185, aunque al parecer entre los dos fue nombrado el Gran Maestre Frai Terrico (según el investigador Sans i Travé, actual director general de Patrimoni de la Generalitat, y director de l’Arxiu Nacional de Catalunya).
Fue nefasto el liderazgo de dicho caballero Ridefort, porque llevó a la Orden tan amada por Arnau de Torroja a su más humillante derrota, en gran parte debida a su personal cobardía, porque además de plantear una pésima estrategia de combate, Gerard de Ridefort, aquel día de mala memoria, resultó ser el único que salvó la vida en la batalla. Bajo su mandato las órdenes co- hermanadas de Sión y del Temple se separaron aquel mismo año de forma oficial y para siempre. Se hizo en un solemne acto dentro de los muros del castillo de Gisors (Fr.), simbolizando la dicha escisión con una muy gráfica ceremonia consistente en cortar un olmo de 800 años. Era el año 1188, el mismo en que murió Saladino, lo que me remite de nuevo a Jerusalén.
Cuando en 1185 murió el rey Balduino IV, a la edad de 25 años y sin haberse casado, dejó el Reino Franco sumido en graves discordias, y para colmo militarmente habrían sido casí impotentes si se hubiese dado el caso de ser atacados por Saladino. A Balduino IV le sucedió su sobrinito de 11 años de edad, que fue Rey de Jerusalén bajo la tutela del conde Raymundo III de Trípoli. Éste, en calidad de regente de Balduinito, firmó un tratado de paz por cuatro años con Saladino. Al morir el rey-niño al año siguiente (1186), los partidarios de la guerra eligieron a Guido de Lusignan ( 1186-92), el cual gobernó conjuntamente con la reina viuda Sibila.
También en 1185 Saladino se casó con la viuda del sultán Nuradín y gobernó Siria legalmente, realizando él el sueño que seguramente su antiguo sultán Nuradín había contagiado a su viuda. Es decir, lo que no había conseguido su primer marido, lo consiguió el segundo. Saladino al conquistar Jerusalén no pasó la población residente a cuchillo sin miramientos, como en 1099 habían hecho los cruzados. Él fue clemente con los vencidos, limitándose a pedir rescates por los regios mandatarios francos en fecha 2 de octubre de 1187. (Para este asunto léase: Stevenson, “Brundage”, ps. 159 a 163). Saladino al tomar Jerusalén fue magnánimo hasta el punto de permitir a diez caballeros de la Orden del Hospital que siguiesen allí cuidando enfermos .
En cuanto a la incongruente familia Plantagenet, Ricardo III fue coronado rey de Inglaterra siendo treintañero (1189), después de morir sus dos hermanos sucesivamente herederos del trono. De hecho Ricardo desde los diecisiete años había heredado Aquitania de su madre Leonor (1172). El muy conflictivo rey de Inglaterra fue un personaje de alta talla y larga cabellera rubia, que destacó tanto por ser agresivo como por ser trovador. Se casó con la hija del rey Sancho IV de Navarra. Lo paradójico fue que consiguió ser coronado a pesar de que en vida de su padre había intentado desposeerlo del trono capitaneando rebeliones en su contra con la ayuda de su madre Leonor de Aquitania, cuando ya habiía sido de nuevo repudiada por su segundo regio marido,… aquella vez por serle infiel.
Concluiré esta primera parte dedicada a Arnau de Torroja, remitiéndome a un muy insólito comportamiento del conde-rey Alfonso II, porque el mismo año que traspasó su amigo Arnau de Torroja el conde-rey cedió a los templarios toda la ciudad de Tortosa, a sabiendas que con su tan generosa donación perjudicaba el patrimonio del gran senescal de Cataluña, que era el Señor de Montcada, con quien los templarios no mantenían buena relación. No fue la única muestra de simpatía de Alfonso II por los templarios, pues en beneficio de la canónica de Santa María de Solsona consta que en marzo de 1186 el soberano de la Corona de Aragón, probablemente a fin de dejar constancia para siempre de su agradecimiento por sus amigos y consejeros de la familia Torroja de manera póstuma, el dicho soberano catalán solicitó formar parte de la hermandad de la canónica de Santa María de Solsona, localidad que recordaré una vez más que fue la cuna de Arnau y también la mía,… pero era realmente muy alejada para el conde-rey Alfonso II, porque tal privilegio se debe entender que se lo debía a la canónica de la comunidad religiosa de la Iglesia de Barcelona o a la de Zaragoza.
Falta apostillar que en el siglo XIV los enemigos de los templarios no pudieron aniquilar a toda su Orden, porque su gran flota naval en Portugal y en la Rochele (Fr.), o en la misma Provenza, al ser condenada la Orden en Francia, sus numerosos barcos desaparecieron secretamente cargada con sus tesoros (de todo tipo), para inmediatamente dirigirse a la costa de Escocia, en cuyo país el soberano estaba enemistado con Francia y con el Papa de Roma, motivo por el cual sabían que allí nunca serían perseguidos. (Otros imaginan que, por conocer anticipadamente la existencia del Nuevo Mundo, los caballeros templarios incluso pudieron haber hecho una tan larga travesía mucho tiempo antes de Colón).
Los templarios fueron absueltos de herejía, según consta en un pergamino descubierto el año 2002 por Bárbara Frale. El documento jurídico se extendió en la ciudad de Chinon (diócesis de Tours-Fr.) el día 20 de agosto de 1308, aunque el pontífice Clemente V evitó que fuese posteriormente divulgado debido a la fuerte presión que ejerció el Rey de Francia (de mala memoria) sobre su autoridad, empeñado en quemar vivos al gran Maestre Jaques de Molay y a G. Charney el día 18 de marzo de 1314 ante la catedral de Notre Dame. Escrito en Barcelona por Ramón Ramonet Riu. (C) 27.07.2007
BRUNISENDA DE FOIX (s. XIV): EN VOLER SER ENTERRADA A LA CRIPTA DE SOLSONA. LA PREGUNTA ÉS: QUÉ EN SABIA ELLA DE LA MANI AMAGADA ALS CLAUSTRES L’ANY 1244? I CÓM ES COMPORTÀ EL SEU PARE ENVERS SOLSONA, O ELS CATARS?
Assetjat al castell de Foix, el rei va presentar-se amb un exèrcit. Jaume I el Conqueridor va intentar negociar la pau però el juny de 1272 Roger Bernat III no va acceptar les condicions i finalment es va haver de rendir el día 5 de juny del mateix any i fou empresonat a Carcassona. (PERQUE ERA UN DELS CONFABULATS A SOLSONA.

El rei francès va ocupar el comtat excepte els castells de l’alt Arièja que el rei català va rebutjar entregar, tot i que finalment ho feu el 8 de febrer de 1273.Un any i mig després fou alliberat i va prestar homenatge al rei de França que el 1275 li va retornar part dels seus antic bens; després d’això fou un vassall fidel del rei de França. El 1274 fou l’ànima de la primera revolta dels nobles a Catalunya. ES VA TRASLLADAR A SOLSONA PER OPOSAR-SE AL REI JAUME I.
Roger Bernat III de Foix va seguir negociant el vell litigi d’Andorra, i finalment es va establir el pariatge del 8 de setembre del 1278 amb el bisbe Pere d’Urtx, que va establir la consenyoria D’ANDORRA entre el bisbe i el comte . El 1280 Roger Bernat tornà a revoltar-se a Solsona, gràcies a la seva possició com a baró pel vescomtat de Castellbó, però els catalans del Pere III d’Aragó van aconseguir capturar el comte al castell de Balaguer el 22 de juliol de 1280 i fou empresonat, i llavors va ser el rei francès qui va intentar el seu alliberament al temps que garantia la seguretat al comtat.El 1282 després de les Vespres Sicilianes el Papa va excomunicar al comte-rei Pere i va declarar el regne vacant i la corona oferta al rei de França.
El comte-rei llavors va alliberar a Roger Bernat III a canvi de la renúncia al vescomtat de Castellbó el 1283, renúncia que després, una vegada alliberat, va rebutjar per haver estat aconseguida per la força per un excomunicat i es va unir a les forces del rei de França participant en la conquesta d’Elna el 25 de maig de 1285 i de Girona el 7 de setembre del mateix any 1283 (CIUTAT QUE DEFENSAVA EL VESCOMTE DE CARDONA), i va participar a les negociacions politiques, tenint com oponent negociador a Ramon Roger, germà del comte de Pallars Sobirà. Però una derrota de la flota i la pesta que va afectar a les forces franceses, van provocar una rapida retirada. El rei Felip III de França va morir a Perpinyà el 5 d’octubre de 1285, però Pere III, descendent del rei Jaume I, va morir poc després l’11 de novembre també del matix any 1985.
El 1290 la seva dona va heretar el vescomtat de Bearn. El mateix 1290 els senescal de Carcassona i Toulouse van voler restablir algunes funcions reials abandonades des feia temps al comtat (taxes i justícia principalment), i es van produir abusos i com que el comte si va oposar li foren confiscats dos castells; però la bona entesa amb el rei de França va continuar. L’any 1272 se alià al comte Geraud V d’Armagnac per tal de combatre al senyor de Sompuy, qui demanà ajut al rei de França, prohibint aquella guerra. Com que ambdòs aliats no li feren cas, el rei demanà la presencia del comte de Foix, però aquest es negà a obeir-lo. El rei aleshores s’adreça a Foix amb el seu exercit i posaren setge al castell de Foix (3 de junyi de 1272).
Roger Bernat III se va retre el 5 de juny de 1272, essent empresonat. Atès que el comte de Foix era feudatari del comte de Barcelona per diversos territoris de l’Ariege, el català se negà a donar-li els castells de la seva zona, si bé finalment ho féu en data 8 de febrer de 1273. A finals del mateix any el comte de Foix fou alliberat de presidi a condició de ser fidel vassal del rei de França, qui a canvi le retornà gran part dels seus territoris, pel fet que Roger Bernardo III, padre de BRUNISENDA, l’any 1276 participà a la conquesta de Pamplona, capital del regne de Navarra, essent ell el comandant les tropes realistes franceses, … ignorant els drets legals del comte de Barcelona. DATOS PARA EXPLICAR PORQUÉ FUE ENTERRADA EN SOLSONA
El 8 de septiembre de 1278 se llegó a un acuerdo con el Obispado de Urgell sobre el señorío de Andorra, el llamado Pareatje, que convertía el señorío en un condominio entre el Obispo de Urgell y conde de Foix.
En 1280 participó en la guerra de varios feudales catalanes contra el conde-rey, pero fue sitiado en el castillo de Balaguer y debió rendirse el 22 de julio de 1280. Fue liberado en 1283 a cambio de la ayuda de Foix a las pretensiones catalanas en Sicilia y la renuncia al vizcondado de Castellbó. Una vez liberado el conde rechazó el acuerdo alegando que el rey catalán estaba excomulgado, y se unió a las tropas francesas, participando en la la conquista de la ciudad de Elna (25 de mayo de 1285), y también en el cerco de Gerona (7 de septiembre de 1285).
El conde dirigió las negociaciones de paz, mientras por la parte catalana lo hacia Ramon Roger, hermano del conde de Pallars Sobirà. Pero en el interior una grave derrota de la flota francesa y el avance de las enfermedades entre los franceses les obligaron a replegarse. El rey francés Felipe III murió en Perpiñan el 5 de octubre de 1285, aunque el rey catalán Pedro le siguió poco después (11 de noviembre de 1285).
En 1295 el conde fue nombrado gobernador de Gascuña. Así mismo el rey favoreció (1293) al conde contra las pretensiones quizás excesivas del funcionario real de la zona, el senescal de Carcasona y decisivamente en 1295 cuando el rey de la corona catalono-aragonesa le hizo devolver dos castillos confiscados.
En 1290 murió Gastón VII de Bearn, y le sucedió su hija Margarita de Montcada y por tanto su esposo Roger Bernardo de Foix. Mathe o Mata, hermana de Margarita y esposa de Geraud V de Armagnac, habían impugnado esta sucesión y se había hecho un testamento en favor de otra hija, Guillerma de Montcada, que no se tuvo en cuenta; Mathe impugnó la sucesión en 1293 y estalló la guerra entre Foix y Armagnac que persistirá hasta 1377.
Guillerma de Montcada vendió sus derechos sucesorios al rey Jaume II, conde de Barcelona. El conde de Foix decidió atacar territorio catalán, pero murió cuando se encontraba en Tarascon-sur-Ariege el 3 de marzo de 1302. Fue enterrado en la Abadía de Bulbona. MÁS INFORMACION ACERCA DE DONA BRUNISENDA
Fue la quinta hija del conde Roger Bernardo III de Foix tambén vizconde de Castellbó y de Cerdañá Allí Roger Bernardo II sucedió a su padre Roger IV (I) en 1265. R. B. III de Foix Casà amb Margarida de Montcada, vizcondesa de Bearn, de Marsan, de Oloron, de Brulhes y de Gabarda o Gabarret, condesa de parte de Bigorre y señora de Montcada, con la cual tuvo cinco hijos. Margarita + 1324, fue esposa de Bernardo IV señor de Ille Jourdan. Constanza ( que murió el año 1332), fue esposa de Juan I de Levis, señor de Mirepoix.
Mata (+ en 1294), esposa de Bernardo IV conde de Astarac, y luego esposa de Gastón I, sucesor en el condado y vizcondados. Su última hija fue Brunisenda de Foix, fallecida en 1339, que fue esposa de Elías VII de Talerand, conde de Perigord.
El viconde R. Bernat III de Foix tuvo también un hijo bastardo llamado Arnaldo, que fue Obispo de Pamiers.
DONA BRUNISENDA DE FOIX FUE ENTERRADA EN SOLSONA, al conservar aún ella el secreto traslado de la MANI càtara a los altares de la iglesia. ALTRES RETALLS INCLOSOS AQUÍ PER A FER RECERCA
En 1293 els senescals reberen l’ordre de parar els abusos, i el 1295 fou nomenat governador de Gascunya i li foren tornats els dos castells expropiats anteriorment. El 1293 el comte Guerau V d’Armanyac, casat amb Mata, germana de Margarida de Bearn, va reclamar la successió al Bearn i va iniciar-se una llarga guerra de 75 anys. Guillema, altra germana de Margarida, va cedir l’abril del 1300 els seus drets al rei català Jaume II. Quant el comte anava a combatre contra el catalans, al passar el coll de Puimorens, va morir a Tarascó el 3 de març del 1302 i fou enterrat a l’abadia de Bombona, a la banda nord dels Pirineus que actualment és terra francesa.
El comte va tenir un litigi amb el Bisbe de Pàmies Bernat Saisset. Aquest va denunciar al rei Felip IV de França que el comte era el cap d’una conjura llenguadociana preparada a Toulouse per rebel•lar el país i proclamar-ne rei a Roger Bernat. L’acusació es va demostrar falsa i el bisbe va provocar un incident diplomàtic entre França i el Papa, i va ser l’origen del Gal•licanisme. També va donar suport a sa cunyat Arnau I d’Espanha vescomte de Coserans, en les seves pretensions al comtat de Pallars.
Roger IV de Foix-Castellbò fue derrotado en Balaguer en 1280. Fue liberado en 1283 a cambio de su ayuda a las pretensiones catalanas en Sicilia y la renuncia al vizcondado de Castellbó, aunque lo incumplió y en 1.185 ayudó a los franceses en la toma de Elna y Gerona, pero una oportuna derrota de la flota francesa y una epidemia entre los atacantes les obligaron a replegarse. El rey francés y el conde-rey catalán coincidieron en morir aquel mismo año, evitándose así la ocupación catalana de Foix.
En 1295 Roger IV fue nombrado gobernador de Gascuña, pero en 1295 el rey hizo devolver dos castillos confiscados.
En 1290 murió Gastón VII de Bearn y le sucedió su hija Margarita de Montcada y por tanto su esposo Roger Bernardo de Foix. Mathe o Mata, hermana de Margarita y esposa de Geraud V de Armagnac, habían impugnado esta sucesión y se había hecho un testamento en favor de otra hija, Guillerma de Montcada, que no se tuvo en cuenta;
Mathe impugnó la sucesión en 1293 y estalló la guerra entre Foix y Armagnac que persistirá hasta 1377. Guillerma de Montcada vendió sus derechos sucesorios al rey Jaume II, conde de Barcelona. El conde de Foix decidió atacar territorio catalán, pero murió cuando se encontraba en Tarascon-sur-Ariege el 3 de marzo de 1302. Fue enterrado en la Abadía de Bulbona. CARA HUMANA DE MONTSERRAT: EN FOTO DE SATÉLITE —– ZONA CON EL PÁRPADO DE SU “CARA”
Aunque el lector quizá quiera saber acerca de la montaña de Montserrat, no me impongo la necesidad de repetir lo que en todas partes consta ya escrito, por lo cual paso directamente a mis descubrimientos.
Esta nueva e insólita imagen de ROSTRO configurado por toda la sierra de Montserrat en Cataluña, es mucho más que una curiosidad. Representa un reto para la humana razón. Los psiquiatras de siglos pretéritos etiquetaron fatalmente el tan universal como eterno fenómeno de la mente humana de ver imágenes de rostro en diversas formas rocosas naturales. Con ello, a pesar de reconocerlo inherente al alma humana, lo desacreditaron tanto que nadie se arriesgó a publicar nada serio para hacer progresar dicha vía de estudio y tan sólo interesaron los más graves desvaríos de la mente. El necesario estímulo a mi me llegó precisamente por valorar en su justa medida el óptimo aspecto figurativo de la foto de la sierra montserratina que presento renovada. En este sentido, yo soy cual el badajo que hace sonar la campana para que se atienda debidamente a su nueva perspectiva de generosa inmensidad.
Más difícil me sería pretender convencer de que la sierra de Montserrat incluso podría tener memoria. En cualquier caso, mi presentación es seguro que tendría mucha mayor repercusión mediática si pudiese presentarla en una holografía. En el peor de los supuestos, habré gozado de mi ingenio creado ilusiones deseables, sabiendo que son cual velos que ocultan lo inescrutable al conjugarse divinamente en Montserrat la ciencia con la fe. La imagen del ser humano esculpido en la dura roca de la sierra de Montserrat, al revés de los templos construidos por las personas, no se erigió gracias a la fe,…ni tampoco serán los recursos de la humana razón lo que evitará que se caiga, por todo lo cual hay que considerarlo una maravilla pétrea ajena a nuestra dimensión. Como los orientales saben mejor, se trata de dejarse conquistar por una especial montaña. Después seguro que entenderemos que las personas NO tenemos derecho moral para interferir en los procesos básicos del planeta.
Estudié las tesis referentes a dichos desvaríos mentales en los manuales de psicología, y a ellos hoy puedo añadir mis experiencias personales confiado en que con mi esfuerzo habré de conseguir defender que: ver formas de rostros, es una facultad natural más y debe de servir para algo positivo, porque en la prehistoria dieron buen resultado tales providenciales “ayudas divinas”. Puedo vaticinar que los seguirá proporcionando, pues no creo que la aparición de un tan sorprendente rostro sea en vano, dado que aparece justo cuando puede ser visto por cuantos afortunados, previamente advertidos, determinado día y hora del año sobrevuelen la más elevada vertiente sur de la sierra de Montserrat.
A pesar de mi descargo inicial, tampoco negaré que particularmente reconozco tener “rarezas”, siendo la principal que en los programas de televisión por más que lo busque, no soy capaz de “ver nada”, y mucho menos cuando juegan al fútbol. Es decir, que de la programación diaria tan sólo aprovecho algunos documentales; …Porque algunas noticias tampoco me merecen demasiado crédito. Para colmo, me reconozco incapaz de ver el perfil de animal alguno configurado por las estrellas, según informan los doce signos del zodiaco.
Con motivo de visitar el nuevo Museo de la Ciencia de Barcelona, observé las diversas fotosatélites pisables de Europa, incluyendo, bastante grande, la visión desde el satélite de la sierra de Montserrat (en el pavimento sintético cerca de la entrada). Tiene allí un aspecto mucho más enfadado que en la foto publicada por mi en 1990. Para colmo de las casualidades, al ampliarla en el PC, advertí que incluye la forma del párpado humano bien proporcionado en sus medidas colosales. Es decir, esta CARA humana de las fotosatélites de la sierra de Montserrat yo mismo la he visto crecerse ante mis ojos al cabo de tres décadas de haberla descubierto. Lo merecí por mi empeño en seguir el rastro de un primer aviso de perfil sobre Montserrat, observando una pequeña maqueta de museo hecha en el alño 1919, la cual ni tan sólo se hizo exactamente a escala proporcional. Nunca antes lo había advertido nadie. Yo fui el primero, porque nunca antes se buscó imágenes de rostros tan enormes en parte alguna. En cambio,yo no le pongo límites a la “voluntad divina” porque creo que nuestras “fronteras” son más de orden mental que físico, superándonos según seamos estimulados por nuestra percepción externa,…y la particular capacidad de imaginación.
Incluso los más complicados laberintos parecen fáciles cuando pueden ser observados desde un privilegiado punto de vista, como para mi lo es siempre el procurarme tener de básica referencia el diseño de la “Estrella de David” con seis puntas. Dichas estrellas las encuentro incluso repetidas en el planeta Marte.
Como si fuese la “Estrella del Pesebre”, se podría pensar que a los planetólogos, para poder ellos descubrirla en Marte, les faltó humildad. Se exige humildad,…como la del pobre buceador que se sumerge confiando emerger de las aguas con alguna perla ¿A cuantos su orgullo les presenta lo más simple como algo engañoso? A los científicos de la NASA les aguardan aún muchas sorpresa por descubrir, tanto allí como en nuestro planeta, al cual vuelvo ya para dar sentido a la CARA humana de Montserrat.
Más que una simple realidad geográfica, nuestra montaña es un espacio mental de renovado renacimiento, pues abraza nuestra actualidad con la espiritualidad. Con su nueva imagen de rostro humano, sobrenatural, hará posible que dispongamos de nuevo -como los prehistóricos con sus monumentos dolménicos- de un espacio de diálogo permanente entre el cosmos y el individuo. Tan reflexiva imagen de varonil rostro se erige como indiscutible “Centro de Mundo”, donde lo sagrado se manifiesta de forma total a cada consciencia.
Mediante la dicha imagen nuestro planeta avala su profundo sentido, y los espíritus vulgares que no lo duden, les conviene entender que, con su estrechez de miras, no merecen tener destino alguno. Ciertamente, la fe y las creencias no son vías idóneas para adquirir conocimientos, no obstante es cuestión de tiempo que se acepté esta inmensa imagen de varón circunspecto, porque es un mito capaz de cohesionar toda la Humanidad, empezando por reforzar la identidad de cuantos vivan a su entorno. Voy a poner un ejemplo: En Antequera (provincia de Málaga) una solitaria peña con forma de perfil de rostro, a lo lejos parece mirar al cielo. Con los siglos el mayor de los dólmenes “Cueva de Menga” (con un pozo de 20 metros en el fondo, de otros tantos de corredor), está enfocado justo a sorprendente perfil. El fenómeno no es ajeno a que dicha ciudad -que hoy cuenta casí con 50.000 habitantes- tenga 33 iglesias.
Los pocos que se crean libres del lastre supersticioso que todos arrastramos después de milenios de evolución, psicológicamente no pueden creerse más afortunados, pues a nuestras neuronas les conviene más reflexionar ante una ventana que ante un espejo. En cualquier caso, es lícito buscar explicaciones alternativas, en base a la propia experiencia, siempre que sea posible. Para ello recomiendo leer: ONUTORO, la “SEGUNDA PARTE” de mi investigación particular titulada “Estrellas de Marte”, de la cual presenté varias síntesis en Internet.
Gracias a las fotos de satélite de la reunión de cimas de Montserrat (10 x 5 Km.), tan apretadas como esbeltas, se confirma la realidad de una imagen sobrenatural de rostro depositando en la forma física del paisaje. Lo hacía preveer el panteismo inmanente de miles de generaciones de nuestros ancestros que vivieron a su alrededor creyendo que toda la montaña era una divinidad. Al haberse superado la tradicional sacralidad de Montserrat, adivino que a partir de nuestro siglo florecerá una nueva forma de espiritualidad, pues incluso sin la sorprendente perspectiva de perfil humano gigantesco que le descubro, todo el conjunto rocoso ya era considerada un triunfo del ancestral panteismo.
El primitivo nombre de Montserrat pudo haber tenido la misma raíz que sabemos en el monte OLimpo de Grecia, según defendió el investigador Jorge María Rivero San José al exponer una migración de los peninsulares hacia el Mediterráneo oriental. Es decir, mucho antes de la bélica invasión celta de Grecia, ya algunas poblaciones catalanas fueron bautizadas adoptando algunas letras del dicho topónimo OLimpo el cual, considerando que era morada del dios Zeus, sigue siendo la montaña más mitológica de la Grecia clásica (allí donde, por cierto, los muy belicosos y sanguinarios guerreros almogávares catalano-aragoneses también se impusieron).
Las primeras similitudes del primer topónimo de Montserrat efectivamente hay que buscarlas en las poblaciones más próximas a la montaña santa catalana, y está incluido en parte en: OLesa y MonistrOL, pero también OLérdola, PierOLa, GuardiOLa, OLivella, OLiveró, QuerOL, ArgençOLa, CodOL, CastellOLí, etc., admitiendo, claro está, que pueda haber excepciones.
Cuando yo mismo estudié los orígenes del monasterio ampurdanés Sant Pere de Roda (en el Cabo de Creus-Gerona), ya advertí que se repitió la dicha influencia catalana en el otro lado del Mediterráneo, porque el topónimo RODA no podía proceder de la colonia griega Rhodes (además rodon significó allí rosa). RODA, al igual que ROTA, provienen de la rueda, o sea la útil noria para elevar agua. Por ejemplo, junto al río Ter, en la comarca catalana de Osona, la parroquia de l’Esquerda (núcleo del pueblo Roda de Ter), la primitiva iglesia sobre vestigios ibéricos fue llamada también Sant Pere de Roda desde el siglo XI.
Por cierto, en el Museu de Gerona se guarda un gigantesco tapiz que, siendo del siglo de más pujanza del dicho monasterio y dada la sabia y piadosa simbología que incluye todo en base a un gran círculo, no pudo haberlo mandado decorar, ni tan siquiera confeccionar, nadie más (ni que hubiese sido todo él liso y monocolor), porque nadie en aquella zona tampoco habrían tenido dinero suficiente. Aún así, resulta insultantemente para el raciocinio, que aún hoy no se admita que fue una obra fruto de la extraordinaria devoción por el Príncipe de los Apóstoles que los monjes de Sant Pere de Roda sintieron con muy fundados motivos. VERTIENTE NORTE DE MONTSERRAT CON ESCULTURA NATURAL DE TORO DESAFIANTE
En el saliente rocoso de la zona norte de Montserrat se conforma una escultura natural, resultando un perfil que se asemeja al de un TORO desafiante visto desde el rellano ante la iglésia románica de Santa Cecilia de Montserrat, sobre la que hago remontar la veneración del toro en forma de dólmenes megalíticos en proyección hacia el NW. hasta llegar a Islandia -a base de milenios- porque era una creencia muy vigorizante (Cuando no podían seguir se desviaron para continuarla). Cualquier tipo de cornamenta en tiempos antiguos evocó especialmete en los bóvidos de mayor envergadura, una clara idea de fuerza y poder; pero cuando ésto se aplica al poder regenerador de la tierra-madre lógicamente se tradujo en abundancia y fecundidad. Además, particularmente creo que las preguntas al respecto de nuestra evolución han estado muy mal planteadas ¿Acaso las neuronas de cuantos habitaron al entorno de Montserrat en la prehistoria les incapacitaban para emigrar como al resto del mundo? Es muy absurdo seguir hacer caso a los historiadores del otro lado del Mediterráneo cuando se trata de indagar lo acontecido en la Europa occidental milenios antes de que ellos nacieran.
Las culturas clásicas no fueron las únicas capaces de encontrar óptimas perspectivas simbólicas a determinados paisajes. De nuevo éstos que presento en foto de satélite de la montaña de Montserrat nos orientarán para evolucionar en nuestro camino interior individual, siendo capaces de ofrecernos respuestas válidas para poder superar la eternas congojas del natural trayecto antropológico, como por ejemplo: la vida, el tiempo, o el más allá. De esta humanización del paisaje que propongo, brotará la fuerza que la Humanidad necesita en su ascensión humanística, independientemente de las consabidas fórmulas religiosas. Nos ayudará para la propia iluminación porque la visión de Montserrat en su plenitud descubre nuestra identidad más íntima. Es el lugar donde el hombre primordial se revela capaz de vencer las tinieblas, y allí donde nuestro interés y actividad nos esperanzan para dar mejor vida al planeta y a nosotros mismos. Pero que no desanime una aparente contradicción: el alma conocedora de su origen y destino, escapará del cuerpo físico al caer agotado por las trampas de este mundo,…al cual, antes incluso, ya habrà menospreciado.
Estoy entre aquellos anticuarios aventureros que antaño corrían todo tipo de peligros en países exóticos (ya fuesen tras templos o tribus de bosquimanos), y los actuales arqueólogos de rígidas normas, en cuyas financiadas misiones se comportan cual músicos ante una partitura, pues a pesar de ser licenciados trabajan orquestalmente teniéndolo todo previamente sondado, codificado, tematizado, etc., de forma que no les queda margen para el riesgo y menos para la imaginación (Lo que yo más les agradezco actualmente son sus bonitas virtualizaciones en 3D). Ven mis defectos, pero no los suyos, pues: sabiendo sólo de arqueología, ni de Arqueología saben.
Mi defensa de diversos lugares con imagen de perfil de rostro pretende renovar la elevación de la escala humana a la divina en las alturas de una forma que no consiguieron ni las estupas budistas ni las muy diversas pirámides del mundo antiguo y cuyos anhelos evidencian sus descomunales proporciones. Las montañas son mucho mayores, y lo consiguen satisfacerlos de una forma que va más allá de los fundamentalismos religiosos e ideas evolucionistas porque, empezando por mi mismo, después obtuve una superior idea de la divinidad, la cual ya me es ridículo verla acondicionada dentro de un arca como en mi juventud me fue presentada. No trato de incrementar la compleja realidad de nuestro mundo cotidiano, pues por mi propia evolución hoy soy mucho más capaz de admirar la belleza de las cosas sencillas, las mismas que debieron sentar las bases del primer “arte” reconocido. Digo lo que creo, sin aspirar a complacer a nadie ni desear hacer discípulos. Una cosa sí afirmo: El conocimiento debería ser objetivo común de científicos y humanistas, tal como lo fue inicialmente, antes de su divorcio. En cambio ambas disciplinas han sucumbido al muy rentable entretenimiento de la audiencia. La TV hubiera podido ser un muy enriquecedor invento para toda la Humanidad. En este sentido es un negocio perdido,… dejando a parte su deplorable aspecto de desinformar y manipulación de masas. Para evitar que se lucren a mi costa, no me cansaré de repetir: Todo lo que se haga en nombre mío deberá hacerse sin ánimo de lucro, excepto para las exigencias legales, o para proveer las del mantenimiento de mi propia Fundación.
Para expresar la realidad compleja del universo, el cielo pudo convertirse en un temible animal, del mismo modo que los danzantes del ritual también pudieron metamorfosearse más allá de las máscaras que llevaban, las cuales no tenían relación con nuestra idea del arte (cada tótem fue una “bestia-espíritu” para nuestros ancestros de todo el mundo).
Aparte de la montaña de Montserrat, los chakras secundarios de la Tierra están localizados en los montes: Fuji (Tokio-Japón); Denali (Alaska); Batur (Bali-Indonesia; Table (Ciudad del Cabo-Sudáfrica); y Olimpo (Grecia). Cada uno tiene su propia peculiaridad y funciones distintas, tal como sucede con los chakras el cuerpo humano. Ahora bien, de todos ellos, Montserrat es sin duda el más espiritual, tanto que se nos ha manifestado visualmente con toda claridad a lo largo de los siglos, por lo cual, todas las demás montañas sagradas, incluido el muy famoso Monte Shasta (USA), el Huan-Shan, o el Tai-Shan (ambas en China oriental), no pueden compararse ni remotamente con la montaña de Montserrat en Cataluña.
Todos los montes pueden servir, más o menos, tanto de “puente” como de “brújula”, metafóricamente hablando, pero sólo Montserrat reclama la atención de la Humanidad con ánimo renaciente. No sólo evidencia mucho mejor el espacio y el tiempo, sino incluso el propio centro ontológico de cada persona, ya que remite sin rodeos a la clave de la existencia en una “Tierra pura”.
Además, ningún otro símbolo demuestra mejor que esta CARA humana su relación con aquello que representa; y ello acontece en las altas cimas múltiples de Montserrat que siempre antes ya se miraban cual síntesis del mundo espiritual y joya verdaderamente mística de la Naturaleza. Su visión ensancha el alma del quien la contempla haciendo que la emoción sin ningún pudor supere a la razón.
Cada rostro humano informa mucho de lo que cada persona lleva en mente. Al escrutar esta nueva inmensa imagen de faz, cuyo perímetro total es de 25 km., por fin el mundo tiene una garantia visual -nunca antes detectada, aunque intuida- de que a nuestro alrededor existe una dimensión superior a lo puramente físico, la cual nuestros ojos no pueden captar. El Creador de los universos tanto visibles como invisibles no es nada físico, por lo que en vida nosotros sólo podemos “hacer bien los deberes” para merecerle alguna consideración. Por otra parte, si Dios se hizo hombre también pudo haberse hecho montaña.
Este inmenso ROSTRO consigue que cada persona que medite un poco su aparición, se sienta también más grande. Sucede así porque es una imagen que insiste en la gran realidad que representa cada rostro humano,… el gran paisaje que todos tenemos en común, el cual en nuestra edad madura adoptará el aspecto que seguro nos merecemos, sustituyendo la cara que nos dio la vida.
Disponer de muchos datos y referencias no significa tener más sabiduría. La grave actitud de la nueva imagen de rostro que presento de la sierra de Montserrat no la ofrecerían los mejores mapas, ni tampoco las mejores cartografías que los especialistas del futuro puedan obtener gracias a la neogeografía. Sólo se podrá gozar de esta visión desde el corazón. Las personas al valorarla, le concedemos cada uno diferente importancia porque en estos casos nosotros somos lo que la “piedra de toque” es para los joyeros.
A los primeros dioses, después de adorar el cielo y sus astros, se los veneró por su gigantesca forma, dado que la potencia física fue su principal valor tribal. En la India de hace más de 5000 años al dios Varuna lo describieron en el “Atharva-Veda”, no sólo como el intendente entre los mundos, sino también como a un Ojo que todo lo ve. Curiosamente fue asimilado a un bóvido como debió de suceder entre los no menos ingénuos sabios prehistóricos asentados en la vertiente norte de Montserrat. Aquel bóvido, que era símbolo viviente del dios Varuna, era el verdadero fecundador de la tierra porque la lluvia era su sagrado esperma.
Aunque creamos que el “Monte Perfecto” deba ser descubierto en nuestro interior, haré la presentación de este fenomenal ESPACIO COMÚN, pues tal descubrimiento es la más digna parte de mis diversas investigaciónes. Me atrevo a ello porque creo que la CARA HUMANA DE MONTSERRAT quiere darnos un mensaje apocalíptico: Dejando aparte los resentidos sociales (los que protagonizan cada día vergonzosas noticias de sucesos), la mayoría de buena gente después de milenios de procurarnos bienestar, ya somos inconscientes de violar las leyes de vida básicas del planeta que nos sustenta, por lo que genéticamente estamos insensibilizados. Si el propio planeta no se manifiesta para hacernos reaccionar y evitarlo …Llegaremos a esterilizarlo. Ahora no puedo ver quemar un neumático sin sentir verguenza ajena, pero antes yo no era así. También he cambiado en otros aspectos. Puesto que después de varias décadas de esforzarme en dar este fenómeno a conocer no he recibido alabanzas ni críticas, actualmente es para mi una satisfacción pensar que pueda seguir siendo mucho tiempo su único defensor …Y también me considero su muy hornrado custodio, convencido como estoy de la trascendental utilidad de este inmensa imagen de ROSTRO humano, porque soy capaz de intuirle en un futuro el mayor protaganismo a nivel mundial.
La señal en su frente se corresponde físicamente con el monastrio benedictino el cual sobre la foto de satélite se traduce en un punto de nuestra frente en la cual nuestra mente se activa más cuando se nos exige retrotraernos a tiempos pretéritos; …y en caso de un sincero enfado bien justificado entonces, además de hacernos proferir insultos, incluso es susceptible de puntualmente hacer elevar un bultito en la frente del afectado, justo encima del espacio entre ambas cejas. Siempre indagué que realidad física pudo crear semejante CARA en el Alto Montserrat, y qué intuición hizo situar -hace ya un milenio- el monasterio de Santa María en aquel exacto punto donde hoy hace que todo su entorno aparezca en las fotos de satélite cual un “Tercer ojo” centrado sobre la frente de un ROSTRO HUMANO de 10 x 5 km.. Esto último hoy lo sé:
Sobre el privilegiado rellano de la plaza, ante el monasterio, las verticales piedras se aprietan de tal modo que, sobre las construcciones modernas resalta una figura antropomorfa sosteniendo a otra de menor. Para detectarla, juegan -como siempre- luces y sombras, así como el ángulo visual del observador. Es la foto central arriba de este grupo, que incluye además entre mis más apreciadas investigaciónes, como son: la CARA DE GIZA cerca de la famosa Esfinge de Egipto, y las esculturas inéditas de TORO que me permitieron dar una nueva perspectiva a la existencia ancestral de los dólmenes megalíticos. No olvidemos que el toro en todas partes fue venerado,…incluso en Egipto, donde simbolizó tanto al dios como al faraón.
Sólo faltó un paso para identificar sobre el monasterio de Montserrat aquel esbozo con el perfil de una Virgen con su Hijo, para quienes hacían vida cristiana en la actual ermita de San Miguel, antigüamente la principal de Montserrat. Se lee en: “Voyage pittoresque et historique de l’Espagne” (Tomo I; 1ª parte, p.13), del francés Alexandre Laborde, quien hizo magistrales grabados después de recorrer Cataluña a comienzos del siglo XIX: Las ideas religiosas de Montserrat están en armonía imposante con la grandiosidad de la naturaleza”.
GIZA, EN EGIPTO: ENORME ROSTRO EN FOTO AEREA
Ante la perplejidad de la gente por mi descubrimiento de una sorprendente imagen de rostro humano sobre un montículo arenoso de la meseta de Giza (para mi la menor de cuantas formas de cara he descubierto en fotos aéreas), supongo que de mi pensarán, por haberlo divulgado, que soy un oportunista y que, culturalmente hablando, pretendo “convertir la arena del desierto en oro”. Ello es cierto, pero al modo como tantos innovadores antes que yo obraron, más que para beneficiarse ellos mismos, en beneficio de la sociedad en general. Sus inolvidables ejemplos me dicen que justamente fue la incredulidad de sus contemporáneos lo que mejor acredita su creatividad.
Todos los nuevos descubrimientos son, a veces incluso traumáticos llegada la hora de aceptarlos,… aunque luego cueste también de dejarlos de lado. Unos prefieren ignorarlos y otros los estudian porque aman el progreso. Puesto que ahora se trata de dar el “visto-bueno” a unas enormes imágenes de rostro que parecen haber sido esculpidos por una superior inteligencia, mi actitud es hacer evidente mi buena fe al darlos a conocer. Pero este no es mi verdadero objetivo. Procuraré dar “vida” a la imagen de rostro sobre la arena e incluso intentaré con todas mis fuerzas dotarla de un alma. Otra cosa será explicar que su formación fuese obra de la voluntad humana, porque en caso de ser casual sería aún mucho más prodigioso.
Ni esta investigación ni ninguna pueden resultar divertidas de leer, pero procuraré intentarlo y para ello empezaré desmenuzándola en breves capítulos, apoyados por series de imágenes, de forma que cada uno pueda dar una idea de lo demás. Me obligo con ello a ser reiterativo, pero dada la complejidad de las divinidades y sus funciones puede que sea también de agradecer no tener que leerlo todo de una vez. Aparte de lo que el título proclama, aportaré opiniones que permiten considerar una religión precozmente monoteísta en el Antiguo Egipto, precursora de las grandes religiones posteriores, de las que vale decir que son por igual un hecho tan universal como íntimo. En efecto, y cual un prisma de mil caras, todas las religiones tienen algo en común que es el propio prisma, y puede ser entendido cuando superamos las capillitas en que la familia humana está dividida.
Además de la novedad que representa un rostro allí, en el plano físico también trataré de evidenciar las grandes posibilidades de la existencia de un mundo subterráneo en la colina Gebel Ghibli vecina a la Esfinge. Es la gran olvidada de aquel sector. Asimismo rescataré de un muy injusto olvido a la más gran reina, una sacerdotisa y noble que fue cual una bisagra viva entre la más prestigiosas dinastías de aquel antiguo país.
En lo referente al nuevo rostro descubierto, quienes buscaron configurarla en un muy preciso emplazamiento cerca de la Esfinge de Giza y luego moldearon la superficie de la arena con una imagen de aspecto inteligente y optimista, me obligan a suponer que debajo del suelo construyeron también espaciosos túneles, quizá semejantes a los que existen cerca de las pirámides desmoronadas de Abusir. De todo ello espero haber rehuido testimonios escritos suficientes de la antigüedad, los cuales si bien han permanecido indescifrables a lo largo de muchas generaciones es evidente que pasaron a través del rey Salomón hasta las órdenes militares medievales que en Palestina hicieron méritos para ser custodios de iniciáticos secretos.
Me referiré a rostros detectados por fotos aéreas sobre lugares especialmente sagrados del mundo. Son sólo reconocibles desde el aire y desde un determinado ángulo visual cuando están debidamente iluminados. En mi opinión sería aún más inverosímil creer que son fruto de las fuerzas de la Madre Naturaleza puesto que debe de tener un “alma” más poderosa que cualquier persona, según leo que se vuelve a divulgar, puesto que incluso se le atribuyen los misteriosos círculos en las cosechas. En tal caso sería comparable a cuando los primitivos, no teniendo idea de la existencia de la electricidad, atribuían sus efectos a milagros divinos.
Ante el nuevo rostro de Giza asistimos al despertar de una ciencia desconocida, cuyas consecuencias somos incapaces aún de entrever en el mundo de las ideas, porque todo depende de su desarrollo positivo y la utilidad que les sea asignada en el futuro. Intuyo que al ocuparnos de una imagen de circunspecta cara que tiene por condición ser resaltada por el ángulo de incidencia de los rayos del sol al iluminar las arenas de Giza, ofrece una nueva vía para el redescubrimiento de los valores sociales más eternos y fiables, empezando por admitir que en nuestro entorno cotidiano existe un superior nivel espiritual intangible pero que se puede manifestar.
Las reglas del arte egipcio no han de impedir el reconocimiento de tan sofisticado arte, pues la tal “escultura” puede ser anterior a todo lo conocido. Por otra parte, opino que quien la crea tan sólo fruto del puro capricho de las emanaciones telúricas de la Tierra, aún la debería de apreciar mucho más. Algo hay de cierto: Una foto la ha inmortalizado.
El tiempo es un factor que importa mucho, empezando por advertir que el dicho lugar ha podido permanecer milenios inalterable mientras que a pocos metros en todo su alrededor se ha removido tantísimo el terreno, ya fuese para enterrar o para hacer excavaciones. Existe un tiempo sagrado e indestructible que está fuera del curso de las civilizaciones. En cualquier caso, aquí estoy para tratar de dar vida a un rostro mudo pero elocuente en varios sentidos.
Ante lo que para muchos no pasará de ser un montón de arena, al menos deberían admitir que, por ser sólo arena, ya representa aquello que habiendo sido, hoy no existe. Es como aludir a lo que nuestro mundo actual será cuando deje de ser lo que es. Es una cuestión de tiempo que sea un pasado perdido. Bueno es tener raíces, pero más aún tener alas. Ahora bien, aquel que tenga alas para volar y no las use, será “gallina”, porque hay situaciones como esta en las que debemos rastrear todas las ruinas de la memoria común y entonces se encuentra lo que nadie se imagina. He aquí mi invitación a la superación personal (sin relación con lo económico).
Al SE. de la Gran Pirámide, se aparece este fenoménico rostro en visión aérea. La foto de procedencia Stern, existe desde mediados el siglo XX, siendo muy divulgada en publicaciones especializadas de gran formato. No se detectó, con anterioridad por un motivo bien fácil de entender, y es que, por increíble que pueda parecer, nunca nadie la había buscado; afortunadamente yo si tuve la dicha iniciativa.
Un fenómeno semejante a la aparición del nuevo rostro humano de Giza dibujado por la evolución solar se produce en la gran pirámide-templo maya de Chichén-Itzá (Yucatán). Cada equinoccio el sol poniente (Tum) allí también hace resaltar en el más bajo de sus 91 peldaños: la cabeza en piedra de una serpiente. Con tales fenoménicas cabezas, los mayas simbolizaron el período que vivió en la tierra su dios Kukulkán antes de regresar al cielo. Tal sutileza les exigió un alarde de observación, planificación, ejecución, técnica y “know-how”, todo lo cual es muy difícil admitir que fuese fruto de la humana evolución en aquellas latitudes. LA ESFINGE SALUDA AL SOL EQUINOCCIAL
Obligado paso previo fue informarme acerca de las esfinges. En Egipto tuvieron su apogeo durante el Imperio Medio y llegaron a ser readaptadas por las culturas clásicas. Las esfinges presentan normalmente un cuerpo de felino agazapado con cabeza erguida de hombre entre mesopotámicos e hititas, así como entre los pueblos mayas de la antigüedad, si bien las puede haber también, con cabeza de hembra, como en Grecia. Si tienen cuerpo de toro, no son esfinges.
En el Museo de Asuán, en el sur de Egipto, se conserva un huevo de avestruz decorado exteriormente con el río Nilo al pasar por delante de las tres inconfundibles pirámides alineadas de Giza. Lo sorprendente es que su antigüedad se ha calculado por los estratos donde fue encontrado que se remontaría a unos 10.500 años. Aunque parece una exageración hay otro detalle de las mismas pirámides que el investigador Bauval ha confirmado por la posición de los tres astros del llamado “Cinturón de Orión”. Aquí me referiré exactamente al ángulo de 172º de las tres citadas pirámides que sólo coincide con el que tuvieron las dichas estrellas de las mismas proporciones y alineadas nada menos también presentaban hacia el año 10500 a.C..(actualmente su ángulo es de 181º). Demos tiempo a los expertos que están en nómina de los grandes centros de investigación para que lo reconsideren.
La tan grandiosa y famosa de Giza está en contradicción con el tiempo que se ha datado, (o sea 1,04 m.) porque entonces sería el 2500 a.C., dominando el firmamento la constelación Tauro. Antony West demostró, empleando programas de informática, que el punto venal de Egipto en primavera la constelación Leo se remonta al 10500 a.C. En Tassili (hoy desierto del Sahara libio), hay pinturas rupestres de carros egipcios del año 8.000 a.C. ¿…cuando Egipto aún no existía?
En 1956 se descubrió en Saqqara la entrada a una tumba, aún inviolada, dentro de la pirámide de Sekhemket. Para proceder a su abertura se reunieron allí grandes autoridades y muchos periodistas internacionales, dado lo insólito del hallazgo pues todos esperaban poner al descubierto los fabulosos tesoros de su interior. Pero sucedió que, como en tantos otros sarcófagos, no había nada dentro. Estaba vacío ya que una vez más tan sólo se trataba de un cenotafio.
Los espacios subterráneos en Egipto permanecen en su inmensa mayoría ignorados en su subsuelo a lo largo de curso del Nilo actual y probablemente también en el que tuvo antes de ser modificado. No obstante una muestra de aquel furor constructivo bajo tierra se puede admirar en el llamado Serapheum, unas galerías de varios kilómetros y laberínticas con 22 tumbas gigantesca clavadas en el suelo a modo de tapón, las cuales también aparecieron vacías. Lo seguro es que tanto trabajo subterráneo no se emprendiese sin la intención de desarrollar allí algún inimaginable proceso energético físico/químico, el cual humildemente debemos reconocer que todavía resulta incomprensible para nuestro actual estadio de saberes científicos. Es evidente que con tan grandes construcciones conmemoraban un acontecimiento miles de años más antiguo, de mismo modo como los templos católicos remiten a la vida y pasión de Jesucristo. Durante la IV Dinastía la Gran Pirámide se la consideraba Guardiana del Cementerio Real capaz de inspirar terror a los profanadores de tumbas por dimanar de la escultura un poder religioso aterrador. Cuando superaron aquel papel, las esfinges fueron la afirmación plástica del poder político y del orden social.
Actualmente a las 6’10 horas del amanecer del día 20 de mayo de cada año se repite exactamente el perfecto alineamiento de la Esfinge de Giza con el “Tiempo Primero”, o sea, aquel que cualquier religión que se precie conmemora su repetición y en Egipto era coincidente con la época de la gran inundación del Nilo (que ahora evita la gran presa de Asuán). Ignoraron la división anual en estaciones. De aquella antigua civilización también sorprende mucho comprobar como, con el paso del tiempo, sus gentes fueron degenerando respecto a los antiguos saberes, y sucedió en todas sus expresiones artísticas.
El nombre más antiguo que se tiene constancia de aquella inmensa escultura en forma de esfinge con cabeza de faraón y cuerpo de felino agazapado, fue traducido “Horus en el horizonte”. Ahora bien, aquel no sería el “Tiempo inicial” ni mucho menos. Antes de Horus estaba su padre Osiris, y antes aun Ra, para no citar al inefable Pta, que se compara al aliento creador del mundo, o sea su voz (fue “El Verbo Aj del A.T). Para empezar ya lo invocaban con la siguiente fórmula en los Textos de las Pirámides (nº 610-1713 b): “Que tú salgas (al oír mi voz), y te hagas un ser luminoso”. Realmente quienes construyeron la gran pirámide de Giza dominaron un especial sonido de inimaginable frecuencia. Lo llamaré estelar porque entonces la forma estuvo en función de los templos y toda pirámide apunta al cielo.
La cultura egipcia se distinguió por su duración y por su unidad. Según Eusebio, un sacerdote egipcio llamado Manetón informó que desde el año 11.000 a.C. reinaron muchos semidioses antes del rey unificador Menes. El papiro de Ramsés II conservado en el Museo de Turín ( llamado “Canon”) también ofrece una cronología de los tales semidioses, a los cuales llama Shemsu Hor. Debido a que la relación de Maneón (quien vivió en el siglo III a.C. y que fue más cercano a nuestro tiempo que a cuando se construyó Hiéraconpolis) registra muchísimos reyes predinásticos la Arqueología no quiere saber nada de su exhaustiva labor porque se remontan a miles de años antes de todo lo conocido. No obstante, han podido constatar la veracidad de Manatón en lo referente a los nombres de los considerados gobernantes dinásticos. Los occidentales de hoy día quizá incluso podamos considerarlos a sus descendientes nuestros maestros de la escritura en símbolos, dado que en Sumer, si bien dejaron muestras más antiguas, se trató tan sólo de números para cuentas.
Para entender la importancia de la escultura en el Antiguo Egipto hay que saber que no hacían imágenes como arte ni como símbolos. Eran obras fruto de las diversas experiencias religiosas influidas por la magia autoritaria que creyeron dominar; no en vano el gran sacerdote era el “Mayor de los Artesanos” y quien mejor debió de saber activar y desactivar tanto las imágenes como los símbolos escritos así como todo el espacio del mudo. En el arte pictórico su tema principal fue el hombre, incluidas sus sagradas inscripciones, aunque no se haya aún podido verificar ni tan siquiera de los famosos Textos de las Pirámides. Para quienes los redactaron eran textos de Salida a la vida porque imaginaron otra forma de existencia después de la muerte física, cuando los difuntos renacían diariamente incorporados al sol. Tanta moral tuvo un premio: La firme y general convicción de que las personas buenas podrían vivir eternamente. Tales ideas se dispersaron triunfantes, de forma que no sólo se encuentran en el cristianismo, sino que también los alquimistas medievales usaron la metáfora de “convertir el polvo en oro” para significar el paso desde la ignorancia a la iluminación. El principal objetivo del ser humano era, es y será lograr divinizarse. La inmortalidad la ha perseguido quien ha podido, porque es la verdadera luz de la vida, del mismo modo que el sol es la luz de la Naturaleza.
Estoy tratando de explicar la existencia de gigantescas esculturas de imágenes de rostros subliminales también en su mensaje. Son obras gigantescas, las cuales, si representaron a personas que existieron realmente, hay que suponer que debieron de merecer ser inmortalizados. El caso es que, dada la ayuda que prometen para fomentar el crecimiento humano en los siglos venideros, ya encontrarían en ello su razón de ser. Porque, en efecto, una vez dada a conocer su existencia, ya no es posible ignorarlas. Con esta inesperada imagen de rostro humano, el Antiguo Egipto por psiquismo o por lo que sea logró renovar a comienzos del siglo XXI un icono de su inmortalidad, mucho más efectivamente que cuando la Piedra de Roseta resucitó su lenguaje jeroglífico;…por no hablar de la resurrección del dios Osiris por mediación de Isis, su hermana-esposa. Se objetará que es una imagen que no está de perfil como fue su norma al dibujar las cabezas, pero, a parte que se trata de un relieve, también hay otras excepciones de rostros egipcios en perspectiva frontal, y quien sabe si gracias a su frontalidad aún debe considerarse como más importante, …sino divina.
La esposa del dios Ra llamada Maat, simbolizó el orden y el equilibrio a pesar de ser hija del homosexual dios Thot (pues había tenido relaciones con Seth, de cuya cabeza había él nacido). El dios Seth, de muy largas orejas, era señor de la confusión y de todas las trasgresiones imaginables pues, además de copular con Toth, también pretendió hacerlo con su joven sobrino el dios Horus. Como se le resistió, ambos lucharon y el joven perdió un ojo al defenderse, pero su perverso tío Seth resultó entonces castrado. El final del dios Seth fue el destierro a los confines de la civilización, siendo posteriormente recordado como “señor del desierto”, … el de la península del Sinaí, puesto que en aquel montañoso sur ahora se nos aparece grabada su enfurecida imagen, más cornuda que orejuda, a una escala tan inmensa. Por increíble que parezca ya sería hora de que se superase la simplona explicación de que la pelea entre Horus y Seth sólo fue un símbolo para oponer la extrema aridez del desierto a la fertilidad del valle del Nilo. Definitivamente habrá cosas en las mitologías de civilizaciones remotas que sobrepasan no sólo nuestros actuales conocimientos, sino muy probablemente también la humana razón.
Aun cuando expongo mi parecer en lo referente a que van a ser imágenes capaces de ser un revulsivo positivo en el mundo de las ideas sociales, también reconozco que yo las he estudiado en solitario siempre. En consecuencia, mi opinión es muy subjetiva, debiendo admitir además que me he apresurado para poder divulgarlo. Para colmo, a menudo debo rectificar mis escritos al respecto, y también otros sobre descubrimientos en muy diversas investigaciónes particulares que tengo planteadas, la mayoría inéditas. CHOCANTE IMAGEN DE CARA GEOGRÁFICA
La nueva imagen de rostro una vez ampliada la incluí muy contento en mi particular álbum de perfiles y siluetas de cara humana en montañas, rocas y costas (tengo recogidas varios centenares). Inicié mi colección al descubrir los muy enigmáticos rostros que se configuran en las cimas del Mt. Sinaí (también en Egipto), y en los 25 Km. de perímetro de la montaña de Montserrat (en Cataluña, NE. de España). Esta última imagen de rostro humano tomada por el satélite Landsat de la NASA, sólo debe a la erosión el hecho de llevarse su “funda” de tierra blanda porque está formada por dura roca del tipo pudinga.
En todos los casos no estoy seguro de que todo sea fruto de las fuerzas lentísimas de la erosión endógena. ¡Que la dinámica interna de la Tierra la juzguen los geólogos! Por mi parte yo simpatizo con las ideas del New Age y su sincera preocupación por la preservación del medio ambiente desde poco tiempo después de su divulgación inicial en 1960. El imperio egipcio en principio sigue aún interesando mucho por haber superado (reconocidamente duró más de 3000 años) a cualquier otra civilización, pues por ejemplo la del sur de la India fue más esplendorosa en su decoración desde el furor constructivo del belicoso Rajaraicha, constructor de varias pirámides, siendo una de ellas, de duro granito, tan grande como la de Keops. Los miles de esculturas del templo de Meenakshi (Madura) y otros semejantes, merecieron por impúdicas el olvido de la sociedad victoriana que las descubrió en 1838, pero su influencia llegó hasta el complejo religioso mayor del mundo: Ankor-Vat (Camboya).
Como todos, siempre me interesé por la meseta de Giza (cuyo nombre en egipcio es Al Gizah), en las cercanías de El Cairo, motivo por el cual al ver una foto aérea del sector al completo, me concentré en la situación de cada detalle porque no quedé retenido por la famosa “mirada de la Esfinge”. Mi preparación para escrutar incluso los menores repliegues de la geografía del sector me hizo dar cuenta de que allí había configurada una nueva Cara de persona para mi colección.
Supongo que los medios de comunicación no se ha hecho nunca eco de mis particulares descubrimientos, primero porque, reconociendo no ser expertos, procuran no salirse de sus cauces habituales, como son las agencias de noticias, demasiadas veces presuntamente al servicio de algún interesado protector. Quizá también consideraron las dichas imágenes de caras eran “demasiado mías”; es decir, probable fruto de trucajes, tal como tengo comprobado que se dan con frecuencia. Como no es mi caso, una vez debidamente registrada en la Propiedad Intelectual, la nueva imagen de Rostro humano en Giza la adjunté con una muy breve presentación a las páginas de Internet.
En principio la llamé “Cara de Sidonia” en la Tierra, por su hallazgo mediante la foto aérea, parecido a como se descubrió en el planeta Marte, y sobre la cual aún se sigue discutiendo acerca de su naturalidad o artificialidad. Ésta que doy conocer, ni en el caso de ser oficialmente reconocida, siempre tendrá un 17% de incrédulos, que -según J. F. Kennedy dijo- es el porcentaje fijo de opositores se haga lo que se haga.
En fin, si al comenzar yo me creía que ya lo sabía todo sobre los antiguos egipcios, cada día voy viendo más claramente que no es así, y la meseta de Giza puede aportar aún algo quizá comparable a las mismísimas pirámides. Estamos lejos de poder hoy calibrarlo. Mis palabras son enanas ante la realidad de una foto como ésta. Si resultase ser fruto de un intuible psiquismo capaz de obrar a través del tiempo y del espacio, el tal fenómeno obviamente aún sería más interesante.
Entre las cientos de mejores formas de rostro humano que tengo recopiladas, nunca se aprecian como tales caras sin una iluminación adecuada (alguna conozco que es visible solamente en determinados días del año). No sólo condiciona siempre el dicho fenómeno la luz y su ángulo sobre la dura roca, sino que sobre todo juega el punto de vista del observador,…por no hablar de una muy particular atención, obviamente imprescindible. Dicho fenómeno luminoso, que resulta tan imprescindible para mi aportación, se encuentran en escritos iniciáticos de Egipto precisas referencias documentales. Incluso aquellos sacerdotes le dieron el nombre de Aj a un ser luminoso que decían era capaz de abrir las mentes, intelectualmente hablando. Valorando las luces y sombras, este aspecto humano que ofrecen ciertas montañas, me lleva a reflexionar que puede incluso servir de norma de conducta para la vida misma.
Representa un gran problema incluir tal rostro sobre un montículo de arena entre la simbología del Antiguo Egipto conocida. La solución que propongo es compenetrarse al máximo con la fe del corpus de creencias que hicieron configurar un sol sobre las cabezas de los dioses. Quiero considerar todo cuanto pueda tener relación con el dicho hallazgo.
Seguro que otros sabrán decir después mucho más que yo. La dificultad de la investigación reside en que nuestra actual perspectiva tiene por igual toda la ancestral simbología iniciática, completamente desacreditada, aunque vivamos gozando de los frutos de quienes la cultivaron. Se me ocurre el símil de que, igualmente en la actualidad pocos son los que saben que con equinoccio de primavera (21/3) hay que empezar a plantar las semillas,… pero en el fondo todos vivimos de ello. En aquella mentalidad tan naturista, donde se interrelacionaba lo divino y lo humano mediante el telurismo, la luna, las transferencias espirituales más complejas, etc., la fiesta de la Diosa-Madre Isis se celebró justamente en tan crucial tiempo astronómico.
Desde ahora mismo aviso que nos enfrentamos a, por lo menos, unos 5000 años de misterios en Egipto y que las treinta y una dinastías de reyes históricos nos legaron obras de insuperable monumentalidad, ya que hasta construirse la Torre Eiffel en París la altura de la Gran Pirámide no pudo ser superada. Mide como ocho campos de fútbol, con 230m. de lado y está separada medio kilómetro de la pirámide de Kefren.
Los arqueólogos y egiptólogos en particular están fascinados más que nadie en el mundo por tanto despliegue de organización y sensibilidad, a la vez que de sabiduría, poderío físico y entusiasmo. Dichos profesionales en realidad se enfrentan a los frutos de la fe más inspiradora para aquella antiquísima cultura. ¿O tal vez no hacia falta fe, porque recordaron unos hechos consumados?
La altura de la colina Gebel Ghibli cercana a la famosa Esfinge -y segundo lugar de atención en estas páginas-, dudo que pueda ser una formación rocosa calcárea natural erosionada por el mismo desierto, tal como lo fue en principio la gran escultura de león agazapado, a la cual inicialmente tan sólo hizo falta retocarla un poco para convertir una roca del desierto en un hierático felino (Colina Gebel Ghibli) para ilustrar estas páginas, porque los monumentos que existen en la meseta de Giza actúan de imán para los visitantes. En especial causa fascinación eterna el dicho cuerpo de felino relajado, con su insólito rostro humano. La Esfinge “engancha” a pesar de ser una escultura muy tosca y desproporcionada. ¡Imagínese su impacto cuando estuvo pintada con los llamativos colores que podemos ver en la riquísima máscara funeraria del joven faraón Tutankamon!
Aún después de arrancarle a la Esfinge de Giza su pétrea nariz (tal vez utilizando una palanca) nadie parece echar demasiado en falta el tal apéndice, y en cambio sí que inquieta bastante admirar su incipiente sonrisa. Se diría que fue la obra de arte precursora ancestral de “La Gioconda” de Leonardo da Vinci. Habrá de tenerse muy en cuenta lo referente a tan grande inspiradora de leyendas, aunque no seré yo quien me entretenga en ellas.

Probablemente después de conocerse mi aportación también aquella colina Gebel Ghibli y sus alrededores seran agujereadas por muchos excavadores que la convertirán en un termitero, tal como ha sucedido al entorno de los demás monumentos. Es de esperar que lo harán legalmente. ¡Que tengan éxito!. Yo divulgó una imagen rara, y si la desfiguran mucho, al menos después siempre nos quedará la foto de procedencia Stern. La presento muy ampliada en la misma página a fin de indicar su situación respecto a la pirámide del rey Micerinos) FOTOS: nº 1, A-B-C).
A partir de ahora, sabiendo lo que hay que buscar, quizá se lleguen a distinguir otras fotografías con algún fenómeno semejante, pero hay que tener paciencia. Por otra parte se debería ir insistiendo, pues las fotos no sirven cuando son hechas desde la vertical aérea del dicho lugar, puesto que en tal caso no se ve en dicha colina de arena nada en absoluto por faltarle las sombras del sol poniente. Incluyo una foto aérea tomada desde encima mismo del sector donde está el que llamaré “Rostro de Ra”, y no se distingue allí más que un simple óvalo (Lo rodeo en ambas fotos de flechas para su más fácil localización) .
La Esfinge es obligado que sirva de referencia para situarnos, en todos los aspectos, al emprender una mejor presentación del nuevo rostro humano de la meseta de Giza. A su alrededor hay el llamado Templo de la Esfinge (que es el templo de la Pirámide de Kefrén), en cuya excavación el arqueólogo Mariette encontró fragmentos que demostraban la existencia en tiempos antiguos de unos doscientas muestras tridimensionales representando al dicho faraón. Existen otros templos, como la tumba de la hija del faraón Micerinos, a la que habré de volver a referirme porque, teniendo forma de pirámide, dejó un rastro semejante al de una ancha avenida en Giza que termina justo ante la descubierta enorme imagen de cara.

Para un buen egipcio al parecer la muy enigmática Esfinge, con 73 m. de longitud y 20 m. de altura es tan apreciada, o más, que las mismas Pirámides, las cuales tiene tan vecinas que podrían considerarla incluso su “guardián”. Con su alma la gente la quieren más a pesar de la diferencia de tamaño, y ello no puede ser sólo debido a la reconocida afición de aquella cultura ancestral por combinar en sus esculturas la sensibilidad y poderío de ciertas especies animales con las del ser humano. Gracias al nuevo rostro, descubierto muy cerca de la Esfinge podríamos estar por fin ante aquello que dictó las preferencias para hacer tan felina escultura milenios antes de la IV Dinastía de reyes de Egipto, quienes se supone que fueron unos muy desmesurados constructores. (Tutmosis IV, el año 1400 a.C. tan sólo la hizo limpiar de tierra hasta su base, eso sí, por primera vez).
Bastantes excavaciones de Giza han dado testimonios de diferentes esculturas de cabezas rituales. Si no lo dijese ya su mismo rostro, todo en la enigmática Esfinge de Giza nos remite a un aprecio por plasmar la cara humana, y a veces desmesuradamente grande. Referente a la extraña escultura sobre la arena, diré que a pesar de ser un difícil trabajo el configurarlo para ser admirado puntualmente gracias a la visión aérea, recordaré la reconocida maestría artística lograda en el fascinante rostro de la reina Nefertiti. Pero lo que tiene mucha mayor importancia es el hecho de acertar con una iluminación “divina”, porque su exclusivo monopolio es una condicionante que metafóricamente ha sido siempre bien aprovechado por las religiones y sectas desde antes de construirse las pirámides. Tal fenómeno aplicado sobre un montículo no puede ser debido a la casualidad y en cambio es justo lo sublime que se esperaba de quienes en la antigüedad, esclavos de la evolución de las estrellas y el desbordamiento del Nilo, practicaron con la mayor fe la más elaborada de las iniciaciones que se tiene noticia.
La Esfinge, a la que durante siglos se ha reconocido como: “ser a medio camino entre cielo y tierra”, ha estado cuatro veces enterrada de arena hasta su cuello, siendo otras tanta desenterrada, y ello contando tan sólo desde el año 1400 a.C. y hasta la iniciativa del egiptólogo Gastón Maspero. Admitida como un vínculo entre las divinidades y su obsesión de venerar las cabezas -y más si tienen el sol encima-, sirvan a estas páginas cual idóneo punto de apoyo para testimoniar la súbita aparición en el mundo antiguo de una sabiduría y saber hacer que resulta insólito admitir propio de un pueblo de nómadas del desierto al mezclarse con muy humildes pescadores del Nilo ¿Que misterio pudo llevarles a creer, justificada y prematuramente, que ellos eran los elegidos para estar más cerca de los dioses que el resto de los demás mortales?

No parece que en la meseta de Giza antes de construirse las Pirámides existiese ninguna altura comparable a la de la misteriosa colina Gebel Ghibli sobre el que reclamo la mejor atención. La merece, ya sólo por el esbelto obelisco que se puede observar (desde la Esfinge) sobre el lado derecho. Los sacerdotes llamaron al obelisco primitivo Ben-ben, y allí había nacido el primer rayo de sol, quedando petrificado. Siguen visibles su base sobre la privilegiada colina Gebel Ghibli de Giza, y conserva un lado con el mismo ángulo de caída de las grandes pirámides vecinas que tanto sorprenden por combinar su colosal volumen con precisión arquitectónica. Del Ben-ben nació la idea aplicada a la punta de los afilados obeliscos, algunos de los cuales han viajado a otros continentes, pero otros no se concibe como pudieron pensar en ponerlo erguidos, ya que no se podrían “plantar” ni empleando para ello las más potentes grúas del siglo XXI. Puesto que hay certeza de que en su punta tuvieron la mayoría una funda metálica, debieron tener utilidad de pararrayos;…idea que incrementa la funcionalidad que se adivina en las pirámides, puesto que reproducen la proa de un navío.

Aquella tan provocadora como bien perfilada colina Gebel Ghibli, reclama la atención a gritos, no ya por tener cerca una imagen de cara, sino también por tener una espaciosa oquedad con arco de medio punto. Ésta cegada, pero por muy disimulada que esté se habría debido sospechar de aquel pórtico tan bien enfocado hacia la Esfinge de Giza. No se debería descartar que desde allí se entrase a un mundo subterráneo kilométrico, por el mero hecho de que los construyeron por doquier, y con el exclusivo propósito de enterrar tan sólo momias, por ejemplo, de varios millones de aves ibis envueltos con mortajas. Era su estilo de hacer las cosas.

Atendiendo a este último dato tengo una reserva que al menos voy a traspasar a continuación. Puesto que la Gran Pirámide está tan próxima a un gran abismo (quizá por desmoronamientos sucesivos a lo largo del tiempo) me pregunto: ¿cómo es que disponiendo de máquinas que abren los túneles del metropolitano, no se orada la meseta por aquella parte baja del precipicio para alcanzar en quince días el subterráneo centro de la Gran Pirámide? Los beneficios no sólo podrían ser turísticos, sino científicos, etc., pues tal vez allí cayó algún meteorito que abrió un cráter. ¿Quedará algún fragmento negro como su diosa Isis?
Muchas pirámides tienen su cámara principal en la vertical del eje central. Por ejemplo, en el centro de la pirámide de Saqqara existe un agujero de 32 m. de profundidad (otro pozo igual está en sus cercanías), cuyos ciclópeos megalitos de piedra se habrían puesto en sus cuadrados muros mucho antes de tener intención de edificar una pirámide escalonada encima. Hoy contrasta la falta de iniciativa de los egipcios, con el esfuerzo que representaron tantas tumbas de la orilla oeste del Nilo. No se profanaría nada excavando el antes citado túnel bajo la Gran Pirámide, aún considerada tumba de Keops (puesto que está claro que su padre no se habría construido tres tumbas). En la Gran Pirámide se supone que, además, está la secreta Cámara de los Archivos ubicada 20 m. más abajo de la Cámara de la Reina, y todo ello en la dicha vertical del eje, incluyendo el pozo más profundo allí conocido, que está a 30m. debajo del suelo de la meseta de Giza. Heródoto describió otro pozo que estaría aún otros 30m. más profundo. Parece que en el Antiguo Egipto siempre se trató de excavar pozos.

Hay muchos y variados motivos, pues, para perforar hasta la vertical del eje, y la única excusa sólo ha de ser el temor a dar con el foco de unas misteriosas emanaciones que, al menos en la vecina pirámide de Kefren, se demostraron capaces de altrar los sofisticados detectores de los científicos. A fin de fotografiar las pirámides de la meseta de Giza, cuando al salir el sol del día del equinoccio la cara de la gran Pirámide se divide en dos claras vertientes contrastadas (un fenómeno ingeniado por aquellos antiguos veneradores del dios Ra), algunos fotógrafos suben a la cumbre de la pedregosa atalaya que es la colina Gebel Ghibli, sólo relativamente alejada. Tal “destello solar” es lo que me impide afirmar rotundamente que los constructores se equivocaron al dar cuatro vertientes a la pirámide de Keops. En la “2ª PARTE” de mi investigación de las varias estrellas de seis puntas “dibujadas” en el planeta Marte se verá que habría sido más sabio haberlas diseñado en forma de tetraedro.

Dicho fenómeno tan sofisticado en el arte de la construcción a gran escala, sucede a las 6 horas de la madrugada del “día de la diosas Isis”. Recibe el nombre de relámpago por su fugaz percepción, siendo de toda lógica que, ante tan magníficos estímulos visuales de todo cuanto existe a su alrededor, quedase eclipsado el gran mirador que representa la colina Gebel Ghibli. Ya merecería mucha atención por el mero hecho de que los planificadores de la Gran Pirámide ya se fijarían en la composición de su piedra el día que buscaban una cantera, siendo juzgada probablemente de mala calidad por los sacerdotes y capataces de las primeras culturas de aquel sector. No era la adecuada para sus propósitos. Pero no se ha sondeado suficiente lo qué el montículo de Gebel Ghibli tiene debajo, y creo que por lo descubierto tan íntimamente relacionado con el astro rey que divinizaron, aquellas alturas habrán de dar en el futuro muy grandes sorpresas.

Voy a permitirme una muy arriesgada suposición. Si bien es improbable, en cambio no sería imposible que el descubierto rostro de Giza incluso pudiese haber tenido igualmente un subterráneo antiguamente tan vacio como para que, una vez que se hundió allí el suelo, se formaran en su frente los dos descomunales huecos configurando ahora lo que son sus desmoronadas cuencas orbitales. Entre ellas además presenta un pequeño montículo al modo de la señal hindú llamada “Tercer Ojo”. Todo ello no puede ser casualidad, serían muchas en poco espacio. Son demasiadas, y parece que me esté dando la razón el hecho (comprobable mediante Google Hearth) de que después de mi publcación en la WWW se ha removido millones de toneladas de tierra en aquel subsuelo,…y parece que allí aún seguirán excavando. Lástima que no piensen en horadar el montículo Gebel Ghibli sobre el cementerio musulmán. A propósito de los ojos, en aquella antiquísima llamémosle religión, según el Papiro Ebers (III,125,6) médicamente hablando: “El dios Ra gobernaba la salud del rostro (Her); así como los ojos de la cara humana (Irty) estaban bajo protección de la diosa Hathor”. Lo cual hago constar porque ambos están con insistencia presentes a lo largo de estas páginas. ¿DE QUIÉN APRENDIERON TANTA CIENCIA?
Las pirámides siempre estuvieron asociadas al poder. Desde el punto de vista iniciático, y también considerando el esfuerzo que supusieron a las comunidades que eligieron estupas, trullos o túmulos dolménicos para cubrir las formas de toros huecos, hay que considerar incluso las formas cónicas o los zigurats cual pirámides. Las terrazas de ladrillos superpuestas que en Mesopotamia llamaron Zigurats, se supone que fueron más antiguos que las Pirámides de Giza, de dura piedra, pero ni siendo los zigurats muy altos, no pueden justificar el tamaño de las pirámides. Los más primitivos egipcios habrían recibido conocimientos científicos rigurosos para poder construir con básico diseño muy gigantescas construcciones. Tales ayudas arquitectónicas incluirían en la Gran Pirámide datos tan sorprendentes como: la Ley de Variación de la Constante de Gravedad sobre la superficie de la Tierra; o bien, la distancia exacta entre nuestro planeta y el sol; o la Ley de Variaciones Periódicas de las estaciones, y también la frecuencia de los terremotos. La altura de la Gran Pirámide de Giza es de 149 m. resultando ser la milmillonésima parte de la distancia entre el sol y la tierra, dato éste que hasta el siglo XX no pudo ser establecido. La intencionalidad de dichos 149 m. se confirma por muchas otras medidas que en la IV Dinastía no podían haber sido capaces de calcular. Entre el misterio y el absurdo, alguien dijo que prefería el misterio, con lo cual yo estoy de acuerdo. Si a las diferentes medidas geométricas de la Gran Pirámide se le añaden -a cada una siempre igual- nueve ceros, resulta que se obtienen datos referentes al planeta tierra y a su relación con el cosmos. Para empezar, dos “codos” del Antiguo Egipto suman lo mismo que un metro del siglo XXI, o sea 1,04 m. Además, el premio novel de física L. Pawlirig defendió que cada molécula de agua es una estructura de forma piramidal con lados en ángulo de 52º. Pero también la forma piramidal es una sabia estructura capaz de evocar el interior de las personas porque las 206 hiladas de megalitos superpuestos en la Gran Pirámide, son también el número de huesos del cuerpo humano… ¿Más íntimo todavía?: Las moléculas de agua que estén dentro de su campo magnético se equilibrarán hasta resultar menos oxidables, pues el poder antibacteriano del interior de la pirámide evita la descomposición de los líquidos.
Por otra parte, la pirámide misma se puede presentar cual la macro escala de una molécula de agua (52º). Copiar la estructura molecular del agua, representa admitir que dispusieron en tan remoto período de una tecnología comparable a los actuales microscopios electrónicos. Dejaré de lado -por mis limitaciones- el presentar la relación de la forma piramidal con la estructura del diamante, que es carbono puro, pues al parecer de los científicos es también muy íntima. Así pues no ha de faltar razón a los que defiendan que habitar a un tercio de la vertical del eje de una pirámide aporta beneficios terapéuticos, pudiendo ser cierto que incluso la emoción humana bajo una forma piramidal tienda a purificarse. Además, da la casualidad que se descubre todo ello en la mayor construcción del Mundo Antiguo,… y situada en uno de los tres vértices formados por el hipotético triángulo configurado por el fértil delta del río Nilo.
En el año 1877, el investigador J.Seiss en Giza quedó sorprendido también por la constante del número cinco en todas sus mediciones, comenzando por los cinco vértices de las Pirámides. Ello le hizo escribir acerca del “contenido de un gran sistema de números interrelacionados, pesos medidas, ángulos, grados, temperaturas, problemas geométricos y referencias cósmicas” de aquel monumental conjunto en la meseta de Giza. Otros han encontrado referencias a la medida del “año solar”, del “año sideral” y del “año anomalístico”, las leyes de precisión de los equinoccios, y también de la variación de la longitud del perihelio. Se conocen evidencias de todo tipo: en las artes, medicina, etc..
Habla de la moral de aquellos constructores, ya no las Pirámides, sino un obelisco que yace en Assuán pesa entre 1200 y 1500 tn., y mide 41,5 m. de largo por 4 m. de lado. Obviamente lo trabajaron para que, después de haberlo arrancado de la cantera, de alguna manera poder levantarlo y quizá trasladarlo, cosa que en nuestro siglo XXI aún resulta irrealizable.
Por lo dicho, no ha de extrañarnos que algo anterior de todo lo conocido hasta ésta mi contribución, hubiese inspirado la realización de tamañas empresas físicas. Hay muchos libros que desarrollan, incluso por separado, todos los aspectos de aquella cultura desde los tiempos predinásticos, resolviéndose que los conocimientos de los sacerdotes del Antiguo Egipto fueron tanto más exactos, cuanto más va descubriendo la ciencia. Por ejemplo, ahora se admite que en sus procesos de momificación ya emplearon la radioactividad;…un arte que por lo visto en Egipto también se consigue situando un cadáver justo en el centro de cualquier pirámide (no importa su tamaño) con tal que no sea hecha de material conductor.
Es absurdo pensar que el padre de Keops, constructor de tantas pirámides, pretendía ser enterrado, descuartizado, depositando parte de su cuerpo en cada una de ellas. En efecto las pirámides no sólo se construyeron para culto a un faraón quien, una vez embalsamado, partiría hacia las estrellas mirando la proa del navío, el difunto viviente se convertía en un ser de luz en el cielo.
Por otra parte, si hiciéramos caso de las “Profecías de las Pirámides”, éstas curiosamente terminan sus vaticinios en el inicio del siglo XXI. Baste lo dicho y evito mencionar, como hacen otros, su vertiente mágico-esotérica. No hay que caer de nuevo en el error, históricamente tan lamentable, de atribuir algo enigmático a determinada cultura, como sucedió por ejemplo con los dólmenes megalíticos pues escribí un libro defendiendo cual pudo ser su cuna durante el Neolítico. Naturalmente me estudié bien su dispersión a partir del : norte de la Santa Montaña de Montserrat en Cataluña.

Dichos monumentos megalíticos tan abundantes en la Europa occidental, reprodujeron en piedra cuerpos de toro. Si antes se creyeron hechos por los druidas galos, fue por ignorar mejores candidatos, así como tampoco admitirse tiempos más remotos. Sucede lo mismo con la Esfinge y las Pirámides de Giza. Sería deseable que se propiciase un acuerdo a nivel científico a fin de poder beneficiarnos de las ventajas de haber pisado ya otros cuerpos celestes,… y ello a pesar de nuestra todavía “rudimentaria” tecnología. Los criterios de científicos de otros siglo, dictaron soluciones hechas a su medida, suponiéndolo todo con la motivación funeraria del Antiguo Egipto. Ello ha servido, pero ya no sirve, para el estudio serio de los dólmenes megalíticos europeos. LAS CREENCIAS EN EL ANTIGUO EGIPTO
Por el mero hecho de que las piedras semipreciosas en estado bruto ofrecen de su natural formas piramidales, quizá el modelo visual para la construcción de las pirámides fuese tan simple como, por ejemplo, copiar la forma que adopta un montón de arena del desierto si se la deja caer en vertical sobre el mismo punto. Otro efecto natural para diseñar una pirámide pudieron ser los rayos solares pasando a través de un agujero en las nubes. El ejemplo de la arena tiene la ventaja de que, al amontonarse, adopta un exacto ángulo de 52º, o sea, como la mayor de las pirámides de la meseta de Giza. Quizá fuese la única norma, dado que no tuvieron un modelo estándar de planificación durante el siglo que duró la moda de construir pirámides.
La hipótesis más plausible quizá sea la de inspirar la construcción de pirámides sobre el mismo lugar donde admiraban frecuentemente espejismos. Se trata de un fenómeno natural que, por ejemplo, hace ver una isla cual si se tratase de una mesa con patas y muy ancha base. Al reproducir dicho fenómeno virtualmente, dando al ordenador una temperatura ambiente de 40º, cualquier pirámide una vez construida adopta la forma de un cáliz perfectamente simétrico.
Mi experiencia personal al experimentar con un haz de luz láser (de bolsillo) dirigido sobre una cara de pirámide de tamaño manejable, pero hecha de material transparente, es que lo refleja y proyecta el haz con el mismo ángulo perpendicular a la superficie, o cara. Tal dirección reflejada es la misma que dentro de la Gran Pirámide se proyectaron los llamados “canales de ventilación”.
Se ha supuesto que, a pesar de que los egipcios dejaron dibujos en una de las criptas del templo de Dendera donde representan muy enormes bombillas, no se les puede conceder que dominaran la electricidad en aquella temprana edad de la Humanidad;…porque si la tuvieron, ya no haría falta la luz solar para ver el aspecto de la descubierta imagen de ROSTRO de efebo configurado sobre la arena, ni tan sutil efecto luminoso en las pirámides. La existencia del reflejo de la luz láser lo experimentarían con facilidad metiéndose en el interior de una habitación obscura en la que se hubiese practicado un agujero para dejar entrar un sólo rayo de luz el cual incidiese sobre un cuerpo piramidal de cristal de roca. Por cierto, ésta herramienta transparente si la utilizaron como supongo, aún pudo ser más diminuta que la pirámide decorativa de plástico que utilicé en mi experimento. Tal efecto visual incluso para mi evolucionado entendimiento tuvo algo de místico.
En realidad manipulaban una ciencia con categoría de sagrada a nivel de Estado, según descubrimos por los objetos de arte suntuario recuperado en excavaciones en gran abundancia. Y debió de partir de la grandiosa realidad que todo en la vida procede de los rayos solares. Así, parece lógico que los antiguos egipcios más que nadie en el mundo, en su delirio, o por reconocer su insignificancia, aplicasen el sabio axioma: Valen más dos prevenciones que una; y por ello buscasen no sólo asegurarse la vida cotidiana, sino también procurasen -mientras fuese posible- su triunfo ante la realidad última, que para todos sigue siendo el traspaso a la otra vida.
Lo que finalmente les importó, y es intrínseco al alma humana, fue que -gracias al muy evidente gran esfuerzo comunitario empleado en construir las pirámides-, cada faraón consolidó su efectivo aplastante mando sobre el resto de los mortales. Su persona después era contemplada cual un poderosísimo “rey-puente-dios” entre sus súbditos y sus divinidades. No hubo una manera más efectiva de hacer evidente su superioridad que llegar a materializar la muy sabia forma piramidal en una tan gigantesca proporción. Si aplicamos el sabio ejemplo a nuestro tiempo, lo siguen practicando con éxito ciertas obras propuestas por la clase política y por la empresarial. Es imperioso recuperar la armonía perdida entre la ética y la estética.
El faraón no fue el único prepotente de su tiempo, porque los iniciados magos sacerdotes supieron como emplear en sus rituales y fuera de ellos, tanto sus palabras como sus gestos. Es más, gracias a la escritura de jeroglíficos pudieron “envasar” dicho poder mágico de forma que lo conservaron durante siglos activado. De la escritura se pasó a las representaciones pictóricas y al arte escultórico. Algo tuvieron todas las dinastías en común: Perpetuar el recuerdo de un tiempo inicial, o al menos muy especial.
Los antiguos egipcios, que veneraron a diferentes familias divinas en diversos templos del país, quizá por ignorancia con el paso de los años no tuvieron reparo en aunar las peculiares leyendas sobre sus divinidades, siempre en beneficio de los dioses que representaban las fuerzas opuestas de la naturaleza. Para empezar, la idea de la muerte y el renacimiento se asoció con la alternancia día-noche. Sucedió lo mismo con otros conceptos igualmente contrarios, incluyendo la tierra desértica y los campos de cultivo junto al Nilo, pues si uno era Seth, el otro era Osiris, el dios de la cara verde. Con su forma de pensar, que sigue oculta a los actuales científicos, ellos exploraron y fomentaron las reacciones del pánico mental, que sigue siendo aterrador para quienes creen en la magia. Tuvieron ocasión de verificar los efectos de sus rituales miles de veces, según sus propios testimonios, y es de creer que pudieron a veces obrar milagros. Sabían que el pánico reside en los riñones, que la glándula tiroides gobierna las emociones, etc., y lo utilizaron (También a veces se equivocaron, por ejemplo, en las funciones que tiene el corazón).
Cuando el rostro descubierto en una duna de Giza pudo ser admirado desde el aire al ser debidamente iluminado por el sol poniente, el tal fenómeno debió de interpretarse como un poder palpitante acorde con sus gigantescas proporciones. Es lo que se debe opinar de aquellos magos, súper-iniciados planificadores de los demás monumentos de la meseta de Giza. Me estoy refiriendo a unos sacerdotes que en su tiempo gozaron de tanto prestigio como hoy deben tener poco más de un centenar de científicos en todo el mundo. En 1972 en el Museo Egipcio de El Cairo fueron expuestos 14 modelos de aeroplano procedentes de la prehistoria. Eran todos diminutos y fundidos con metales nobles. Una de aquellas maquetas de avioneta faraónica lleva grabados jeroglíficos que dicen: “Quiero volar”. Otros modelos de avión semejantes se encontraron en China, India y Suramérica, todos igualmente prehistóricos y de semejantes carácterísticas).
La ventaja aún debe estar a favor de aquellos antiguos iniciados egipcios, por el hecho de que ellos edificaron siempre con objeto de poder mejorar la comunicación efectiva con la divinidad; que ya es mucho más de lo que hoy por hoy somos capaces de entender. Por cierto que dicha comprensión sería exigible a cuantos pretenden penetrar en el alma de tan prepotentes líderes espirituales de tiempos pretéritos. No se conseguirá solamente a base de demostrar su capacidad para hacer excavar aquel subsuelo.
Un ejemplo de que las ideas ocultas de los egipcios antiguos nos pueden pasar desapercibidas, lo encuentro en el fracaso, a todo los niveles, de uno de mis mejores libros. En él recogí ideas sobre el Bien y el Mal digeridas durante más de una década. Lo comento aquí porque subliminalmente también me remitía al dios Seth, aquel que el egiptólogo J.G. Griffits (Berlin 1966 p.51) tradujo que, aun siendo un dios, fue cabalgado cual un asno por su vencedor el dios Horus. Plutarco, en cambio, dice que Seth huyó de su vencedor montando un asno durante siete días,…y lo más interesante es que según él: sus dos hijos Hierosolimos y Judaios darían origen al nombre judío. Son muchas las similitudes que existen aparte de la semana de siete dias. Me remito a Pitágoras que vivió veinte años en Egipto y presentó a Osiris cual Dioisios, nacido en Grecia de una virgen y también crucificado (Orfeo, Badler, Tammuz y Mitra ¿podrían compartir nuestra celebración pascual?). Desde que Pitágoras mezcló la ciencia con el arte aquella iniciativa estuvo vigente hasta el siglo XIX porque los investigadores negaban que hubiese conocimientos definitivo de nada. Al pasar a constar en nómias sujetas a intereses político-económicos se terminó la garantía de dignidad entre académicos.
Volvamos al dios Seth, pues lo elegí como la clave para desarrollar la simbólica estructuración del dicho libro LA CARA HUMANA DE MONTSERRAT, el cual libro me tuve que auto-editar en 1990, al no haberse atrevido los editores de oficio (la distribución y venta. Hasta los fotolitos los hice yo mismo, siendo por ello quizá el último de los libros “artesanales” del mundo occidental).
Al fin, después de haber obtenido de una foto de satélite de la NASA la imagen de un rostro de circunspecto varón barbudo, la presenté en mi libro resaltándose clara y diáfana de la parte alta de la montaña de Montserrat (1200 m. de altura máxima) gracias a que casualmente la encontré muy bien iluminada por el sol. Dediqué la Segunda Parte de mi dicho libro a recopilar, en breve síntesis, todo cuanto encontré escrito acerca de los asnos a lo largo de cincuenta siglos, siempre con la intención de moralizar distrayendo jocosamente. Me siento orgulloso de que la única conexión entre dos temas tan dispares (una imagen en foto satélite y los asnos) fuese la escena bíblica conocida como “La burra de Balam”.
Mi propósito fue el de presentar veladamente el Bien y el Mal, porque si por una parte disponía de una imagen de cara, parecida a un ángel de Dios, por la otra el asno representa en la cultura clásica mediterránea al cornudo dios Seth (al cual está representado en el templo de Esna en su copia más tardía). Reconozco que no fui entendido pero a pesar de todo, no rectificaría nada de lo escrito después de catorce años de su publicación. ¿PARA QUÉ CARAS EN LUGARES SAGRADOS?
La racionalidad humana sigue impotente ante los grandes enigmas de la naturaleza, y quiero pensar que para ayudarnos recibimos estas imágenes de enormes rostros, los cuales aparecen configurados en lugares que ya se tenían siempre antes por muy sagrados. Hoy puedo defender que, con su presencia, son obras que tratan de estimularnos a fin de poder llegar a encontrarnos a nosotros mismos. Quizá las configure el mismo efecto que hace las insólitas imágenes de las caras que aparecen en una casa de Belmez (Jaén). Las enormes imágenes de cara a las que me enfrento en solitario, es como si me recordasen la sabia máxima griega: “Conócete a ti mismo”.
Después de décadas de beneficiarme del dicho primer hallazgo (mi investigación y libro presentándola, llegó muy tarde) cuando yo escrutaba las cualidades objetivas de la Montaña Santa de Montserrat, resultó ser una vía de penetración en los misterios de la mente humana, la cual por milenios que pasen seguirá teniendo mucho para ser “explicado”.
Mi peculiar evolución personal se inició después de haber detectado una forma de rostro -como de momia descarnada- en el negativo de una foto hecha a una maqueta de Montserrat, la cual ni tan sólo está hecha a una perfecta escala. La realidad y perfección de una forma de rostro obtenida años después, gracias a una foto de satélite, pude confirmar en efecto una imagen de varón barbudo y circunspecto (que por cierto, incluye todo el perímetro de la montaña de Montserrat: 10 x 5 km.). Después pareció como si paulatinamente fuese inducido a entrar en diálogo con la montaña y preguntarle: “-¿Para qué sirves?” La respuesta sólo podía ser: “-Te sirvo a ti”.

No fue instantánea, pero si bien manifiesta. En breve tiempo debo reconocer que gané muchísimo más equilibrio emocional, era más reflexivo, ético, y tenía más autocrítica,… tanta que casi me impidió divulgar lo conocido. Es evidente que todo en el mundo está sujeto a la metamorfosis. Envejecer es transformar el vigor que sobra en sentimiento que falta. Todo cambia, y para darse cuenta de ello no hace falta contemplar los niveles de la nano realidad que los científicos son ya capaces de manipular mediante los telescopios electrónicos de última generación. Vivimos en un mundo que en su mayor parte, comenzando por nuestro entorno inmediato, nos resulta invisible a pesar de que actúa agitándonos interiormente, tanto como nuestro exterior, de manera incesante. Es decir, que no son sólo los diferentes tipos de radiaciones solares (caloríficas y luminosas) o gravitatorias las que nos afectan. Todo vibra, varía y renace incesante y frenéticamente, interactuando todo en todos y viceversa.

Si ahora me preguntasen qué cosa busca en el mundo el enorme rostro descubierto en Montserrat, caso de ser -como creo- una ayuda de orden superior y bien viva, yo debería recurrir a modificar un tópico muy divulgado entre los científicos de la NASA en su empeño para localizar planetas habitados. Este rostro pétreo en la montaña más sagrada de Cataluña, el mismo que para unos estará muy serio, mientras que para otros parecerá esbozar una incipiente sonrisa: Busca vida verdaderamente inteligente entre la Humanidad.

Si bien son todas las imágenes de rostros en foto aérea fenómenos tan sólo visuales, lo cierto es que puedo compararlos incluso al valor que los números tienen sobre lo cuantitativo. Estos rostros, o al menos todos los que he descubierto en lugares sagrados de este mundo, incluido el de Giza en los alrededores de la Esfinge, todos los que yo mismo he dado a conocer de una u otra forma, posibilitan al interesado para mantener conexiones reales entre la materia y la psique. Tengamos por seguro que si se reciben sus efectos con la debida consideración, quienes lo deseen ganarán en calidad humana, lo cual no quiere decir que no siga habiendo gente que “duerma en la paja” durante muchos de los siglos venideros.

Otro apunte a este respecto. El hombre, por sus pensamientos, puede convertirse en una especie de mediador vivo (“interruptor”) que encontrándose en determinado espacio sagrado detectado por su poder telúrico (energía solar) puede ser capaz de sintonizar con redes subyacentes de energía que son como la trama de un vestido de origen solar. Su sonido fue conocido con el nombre de La Bicha entre los druidas, y por propia experiencia puedo decir que recuerda el sonido producido por limaduras de hierro cayendo desde cierta altura sobre una plancha metálica. Los dólmenes sirvieron para amplificar tales energías descargadas y con su interior vacío llegaron a potenciarlas acústicamente.
LOS INICIOS DE EGIPTO “A VISTA DE PÁJARO”
Mi sincera justificación de la vida es la incesante acumulación de saberes del tipo humanista, es decir, enriquecedores, y así tan sólo tengo que limitarme a considerar aquellas “crestas” de las culturas clásicas que convencionalmente son las más acreditadas del mundo. Los resultados, ahí están para quién se digne a leerlos.
Mi intromisión en las creencias de los religiosos del Antiguo Egipto está justificada al haber descubierto casi equidistante de las tres principales pirámides del sector, una muestra de sofisticado “arte escultórico” de gran sutileza. Mi empeño, más que otra cosa, será pues procurar que lo detectado, sea lo que sea, no desaparezca conmigo. Se que llegará un día que gente más preparada podrá apreciarlo en su justa medida.
Este “arte” subliminal logrado gracias a la puntual iluminación del sol poniente de una determinada duna bastante elevada, opino que es una obra hecha tan a mi gusto, que la suscribiría. La prefiero incluso más que las pirámides, ya que éstas no precisan del concurso del sol para poder ser admiradas. Al que no quiera entenderlo así, es decir, con una exigida y muy deseable dosis de esfuerzo para saborear tal muestra de fe en la otra vida (ya que para quienes las planificaron serían mucho más que arte).
Hay que decir sin más dilación que resulta evidente que en la cosmología egipcia siempre se partiese del deseo de dominar todo tipo de caos a todos los niveles. Para conseguir tan ambicioso objetivo inventaron una divinidad para cada poder, así que, si el Bien fue personificado por el dios Horus, en cambio el dios Seth simbolizaba el desorden, o en otras palabras, lo que entendemos por el Mal.
Creyeron en una especie de tiempo primero, y sería cuando el dios Ra, llamado el Oculto, empezó a gobernar aquel privilegiado país, ayudado por su parte femenina llamada Raet, la cual parece que se evitó dibujarla. Fue una divinidad que acabaría absorbiendo la mayoría de ideas religiosas.
En cuanto a su figura humana, Ra se presentó con una cabeza de halcón y un sol sobre ella, lo que alude por una parte quizá a la iluminación del rostro que surge del suelo cerca de la Esfinge, y también a la capacidad del dios Ra para dominar los cielos; una necesidad muy obvia si se quería admirar la dicha imagen de rostro allí excavada desde cierta altura. (Es de notar que la mención del Espíritu luminoso fue para referirse a los magos, según se desprende de varias epístolas de aquel tiempo y lugar).
Las divinidades del Antiguo Egipto escondían ante todo una básica idea arquetípica de la humanidad. El sol, era y es, con ventaja, el creador de toda vida y también de todos los objetos que su luz hace visible. Tal función iluminadora es, en efecto, omnipresente, por más que haya sido aislada para cada caso en particular. Ya no vemos tanto el poder del sol como ellos, sino que ha pasado a valorarse la voluntad de Dios cuando tratamos de dilucidar el misterio de la Creación.
El ritual iniciático de aquellos sacerdotes egipcios partía del hecho innegable de que el Astro Rey reúne en su esfera el máximo poder creador y la difunde por todo el planeta. Lo reconocieron así con sinceridad, y sería para su entendimiento una fuerza depositada incluso en la instintiva conducta de muchas especies animales. Dejaré aparte que la veneración de algunos irracionales tuvo lugar por otras circunstancias especiales, como cuando un hipopótamo arrolló y mató al rey Menes (llamado también Namer, sucesor del que sólo se conoce que tuvo por símbolo un escorpión). Namer es considerado el primer unificador de Egipto, al cual siguieron otros 75 reyes más. Lo cierto es que la tal unificación que le dio renombre, habría precisado al menos de cinco generaciones de soberanos anterior a él.
Después de mi descubrimiento me propuse informarme a través de muchas vías, y no sólo atendiendo a la arqueológica. Me animó a ello el hecho verificable que hace un siglo que los arqueólogos ya consideraron que: de Egipto se sabía todo y no hacía falta excavar más desierto. Hoy sabemos que, por citar sólo un ejemplo, con tal criterio se habría ignorado Hieracónpolis, la ciudadela del dios halcón que fue Horus. Un templo que parece ser el más ancestral de Egipto, y prototipo de todos los demás.
Opino que el estudio del Antiguo Egipto acaba de empezar. Parto de la base de que nada fue dejado al azar por aquellos sabios que pasaron sus vidas previniendo su renacimiento en el “más allá”. Sucedió lo mismo en Machu Picchu -por cierto, mi próxima website pondrá al descubierto su famoso misterio- y volvió a suceder de nuevo en las muchas pirámides de Centroamérica.
Los constructores de las pirámides de Giza es obvio que construyeron con muchísima perspectiva. Otras veces, como cuando se ha argumentado que la Gran Pirámide es mucho más antigua -por diversos motivos- de lo que la Egiptología admite, yo lo tomo en consideración. No es lógico que para datarlas se sirvan de las construcciones funerarias a su alrededor, porque pueden ser posteriores, como por ejemplo lo son las tumbas de los obispos que cubren el suelo de las catedrales góticas. Leo atentamente a los defensores de que la gran pirámide sólo sirvió de modelo, con más o menos acierto, para levantar las demás (tan sólo se conocen unas ochenta, aunque sobrepasaron el centenar y fueron hechas en poco más del curso de un siglo. He aquí una gran pregunta para la que no tengo respuesta alguna: ¿Por qué la Gran Pirámide es tan hermética? Está sellada a conciencia tanto de dentro hacia fuera, como de fuera hacia dentro; y es que, el garantizar su estabilidad, no puede ser la única explicación.
Me gusta meditar libremente cuantas noticias me llegan y las cosas que observo desde un ángulo mucho más general que la visión poliédrica recomendada. La subjetiva perspectiva que tienen de las cosas y de las ideas las demás gentes la sobrepaso y, metafóricamente, veo la rigidez de las disciplinas científicas como una cuña muy capaz de desgarrar el tronco del gran simbolismo que encierra el arte egipcio, pero sucede que actúa como en la tragedia de Milón de Crotona.
Al escrutar la planicie de Giza varias veces buscando una forma de cara humana que podría enriquecer mi colección, detecté una enorme imagen de rostro humano “petrificado” de este tipo de fenómenos visuales, gracias a cuyas visiones panorámicas de montañas puedo afirmar que gentes de tiempos prehistóricos pudieron experimentar, al verlas, cierto estímulo de superación, tal como me sucede a mí entendiéndolas cual una garantía visual de la existencia de un orden superior a lo mundano. La gran Verdad debe verse mejor que la televisión en color, por eso, siendo yo de pensamiento simple, me gusta el Salmo nº 94: 9, que dice:” El que hizo el oído ¿no oirá? El que formó el ojo ¿no verá?”
La gran verdad no depende de mi percepción ni de la de nadie. Cuanto nos rodea quizá sólo nos sirva ante la ley natural de causa-efecto que advierte del peligro de usar mal de la libertad. Trae tan pésimas consecuencias no entenderlo bien como el saltarse indicaciones básicas para uso de un vehículo. No deberá quejarse quien, con el depósito de su motocicleta lleno, se adentre libre y alegremente en un desierto, por ejemplo.
Del orden universal no se debe nunca dudar. Ahora bien, hay una diferente percepción mental entre las especies de este mundo: La hormiga ignora el peligro que representa el cruzar por debajo de un pie. No percibe en ello ninguna temeridad. Visto así, a mi ya me es suficiente para no descartar que exista algún modo de vida superior a nuestro entorno;… lo cual podría explicar en el plano físico que nos movemos todo aquello que con humano entendimiento es imposible justificar, o sea, las contradicciones que se atribuyen a la idea que tenemos de Dios, como por ejemplo, cuando permite un mortal sufrimiento a los niños. Una idea que a pesar de todo es realmente muy útil.
Si bien muchas personas hoy día ya tienen atrofiada mi facultad para reconocer perfiles de cara humana tras los pliegues panorámicos de la geografía, también he de avisar que conozco quien, para mi sorpresa, es capaz de ver mucho más que yo en las pétreas formas de determinadas colinas y piedras. Es un recurso natural; un don muy humano, y muy apreciado en la prehistoria. Creo que antes la gente de todas las latitudes debió de saber aprovecharlo muy bien.
El rostro aparecido en Egipto, nada menos en una parcela tan acreditada en monumentos, deberá ser tenido muy en cuenta porque, como cualquier otra cara humana, informa de lo que lleva en el fondo de su mente. Es en nuestro interior donde deberíamos buscar la que podría ser presentada como “montaña perfecta”, pero es obvio que habrá que valorar, y mucho, esta nueva visión del ESPACIO COMÚN que se nos brinda para su atenta observación, tal como haríamos con cualquier otro rostro de una persona muy querida.
Recordando a Tomás de Aquino (“Sum. Teol.” 2-2,81): “La atención que se presta a cualquier manifestación especial, nunca se detiene en su contemplación, sino que deseamos saber cuál fue la realidad que la creó”. Hemos de sincerarnos admitiendo que, como se debe a la luz del sol, nosotros cuantas más luces tengamos, también más enigmas se nos ofrecerán. Así pues, me entretuve en admitir la intención y motivaciones que aconsejaron esculpir un rostro sobre el suelo. Con objeto de reforzar la defensa de intencionalidad en la cara de Giza, presentaré las divinidades del Antiguo Egipto, siempre con la idea puesta en dilucidar quién pudo estar interesado en plasmar semejante imagen, entre la Esfinge y la colina llamada Gebel Ghibli, la cual en determinadas tardes se aparece en una estrecha franja de tierra, cerca de donde hay dos cementerios reunidos, uno copto y otro árabe.
Los arqueólogos a fin de desacreditar el hallazgo divulgan que por la dicha zona transitaron los obreros cuando accedían a sus puestos de trabajo, pero desde tiempos de la nieta de Keops (o sea, antes de que aquellos reyes se llamasen faraones), existen noticias de que el paso por allí estuvo vallado.

Quienes han supuesto que por aquel sitio cruzaría todo el tránsito, no consideran que se trata de una considerable altura de arena que se evitará siempre, y por otra parte, entonces no existía allí el actual gran cementerio. Cuando en él casí no había tumbas, sí fue la ruta de los constructores, habitantes del poblado que se ha descubierto fuera del llamado Muro del Cuervo, limitado por una muralla que cerraba la zona sagrada de Giza, a la cual se accedió tan sólo por una entrada con un muy gran megalito por dintel.
El muro que el faraón Zoser hizo construir alrededor de la primera mastaba sobre su tumba en Sakara, impidió a la gente admirarla. A fin de que la admirasen los profanos, construyó una mastaba menor encima de la existente, y luego otra, hasta parecer un zigurat mesopotámico. En Giza también se previno un espacio inmenso protegido. Más atrás del Muro del Cuervo, hubo otro que fue rectangular que resulta visible a pesar de haber desaparecido en su mayor parte, las foto de satélite hacen evidente que por un lado incluyó la colina Gebel Ghibli, y por el opuesto sobrepasó un terreno que ha desaparecido por milenios de corrimientos de tierra hacia el valle, o sea, muy cerca de la Gran Pirámide. Dicho espacio vallado fue accesible para los obreros, pero aún existía el antes citado recinto cercado con el Muro del Cuervo más cercano a los monumentos, el cual fue sólo accesible a los sacerdotes pues lo tenían por mucho más sagrado. Por las fotos de satélite vemos, pues, que no hubo sólo dos recintos alrededor de la docena de pirámides de Giza, sino que las tres faraónicas tuvieron su vallado propio.

Dentro del recinto más sagrado se distingue una ancha avenida en forma de “L” que era la zona del barrio residencial de los cuidadores de la pirámide túmba de la hija del faraón Micerinos. Con construcciones a cada lado, al parecer eran diez los recintos modulares dispuestas a lo largo de la calzada. Según el arqueólogo americano M. Lehner: “…consistente en edificios separados, un patio con graneros, terraplenes, y túnel bajo la calzada, era para la administración posiblemente una residencia real simbólica”. Fue una forma bien eficaz de evitar todo el tránsito por aquella mini-ciudad al servicio de la pirámide de Khenthawes. Con mi descubrimiento del rostro ya existe justificación para tal muralla, formando un ángulo en su parte final.

El caso es que con el tal complejo destinado al servicio y rituales, se cerró ya entonces el acceso por allí a la necrópolis de Giza. El suelo donde se aparece el rostro quedó protegido, además, por la considerable elevación del terreno arenoso, pues el camino bordea el dicho lugar al discurrir encauzado por otro montículo vecino por el lado de poniente y también configurado con la forma de un óvalo.

Khenthawes, llamada Rudye-Dyed-Et cuando ejercía de gran sacerdotisa del Templo de Ra en Heliópolis, dada su categoria religiosa y regia debió de conocer aquel fenómeno del oculto rostro encima de un montículo incluso antes de casarse con el sacerdote Sajebu, gran vidente de Ra en el mismo templo de Heliópolis. Las dudas habrían de estar en si su esposo, luego promovido a soberano, también conocía aquel lugar con rostro fenoménico, y si traspasaron el secreto a sus tres hijos que con el paso de los años fueron sucesivamente faraones. CULTO SOLAR DEL UNIFICADOR REY MENES
Mil años antes de que en el antiguo Egipto se momificasen faraones, ya lo habían conseguido entre las tribus negroides del centro del desierto del Sahara empleando una muy elaborada técnica. Lo reveló el hallazgo de un cuerpo momificado de niño en una gran cueva del valle de Mujubiac, al sur de Libia. Las pinturas rupestres del entorno así lo han confirmado. Hicieron otras precocidades, como son los grabados de bóvidos en la dura peñas (a unos 100 kilómetros en dirección a Egipto). Éstos decoran un altar ritual donde se sacrificaron. Las semillas analizadas del entorno informan de que alrededor de los montes Akakus existió una muy exuberante flora junto a desaparecidos ríos llenos de cocodrilos. Lo hizo posible la variación del eje de la Tierra cuando, por su movimiento precesional, los monzones subieron hacia el norte de Nigeria. Del sur, y de raza negra, fueron los primeros veneradores del perro Anubis de los egipcios, ya que allí su imagen la grabaron mil años antes. Aún hay que advertir que, entre la zona citada y el Nilo, existe un complejo monumento formado por muchos menhires en círculo, por lo cual también es de creer que el control de los astros fue una idea llegada del centro del Sahara libio un milenio antes de las más antiguas pirámides.
Los coptos, actuales herederos de la tradición del Antiguo Egipto, se remontan al mítico palacio de los “Montes de la luna” ubicándolo en el corazón de Kenia. Allí el dios Osiris se dice que moraba en la “montaña de occidente”, donde pasó la misma transformación que el patriarca Moisés en el monte Sinaí. Hoy se admite que hubo un foco migratorio que, procedente del Sahara, se distribuyó en las orillas del sur del Nilo.
Según los arqueólogos, entre los años 4000 y 3000 a.C. hubo un desequilibrio evolutivo cada vez mayor entre los nilóticos del sur y los del fértil delta los cuales estuvieron más influenciados por las creencias de Mesopotamia. El encuentro y fusión de ambas zonas la empezaría el mítico rey Escorpión, siendo su sucesor, el rey Menes, quien fundó la llamada Primera Dinastía de Egipto.
Entre los años 8000 y 9000 a.C. el desierto a poniente del Nilo era un sector verde donde los arqueólogos han descubierto en Playa Nabta hay 28 piedras-menhires hincadas formando un círculo artificial de 2,5 x 1,5 Km., el cual tuvo utilidad de calendario solar, así como les indicó las salidas de la estrella Sirio y las constelaciones Osa Mayor y Orión. A ésta la señalaron varios milenios antes que lo hiciesen con la Gran Pirámide. Además compartieron con los egipcios el ritual de enterrar a sus bóvidos ceremonialmente. Los testimonios de rituales al sol, pues,son bien evidentes desde antes de que un gran cambio climático obligó a aquella cultura pre-egipcia a trasladarse a orillas del Nilo.
El núcleo que primero fue habitado a orillas del gran “río de la vida” sería Hiéraconpolis, llamada “ciudad del dios halcón”, donde también fue erigido el más antiguo prototipo de templo religioso, el cual luego se repitió al menos en sus más peculiares aspectos, edificándolos a lo largo de todo el río Nilo. A tan ancestral período parece que deben de ser remontados los orígenes de la veneración al “dios-hijo” Horus. Dicha ancestral referencia lleva a pensar que la proliferación de divinidades en Egipto fue más antigua de lo que parecía. De hecho, como se trató de unificar zonas con diferentes dioses, pronto debieron tener necesidad de hacerlos congeniar entre si; y como se consiguió gracias a la hegemonía de Ra, su mayor poder nunca más sería olvidado.
A la citada ciudad capital del Alto Nilo le salió una urbe contrincante llamada Buto, y ubicada en el delta. Por la cerámica recuperada de Buto es obvio que en el mismo periodo 3500 a.C., su cultura era inferior a la desarrollada en Hiéraconpolis. Hacia el 3200 a.C. cuando tuvo lugar la conquista bélica del rey Menes de la zona del delta del Nilo. Este rey unificó las dos tierras y se representó en los grabados luciendo la doble corona del Alto y Bajo Egipto.
La del Alto Egipto, donde se cree que nació el rey Menes, ya lo presentaba tocada su cabeza con un alto gorro blanco parecido al cónico capirote de nuestra fervorosa Semana Santa española, sólo que acabado con una forma esférica en su extremo superior. Parece ser como un símbolo jerárquico ceremonial en la cabeza de los faraones. Representó también la iluminación de una cabeza por el sol (borla esférica), y el resto del gorro los rayos materializados que conectan con la divina cabeza (es el Atep, también llamado gorro blanco). Con un poco de imaginación se puede interpretar que, entre la citada borla del extremo de sombrero de los “reyes de las dos tierras” y su cara, se imaginó que aquella forma de embudo eran compactos rayos solares capaces de dar vida sobrenatural al rostro del faraón de turno, del mismo modo que el sol coronaba a los dioses (FOTOS: nº 4, A-B-C).

Por lo descubierto en Giza, que sólo cobra sentido con el adecuado ángulo de los vivificadores rayos solares, al fin se encuentra sentido a la siempre presente inclusión del disco solar en la cabeza de las principales divinidades de aquella religión (que por cierto sobrepasa nuestro concepto de idolatría), alcanzando al faldillero dios grecorromano Serapis, al que sorprende ver en las imágenes que han llegado hasta hoy el contraste entre sus barbas y un braserito “Grial” con fuego sobre la cabeza.
Hemos superado la creencia que el primer gnomon astronómico conocido fuese el círculo de trilitos de Stonehenge, edificado hacia el 2800 a.C. al SW. de Gran Bretaña. En efecto, antes también existieron otros mini-Stonehenges, y siempre con idéntica función de espacio para el ritual debido a los dioses relacionados con el cielo. El más famoso de ellos debió de ser el considerado un calendario pétreo construido por Gudea de Lagash a orillas del río Eufrates. Para su construcción, también es casualidad que emplease un tipo de piedra que, como en Stonehenge, se debió de trasportar desde muy lejos. El rey constructor llamado Gudea la hizo acarrear desde Egipto y Nubia, primero por tierra y luego por mar hasta el templo abovedado de Girsu, que por lo que parece pudo haber sido el primer planetario del mundo.

Según observaciones del autor Z. Sitchin, el mismo día que Gudea culminaba la ceremonia de la erección del Templo de Girsu en Lagash, el líder bíblico Josué mandó erigir un tosco círculo de doce piedras en Gilgal, cerca del río Jordán, por el hecho milagroso de que gracias a ellas, los israelitas habrían podido cruzar en seco aquel curso de agua.

Continuando con la autoridad que le da haber traducido las tablillas cuneiformes sumerias, Z. Sitchin en su obra profusamente ilustrada, titulada “Al principio de los tiempos” (Ed. Dic. 2002), especuló si la veneración por las enigmáticas doce piedras en ambos episodios, pudo deberse a los orígenes y creencias sumerias del patriarca Abraham. Su padre, llamado Téraj, había nacido el año 2193 a.C. en Nippur (Sumer), de donde era sacerdote del templo cuando el dios Ninurta (el mismo dios astrónomo que en Egipto fue llamado Toth), autorizó la construcción en Lagash de una pirámide-templo (Eninnu) para su veneración en Sumer, para lo cual dio instrucciones precisas.

Así pudo dicho autor considerar que todo tipo de círculo astronómico de piedras, que primero “regalaron” los celestiales Anunaki (An.unna.ki) a los sumerios, siempre reprodujo dentro de un círculo el zodíaco celeste. Por otra parte, el “Punto Cero” de aquella civilización se situaría entre los signos zodiacales de Tauro y Géminis. En la argumentación que precede, la pregunta es: ¿en que fase de crecimiento cultural, deberíamos ubicar el círculo de piedras casí sahariano?
EL SINCRETISMO RELIGIOSO
Los dioses egipcios eran “ricos en nombres” según presumieron los mismos sacerdotes de tan antigua cultura ante los griegos,… quienes por cierto les copiaron todo, empezando por Ra, al cual llamaron Zeus. A pesar de ello, quizá ni los propios egipcios sabían que, nombres aparte, tuvieron en total más de 1500 divinidades. En el caso de los setenta y cinco nombres del dios Ra, podrían justificarse por la división en catorce pedazos (número copiado de sus otras tanta principales constelaciones) que hizo de su cadáver su hermano y vencedor el dios Seth. Pero es que el dios Amón, su divinidad asociada posteriormente, escribieron que tenía incontable número de nombres. Al menos los de la diosa Hathor, que fueron escritos en los muros del templo de Edfú, sólo consta que tuvo un nombre para cada día del año. Su misterio consiste en que eran siete sus hermanas, como muy diversas culturas ya detectaron en tiempos remotos que la constelación de Pléyades tuvo “siete hermanas”, como Hathor, todas en una y además las creyeron vestidas de rojo.
A pesar de tanta exageración, durante el Imperio Medio dejaron una inscripción en la tumba de Merykarh que afirmaba: Dios conoce todos los nombres. (Por ello debo escribir Dios con la letra “D” mayúscula). En Egipto dicha divinidad era el sol, con su triple visión de ser luz, dar calor y forma circular. El resto de divinidades fueron al fin y al cabo simples atributos, o intermediarios al modo como en el catolicismo se veneran una cantidad incontable de santos según en un determinado lugar o templo se tenga preferencia por unos u otros. Lo diferente en Egipto quizá fuese una gran tendencia a que entre los dioses se buscase agruparlos en clanes familiares, haciéndose de un modo u otro según los sacerdotes de los templos tuviesen sus determinadas preferencias.
Desde el año 1934 el alemán H. Junker defendió que en sus inicios la religión egipcia debió de ser monoteísta, degenerando paulatinamente después. Aquella proposición nunca ha sido del todo descartada y menos lo será por mí. Opino que entonces sucedería más o menos lo mismo que con la veneración del extensísimo santoral católico al que normalmente rezamos los creyentes hoy día, proliferando las canonizaciones más que nunca por iniciativa del recientemente fallecido Papa. En tiempos remotos es obvio que no pudieron tener sus magníficos misterios litúrgicos tan claros como en la actualidad, pues era un estado embrionario de nuestra soberbiamente elaborada Teología.
En pocas palabras, no veo el conflicto que por “marear la perdiz” han venido presentando los autores Herik Hornung, Jan Assmann y, en 1999, James Allen. En todas las versiones egipcias de su creación del mundo los iniciados sacerdotes afirmaron que Ra creó a todos los demás dioses y a todos los seres humanos de la tierra, y también todo lo existente, motivo por el cual pudieron llamarlo tanto padre como madre sin temor a equivocarse. Todos los dioses egipcios se asemejaron entre si en lo más fundamental, pero a pesar de la inmensa polvareda dejada por la multitud de dioses locales, no pudieron evitar que aún se nos revele un monoteísmo semejante al de las más grandes religiones del mundo centradas en un dios único, inmortal, increado y oculto en su inaccesible esencia.
Los antiguos egipcios no tuvieron reparo en aunar muy diferentes leyendas sobre sus divinidades, en beneficio de aquellos dioses que representaban fuerzas de la naturaleza, y también por otra parte, los sacerdotes responsables del culto en los diferentes templos de Egipto se confundieron y mezclaron las leyendas de tan numerosos dioses. En la ya evolucionada XVIII Dinastía, todo cuanto se lee referido al dios Amón, para solucionar el enredo basta con que mentalmente se sustituya su nombre por el de Ra para que se entienda lo mismo que se explicaba desde tiempos remotos.
Se lee en un himno al dios Amón: “Tres son todos los dioses”. Aparte de que parece que también tuvieron su Trinidad, hay que dejar claro que a Ra “Padre de todos los dioses”, se le asociaron durante el llamado Imperio Nuevo las divinidades Osiris y su hijo Horus. Dejando aparte la herencia artística, mis preferencias sobre Egipto ya no llegan a este período, así como me entristece que se hable tanto de Tutankamon. A aquellos gobernantes ya les faltó casta. Veamos si no.
Además de llamarse tan pomposamente faraones, después del 1500 a.C. incluso algún gobernante ya fue incluso del sexo femenino. Habría sido un escándalo inconcebible para los faraones antiguos como Snefru. En poco más de cien años, durante la IV Dinastía se admite que se manipuló más piedra de que habrían acarreado entre todas las dinastías posteriores. Snefru además pasó a la historia por haber inventado la forma piramidal luego tan famosa). Por otra parte, además de los numerosos pueblos de navegantes vecinos que atacaron a las Dinastías XIX y XX, aún hay que tener en cuenta la coalición de pueblos del mar Mediterráneo noroccidental (luego llamados: sardos, catalanes, sicilianos y los etruscos “turshas”) que si bien fueron finalmente derrotados por Ramses III, también es evidente que a partir de entonces Egipto ya fue de capa caída.
En el Segundo Período Intermedio gobernaron Egipto simultáneamente tres dinastías: XV, XVI (Hycsos) y XVII, esta última entre 1640 y 1552 a.C., después de la cual Ahmosis I reunificó el valle del río Nilo (su “Cuerda de salvación”). Partiendo de la ciudad de Tebas, él mismo inauguró el llamado Imperio Nuevo hacia el año 1640 a.C.. Fue a partir de entonces cuando las pirámides cedieron su simbolismo astral a los pilonos de las fachadas de los templos, que utilizaron una mucho más liviana piedra del tipo arenisca. La IV Dinastía se había distinguido de las anteriores, primero por encerrar dentro de un cartucho el nombre del rey. Fue en la V Dinastía que se empezaron a trabajar los obeliscos (siempre a pares) para erigirlos ante las entradas de los templos. Cada período tuvo sus cambios, llegando la degradación cuando a partir del Imperio Nuevo incluso los gobernantes ya pudieron ser gente sin nobleza. A partir del faraón Amenhotep I, se empezó a enterrar a los faraones en el Valle de los Reyes. El faraón Ramsés I, fue hijo de un militar del delta nombrado a dedo. La inmensa vanidad de Ramsés II después sirvió para de guía a su sucesor. En adelante, aun cuando el arte siempre evolucionó, ya no tuvo que ver con los tiempos de las primeras dinastías de grandes constructores (2649-2575 a.C.), cuando la entrada a una pirámide tan sólo podía estar en el lado norte por la necesidad de enfocar a los astros fijos, allí donde, los que aún no se llamaron faraones, irían a renacer después de un estricto ritual. DE LA COSMOLOGÍA HELIOPOLITANA
Entre los Textos de las Pirámides (compilación primera) y el Libro de los Muertos (el primer libro ilustrado de la historia), en Egipto se escribieron los Textos de los Ataudes, siendo en ellos donde se lee que se dejó enfriar la veneración por el solar dios Ra (como antes había sucedido con la veneración de las estrellas), superándolo el culto al dios Osiris. Su tumba se llamó Sokar, al cual se asoció porque era un dios agrícola mucho más antiguo de la zona del delta del Nilo. Se ha tratado de localizar el Duat, pero hasta ahora no apareció la puerta de entrada al más allá, aunque fue la Tumba de Osiris vista como tal. Está pues pendiente de ofrecer sus misterios. Yo la supongo en el Templo de la Esfinge porque casí toca sus patas, pero habrí de sospechar que estuviese ubicada entre la Esfinge y la colina Gebel Ghibli, o debajo de ésta.
Esta divinidad unificadora del país, además logró ser más temida al asociársele los difuntos en aquel lugar debajo del horizonte occidental más alejado al que llamaron, primero “Campos de Juncos” y después “Campos Elíseos”. Era el lugar donde la muerte simbólica también engullía cada día a las estrellas, aunque después las viesen renacer por el orto heliaco (la salida de una estrella).
Tras el celebre “Mito de Osiris” se quisieron trasmitir indicaciones para localizar un tesoro de gran valor científico. Del dios que “renace sin cesar” se explicó también que padeció una deficiencia visual, llamada “ceguera de Osiris”, y ello remite a cuando la luna, sobre todo cuando es llena, eclipsa a las estrellas que tiene cerca suyo en el cielo. Fue algo semejante al mítico renacer de Orión de la mitología griega, ya que lo presentaron cual un gigante. Los hebreos vieron en Osiris a su Sansón, cuya quijada de asno fueron las estrellas Híades. (Por cierto que entre los egipcios fue llamado con el largo nombre: “El hombre que corre mirando sobre su espalda”).
La ansiada salida por la mañana de la constelación de Orión fue todo un “renacimiento”, porque durante mucho tiempo no era visible desde tierras de Egipto. Por fin sucedía un amanecer del día del solsticio de verano. Entonces su estrella más brillante Sirio (símbolo de la “Diosa-Madre” Isis) salía asociada a Orión, pero un poco más tarde. (En el solsticio de invierno salía cuando ya hacía una hora que se había puesto el sol). Era usual en el arte del Antiguo Egipto representar a Sirio con tres estrellas de tres puntas.
Isis, al haber sido simbólicamente asociada a la diosa con orejas de vaca llamada Hathor (como dije más arriba: la Dama de las Turquesas del Sinaí), llevó en su cabeza una cornamenta y un disco solar, como si fuese el dios Ra con cabeza de halcón. Entonces fue cuando Isis tuvo un nuevo aspecto, porque sostuvo al pequeño Horus (dios-hijo) sentado en el centro de sus rodillas.(Isis se simboliza también por la letra omega escrita al revés por ser diseño del “Útero de la vida”. Varias asociaciones femeninas lo representan así en sus anillos de hermandad.)
Brevemente repasadas las más primeras divinidades de Egipto demostraré que aquellos iniciados en sus mensajes se expresaron mucho más de lo que hemos sido capaces de entender. Nos planteamos mal las preguntas y así no hay manera de llegar al meollo de la cuestión. No hay que perderse por las ramas ¿Que duda puede haber en que el sol es el eterno foco principal de nuestra vida, por mucho que después seamos parásitos de las plantas, o necesitemos del agua? Además creo que la enseñanza de las ciencias debería ser divertida y para ello se debería picar la curiosidad, por ejemplo, exponiendo la necesidad y ventajas de crear una fórmula antes de obligar a los alumnos a memorizarla.
La simplificación puede ser otra vía muy útil, así, en la presente investigación, algunas divinidades incluso podrían dejarse de lado, ya que hasta el dios Amón fue promocionado a partir de la XII Dinastía, siendo de invención posterior Atón y Atum, ya que en un principio su dios único fue el “dios sol”. Y no iban del todo desencaminados, porque hoy podemos afirmar, al igual como los monjes cistercienses hicieron evidente al edificar los claustros de sus sus monasterios e iglesias medievales: “El verdadero arte es Luz”. Por cierto, ante el nuevo rostro se evoca la gravedad del alma humana; y debe interesarnos porque se presenta tan cercana a la gravedad de las más grandes pirámides. En éstas moles de increíble peso, se evidencia la importancia de la gravedad que hace hoy posible medir la luz hecha materia tal como se proclama en la moderna teoría de la relatividad general,… que al ser descubierta tan sólo era otra mera especulación teórica.
Cuando Heliópolis (la On del Norte) fue la sede del culto solar, los teólogos egipcios asociaron a Ra un nuevo demiurgo llamado Atum (al cual no hay que confundir con Atón). Atum se creyó entonces el sol pero sólo en su ocaso. Llama la atención que fuese el sol poniente, porque ahora sabemos gracias a la foto de procedencia Stern que es cuando sobresale la imagen de una cara en la colina de Gebel Ghibli de la meseta de Giza. La trabajaron ¿o es que acaso es una casualidad que habrían podido prevenir aquellos “Padres de la magia”?
La proximidad en Giza de otros varios enigmáticos monumentos recuerda la fascinación de los egipcios por los rostros, así como su idea fija de coronar las cabezas de las divinidades y faraones por un sol. Como además la misma gorra de faraón tuvo asociada su alto pomo con el disco solar, todo ello lleva a sospechar que algo sabían, o al menos recordaban en clave, referente a un milagroso fenómeno causado por la luz del sol poniente. La iluminación entonces debió de tener mucho más sentido del que hoy le concedemos. Finalmente nació la Luz del Mundo, que es Jesucristo, el mejor Ángel de la Luz que podía esperarse. (Quienes no admiten ángeles, dicen que son arquetipos de la humanidad y llamarlos ángeles es de fantasiosos).
En principio en Heliópolis se explicaba que la familia de Ra la formaron nueve divinidades. Atum generó las divinidades del aire seco y aire húmedo, quienes a su vez dieron vida a la tierra (Gueb) y al cielo (Nut), padres de Osiris, Isis, Seth y Neftis. Isis y Neftis, las diosas compañeras de Osiris-Apis, se incluyen en los dibujos del nacimiento de los faraones. Isis simbolizaba al toro (o buey), y Neftis al asno, lo cual lleva a suponer que inspirarían a los dos animales del pesebre cristiano simbolizando dominio de los dioses paganos bajo Jesucristo. En antiguos papiros griegos se puede cotejar el nombre de Seth con la raíz del nombre de Yahvé (io) que deriva de la palabra egipcia asno (c3).
Tales divinidades egipcias originales fueron asociadas a los naturales agentes atmosféricos (al igual que en Sumer), y después otros símbolos, incluida la Esfinge de Giza, se encuentran asociadas al dios halcón, llamado Horus (que a veces se presenta chupándose el dedo, lo cual evidencia su infantilismo). Hay testimonios de matronas vírgenes acabando de parir entre animales al menos desde el 7.000 aC. en Anatolia (Turquía), una escultura que fue quizá inspiradora de la griega Cibeles, madre de Misa. Tales diosas vírgenes se veneraron en relación a la recolección de frutos, celebrándose sus fiestas en el solsticio de invierno. Por ejemplo, en el año 1000 a.C.. Demeter, la madre-vírgen de Proserpina; o también la Diosa de Diam, Luristán, el siglo IV a.C.. Todas las diosa-madre-virgen paganas citadas también presentaron al recién nacido entre animales. A pesar del exagerado pudor que carácteriza a las obras de vírgenes cristianas, se remiten a la misma idea de la revitalización agrícola, si bien en nuestras magníficas tallas del tema, además de la regeneración de la tierra y del vientre materno, subliminalmente con el nacimiento de Jesucristo se invita a la regeneración espiritual, con lo cual se cierra el básico triángulo que combina con este otro: El hambre de sol de las plantas, el hambre de espacio de los animales y el hambre de raciocinio de las personas,… aunque haya quien parezca ser irracional. ¿EL OJO DE HORUS ? NO, ¡EL OJO DE RA!
Antes de la Edad Axial de la humanidad, cuando aún no se había inventado el santo y seña: “Dios prefiere la misericordia al sacrificio” que luego fue común entre los sabios occidentales, la sucesión de divinidades transformistas del Antiguo Egipto, que además de intercambiar funciones y emblemas, se zoomorfizaban sin reparo alguno. Cada 25.000 años se produce un estallido extraordinario de luz procedente del centro de la Vía Láctea, muchísimo más brillante que nuestro sol. Es un ciclo bien conocido por los antiguos egipcios y divulgado por el filósofo Platón, pues desde la perspectiva terrestre presenta una forma de ojo (de Horus). Los herméticos lo apodaron “Útero de Isis”, la madre negra de inspiración núbia, creadora de cuanto existe, justificando la intromisión de su divino hijo.
Partiendo de cuando el centro de la galaxia se alínea con nuestro sol y el planeta Tierra, los mayas en su calendario dejaron establecido que al final del año 2012 y comienzos del 2013 sería cuando emergería una “Era renovada”. Para ellos se trata de la última fecha de su calendario, pero para otros astrónomos menos exigentes el tal cambio hacia una “Edad de Oro” habría empezado hacia 1980 y concluirá hacia el año 2016. Los Vedas de la sabiduría India, aun siendo tratados de poesía, ya avisaron hace 5000 años del mismo período para el fin de la “Edad oscura”. Después seguirá un período de purificación, y nuestra especie estará llamada a superarse a nivel de toda la Humanidad (Sattya Yuga).
Evitaré en lo posible los temas mitológicos mezclados a lo largo de más de treinta dinastías de gobernantes. El Ojo de Ra, de simbolismo solar, es el primigenio, según los más antiguos Textos de las Pirámides. Con el nombre “Lucero de la Mañana” se asimiló al culto a la diosa Maat, hija de Ra (cósmicos: orden, justicia, equilibrio, etc.). El Ojo de Ra cuando adoptaba la forma de la cornuda diosa Hathor se creyó que curaba las enfermedades.
Los sacerdotes del templo de Heliópolis al emparentar como Padre-Hijo a Ra y Horus, encontraron ocasión de aludir al Ojo de Horus(wadjet), porque estando asociado al dios Halcón, que tenía un ojo solar y otro lunar, Ra se quedó con el Ojo Solar, y Horus el Ojo Lunar. A la larga se mezclaron, pero se recordó el ojo del dios-hijo porque cuando estaba guerreando para vengar a su padre Osiris Horus venció a su tío Seth pero perdió un ojo en el tal combate. Los cuentos -porque esto son- llevaron a que incluso los nobles se decorasen sus ojos con cosméticos con un símbolo que hizo furor. Era el mismo ojo que el clero informaba que el dios Horus había debido de maquillarse su feísima cicatriz después de perder su ojo. Incluso matemáticamente se utilizó aquel símbolo: Dividido el dibujo del ojo en seis partes, dieron a cada una de ellas el valor numérico de una fracción entre 1/2 y 1/64.
Los egipcios de las pirmeras dinastías se creyeron los primeros del mundo en ritualizar la ansiada inmortalidad del alma a condición de que conservasen un corazón puro hasta la hora de su muerte, a fin de poder dar fiel testimonio en el Más Allá de haber vivido honestamente. Lo corroboran muy especialmente las máximas de Ptah-Hotep, escritas en el famoso Papiro de Prisse que a pesar de ser llamado “el más antiguo del mundo”, el texto original dataría de la IV Dinastía (Fue traducido al francés en 1887 y actualmente se conserva en el Museo del Louvre de París). Por las máximas del sabio egipcio Ptha-Hotep, sabemos que tuvieron una responsabilidad de conciencia histórica.
Debido a que los antiguos egipcios fueron el pueblo más conservador de la historia de la humanidad, todas sus diferentes religiones estaban emparentadas. Al pasar los siglos sólo variaron el nombre de sus principales divinidades, pues en realidad interpretaban que todas ellas serían cual destellos del Dios omnipotente máximo, que fue Ra pues conservó su primacía en todas las sucesivas religiones posteriores. Fueron monoteístas a pesar de incorporar las ideas politeístas de sus antepasados al modo como los totems de los pieles rojas americanos representaron a sus predecesores: los creyeron emparentados con las “bestias-espíritu” de los tiempos primigenios. Los egipcios tampoco se atrevieron a traicionar a sus progenitores, y de ahí que venerasen figuras humanas con cabezas de animales diversos. No osaban olvidarlos porque sabían que el carácter de cada difunto, su Ka permanecía depositado en la estatua o el dibujo que lo representaba. El Ka consideraban que era muy vivo y de naturaleza muy superior a la momia de su tumba,…tumba del Ka (no de la momia), el cual sobrevivía gracias a haberle proporcionado alimentos comestibles a modo de ofrendas de despedida. Vieron el Ka del familiar traspasado como un “alma-ave”, que con los años los griegos de las colonias del Delta llamaron arpía, y los continentales sirenas.
Alguien ha escrito que utilizando mitos metafóricos pudieron entender realidades complejas, del mismo modo que hoy aún la veracidad de muy trascendentes narraciones literales se explican poéticamente. Las realidades a que nos remiten son tan superiores a la mente humana que tal vez después de darle incontables rodeos,… bien pudiera resultar ser tan simple como se acepta. Volviendo pues a mi defensa del dios Ra como divinidad única (tan principal como Cristo entre los santos de una iglesia), empiezo por distinguir que se le representó de muchas formas, como por ejemplo un escarabajo alado (Jepri, que se escribe HPRR, y fue luego Apolo para los griegos). El escarabajo pelotero fue el icono más habitual del renacimiento del dios Ra, pues a partir del mediodía su símbolo fue el halcón (Haractes). El cuerpo humano se destinó para significar el recorrido nocturno de Ra por el Duat, llamándole entonces Atum-Ra (que se masturbaba); éste fue presentado a veces con la sagrada forma del montículo primigenio (inspirador de las pirámides), el elevado lugar emergente de las aguas por donde salió el sol la primera vez a fin de que no pereciese el germen de la vida nacida del caos cósmico.
El primigenio dios Ra fue simbolizó con un sol pues era considerado “su carne”. Ra se creyó que había enviado su gran ojo (personificado en la cruel diosa Hathor) a fin de que lo vengase de la falta de respeto de sus súbditos. Las muertes que causó aquella decisión deben de ser una metáfora de una extraordinaria inundación causada por el río Nilo. El símbolo iconográfico de un colorístico ojo, entre estilizado y afiligranado, el “Ojo de Ra” se remonta a las más ancestrales referencias, ya que dos ojos decoraban una de las caras del obelisco conocido como Ben-Ben. De allí copió los ojos el faraón de la XII Dinastía llamado Amenemhat III (1844-1797 a.C.) para reproducirlos en su peculiar obelisco. El “Ojo de Ra”, se encuentra en las más viejas referencias simbólicas, ya que dos ojos decoraban una de las caras del obelisco más antiguo conocido llamado Ben-ben. De allí copió los ojos para reproducirlos en su peculiar obelisco, el faraón de la XII Dinastía llamado Amenemhat III (1844-1797 a.C.).
Ra simbolizó especialmente el luminoso y muy benéfico astro rey, aunque cualquiera que fuese su símbolo identificador se puede afirmar que nunca después fue olvidado por los egipcios, quienes en cierto modo por ello pueden considerarse monoteístas desde su primer despertar. A las posteriores desviaciones en vano pretendió oponerse el faraón Akenaton apodado “el hereje” (1353-1335 a.C.) cuando substituyó la divinidad Amón por la de Atón. Fue un gran místico, pero también igual de déspota debido a su fanatismo.
El culto a Ra, siendo su venerado sol, Akenaton también lo prohibió. Drásticamente de todo hizo borrón y cuenta nueva, porque pretendía un tan profundo cambio de mentalidad, que no pudo ser digerida por los demás tal como él había deseado. Así había de ser posible que, a pesar de ser considerado como todo faraón un dios vivo, el antes llamado Akenaton, que fue Amenofis IV, no llegase a reinar dos décadas y además fuese muy odiado,…y hasta quizá desterrado.
Sucedió que el anterior faraón de Egipto, el llamado Amenhotep III, confinó a sus súbditos procedentes del este de su imperio en la ciudad de Avaris, en el delta del Nilo por considerarlos “impuros”. Su gobernador fue el sacerdote Orsarsef (o quizá Osarsiph), del templo de Heliópolis, quien también según el sacerdote egipcio Manetón, fue el mismo que pasó a la posteridad con el nombre de Moisés. La amañada leyenda del hijo adoptado por el faraón, parece ser que escondió realmente a Orsarsef, quien con todos los suyos fueron aliados de los invsores hicsos que eran procedentes del actual Israel. Les ayudarían a invadir Egipto y a permanecer allí ocupando las tierras del delta durante trece años.
Opino como los investigadores -que lo defienden con óptimos argumentos- que Orsarsef se convirtió en el profeta Moisés (llamado Mosheh-Musa en el Islam), y así se da explicación al hecho que Moisés regresase a Egipto ante Ramsés I, el militar promovido a faraón ilegímamente, para censurarle que reinase. En efecto, es demasiada casualidad que Moisés i Akenatón debiesen emigrar, y ambos conduciendo a miles de descendientes de los hicsos en busca de un lugar más sagrado. Los hicsos, además, tuvieron a Seth por dios nacional,… y para mayor descaro veneraban al dios Apophis, enemigo de Ra.
Moisés (Libro del Éxodo: 15, 11) y su suegro (Éx. 18,11), dejaron constancia de que Yahvé no era el único dios. El “dios de Moisés” se comparó a si mismo con los demás dioses (Éx. 20,2-5). Y aún es más sorprendente que no creyese en la vida post-mortem de los seres humanos (Génesís: 3, 19).
Nuestra mentalidad es paradójica, empezando por advertir de lo traicionera que nos resultará la excesiva racionalidad. Nadie debería pretender entender la inspiración que ideó la cosmología del Antiguo Egipto sin ser tan creyente como ellos mismos en su idea del trasmundo. Después de admitir eso, hay que entender que cada divinidad local buscó la “unidad divina” en los fenómenos naturales y la cosmología propia. Por ejemplo, la invención del dios Osiris (“Sede del ojo del sol”, “Ojo poderoso” etc.) obedeció a la necesidad de tener referencia de un primer rey mítico que hubiese dado unidad real al país que se extendía dividido en varias comarcas (nomos) a lo largo del río Nilo. En su papel de Dios-Padre Osiris nunca tuvo animal asociado, en cambio no renunció a tener referencias en los fenómenos naturales y celestiales, tal como también sucedió en aquellos tiempos en el país de Sumer, al Sur de Mesopotamia (hoy Irak).
Un templo de gran devoción por Ra fue el de Edfú (aun cuando allí la divinidad principal venerada fuese Horus) por ser el máximo creador que desde los cielos observaba el mundo. El templo de Edfú, en la orilla a poniente del río Nilo, se fue periódicamente restaurando por haberse ido celebrado en todos los tiempos la victoria final de Horus contra su tío Seth, la cual contienda recuérdese que se explica porque fue aludir a la victoria del bien sobre el mal.
Hubo una gran pluriformidad de creencias entre los cristianos anteriores al siglo IV, ya que desde entonces la Iglesia se institucionalizó y masculinizó. El dios egipcio Seth, el que lleva en su cabeza cuernos de toro, fue para los agnósticos, el tercer hijo de Adán y padre de la Humanidad iluminada.
Según el autor copto del “Evangelio de Judas”, para los agnósticos Jesucristo habría sido la manifestación encarnada del dios Seth egipcio considerado el Gran Espíritu invisible. Por tal asociación, Jesús hizo sofisticadas promesas de iluminación y liberación: “…mirando las estrellas para encontrar el camino”.
El final de aquella guerra fue arbitrada por el dios Toth, siendo interesante saber que en ella por primera vez los humanos lucharon entre si bajo las órdenes de ambas divinidades. Los humanos vencedores del bando de Horus, o sea el dios vengador de su padre Osiris, posteriormente fueron los primeros sacerdotes del templo de Edfú. Fue así como se justificó el superar su veneración por la de Ra, el dios primigenio. Dichos sacerdotes grabaron en su templo un “disco solar” capaz de volar por el cielo con brillo multicolor. Era su “Barca celeste”, y apostillaron en los escritos de Edfú que: Al regresar a la Tierra aterrizaba en el lugar del “Trono de Horus” (esto fue así al menos en una ocasión que Horus había salido para avisar de una gran concentración de enemigos).
Respecto a las posibilidades de una tan sideral contienda, hay que decir que 350 años antes de la toma del poder de Menes en Egipto, el sacerdote egipcio Manetón escribió que la civilización del Nilo padeció un grave período caótico entre los años 3450 y 3100 a.C.. Fue hasta el 3113 a.C., según Z. Sitchin, quien da la noticia de que antes al pasar Ra a tierras de Egipto, allí ya se habría enfrentado con su hermano el dios Toth, al cual finalmente exilió a tierras del continente Americano. Allí ciertos vestigios arqueológicos indicarían que también debió de ser Toth quien equilibró la balanza, lo cual significa valorar la luz de los equinoccios. Continuando con dicho el traductor de escritura cuneiforme, las crisis que incluirían en Sumer el episodio de la Torre de Babel, había sido desencadenada por el dios Ra (cuando en Mesopotamia era Marduk), después de ver frustradas sus ambiciones en Egipto.
A todo lo dicho hay que tener en cuenta a la diosa Hathor, pues antes en Sumer había sido llamada Ninharsag, Hathor, habiendo copulado con sus dos hermanos, tuvo dos hijas de Enki y el hijo heredero Ninurta era hijo de Enlil. El dios sumerio Ninurta estaba, pues, destinado a heredar la Tierra, privando de sus aspiraciones (no sin guerra) al hijo de Enki llamado Marduk.

Según los textos descubiertos en el templo de Edfú, el dios Seth tuvo por feudo la península del Sinaí. Al escrutar varias fotos de satélite del Sinaí descubrí que el dios del mal grabo sobre aquellas ásperas cumbres la imagen de su cornuda cara; …o quizá en lugar de dos largos cuernos sólo fuesen orejas de asno, el astuto animal al cual Seth fue asimilado. Fue así al menos desde después de haberlos introducido en tierras de Egipto los invasores hicsos quienes, seú Flavio Josefo, pactaron su retirada pacífica de Egipto.

En la zona más montañosa de la península del Sinaí no se pude negar que tan ásperas y duras montañas fuesen cortadas como manteca mediante algún tipo de “super-laser” transportado en el aire. El busto con cabeza cornuda y gesto gesticulante que aparece en la foto del transbordador de la NASA “STS-37, hecha en 1991 (cuando ya había otra hecha desde el satélite “Geminis XI” de color más oscuro), deja pocas dudas de que el excavarla fue una labor intencionada por mucho que hoy por hoy cuesto creerlo (FOTOS: nº 5, A-B-C-D). Otro detalle muy esclarecedor, es que luce una especie de anchísimo collar del tipo que fue clásico entre los reyes de Egipto.

Si el propio Seth dibujó su rostro en las más altas cimas del monte Sinaí, lo debió de hacer a fin de que resultase una visión muy intimidadora contemplada desde una muy gran altura. Intimidador Seth lo fue, ciertamente, y no tan sólo para los partidarios de Horus, sino que es aterrador incluso para cuantos a partir de nuestra generación, sin necesidad de sentirse amenazados, puedan verlo en la dicha foto gesticulando enfadadísimo.

Cual no sería mi sorpresa al encontrar que el investigador Z. Sitchin presentó enlazados en diseño de triángulo isósceles los tres puntos geográficos a los que me condujo mi particular investigación: El Cairo, el sur del Sinaí y Babilonia. Así de claro lo diseño para argumentar su defensa de las pistas de aterrizaje de los remotos dioses Annunaki de Mesopotamia (No son los Neters de Egipto, porque tal palabra significó leyes universales, a modo del Yin/Yang de la filosofía china).

Aportaré una estela funeraria que publicó el antes citado autor en su libro “El 12 Planeta” que presenta un dibujo clarísimo de una nave espacial tal como las hemos conocido que fue grabada por los antiguos egipcios en la tumba de uno de sus gobernadores. Su propietario debió de tener buenas razones para desear hacerse grabar lo que sin duda debió ser lo más interesante de su vida. Se representa una aeronave con el cuerpo principal bajo tierra, y tan sólo mostrando a ras de suelo un cono que si para unos es debido a la paerpectiva, se puede interpretar también como la cabina de la tripulación (FOTO: nº 6).
EL ÁNGULO MÁS OLVIDADO DE GIZA
Las enciclopedias y libros han presentado bien los principales monumentos de aquella privilegiada orilla del Nilo donde se concentran las más emblemática construcciones del mundo antiguo. No obstante el rincón al cual mi investigación se concentra fue relativamente invisible a pesar de incluirse dentro del inmenso recinto amurallado que fue todo aquel sector de Giza, al cual se accedió cruzando un dintel ciclópeo, porque la muralla que lo aislaba del resto del mundo tenia unos 15 metros de altura. Cuando la pirámide de Kefrén (a veces llamada Templo de Toth) se construyó un poco más al sur que la de Keops, se previno que su sombra cubriese la Esfinge durante las tardes de los equinoccios (De comienzos del mes de marzo y hasta mitad de octubre las pirámides de Giza no proyectan sombra fuera de sus moles; por otra parte en los solsticios el sol se pone entre las dos mayores pirámides del sector).
Voy a referirme a la formación Gebel Ghibli, al Sur de la Esfinge, pero antes haré una observación: Es cosa sabida que un observador situado entre sus patas que mire hacia el horizonte de levante el día del equinoccio de primavera podrá ver la constelación Leo saliendo. En cambio, si el mismo observador se vuelve en dirección sur (90º a su derecha) en el cielo verá la constelación de Orión con las tres estrellas que sirvieron de modelo para ubicar las tres pirámides de Giza. Esto pudo determinar su emplazamiento mucho mejor que imaginar bajo ellas a tres núcleos de sucesivos cometas caídos en tierra, lo que no cabe duda que también justificaría una gran veneración por aquel emplazamiento donde las vemos.
Es todo un misterio cuanto se refiere a las empresas de aquella su “Edad de Oro” de las pirámides, y ello a pesar de la ayuda de los más potentes ordenadores electrónicos que establecen el movimiento exacto del punto venal terrestre. Se ha aplicado con preferencia a la Esfinge con forma de león agazapado, porque se trata de estudiar el signo de Leo en aquellos siglos, y quizá también porque se sigue imaginando que entre sus patas esconde una secreta cámara subterránea llena de tesoros. Todo en aquel excepcional sector arqueológico cercano a El Cairo ha quedado bajo la exclusiva competencia de los propios arqueólogos egipcios, como es lógico.
Entre los templos que Kefrén hizo construir a los pies de la Esfinge y la colina Gebel Ghibli se sitúa un sector donde culmina una avenida que si hoy sólo es detectada por la foto aérea, en su día fue llamada “Ciudad de los pobres de Micerinos. La hija de este faraón está enterrada en un extremo y en el otro que corresponde al Este geográfico la dicha avenida tuerce en ángulo recto para cobrar mayor anchura.

Allí se ha querido suponer que debió haberse construido un palacio importante, pero el caso es que tan sólo se descubre gracias a la foto aérea, una imagen de rostro condicionada a la incidencia de los rayos del sol desde determinado ángulo. De haberse continuado la avenida se habría malbaratado aquella sutil obra que tanta gente atribuirá a la casualidad. Como entiendo que su existencia se debe a la voluntad de alguien que tuvo una manera de pensar diferente a la nuestra, me esfuerzo para saber quién fue su promotor y cuándo se planificó. La mayoría de mis ideas quizá no han de resultar válidas, pero alguna debería ser tenida en cuenta.

En principio habría que atribuirla a la reina Khenthawes I (porque en Abusir está enterrada su nieta homónima que también reinó por derecho propio años más tarde). Claro está que cerca de la pirámide de la hija de Micerinos también en Giza está la tumba de la esposa del faraón Kefrén que se llamó Khamernety II, cuya construcción coincide también en ubicarse entre el rostro descubierto por mi mismo y la enigmática Esfinge. Es decir, ambas tumbas de reinas están igual de cerca del rostro que debe ser reproducción del que supuso al dios Ra. ENTRADA A LOS SUBTERRÁNEOS DE GIZA
Las fotos de satélite revelan que la entrada de la cueva de la colina Gebel Ghibli sobre el cementerio árabe es (allí con exactitud): equidistante de las tres pirámides. Por tal motivo presento mi hipótesis de trabajo siguiente: Debajo de la colina debe de haber escondido algo ancestral de mucho valor científico. Se ignora desde cuándo, pero se debe tener en cuenta que: El “Punto Cero” zodiacal-calendárico sumerio, se encontró entre las constelaciones de Tauro y de Géminis. El período del cambio precesional de un signo del zodiaco a otro se ha establecido en 2160 años. La Esfinge de Giza se esculpió en tiempos que la constelación Leo era dominante, porque su proporción obliga a suponer que tal imagen de felino agazapado tuvo cabeza de león, siendo luego repicada; pero ello sucedería cuando su entorno ya era digno de una mejor planificación constructora.
Me resulta bastante evidente la existencia de grandes subterráneos en dicho sector. Sospecho también que la ubicación allí de un cementerio fue la mejor solución para alejar a todos los investigadores que pudiesen sospechar que se ocultaba algo en dicho subsuelo,…¿Qué puede haber oculto de indeseable? ¿Acaso se teme que pueda verificarse una intromisión no egipcia?
Situar allí un cementerio fue una precaución tomada hace más de un siglo, pues observo que un diminuto “campo santo” ya existía allí en 1926, que fue cuando la revista “National Geographic” publicó fotos aéreas del sector, por encontrarse tan cercano a la Esfinge, por cierto entonces asomando poco más de su busto.
El enigmático montículo arenoso, o pequeña duna fija, a la que por el enigma que me ocupa lo he venido llamando túmulo con objeto de reforzar su sentido funerario, recordaré que tal elevación de arena no fue nunca antes identificado hasta ahora. A fin de sondear sus secretos me remito ante todo al capítulo 101 de los Textos de los Sarcófagos, porque me parece muy extraño. El mago egipcio leo que buscó la trasmigración de su alma, para lo cual recitó sus fórmulas secretas sobre una cabeza en el suelo que estaba iluminada por la luz. Este pasaje me resulta insinuante del fenómeno descubierto entre la Esfinge y la colina Gebel Ghibli ¿Cuáles fueron los efectos de un tal proceder?
El mago pudo luego desplazarse por el cosmos con el dios de la luz y del aire luminoso, llamado Shu (vacío). Los magos de todos los tiempos es lógico que viesen en las cabezas, -por algo están distinguidas con los cinco sentidos-, las misteriosas fuerzas capaces de hacer crecer y desarrollarse a quien supiese invocar sus potencias.
Me sorprende que nunca se haya admitido que pudiese encontrarse una forma de rostro en la meseta de Giza. Para mi satisfacción personal, en este nuevo campo de estudio al que el azar me ha llevado, ahora cerca de la meseta de Giza sabemos la existencia de un montículo de arena ofreciendo en bandeja una nueva iniciática muy discreta imagen de cara, la cual estaría de acuerdo con las sofisticadas ideas de quienes construyeron la increíble gran masa de las Pirámides en sus inmediaciones,… sin aprovechar para nada -insisto- la altura de la formación Gebel Ghibli para ahorrarse el trabajo equivalente a media pirámide ¿Tal vez abandonaron una empresa después de haber sido empezada? Como fuese, es visible desde muy lejos el gran arco de medio punto en lo que sería una entrada muy ostentosa. Si hasta hoy día se ha podido preservar sin investigar, habrá sido debido a encontrarse tal cavidad cegada nada menos que sobre el “campo santo”, el grandioso cementerio que tiene a sus pies.
Claramente se aprecia que a pocos metros de la boca en arco de dicha cueva, su fondo está tapiado por unos regulares bloques de piedra puestos en perfecta alineación. Las varias hiladas visibles de piedra se dispusieron en un soberbio trabajo profesional, pues a pesar de su gran tamaño, todas están tan bien ajustados entre si, que sin duda es una obra que podría ser comparada a la que se hizo en las hiladas de los megalitos de las pirámides. Habrán sido muchos los que yendo a enterrar a sus familiares, habrán pensado en que allí se encontraba el acceso al mundo de unos inimaginables subterráneos, ya que al fin la palabra que designa aquel concreto lugar de la meseta de Giza es Rostau, lo que significa túneles. Desde Gebel Ghibli ¿quizás llegarían por bajo tierra hasta la Esfinge y a las mismísimas Pirámides? Probablemente alguien habrá imaginado allí, como yo, el famoso Montículo de la Creación. La llamada Pared del Cuervo bordea dicha zona, la cual por cierto, debo decir que sigue estando separada de la Esfinge por una verja de hierro; asimismo, todo el cementerio está también aislado por una tapia de considerable altura. EL SIMBOLISMO DE TÚMULOS Y ESCARABAJOS.
El rey al morirse era elevado al cielo en la Barca de Henu de Sokar, uno de cuyos epítetos fue Rostau, la entrada al mundo subterráneo desde la necrópolis de Giza, donde todo el mérito sólo se concede a lo que clama el cielo por sus medidas, o por su insólito aspecto. Sokar a veces se simbolizó mediante un montículo de tierra coronado por una cabeza, siendo la más conocida de dichas muestras la que presenta encima un halcón subido en una barca, y quizá interese también la que el montículo cuyo halcón luce una extraña corona cónica y el siempre presente disco solar.
Mi intuición después de tanta referencia a túmulos sobre montados por animales y además coronados por un disco solar, no importa que sea un mono babuino, me hace pensar; ¿Porqué no habría de servir el insecto coleóptero que llamamos comúnmente escarabajo, como símbolo de un montículo “viviente”, aparte de que les inspirase autosuficiencia y resurrección? En el ejemplo que presento los dos de arriba tienen su color invertido siendo los demás muestra de la evolución de su idea primigenia. No sabemos todo lo que dejaron escrito ¿Habrá sido en vano que se lo asociase al dios Ra? Es un animal que sugiere, con su caparazón, un túmulo y además un trabajo subterráneo, pero al que tan sólo se le concede que la bola que arrastra sea un símbolo del recorrido del astro rey, o del mismo Ra. En definitiva, su cuerpo casi semicircular tiene la mitad de aspecto liso y la otra configura su cabeza. Como todas sus ideas grabadas trasmitió ideas muy piadosas. Otro detalle a considerar es que la palabra egipcia kheper (escarabajo) también significa convertirse, crecer, transformarse.

Sí que se admite mediante la imagen de la bola (que en egipcio antiguo llamaron nhp, y corresponde al verbo modelar) la misma que hace rodar el escarabajo, era el símbolo del mundo subterráneo donde el sol hace su recorrido nocturno para emerger con los rayos del sol. Así el escarabajo representó unidos el reino solar y el mundo inferior, idea que está reforzada en un dibujo de la tumba de Petosiris (s.IV a.C. en Tuna el-Gebel) donde se muestra sobre el escarabajo una corona divina. Si sobre ello no hubo más información, o no se ha descubierto todavía, puede ser debido a que consideraban las cavernas regiones a evitar, por cuanto en ellas habitan los dioses que castigan a los malvados. Lo leo en una traducción del “Conjuro de las doce cuevas” (Papiro Cairo 24742), pero se que en el Osiréion de Abydos también consta. Opino que pudo ser un tema tabú y que el escarabajo (porque como túmulo es una idea que le va bien al renacimiento de Ra) tiene mucho que aportar al estudio de la Egiptología,…en otros países, porque en España al menos cuando yo estudiaba, esta materia no existía. Al parecer se perdió el tren al no aprovechar el éxito de las excavaciones en Egipto (1884-1886) del erudito tarraconense Eduardo Toda, el que evitó la destrucción del monasterio de Poblet.

La barca de Sokar, dios de la muerte, siempre fue simbolizada por una serpiente, porque no la iluminaba el sol, ya que vivía en el Rostau-Sokar de Giza, allí donde se cree que debe de haber la Tumba de Osiris, aún por encontrar. En la IV Dinastía, Sokar el antiguo dios con forma de halcón, se representó alrededor de un montículo rocoso al sur de la Esfinge. ¿Quizá el rostro descubierto se trate del enigmático “Ra-She”? Se refiere a una institución real del Antiguo Egipto, cuyo símbolos jeroglíficos eran una la unión de una boca y una cuenca (la boca de la cuenca ¿sería referirse a una entrada tal como más arriba especulé?). El “Ra-She” en todo caso tuvo la funcionalidad de ser un cordón umbilical entre el mundo de ultratumba y el de los vivos, empezando por aquellos que con su labor mantenían digno el lugar de los rituales mortuorios diarios, y organizaban las donaciones, los ex votos, etc..

Según el arqueólogo M. Lehner, en su libro “Todo sobre las pirámides” (p.232), el “Ra-She” de Giza se situaría: “…en la ciudad de la pirámide en la franja de desierto bajo el valle del Nilo y la meseta de la pirámide”. Creo que se refiere al sitio donde al S.E. de la Gran Pirámide se aparece este fenoménico rostro en visión aérea. El autor Z. Sitchin publicó la traducción de una frase de las tablillas cuneiformes, que aquí debe ser recordarse remite a cuando el dios Negal le dijo al dios Marduk (éste ultimo, Z. Sitchin cree entender que se identifica con el dios “Ra” de Egipto): “EL ROSTRO DE LA CASA QUE CIRCUNDA EL CIELO-TIERRA AÚN SIGUE CUBIERTO”

Si la vecina colina Gebel Ghibli fuese el famoso y enigmático Montículo Primitivo de los egipcios, el rostro descubierto sería el que, según Negal expresó: “lo circunda”. Antes de referirme de nuevo a la formación Gebel Ghibli debo despejar las reservas acerca del túmulo de los murales iniciáticos de Egipto. Me remito al publicado por M.Lehner en la obra citada arriba (p.29), concretamente a un fresco de la decoración de la tumba del faraón Merenptah, de la Dinastía XIX. Es una obra pictórica que puede titularse: “Resurrección del mundo inferior”, y ello por medio del “Túmulo Primitivo”. Para evidenciar la fundamental importancia del túmulo con un rostro decorándolo, los artistas pintaron encima del túmulo negro un cuerpo de sacerdote arqueado, del cual diré que no se no está claro si lo adora o lo intenta proteger con su cuerpo.

Este tema además en el fresco citado se repite dos veces, y siempre en la hipotenusa de los dos triángulos equiláteros que conforman una pirámide, curiosamente partida en dos mitades. Es el mismo tema con el que los antiguos textos se refirieron al Mundo Inferior (Duat), y la cara representada sería nada menos que la del Gran Señor del también llamado: TÚMULO SECRETO EN CUYO INTERIOR SE ENCIERRA UN GRAN MISTERIO (p.29). El Duat, aunque en la tierra era una copia de cierta parte del cielo, según el libro: “Shat Ent Am Duat”, precisa explicarse que: así como un cristiano se refiere al cielo de forma que se entiende todas las estrellas, para ellos se concretó en el exacto cúmulo de estrellas del Cinturón de Orión. Aquella celestial parcela era el Duat, y tenía su réplica en Giza. El “Círculo del Duat” para los iniciados del Antiguo Egipto era referirse al mundo subterráneo, o “de los difuntos”, guardado por una serpiente y simbolizado con un círculo cuyo espacio interior fue su metáfora para el vientre de las parturientas.

Muchas otras ideas iniciáticas, es probable que fueran conocidas por el sabio rey Salomón de Jerusalén, quien las aplicaría a su Templo. En consecuencia se especula que pasarían al conocimiento de los caballeros de la Orden del Templo cuando tuvieron sobre el mismo emplazamiento de la “Ciudad Tres Veces Santa” su primer cuartel general. Es lo que cabe suponer al observar como durante los siglos XII y XIII las principales catedrales góticas de Francia fueron planificadas para que, entre las de Chartres, Reims, Bayeaux, Evereux y Amiens, dibujasen sobre la geografía del dicho país el mismo trazo observado entre las estrellas de la constelación Virgo. Es bastante evidente también, que el estilo gótico dejó de construirse después que tuvo lugar la aniquilación de la Orden del Templo de Jerusalén.

Continuando con las divinidades egipcias, dios del faraón reinante en Egipto solía ser el “rey” de los demás dioses. Ello se aprecia sobre todo cuando la capital de Egipto pasó a ser Tebas. El nombre oculto de Ra (que era Amón, a fin de evitar quizá decir su nombre en vano) en el templo de Heliópolis se le llamó Atón, “el Total”, el cual al fin y al cabo era sol al caer la tarde. Fue en los tres casos igualmente a Ra al que se adoró. Sucedió lo mismo con la diosa Hathor, la que a veces se presenta con figura de una vaca, pero normalmente con cabeza de mujer con orejas de vaca. Se trataba de Isis, y de la también llamada Sekhmet, y aún otras de Raet esposa de Ra, aunque tuviesen todas ellas distintos atributos. Nos sirve para entenderlo el que la Virgen Maria se venera aún com numerosas advocaciones.

La diosa negra Isis, fue simbólicamente asociada a la diosa con orejas de vaca llamada Hathor que significa Casa de Horus, o sea, el útero de Isis. Como “Dama de las Turquesas” del Sinaí, Hathor, también llevó en su cabeza una cornamenta y un disco solar. A partir de entonces fue cuando Isis tuvo un nuevo aspecto con el pequeño Horus (dios-hijo) sentado en el centro de sus rodillas. La pareja divina era el motivo central que recordaba cómo la vida germina siempre en la mayor oscuridad, desde lo más profundo, y por tal evidencia cuando los iniciados descendían a las criptas de sus catedrales lo harían caminando a oscuras. Todo ello trataba de revalorizar aquel momento crucial cuando el sol equinoccial durante, el mediodía, penetra hasta lo más profundo del pozo. Uno de muy antiguo en Egipto lo hicieron artificialmente en el templo de Edfú dedicado a la diosa Isis. Con posterioridad el Evangelio apócrifo de Didimo Judas Tomas pudo inspirarse para hacer que las tres estrellas alíneadas del Cinturón de Orión, siempre coligadas con la aparición de Sirio, fuesen cual Tres Reyes que anunciaban el parto divino. La tal metáfora tuvo el mayor de los éxitos. Dado que los antiguos pensaban con el corazón y sentían con la mente, debieron ser numerosos los testimonios del tipo citados, y al mismo tiempo imitados. Recordaré que las referencias egipcias a la pesada del alma de todo difunto, están incluidas no sólo en los primeros ritos de las catacumbas, sino incluso esculpidas en los frontispicios de los templos católicos, llegando a decorarse las entradas de algunas de las catedrales más famosas, como Notre-Dame de París, o la de la iglesia de La Madeleine en Vézelay.

En la civilización egipcia encontramos nuestras raíces más profundas. Ello sólo ya justifica que nos fascine tanto generación tras generación. Los sacerdotes del Antiguo Egipto, como auténticos iniciados, supieron bien que todas las divinidades eran tan sólo miembros del único dios Ra, de cuyas lágrimas se creyó que habían nacido los seres humanos. Con tan sabio criterio se comprende que aún estén en pleno vigor sus inventos en materia religiosa, como lo son el misterio de la Trinidad divina, el Pecado Original, las promesas del perdón de los pecados, la Resurrección de los muertos, la renovación futura de la humanidad, y para no ser exhaustivo, recordaré que también se debe a ellos el Arca que se veneró en Israel, y que simboliza el armario donde se guarda El Santísimo venerado en cada templo católico.
GEBEL GHIBLI: COLINA EQUIDISTANTE DE LAS PIRÁMIDES
Al interesarme por el concreto sector al sur de la Esfinge, empleando fotos incluso aéreas, lamenté mucho no haber sabido años antes del tal magnífico promontorio. En la cara norte de Gebel Ghibli, allí donde está la gran hoquedad semicircular que dibuja una entrada tapiada de alguna antigua cueva. Pero aquel concreto punto no tan sólo es equidistante de las tres mayores pirámides, midiendo “toda piedra” según las más verticales fotos de satélite que he medido con lupa. El enigma va incluso más allá.
Si se traza una línea desde la formación Gebel Ghibli, o desde el rostro del montículo que tiene vecino, hasta la parte opuesta de las tres famosas pirámides alíneadas, la foto aérea descubre otra interesante forma justo donde particularmente esperaba poder encontrarla. En mi portada-puzle, donde reuno varias fotos, se revela cual el instrumento que a los sacerdotes del Antiguo Egipto ritualmente les sirvió para abrir la boca de las momias, lo que significaba activar las imágenes. Es un túmulo alargado el cual claro está que puede atribuirse también al movimiento de tierras durante la limpieza del sector, pero que para mayor identificación se nos presenta con la peculiaridad de tener una acanaladura en su parte alta más alargada. Es una molestia que no se hace sin más ni más, ni se configura un instrumento tan precioso para el ritual si no hay expresa intención.

Hoy tengo una sospecha bien documentada del motivo que pudo haber hecho apilar tanta arena para configurar el muy extraño mintículo en forma de un instrumento ritual básico, pues no en vano en estas páginas se encuentra muy frecuentemente la palabra boca. Como era de esperar, cerca existe una entrada al mundo subterráneo. Durante el año 2008 se redescubrió una red de túneles subterráneos del complejo Giza, lo cual se hizo público en Agosto de 2008, después de la expedición dirigida por Andrew Collins quien descubrió que, gracias a la alineación con las estrellas de la constelación de Cygnus, la TCO (Teoría de Correlación con Orión), aparecen justo en el punto donde la estrella Cygnus debería estar dentro del Duat, para que el modelo estelar en la tierra fuera adaptable a los cálculos egipcios.

Andrew Collins encontró las claves dejadas por un antiguo investigador y diplomático Británico Henry Salt en 1817, quien junto con el italiano G. Caviglia habían investigado una red de catacumbas en Giza antes de atravesar una “espaciosa cámara”, la cual comunicaba con laberínticos pasadizos. Tales tumbas de Giza, según Collins: “Son naturales y penetran en la roca cientos de metros siguiendo el curso geológico de la propia falla;…y sospecha que los túneles se extienden más allá de la segunda pirámide (donde la tradición antigua ubica la legendaria tumba de Hermes).

La colina Gebel Ghibli es de caliza sedimentaria, pero tan sobresaliente que no se explica que no haya dado más motivos de inspección. No sólo presenta, como avisé más arriba, una especie de “entrada” en su parte central con un insinuante gran arco de medio punto, sino que en su parte de poniente tiene restos de dos burdos obeliscos, inclinados y muy erosionados, los cuales se distribuyen con la separación justa para diseñar la incipiente (o gastada, según se mire) cornamenta de la cabeza de un bóvido observado desde lejos. Hace milenios quizá fuesen vistos como dos gigantescas cornamentas (con el nombre Toro designaron el planeta Saturno). Me resisto a negarle un enorme atractivo iniciático. El lugar merece muchísima más atención,…por no hablar del subterráneo mundo de pasadizos, que impide verificar el antes citado cementerio cada vez más extenso. Ello me reafirma en que fue, y quizá aún sea, un verdadero polo de poder para la otra vida.

Al tratar de relacionar la Esfinge de Giza con la formación Gebel Ghibli, tendré en cuenta que la milenaria escultura arquetípica de Egipto se relacionaba con el dios Horus, la joven divinidad creadora, porque la Esfinge mira al horizonte de levante por donde renacía el triunfante sol.

Tal poder vitalizante nos debe interesar y mucho, como se aconseja en el Libro de Amduat, (llamado por los egipcios “Libro de la Cámara Oculta”), escrito en la cámara del faraón Tutmosis III, de la Din. XVIII (quien por cierto fue el “Alejandro Magno” de su tiempo, pues conquistó 628 ciudades sagún consta en los muros de Karnak), con sus fórmulas pretendió integrar al rey difunto en las doce horas de recorrido nocturno. Al ser Giza es una meseta a poniente del río Nilo, la Esfinge se relacionó también con el “Más allá”. Por tal motivo después se asimiló al propio dios Horus, que fue “Guardián de las puertas de ultratumba”. La enseñanza sirvió también para que se reforzase la fe de los creyentes, pues la regeneración matutina del sol era equivalente a la de quien estuviese deseoso de regenerarse o renovarse interiormente. Siempre hay que buscar en el fondo a la persona, y ahí es donde puedo hacer otra pequeña aportación particular.

Como pasatiempos colecciono imágenes de siluetas y perfiles de rostro configuradas de forma natural en montañas, rocas y costas. Entre los que tenía reunidos presentaré un modesto perfil de rostro humano en un saliente rocoso lateral de la formación Gebel Ghibli, el cual se resalta de una roca, dado que quizá también puede tener interés en futuras investigaciones (FOTO nº 9). Dicho perfil como colgado en un extremo de la dicha formación llamada Gebel Ghibli, el tan insólito como aislado gran montículo natural, en la remota antigüedad de Egipto pudo muy bien haber simbolizado el fundamental Gran Montículo primitivo que sustentó el Ben-ben, o sea, el obelisco natural que emergió de un mar primigenio. La cosmogonía egipcia de los “Textos de la Construcción” grabados en el templo de Edfú, informan de que fue sobre el tal Ben-ben el lugar en donde se posó el sol cuando tuvo lugar la creación del mundo.

Esta menospreciada y aún hoy casi invisible colina Gebel Ghibli, tiene a sus pies, en dirección a la Gran Pirámide, primero un cementerio árabe, y después la zona arenosa donde aparece a veces la fenomérica imagen del “Rostro de Ra”, habida cuenta que escribieron de él los antiguos sacerdotes: El sol le da vida. No haría falta nada para elevarse físicamente por los aires a fin de contemplar el magnífico fenómeno de la aparición de un rostro sobre el suelo arenoso, porque sobre la colina Gebel Ghibli ya tuvieron un balcón idóneo para ver reproducirse el esperado fenómeno. Como supongo que algo tan elemental no satisfacerá, expondré otras soluciones más complicadas porque realmente existen motivos para tenerlas en consideración. El dios Toth considerado tradicionalmente padre de Isis y corazón del dios Ptah, fue el primero en ser llamado Hijo de Ra, y después se varió por Hijo de Osiris. El nombre de Toth se escribió en el templo de Esna (Alto Egipto): DDHWTY ‘3,’3,’3, significando “Toth Máximo, Máximo, Máximo”, de ahí su apodo de Hermes Trismegisto, que ha quedado olvidado por el catolicismo, mientras que Horus/Perseo pervivió en san Jorge, Anubis/Hermes en san Cristobal, Neit/Atenea en santa Catalina y un largo etcétera. (En el Corán al menos Thot tuvo su equivalente en el profeta Idris).

A pesar de ser el “Padre de la escritura”, Toth (también escrito: Thwt, Dhwty, o posteriormente Taant (os), era una divinidad egípcia inferior al dios Ptah de la teología menfita, para quienes éste era el ser primigenio creador del mudo desde su corazón y quien le dotó de realidad por el acto de hablar, coincidiendo en ello con el “Logos” platónico y con el “Verbo” de la Biblia. Se cree que en los Textos de las Pirámides Toth dejó referencias a los alíneados montículos sagrados a lo largo de la orilla occidental del río Nilo. Así es como se explica que con el paso de los siglos junto a ellos fuesen construyéndose templos y más templos de proporciones y riqueza excepcionales.

Para los arqueólogos, algún indeterminado montículo fue el llamado Primordial, y del mismo recordaré de Gebel Ghibli algunas consideraciones, porque aquel montículo ya dije que parece tener el poder de ser invisible siglo tras siglo como tiene bien demostrado. Desde el primer momento que vi la colina Gebel Ghibli fue evidente para mi que no había mejor montículo para ser candidato a representar el lugar donde, según la cosmología egipcia, primero se posó el sol en la Tierra.

Hace sólo unos pocos meses yo no tenía idea de la existencia de una semejante gran altura ¿natural? tan cerca de la Esfinge de Giza. En su extremo de levante (E.) presenta una verticalidad considerable sobre el cementerio que tiene a sus pies. El burdo menhir, que como dije está algo inclinado en el extremo superior oeste, creo que puede muy bien ser asociado al famoso primer obelisco que distinguió el primordial “centro del mundo” de aquella cosmología. Los egipcios remontaban la Creación al falo de su dios-padre, que fue llamado Ben-ben. Tal sería el muy sagrado precursor de todos los esbeltísimos obeliscos de duro granito que se erigieron después para recordar aquel Momento Inicial de su pasado sagrado. Para más inri, algunos de los tales poliedros para coronar pirámides (llamado piramidión) tuvieron pintado en su extremo, no sólo los ojos de un rostro, sino también el disco solar.

El templo de Heliópolis, en la antiguamente llamada “Ciudad del sol” edificada sobre una pequeña colina (hoy en ruinas y próxima al aeropuerto de El Cairo), fue un centro de devoción y peregrinación comparable a la montaña del Sinaí para los hebreos. En Heliópolis fue venerada la piedra que pasaba por ser el verdadero Ben-ben, aun cuando por algún motivo desapareció. Pero quizá se equivocaran al creer que aquella ciudad, su templo y el famoso obelisco fueron los más privilegiados del mundo, ya que quizá no fuese allí donde primero habrían llegado los dioses celestiales en tiempo inmemorial. Debería de haber prevalecido el gran valor estratégico de la hoy todavía inviolada atalaya que representa la mal llamada formación Gebel Ghibli. No sólo desde allí están las grandes pirámides equidistantes, sino porque es desde donde puede verse la mayor de ellas situada detrás de la Esfinge. Téngase en cuenta que la formación Gebel Ghibli fue punto más elevado del sector cuando no había nada de todo lo dicho construido. Aun sin querer concederle misterio alguno a su subsuelo, sin duda la altura y amplitud de Gebel Ghibli fue el más idóneo emplazamiento para establecer un puente de mando de visibilidad privilegiada en el curso de la observación de los sucesivos proyectos faraónicos en la meseta de Giza.

Tampoco haría falta insistir mucho para desbancar al famoso faraón Keops del envejecido y erróneo papel que lo considera el verdadero constructor de la Gran Pirámide, porque él mismo dejó testimonio de que no fue así. Sólo reconoció haber ordenado la construcción de una pirámide menor para su esposa Henutsen. Es más, Keops en el “Templo de Isis”, junto a la Esfinge, dejó escrito que incluso aquella escultura de felino agazapada (que se sigue atribuyendo al faraón Kefrén), ya existía mil años antes de su reinado. Sí que es verdad que cerca de allí hizo restaurar un templo insólitamente muy bien construido y Kefrén lo restauró.
Hasta ahora han mandado los convencionalismos en todas partes. ¿Hasta cuándo? Y eso que nadie puede ignorar que ni que se viva dentro de una pirámide toda la vida puede adivinar lo que allí pasó. Así, aunque no es mi caso, el que esté interesado en este tipo de estudios estará obligado a doblegarse ante los dogmas y dudosos criterios cuando pretenda avanzar en la búsqueda (santa palabra) de la verdad.

Por su parecido al predestinado líder musulmán llamado Mahadi, cuya llegada anuncian los religiosos de aquella fe, la palabra Gebel Ghibli podría tener raíz árabe.

Después de las tres excavaciones entre 1930 y 1939, a soló 10 km. de El Cairo, se verificó que Maadi había sido un poblado de chozas y sin techo. Lo paradójico es que por otra parte se descubrieron allí profundos y grandes subterráneos en algunas de cuyas salas se habrían guardado verdaderos tesoros. Los de Maadi comerciaron con el Sinaí, Palestina y Alto Egipto. Las culturas ghibliense y merindense en 1928 se descubrió que estuvieron relacionadas, porque los neolíticos libios de la cultura agrícola de Nagad (3500-3000 a.C.) influyeron en la costa norteafricana (Fayum) antes que en el Alto Egipto.

Otra peculiaridad de la cultura Ghibliense es que no hacían enterramiento alguno dentro de su área habitada, lo cual resulta ser un fenómeno muy raro para aquella antigüedad. Chocante fue también que dispusiera de objetos de cobre, mientras que éste no aparece en la zona del delta (llamada “Cultura de las cenizas” en Beni Salme-Merimde, a 60 km. al NW. de El Cairo). La primitiva unidad tuvo por centro el templo de Heliópolis donde idolatraban dioses místicos servidores de Horus. Pero aquel reino se desmoronó y Menes debió reunificar de nuevo el país, por lo cual muy bien pudo haber sido Gebel Ghibli la capital de Osiris, el fraguador de la unificación conseguida tras la derrota de sus enemigos. La decadencia de Gebel Ghibli se cree que fue debida a que el dios del Alto Egipto mató a Osiris (Menghin. O: “Los orígenes de Egipto”, artículo en Rev. Ampurias nº IV, Barcelona 1942; ps.4 – 41.

La palabra Gebel Ghibli cuando se la menciona en alguna enciclopedia es para referirse al lugar predinástico de aquel sector (3400 a.C., en el barrio Al-Qahiran), pero no se hacen eco del prestigio que tiene entre los cristianos coptos de hoy día. debido a que tienen bien asimilado que allí vivió la Sagrada Familia en su periplo por Egipto (al que yo supongo una duración de al menos una década). En una feria de turismo fui obsequiado con un librito, profusamente ilustrado y muy lujosamente editado, que apoya dicha tradición cristiana hasta extremos sorprendentes (FOTOS: nº11, A-B-C).

Un alto responsable de la iglesia cristiana en Egipto avala en el dicho libro el itinerario de la Sagrada Familia desde que entraron a Egipto por el norte de la península del Sinaí. En todos los lugares que relaciono a continuación los recuerdan bellas iglesias llenas de objetos y anécdotas. Se establecieron primero en Basta (El Cairo), y en Motorod (Al-Mahama); en Belbis (Philips, provincia de Al Shaquiya), en Minyet Samannud (Minyet Ganah). Ya en el delta, residieron en Samannud (Jamanuti-Zebey Neter). Pasarían por El Borolos, y por Sakha (Khaset-Lysous, que hoy es provincia de Kafr El-Sheikh); por Wadi El Natrum y por Matariah (cerca de Ain-Shams, que estaba en Heliópolis-On) a diez kilómetros de El Cairo, en donde recuerdan también su paso numerosas iglesias, entre las cuales la de Zeitum. De allí fueron a Deir Al-Garmus (Arganus) a 10 km. al oeste de Ashnin El-Nasara; en Markaz Maghagha. Pasarían más tarde la Sagrada Familia por Ebay Esus, actualmente llamada Sandafa (Beni Mazan), y continuando hacia el sur a 17 km está Bahnasa. De allí fueron a Samalut y cruzaron el Nilo en dirección Este para establecerse en una cueva natural cerca de Bani Khalet. En Gabel El-Eir también estuvieron, pasando por Nazlet Ebeid hacia el puente de Minia. De Allí a Hermópolis Magna (Ashmonein) donde cayeron los ídolos paganos tan pronto llegaron, repitiéndose el milagro de la primera vez que entraron en una ciudad egipcia. De nuevo también fueron obligados a marcharse y se dirigieron hacia el sur, hasta Dayrut-Al Sharif (Phies), habitando más tarde el pueblo de Qusqam (Qust Quseya). De allí la Sagrada Família pasó a Mir (siete kilómetros al oeste de Quseya) y después fueron a la montaña de Qusqam, donde por dicha estancia se construyó el monasterio Al-Moharrak (provincia de Asiut, que está a 327 kilómetros lejos de El Cairo. Finalmente se dice que fueron al monte Asiut (Monte Dronka). Tantos desplazamientos, y después todos tan bien recordados, forzosamente han de haberse hecho empleando la década que he supuesto. Adviértase que la primera mitad de nuestra oración por exelencia, que es el Padrenuestro, es copiada del himno que se cantaba en la veneración del dios Ra en el Egipto que la Sagrada Família recorrió.

Volviendo ya al tema de estas páginas, diré que me interesé por otras varias vías de investigación, por ejemplo, el hecho de que en egipcio el nombre del dios Horus se traduzca por corazón, y en lengua hebrea signifique cueva. Me remito a tales referencias filológicas porque la tradición hermética, si por una parte sabe que el centro espiritual del mundo está en una cueva, ello es lo que representa el corazón de toda persona. Un “centro espiritual”, sea una cueva o un monte, inaccesible para quienes no quieren tener en cuenta la mística vía filosófica.

Las referencias más fiables del “Montículo Primitivo” se encuentran en los llamados Textos de la Construcción, escritos en los muros del templo de Edfú. Ciertas estancias de aquel templo se remontan a tiempos de las pirámides (quizá 2600 a.C), si bien otras estancia de Edfú reconstruidas ya eran casí de la Era Cristiana. Por otra parte, los textos debieron de recoger las noticias de otros más antiguos, por lo cual hay que considerarlos fiables. En los mismos se puede leer acerca de diversos túmulos primordiales del comienzo de la época primitiva cuando fue creado el mundo. La hipótesis de mayor sentido parece querer ver como fundamental el Montículo Primitivo sepultado debajo de la Gran Pirámide (según el profesor Iodden Edwars).

Se piensa en los Siete Sabios como los verdaderos planificadores de las pirámides de la meseta de Giza. Supuestamente habrían sobrevivido a una gran catástrofe quizá de la legendaria isla Atlántida de donde se cree que pudieron ser oriundos. Seguidores de Horus, los tales sabios no eran ellos mismos dioses, sino hombres capaces de reconstruir su mundo después de sobrevivir al cataclismo que hizo desaparecer su isla. Los siete sabios antidiluvianos, presuntos sembradores de conocimientos en este mundo, como era de esperar aparecen en las más antiguas culturas con diferentes nombres. Los siete Shemsu Hor compañeros de Horus en Egipto, y en Babilonia llamados Apkallu y entre los hindúes llamaron Rishis a los siete omnipresentes que vivieron al principio de los tiempos. Tal como sucede con el descubierto rostro cerca de la Esfinge, la Gran Pirámide de Giza contiene conocimientos que entonces no pudieron tener los sabios de este mundo, según se desprende de los tantísimos estudios hechos por los más expertos arqueólogos. Nadie puede explicar cómo fueron efectuados tan perfectos como gigantescos amontonamientos de monolitos tan bien ensamblados en altísimas hiladas.

Referente a la intencionalidad de la Gran Pirámide de Giza, los mal llamados “pozos de ventilación”, por su orientación hacia determinadas estrellas, debieron de tener una función ritual precisa. Los cuatro pequeños canales: dos en la Cámara del Rey y dos en la de la Reina, evitan horadar las respectivas cámaras, pero aún así a través de tan estrechas aberturas se pretendió hacer salir “disparada”, cual el semen en una eyaculación, el alma del difunto faraón, quien después de muerto por tal estrategia podría tener su residencia final en la estrella Orión. La expresión ritual: “ir hacia Sahu”, era ir a Ra de quien era corregente en el cielo por significar el vacío o el que eleva. Otra cosa es que lo viesen luego como Osiris,… y para más explicaciones creado por Atum, pero siempre señores de la luz solar. Sahu era el envoltorio del espíritu, según consta en el Papiro Ani. Incluso un faraón de la V Dinastía se llamó Sahu Ra (+ 2475 a.C.).

Según consta en el libro “Comentarios al Timeo” de Platón del siglo V a.C., del filósofo griego Prócolo: La Gran Pirámide (que en tiempo de Keops era llamada “Templo de Isis”) miraba la estrella Sirio”, la más brillante de la constelación de Orión. Allí fue hacia donde en el curso del ritual enfocaban el alma del Gran Iluminado, haciendo el funeral desde la inferior Cámara de la Reina. Incluso la tradición esotérica durante siglos concedería a la dicha estrella el poder de “la iluminación”. Este recuerdo ha llegado hasta nuestra actualidad permaneciendo en muy discretas asociaciones.

El arqueólogo francés C.M. Zivie, argumentó que Rostau se situaría a unos 800 metros al sur de la Gran Pirámide, lo cual se corresponde con la dicha colina, o formación Gebel Ghibli. Desde allí parece ser que es el único sitio desde donde pueden ser vistas en total hasta nueve pirámides. En las inmediaciones de la cara oeste de Gebel Ghibli el arqueólogo W.M. Flinder Petrie descubrió vestigios pétreos dispersos, por lo que dedujo que habría sido el antiguo emplazamiento de algún edificio ostentoso.

Los abundantes restos encontrados en los alrededores de la colina Gebel Ghibli se catalogarían de exvotos (“ushebti”) depositados por los antiguos peregrinos del lugar, desplazados piadosamente para orar en la tan venerada tumba de Osiris. A aquellos magos, así como a los creyentes respetuosos con la naturaleza, les seduciría el hecho de que la colina Gebel Ghibli se oriente en dirección Este-Oeste. Así se constata en muchas pretéritas culturas, porque como bien observó el arqueólogo Sir Norman Lokyer, padre de la Astroarqueología, la preeminencia de la orientación de los ejes en templos antiguos se enfocó atendiendo a las posiciones del sol en sus equinoccios (E-W). No hay que olvidar que así se enfocaron por ejemplo: el Templo de Salomón en Jerusalén, el de Balbek, y todas las iglesias románicas del cristianismo, hasta culminar en la basílica de San Pedro del Vaticano, que por cierto, estos días en que escribo, tan concurrida primero por el traspaso del pontífice, y después porque han entronizado al sodio pontificio Benedicto XVI para desempeñar el ministerio petrino.

En Egipto los templos más antiguos que se conocen tuvieron su orientación equinoccial como la colina Gebel Ghibli de Giza (E-W), siendo también más sofisticados que las edificaciones religiosas promovidas por las dinastías posteriores. No hay que menospreciar, pues, la dicha preferencia de la formación Gebel Ghibli para situarla en el centro de los rituales conmemorativos del Momento Primero de las creencias del Antiguo Egipto. Aquel pudo haber sido el referente idóneo del “Punto Cero”, el cual procuraron siempre después recordarlo en sus evolucionados rituales, que sin duda debieron también de recordar la veneración a la conjunción de la salida de la estrella Sirio con la puntual inundación del río Nilo.

En prevención, a la excavación furtiva del importantísimo centro de investigación que defiendo, antes de divulgarlo por internet, informé a los centros oficiales de Arqueología egipcia de todo el mundo que obtuve la dirección email, así como además lo comuniqué a otros órganos competentes. Otra cosa es que se dignasen a abrir mis correos electrónicos. Creí que era mi deber informarles porque un semejante hallazgo no fuese un conocimiento exclusivo mío, pues lo considero capaz de esclarecer muchas prescripciones y simbolismo religioso de aquellos que tuvieron más fe que nadie en sus posibilidades de trascendencia. CONSTELACIÓN DE ORIÓN, Y PIRÁMIDES ALÍNEADAS
En su trasiego para unir lo celestial con lo terrenal, el llamado “Nilo celeste”, serían para ellos en el firmamento (que imaginaban como un océano de agua) las principales estrellas de la constelación de Orión, ya que muchas de las cuales encuentran correspondencia posicional con las pirámides alíneadas a lo largo de la orilla occidental del río Nilo. Me remito a las ideas de una nueva teoría cuyo principal problema es el no tener aún detectados en la dicha orilla del Nilo todos los monumentos precisos. Intentarían, pues, recrear el cielo en la tierra, dejando del cinturón de Orión una elaborada teoría. Lo plasmaron por firmes convicciones quie hoy no podemos entender, aunque no sólo tal idea se magnificó en el grupo monumental de Giza. Los tres principales grupos de pirámides egipcias están alíneadas por al menos uno de sus ángulos (FOTOS: nº 12, A-B-C), … los vértices opuestos son los equidistantes de Gebel Ghibli.

La correlación que se verifica de las tres pirámides de Giza con el “Cinturón de Orión” es la mejor estudiada., y seguiré tomandola de referencia aunque ya haya sido más ajustada. Se le llama metafóricamente cinturón, porque parece apretar un conjunto de tres alíneadas estrellas situadas en el firmamento al modo como en un reloj de arena los depósitos se reducen en su parte central. No sólo la separación de las tres dichas estrellas fijas, sino también su brillo, guarda relación con el tamaño de las tres mayores pirámides de Giza.

Me recuerda los siete cráteres de volcanes del Valle de Santiago (distrito de Guanajuato, en el México central). También tienen en la tierra el mismo diseño, e incluso guardan proporción con las siete principales estrellas de la Osa Mayor. Los antiguos astrónomos mayas lo supieron, aun cuando no se les conceda hoy por hoy que dispusieron de los medios para tener tanta perspectiva aérea. Su ciclo básico de 1040 años se corresponde al período que tarda la Estrella Polar en situarse encima del conjunto de dichos siete cráteres volcánicos.

Parece obvio que al no haber aprovechado la gran altura de piedra que representó en la meseta de Giza la colina de Gebel Ghibli, que: la posición que ocupan las tres famosísimas pirámides, en el sector monumental más acreditado del mundo, debió de obedecer a desear alínearlas tal como las encontramos hoy, y ello da consistencia a la suposición generalizada de que los sabios egipcios que las planificaron, desearon copiar la posición de las tres principales estrellas del “Cinturón de Orión”, aunque últimamente se ha descubierto ora referencia más exacta.

La planificación de las tres Pirámides se ha determinado, con base estelar, que debió de remontarse a un período cuando también pudo haberse esculpido la Esfinge para conmemorar el inicio de la nueva “Era de Leo”. Ahora bien, como sea que el diseño de los cuatro canales de ventilación (tapados por su extremo cameral) enfocaron las estrellas del “Cinturón de Orión” (o “Falo de Osiris”), se deduce que esperaron -o tal vez tardaron- a edificarlas unos 8.000 años. Si la planificación del templo de Lukor se ha demostrado milenaria ¿por qué ha de ser menos la Gran Pirámide? De ésta se sabe, por la orientación de sus pasillos, que fue ideada para enfocar los astros del firmamento tal como estaban el año 10500 a.C., ¿Tal vez se pasaron 8.000 años picando tantísimos y tan pesados bloques de grandiosas piedras? (trabajo habría allí para ocupar dicho período de tiempo, y así se evitaría ver tan insólita tarea de construir la gran pirámide de Giza cual una empresa continuada hecha “a destajo” que es lo que se cree hoy día).

Para la Arqueología no parece haber dudas referente a que el conjunto de la construcción de las pirámides de Giza por parte de cuatro faraones de la IV Dinastía, fue una empresa general que en un período de cien años pretendió crear en aquella orilla del río Nilo un “espejo” del cielo. Era el milagro que los sacerdotes observaban tan puntual manifestándose en el firmamento, coincidente con el desbordamiento del río que les daba vida ahorrándoles muchos esfuerzos. Al parecer eran ocho metros el nivel del agua en tal acontecimiento anual, pues uno más les inundaba los campos, y uno menos les haría pasar hambre.

La correlación entre el cielo y la tierra fue inmortalizada escribiéndola sobre la piedra con una frase que, entre otras cosas, daba por sentado que:”Así como es arriba es también abajo”. Es toda una sugerencia a interpretar el diseño de la Estrella de seis puntas, después del holoclaustro nazi erigida en triunfante símbolo del estado de Israel. Al fin y al cabo, tal correlación cielo-tierra también fue ensayada en Europa por los iniciados masones al construir las tan numerosas catedrales medievales al regresar del Próximo Oriente después del fracaso de las nueve Cruzadas medievales. La idea llegaba de casí 4000 años atrás, al menos en el templo de Luxor. No es ninguna banalidad, aunque pueda parecerlo. Me explicaré, pero antes expondré suscitamente lo que se dice en los libros de una orden masónica.

Los francmasones durante siglos han sido una serie de congregaciones secretas que pretendieron hundir sus raíces en los rituales e iniciaciones del Antiguo Egipto sin haber tenido demasiada fiabilidad,…pero ahora les ha de ser confirmada. Lo verificable ha sido no obstante, que los muy eficientes gremios de constructores medievales (albañiles, pero en francés) fueron herederos de normas constructivas de los antiguos egipcios. Con ellos ciertamente comparten el hacer el bien por el bien sin necesidad de que lo imponga religión alguna. Ni así lograron evitar del todo ser asociados a los judios durante la Edad Media.

Entre la Esfinge y la colina Gebel Ghibli ciertos masones, veladamente, observo que en uno de sus dibujos alegóricos incluyeron una forma de rostro con cráneo circular, allí donde lo he descubierto sobre la arena. Para conseguir dichos iniciados configurarlo perfectamente sobre el papel, a la altura de la cara de la Esfinge incluyeron una mancha redonda muy grande que representa el ojo derecho del imaginario rostro (sólo semi-oculto) únicamente visible para los mejor informados,…o los más sagaces y conocedores del sector de Giza, puesto que allí no hay nada en absoluto que justifique la dicha mancha.

Pero aún hay más, en lo alto de la colina Gebel Ghibli, el ruinoso obelisco existente en su extremo de poniente que muchos me reprocharán que yo haya identificado con el famoso Ben-ben, en el dibujo que encontré durante mi investigación, los iniciados masones lo presentaron en el mismo sitio y bien afilado. Toda aquella parte oeste de colina a sus pies tiene pintados descaradamente (en la pared del barranco) incluso dos grandes ojos y una línea debajo indicando que es la nariz. En cuanto a la invisible boca de la iniciática escena, queda enterrada bajo el nivel del suelo del desierto, porque se refiere a un secreto.

De la dicha parte del lienzo, cuyo centro he ampliado, insisto en recordar que no es el rostro lo que debe importar, sino aquel otro de color más ténue que configura medio cuerpo de un faraón con sus atributos. Una alegoría de tiempos pretéritos, ciertamente, y sólo los que me lean podrán darse cuenta de que si fue sólo fruto de su imaginación, resultó ser muy acertada. Tenían razón: ¡Nada es superior a la verdad!. Las luces hacen resaltarla en el interior de cada uno de la familia humana, aunque en otro orden pueda compararse a ser una persona ética y vivir honestamente.

Y en caso de ser información -iniciática secreta- sobre el Señor de la Luz, que yo creo haber sabido identificar esculpido en la arena (por eso debo llamarle Ra), les debió de ser confiada después de pasados muchos siglos. A saber de dónde les llegaría una tan insólita como exacta información ¿De la Orden del Templo? ¿De los Illuminati? Algo no tiene duda: Se pintó un rostro subliminal sobre la zona que se aparece en el dicho cuadro durante el tiempo que la Estatua de la Libertad (actualmente en una isla frente al puerto de Nueva York) estaba destinada a servir de faro a la entrada del canal de Suez, de ahí que también se incluyese a la diosa Isis. El simbolismo al otro lado del Atlántico fué el mismo que tuvo por lema el famoso masón Cagliosto: “La luz de Egipto alumbra Occidente”, si bien fue envuelto con la idea de la libertad. En efecto, variarle su destino final se justificó como un regalo de Francia a la celebración del centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. Incluyo una foto muy contrastada y ampliada del -por lo menos premonitorio- cuadro de la Esfinge con la colina Gebel Ghibli al fondo, acompañándola de un breve apunte complementario. Dicho lienzo masónico conste que lo descubrí después de mucho buscarlo, porque por entonces ya tenía la foto aérea del rostro hecha por el fotógrafo Stern, y también una gran preparación al haberme supuesto que algo de ello tenía de haber quedado, … ni que fuese tan sólo obra de quienes ordenaron apilar toneladas de arena en aquel concreto sitio.

A sólo 3 km. de la ciudad de Tebas, casí anexo al templo de Luxor, está el templo de Karnak. Se debe entender tan inmenso complejo religioso como un equivalente en aquella antigüedad a las actuales centrales energéticas nucleares. No escatimaron imaginación en sus rituales destinados a canalizar la energía con tal de no volver al caos, pues incluso los rayos del sol naciente del solsticio de verano recorre muchas decenas de metros de pasadizo hasta llegar, como en Abu-Simbel, a la Capilla del Hombre, donde cuatro estatuas de dioses y el faraón se iluminan durante tan sólo unos dos minutos.(Después de trasladar el templo más arriba el fenómeno se retrasa un día). Po otra parte todo el templo de Karnak en visión aérea, parece entreverse la imagen completa de un cuerpo humano en esquema, pero visto de perfil, para lo cual, y para reenfocar los rayos del sol, se dice que Karnak debió ser remodelado varias veces. Contra los que, como el profesor Wiedemann en el siglo XIX, creyeron que los antiguos egipcios fueron incapaces de representar gráficamente ideas abstractas, presento al pie de esta web pruebas de que sí dibujaron abstracciones.

Los antiguos egipcios imaginaron su mundo ideal cual una planicie inmensa. Desde la meseta de Giza vieron como la crecida del Nilo coincidía con la aparición de Sirio por el horizonte justo el día antes del solsticio de verano. La mayor casualidad astronómica reunió tres fenómenos, y cuando ello sucedía era objeto de veneración especial durante el amanecer. Entonces se entendía que el sol naciente, por ser coincidente con el nacimiento de Sirio, significaba ver el nacimiento del hijo de la diosa Isis: Horus, su “dios-hijo”. CARA DE HATHOR EN EL TEMPLO DE DENDERA
Ante todo hay que admitir humildemente que se ignora todavía hoy el verdadero emplazamiento de la necrópolis donde estarían las momias de los más antiguos gobernantes del Reino del Nilo. Por cierto, el primer embalsamamiento se realizó en la difunta madre del famoso rey Keops, resultando ser una exitosa idea, ya que se aplicó después a todos los descendientes reales. En Abydos tan sólo había sus falsos enterramientos conmemorativos, es decir, vacíos cenotafios. Estaba dedicado a la diosa Hathor, la cual se distingue por tener grandes orejas de vaca mientras que otras veces se presenta con cuernos como Isis. Lo más interesante de la diosa Hathor se debe a que era la “Diosa de Occidente”, o sea, la tierra de traspasó hacia el mas allá. Reclamo la atención sobre su rostro iluminado desde arriba por un sol poniente. Se encuentra en el techo junto al dintel de la entrada de la primera gran sala del templo de Dendera construido por el rey Nectanebo I, y reconstruido por Ptlomeo VI (181 a.C.). Es un edificio más misterioso que los demás, si cabe, porque están incluidos en la decoración de sus muros unos hombres que sostienen grandes bombillas con filamento interior, claramente evidenciando que en tan remoto pasado ya se sirvieron de luz eléctrica. De “bombillas” las hay representadas no sólo en los subterráneos de Dendera, sino también en los templos de Edfu y Kom-Ombo La virgen de la Peña no es única. Existe otra en plena selva subsahariana, entre el Senegal y Guinea Conakry. Es una forma de perfil femenino tallada en la peña viva de un barranco y en total mide unos 150 m. de altura.
En la decoración de aquel alto techo estorba dicha escena flotante del rostro de la diosa Hathor, cuya iluminación la muestra unida al disco solar. Se presenta grabada en un relieve que está invertido respecto a otra escena con muchas barcas, allí símbolo del curso diario del sol. Para que no haya dudas, entonces ni hoy, dichas escenas superpuestas en la decoración de aquel techo (¿de períodos diferentes?) están invertidas una con respecto a la otra. La cara grabada de la diosa Hathor, iluminada por los rayos del sol debieron de tener más trascendencia de lo que somos capaces de admitir hoy día. No es una muestra única (FOTOS nº 13, A-B), sino que en diferentes partes y períodos donde hay arte egipcio antiguo dicha iluminación solar de ciertas cabezas se presenta de forma bien resaltada.

La misma idea la contemplamos en el interior de un ataúd de factura egipcia, pintada en el tablón correspondiente a la parte que está sobre la cabeza. Se guarda en el Museo Británico de Londres. Dicha obra suntuaria procede del templo de la antigua ciudad de Tebas (FOTOS: nºs. 14, A-B-C-D)

Se lo considera trabajado en la primera mitad del siglo II, y está decorado con una pintura de la diosa Nut, cuyo rostro y cabeza están casí a tocar del disco solar. La iluminan sus rayos mediante un ancho cauce de color diferente. Nut importa en estas páginas porque era venerada como la madre de las estrellas de la Vía Láctea. Sobre su cabeza se ponía (“tragado”) el disco solar durante el equinoccio de primavera. Su mito refuerza la existencia de una especial cara iluminada por el sol sobre un montículo arenoso. Allí sigue la tan sorprendente duna fija, para general asombro e incredulidad, mostrando esporádicamente lo que más que unos rasgos faciales parece simbolizar hoy una cabeza sin cuerpo. Se quiso indicar un enterramiento parcial, y es una constante en las pistas que he seguido hasta la sorprendente pintura de la orden masónica que hace llegar dicho fenómeno a nuestro tiempo ¿Cómo no sospechar que debajo habrá un subterráneo? No falta quien ha defendido tesis informando que éstos fueron abiertos por cauces de ríos que discurrieron por debajo de Giza.

Al estudiar semejante tópico, cual es un enorme rostro iluminado sobre una colina que resalta de su natural en la parcela de este mundo por sus monumentos culturales sobresalientes, debo entender que la importancia también debe encontrarse en el bello semblante con que se nos muestra sobre el suelo de arena debidamente iluminado. Tiene un gesto relajado, pero sobre todo aparece reflexivo y sofisticado. Hay que notar que tres piedras de diferente tamaño conforman las sombras de su boca, así como incluye una pequeña elevación, muy notable, entre lo que son actualmente sus desmesuradamente grandes órbitas oculares. Se quiso resaltar adrede la zona del llamado “Tercer Ojo” por las culturas orientales. Esta es la parte de toda cara correspondiente al cerebro prefrontal, allí donde los humanos valoramos las estrategias y alternativas cuando tomamos nuestras decisiones. Éstas serán más sabias cuanto mejor entrenado esté en preguntarse cada individuo el cómo de las cosas. Importa mucha más que el porqué,…que suele ser bien evidente. Lo puede entender mejor quien haya aprendido a respirar con su diafragma.

Aunque descubrí el tan guapo rostro en una foto aérea cerca de la Esfinge cuando ya los herederos de tal iniciación tenían perdida la fe en su realidad en aquel sector antaño tan sagrado, no hay duda que alguna orden secreta de nuestro tiempo conservó el recuerdo de su existencia a través de los milenios. Antiguamente también, y tenemos una buena muestra en el techo del templo de Dendera. Firmes en sus convicciones, habrían esculpido aquella cabeza que hoy se nos aparece sin cuerpo a fin de evocar la idea de un semi-enterramiento.

Es incomprensible el que no se explique por parte de los egiptólogos los motivos que hacían incluir un disco solar sobre la iconografía de las divinidades del Antiguo Egipto. Desde pequeño me pareció rarísimo un tan absurdo detalle, el cual no parece haber sido inspiración de ninguna otra cultura antigua a pesar de haberlas bien raras. En la cabeza de los dioses del Antiguo Egipto cuando no hay incluida la imagen simbólica de un disco solar, ponen algo, sea un pomo, o borla, que lo represente. Sigo extrañándome de que lo acepten, mientras se pierden en mil disquisiciones que no pueden ser nunca tan importantes. Aceptan el disco solar, pero no procuran entenderlo,…¡ y eso que a veces se presenta incluido también sobre la cabeza de un dios con forma de cocodrilo!. Con razón se ha dicho que: no hay tontería que no haya dicho algún filósofo.

Ahora por fin se nos ha ofrecido en bandeja una lógica explicación, y además se presenta bien visible justo donde se debió haber esperado encontrarla, repito: cerca de la enigmática Esfinge de Giza. O si se prefiere, está a mitad del camino que la separa de la colina Gebel Ghibli. ¿Le negaremos este poder al “Padre de todos los dioses”? No me extrañaría pues, que aparezcan muchos otros vestigios de los presentados en estas páginas que aporten más símbolos de los que constan en sus famosas “Letanías de Ra” (fechadas en el Imperio Nuevo, hacia 1550 a.C.). Tan sólo es cuestión de tiempo.
EL “Osiréion” DEL TEMPLO DE ABYDOS
Abydos fue una ciudad santa a la que peregrinaron desde todo Egipto, empezando ya las primeras dinastías tinitas (de This, en el Alto Egipto y cerca de Abydos). Allí habían nacido los primeros faraones históricos y allí fueron enterrados. El complejo estuvo siempre dedicado a su veneración, y los nobles ricos se hacían enterrar en aquellos alrededores. Se recuperó en una excavación la famosa estela del Rey Serpiente, el unificador del Alto y Bajo Egipto, hoy expuesta en el Museo del Louvre. También en Abydos fue recuperada la única esculturita del faraón Keops (12 cm. de altura, es de marfil y lo representa sentado).
Abydos sufrió a pesar de su importancia altos y bajos, porque en las IX-X Dinastía la capital se traspasó a la ciudad de Menfis (Heracleópolis para los griegos), cerca de las pirámides de Giza. Entonces incluso el culto a Osiris y a Horus sufrió cierto abandono. Otra importancia que tiene Abydos es la inscripción alineada con todos los cartuchos de los 76 antiguos faraones, faltando tan sólo el de Akenaton, condenado al olvido por haberles impuesto el culto monoteísta.
De Abydos me interesa también la complicada forma geométrica que aparece grabada mediante vitrificación en el marco de una puerta. Se la reconoce como “Flor de la Vida” y está presente en todas los vestigios de culturas antiguas desde China a Islandia (LFLV). Hay un círculo rodeado de otros seis iguales y limitados todos por una disposición hexagonal, sólo que en su interior, la evolución del círculo básico consigue otros sabios dibujos iniciáticos. Es una llamada a la superación intelectual, siendo tan evolucionado su diseño como misterioso es su origen y difusión.
La importancia en estas páginas de Abydos diré de una vez que está en aportar indicios de cómo pudieron en tan remota antigüedad los poderosos iniciados de Egipto observar la avisada iluminación de un rostro humano sobre la colina de Giza. ¿Acaso disponían de aviones? ¿quizá utilizarían ya entonces globos aerostáticos, al modo como se cree que observaron en Nazca (Perú) las líneas que reproducen figuras de animales? Se lee en los Textos de las Pirámides lo que podría ser una pista: El soberano cuando montaba en una nube podía alcanzar a ver la luz divina (¿Tuvo que ver con el Ángel de la Luz?).
Tal helicóptero, aunque sea de forma casual, se encontró grabado en el templo de Abydos en el roto dintel del marco pétreo de una puerta de cuando el faraón Seti I ordenó la construcción allí de un bello templo de caliza blanca cuya fachada que me recuerda un gigantesco peine de anchas púas (FOTOS: nº 15, A-B-C). Él y otros faraones posteriores ordenaron allí construir el citado cenotafio conocido como Osiréion (sus medidas son 30,5 x 20 m.), donde se supone que estuvo enterrada la cabeza de Osiris. Fue un lugar iniciático subterráneo en su tiempo, cuyas ruinas aún hoy tanto admiran a los turistas, como también las del templo del faraón Seti I con las que forman alíneado conjunto dentro de una rectangular muralla muy espaciosa.

Si planificaron la imagen de rostro que aparece con la luz solar al ponerse en determinado día y ángulo, debió de ser una obra destinada a demostrar el poder revivificador del sol sobre sus criaturas, de modo semejante al dominio de los humanos sobre todas ellas. Ra estuvo siempre por encima del resto de divinidades, las cuales cuanto recogieron de la devoción popular, debió de haber sido por lograr emparentarse con Ra como hijos, nietos, etc.

Rescatado de la arena, el Osiréion hoy parece ser un monumento a la perfección, más aún que el construido por Seti I. A su interior sigue fluyendo una fuente subterránea formando minúsculos estanques en los hoyos del suelo quizá destinados a enterrar en ellos a los sacerdotes o reyes. El agua lo envuelve hasta semi-inundarlo, haciendo pensar si quizá se construyó incluso antes de que algún afluente del Nilo cambiase su cauce. Desviar cauces de río en Egipto ha veces se hizo a fin de beneficiar otros templos, desde el reinado del unificador Menes, y en otras, como en el templo de Karnak, el Nilo pasaba muy cerca del llamado “Templo del Hombre”. En el Osiréion grandes monolitos de granito rojo están trabajados con herramientas todavía hoy no igualadas, las mismas que hicieron posible agujerear y cortar con la precisión de un laser, enormes piedras tanto en el Serapheum (con un gran sarcófago, con tapa, cuya superficie mide cinco metros cuadrados, y su interior brilla como un espejo), como en los dos templos a los pies de la Esfinge de la meseta de Giza.

En ambas construcciones iniciáticas trabajaron la dura piedra con un ensamblado de monolitos tan perfecto, y sin inscripciones ni dibujos, que por fuerza debemos comparar aquella técnica, increíble para tan remotos tiempos, con la que se empleó para trabajar en las más famosas ciudades sagradas del Perú. En los museos Mayas de Colombia se conservan una docena de avioncitos trabajados en oro. También existen en la India museos que, como en Egipto, guardan avioncitos de oro cuya cola en posición vertical descarta que fuesen sólo figuritas reproduciendo pájaros. Probablemente también se podrían elevar mediante globos tan rudimentarios como los de Nazca (Perú) siendo un símil para mi ya suficiente; pero al saber yo del tal helicóptero, tan bien dibujado y en relieve, fue la indicación inesperada de que en Egipto los antiguos iniciados disfrutaron de la visión de su enorme rostro resaltado en determinadas fechas del resto de la arena. Es como si, los dos grupos de ancestrales constructores, viviendo tan alejados, hubiesen dispuesto de los mismos recursos e instructores. Una técnica idéntica que a todos permitió cortar inmensas piedras, elevarlas y transportarlas como si fuese algo sin importancia,… por tal facilidad cortaron sus bordes poliangulares (hasta doce lados en un mismo bloque megalítico).
PROLIFERACIÓN DE DIVINIDADES EGIPCIAS
La más antigua referencia a un dios egipcio único es de Netjer. Es la más antigua palabra el vocabulario egipcio que en si misma reúne todas las manifestaciones concebibles del dios supremo, así como sus posibles nombres, y también sus poderes, ya fuesen éstos conocidos o no. Ra, el dios recordado como “brillante y puro” (Tem), quizá merezca ser perjudicado por la confusión, porque en verdad los egipcios ya lo tuvieron encasillado con la peculiaridad de ser una divinidad siempre oculta. Aun así y todo, Ra mereció la mejor y más generosa acreditación celestial de muchos otros dioses tribales inconexos.
La primacía de Ra se revela porque fue quien inauguró el concepto de “Rey de los dioses” tan importante en la teología del Antiguo Egipto. Ra fue también el primer mítico rey de los humanos después que él activó la Creación. Ra se retiró voluntariamente del mundo para ser el soberano principal de los cielos a donde llegó, según los antiguos grabados, a lomos de una sagrada vaca. En el cosmos Ra se asoció a Régulus, que es la estrella más brillante de Leo, recorriendo el firmamento nocturno por el mismo sendero que durante el día parece cruzarlo el sol. La retirada del dios Ra de la tierra dio paso a una dinastía de once dioses, los cuales gobernaron en total 7.700 años, y luego cedieron la alternativa a la lista de faraones que, en el Canon Real de Turín (donde se guarda), se relacionaron durante la XIX Dinastía. Por lo dicho, desde que Ra fue el primer “Rey de Reyes”, defiendo que se debió de suplantar en todo lo que después se creyó de Osiris.
Mientras que en el más antiguo templo egipcio conocido, que es Heliópolis (antes llamada On y también Annu, por cierto como la máxima divinidad sumeria), se sabe que se veneraba al dios Ra; en Menfis, a sólo 30 km. al sur, se veneraba al dios Horus en unos kilométricos túneles subterráneos. No hay competencia posible porque al templo antiquísimo de Heliópolis todos peregrinaban una vez al año para admirar allí el venerado Ben-ben y la “Barca del Cielo” utilizada por el dios Ra en sus desplazamientos celestiales. Sus sacerdotes, cuyo decano mereció ser llamado “Artesano mayor”, podían magnetizar y desmagnetizar el aliento de vida de las estatuas. Tales sabios iniciados eran tan conocedores de su poder que impusieron un sistema divino trinitario, y lo centraron en el simbólico rayo petrificado que era el antes citado Ben-ben. Afirmaban que justo allí habría tenido comienzo la Creación por obra de Ra mediante simple masturbación. Fue escenificado religiosamente cada año por los sacerdotes de On y por el mismo faraón, quién después se creía regenerado. El ritual de la “Mano de dios” implicó a la diosa Hathor en la figura de la suma sacerdotisa, porque dicha diosa habría sido la que amamantó al rey siendo recién nacido. Se sabe que hubo un fondo musical en el acto, pero se ignora si el simbolismo fue real o simulado.
Tanto las intrigas palaciegas como disidencias sacerdotales, harían a veces fluctuar las devociones. Así en las XI y X Dinastías (2160-2040 a.C.) el culto a Osiris y a Horus fue abandonado, e incluso la capital pasó de Menfis a Heracleópolis. Es más, hacia el año 1300 a.C. los veneradores de Horus (quienes lo habían asociado a diversos animales desde el año 1250) se pasaron a Amón-Ra (conceptos sinónimos), el único dios que nunca les había fallado.
Los sacerdotes de Amón-Ra en On y en Tebas tuvieron un prestigio cercano al gobernante de turno. Sólo el faraón Akenaton padeció ser apartado del trono por haber intentado oponerse con su culto solar a la multitud de divinidades que proliferaban, y para ello hizo tabla rasa y también quiso borrar la memoria de Ra. Su nueva capital Al-Amarna fue abandonada una vez depuesto él, porque si bien fue un innovador místico, también fue el primer represor fundamentalista. No está claro como terminó sus días. Quienes defienden que huyó liderando al pueblo judío, como ya anticipé, pueden incluso identificarlo con Moisés, porque ya tendría Akenaton mucha experiencia al haber hecho asentar a los suyos en Al-Amarna, la nueva capital de su dios único Atón.
Pero esto son anécdotas en estas páginas que se ocupa de la cara descubierta en la meseta donde los principales constructores de grandes pirámides prefirieron centrar su devoción. De Keops y de Kefrén lo más seguro es el hecho de que ambos reyes intentaron imponer el monoteísmo sin conseguirlo. Aquel desasosiego sacerdotal está claro que terminó al ser nombrado el rey Micerinos (Men-Kau-Ra), pues a pesar de que su propio nombre lo contradecía, disimuló bien su opinión decretando que en lo sucesivo se debía restar importancia al culto al dios Ra. Como siempre los sacerdotes volverían a gozar de múltiples donaciones y limosnas para sus incontables divinidades.
A la muerte de Micerinos los sacerdotes de On lograron aupar al poder a otro de sus iniciados. Se llamaba Shepseskaf (+2429 a.C.), y lo acreditó como legítimo faraón el hecho de casarse con la olvidada hija de Micerinos. No sólo era sacerdotisa de On, sino además hija de faraón nieta de Keops, y fue luego madre de otros tres faraones que dejaron establecidos cambios bastante curiosos. El primero y más inexplicable, sería el olvido de las inconcebibles normas constructivas aplicadas para elevar las mayores pirámides de Giza. DIVINIDADES ENFRENTADAS: EL DOGMA – LO ACCESORIO
La religión de los antiguos egipcios fue tan ingenua como sus mismo arte pictórico pone en evidencia. Hay que tener siempre en cuenta de distinguir lo que fueron sus dogmas de aquello que sería accesorio (supersticiones, ritos,etc.). Una vez presentado Abydos, el caso es que la parcela donde Osiris tuvo rituales de mayor prestigio fue en la meseta de Giza. Eran los tiempos que el gnosticismo egipcio alcanzó su cenit. Más que aprender intelectualmente sobre lo divino, los iniciados experimentaron vivencias capaces de su óptimo autoconocimiento.
Aun cuando admiro la línea de investigación abierta por el autor Zecharia Sitchin en su libros: “El 12 planeta”, etc., admito que quizá en tiempos predinásticos, en dos estados vecinos de Egipto gobernaron dos parejas de hermanos que estaban destinados a ser inmortales. Éstos se llamaron, por una parte Osiris y Isis (esta última al parecer poseedora de mágicas artes), y por otra Seth y Neftys. Los cuatro personajes se recordarían todavía cuando en tiempos de las dinastías históricas se representaban en secreto los ritos mistéricos egipcios del dios Osiris, el más importante de todos ellos, el cual debió de nacer en Bursiris, la zona del delta del Nilo que, según parece, él dominó en vida.
Osiris fue identificado con la constelación de Orión (como la negra diosa Isis lo fue con la estrella Sirio). Osiris sería el específico dios del llamado Duat, nombre del otro mundo subterráneo y de intermediación entre la vida y el más allá. Primero los reyes, y en dinastías posteriores los llamados faraones, fueron vistos cada uno cual “rey-dios-puente”, y tuvieron el papel de mediador entre cielo y tierra, de modo que al morir se perdía un cierto tiempo la conexión de sus devotos súbditos con las estrellas, durando los setenta días que se tardaba en momificar su cadáver.
Osiris fue el único dios egipcio que conoció la muerte y que también comparte con Jesucristo su resurrección. Así como se lee en la Epístola “1ª. Corintios”: “Siembra cuerpo animal, surge cuerpo espiritual”, sabemos que de Osiris, como cuerpo, hay escrito en los Textos de las Pirámides (285): “Te hundes en la tierra hacia la oscuridad,…(pero como espíritu) tú ves a Ra en sus lazos (rayos solares del atardecer)…El Señor de la Paz te dará la mano”.
El rito de Osiris tuvo por núcleo central el modelado con barro de una escultura de la dicha divinidad amortajada en la que se hundían miles de semillas. El grano germinaba al cabo de un tiempo de permanencia enterrado y generando nueva vida se convertía en un Osiris vegetal. Debió ser algo parecido, pero sin vida, al Hombre de Musgo, que en la Península Ibérica desfiló en fiestas de Corpus, en especial famosa la de Béjar (Jaén), pero de origen prehistórico, al menos en la comarca del Solsonés, donde dio pie al nombre del pueblo Molsosa. (degeneración de Hombre de Musgo). Es una inmensa verdad que cuando la tierra recibe lo necesario jamás fallará, sino que devolverá al esforzado cultivador el “mil por uno”. Una generosidad que estimula al observador atento a obrar noble y abiertamente para con los demás, seguro de que se beneficiará primero él mismo.
Giza en la Edad Antigua tuvo un nombre distintivo propio, el cual se recordaría en los jeroglíficos como Rastau. Significando cementerio, al parecer su sentido más profundo es el de túneles subterráneos, alguno de los cuales se han podido verificar en Giza expresamente cegados. El año 2008 se redescubrió una red de túneles subterráneos del complejo Giza, lo cual se hizo público en Agosto de 2008, después de la expedición dirigida por Andrew Collins, quien descubrió que, gracias a la alineación con las estrellas de la constelación de Cygnus, la TCO (Teoría de Correlación con Orión), aparecen justo en el punto donde la estrella Cygnus debería estar dentro del Duat, para que el modelo estelar en la tierra fuera adaptable a los cálculos egipcios.
Andrew Collins encontró las claves dejadas por un antiguo investigador y diplomático Británico Henry Salt en 1817, quien junto con el italiano G. Caviglia habían investigado una red de catacumbas en Giza antes de atravesar una “espaciosa cámara”, la cual comunicaba con laberínticos pasadizos. Tales tumbas de Giza, según Collins: “Son naturales y penetran en la roca cientos de metros siguiendo el curso geológico de la propia falla;…y sospecha que los túneles se extienden más allá de la segunda pirámide (donde la tradición antigua ubica la legendaria tumba de Hermes).
Justo donde, desde el templo más antiguo llamado Heliópolis (On del Norte), veían al dios Osiris enterrado a occidente y bajo tierra. Según el antiguo escrito lleno de mágicas fórmulas: “Papiro de LEIDEN” (nº 55), el sacerdote diría así: “-Yo soy la “CARA de BELIER”…”. En su magia ritual no pudieron pasar por alto lo referente a la muerte y resurrección. Las ideas que en lo suceasivo fueron de unidad cósmica (que sabían desmembreda), y la durabilidad, tal como se evidencia con las tres mayores pirámides de Giza. La obsesiva idea de recobrar lo que se tenía ya antes de nacer, hacía para los antiguos egipcios imperiosa la necesidad de que en algún sitio de su país existiese una verdadera Puerta dimensional.
Se dedicaron más que nadie a afrontar la temporalidad de la vida biológica, siempre temida por lo que significa de disgregación del cuerpo. Suponiendo pues, que el tiempo fuese el poder que creyeron más real, ellos apostarían por la memoria, ya que lo puede vencer cuando recordamos cosas vividas. Lo expresaron con piedra, porque en las páginas del “Génesis” quedó expresada la dicha idea, y ello gracias a que Moisés fue uno de aquellos iniciados, y sin duda de los más aventajados. La piedra es mediadora entre Dios y los hombres: “…Y esta piedra que he alzado como un pilar será la casa de Dios”. En efecto, hoy sabemos mejor que nunca que aquello que en el mundo es más capaz de acreditar una cosa al cabo del tiempo, es su utilidad. Y no sólo de las cosas, sino de también las ideas y la vida misma.
Estamos capacitados para hacer tanto el bien como el mal, así resulta que por nuestros actos tanto podemos ponernos a la altura de los ángeles como de los vegetales. Por nuestro nacimiento somos seres mortales, pero también capaces de aspirar a la inmortalidad, … si entendemos que ese dios interior que nos hace tan orgullosos hasta el punto de agraviar sin motivo a los semejantes, lo enfocamos a moldear el alma propia tras el sincero deseo de superar nuestra faceta animal. En Egipto escribieron en una de sus fórmulas sagradas, seríamos: “El que llegará a ser Sol”, o sea el hijo de Ra (Sa-Ra) condicionándolo a salir bien aquilatado de la “pesada del alma” tras la muerte. No fueron los únicos, pues los hindúes aún lo presentan más fácil: “La muerte no existe y por lo tanto no merece que luchemos contra ella”.
Una vez más la luz del sol nos brinda la oportunidad para ejercitar el libre albedrío. El Mito de la Creación del Antiguo Egipto explica que cuando Ra se cansó de los problemas que le daban los humanos -e incluso Hathor-, se retiro a los cielos montando una gran vaca. A partir de entonces su delegado en el gobierno del mundo fue Thot (la Luna), quien enseño a la gente tanto artes como escritura, así como a que fuesen también capaces de auto-gobernarse. Toth mantuvo la paz durante 1570 años la misma dinastía (era el Período Neolítico en Oriente Próximo). Del castigo a la humanidad hubo la excepción del sabio Noé y sus familiares. Ellos eran los destinados a procrear una regenerada especie de personas, pero aun así siempre ha continuado siendo muy problemática en todas partes superar la faceta animal. LA CÁMARA SECRETA DE SOKAR
En época tardía las ceremonias de ultratumba siguieron un ritual que incluyó un paisaje celeste calcado al terrestre, que se concentró en la necrópolis de Giza llamada desde antiguo Rostau, donde se creyó oculta la tumba de Osiris en algún subterráneo ignorado. No tuvieron dudas respecto a su existencia real. Hay una referencia escrita, que recogió el filósofo griego Heródoto (siglo V a.C.), referente a que los sacerdotes de Egipto le habían hablado de cámaras subterráneas bajo la meseta de Giza. El año 1935 se detectaron anomalias (quizá tumbas) en el segundo nivel del llamado Pozo de Osiris en Giza, junto a la calzada entre la Gran Pirámide y la Esfinge. A pesar de haberse confirmado tal hallazo los resultados aún siguen siendo inaccesibles para el público.
No me referiría a Sokar si no fuese por el gran simbolismo del lugar de Giza (nombre muy posterior) llamado el Sokar de Rostau. Me interesa porque, al haber descubierto esa nueva forma de rostro justamente en la zona citada, no puedo ignorar que se refirieron a Sokar con un trazo que simboliza un montículo. El dios Sokar llevó también un disco solar entre sus cuernos (al modo que se presentó luego Isis), además de una extraña corona.
Según los Textos de los Sarcófagos (1800 a.C.), la necrópolis de Giza (menfita) sería una especie de puerta estelar, algo así como el epicentro del imaginario espejo terrestre del cielo, donde estaría la Casa de Sokar; un oscuro y subterráneo lugar sagrado donde se concentrarían las emanaciones del divino cuerpo yacente bajo la arena del desierto; una cámara secreta que se supone está en alguna parte del subsuelo de Giza, y se la llama también Mundo de Sokar. Levanta mayores sospechas un determinado sector ubicado al sur de la Esfinge, porque antiguamente fue llamado con el nombre Rostau. Importa, porque es allí donde pudiera estar la tan buscada “Cámara del Tesoro” que se creyó estaría guardada por leones, con lo cual la Esfinge parece reclamar mucho protagonismo.
Sokar fue inicialmente una divinidad etérea simbolizada por un halcón. Se asoció a un determinado entorno geográfico, y recibió cierta veneración; por ejemplo, cuando hacían la celebración en Menfis del Festival Sokar ante la tumba de Osiris en la décima hora del día propicio. Era por tanto, un dios de ultratumba, y su cámara un sitio al que ni tan sólo tuvo acceso el dios Ra, quizá porque al ser subterránea no entraba allí el sol.
La palabra Rostau, que hoy es sólo es una vasta extensión de Giza pero que incluye la Esfinge, se simbolizó también también por otro montículo sobre montado por una burda piedra oscura de forma cónica y una barca llamada Henu, que fue el prototipo de cuantas se enterraron al lado de las pirámides. En fin, a Rostau se refiere una fórmula funeraria que reza así: “¡Oh tú, que miras hacia atrás, que apareces en el Rostau!”. Si hemos de pensar que la divinidad invocada se apareció en algún vehículo, éste debió de ser un tipo u otro de navío.
La Barca de Sokar fue simbolizada por una serpiente, puesto que si el sol no podía entrar al Sokar, se quedaría en la superficie. El símbolo solar por excelencia se arrastraba sobre la tierra de Giza mientras gemían a su alrededor las almas de los difuntos. Esta asociación a la muerte es una gran exigencia para localizar el lugar Rostau-Sokar (Tumba de Osiris), que el faraón Tutmosis hizo escribir en su famosa estela bajo la cabeza de la Esfinge para designar así el “Lugar espléndido donde tuvo comienzo el tiempo”. Resulta no obstante incomprensible que la Esfinge no fuese conocida durante la IV Dinastía. Dicho faraón, al desenterrar por fin la Esfinge y mandar restaurarla, fundó un templo llamado Casa de Isis, y mandó escribir en su Estela del Inventario (Museo de El Cairo), que era: la “Señora de la pirámide”. Es decir, que entonces la Esfinge y la pirás ya eran obras mucho más antiguas, y lo confirma el que están las tres dibujadas en un huevo de avestruz de la Cultura Nagada (8000 a.C.). Se guarda en el Museo de Nubia, donde se lee que fue recuperado de la Tumba nº 96.
La colina Sokar está ubicada al sur de la Esfinge de Giza y alrededor de un montículo rocoso, se dibujó, en las tumbas de la IV Dinastía, sobremontada por una figura femenina. El perfil tan elevado de la colina Gebel Ghibli respecto a su entorno, es mayor al ser observada desde los alrededores de la Esfinge de Giza. Resulta evidente que fue capaz de sugerir la forma de una barca, cual las que después construyeron y las enterraron al entorno de la Gran Pirámide.
Trasladando todos los dichos ingredientes simbólicos al sur de la misteriosa Esfinge, no es difícil asociar el montículo de la formación Gebel Ghibli al lugar donde habría que buscar la cámara secreta de Sokar, y más cuando sigue estando entre cementerios. En las fotos de satélite es un punto equidistante de las tres pirámides de Giza, midiendo como dije “toda piedra”. Otra cosa es mi sospecha de que la ubicación de tal cámara esté situada exactamente debajo del nuevo ROSTRO humano, fruto de mi particular investigación en Giza.
Los templos de la antigua religiosidad egipcia no fueron hechos para sublimar la muerte, sino que, paradójicamente a través del arte suntuario de sus tumbas se nota cuanto supieron gozar de la vida; primero en el mundo, y siempre con la esperanza puesta en vivir mejor más allá de lo material. Fuera de sus tumbas los egipcios no gustaban de mencionar la muerte, hasta el punto de referirse a ella como “Pasar a la otra orilla” (del río Nilo). ¿DÓNDE ESTÁ ESCONDIDA LA TUMBA DE TOTH?
Nada en la meseta de Giza se habría planificado por que sí, sino que cualquier trazado de muro de piedra allí sería el exquisito fruto de estrictas normas arquitectónico-religiosas. ¿Fue el nuevo simbólico rostro emplazado en la dicha zona sagrada al aire libre, siguiendo dictado de la sabiduría que se le supone al dios Toth que fue simbolzado con la Luna?
No sólo ha de valorarse el esfuerzo escultórico para plasmar unos rasgos faciales en el suelo arenoso, sino que cuenta aún mucho más el hecho de que tan sólo se lo puede admirar en determinadas circunstancias desde el aire. Lo dicho ya sería producto de una sobresaliente genialidad, pero además, dejando aparte que sólo se vería determinado período del año, es preciso que se valore su aspecto inteligente y optimista con que se presenta a los nuevos tiempos.
Es un arte humanizante dentro del recinto super-sagrado de Giza. Es un rostro que transmite un sentimiento de relajación profunda. Es, en definitiva, una faz de rasgos tan delicados y sofisticados que nos invita a la reflexión yendo más allá de lo que vemos con sólo los ojos. Así la cabeza, que muestra un cráneo semicircular, como sus desmesuradas cuencas orbitales (tanto si hoy están más hundidas como si no), no pueden ser fruto de la casualidad, sino que, como su misma aparición evidencia, también debe de tener un profundo significado iniciático. Es evidente que gustaron de dibujar rostros esquemáticos (FOTOS: nº 16) cuyas abstracciones luego harían posible el rostro de la foto aérea. En el dibujo que el sol ilumina un túmulo informe, nótese que se incluyó un brazo extendido para evidenciar que la cara recobró la vida (De la capilla de Tutankamon).

De aquellos constructores de hace milenios ahora nos llega una imagen que es emoción, sosiego, sentimiento, y todo con la precisión comparable a la desarrollada por sus recursos “artísticos”. Sin la nueva aportación ya costaba mucho de aceptar para nuestros sabios arqueólogos cómo pudieron hacer cuanto es bien visible. Pero ahí está!. Puedo pensar que el arte egipcio de alguna forma se ha esforzado en imitar en todo tipo de soportes aquella sublimada idea de la iluminación solar. ¿O es que, insisto, al sol y sus efectos no los vemos reproducido machaconamente sobre las cabezas de sus principales dioses? Es un detalle o idea que de otro modo resulta incomprensible.

Como con lo dicho hasta ahora ya casí se hace obvio que aquella exacta zona tiene algún subterráneo depósito secreto, ahora faltará dilucidar de cuál pudo tratarse. Porque hay enigmas para elegir. En efecto, a cuantos lectores no satisfagan mis sospechas para ver en el sector al sur de la Esfinge, donde aparece en nuevo rostro, el emplazamiento idóneo para que algún día se descubran allí los dichos depósitos sagrados religiosos que aún siguen sin poderse localizar. Para ellos, digo, expondré ahora mis sospechas sobre otro posible misterioso escondite porque lo creo ubicado también entre la colina Gebel Ghibli y el rostro de visión aérea. Me refiero a la Tumba del dios Toth (el Hermes griego), la cual ya fue buscada por orden del faraón Keops. Éste al parecer se trató de un rey usurpador del trono de Egipto, al ser hijo de una concubina del harén de su padre, el faraón que ordenó apilar más metros cúbicos de piedras en forma de monumentos que todos sus descendientes directos juntos.
Keops, ni con la autoría de la Gran Pirámide que se le ha supuesto, no superó a su padre haciendo acarrear y elavar piedras bien escuadradas, pero en cambio sí lo ganó en fervor religioso, porque era fanático del dios Ra. Para satisfacerlo experimentó con artes mágicas dejando escritas las experiencias de su desmesurada adicción. Incluso se dijo, fantaseando, que para poder ver el iniciático templo de Heliópolis (ciudad santa), Keops habría ordenado construir la Gran Pirámide en lo alto de la meseta de Giza. De sus intimidades se sabe que compartió el amor de una princesa de su harén con el que luego fue su inmediato sucesor en el trono de Egipto. Pero lo que aquí interesa de su obsesión cotidiana, es el hecho de afanarse en poder averiguar el lugar dónde estaba oculto el plano de la Tumba de Toth. Tanto fue su esfuerzo en localizarlo, que consultó a un mago llamado Djedi (un solitario cíclope, pero de estatura normal).

Keops tuvo que aceptar que el tal descubrimiento de la llamada Redjedet era una empresa reservada a un gran vidente predestinado, que luego la historia nos presenta como el primogénito de la princesa Khenthawes, su biznieta. Cuando dicho predestinado era sólo un sumo sacerdote del templo de Heliópolis, encontró el codiciado plano de la Tumba de Toth dentro de un cofrecillo tallado en una piedra de silex. Estaba oculto tras un monolito móvil que disimulaba la entrada a la cripta que la tal divinidad tenía para su veneración en el dicho templo. Finalmente sería vuelto a esconder atado al cadáver de su descubridor, además incluyendo los cuarenta y dos libros que se le atribuían.

Dada la ciudad sagrada que al ser faraón, el poseedor de los planos de la Tumba de Toth, construyó en forma de “L” a partir de la tumba de su madre Khenthawes, cabe sospechar al menos que tal fuese el diseño de la iniciática Tumba de Toth, ya que en el templo de Abusir esta misma forma en ángulo limita el famoso templo Osiréion. La importancia de los símbolos era, entonces más que nunca, apreciada en la historia de la humanidad (por algo es una capacidad específica que nos diferencia de los primates y está en la base de nuestra naturaleza más auténtica). ¿ESTÁN RELACIONADOS RA-SHE Y SA-RA?
El faraón Kefrén, del que se dice que murió antes de ver terminada su pirámide, fue el primero que introdujo en las reglas de construcción de la misma las tres cifras que determinan el ángulo recto (90º): una triangulación de lados de proporciones 3-4-5. También fue innovador, por ejemplo, en introducir el titulo de “Hijo del Sol” (Sa-Ra) para si y para sus descendientes.
Para los antiguos egipcios la necesidad de un doble, fue una exigencia peculiar para poder entender sus cosas. Cada ser humano lo creyeron compuesto de muy diferentes partes capaces de disociarse tras la muerte. Al nombre propio lo llamaron “Ren”. A la psique “Ba” hoy la llamamos alma. El “Ka”, fue en realidad la vida misma, o el principio vital siempre insaciable de alimentos. Lo asociaron con el toro, y su símbolo fue: dos brazos alzados formando una cornamenta (Uk). El “Ka” (más conocido como “un doble” de cada persona) tuvo mayor entidad que el Khat (cuerpo), pues era capaz de reabsorberlo al morir. El “Sahu (Husk)” era la momia que permanecería en este mundo junto con el corazón “Ab”. La sombra tuvo su nombre “Khabit”, y la inteligencia el suyo “Khou”. Particularmente me interesa más la fuerza ultraterrenal puramente espiritual llamada “Akh” en el Libro de las Pirámides, y era destinada al cielo. Al “Akh” yo puedo imaginarlo cual si lo tuviéramos todos en el exterior del cráneo, o sea rodeando por fuera de la cabeza, a modo de casco etéreo, donde se produciría la verdadera conexión del cerebro con la verdad pura de nuestra existencia. ¿Quizá nuestra mente algún día se revelará ser tan sólo una especie de sintonizador? Saberse bien vivo por efectos de la luz verdadera, puede que de ventajas en “la otra orilla”.
No me invento el misterio que supone el sagrado “Ra-She” residencial de Giza, con el que la palabra Sa-Ra (Hijo de Ra) guarda tanto parecido. Haciendo historia del problema de su posible relación, según los Papiros de Abusir sería un componente de cada pirámide donde se iría almacenando la producción de los bienes del reino. Un “Ra-She”, siendo idea compleja, no deja de ser una especie de barrio sagrado habitado quizá por simples anacoretas, o al menos gente pobre, según parece por las dimensiones de sus dependencias.
Tal es la peculiar condición del recinto en forma de letra “L” que parte desde la pirámide de la reina Khenthawes (la cual mide 45,5 x 45,8 x17 m. de altura), en dirección sur, y que termina ante el nuevo rostro de Giza. La cara reproducida sobre el montículo de arena no sería la de dicha reina, a pesar de tener su pirámide-tumba al final de la mini-ciudad de cuidadores, porque en el pesado dintel de granito de dicha tumba un grabado la muestra a ella misma sentada y con la perilla de faraón, así como un extraño moño muy alto ¿Quizá pretendía suplirse con tal moño, la borla o pomo, con que simbolizaban el sol?
El “Ra-She” se representaba mediante el signo de una boca y un estanque o cuenca. Así su significado literal se tradujo: ENTRADA A LA CUEVA desde la Ciudad de la Pirámide. (Si se tradujo mal y fuese Ra-Shen, entonces sería expresión de una idea que significó infinito. Era simbolizado por un círculo de cuerda atado, no teniendo por tanto principio ni fin, por lo cual también se sugeriría entonces un saber recuperado). ¿DÓNDE ESTÁ LA SALA DE LOS ARCHIVOS?
El año 1924 el norteamericano Edgar Caycer predijo entre varias cosas el año del inicio y el del final de la Segunda Guerra Mundial, pero si lo menciono es porque también avisó de que antes del año 2000 (y quizá incluso antes de terminarse la década de los 80), sería descubierta una cámara subterránea secreta bajo la pata derecha de la Esfinge de Giza. De allí salía un pasadizo largo que conducía a la siempre buscada “Sala de los Archivos”. Las visiones de Cayce serían corroboradas por el redescubrimiento de un subterráneo laberíntico que tiene más de 100 m.. Fue descubierto por Henry Salt (1780-1827) consul inglés en Egipto, quien en 1817 escribió un breve y fascinante informe. Dicho subterráneo, si bien fue excavado por aguas freáticas antes de construirse pirámide alguna, despues fue utilzado para enterrar animales. Aunque H. Salt no encontró allí debajo nada digno de mención, sí que fue capaz de compararlo a las catacumbas de Alejandria. El pozo de entrada está muy cerca de las pirámides de Giza, cuyo subsuelo invade en parte siguiendo un trazado NW-SE., pero lo interesante es que en la explanada de Giza se corresponde con la ubicación en el cielo de la estrella Deneb (constelación Cisne-Pirámides). Al ser aplicadas al lugar las sondas de radar adaptados para la lanzadera espacial, (sistema SIR-A) ofrecieron constancia del tal espacio subterráneo, aparte de aportar pruebas de que el el Valle del Nilo habitaba gente desde hacía 200.000 años.

Los seguidores de Salt que al descubrir su informa en el Museo Británico lo investigaron, no aportaron nada nuevo y aquel subterráneo fue olvidado, pero nos remite a los “subterráneos del alma” (Duat n Ba) citados en la Mitología de la Creación. El Ba del faraón difunto, siendo una de las siete partes del ser humano, debía cruzar el reino de la oscuridad camino del firmamento. Se ocupó de todo ello A. Collins en “Benearth the pyramids”, recordando también que el antiguo nombre de Giza fue Rostau (“boca de los pasadizos”) y un espacio gobernado por el dios Sokar, que con relación a la topografía del entorno de las pirámides de Giza es el tiempo nocturno correspondiente a la quinta hora.
El año 1993 la cadena CBN, de la TV americana, emitió un magnífico documental protagonizado por el actor Charlton Heston que empezaba haciéndole afirmar que se había detectado una cavidad debajo de las garras de la Esfinge, o sea, donde había indicado el famoso psíquico (+ 1945). Tal éxito se debió al empeño de su hijo y heredero de inquietudes Hug Lynn Cayce, pues entusiasmadamente había fundado ARE (Asociación para la Investigación de la Esfinge). La Fundación Edgar Cayce financió el Proyecto de la Exploración de la Esfinge, a fin de poder demostrar que la supuesta cámara aparecería justo donde predijo su padre.
Los trabajos se realizaron entre los años 1976 y 1982, quedando inconclusos. Unos antes y otros después, lo intentaron también sin éxito, porque se acaricia la idea de la posibilidad de que esté allí el pasadizo a una supuesta “cámara del tesoro”, y más cuando se ha detectado por ecografia una especie de espacio vacío subterráneo que quizá sea algún pasadizo. Caso de ser cierto, debió de haber sido enfocado hacia la zona de la formación Gebel Ghibli; ¿o quizá hay que admitir que pueda situarse debajo del nuevo rostro descubierto a mitad de camino? Por otra parte, el faraón Tutmosis IV llamó a la Esfinge “Santuario de Sokar”. Algo debió de saber acerca de aquel enigmático mundo subterráneo el tal rey de hace 3500 años. También hay un cuadro que lo sugiere muy sutilmente,… y es del siglo XIX.
En una escena del libro egipcio, antiquísimo, titulado Libro de Aker, un dibujo que se refiere a la Esfinge de Giza, a ésta la presenta “doble”. De su interior incluso salen hacia fuera de la escultura un par de brazos a fin de sujetar el disco solar. Y ello hizo siempre antes pensar que podría referirse a que el sol juega definitivamente para dar vida a una imagen de rostro. Hoy lo tenemos entre la Esfinge y Gebel Ghibli. Por lo dicho saco de su contexto esta alabanza al dios Amón-Ra:”: No es el disco solar el que se manifiesta a los habitantes del cielo, sino tu cabeza…”. Por su incongruencia me parece que se trató de ocultar la clave del misterio. Sería en realidad una fórmula que los asistentes a la ceremonia de clausura del tercer día, por chocante, no podía pasárseles por alto en el transcurso de la ceremonia de devolución del alma divina a la estatua mágica (o sea, la entrega del Ojo Udyat).
Entonces como hoy y siempre, el rostro de cada persona es lo más revelador del cuerpo humano. Es aquello que mostramos a nuestros semejantes, aunque paradójicamente sea la expresión del yo más íntimo, … y en parte desnudo. La sugerente geografía de valles y montañas irían dejando su huella en la formación de la mente humana. A los accidentes geográficos asociaron sus vivencias y sentimientos de forma que al contemplar un rostro hoy día se adivina lo innato de cada individuo, así como su predisposición al bien o al mal. A veces falla, pero las cosas suelen ser lo que parecen.
Cada rostro es también un símbolo de lo más divino que reside en su poseedor. Podemos entenderlo cual un símbolo de misterio semejante a una “puerta a lo invisible” donde se evidencia la mayor o menor evolución de cada individuo desde las tinieblas a la luz. No son de hoy estas ideas. Los más antiguos egipcios, o los mayas, con su arte representan a todas las culturas antiguas que ya entendieron también que incluso el máximo erotismo del cuerpo humano reside en el rostro.
Las culturas antiguas no serían las únicas que pudieron dar perspectiva simbólica a determinados paisajes. Los que presento extraídos del duro suelo nos orientarán para evolucionar en nuestro camino interior individual, siendo capaces de ofrecernos respuestas válidas para poder superar la eternas congojas del natural trayecto antropológico, como por ejemplo: la vida, el tiempo, o el más allá. La humanización del paisaje que propongo, catalizará las fuerzas de nuestra ascensión humanística, en una vía capaz de dejar aparte las consabidas fórmulas religiosas quienes sean reacios a ellas.
Según el escritor Le Guillou: “El cristianismo es la religión de los rostros”. Asimismo en la misma línea de pensamiento estaría el autor Olivier Clément: “Dios se ha revelado en un rostro cuya faz se multiplica de generación en generación en humildes rostros transfigurados”. Se podría elaborar una teología y vivir una mística del rostro, y és lo que creo que experimentaron los sacerdotes máximos iniciados del Antiguo Egipto
Quienes buscaron el preciso emplazamiento cerca de la Esfinge de Giza y luego moldearon la superficie de la arena con una cara tan humana, hacen suponer que debajo del suelo construyeron espaciosos túneles, quizá semejantes a los que existen cerca de las pirámides desmoronadas de Abusir para enterrar allí toros (Serapheum). En la meseta de Giza sospecho que las cavidades simétricas que conforman los ojos de la imagen descubierta gracias a la foto aérea de Stern, se deben a probables derrumbes de los espacios existentes debajo de la dicha sorprendente imagen.
Son tan desmesuradas en la fotografía las dos cuencas de sus “ojos” que llevan a pensar que fue una cara modelada para ser visible desde cierta altura gracias a los efectos de la iluminación del sol poniente. Es entonces cuando el insospechado rostro humano cobra más vivacidad, comprobándose que conserva una expresión relajada y reflexiva,… y la foto que presento será mejorable por los fotógrafos profesionales, ahora que ya les he avisado de su existencia y puedo esperar incluso verla en 3D.
“TIEMPO DEL DIOS” ¿DE OSIRIS, o DE RA?
Osiris fue una divinidad que sólo vivió arropado del poder del dios Ra (Según el “Papiro SALT” : 825 , 5-6). Se asoció la expresión “Tiempo del dios” a Osiris, al menos desde cuando en Tebas era el inolvidable rey unificador del más antiguo periodo predinástico (4200 a.C). La dicha expresión remite a cuando Osiris fue el prototipo de los reyes del Delta, una zona que además él unificó durante su reinado de veintiocho años; pero el verdadero y mortal Osiris debió de saber bien que era Ra el único dios. Se ha escrito incluso que Osiris intentó introducir su culto monoteísta sin éxito, puesto que él mismo al morir fue hermanado a Anedjti, la divinidad de su pueblo natal Busiris en el delta del río Nilo.
A la mentalidad actual también le ha de costar mucho desvincular Osiris de Ra, pero si uno fue humano desde la primera noticia de su existencia, y así se lo representó a menudo, en cambio el otro dios, Ra, fue referirse al mismísimo sol. Así que no debería haber tanto conflicto, por más que luego Osiris fuese tan venerado en todo el Antiguo Egipto porque vivían obsesionados por la vida en el trasmundo, siendo gracias a ello que se ha podido recupera mucho de su arte suntuario. En realidad “El Libro de los Muertos”, fue su “Libro de la Vida”; más aún, fue su: “El Libro de la Salida a la Luz del Día”, también llamado Pert em Heru.
Pronto fue asociado Osiris a las enriquecedoras fases cíclicas de la naturaleza. Lo que no está nada claro es porqué su nombre significó “Sede del Ojo” de donde nació una bella leyenda que acaba con su muerte a manos de su hermano Seth (de ahí viene el nombre de Satanás), continuando con la venganza de su hijo Horus, quien hizo posible su resurrección. Al fin Osiris tuvo para los religiosos el dominio absoluto sobre el reino de ultratumba. Sería a partir de aquel muy macabro papel que Osiris vio acrecentada su importancia divina, dedicándosele unos pueriles ritos de fecundidad, cuando su imagen de barro servía para hacer germinar semillas.
El viaje al “Mundo Inferior” de la zona Rostau fue muy peligroso antes de disponerse de una especie de “guía-manual” para cruzar seguro sus Doce Regiones. Viajaban a través de las dos vías (por tierra y por agua) hasta alcanzar al final la Luz Absoluta. Aun así, debió de valer la pena el tal viaje porque esperaban poder gozar de las esencias divinas (Ch.M. Zivie-Coche “Ro-Setau”, LÄ, V, 303-309). Los navegantes nocturnos eran entonces los que más necesitaban una protección especial. La expresión ritual: “…hacer brillar la cara de mi padre…” era un símbolo inolvidable en la fórmula ritual. De entre las diversas ocasiones que se empleó he podido constatar que fue pronunciaba por un sacerdote cubierto con la piel de una pantera, antes de sacrificar dos toros al difunto (Exactamente abrazaba la momia de Imy-Is, según consta en el estudio publicado por J. C. Goyon Kemi “Rituels funeraires..” (París 1972- p.118).
En cuanto al simbolismo del montículo de tierra con un rostro encima, se encuentra repetido a cada lado de un fresco existente en la tumba del faraón Merenptah (Dinastía XIX). Referente al montículo mismo, o sea, allí donde el tal fenómeno de hacer brillar la cara se produce, también dejaron muestras en su arte de haberlos venerado. Amplio uno de estos murales con dibujos de túmulos incluyendo rostros iniciáticos. Hay otras obras que la incluyen, pero la copio de las páginas del libro del famoso egiptólogo americano M. Lehner, titulado: Todo sobre las Pirámides (Ed. 2003). Dicho autor opinó que los antiguos egipcios consideraron estos “túmulos secretos, en cuyo interior se encierra un gran misterio” (p.29), como si el dios estuviese enterrado dentro del Duat. En los Textos de las Pirámides se califica estos peculiares montículos con rostro encima, cual:” El gran dios, el secreto de Duat”.
En el dicho mural (FOTOS: nº 18, A-B) extrañamente se presenta una pirámide partida por su mitad, y en cada una de sus pendientes, o hipotenusas, se pintó una cabeza con rostro humano encima de un túmulo. No hay confusión posible por la gran cabellera que incluye. Es aludir al mismo fenómeno que se produce en las cercanías de la Esfinge cuando una forma de rostro puede ser vista desde el cielo si está iluminada debidamente por la luz solar de las tardes,… y sólo en cierta período. La cabeza no es sólo el centro rector, sino la sede del espíritu humano. En cuanto a la triangular disposición de las facciones del rostro, se intuye que también es mucho más que un regalo de la naturaleza La misma idea, referente al renacimiento se encuentra en otras pinturas del Imperio Antiguo. Es referirse a que lo inmaterial se vuelve material, o sea el mismo principio que se atribuyó al cónico obelisco de la Creación, llamado Ben-ben, o también bien evidente en las mismas pirámides, ya que para aquellas mentalidades (no olvidemos que los antiguos egipcios fueron, según Heródoto, los más religiosos nunca conocidos), era en dichas construcciones donde idealizadamente se materializaban los rayos de luz saliendo de entre las nubes.
El sol que aprovecharon los antiguos sacerdotes egipcios para hacer revivir esta imagen de cara serenísima de persona, al iluminarla confirma su poder vivificador y el amor del que debieron considerar su dios supremo por la humanidad. Ello hizo que deseasen configurarla y hemos de saber aprovecharla sin prejuicios y con agradecimiento. Las reglas del arte egipcio no han de impedirnos su reconocimiento. Es un tiempo que está fuera de la civilización y que goza de memoria ancestral.Una muy sutil imagen de rostro también lo es el descubierto en 1951 por René Schwaller de Lubricz en las baldosas del pavimento original del sanctasanctórum del templo de Luxor. Al colorear las que le parecieron más extrañas resulto que en visión vertical ofrecían el perfil gigantesco de la cabeza de un faraón con su tocado, y entre otros detalles no faltaba ni la forma de ojo que era propio del arte egipcio. Lo divulgó en un libro publicado en 1957, considerando desde entonces que en Egipto antiguamente se construían “templos vivos”. Los incas y los mayas hicieron sus pirámides en un período propicio, …para luego destruirlas adrede y remodelarlas siguiendo el patrón astronómico actualizado.

Mi libre criterio investigador no puede agradar a los arqueólogos ni a los teólogos. Lo supe ya hace tres décadas en 2005. Tampoco guatará a los egiptólogos, y para su tranquilidad reconozco que mi vocación más profunda es de sumerólogo. Aún así he de preguntar: ¿Porqué se están ignorando tanto lo escrito en la “Piedra de Palermo” como el llamado “Canon” en el Museo de Turín donde consta que antes de las más de treinta dinastías de faraones históricos habrín reinado muchos sem-idioses (o sea, antes del rey Menes). Se lee: Se vivieron 13900 años de dominiode los Netcheru. Al dicho periodo siguieron otros 11025 años, cuando gobernaron los rectores iniciados de la vía solar que unos llaman: anunakis, visitantes, neters y son los antes citados compañeros de Horus (Shemsu Hor),…confundidos con los sabios atlantes procedentes del océano Atlántico. También se ha especulado que los dioses egipcios más antiguos pudieron inspirarlos ciertos cuerpos estelares, y los semi-dioses sólo serían metáfora. ¿Porqué no se tienen se toman en serio los jeroglíficos con la relación de faraones antes citada por dicho sacerdote egipcio, esculpidos allí mismo justo en la pared de enfrente?. INSPIRADOS POR RA: ATUM y AMÓN
Otra forma de desdoblamiento de Ra la entiendo en Atum, que fue el sol poniente y visto cual idóneo símbolo del Monte Primigenio sobre el que, al posarse el sol sobre el obelisco Ben-ben, se produjo la Creación. Atum, el dios de la totalidad de las cosas, se habría engendrado a si mismo por masturbación (una faceta quizá indigna del sinónimo y dios principal que era Ra). Esta reafirmación de dar vida y evitar el caos la en Karnak la repitieron ritualmente los reyes de Egipto, por que creyeron que Amón con su semen procedió a la creación de los demás dioses y reyes humanos de Egipto.
Del parecido de Atum con el dios Amón, hay que decir que no sólo es fonético, sino que tuvo el mismo símbolo de una serpiente y ocupaba el “Montículo del Comienzo” en las representaciones de Karnak (XVIII Dinastía). Para distinguirlos habrá que tener presente lo siguiente: Amón fue citado por primera vez en los Textos de las Pirámides (IV Dinastía), y sólo puede ser comprendido por los múltiples aspectos que se combinaban con él. Amón significó “aquello que está oculto”, y así se entiende que originariamente sirviese para representar, por ejemplo, el poder invisible del viento. Amón fue el “Señor del aura” que, en simbiosis con Ra, el dios Sol, Amón se convirtió en “dios de la Luz”. Al fin, fue una divinidad solar y de la fertilidad, pero también de carácter guerrero, al menos en el Imperio Nuevo (XI Dinastía). Por la forma como gritaban dicho nombre al final de sus celebraciones, hoy concluimos nuestros rezos diciendo Amén.
En los Textos de las Pirámides cuando se alude a la réplica del cielo en la tierra, resulta desprenderse que también el río Nilo tuvo una referencia particular en la Vía Láctea, a la cual apodaron “Vía de Agua Sinuosa”. En tales réplicas celestiales a base de imaginarse la efectividad de un enorme “espejo” ritual, los sacerdotes máximos iniciados del Antiguo Egipto ciertamente estuvieron a la altura de las circunstancias, tal como su plan de salvación eterna les exigía.
En los primeros tiempos la efectividad de las réplicas terrestres del cielo tendrían solamente efecto para con el gran intermediario que era el faraón difunto, pero después acabó beneficiándose cada creyente que lo mereciese. La gran parafernalia que montaron (por cierto bastante ridícula) para la ayuda y complacencia de los más débiles de carácter, sería lo de menos. Fue todo un alarde de su inventiva para ocultar secretos, lo que al fin resulta bien evidente, dada la proliferación de aspectos divinizados. Según parece, en aquellos misterios Horus (el rey vivo que se moría) se convertía en Osiris “rey muerto” cuando alcanzaba el cielo. Tal era el gozo que esperaba compartir todo faraón una vez traspasase, en tal viaje del difunto al cielo. Así como su padre Osiris habría sido el símbolo del “Eterno renacer”, Horus pasó a ser una especie de “dios-hijo”, cual precursor -miles de años antes- de Jesucristo.
De la triada osiriaca merece resaltarse la Diosa-Madre Isis, (así llamada por los griegos, ya que en egipcio antiguo era llamada Ast, significando la tocadora del sistro, Wrt). Isis fue la precursora de todas las imágenes de Vírgenes sedentes románicas y góticas con el Hijo divino sentado en su regazo. Tal veneración llegó hasta nuestro siglo, y en especial resultan ser las imágenes de vírgenes más milagreras (y también más capaces de recoger limosnas) aquellas que, imitando las esculturas de la diosa egipcia Isis, son pintadas de color negro, o también las que con los siglos se han ennegrecido por el humo de las antorchas de sus rituales. Un sólo ejemplo: la imagen de piedra de la patrona de la ciudad de Solsona (Lérida) llamada popularmente Mare de Déu del Claustre está tan ennegrecida por el humo de las antorchas debido a que durante décadas debió de presidir rituales al entorno de hogueras. La imagen citada fue, hasta el año 1244 (pero sigue siéndolo todavía), el muy secreto Tesoro Cátaro famoso. A su favor aún diré que es reconocida la mejor escultura del Arte Románico europeo, la cual fue venerada en cuevas de Ussat-les-Bains (Sur de Francia). Se rompió en dos grandes mitades al ser sacada secretamente del castillo de Montsegur, pero paradójicamente tal desgracia facilitó mucho su transporte hasta el otro lado de los Pirineos. Viajó de cueva en cueva desde el Languedoc hasta el pozo de los claustros del monasterio de Santa Maria de Solsona, atravesando en 1244 el principal paso natural de la cordillera a poniente de la actual frontera andorrana. (Le dediqué un vasto estudio, escrito con la meticulosidad de un medievalista, que sigue aún inédito).
La vida germina en la oscuridad, pues como sucede con las simientes y la sangre, el cerebro, el corazón, etc. no ven tampoco la luz. La veneración de la Virgen y el Niño incluye el reconocimiento de que el amor es la mayor fuerza del mundo, y su máxima expresión está en el que siente una madre por su hijo. Lo dicho es extensible a las mentes del mundo animal, pero es que además gracias a los esfuerzos de la diosa Isis (asociada al planeta Sirio), los catorce fragmentos del difunto Osiris, que Seth había dispersado por el mundo, ella que fue a la vez hermana y esposa, los pasó a recoger a fin de efectuar el milagro de reunirlos (excepto el pene). Isis, siendo una muy gran maga, se lo hizo artificial, pero tan bien hecho que después de devolver la vida a Osiris lo convirtió en padre de su hijo Horus.
Osiris posteriormente reinaría siempre más en el mundo de ultratumba, motivo por el cual su imagen fue presentada invariablemente amortajada, pero sostiene los atributos reales e incluso muestra su cara pintada de verde, aludiendo con ello la vida que renace. Se trató siempre del restablecimiento del orden en todo cuanto hacían tanto en este mundo como en el otro. A propósito, la idea básica de los antiguos egipcios fue el restablecimiento del equilibrio y lo simbolizaron maquillándose con cosméticos ostentosamente del mismo modo que dios Horus había debido de maquillarse su herida siempre más.
Resumiendo, gracias a sus creencias y elaborados rituales misteriosos, quienes fueron verdaderamente iniciados se remitían al hecho -seguramente cierto- del asesinato de Osiris por su hermano Seth, lo que viene a ser parecido a la eventual victoria del Mal sobre el Bien. Osiris al renacer inseminó de vida a Isis, cuyo hijo se llamó Horus. Con este último se completó la “Trinidad”, porque Horus resultó ser un vengador terrible, lo que no impediría que fuese considerado “Hijo de Dios”. Horus se personificó con el cuerpo de halcón, ya que era un antigua divinidad, y su entrada en escena sirvió para completar la familia divina.
En tan remota inocencia teológica no se les puede exigir a los sacerdotes que presentasen una idea de la Trinidad Divina tan bien elaborada como la del Cristianismo por ejemplo. No tuvieron tiempo suficiente desde su despertar a lo espiritual para dotarla de la ventajosa idea de unidad, de forma que lógicamente en su tiempo las triadas las formasen dioses muy celosos de su individualidad, intimidad y hasta preferencias irrenunciables. Ya es mucho el advertir que les concedieron el poder de habitar un dios dentro del otro cuando les convenía.
De hecho otras varias divinidades de origen animal asumieron la “osirización”, como por ejemplo Anubis, Toth, etc. Sucedió además que (como con su escritura), también los dioses míticos fueron sucediéndose sin ser desechados. En cualquier caso, hay mucha sabiduría en la promoción de las citadas divinidades transformistas y su emparentamiento, porque todavía en la actualidad, la irreligiosidad puede ser capaz de conducir al caos, de la misma manera que el radicalismo lleva a la fanatización catastrófica. Solución: Quizá lo poético pueda ser aún mucho más útil en el futuro.
SÍMBOLOS INICIÁTICOS ETERNOS
Por la preparación que me dio el haber escrito un libro auto-editando titulado: “Montserrat, ganga del Grial” (Barcelona 1991) sobre los orígenes líricos de las famosas aventuras de los caballeros medievales europeos tras el simbólico Santo Grial, que significa sangre real, no puedo evitar presentar este nuevo rostro de Giza envuelto con unos ingredientes eternos y atractivos que deben serle asociados. En principio está comprobado que quien busca la divinidad, intenta como pueda traer el cielo a la tierra. El mito se potencia en base a algún símbolo, a fin de que quien pueda se intente acercar a otro mundo más feliz. Tiene poco que ver con lo clerical o institucional, ya que también se puede “ir por libre”. Cada uno cree ver el verdadero rostro de Dios, pero Él puede que tenga todos los rostros verdaderos..
La iniciación pronto se convierte en la fórmula para efectuar con éxito el tránsito, ya sea con ayuda de las drogas, como sucedió por ejemplo con los Misterios de Eleusis entre los griegos, o sin otra cosa más que la propia nobleza y la humildad, como fue el idealizado caso de los caballeros de las narraciones medievales que, dicho sea de paso, nunca existieron más que en el imaginario colectivo. Otra cosa serían las ejemplares vidas de los caballeros de las Órdenes medievales, como la de los del Templo de Salomón en Tierra Santa, de cuyo Gran Maestre Arnau de Torroja (+1184) escribí la biografía.
En su eterna búsqueda, ya sean solitarios, o los grupos de realización colectiva, clericales o no, siempre se persigue lo mismo: la transfiguración personal iluminadora, la cual para el cristianismo, por ejemplo, es una peregrinación en busca del Paraíso. Es como acabó la Saga del Grial, al ser finalmente cristianizada por el eclesiástico Roberto de Borón, quien asoció Jesucristo con el caballero Galahad, el héroe medieval puro único que llegó a ver la santa relíquia cuando todos los nobles caballeros aspiraban a encontrar aquel recipiente capaz de transformar la muerte en un renacimiento. Pero los buenos no sólo se beneficiaron del mismo tras su muerte, sino que gracias a la búsqueda del Santo Grial, alcanzaron valores positivos reconfortantes ya durante su vida. Con su conciencia despierta podían sentir la inspiración y también la intuición espontáneamente.
En efecto, la transfiguración personal del héroe capaz de aprovechar las oportunidades, a veces por pura intuición, se logra por su humildad y su corazón puro. Deberá alcanzar la sensibilización suficiente para aplacar primeramente su propio ego, y luego por haber superado sus mundanos apegos terrenales. Esto se considera haber regenerado la “Tierra Estéril” un acertado símbolo de aquel ciclo caballeresco basado en el sincero anhelo de superación personal, que llevaba a la iluminación vía el estado de gracia que disfrutaban.
Tales criterios de purificación heroica los medievales los heredaron de otros ritos iniciáticos de la cultura clásica, y éstos a su vez de las civilizaciones más antiguas de Mesopotamia y de Egipto. Ciertos investigadores metafóricamente consideran la religión del Antiguo Egipto cual La Madre de la Madre, y la readaptación (que en el Cristianismo se simboliza con santa Ana), debió de fraguarse en Alejandría. Expondré un ejemplo que pasó a la Biblia a pesar de resultar un despilfarro incomprensible para quien no vivió en el Antiguo Egipto. Se lee en el libro Eclesiastés (11:1): “Echa tu pan sobre las aguas, porque después de muchos días lo hallarás”. Sólo en el Valle del Nilo antiguamente inundado por las aguas, las semillas esparcidas sobre el agua ciertamente no se perdían porque permanecían en el lodo cuando al retirarse podrían germinar y dar frutos. También hay que recordar que la estrella Escorpio llamada Falo del Cielo se elevaba y ocultaba como Sirio, la estrella-perro (guía), identificada con Isis. De ahí se argumentó que el dios-hijo fue concebido sin el falo de Osiris (devorado por un pez, que a su vez fue el primer símbolo cristiano).
Debe de existir, y hemos de saber afrontar, un aspecto oculto tras este aparecido rostro de Giza en las fotos aéreas, porque desde la prehistoria profunda siempre se deseó en todas partes tener una visión aérea de los símbolos iniciáticos, dado que los devotos igualmente aspiraron a la comunicación con el cielo estrellado. Es más, no debe pasarse por alto que la palabra egipcia para la resurrección fue “salir a la luz”. Estamos pues ante un fenoménico rostro que reacciona a la luz y nos quiere hablar de la resurrección, sea la de Ra, o la de Osiris.
Pero no sólo hemos de mirar a los egipcios y sus pirámides, o ahora a este nuevo e insospechado rostro cuando está iluminado. Vayamos más allá, porque se procuraron una visión aérea también los prehistóricos, por ejemplo sobre el terreno de Listonara (Uk). Allí los neolíticos europeos levantaron círculos de menhires que la investigadora Katherine Maltwood presentó cual las figuras hechas en Somerset con buscado simbolismo antropomorfo, los cuales siguen enfocando hacia sol poniente sus 16 km. de diámetro dentro de un perímetro de 48 km.. En total se quiso reproducir allí un completo zodíaco, que con el tiempo extendió su simbolismo a las leyendas medievales antes citadas.
Otros diseños antiquísimos hechos para ser admirados desde el cielo están en el desierto de Gobi (Asia Central), un lugar que H.P. Blavasky popularizó antaño con el nombre de Shambala. Entre otros se destacan siete estrellas (o quizá soles), de cuyo centro salen irradiadas espaciadamente varias líneas de piedras que se pierden en la inmensidad del desierto. Sólo la visión aérea permite admirar debidamente tales diseños.
Son más que círculos, -y más que rostros- porque se convierten mediante el cuidadoso ritual en unas espirales capaces de hacer remontar al iniciado por los aires y quizá sin necesidad de drogas, por más que éstas fuesen casí siempre imprescindibles en dichas ceremonias. Yo prefiero mirar a los que sin tales ayudas procuraron hacerse a si mismos mejores, aspirando a disfrutar de una conciencia superior al resto de los mortales.
El sol no sólo otorga diariamente vida material, y calienta a buenos y a malos. El sol, en Egipto como en Europa, con su radiante luz, aclara la mente que es su campo de cultivo, así como ilumina las ideas de las personas. Resplandece y renueva, porque tanto ilumina como calienta, y sin que lo notemos hace fructificar las semillas. Pero nunca hay que olvidar que más que los beneficios físicos del sol, quizá sean superiores las ideas complejas que despierta a nivel mental.
Lo advertí directamente en mi investigación sobre el megalitismo del occidente de Europa en la prehistoria, esforzándome en hacer reconocer mis pruebas de que los dólmenes megalíticos quisieron reproducir cuerpos de toro vacíos que eran inseminados por el primer sol del solsticio de invierno (Acerca del dicho tema, escribí el libro titulado: “Megalitos parlantes del culto al toro”) ¿ FUE AL-FAYUM EL LAGO MOERIS ?
En la excavación de los miles de túmulos que existen diseminados en todo Egipto, se puede constatar que debajo existen ruinas de poblaciones más o menos importantes. En realidad todo el subsuelo a lo largo de ambas orillas del Nilo podrían esperar ser excavadas cientos de espacios que en su día se destinaron a diferentes usos. El nombre de Al-Fayum (mal llamado oasis, donde se cultivaron los más antiguos papiros) antes había sido Shedit, significando País del Lago (volvemos a encontrar la raíz egípcia SHE citada más arriba). La capital de Al-Fayum, hoy conocida con el nombre deMedinet Al-Fayum (120.000 habitantes), varió su posterior nombre Cocodrinópolis para ser llamada Arsínoe. Está ubicada al borde del desierto del sur, y muy lejos del lago que hace milenios era mucho mayor. Es una región muy unida a la ciudad de Alejandría por explotar los ocupantes griegos y romanos aquel vergel -hoy a una hora de autopista desde El Cairo- pues en realidad fue su granero.
La mejor prueba de que en el Antiguo Egipto en las últimas dinastías se debieron de crear frívolamente dioses en aquella religión justamente se debe a que la dicha Arsínoe II (+270 a.C.), fue promovida a los altares cuando murió, por deseo de su hermano (y también esposo) el faraón Tolomeo II (285-246 a.C.). Pero el ejemplo más famoso de tanta frivolidad fue debido a la gracia que les hizo a los visitantes griegos descubrir en aquellas aguas un templo dedicado a la veneración de un dios vivo en forma de cocodrilo.
Cerca de Karamis existe aún un gran lago llamado Qarum, que ha perdido muchísima extensión con los milenios, porque antes debió ocupar toda la depresión actual de sesenta kilómetros de diámetro de la ligeramente circular depresión que hoy lo carácteriza. Se ha querido identificar aquel lugar como el del lago Moeris, donde hay muchas referencias documentales de que se construyó un gran templo el faraón Amenemheb III (6º de la Dinastía XII). Su propósito fue crear allí un inmenso depósito de reserva de agua dulce. Aplicó las normas del hebreo José, promovido a visir de Egipto después de haber interpretado un sueño del faraón. (Tal suposición hizo que fuese llamado Canal de José el brazo de agua que lo comunica con el río Nilo).
Pero al menos un geógrafo medieval situó el Lago Moeris muy lejos de Al-Fayum (FOTOS: nº 19, A-B). Fue también un gran cartógrafo y dejó el mapa más detallado de su tiempo, incluyendo en él los templos y lugares que entonces aún no se habían localizado. Ello le fue posible porque trabajó exclusivamente en base a testimonios de sabios ancianos lugareños y textos antiquísimos.
Ciertamente que cualquiera que fuese el Lago Moeris siempre debió de ser alimentado por un canal de agua filial de un brazo de Nilo. Después de variarle algún faraón exprofeso su curso, puede que aquel geógrafo tuviese razón, pues también a veces al río Nilo le hicieron cambiar su cauce las tormentas de arena. El enigmático lago no ha sido posible detectarlo nunca más al sur de Alejandría, y perdió crédito el mapa citado, aun cuando las fotos de satélite indican una depresión importante también en aquel sector norte del desierto. Allí existe un largo rosario de lagos paralelos y a la izquierda de la carretera que va desde El Cairo a la costa oeste de Alejandría.
Por otra parte, tampoco puede ser que los subterráneos referidos por Heródoto con tanta magnificencia y alardes arquitectónicos, empleando grandiosos megalitos profusamente grabados, todos hayan desaparecido,… y ello incluyendo dos pirámides que vieron claramente edificadas en el centro del dicho Lago Moeris, por cierto, cubiertas hasta media altura por el nivel del agua del lago,…que ahora se identifica con Al-Fayum.

Tengo dudas para reconocer que las ruinas encontradas en aquel sector sean las pertenecientes a las del entorno del legendario Lago Moeris. Según Estrabón y Heródoto el Laberinto de Hawara estuvo edificado en dos niveles bajo tierra, en cada uno de los cuales había 1500 estancias y seis patios cubiertos. Desde el exterior al dicho laberinto, que hoy creen en la zona de Fayum, lo distinguían una pirámide de cien metros de altura y dos colosales estatuas de piedra. Otros escritores antiguos, incluso romanos, vieron allí un edificio subterráneo con 3.000 estancias. Representan un trabajo que el dicho autor griego comparó con los bien evidentes para la construcción de la Gran Pirámide. ¿Dónde están los noventa (90) peldaños que escribió haber descendido personalmente para llegar al Laberinto? Si él no mintió al detallar la gran mole de las pirámides ¿mintió respecto al Laberinto?

La palabra Laberinto ha pasado a la historia para designar un itinerario muy difícil de seguir, siendo por ello que los constructores medievales incluyeron en la planta de sus catedrales unos jeroglíficos hechos con losas y metal, los cuales ciertamente resultaron ser muy iniciáticos para aquellas mentalidades agrupadas en gremios de albañiles (masones).
El primer laberinto está apoyado por la noticia de que el Lago Moeris se ubicaba cerca de la Ciudad de los Cocodrilos, cerca de la ciudad de Dashur (70 km. en línea recta al norte de Hawara),…pero sucede que entonces había decenas de núcleos urbanos habitados con el mismo nombre. Escribieron que desde la Gran Pirámide de Giza se tardaba en llegar al Lago Moeris dos días en camello (como hizo Heródoto), o bien siete días en barcos de su tiempo. Si fuese el embalse de agua al que sigue habiendo noroeste de Al-Fayum, serían en total 106 km. de distancia. LA TUMBA DE LA HIJA DEL REY MICERINOS
La pirámide mortuoria de la reina Khenthawes me interesó desde el momento que comprobé, escrutando muchas fotos aéreas, que desde allí partió la antes citada área poblada por los que fueron sus cuidadores. Tal explanada, hoy sin nada encima, se tuerce sin razón aparente justo allí donde la luz del sol poniente hace resaltar una imagen de rostro sofisticada sobre un montículo arenoso.
Khenthawes primero fue sacerdotisa llamándose entonces con el sobrenombre Esposa de Ra-User (significando: “Ra es poderoso”). Sería reina después, pero a pesar de su importancia hoy está injustamente olvidada. No debiera de ser así, ya que a veces se la cita como Red-Yedet que se traduce como: “Aquello que debe durar”. La personalidad de otras reinas, ya fuesen Hatsepsut, Nefertiti, Nefertari o la griega Cleopatra reina de Egipto (que fue la novena de su familia en llamarse así), a pesar de ser reinas de verdad, culturalmente fueron inferiores a Khenthawes, de cuya tumba quiero todavía resaltar que fue la última gran construcción de la meseta de Giza.
El papel de la mujer en Egipto ha sido bien estudiado, porque a través de los hijos de las faraonas se heredaba la realeza; de modo que ser hijo de un faraón contaba menos. Khenthawes -para mi la más fascinante de entre las demás- no sólo fue descendiente de los tres más prestigiosos faraones de la IV Dinastía, sino que sus tres mellizos varones fueron faraones en los tres primeros reinados de la V Dinastía, aquella que construyendo pirámides ya de degenerada técnica en Abusir y en Sakara, dejó testimonio de un culto a Osiris renovado.
La tumba de Khenthawes fue construida, no obstante, como un alejado satélite de la tumba de Micerinos, pero en un lugar tan alejado que parece querer indicarnos mediante su anchísimo camino hasta hoy a ninguna parte, que entre Gebel Ghibli y la Esfinge (allí donde la bien delimitada explanada termina bruscamente) se encontraba un algo que no se acertó a ver hasta mi contribución.
Mi manera de ver las cosas y de pensar es permeable a cuanto lo merece, estando abierto a todos los puntos de vista, no obstante me gusta verlo todo desde encima y no desde determinados ángulos subjetivos. Así en las cosas de la vida, donde ver desde arriba quiere decir ver con el corazón, cual sucede también en mis investigaciónes, porque prefiero la foto aérea, o de satélites, sin desdeñar las perspectivas terrestres.
El mítico detalle de que la diosa Isis salvó a Horus criándolo en secreto, y sobre todo intercediendo por él ante el tribunal divino, hace bien evidente que todos los reyes de Egipto debieron estar acreditados por la transmisión del poder metafísico depositado en las mujeres de la corte. Aun cuando el poder real lo ostentó el faraón, el linaje solar fue perpetuado por la descendencia divina de la Diosa-Madre. En su doble corona los reyes de turno incluyeron la serpiente “Ureus”, símbolo de Isis, cual un requisito visible de la dicha exigencia tradicional.
La reina Khenthawes fue esposa del faraón conocido como Shepseskaf, el último de la IV Dinastía, quien no era de sangre real pero lo legitimó el hecho que su esposa era hija de Micerinos, nieta de Kefrén y tenía por tatarabuelo a Keops. Reinó pocos años y dispuso que su sarcófago se depositase en una vulgar mastaba, para dejar claro que no tenía que ver con el culto a Ra preferido por sus predecesores. Aquel funeral tan humilde (a pesar de durar el ritual los nueve meses de rigor) marcó el fin del siglo que duró la construcción de pirámides en Giza. Quizá nunca en el mundo egipcio se dio un mayor ejemplo de que la esposa era la clave sucesoria entre el faraón y el considerado “transmisor solar”, porque además de aquella misma mujer nacieron unos trillizos que serían los tres primeros faraones de la V Dinastía sucesivamente (Esta información se encuentra en el Papiro Westcar B.P. 3033- conservado en el Museo de Berlín).
La maltrecha pero aún impresionante tumba de Khenthawes, (quien fue para la realeza de Egipto cual una “bisagra real”), está situada aproximadamente a medio camino entre la menor de las tres pirámides de Giza y el lugar donde aparece el nuevo rostro gracias a la luz del sol poniente. Se diría incluso que el camino que sale de la pirámide de Micerinos (llamada “divina” quizá por haber sido de color blanco en lo alto y roja su mitad inferior) conecta, casí en línea recta, con el lugar ahora descubierto tan figurativamente humanizado por el rostro que podría llamarse de Osiris, pero que finalmente debe ser entendido del dios único Ra. Hay que tener en cuenta que para aquella antigüedad que tratamos, el hecho de cruzar el río Nilo en dirección a la orilla de poniente, no se entendió en absoluto como ir al mundo de los muertos, sino una forma fácil de plantarse en la tierra de la vida.
Micerinos o su hija Khenthawes pudieron ser los que planearon el tan sutil mensaje artístico de legar el descubierto rostro a la humanidad capaz de dominar los aires. A favor de ello hay que recordar que existen túmulos de tierra a veces kilométricos que configuran serpientes en Ohio (en el Alto Misisipi-USA) y obligan no sólo a identificarlos desde el aire sino también en determinado día y hora. En la isla de Cuba existe el mismo tipo de grandes túmulos en la Loma del Indio (provincia de Ciego de Ávila). Es el mayor monumento arqueólogico de Cuba, el cual se debe a los indios taínos, quienes a base de apilar tierra mezclada con cuanto material iniciático pudieron encontrar, configuraron para ser visto desde el cielo el cuerpo de un murciélago (mide 108 m. de largo, 14 m. de ancho, y 3 m. de alto).
Volviendo al rostro de Giza, estamos enfrentados a una serie de misterios concentrados en la relativamente reducida superficie alrededor de la famosísima Esfinge, y todo son por el momento especulaciones. Pero el que esta nueva imagen se ubique justo al final de dos antiguos caminos rituales procedentes de dos pirámides (la del padre y la de su hija), hasta mi descubrimiento no había de ellos una mejor justificación para explicar su trazado.
NOVEDADES RELIGIOSAS EN LA V DINASTÍA.
La IV Dinastía se había distinguido de la anterior por adoptar la forma típica de las pirámides, ya que antes se hacían escalonadas y después en la V Dinastía se hicieron de muy mala calidad. Por ejemplo, a las pirámides las sustituyeron los pilonos de las entradas de los templos en todo Egipto. Dichas fachadas con pilonos ofrecieron espacios para representar soberbias escenas gigantes que fueron pintadas en vivos colores, teniendo el principal simbolismo de ofrecer, en gráfico esquema, el petrificado cauce del río Nilo al transcurrir entre sus dos riberas.
Al finalizar la IV Dinastía, se cerró la Edad de Oro del reinado de Osiris, que acabó dando paso a graves disputas para ostentar el título de Hijo de Ra. Los hijos de la reina Khenthawes reclamaron para si el derecho de heredar la “Cabeza del Padre”, a fin de evitar la intromisión de algún otro hijo de Osiris dentro del panteón heliopolitano dominante.
Khenthawes no fue la primera mujer de la historia, ni mucho menos la última, que pasó por haber sido inseminada nada menos que por Ra, el dios sol. Con tal afirmación quedaba de forma absolutamente incuestionable – y bien acreditada- la sucesión de tres sus hijos, unos líderes que desde su nacimiento pudieron ser vistos relacionados con el cosmos. Recordaré aquí que cuando Keops habría preguntado al mago de mayor prestigio en Egipto, éste no tuvo más remedio que advertir al faraón de que la clave del misterio capaz de resucitarle eran unos números ocultos, pero que estaban destinados a sus descendientes (que fueron los tres hijos de Khenthawes), quienes por inseminación de su madre por el dios Ra, se añadieron el título de hijos suyos. Según el autor S. Vázquez, en su libro: El Tarot de los egipcios, se trataba del número Pi (22/7) codificado en el Libro de los Muertos.
Las propias pirámides serían la mejor prueba del muy avanzado sistema de cálculo que los antiguos egipcios tuvieron en geometría práctica, puesto que sin dominio de muy completos conocimientos matemáticos no habría sido posible edificarlas.
Nunca se ha aceptado que hace 5000 años se conociesen tales sutilezas matemáticas, así ni tampoco la precesión equinoccial del Año Cósmico de 25920 años. Pero el artículo de L. G. La Cruz “El número de Dios”, en la revista AÑO CERO (3-14, de 2.001 – año XIII), recuerda los monumentos más sobresalientes donde se ocultó el valor de “Pi” (3,1416), y especialmente también en el Mito de Osiris. No omite que el valor del número “Pi” se ha supuesto un legado de alguna civilización desconocida para los humanos de tiempos remotos, a fin de que llegase a quienes supiesen apreciarlo.
La resurrección del dios Sol se puso inusitadamente de moda, llegando hasta desear los faraones dar una nueva visión estelar de los propios nombres a los que quisieron añadir la palabra Ra. Si bien con anterioridad había habido otros, que como el faraón Jdedefré, cambiaron su nombre por el de Ra, fue reinando los hijos de Khenthawes cuando la religión egipcia nos muestra al dios Ra muy superior a los demás, y también se nota en el agigantamiento de la concepción de la dicha divinidad. Creo poder aducir que en el curso de la V Dinastía, la que siguió a la de los faraones grandes constructores de pirámides, también aparecieron nuevos conceptos religiosos que impulsaron el culto al dios Ra. Los hijos de Khenthawes fueron constructores de pirámides de baja categoría. Uno la construyó en Saqqara, y los otros dos en Abusir. Se cree que aquel lugar coincidía en ser donde, desde Giza, veían ponerse el sol justamente bajo las aguas del río Nilo en una determinada fecha. Aunque lograron controlar la devoción heliopolitana por Osiris, el caso es que en el Imperio Medio ésta aún renació con mayor vigor.
Se olvida el ánsia monoteísta del propio Keops, quien por ello tuvo siempre muy resentidos a los sacerdotes de su tiempo. Su sucesor ya hemos visto que quiso ser llamado Ra (por cierto reinó poco tiempo), y en cuanto a Kefrén, continuó la misma línea. Sólo en Micerinos se advierte un menoscabo de la divinización de la realeza, porque no sólo el tamaño de su pirámide, sino incluso en sus estatuas se nota una serenidad muy humana.
Las pirámides de Giza no debieron de ser obra planificada por técnicas de los egipcios antiguos. Los agujeros tan perfectos atravesando gruesas piedras de gran dureza y otros detalles, así parecen indicarlo, y lo corrobora el deterioro de lo que se construyó en Abusir, hoy tan desmoronado todo porque sólo tuvieron su funda hecha de dura piedra. ¿Quizá supiesen algo dichos “faraones-puente” que no se haya descubierto tanto referente a Ra, como del mismo templo de Seti I en Abusir, allí donde tantos faraones desearon ser enterrados? Gracias a que en las dichas pirámides-tumbas se han recuperado piedras aprovechadas de la pirámide de Giza, se aprecia una muy superior técnica en el periodo dinástico anterior, con lo cual incluso se podría llegar a esta conclusión: Quisieron claramente reflejar en vida el poder de Ra.
MARDUK-RA-QUETZALCOALT ¿ UNO SÓLO?
El ave esculpida en el pórtico de la tumba de Nefertiti en Tebas sea un cóndor o buitre, es al fin la misma “ave de fuego” símbolo de la Diosa Madre elegida entre los pueblos precolombinos de América. Asimismo, en el interior de la gran pirámide de Teotihuacan se encontró un estrato de mica (aislante muy efectivo), un mineral el cual se sabe que debió de ser transportado hasta el sur de México desde Brasil distante 2.000 kilómetros. Son algunas evidencias que no “encajan” en la ciencia actual, pero son hechos irrefutables, por más que no se quieran tomar en consideración. Cualquier arqueólogo ha de poder ofrecer muchas más pruebas que podrían avalar la ancestral relación entre tan distantes Continentes. Aparte de las citadas más arriba, que obligan a volar por los aires a los iniciados espectadores, existen pruebas de toda índole que los relacionan desde muy antiguo.
Hay rastros de cocaína de América en las momias de Egipto, así como también piedras esculpidas del lejano continente muestran caras de barbudos tipo caucásico, ya que los genes de los indios americanos evitan que les crezca pelo en la cara. La máxima divinidad del México antiguo fue llamada Quetzalcoalt, el de la “Serpiente Emplumada”, cuya veneración parece ser que llegó hasta Latinoamérica, se ha especulado que pudo haber sido el mismo dios Toth que en el año 3113 a.C. habría sido desterrado del Egipto predinástico por el dios Ra, fue el llamado Marduk en Babilonia, y siglos después Hermes entre los griegos).
En Sumer el dios Toth enseñó ciencias y artes, en especial la escritura y la arquitectura, así como además los secretos de la astronomía, instaurando la renovación del calendario con una base de 52 semanas, contraviniendo el regido por el dios Ra (el sol), el cual tuvo por base 52 años. Este diferente enfoque para establecer el calendario, sería una de las principales causas de enemistat entre Ra y Toth, a consecuencia de lo cual Toth debió exiliarse en tierras centroamericanas. El libro que se le atribuye nunca lo ha visto nadie, pero se cree que daba poderes sobre la materia.
En los escritos del sacerdote egipcio Manetón (según Eusebio), después de la partida de Toth, Egipto desde el 2180 padeció un periodo de caos gubernamental que duró 350 años. Después gobernaron una serie de reyes, todos ellos sometidos al dios Ra, hasta que él mismo fue expulsado de Egipto, instalándose en tierras de Sumer. Su papel en Egipto siguió siempre muy vivo, pero a condición de nunca más ser allí visible. Los cinco años que Abraham vivió en el Bajo Egipto (desde 2047 a.C.) fue precisamente el período cuando en Tebas, capital del sur, consideraban su deidad suprema al “dios oculto” Amón-Ra, siendo anualmente venerado con una solemne procesión. Tan oculto fue, que moría al instante quien se plantease desvelar su secreto. Cuando Tebas tuvo más importancia también la tuvo Amón, exceptuando los 17 años que reinó Akenaton.
Se puede sintetizar dicha teoría así: El dios Ra, después de desaparecer de Egipto, reapareció en Mesopotamia para ser allí el impulsor de la ciudad de Babilonia, urbe donde desde que veneraron a Marduk-Ra no dejaría ya de crecer. El dios Ra pronto demostraría su gran supremacia sobre la gran multitud de divinidades que en Babilonia también se adoraba, pero en la dicha capital a cada una les destinó un templo para su veneración.
Quizá incluso el monoteísmo sea lo único de lo que podrían presumir los babilonios, porque todos los demás inventos del mundo antiguo, atribuidos alegremente a los mesopotámicos, fueron en realidad aportaciones de los sumerios, o de quienes a ellos se los enseñasen. El caso es, que Babilonia y luego el mundo entero, al absorber la cultura sumeria dio al traste con aquella ancestral inventiva que alcanzaría a todos los saberes del mundo actual.
La historia del arte informa de que en Babilonia degeneró la aplicación de todo lo aprendido, y se nota más que nada en la que fuese la ciencia astronómica sumeria, la cual luego pasó a ser astrología pura y dura, hasta el punto que proliferaron tanto los augures y magos, ya que dicha fue palabra sinónimo de babilónico. La perversión triunfó bajo el reinado del dios Marduk-Ra en todos los países gobernados por lo babilonios, cuyos engreídos reyes pronto pasaron a auto-motejarse “Rey de Reyes”, mientras que los líderes que gobernaron Sumer se auto-llamaban muy humildemente “pastores” (¿Esbozaron el monoteísmo babilónico?).
Se admite que el rey Hamurabi (1792-1750 aC) “Cabeza de oro”, dio a Babilonia unas leyes para el buen comportamiento de la sociedad. En realidad fue una copia, de otra copia, de un código hecho primero en Sumer, al cual Hamurabi rebajó tanto el papel de la mujer en la sociedad (ellas que en Sumer llegaron a ser reinas por derecho propio), que Hamurabi pude ser considerado el inventor de lo que hoy se ha dado en llamar machismo. Una forma de pensar que hizo triunfar desde entonces hasta hoy, y en especial en aquella parte del mundo, la justificación del tópico “la maté porque era mía”. En efecto el linaje matriarcal durante la veneración al dios Marduk en Babilonia perdió su importancia en la sociedades mesopotámicas post-sumerias, con la devaluación general del concepto antiguo de la familia.
Abraham nació en Nippur el 2123 a.C., y pasó a vivir con toda su familia en Ur el 2113 a.C.. Después de Ur pasaron a la “Ur del Norte”, que era la ciudad de Harán, y allí recibió la divina orden de ir a Canaán, lo que hizo dejando a su padre Téraj en el año 2048 a.C. Ello coincidió con la muerte del rey Shulgi de Sumer,cuando el patriarca bíblico Abraham ya tenía 75 años de edad. También entonces coincidió en aparecer Marduk-Ra entre los hititas durante 25 fatídicos años (según Z. Sitchin).
Fuera de Mesopotamia, Abraham evitó vivir las penosas guerras durante el reinado de los dos sucesores de Shulgi (Amar-Sin y Shu-Sin), las cuales de hecho no pararon hasta el último rey de Ur, que fue Ibbi-Sin.
El 2.047 el gran patriarca hebreo pasó a residir en Egipto como embajador, siendo incluso recibido por el faraón cuando le acompañaban su esposa y su séquito, porque Abraham tenía a su mando gente de guerra. Regresó de Egipto después de una estancia de cinco años allí, muriendo en tierras de Canán, lugar a donde volvió a celebrar un ritual religioso en un lugar después tenido por sagrado por tres religiones, y que actualmente se lo distingue porque tiene una gran cúpula cubriendo el “Templo de la Roca” de Jerusalén.
Los templarios lo sabían, quienes también tuvieron buen tiento para desear vivir tan austeramente como Jesucristo, siendo prueba de su absoluta fe en la superioridad del espíritu sobre toda forma de materia. Jesucristo para que de ello no existieran dudas, dio su vida para demostrarlo. CONSIDERACIONES RESIDUALES
Si este libro carece de la habitual bibliografía y notas (en el mismo texto hay las imprescindibles), es porque habrían resultado interminables. A quienes por tal omisión me critiquen, diré que, dado que siendo autodidacta yo lo supe averiguar, más lo habrían de saber encontrar quienes tienen sus saberes avalados con acreditaciones oficiales. Los demás lectores habrán de agradecerme que, en este sentido, no rompa más de la cuenta el ritmo de la lectura con un exceso de erudición. No me importa tanto agradar, ni tan siquiera el convencer, como dejar bien razonado mi testimonio escrito acerca de cuál ha sido mi interpretación de un tan insólito descubrimiento. El tiempo dirá lo acertado de mi contribución.
Ya ha sucedido antes muchas veces que alguien, inspiradamente, expusiese una idea nueva que luego los científicos al estudiarla la rechazaron,… hasta que un día inesperadamente fue llevada a efecto por algún técnico. Mi estudio y consecuente inspiración, en el peor de los casos tendrá el valor de haber advertido las siempre presentes ayudas (tanto interiores como exteriores) que nos brinda la Madre Naturaleza. Para avalarlo expondré el caso de las humildes piedras. Por inocente que sea su mensaje, en principio es realmente sabio el que dicta su visión: No hay que moverse si ya se está bien
Hoy se ha dejado de conversar con las fuerzas de la naturaleza, ya no se busca relación ni con los árboles y las plantas, pero desde el principio de los tiempos el ser humano creyó que incluso las piedras raras, o las muy aislada aisladas, tenían poderes especiales. El patriarca bíblico Jacob, por ejemplo, estando en Betel durmió sobre cierta piedra que por sus efectos pudo creer sobrenatural. Cierto o no, el caso es que luego la presentó como intermediaria entre Dios y los hombres. Si la tal piedra no provocó su visión en sueños, al menos no hay duda que coadyuvó en hacerle afirmar: “-¡Este lugar es terrible!”. Allí cerca se construyó el templo de Jerusalén (según A. Herrero, por el faraón Tutmosis III cuyas campañas se atribuyeron al sabio rey de Israel).
Existen muchísimos ejemplos, tan famosos como el citado, de que antiguamente el inconsciente era proyectado hacia el exterior de la persona hasta el punto que el espíritu de las piedras podía ser entendido. De sobras es sabido que todas las ideas divinas han precisado de un vocero humano para poder ser comprendidas por el resto de integrantes de cada diferente cultura. Idóneos intermediarios son aún hoy día, y lo serán siempre, las duras piedras. Las que yo presento siempre es por haberles detectado una gran capacidad de sugerencia.
Desde los burdos megalitos del Neolítico en la isla de Irlanda, o Islandia, hasta los actuales jardines Zen del Japón, o en Indonesia, las piedras más desfavorecidas han servido para hacer aflorar la más alta espiritualidad en los que fueron capaces de despojar lo superfluo de su propia “piedra” interior. ¿Qué no habrá de esperarse de las posibilidades de estas tan enormes imágenes de rostros que sólo pueden ser observados en visión aérea? Sin duda que han de poder volver a emocionar a la gente que los vea aunque sólo sea en fotografías, porque serán entendidos aún mejor que en siglos pretéritos cuando tan sólo vieron un semejante fenómeno, digamos, en miniatura.
Mis más atractivas imágenes de nuevos rostros se aparecen en unas concretas zonas geográficas que, siglo tras siglo, han sido consideradas especiales para las almas sinceras. En estas páginas he defendido que no sólo son reconocibles en las cimas de ciertas montañas sagradas, pues la imagen de Giza necesita poca altura para producir el tal fenómeno. Insisto también en que demás tiene el aliciente añadido de ser muy humana de aspecto, con un semblante inteligente y optimista, así como poseedora del encanto y la gracia de los rostros sabios de ambos sexos.
Aquellos que sean capaces de contemplar la foto del dicho fenómeno con suficiente humildad seguramente les será posible recobrar a nivel íntimo las relaciones simbólicas que las religiones cíclicas, con sus mitos de repetición, podían mantener con la Naturaleza, claro está, entonces gracias al chamán, y siglos después, por ejemplo en el catolicismo, mediante el sacerdote. Tampoco esta vez será cosa de alcanzar un éxito garantizado a nivel general, pero es que ni Dios ha hablado nunca inteligiblemente para todos.
La dureza de las piedras evoca, en el interior de una persona que sea atenta y sincera para consigo misma, aquello que al final de la vida tampoco se entiende que pueda perderse. Mientras tanto, los beneficios de una tal relación han de ser comparables con lo que entre los medievales era llamado “experiencia mística”. Yo no me considero un hombre del pasado, sino más bien un creador del mañana,… que será mucho mejor en todos los sentidos que el mundo que me ha tocado vivir, cuando incluso grandes ciudades enteras fueron arrasadas en segundos. Pero algo debe de tener de supremo la Humanidad, en su conjunto, para que Dios se haya ocupado tanto de restaurar incansablemente los equilibrios.
Referente a los inmediatos beneficios de mi hallazgo, creo que son diversos e incuestionables. Al ser amante de la geografía debo reconocer que me resulta útil el coleccionar perfiles de cara humana en el paisaje. Aun cuando a veces deba esforzarme para procurar ver los rasgos de un rostro de animal, a mi me sirve la dicha práctica mental para memorizar ciertas panorámicas rápidamente.
Voy a dar un inquietante ejemplo de lo dicho, porque también se localiza en Egipto. Puedo recordar de memoria, y sin esfuerzo, cada uno de los principales repliegues que desde una foto de satélite presentan los dos famosos Valle de los Reyes y Valle de las Reinas. Cercano a Tebas, este último montañoso sector (a 500 metros sobre el nivel del mar) en su conjunto tiene forma circular, dentro de la cual en las fotos de satélite distingo bien una cima de perfecta forma ovalada, y por ello la puedo comparar -sólo para mi uso personal- a la simpática cara de un perro de peluche, en la cual me resulta muy chocante una gran cima perfectamente ovalada, o lo que sea que conforma el “ojo izquierdo” de la sugerente geografía. Tal parece como si aquella simpática cara del supuesto animal me hiciese un incomprensible guiño.
El hecho de reconocer rostros en ciertos paisajes todavía no tiene fundamento científico que lo acredite. Se le llama tópico y tranquilamente su estudio se desaprovecha, excepto en su vertiente psicológica. Ello es también lo que me impulsa a presentarlos, sean naturales o no, dado el gran impacto intelectual que me causó el sucesivo hallazgo de imágenes de rostros humanos inmensos en lugares tenidos por sagrados. Por más que sean fotos aéreas, la realidad que nos muestran creo que es bien de digna de ser tomada en consideración.
Dado que sea que dichas imágenes de rostros tan sorprendentes, aparecieron claramente a mis ojos antes que a los ojos de los expertos, o de los mismos aviadores, creo que es de bien nacidos dejar testimonio de agradecimiento públicamente (claro está que a mi manera). Intelectualmente estoy libre de sectarismos y aún más de gratitudes a organismos o personas. Merecí el digámosle “premio” de descubrir tan nuevo y ancestral fenómeno, por mi empeño en seguir el rastro desde un primer aviso de la posibilidad de una imagen de rostro sobre la montaña de Montserrat, observando una pequeña maqueta hecha en 1919. Nunca antes lo advirtió nadie, porque tampoco nadie nunca antes buscó imágenes de rostros tan enormes en parte alguna. En mi caso,…nunca pongo límites a la voluntad divina. (FOTO nº 20, Diversas).
No pretendo en absoluto complicar las cosas, sino bien al contrario sirve para simplificarlo todo. Resultado, nunca resuelvo mis problemas multiplicando sino dividiendo. Es una forma de ser muy diferente respecto a la que durante mi niñez fui educado. Después se comprende mucho mejor que el pasarse, sea tan censurable como el no llegar. Téngase bien presente lo dicho, pues lo escuchó Buda, y es evidente que él sí lo aprovechó bien. Viene a decir: “El alma que se esfuerce demasiado se romperá, y la que no esté bien templada, tampoco dará el tono debido”.
Procurar la felicidad interior, y aun procurar llegar al fin de la vida siendo mejor persona, es afán de mucha gente. Ante la fascinación que se siente al contemplar determinados paisajes, la ciencia no alcanza a explicar nuestros sentimientos. El impacto de tales “lugares de eternidad” sólo puede ser detectado en el fondo del corazón de cada persona, y raro será quien íntimamente entonces no piense en la voluntad no piense en la voluntad modeladora del “dedo” de Dios. Las más básicas creencias naturalistas del Antiguo Egipto fueron practicadas por las órdenes iniciáticas que actualmente se reconocen herederas de los Templarios. Nunca confundieron lo importante con lo interesante, ni la tierra entera con un globo terráqueo. Tampoco tuvieron ningún redentor. Osiris sólo intervino para premiar a los justos, ya que quien no se esforzase en hacer prosperar en vida un tan gran negocio como fue hacer bien el traspaso a la otra orilla del Nilo, tampoco se merecería nada de las divinidades.
La luz del sol no es la única forma de admirar los variables paisajes dinámicos de la naturaleza, en especial los de las montañas. Por la mañana pueden tener un color, otro al mediodía más claro, y aún por la tarde cobrar un aspecto rojizo, etc. Si lo deseamos podemos dar un paso más trascendental y beneficioso en dinamismo, y tal esfuerzo es de tipo mental. Podría presentarlo metafóricamente bajo el título: la capacidad personal para saber apreciar la “tercera cara” de una moneda. Para hacerme entender lo mejor posible en este tema, expondré mi forma natural de admirar las cosas.
Se trata de una idea que a cualquiera le puede servir para todo y en cualquier momento. El ejemplo más gráfico que se me ocurre es geométrico. Así, ante cualquier diseño de la llamada Estrella de David, (o “Sello de Salomón”) que tiene seis puntas, ya nunca, nunca admiro tan sólo su simetría, bellísima, que tantas variantes ha experimentado en las principales culturas del mundo, sino que, de forma natural (ciertamente tras mucha experimentación), la veo instantáneamente con sus dos triángulos enlazados que, independientes, la componen invertidos uno respecto al otro. Tanto es así que me he atrevido a sugerir que las famosas Tablas de la Ley de Moisés debieron de tener el tal diseño (FOTOS: nº 21, A-B-C-D)
Remito mi idea a los báculos que sostenían los faraones en sus brazos durante las ceremonias. Las dos tablas ensambladas por su centro suman siete puntos que en los rituales egipcios prefirieron como también el poder del verbo que luego se recuerda en la Biblia. Todo ello, y el hecho extraño de que a Moisés se le representase con un par de cuernos sobre su cabeza en la iconografía medieval, justificándolos cual dos vectores de fuerza (pero parecen antenas para comunicarse con la divinidad), debo suponer que la tal idea tan sólo tendrá en común con los del dios Seth el que ambos tuvieron el gobierno de la península del Sinaí.
Un relieve esculpido en piedra (de 30 cm. de largo) en los muros del templo greco-romano de Esdra, representa un ritual con un oficiante “cornudo” erguido junto a otros egipcios sentados. Dicha simbólica escena con “orantes” procede de un templo más antiguo pues la impresionante sala hipóstila de 24 columnas, que es la mejor conservada de los tiempos antiguos, se construyó en época greco-romana. Quizá se trata del dios Seth, y si no fuesen cuernos serían antenas al modo que se representó al patriarca Moisés en la Edad Media. Las cabezas con cuernos eran preferencia en el arte decorativo en las iglesias de la Orden del Temple de Jerusalén quienes en algún capitel las presentan a modo de orejas puntiagudas ¿Las alas de los ángeles sustituyeron simbólicamente a los dichos “vectores de poder”?

Remito mi idea a los báculos que sostenían los faraones en sus brazos durante las ceremonias. Las dos tablas ensambladas por su centro suman siete puntos que en los rituales egipcios prefirieron como también el poder del verbo que luego se recuerda en la Biblia. Todo ello, y el hecho extraño de que a Moisés se le representase con un par de cuernos sobre su cabeza en la iconografía medieval, justificándolos cual dos vectores de fuerza (pero parecen antenas para comunicarse con la divinidad), debo suponer que la tal idea tan sólo tendrá en común con los del dios Seth el que ambos tuvieron el gobierno de la península del Sinaí.

En el ritual de limpieza del dios egipcio Amón-Ra se cita al dios Sopd (o también Sopdu), poco conocido pero del que conviene hablar a partir de las referencias que dio el Papiro de Berlín (según Moret: 3.055, XXXV,6). Dicho ritual empezaba ofrendando a Amón-Ra el Gran Ojo, con el cual finalmente el sacerdote tocaba al también apodado Señor de Karnak. Al contacto con dicho Udyat el dios resucitaba para comerse las ofrendas.

A través de otras fuentes se sabe que el más antiguo dios de la península del Sinaí fue llamado Sopd, quien con el tiempo se acabaría identificando con el dios Seth de Egipto. Sopd fue también el prehebraico nombre de Jehová. Sopd habría evolucionando hasta transformarse en Yahu, y luego fue llamado Yahvé. Hay una explicación: Z. Sitchin puede argumentar en base a lo que quedó escrito en textos cuneiformes sumerios del lío de familia divino uniendo Sopd (Yahu) a la diosa Hathor por ser la reina del Sinaí. Allí era llamada Dama de las Turquesas (por las minas de dichas piedras preciosas que explotaban comercialmente), siendo unida a la antigua divinidad (Sopd) llamada Yahu. Del mismo modo se explicó que al Jah masculino, se añadió a Havah femenino -que fue el nombre prehebraico de Eva- para dar sentido de plenitud al nombre final de Yahvé, cuyo tetragrama es YHWH. La foto aérea de Seth brinda al mundo un nuevo mito para el inmediato futuro de Egipto y los amantes de aquella antigua civilización. Otra futura cultura capaz de valorar más el cómo vencer la separación, en lugar de viajar por el espacio, quizá lo desee recordar y ahí tendrán un autorretrato de Seth aquel que formó unidad con su enemigo Horus recordando las dos fuerzas que pugnan dentro de cada persona. En el arte egipcio antiguo todo estuvo dotado de significado profundo.

El estudio de la Egiptología está en sus comienzos, porque los arqueólogos han seguido criterios dogmáticos de cuando hace un siglo se creyó que ya no se podría hallar nada más en aquellos desierto, …luego tan generosos. El viajero divisa túmulos a lo largo del desierto cerca del Nilo, desde el Delta hasta Nubia, indicativos de haberse formados por construcciones superpuestas a lo largo de siglos y finalmente abandonadas. En algunos de ellos se ve gente excavándolos, siendo los del Delta los primeros (1883). Desde aquellas campañas siempre han continuado ofreciendo muchos documentos arqueológicos, pero como son miles, la mayoría de los tan sugerentes túmulos siguen olvidados. Un reciente descubrimiento para la datación científica llamado Cloro-36, puede ser aplicado a la piedra para saber cuándo fue trabajada. En consecuencia ya se ha concedido unos 12000 años a los trilitos del monumento megalítico de Stonehenge (Inglaterra). Y es que hay numerosos indicios de que falta mucho aún por descubrir, aparte de que lo actualmente reconocido puede tener otra lectura. Tanto en las raíz capilar de las momias egipcias como de las incas se encuentran rastros de cocaína y de nicotina, en aquellos tiempos forzosamente procedentes de América. Se ha confirmado examinando momias de diferentes museos, pero es que la momia de Ramsés II también incluyó manojos de hojas de tabaco para preservarla de bacterias.

Dudo siempre de cuanto aprendí o leí, y me atrevo a recomendar a quienes están muy seguros de cómo sucedieron las cosas en Egipto que, por ejemplo, lean lo expuesto por nuestro contemporáneo A. Anáiz Villena acerca del parentesco entre lenguas de las antiguas culturas mediterráneas. Él presentó una ancestral cultura que habló la lengua-matriz que se llama ha convenido en bautizar como Uskal Mediterránea (Un sólo ejemplo: La palabra egipcia dsrt, en media docena de idiomas aún hoy sigue significando desierto). Por cierto, al concluir estas páginas, no encuentro que conste la dicha Cultura Uskal en ninguna enciclopedia).

Al evitar los dogmas dicho autor pudo dar mayor sentido a la traducción del Libro de los Muertos de los egipcios, utilizando similitudes de aquella famosa lengua de jeroglíficos con la también muy antigua lengua vasca. En su libro “Egipcios, bereberes, guanches y vascos” Arnáiz reconoce hasta seiscientas similares palabras entre las lenguas vasca y bereber. Asimismo, es de agradecerle que rescatase del olvido el primitivo cuerpo de creencias agrupadas con el título:” Puerta de la oscuridad”, que obligadamente toda alma debe cruzar tras la muerte. Basado en el poder regenerador de las aguas y la tierra, su símbolo era la Gran Madre, pero también incluyó ríos de fuego donde arden los impuros, o sea, el infierno tradicional.

Otro ejemplo: El el transcurso del año 1975, el arqueólogo Glyn Daniels, aplicando el entonces recientemente descubierto sistema de datación llamado Termoluminiscencia, repitió el examen de los variados vestigios de cerámica y herramientas del período Neolítico descubiertos accidentalmente por un modesto campesino en Glozel, cerca de la ciudad de Vichy, en el centro de Francia. El dicho hallazgo, a pesar de su gran importancia había estado desacreditado por los arqueólogos, pero aún así el sabio profesor catalán P. Bosch Gimpera lo presentó a los castellanoparlantes escribiendo tres magnificas páginas ilustradas en el gran diccionario Espasa Calpe. También fue una casualidad que yo acertase a detenerme a leer aquel informe en una biblioteca pública, y aquel día su explicación me enriqueció mucho, culturalmente hablando. Desde hace varias décadas he creído en la autenticidad del yacimiento neolítico de Glozel, y quise entonces defenderlo muy esforzadamente en mi citado libro: “Megalitos parlantes del culto al toro” (profusamente ilustrado con documentos inéditos), al no poder hacerlo de otro modo por carecer de un título que me avale. El éxito de cualquier empresa se confirma que llega por la preparación. Si después de mi otra persona por sus capacidades la puede magnificar, me sentiré muy satisfecho de saberlo. Tal vez esta sea el ansia más íntima de presentarla a cuantas más personas mejor. Trato siempre de ser yo mismo. Un hombre muy completo porque meditó sobre muy diversas materias, dejando escritos de su criterio alcanzado. ¡Que diga más quien más sepa!

Cuando hace sólo unos meses volvieron a estudiar a conciencia el yacimiento neolítico de Glozel, parecen no recordar cuanto desprecio que se vertió sobre sus descubridores. (Le sucedió lo mismo al defensor de las pinturas rupestres en las Cuevas de Altamira). Ahora después de muchas décadas, en Glozel ya no sólo se acepta, como antaño, que una tablilla presente escritura con carácteres del antiguo lenguaje ibérico, sino que todo (excepto lógicas falsificaciones) está muy bien considerado, incluyendo los cantos rodados con dibujos, o los ídolos de barro que representan sujetos bisexuales sin boca.

Ha sido un recuerdo para despedir aquí mi defensa del sitio donde se aparece este fenoménico rostro en visión aérea con boca muy pequeña. Es un mito que se nos brinda para el inmediato futuro y que, como cada una de las imágenes de rostros fotografiados en las cimas de montañas sagradas, han de esperar ser conocidas por la gente que mejor los apreciará. Deberían no obstante precipitarse hoy en valorarlo, pensando que pueden tener origen en civilizaciones que nos precedieron. Y si son de cuando se inició nuestro acelerado paso por la tierra, serán este tipo de colosales rostros los que nos representarán cuando no quede nadie vivo de nuestra especie. ¿Que no? La Humanidad actualmente corre hacia el previsible colapso ambiental del ecosistema. Se sabe muy bien, y en cambio no se reacciona. Se piensa: ¡Les sucederá a otros!. Se puede ignorar la nueva imagen de rostro de Ra en Giza, pero ya es imposible hacer como si nunca hubiese existido, ni que se la desbaratase a conciencia. Se dice que si las nuevas teorías prosperan es porque mueren de viejos sus opositores. Quiero creer en la evolución siempre positiva de los científicos, aunque tarde en llegar. Además, también la existencia de este rostro oculto, al parecer fue un secreto a voces en determinados ambientes, los mismos que por tan casual descubrimiento podrán confirmar por fin su herencia sapiencial inicialmente dictada en el Antiguo Egipto. Por mi parte, más que lo que creo, o lo que pienso y al fin presento, lo que he pretendido sobre todo ha sido alumbrar una serie de posibilidades.
Escrito en Barcelona por Ramón Ramonet Riu, en invierno y primavera del año 2.005
Registrado en la Propiedad Intelectual de BCN: 2.12.2003, y presentado en WWW: 5.5.2005.
Para quienes estén interesados en la posibilidad de que en Cataluña hubiese llegado realmente la Sangre-Real (sangreal, o Santo Grial) de Cristo crucificado, un líquido en un recipiente tal como se venera, y cada día más, la Santa-Redoma en Bruges, (Bélgica), informaré que hace décadas descubrí una referencia insospechada a una semejante sagrada reliquia (“Ampolla ligno crucis rupta”). Ésta se menciona en un pergamino (Mns. 487) manuscrito de la Biblioteca de la Universidad de Barcelona. Es del siglo XI, pero se remonta al siglo VII cuando el pontífice Gregorio “el Magno” lo tituló: Dialogorum Libri Quatuor. En total se indexan en él 30 capítulos. Su cubierta y contracubierta siguen ambas forradas con piel (Mide: 25cm. x 35cm. X 5cm. de grosor).
Dicha copia de un manuscrito del Papa Gregorio I “el Magno” documentalmente proviene de la catedral de Gerona (intuyo que pudo haber estado antes en el monasterio ampurdanés de Sant Pere de Roda” por el lote de relicarios del Vaticano que fue hallado allí en 1810). La dicha “Ampolla ligno crucis rupta” es citada exactamente en el capítulo III. © Ramon Ramonet Riu RELIQUIAS DE SAN PEDRO ENCONTRADAS
Venerar las reliquias y poder deambular ordenadamente a su alrededor, en el siglo XII justificaba la construcción de un templo romànico. El primer lugar donde se realizó esta experiencia en Cataluña fue en el monumental monasterio de San Pedro de Roda (Costa Brava – NE. de España), el mismo donde defiendo que se guardaron las reliquias de san Pedro apóstol el año 610. Se erigió con el poder de la fe, siendo la razón lo que evita que se desplome. Cuanto quede de las primeras reliquias de la cristiandad, está en Cataluña, porque los restos que no se encuentren tirados por las pendientes del Valle de la Santa Creu en la sierra Verdera (es largo de explicar que las reliquias del apóstol san Pedro fueron encontradas en el N.E. de España, por ello lo sinteticé en un libro). Se encuentran en una vitrina de la sala n 1 del Museu d’Art de Gerona.
En mi libro sobre la investigación del hallazgo de las únicas reliquias de san PEDRO APÓSTOL, accidentalmente realizado por unos ladrones de mármoles del altar mayor de la gran iglesia del monasterio de Sant Pere de Roda (obra autoeditada el año 1.987), desde la primera página hice constar la opinóión que mereció al cardenal de Barcelona, quien tuvo la amabilidad y el coraje de escribirme el entonces cardenal Mns. Narcís Jubany, cuando se la presenté personalmente en 1.976.
PRESENTÉ MI LIBRO INCLUYENDO LA INVESTIGACIÓN OFICIAL DEL VATICANO. SE TRATA DE UN GRANDIOSO LIBRO DE EDICION MUY LIMITADA, TITULADA “ESPLORACIONI”, QUE EXCAVÓ “LA CONFESION” DEL VATICANO, EL CUAL, GRACIAS A MI DICHA RECOPILACIÓN, TAN INTERESANTE TRABAJO SE RECORDARÁ A NIVEL POPULAR.
No obstante mi contribución quedó diluida. Al menos el entonces cardenal de Barcelona Narcís. Jubany no opinó tan evasivamente como los arqueólógos que excavaron el dicho monasterio, para quienes yo era un intruso al que odiar,…y vaya si me odian! En mi descargo cuenta que también repasé la excavación oficial del subsuelo justo debajo del altar mayor de San Pedro del Vaticano, las circunstancias y conductas de todos los Papas implicados; así como haber estudiado concienzudamente la grafología del “Altar portatil” que viajó dentro del “maletín-relicario”, etc., compensando con mucho esfuerzo el carecer de determinado título especializado.
Hay que recordar que el dicho cardenal de Barcelona, hace décadas fallecido, por aquel entonces pudo haber sido Papa de Roma,… es decir, que realmente se “mojó mucho al comunicarme su parecer por escrito.
Yo soy vocacionalmente investigador de cuanto ignoro, o de aquello que humanísticamente me sorprenda. Dicho sea también, que soy una persona religiosa en un término medio como cualquier lector de estas líneas, aunque por el tema que presento lo pueda parecer.
En las páginas de un viejo volumen titulado “Anuario Eclesiático de la Iglesia Española del año 1.917”, se incluí un artículo con muchas fotos, al leer el cual me llevé la mayor sorpresa.
Me tengo por una persona culturalmente (al escribir cultura, quiero decir de élite) muy bien informada, y era para mi ego imperdonable ignorar nada menos que un tesoro artístico encontrado en las ruinas del grandioso monasterio catalán de Sant Pere de Roda (en el cabo de Creus -Gerona), por más que hace muchos décadas esté abandonado a su suerte.
Dicho lote de relicarios diminutos y una ara portatil muy artística en 1.917 había sido pues, presentado a la erudición eclesiástica por un ilustre sacerdote llamado Mn. Gudiol Cunill, comisionado por su obispo para estudiar el tal hallazgo en la entonces tan inaccesible costa norte de aquella comarca.
El voluminoso DIZIONARIO DI ABREVIETURE LATINE ITALIANE (Milán 1187) la letra G se escribía como la Ç del nombre Elimburga que, junto al de José, se incluye el ara portatil de San Pere de Roda. Tal fue su diseño normal en el siglo VII. (y se mantuvo hasta el siglo X).
Del mismo periodo es la ampulosa letra M del nombre de la misteriosa donante Elimburga, con diseño de corazón convencional. Durante todo el siglo V se escribió como nuestra actual letra eme minúscula, pero luego el trazo interior de la M se hizo descender hasta la base de los demás arcos de dicha letra.
La cruz metálica que incluye el mismo lote de relicarios, aún es más concluyente para fechar el lote descubierto enterrado a los tiempos del pontífice Gregorio I. La llamaron “encolpium” y se hicieron así desde la segunda mitad del siglo VI hasta inicios del VII. Hay otro relicario metálico con repujados semejantes en el Tesoro del Doumo de Monza (Italia).
MONASTERIO DE “SANT PERE DE RODA”
Hoy resulta obvio que, a pesar de su gran erudición, Mn. Gudiol ignoraba los escritos del antiguo cronista de aquella zona de Cataluña llamado Jeroni P